Primer reporte en el Perú de toxocariasis ocular:
análisis de 21 casos
Alejandro J. Miranda?Sousa1,
Blanca Alzamora2, Ciro Maguiña1, Luis Tobaru2, Carlos
Yarleque2, Angélica Terashima1 y Eduardo Gotuzzo1
1 Instituto de Medicina Tropical
Alexander Von Humbolt de la UPCH. Departamento de
Enfermedades Transmisibles y Dermatológicas del Hospital Cayetano Heredia.
2 Servicio de Oftalmología, Hospital Arzobispo
Loayza.
RESUMEN
El estudio restrospectivo de Toxocariasis
Ocular realizado en Lima entre 1990-1996, nos permitió evaluar a 21 pacientes, de los
cuales 8 fueron menores de 10 años y 13 mayores de esa edad. Once casos fueron varones y
diez mujeres. 79% de los pacientes poseían perros y/o gatos (60% perros). La causa más
frecuente de consulta fue la disminución de la agudeza visual y el estrabismo. Demoraron
en consultar un promedio de 72,14 meses. En el examen de fondo de ojo se encontró
granuloma de polo posterior en el 42,8% de los casos, uveítis en el 42,8%, granuloma
periférico unido a papila o a mácula en el 14,3% y granuloma periférico aislado en el
4,8%. El Test de Elisa para Toxocariasis se realizó en 20 pacientes donde resultó
positivo el 100%. La cifra absoluta de eosinófilos fue normal en el 41,67% de los casos,
estuvo levemente aumentado en el 25% y fue muy alta en el 33,3% de ellos. La mayoría de
los pacientes fueron tratados con albendazol, algunos con tiabendazol y corticoides. En
los controles post-tratamiento se comprobó mejoría en algunos de los casos, las bandas
fibrosas persistieron sin variación, y se tuvieron como complicaciones: desprendimiento
de retina, catarata, ruptura de coroides. En ninguno de los pacientes se realizó
enucleación ocular.
Palabras Claves: Toxocariasis ocular, uveítis, granuloma ocular.
SUMMARY
The retrospective study of Ocular Toxocariasis, performed in Lima between 1990-1996, allow
us to evaluate 21 patients, 8 were under 10 years old and 13 were older than that age, 11
of them were male and 10 females, 79% have either dogs, cats or both (60% have dogs). The
principal symptoms of the disease were decreased visual capacity and strabismus. The mean
time between the first symptom and the first consult was 72,14 months. The eye-fundus exam
showed the presence of retinal granuloma on posterior pole (42,8%), uveítis (42,8%),
peripheric granuloma connected to papila or macula by glial bands (14,3%) and isolated
peripheric granuloma (4,8%). The Toxocara-ELISA test was positive in 100% of 20 patients.
Absolute eosinophilia in peripheral blood samples was high (>801 per mm2) in 33.3% of
the patients, lightly increased in 25%, and normal 41.67%. Most of the patients were
treated with albendazole, some with tiabendazole and steroids. On post-treatment control
we verified poor improvement in most of the patients and the fibrotic tracts did not
experienced significative changes. We found some complications: retinal detachment, coroid
rupture and cataracts. No one patient of this casuistic need to be enucleated.
Key Words: Ocular Larva migrans, Toxocariasis, Uveitis.
I. INTRODUCCIÓN
Larva migrans ocular es una modalidad del
síndrome de Larva migrans visceral (LMV), causado por la migración de larvas de
helmintos, parásitos de animales carnívoros, a través de tejidos profundos del huésped
humano, sin llegar en éste al estadío adulto (1). Se ha informado sobre numerosas
especies de helmintos como causantes de manifestaciones clínicas del síndrome de larva
migrans visceral en humanos; sin embargo, la causa principal de la enfermedad en zonas de
clima templado son las larvas del género Toxocara (2). Es por esta razón que
los términos LMV y Toxocariasis se emplean habitualmente en sinonimia, aún cuando el
primero es más exacto.
Dentro del síndrome LMV por Toxocara se distinguen formas clínicas sintémicas
generalizadas y otras localizadas, como ocurre en la lesión ocular. Por razones
desconocidas, ambos tipos de formas rara vez coexisten en un mismo individuo (1).
Existen reportes de casos de Toxocariasis en Chile, Argentina, Brasil y en el Perú en el
año 1992 se describieron los tres primeros casos de LMV en niños sin compromiso ocular
(3)
Debido a los daños que puede ocasionar, la Toxocariasis ocular ha adquirido gran
importancia, sin embargo, no hay muchas referencias sobre este cuadro en la literatura
médica nacional y el conocimiento de esta patología por el personal de salud no es
adecuado.
En 1950, Wilder encontró larvas de nemátode en ojos enucleados de niños, por supuesto
retinoblastoma; más tarde en 1956 Nichols identifica a estas larvas como Toxocara
canis. En 1960, Ashton describe lesiones locales en el polo posterior e inflamación
periférica causadas por Toxocara (4). Brown en 1970, sólo encontró 25 casos de
Toxocariasis ocular, en la literatura mundial. Actualmente se han reportado muchos más
casos a nivel mundial, en nuestro país no tenemos reportes publicados de esta patología,
pero si de la forma visceral (3).
