| Boletín de la Sociedad Peruana de
Medicina Interna - Vol. 10 Nº 2 - 1997 |
|
REVISION DE TEMAS
Síndrome premenstrual
Jesús Santisteban Palomino*
RESUMEN
El síndrome premenstrual (PMS) es una condición médica que consiste en la recurrencia
cíclica de signos y síntomas (físicos, psíquicos y conductuales) en la fase lútea
tardía del ciclo menstrual. Esta condición médica posee una severidad suficiente como
para requerir tratamiento en un alto porcentaje de pacientes. Se revisan los aspectos
epidemiológicos, etiopatogénicos, clínicos, diagnósticos y terapéuticos.
SUMMARY
The Premenstrual Syndrome (PMS) is a medical condition that consists in the cyclical
recurrence of signs and symptoms (physicals, psychics, and of behaviour) in the late
luteal phase of menstrual cycle; it has the enough severity to require a treatment in a
high percentage of patients. We review the epidemiological, etiopathogenics, clinical,
diagnostics, and therapeutical aspects.
* Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Hospital Nacional "Edgardo Rebagliati
Martins" - IPSS - Lima, Perú.
EPIDEMIOLOGÍA
Estimar la prevalencia del PMS es difícil, debido a: 1) discrepancias en la definición
del síndrome; 2) fracaso en la diferenciación rigurosa entre síndrome premenstrual y
síntomas premenstruales, y 3) dudosa confiabilidad de la prevalencia obtenida en estudios
retrospectivos.
La prevalencia basada en datos retrospectivos no es totalmente aceptada (4.6% a 9.8%),
puesto que aproximadamente 50% de mujeres que reportaron historia de cambios
premenstruales fracasaron en confirmar esos reportes cuando fueron sometidas a protocolos
rigurosos prospectivos (2).
Por lo anteriormente expuesto, podemos afirmar que la prevalencia del PMS es desconocida.
Sin embargo se estima que entre el 20 al 40% de las mujeres experimenta algún síntoma
premenstrual y que el 5% de las mujeres refieren algún grado de disminución
significativa en la actividad laboral o en el estilo de vida (1).
Aunque el inicio del PMS puede ocurrir en cualquier edad después de la menarquia, éste
es más frecuente en las mujeres que se encuentran entre la tercera y cuarta décadas de
la vida. Usualmente los síntomas remiten con la menopausia y en condiciones tales como
gestación, lactación amenorreica y ciclos ovulatorios interrumpidos (1,3).
Los síntomas premenstruales afectan a las mujeres independientemente de su status
socioeconómico y cultura, aunque algunos síntomas particulares pueden ser identificados
más frecuentemente en una cultura que en otra (1, 3).
ETIOLOGÍA Y PATOGENIA
La etiología del PMS es desconocida. Las posibilidades etiológicas más aceptadas son
las relacionadas con alteraciones en los niveles de neurotransmisores, alteraciones en los
patrones de secreción hormonal, prostaglandinas y ritmo circadiano, que a su vez
desencadenan una gama de síntomas afectivos.
El rol de los esteroides ováricos sobre los cambios físicos y conductuales asociados con
el PMS no está claramente definido. Evidencias experimentales indican que las hormonas
esteroideas son el más potente mensajero químico generado periféricamente que afecta la
actividad neuronal cerebral; que los estrógenos y la progesterona alteran la
configuración eléctrica y química de las neuronas del SNC, especialmente en el
hipotálamo. Su mecanismo de acción probablemente compromete una acción noradrenérgica
y serotonérgica y modula diversos neuropéptidos, tales como opiodes, oxitocina,
vasopresina. Todas estas sustancias son conocidos reguladores de la memoria, emociones,
conducta y coordinación de movimientos (4).
