Boletín de la Sociedad Peruana de Medicina Interna - Vol.10 Nº3 - 1997


Hantavirus 1997

Miguel Campos Castro *

Los Hantavirus, un nuevo género de virus de la familia Bunyaviridae, fueron descubiertos en el lejano este; inicialmente se describieron 4 especies: Puumala, Seoul, Hantaan y Dubrava, que producían un grave síndrome de Fiebre Hemorrágica con Síndrome Renal (HFRS, por sus siglas en inglés).

Cuando una nueva y mortal enfermedad respiratoria -desconocida hasta entonces- aparece en el suroeste norteamericano (New Mexico) en mayo de 1993, se estableció que era un agente viral nuevo, relacionado a las 4 especies de Hantavirus del «Viejo Mundo» y se denominó a esta quinta especie el «Sin Nombre Virus» (SNV por sus siglas en inglés), pero se encontró que a diferencia de los otros HV (que producían un Síndrome Renal), el SNV producía un Síndrome Pulmonar (o HPS - Hantavirus Pulmonary Syndrome). Al inicio del brote epidémico, la mortalidad de este HPS fue del 90%, pero más tarde se reajustó a 50%. El vector de la infección eran las excretas del ratón de los venados (Peromyscus maniculatus), que eran aspiradas en mini-aerosoles. Los investigadores comenzaron a estudiar todas las posibles causas que condujeron al desarrollo de esta mini-epidemia, en ese tiempo y lugar. Gracias a la disponibilidad de contar -por muchos años- con registros de las condiciones climáticas locales (con algunos mapas climatológicos y ecológicos desde satélites) y de los datos de la población de ratones del venado, se pudo reconstruir el posible escenario que podría explicar la emergencia de esta enfermedad.

Después de seis años de sequías, llegaron profundas lluvias en el verano de 1993 a las zonas desérticas de New Mexico. Esto causó que creciera mucha vegetación favoreciendo el hábitat de los ratones del venado, y su población se incrementó hasta 10 veces más de lo normal.

Los Estudios Casos-Control revelaron que el contacto con las heces de los roedores, a través de las labores agrícolas y de limpieza, y el convivir en una casa con muchos roedores, fueron los factores de riesgo para contraer este virus.

Actualmente se está estudiando el Síndrome Pulmonar por el Hantavirus (HPS) y otras enfermedades infecciosas similares, dentro del contexto del medio ambiente y se están usando técnicas empleadas por los ecologistas y otros biólogos. Se tiene la esperanza de que la investigación de los cambios en la temperatura, las lluvias, los usos de la tierra y otros factores que afectan a los microbios y sus vectores, nos dará nuevas ideas acerca de los modos de transmisión de las enfermedades infecciosas, y quizá pueda ayudar a predecir cuándo sucederán nuevas epidemias en el futuro.

El Dr. Ralph T. Bryan, del CDC, reportó en una reciente conferencia sobre infecciones emergentes que se llevó a cabo en la Universidad de Salud Pública de Harvard en Boston Massachusetts, que estudiando retrospectivamente este tipo de datos (tomados por estudios de la tierra por satélites climatológicos) se encontró que existían indicios de que podía ocurrir el brote de HPS en mayo de 1993, muchos meses antes de que la gente comenzara a enfermarse.

TRANSMISIÓN PERSONA A PERSONA DEL HANTAVIRUS

Una mini-epidemia del Síndrome Pulmonar del Hantavirus (HPS) se produjo en la parte sur de la Argentina que mató a 11 de las personas infectadas. Lo preocupante de esta epidemia es que aquí podría haber existido -por primera vez- la posibilidad de transmisión de persona a persona de esta enfermedad. Hasta entonces se habían detectado 5 especies de Hantavirus (4 del «Viejo Mundo») que causan enfermedad en humanos, y estudios epidemiológicos extensos no habían podido detectar ninguna evidencia clara de transmisión de persona a persona.