No hay duda que este reducido número de casos no refleja la verdadera frecuencia de la
enfermedad en el hombre, en parte por desconocimiento de la afección y también por la
relativa dificultad para establecer su diagnóstico. La Toxocariasis humana clínica,
sistémica u ocular, aparece como poco común, existen altas tasas de seroprevalencia que
han sido comprobadas en distintas partes del mundo (2,5-8). Lo cual no indica que esto
corresponda a altas tasas de enfermedad, ya que no existe una relación causa - efecto
necesariamente.
Ya en 1979, el Comité de Expertos en Zoonosis Parasitarias de la OMS considera que la
Toxocariasis humana es un serio problema de salud pública, del cual es necesario
preocuparse, pues su trascendencia se subestima. Los hallazgos de los últimos años
acerca de esta parasitosis le dan una nueva dimensión en la salud pública del país.
El presente trabajo tiene por objetivo, tratar de colaborar con el conocimiento de esta
entidad en nuestro medio, describir las principales características epidemiológicas,
clínicas y el impacto de la Toxocariasis ocular.
II. MATERIAL Y MÉTODOS
El estudio es de tipo retrospectivo e incluyó 21 casos, 11 corresponden a pacientes
atendidos en el Instituto de Medicina Tropical Alexander Von Humbolt del Hospital Nacional
Cayetano Heredia y 10 pacientes fueron atendidos en el Servicio de oftalmología del
Hospital Nacional Arzobispo Loayza.
Dentro de los criterios de inclusión, aceptados por la literatura médica (9-13), para
este trabajo, se incluyeron los siguientes como casos con Toxocariasis ocular, los que
presentaban granulomas de polo posterior, granulomas periféricos aislados, granulomas
periféricos unidos a papila ó a mácula por bandas fibrosas y que además presentaran
serología positiva para Toxocara. También se incluyeron, como casos probables, los de
Uveítis, dentro de los cuales se incluyeron endoftalmitis, retinocoroiditis y vitreitis,
los cuales también presentaban serología positiva para Toxocara por el método de ELISA,
y/o mejoraban con tratamiento antihelmíntico.
Se elaboró una ficha para la recolección de datos, en la cual se consignó: edad, sexo,
domicilio, presencia de perros y/o gatos en el hogar, motivo de consulta y síntomas
principales, tiempo de evolución previo a la primera consulta, examen completo del fondo
ocular, además de agudeza visual y segmento anterior, recuento absoluto de eosinófilos,
test de ELISA para Toxocariasis, exámenes serológicos para toxoplasmosis, examen
coproparasitológico del paciente, tratamiento recibido, evolución posterior. Los datos
obtenidos fueron revisados y tabulados, y se colocaron en la sección de resultados.
III. RESULTADOS
Los casos se distribuyeron en 10 mujeres (47,7%) y 11 hombres (52,3%), cuyas edades
fluctuaron entre 4 y 64 años (x= 17,6% años), correspondiendo el 38,1 % de ellos al
grupo bajo 10 años de edad; el 28,6% al grupo de 10 a 19 años; el 9,5% al grupo de 20 a
29 años; el 14,3% al grupo de 30 a 39 años; el 9,5% al grupo de mayores de 40 años.
15/21 (71,4%) tenían su domicilio en Lima, 3/21 (14,3%) en zonas de ceja de selva ó
selva (Iquitos, Pucallpa y Tarapoto), 2/21 (9,5%) en sierra ó zona rural (Huancayo y
Cajamarca) y 1/21 (4,8%) en la costa (Pisco).
De los estudiados, 4/19 (21%) no poseían en el hogar perros ó gatos y 15/19 (79%) si
poseían, entro estos 9/15 (60%) tenían perros, 2/15 (13,3%) gatos y 4/15(26,7%) ambos.
17/21 (81%) son estudiantes, 2/21 (9,5%) son amas de casa y 2/21 (9,5%) son agricultores.
En ninguno de los 21 pacientes, se encontró antecedentes de "pica" (comer
tierra ó geofagia), ni tuvieron diagnósticos previos de Toxocariasis, ya sea ocular ó
visceral.
Los motivos de consulta fue: disminución de la agudeza visual (85,7%), estrabismo
(66,7%), ojo rojo (19,0%), leucocoria (9,5%), visión de "moscas" (4,8%),
cefalea (4,8%), escotomas (4,8%), algunos pacientes consultaron por más de un motivo a la
vez (ver Tabla 1)
El lapso que medió entre el inicio de los síntomas y la primera consulta varió desde 3
meses a 360 meses, con un promedio de 72,14 meses (6,01 años).
Todos los pacientes que se tomaron en cuenta para este estudio, presentaron al ingreso
disminución de la agudeza visual.
TABLA
Nº1
Toxocariasis ocular. Motivo de consulta en 21 pacientes
|
| Motivo de consulta |
N |
% |
Disminución de agudeza visual
Estrabismo
Dismin. AV +Estrbismo
Visión "moscas"
Cefalea
Escotomas
Leucoria
Ojo rojo |
18
14
12
1
1
1
2
4 |
85.7 %
66.7 %
57.1 %
4.8 %
4.8 %
4.8 %
9.5 %
19.1 % |
Se encontró que el ojo
derecho fue el más afectado (57%), mientras que el izquierdo tuvo un 38%, además se
encontró un paciente que estaba afectado en ambos ojos (ver tabla 3)
Las formas clínicas de Toxocariasis Ocular encontradas al examen oftalmoscópico (ver
Tabla 2 y fotos), fueron en orden decreciente en frecuencia: granuloma de polo posterior
(42,8%), granuloma periférico unido a papila ó mácula por bandas fibrosas (14,3%),
granuloma periférico unido a papila ó mácula por bandas fibrosas (14,3%), bandas
fibrosas (23,8%), granuloma en cavidad vitrea (4,76%), desprendimiento de retina (9,5%),
ruptura de coroides (4,46%). Bajo el nombre de uveítis se incluyeron los casos de
uveítis activa, crónica, crónica reagudizada. Se presentaron pacientes con más de una
forma clínica a la vez, por ejemplo, un paciente que presentaba granuloma polo posterior,
granuloma periférico aislado, y además bandas fibrosas; otro paciente con uveítis
activa más vitreitis, granuloma en cavidad vitrea más uveítis crónica y otro paciente
con uveítis crónica, vitreitis, desprendimiento de retina y bandas fibrosas.