MANIFESTACIONES CLINICAS
Los síntomas pueden iniciarse en cualquier momento después de la ovulación. Desde el
punto de vista de su relación con el ciclo menstrual se han descrito cuatro patrones
clínicos:
- Los síntomas pueden iniciarse con la ovulación, con una gradual exacerbación durante
la fase lútea, y remiten durante la menstruación.
- Los síntomas pueden iniciarse durante la segunda semana de la fase lútea y remiten
durante la menstruación.
- Algunas mujeres experimentan síntomas breves relacionados con la ovulación, seguidos
de un intervalo asintomático y una recurrencia posterior premenstrual o en la fase lútea
tardía.
-Los síntomas se inician con la ovulación, se exacerban a lo largo de la fase lútea y
remiten sólo después de que cesa la menstruación. Son las mujeres que están más
severamente afectadas y tienen sólo un intervalo asintomático de 1 semana por cada ciclo
menstrual (1, 3).
Más de 100 síntomas han sido atribuidos al PMS. Las manifestaciones más comunes
incluyen síntomas emocionales (depresión, labilidad emocional, cólera, irritabilidad,
ansiedad), síntomas físicos (mastodinia, mastalgia, meteorismo, cefalea, mialgias,
edema) y otros tales como la disminución del interés en las actividades habituales,
fatiga, disminución en la concentración, incremento del apetito, hipersomnio e insomnio
(1, 5).
La historia natural del PMS es desconocida. Las mujeres generalmente refieren que los
síntomas se exacerban con la edad hasta la menopausia, momento en que el PMS desaparece
(1).
DIAGNÓSTICO
PMS es un diagnóstico de exclusión. Otros desórdenes físicos y mentales deben ser
excluidos, lo que conlleva a obtener una cuidadosa historia clínica. El examen clínico
debe enfatizar el examen pélvico, y los estudios serológicos deben descartar desórdenes
tales como anemia, diabetes mellitus, enfermedades tiroideas, endometriosis y enfermedad
fibroquística de la mama (1).
Se hace el diagnóstico de PMS cuando el registro diario prospectivo demuestra un marcado
cambio en la severidad de 5 o más síntomas premenstruales por lo menos durante 2 ciclos
menstruales. Debe haber una semana asintomática usualmente desde el día 5 al 10 (2, 4).
El uso único de historias retrospectivas de síntomas premenstruales ha llevado al
sobrediagnóstico de PMS. Por consiguiente, el registro ordenado, diario y prospectivo de
los síntomas es fundamental para hacer el diagnóstico.
El diagnóstico también se establece usando diversos scores basados en el registro
cotidiano de signos y síntomas durante la fase folicular (días 5 al 10) y la fase lútea
(últimos 6 días del ciclo menstrual). La paciente registra cada síntoma en base a una
escala del 0 (asintomática) a 3 (severo) cada día. El diagnóstico se establece cuando
el score total promedio de la fase lútea es por lo menos el doble del de la fase
folicular, vale decir un definido patrón bifásico; o cuando el score es menor de 8 en la
fase folicular, o igual o mayor de 15 en la fase premenstrual. Como ejemplo tenemos el
caso del score aplicado por Reid bajo el nombre de Prospective Record of the Impact and
Severity of Menstrual Symptomatology (PRISM) (3, 9).
No existe un marcador fisiológico ni endocrino para distinguir a las mujeres con este
síndrome de las mujeres no afectadas (4).
DESORDEN DISFÓRICO PREMENSTRUAL
La predominancia de síntomas emocionales que interfieren seriamente con la calidad de
vida define el desorden disfórico premenstrual, ¡nicialmente conocido como desorden
disfórico de la fase lútea tardía (2).
Usando un riguroso estudio prospectivo y aplicando los criterios de la DSM - III- R,
Haskett halló que el desorden disfórico premenstrual ocurre en 3.4% de las mujeres en
edad reproductiva (6, 7, 8). Posteriores estudios confirmaron que dicho transtorno puede
ocurrir también en mujeres menores de 30 años (2).