Los expertos creían que, en los humanos, la manera primaria de infectarse con el Hantavirus (que atacaba ya sea los pulmones o los riñones) era a través de inhalación de pequeñas partículas de las excretas fecales de los roedores infectados. Ahora sin embargo un equipo de investigadores norteamericanos y argentinos está investigando la mini-epidemia argentina de 1996, comparándola con el llamado «Andes Virus» (que es parecido, pero no idéntico, al «Sin Nombre Virus» de la epidemia de New Mexico de 1993) y han encontrado evidencia epidemiológica que sugiere profundamente que ha habido transmisión de persona a persona.

La mini-epidemia que comenzó en septiembre de 1996 entre residentes o visitantes de 3 pueblos en el sur de la Argentina implicó más tarde a varios individuos que habían tenido contacto con pacientes infectados pero que nunca habían visitado esa área. Al igual que la cepa responsable del FIPS de 1993 en los EE.UU. El virus que ahora se había descubierto en la Argentina causa un Síndrome Pulmonar, y no el Síndrome de Enfermedad Renal, como los Hantavirus del Viejo Mundo.

La primera persona que se enfermó en la Argentina fue un hombre de 41 años de edad y tres semanas más tarde su madre, de 70 años, contrae la infección, seguida de uno de los médicos de esta señora. Más tarde también enferma la esposa del doctor y decide ir a la capital a curarse. Al parecer uno de sus médicos en Buenos Aires adquiere también la infección.

Las sospechas de la posibilidad de transmisión de persona a persona se hacían más contundentes conforme aparecían nuevos casos. El guardián de la casa del primer paciente, que también había comenzado a tener síntomas de la enfermedad, había ido al funeral de la madre de su empleador, y luego regresó manejando su carro acompañado de 3 amigos, hacia Buenos Aires: todos ellos más tarde desarrollaron la enfermedad.

Los investigadores de Argentina y del CDC no encontraron ninguna evidencia de roedores en el carro de estos pacientes y hallaron incluso que la densidad de la población de roedores en el área del brote epidémico era más baja que lo normal.

Todo esto sugiere tremendamente que ha existido transmisión de persona a persona del HPS durante esa mini-epidemia. Prosiguen los estudios para tratar de detectar exactamente el tipo y duración de los contactos entre los pacientes, que puedan haber permitido este tipo de transmisión.

PREDICCIÓN DE NUEVAS EPIDEMIAS

Ya que es difícil saber cuándo o dónde emergerán nuevas enfermedades por primera vez, quizá la segunda mejor manera de predecirlas sería tener la capacidad de detectar cuándo cambian las condiciones ambientales que propiciarán las epidemias, para así poder tomar medidas correctoras.

El deseo de tener esta capacidad de predicción y comprender que las condiciones climáticas y otros factores ecológicos a menudo juegan roles cruciales en la aparición de brotes de muchas infecciones como la malaria, el dengue, la fiebre amarilla, cólera, encefalitis y esquistosomiasis, está empujando a los investigadores a utilizar también el monitoreo ecológico como una herramienta para la supervigilancia de la salud pública.

Tal monitoreo implica que sistemáticamente se colecte, se estudie y se interprete una variedad de datos ecológicos, tales como las características y cambios en el clima, la temperatura de la superficie del agua, contenido de humedad en la tierra, saber cómo se está utilizando la tierra para la agricultura, y la población de vectores y reservorios del agente infeccioso. Asociando esta clase de información a otros datos correspondientes de la salud local, se promoverá una mejor comprensión, control y prevención de las enfermedades infecciosas emergentes.

Los investigadores creen que estas técnicas añadirán una nueva dimensión en la investigación de los elementos que contribuyeron a la epidemia de HPS de 1993 y podrían ayudar a prevenir o predecir epidemias en el futuro.