Se obtuvo además la cifra absoluta de eosinófilos en 12 pacientes, y se obtuvieron los
siguientes resultados, fue normal (0-400 x mm2) en el 41,67% de los pacientes, levemente
aumentada (401-800 x mm2) en el 25% de los casos y muy alto (>800 x mm2) en el 33,3% de
los pacientes.
El test de ELISA para Toxocariasis se efectúo en 20 pacientes, utilizando dos métodos
distintos, se encontraron títulos positivos en todos los casos. Si se considera positivo
desde el título de 1:4, fueron positivos para el 100% (12 pacientes), 1 tuvo título de
1:4 (8,3%), 4 tuvieron títulos de 1:6 (33,3%), 5 tuvieron títulos de 1:8 (41,7%) y 2
títulos de 1:128 (16,7%). A los 8 pacientes restantes se les realizó el test ELISA con
otro método, obteniéndose otros valores de positividad siendo un valor positivo > 0.3
u, así tenemos que todos los pacientes fueron positivos, en distinta magnitud.
TABLA
Nº 2
Forma clínica de la presentación según fondo de ojo
|
| FORMA CLÍNICA |
N |
% |
Granuloma periférico unido a papila
Granuloma periférico aislado
Granuloma polo posterior
Uveitis,incluyendo endoftalmitis,
retinocoriditis y vitreitis |
3
1
9
9
|
14.3%
4.7%
42.8%
42.85%
|
En 15 pacientes se realizó serología
para Toxoplasmosis, se determinó que 13 (86,7%) tenían serología negativa, mientras que
en 2 (13,3%) se encontraron serologías positivas, con títulos de 1:16 y 1:256 para 1gG,
respectivamente, ninguno tuvo títulos positivos de 1gM para Toxoplasma. Además se
realizaron test de ELISA para VIH en 12 pacientes, encontrándose solo 1(8,3%) con
serología positiva, el cual era un paciente varón de 26 años, con granuloma en polo
posterior y serología 1:8, positiva para Toxocara y no tenía imágenes compatibles con
Citomegalovirus, ni Toxoplasmosis.
TABLA 3
Distribución por afección del globo ocular |
| Globo ocular |
N |
% |
Derecho
Izquierdo
Ambos |
12
8
1 |
57%
38%
5% |
Examen coproparasitológico seriado se
practicó a 7 pacientes, comprobándose presencia de parásitos (Ascaris lumbricoides,
Trichuris trichura, etc.) en 5 (71,4%) de ellos, y sólo en 2 fue negativo.
A 5 pacientes se les prescribió tiabendazol 25 mg/ kg/día por 2 semanas; a 7 pacientes
se les indicó albendazol 10 mg/kg/día por 15 días. En algunos casos se asoció
corticoides, dependiendo de la severidad ó de la actividad de la enfermedad. El resto de
los pacientes no recibieron tratamiento específico antihelmintico ó no estuvo consignado
en la historia clínica. Se consignó además la evolución de los casos, de acuerdo a los
datos de la historia clínica.
En cuanto a la evolución oftalmoscópica, a 7 pacientes en los que se administró
albendazol, 3 mejoraron sus molestias, de los cuales uno recibió además corticoides
sistémicos. En los otros 4 no hubo variación al examen oftalmoscópico. De los 5
pacientes que recibieron tiabendazol, en 1 hubo mejoría de la agudeza visual (este
paciente además recibió corticoides sistémicos), 2 pacientes se mantuvieron igual y de
los dos restantes no hay registro de seguimiento. Cinco pacientes no recibieron
tratamiento alguno, de los cuales 3 permanecieron iguales, un paciente se reactivó una
uveítis crónica inactiva cuando se encontraba en espera de una vitrectomía y del otro
paciente no hay registro.
En 3/21 no hay registro acerca de que si recibió ó no tratamiento, ni de cual fue su
evolución. Hay un paciente que solo recibió gotas oftálmicas de atropina, que actúa
como ciclopléjico, en el cual no hubo mejoría.
En los 5 pacientes que presentaron bandas fibrosas, estas persistieron sin cambios a pesar
del tratamiento. Como complicaciones se encontraron, cataratas en 3 pacientes,
desprendimiento de retina en 2 pacientes, ruptura de coroides en 1 caso y un paciente
presentó granuloma en cavidad vítrea.
En un paciente en el cual hubo duda diagnóstica se le dió tratamiento pensando en
uveítis por Toxoplasma, con Clindamicina y Trimetropin-sulfametoxazol, al no haber
mejoría se le dio tratamiento con tiabendazol, mejorando su agudeza visual.