TRATAMIENTO
1. Tratamiento inicial
Está basado en modificación de la dieta y cambios en el estilo de vida.
a) Psicoterapia de apoyo, incluyendo el concurso de la familia.
b) Restricción del consumo de cafeína, dado que existen evidencias de que el consumo de
cafeína y análogos -teofilina, teobromina y otras metilxantinas- en café, té y bebidas
gaseosas se asocia a síntomas más intensos, y a un incremento de la prevalencia del PMS.
c) Disminución de la ingesta de sal, con el fin de atenuar la flatulencia y la retención
hídrica, efectos no del todo confirmados por las investigaciones.
d) Ejercicios. Algunas investigaciones sugieren que atenúan los síntomas relacionados
con la retención de fluidos y mejoran la autoestima. Es preferible la regularidad de los
ejercicios, más que su intensidad.
2. Control del ciclo menstrual
Hasta que la etiología del PMS no sea determinada, un tratamiento específico para esta
condición quedará inconcluso; sin embargo, es claro que los síntomas premenstruales
están ligados a la fluctuación cíclica normal de los esteroides gonadales y por
consiguiente al ciclo menstrual.
a) Anticonceptivos orales: De efectividad controvertida tanto por sus beneficios
terapéuticos como por sus efectos secundarios (10).
b) Análogos de la hormona líberadora de gonadotrofina (GnRH)- hormona líberadora de la
hormona luteinizante (LHRH), a través de inyecciones, preparaciones nasales y de
implantes subcutáneos. De las tres vías de administración, los implantes subcutáneos
han tenido mejores resultados, ya que alivian los síntomas físicos y psicológicos; en
cambio los inyectables sólo mejoran los síntomas físicos. Una de las ventajas de este
tipo de tratamiento es la reversibilidad una vez que éste cesa, ya que el patrón
cíclico hormonal se reasume inmediatamente. Otra ventaja importante es la ausencia de
efectos secundarios. Sin embargo, los bajos niveles de estradiol inducidos por los
agonistas de GnRH restringen su uso en tratamientos prolongados, desde que otros efectos
indeseables -tales como osteoporosis- pueden ocurrir. Sin embargo el uso combinado de
análogos de GnRH y estrógenos con o sin progesterona ha sido exitoso(1,11).
c) Tratamiento quirúrgíco: La terapia quirúrgica, que incluye coforectomía e
histerectomía, asociada a terapia estrogénica de reemplazo, es efectiva en el alivio de
los síntomas del PMS y está indicada en pequeños y selectos grupos de mujeres mayores
de 40 años que presentan síntomas incapacitantes, y en quienes la terapia conservadora
ha fracasado. A primera vista éste podría aparecer como un tratamiento demasiado radical
para un desorden relativo subjetivo; sin embargo, se debe tener en cuenta que estas
mujeres experimentan incapacitantes disturbios emocionales y de personalidad durante tres
semanas de cada mes, que las lleva a sufrir un grave deterioro de sus relaciones
interpersonales y laborales. Los resultados publicados indican que después de la cirugía
sobreviene una resolución completa del PMS (1, 9).
d) Danazol: Este medicamento demostró efectividad, pero desafortunadamente asociada con
un considerable índice de efectos secundarios, los cuales disminuyen cuando se aplica una
terapia intermitente del mismo (12).
e) Implantes y parches de estradiol: Si bien es cierto que los implantes de estradiol
constituyen un tratamiento seguro, efectivo y de acción prolongada para el PMS, su
aceptabilidad está limitada por el hecho de que conlleva un procedimiento quirúrgico
menor, por la probable aparición del fenómeno de taquifilaxis y por la necesidad de
administrar cíclicamente progesterona (noretisterona), por lo menos durante 2 años
después del último implante de estradiol, debido a su larga acción. Es imposible para
las pacientes con útero evitar la progesterona cíclicamente, debido al efecto
proliferativo de los estrógenos en el endometrio, produciendo hiperplasia en el 30% al
cabo de 3 meses de terapia sin oposición hormonal. Esta acción prolongada hace al
implante una terapia poco atractiva para las mujeres jóvenes (13).