Por ejemplo, recientemente algunos investigadores han usado estudios con satélites y tecnologías SIG (Sistemas de Información Geográfica) para identificar áreas vulnerables a la enfermedad del LYME y fiebre dengue en los EE.UU. y la esquistosomiasis en Egipto y las Filipinas. Otros están utilizando esa tecnología de detección remota por satélite para investigar o evaluar los niveles de humedad, en la vegetación y en la tierra para identificar los lugares de vivienda de la mosca Tsé Tsé en el África (para controlar las infecciones por tripanosomiasis).

Estos investigadores también han realizado estudios retrospectivos a la mini-epidemia de HPS de 1993 y han encontrado evidencia preliminar (de imagenología por satélite) en las casas de los pacientes afectados, que hubieran podido revelar que existía el riesgo de un brote epidémico, un año antes de que ésta se produjera.

Investigadores de salud pública, del gobierno federal y de la NASA están haciendo estudios basados en la hipótesis de que factores tales como la polución, pérdida de hábitat y los cambios climáticos, han derivado -en las 3 últimas décadas- en un aumento en las enfermedades entre animales marinos, sobreproducción de algas potencialmente tóxicas o nocivas, y enfermedades humanas relacionadas al mar, en varias ciudades costeras de EE.UU. y el mundo.

De particular interés son los incrementos masivos de algas inusuales y potencialmente dañinas en todo el mundo.

Estas masas de algas que tiñen las aguas del océano de ciertos colores y que pueden ser detectadas por un mapeo por satélites, podrían indicarnos preventivamente qué áreas presentan cambios amenazantes para la población humana que trabaja en esa zona, o para los animales marinos y, quizás, hacer estudios preventivos buscando específicamente esos patógenos (o toxinas) en dichas áreas.

Se ha especulado que así como los insectos y los roedores son indicadores biológicos de potenciales problemas epidemiológicos sobre la tierra, las cambiantes masas de algas pueden ser un indicio-clave de la salud del ecosistema marino.

Por ejemplo, se han asociado las complejas interacciones que existen entre las algas, bacterias y virus con la contaminación por vibrio y por virus, en las conchas de abanico que se han estudiado en el golfo de México.

Asimismo se ha estudiado la emergencia de nuevas infecciones y la aparición de biotoxinas en las comidas marinas, en ambas costas de los EE.UU. Un ejemplo es la «amnesic shellfish poisoning» (amnesia por envenenamiento por mariscos), causada por la ingesta de conchas de abanico contaminadas con ácido domoico (un aminoácido que causa gastroenteritis y daño al SNC). Otra gran preocupación relacionada a la emergencia de nuevas masas de algas en el mar es la posibilidad de que el Vibrio Cholerae pueda reproducirse en el zooplacton que se alimenta de dichas algas El zooplacton también podría ser reservorio para otros patógenos entéricos.

UNA MIRADA AL FUTURO

Cuatro años después de la emergencia HPS y de los ratones (de los venados) que infestaron el suroeste de Norteamérica, los investigadores están tratando ahora de llegar a predecir en qué momento los factores del medio ambiente son capaces de propiciar el riesgo de otra epidemia.

Hasta junio de 1997 se han reportado 162 casos de la enfermedad SPH en 27 estados de los EE.UU. La mayoría de los casos han sido esporádicos y fuera de la región del episodio de 1993. Nuevos investigadores han especulado que, para que ocurra otro brote epidémico, tienen que incrementarse tanto el riesgo ecológico, como el riesgo del comportamiento humano (tales como limpiar la casa, botar el polvo repleto de excretas de roedores, etc.).

En el momento actual, existe la gran preocupación de que un nuevo y exagerado Fenómeno del Niño está por producirse. Ya se sabe que ha ocurrido una gran cantidad de lluvias en muchos lugares del mundo y que están apareciendo nuevas áreas de pastizales y de vegetación. Todo esto está modificando el ecosistema de muchos lugares del mundo, y podría ser el punto de partida para aumentar la población de vectores de nuevas enfermedades emergentes. La comunidad científica debe estar preparada para ello.

 

*Fellow American College Physicians (FAEP)
  Profesor de la Universidad Peruana Cayetano Heredia