Tres pacientes tuvieron ecografías oculares compatibles con Toxocariasis ocular. Pese a
no haber criterios ecográficos patognomónicos de la Toxocariasis ocular, existen tras
características que se han encontrado comunmente en estos casos: a) lesiones
granulomatosas leve o moderadamente elevadas, que pueden estar calcificadas; b) membranas
vitreas que se extienden desde la lesión granulomatosa hacia el polo posterior; y e)
desprendimiento de retina o pliegues retinales con tracciones posteriores (14).
IV DISCUSIÓN
El género Toxocara, de la familia Ascaridiae, Phylum Nemátoda, incluye unas 10 especies
que son parásitas de diversos mamíferos carnívoros, pero sólo T. Canis (Werner, 1782 y
Stiles, 1905) del perro y T. Cati (Zeder, 1800) del gato, han sido identificados como
capaces de producir el Síndrome de Larva Migrans Visceral (LMV) en el hombre,
caracterizado por hipereosinofilia, hepatomegalia e infiltrados pulmonares. El Síndrome
de Larva Migrans Ocular (LMO), caracterizado por la aparición de granulomas larvarios
intraoculares ó resultar en una infección asintomática (1,2,15). Ambas especies son
cosmopolitas (1,16,17), y la frecuencia de infección por T. Canis oscila entre 2% y 100%
en distintas partes del mundo, la gran mayoría de las cuales (80%) ocurre en cachorros
(< de 6 meses), declinando hasta alrededor del 20% en los perros mayores de un año de
edad, la razón de la alta prevalencia en cachorros es la efectiva migración
transplacentaria de las larvas desde madre hacia sus cachorros (18,19). En un estudio
realizado en Chile, donde se examinaron las heces de 1,505 perros en zonas urbanas de
Santiago, 50,15% estaban parasitados y T. canis tenía un 23,18% de prevalencia (18). En
Francia un 30% de los perros están infectados con T. canis (17).
La información disponible para América del Sur y Central y México es escasa, sin
embargo, algunos estudios llevados a cabo sugieren que la Toxocariasis canina está
ampliamente distribuida y demuestran una alta prevalencia en la región. Ehrhard revisó
14 estudios hechos en México, Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Perú en los cuales la
prevalencia de Toxocariasis canina varió desde el 7 al 53% (2).
Aunque tanto T. canis como T. catis pueden infectar a seres humanos, existe la creencia
común de que la mayoría de las infecciones son causadas por T. canis por las siguientes
razones: 1) la mayoría de las larvas encontradas en casos de humanos se han identificado
como T. Canis; 2) los huevos de T. canis se recuperan con mayor frecuencia en las muestras
de tierra que los huevos de T. cati; 3) los estudios epidemiológicos indican la
exposición a perros pero no a gatos; como un importante factor de riesgo (2).
El parásito adulto vive en el intestino delgado de estos animales, tienen un promedio de
vida de cuatro meses, los que expulsan a diario y durante meses en enormes cantidades de
huevos, una hembra adulta puede expulsar diariamente, por lo menos 200,000 huevos por las
heces (19) y contaminan así el ambiente. Estos huevos no son infectantes de inmediato. La
duración del desarrollo larval dentro del huevo varía de acuerdo con la temperatura y la
humedad relativa en el ambiente a temperaturas de 15 a 35 °C; la mayoría de los huevos
son muy resistentes, y en medios húmedos se mantienen viables por varios meses (2,44). Al
ser ingeridos, provocan la infección en perros y gatos, huéspedes normales de estos
parásitos, y accidentalmente en el hombre. En estos huéspedes, la larva de Toxocara
realiza el "Ciclo de Looss" completo, con migración de larvas por diferentes
órganos, algunas de las cuales llegan a pulmón y, desde allí, alcanzan finalmente el
intestino delgado y se transforman en adultos; otras quedan latentes, en hipobiosis, en
los tejidos y pueden después reiniciar el ciclo ó, en las perras, invadir la placenta e
infectar la progenie (1).
La Toxocariasis en el hombre se adquiere por la ingestión de los huevos esferoidales (85
x 75 lm) de T. canis que contiene la larva infectante; las larvas inician su migración
pero no la completan y, a su paso por los órganos, van despertando importante reacción
inflamatoria y granulomatosa que constituye la base patogénica de la enfermedad (19).
Las manifestaciones clínico-patológicas en la LMV resultan del daño mecánico causado
por la migración de la larva a través de los diferentes tejidos. Los tejidos afectados
muestran generalmente abscesos eosinofílicos múltiples y granulomas eosinofílicos tipo
alérgicos (2,19).