La dosis y duración de la progesterona requerida para prevenir patología endometrial
puede producir síntomas cíclicos intolerables, y se ha visto que un 10% de las pacientes
que los sufren requieren de una histerectomía.
A diferencia de los implantes los parches de estradiol pueden ser fácilmente
discontinuados, si es que la aparición de efectos secundarios así lo requiere (13).
MANEJO SINTOMÁTICO ESPECÍFICO
Mujeres con predominancia de síntomas emocionales
En estos casos se puede usar antidepresivos (fluoxetina, nortripltilina) o ansiolíticos
(alprazolam, buspirona), dependiendo de la naturaleza del síntoma. Es importante
considerar los efectos secundarios, así como el grado de tolerancia y dependencia a tales
medicamentos.
Mujeres con predominancia de síntomas físicos
- Retención de fluidos: espironolactona.
- Mastodinia: tocoferol (vitamina E) en casos leves y moderados y bromocriptina y
tamoxifen en casos severos.
- Fatiga y/o insomnio: higiene del sueño.
- Cefalea: aspirina, paracetamol e ibuprofen.
- Incremento del apetito: modificación de los hábitos de consumo y del régimen
dietario,
haciendo hincapié en pequeños volúmenes con carbohidratos complejos, exentos de sales,
cafeína y alcohol. La fenfluramina ha sido usada en el desorden afectivo estacional, una
entidad que comparte muchos rasgos con el incremento del apetito en el PMS.
REFERENCIAS
1. Sally K, Severino SK y Moline ML. Premenstrual Syndrome. Drugs 1995, 49 (1): 71-81.
2. Rivera-Tovar A y Frank E. Late Luteal Phase Dysphoric Disorden in Young Women. Am J
Psychiatry, December 1990; 147:12.
3. Reid RL y Yen SSC. The premenstrual syndrome. Clin Obstet Gynecol 1983; 26: 710-718.
4. Muse KN, Cetel NS, Futterman LA et al. The premenstrual syndrome: effects of medical
ovariectomy. N EngI J Med 1984; 311: 1345- 1349.
5. Stout AL y Steege JF. Psychological assessment of women seeking treatment for
premenstrual assessment. J Psychosom Res 1985: 29: 621-629.
6. Haskett RF, Steiner M, Osmun JN et al. Severe premenstrual tension: delineation of the
syndrome. Biol Psychiatry 1980; 15:121-139.
7. Haskett RF y Abplanalp JM. Premenstrual tension syndrome: diagnostic criteria and
selection of research subjects. Psychiatry Res 1983; 9:125-138,
8. American Psychiatric Association. Diagnostic and statistical manual of mental
disorders. 3rd rev. ed. Washigton D.C. American Psychiatric Press, Inc. 1987: 367-369.
9. Casper RF, Hearn MT. The effect of hysterectomy and bilateral oophorectomy in women
with severe premenstrual syndrome. Am J Obstet Gynecol 1990; 162:105-109.
10. Herzberg B y Coppen A. Changes in psychological symptoms in women taking oral
contraceptives. Br J Psychiatry 1970;116:161-164.
11. Bancroft J, Boyle H y Warner P et al. The use of an LHRH agonist, buserelin, in the
long-term managernent of premenstrual syndromes. Clin Endocrinol 1987; 27:171-182.
12. Derzko CM. Role of danazol in relieving the premenstrual sydrome. J Reprod Med 1990:35
Suppl 99-102.
13. Watson NR, Studd JWW y Savvas M et al. Treatment of severe premenstrual syndrome with
oestradiol patches and cyclical oral norethisterone. Lancet 1989; 2: 730-732.
|