La contaminación con los huevos de Toxocara en los campos de juego, parques, y en general
el suelo, son la principal fuente de infección en humanos, en especial en niños ya sea
por hábitos de juego o por las malas costumbres higiénicas (16, 18, 20 23). En
varios países se han realizado análisis de muestra de suelo en parquesy patios de juegos
infantiles, los cuales han revelado la presencia de estos huevos en el 2 al 56% de las
muestras examinadas examinadas (2,16,23). En Frankfurt se obtuvo 87% de contaminación de
los suelos de lugares públicos con huevos de Toxocara (16). En Holanda (Utrecht), se
encontró que los niños que jugaban en cajas de arena estaban en más riesgos de
contaminarse que los que jugaban en parques o áreas de juego públicas (20). En gran
Bretaña se encontró un 24,4% de positividad para huevos de Toxocara en las muestras de
suelos de lugares públicos (23). Chamorro y Col., en Argentina, encontraron que un 20% de
las plazas públicas estaban contaminadas (24). Estudios en pacientes con larva migrans
ocular en Estados Unidos indican que los perros, en particular los cachorros que conviven
con el paciente, fueron la fuente aparente de infección para la mayoría de los casos
(2). A este respecto, cabe señalar que de los 19 pacientes de quienes se obtuvo
información, 79% poseían perros o gatos en el hogar y de estos el 60% convivían con
perros. En los Estados Unidos se estima que de 30 a 50% de los hogares tienen perros y el
20 ó 30% gatos (2). Esto nos demuestra una alta tasa de convivencia con estos animales
hasta llegar al hacinamiento, con lo cual no se podría mantener una adecuada cultura
higiénica ni unas condiciones de saneamiento adecuadas, lo cual haría muy difícil poder
controlar estas infecciones.
En el presente trabajos se encontró un ligero predominio del sexo masculino (52,3%), tal
como lo han observado algunos autores aun cuando otros afirman lo contrario; las edades de
estos fluctuaron entre 4 y 64 años, con una media de 17,6 años. Se encontró un 38,1% de
los casos con edades menores a 10 años, la cual coincide con la literatura revisada que
sostiene que el grupo más afectado por esta patología es el de 4 a 9 años
(1,2,4,22,25,26), todos los demás fueron personas mayores de 10 años lo que eleó el
promedio de edad a 17, 6 años (Tabla 1). Este hecho es interesante pues mostraría que la
Toxocariasis, al menos en su expresión clínica ocular, no es tan sólo un problema
pediátrico, sino que también debe buscarse en adultos (11,27).
De los 21 pacientes estudiados se encontró que la mayoría eran estudiantes (81%), lo que
coincide con el rango de edad en el que se encontró la patología con más frecuencia, el
resto de pacientes fueron amas de casa y agricultores.
Ninguno de los pacientes estudiados presentó antecedentes de pica (comer tierra), ni
tuvieron diagnósticos previos de Toxocariasis, lo cual concuerda con lo descrito en la
literatura, ya que en los casos de pica es más frecuente la LMV (2,22,28).
Otro aspecto de interés al considerar que 15 de los casos (71,4%), en los que se obtuvo
información, residían en localidades urbanas mientras que 6 (28,6%) residían en zonas
suburbanas o rurales, de estos tres vivían en zonas de selva (Iquitos, Pucallpa y
Tarapoto). Esto se podría explicar porque los que viven en zonas urbanas tiene más
posibilidades de acceder al hospital o a la consulta especializada y además demuestra el
alto riesgo de infectarse con esta parasitosis en el medio urbano de nuestro país, como
lo señalan las altas tasas de contaminación del suelo en las zonas urbanas
(2,16,20,23,24). Se puede pensar que en los sectores suburbanos y rurales la situación es
peor, pero que aún esta no ha sido estudiada.
Al examinar el lapso tanscurrido entre el inicio de los síntomas y la primera consulta
varió desde 3 meses a 360 meses con un promedio de 72,14 meses (aprox. 6 años). Llama la
atención la demora en acudir al especialista, a pesar de presnetar síntomas tan
importantes como disminución de la agudeza visual, estrabismo y otros, lo que se podría
explicar por la carencia de servicios de salud al alcance, por la falta de medios
económicos para acudir á estos o por la dejadez de los padres ya que la mayoría de los
pacientes fueron niños.
Dentro de los motivos de consulta, el principal, fue la disminución de agudeza visual,
acumulando el 85,7%, el estrabismo llegó al 66,7%, si se considera disminución de
agudeza visual + estrabismo, se obtiene 57,1 % (Tabla 2) pero, al examen oftalmoscópico
se observó mayor compromiso del globo ocular. La leucocoria es un signo común de
consultar, aunque sólo se encontró en 9,5% de nuestros pacientes (24).
Es interesante comprobar que los motivos de consulta son inespecíficos para esta
patología, por lo que es necesario realizar una adecuada historia clínica y un examen
oftalmológico completo.
Las formas clínicas encontradas en este trabajo, concuerdan en general con las lesiones
descritas en la literatura (4,11,12,22,24,29,30,45). El granuloma de polo posterior fue
más frecuente (42,8%), que el granuloma periférico unido a papila o a mácula por bandas
fibrosas (14,3%) el que ha sido considerado como altamente sugerente de Toxocariasis
ocular (4), luego tenemos al granuloma periférico y a la uveitis (endoftalmitis,
retinocoroiditis y vitreitis), estas últimas lesiones se pueden presentar en otras
infecciones oculares (Toxoplasmosis, TBC, etc.), pero el hallazgo de la serología
positiva para Toxocara, orienta a pensar en Toxocariasis, al respecto en otros estudios,
por ejemplo en el de Sapunar y col. Realizado en Chile, reportan también estos casos no
típicos (1).
Estas características están determinadas por la patogenia del cuadro. Las larvas de
Toxocara penetran en el ojo por la arteria central de la retina y se detienen donde el
calibre vascular les impide avanzar. Originan allí un proceso inflamatorio con granuloma
de aspecto variable y que, según el tiempo transcurrido y la localización, puede o no
afectar la visión; las larvas son, incluso, capaces de perforar la retina y caer al
vítreo, dando un granuloma que ocupa toda la cavidad. Otra vía de entrada serían los
vasos ciliares cortos y largos posteriores que rodean al nervio óptico y se ramifican an
la úvea, causando un granuloma uveal que puede localizarse o extenderse. Al penetrar por
los vasos ciliares posteriores, las larvas se ubican de preferencia en la región macular
y el polo posterior, con pérdida de la agudeza visual (1).
Watze y col. Provocaron experimentalmente Toxocariasis ocular en primates y observaron que
las larvas inoculadas causan en primera instancia, hemorragia retinal, perivasculitis y
vitreitis; y a los 30 días aparecen granulomas en la retina, que con frecuencia contienen
larvas vivas; a veces fragmentos de larvas, o bien no las tienen. Aparentemente las larvas
se movilizan dentro del ojo y hasta pueden abandonarlo vía nervio óptico.
Aprecian también que las larvas muertas causan pequeñas reacción y las vivas
estimularían la respuesta inflamatoria: si fuese así convendría matarlas precozmente y
asociar corticoides al tratamiento antiparasitario (25). Se observó también que en la
mayoría de los casos las lesiones fibróticas tienen historia de un año o más de
pérdida de visión. Además, Watze y col. Piensan que en la mayor parte de los casos el
compromiso del ojo recurre por migración de larvas que primero han permanecido en otros
sitios del organismo, lo que explicaría el enigma de por que la edad promedio de los
casos de Toxocariasis ocular en humanos sería mayor a la edad promedio de los pacientes
con LMV (1,31)
El diagnóstico de certeza de esta patología se confirma al identificar la larva en
biopsias, autopsias o, por lo habitual, en los ojos enucleados. En la actualidad, el
oftalmólogo se basa en la similitud de las lesiones en el fondo de ojo con las descritas
en casos confirmados por hallazgo de larva de Toxocara, ya sea en ojos extirpados, o las
de toxocariasis ocular experimental en animales, y los resultados de la serología para el
inmunodiagnóstico de esta infección, como es el test de ELISA (9-11,31,33,34).
El Test de ELISA para Toxocariasis, que se efectuó en 20 pacientes, resultó positivo en
el 100% de los pacientes. Se realizaron dos métodos distintos para esta prueba, ya que
ésta no está estandarizada para nuestro medio. Considerando títulos de 1:4 como
positivo, el 100% también fueron positivos. Del grupo estudiado sólo a un paciente no se
le realizó la prueba. Esta técnica es la que ha dado mejor rendimiento para demostrar
anticuerpos antitoxocara, utilizando como antígeno larvas del II estadio (infectante) de
T. canis, ofreciendo la ventaja de ser muysensible y muy específica (sensibilidad 78% y
especificidad 92% (4,10,12,17,22,26,31). En 1979, Shields comprobó que con un título de
1:8, el test de ELISA presentaba una especificidad de 100% y una sensibilidad del 82%
(35). El Center of Disease Control (CDC) de Atlanta, Georgia, EE.UU., sugiere que una
dilución igual o superior a 1:32 debe considerarse positiva, aplicando este criterio de
Toxocariasis ocular clínica y otros incluso confirmados, tienen ELISA negativos
(28,32,36).
Es importante conocer que hay una alta prevalencia de serología positiva para
Toxocariasis en personas aparentemente sanas, llegando en algunos casos hasta el 23%, lo
que significa que para realizar el diagnóstico presuntivo de Toxocariasis ocular se
necesita, aparte de la serología positiva, el cuadro clínico compatible (5-8).
Brasseur y col. afirman que cualquiera sea la tasa de anticuerpos séricos, debe ser
considerada como significativa para el diagnóstico cuando se acompaña de cuadro clínico
coimpatible (1,9,33). Existe un estudio realizado por Pollard, en el cual se siguió
serológicamente 25 casos y encontró que en el 85% de ellos los títulos descendieron, en
10% hubo ascenso y en 5% quedaron estacionarios. Esta es una razón más para no rechazar
el diagnóstico de toxocariasis ocular por títulos bajos o ELISA negativo, pues antes el
paciente pudo tenerlos altos.
Feldberg y col. señalan que la tasa de anticuerpos antitoxocara es más elevada en el
humor acuoso que en el suero, lo cual apoyaría la posibilidad de una producción local de
anticuerpos. No obstante con la elevada sensibilidad de esta prueba, aproximadamente 10%
de los pacientes con características clínicas de Toxocariasis ocular presentan títulos
negativos de ELISA. Por eso, al tener un caso sospechoso de Toxocariasis ocular, con ELISA
en suero con título bajo o negativo, el examen inmunológico en líquidos intraoculares
sería de gran ayuda (33).
El examen citológico de los líquidos intraoculares pueden ser usados para apoyar el
diagnóstico clínico de toxocariasis ocular. Por ejemplo, al encontrar en la
paracéntesis de humor acuoso, eosinófilos, sugiere el diagnóstico de una infección
parasitaria, lo cual apoyaría el diagnóstico de Toxocariasis. Al realizar citología de
vitreo, obtenida por aspiración con aguja a través de la pars plana, como un
procedimiento diagnóstico o al momento de realizar una vitrectomía terapéutica, ya sea
por tracción vítrea o por desprendimiento de retina, se encuentran eosinófilos esto
debe sugerir Toxocariasis ocular (28).
En cuanto a la cantidad de eosinófilos en sangre periférica, se obtuvieron datos de 12
pacientes, fue normal en 41,67%, fue levemente aumentada en 25% y muy alta en 33% de los
pacientes. Con respecto a los pacientes con valores muy altos de eosinófilos, se
encontró coincidentemente, que estos pacientes estaban con parasitosis múltiple, al
realizar los estudios coproparasitológicos correspond¡entes y además eran procedentes
de zonas selváticas. La determinación de los valores absolutos de eosinófilos en sangre
periférica serían de poca utilidad para el diagnóstico de Toxocariasis ocular (1).
En los pacientes que presenten cuadros compatibles con endoftalmitis por Toxocara, la
toxoplasmosis ocular aguda, oncocercosis y enfermedad de Coats (telangiectasia retinal
exudativa) deben ser tomadas en cuenta. Vítreo hiperplásico primario persistente,
retinopatía de la prematuridad, vítreo retinopatía familiar exudativa, uveoretinitis
periférica idiopática y neuritis óptica, son entidades que son parte del diagnóstico
diferencial de Toxocariasis ocular. En los pacientes con lesiones retinianas el
diagnóstico diferencial incluye retinoblastoma, esta es la condición con la que más se
confunde la Toxocariasis, no sólo por la forma clínica sino por el grupo etario, siendo
el grupo de retinoblastoma ligeramente más jóvenes que los de Toxocariasis, fibroplasia
retrolental, dobleces o pliegues retinianos congénitos (16,28,42). El diagnóstico de
toxocariasis siempre debe ser considerado cuando hay una masa en la cámara posterior en
un niño. La tomografía y ultrasonido del ojo pueden ayudar a delinear la lesión en
forma de masa y excluir los tumores retrooculares (22). Dentro de los hallazgos que se
pueden encontrar en la ecografía ocular en Toxocariasis, tenemos presencia de masas,
desprendimiento de retina, bandas fibrosas, calcificaciones, sinequias posteriores,
generalmente se usa este examen al encontrar cataratas secundarias, las cuales impiden una
adecuada observación del fondo del ojo.
Otra herramienta con la cual se cuenta actualmente es la Resonancia Magnética con
contraste o con gradiente de ecos, con lo cual se pueden llegar a descartar algunos de los
diagnósticos diferenciales (37).
En 15 pacientes se realizaron serologías para Toxoplamosis, donde se encontró 2 (13,3%)
pacientes con serología positiva para 1gG, lo que indicaría infección antigua, no se
encontró casos con infecciones activas, esto se realizó por la duda diagnóstica que se
presentan en algunos casos. Además se encontró entre 12 pacientes en los cuales se
realizó la prueba, 1 paciente con serología positiva para VIH, en el que se descartó
infeccion por CMV ó HSV, presentaba un granulorna en polo posterior, y serología (ELISA)
positiva (1:8) para Toxocara; lo que nos recuerda tener presente este diagnóstico en los
pacientes con inmunodeficiencias, ya que puede ser una entidad en la cual no se piensa en
el diagnóstico diferencial.
Se encontró un mayor compromiso del ojo derecho y además se encontró un caso de uveitis
bilateral, lo cual está descrito también en la literatura (30).
En resumen, el diagnóstico clínico de la Toxocariasis ocular se basa en los antecedentes
epidemiológicos, el aspecto característico cuando es visible del fondo del
ojo, y el resultado de las reacciones inmunológicas (test de ELISA). Otros exámenes
complementarios, como la radiografía buscando calcificaciones, la ecografía, la
tomografía, la resonancia magnética, y la angiografía ocular, pueden aportar datos
interesantes, pero no decisivos. El diagnóstico diferencial incluye enfermedades
congénitas, neoplásicas e inflamatorias del ojo. En el niño, es de la mayor importancia
establecer la diferenciación con el retinoblastoma.
Toxocariasis ocular es una patología que lleva a la ceguera en el 64,3% de los casos no
obstante el tratamiento que reciba, de ahí la importancia de detectarla a tiempo (9,25).
En un estudio realizado en Holanda en 1996 se evaluó los conocimientos de esta enfermedad
entre un grupo de 135 médicos generales, y las conclusiones a las que llegaron fueron que
el conocimiento acerca de esta importante zoonosis era en general inadecuada pese a las
campañas de educación acerca de esta enfermedad (38).
El tratamiento de esta condición es difícil. Los corticoides son útiles en el control
de la inflamación y aunque el rol de los antihelmínticos es menos claro, existen
evidencias de que el tratamiento precoz con estos agentes, asociados a corticoides podría
mejorar el resultado final. La cirugía ocular ha sido usada con éxito en casos
seleccionados (22,25)
La mayoría de nuestros pacientes fueron tratados con albendazol o tiabendazol y/o
corticoides. Siete pacientes fueron tratados con albendazol de los cuales tres mejoraron,
ya sea mejoría de la agudeza visual y/o mejoría al examen oftalmoscópico, uno de ellos
recibió corticoides sistémicos, en el resto de pacientes no hubo variación al examen.
Cinco pacientes recibieron tiabendazol, uno de los cuales además recibió corticoides
sistémicos, mejorando su agudeza visual, otros dos pacientes se mantuvieron igual al
examen y de los restantes no hay registro. Dentro del grupo estudiado hay cinco pacientes
que no recibieron tratarmiento, de éstos, tres permanecieron igual, en uno se reactivó
una uveitis crónica cuando se encontraba a la espera de una vitrectomía más extracción
extracapsular de catarata complicada, del otro no tenemos registro. Las lesiones fibrosas
encontradas en los pacientes, no variaron pese a haber recibido o no tratamiento. En
nuestra casuística encontramos varias complicaciones, entre las que figuran tres
pacientes con cataratas dos pacientes con desprendimiento de retina, un caso de ruptura de
coroides y un paciente que presentó un granuloma en cavidad vítrea.
Se ha descrito que muchos casos se resuelven espontáneamente y dejan una buena agudeza
visual, se encuentra en ellos, como un hallazgo, un granuloma periférico (característico
de esta patología), en estos pacientes sólo se requiere controlarlos periódicamente
(1).
Para algunos autores también debe administrarse corticoides cuando se indica
antihelmínticos. El tiabendazol tiene además, un efecto antiinflamatorio, antipirético
y analgésico (8,39), por lo cual para algunos sería beneficioso para otros no.
Con lo antes expuesto se puede concluir que los tratamientos no están siendo efectivos,
ya sea porque las drogas son bien toleradas a altas dosis. Sería necesario realizar
estudios prospectivos probando nuevas dosis de antihelmínticos, que sean suficientes para
matar a las larvas intraoculares.
Los agentes ciclopléjicos son drogas no específicas para esta patología, pero se usan
cuando hay inflamaciones severas del segmento anterior, con lo cual se podría prevenir el
desarrollo de sinequias posteriores, glaucoma secundario y tracciones vítreas que causen
desprendimientos retinales (28).
Existen otros tratamientos entre los que tenemos: a) fotocoagulación con láser, por este
método se puede destruir la larva, cuando ésta se puede visualizar oftalmoscópicamente,
y ésta se encuentra por lo menos a 3 mm. de la fóvea; b) la vitrectomía, se puede
realizar cuando la Toxocariasis origina alteraciones estructurales pemanentes que alteran
o interfieren con la visión o en casos de endoftalmitis crónica sin respuesta a los
corticoides. Se puede usar también otros procedimientos quirúrgicos para dar solución a
algunas complicaciones, como por ejemplo, desprendimiento de retina, cataratas, glaucoma,
etc. Todos estos procedimientos quirúrgicos o invasivos, deben ser realizados en
pacientes seleccionados, ya que el éxito de estos radica en la adecuada elección del
paciente (1,11,21,22,27-29,40). Un tratamiento que está actualmente en evaluación es el
de criopexia, con el cual tendríamos un método más para el tratamiento de esta
patología (11,21).
La prevención de esta parasitosis en el huésped humano es difícil, dada la gran
difusión de la infección por Toxocara entre los perros y gatos y su fácil
transmisibilidad. Además el medio social en el que encontramos más comúnmente la
infección, es bajo (43), por lo que erradicar esta infección es aún más difícil, ya
que tenemos otros factores en juego como por ejemplo los económicos. Dado que la
infección por Toxocara puede cursar en forma de cuadros asintomáticos y/o clínicamente
inaparentes a aquellos extremadamente graves, se insiste en la prevención primaria (26).
Los avances en la detección de esta parasitosis de los últimos años, está permitiendo
conocer mejor esta enfermedad que es de importancia en la salud pública del país,
además el grado de compromiso de la población adulta está aún en plena evaluación
(7). En Argentina se realizó un estudio sobre la epidemiología de la Toxocariasis en
Buenos Aires en el cual se señalan aspectos importantes como: a) la alta cantidad de
perros, en algunas zonas la relación perro/persona es 3 a 1 (en el Perú hay zonas donde
ésta relación es de 8 a 1); b) el 11 % de perros que concurren a las veterinarias están
parasitados; c) en perros vagabundos se hallaron huevos de Toxocara canis en el 23% (41).
Este estudio nos puede dar una idea de lo que puede estar sucediendo en nuestro país.
Tal vez la educación sanitaria de la comunidad, dirigida a darles a conocer los riesgos,
a evitar la estrecha convivencia con estos animales, reducir la población de perros y
gatos (especialmente los sin dueño o mal cuidados), a desparasitarlos y darles
tratamientos preventivos, a impedir que defequen en áreas públicas, evitar el juego de
los niños en áreas donde perros defecan y a la higiene de las manos y alimentos que se
ingieren crudos, puedan contribuir a disminuir el peligro (1,2).
IV. CONCLUSIONES
El presente estudio clínico de la
Toxocariasis ocular reveló, que es más común en niños, aunque se están diagnosticando
algunos casos en adultos, siendo los principales motivos de consulta: disminución de la
agudeza visual, estrabismo y leucocoria. En un paciente que presenta estrabismo y
disminución de la agudeza visual, se debe descartar Toxocariasis.
- Las principales características oftalmoscópicas
encontradas, fueron en orden de frecuencia: el granuloma de polo posterior, el granuloma
periférico unido a papila o a mácula por bandas fibrosas, granuloma periférico aislado
y uveitis, incluyendo endoftalmitis, retinocoroiditis y vitreitis.
- Al observar una lesión sugerente a Toxocariasis Ocular,
la realización del test de ELISA es útil para orientar el diagnóstico.
- El tratamiento antihelmíntico en Toxocariasis Ocular
cicatricial no proporcionó algún beneficio.
- El tratamiento con antihelmíntico y corticoides en
Toxocariasis Ocular activa proporcionó mejoría clínica de las lesiones oculares pero no
contribuyó a recuperar la agudeza visual.
VER BIBLIOGRAFÍA
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