| Boletín de la Sociedad Peruana de
Medicina Interna - Vol. 10 Nº 2 - 1997 |
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OPINION
La mujer: Motor del desarrollo
Nélida Huamán López*
Hablar de desarrollo es preocuparse por
el progreso social, por el crecimiento económico y por el desarrollo del individuo, de su
cultura moral, de sus valores éticos y espirituales; y la mujer juega un rol de gran
trascendencia educadora y formadora en el seno familiar, que garantiza el éxito de la
obra de desarrollo, porque su preocupación y su objetivo principal y motivación es el
individuo.
En la actualidad se admite la igualdad entre el hombre y la mujer. Sin embargo, la
pretensión del varón de demostrar su valía, su preocupación por hacer más que por
ser, envolviéndolo todo con el carácter objetivado de la verdad organizada, contrasta
con la actitud de la mujer quien, siendo también creadora de ciencia, arte y filosofía
según la evolución registrada en la historia de la cultura, ha activado esta capacidad
creadora para actuar en todos los ámbitos sin objetivaciones.
La capacidad de la mujer para trascender las propias fronteras, Para evitar encerrarse en
sí misma para hallar como persona el sentido y la plenitud de la vida en el otro, la
muestran como un ser singular.
La elección libre, la aceptación voluntaria de lo que Dios nos da para ser motor del
desarrollo: la maternidad, debe formar seres con recto comportamiento moral y ético. La
moral de las personas, de las familias, de la comunidad, es condición fundamental para
ser fuentes ricas en humanidad, capaces de enfrentar las dificultades de la vida y abrir
caminos de superación; y siendo la mujer artesana laboriosa en la construcción del clima
moral adecuado, convierte a la familia en escuela de humanidad, de socialidad, donde se
enseña y realiza el cuidado y amor a los pequeños, a los enfermos, a los ancianos.
El cuidado de la salud y la atención a los enfermos han formado parte de las actividades
propias de la mujer, pues la experiencia de la maternidad y de crianza las ha habilitado
con naturalidad para tareas de este tipo en sus comunidades.
La mujer es protagonista de la renovación de los hombres y de las estructuras de la
sociedad, pues contribuye a su construcción comprometiéndose en la eliminación de la
injusticia, trabajando por la paz y sintiéndose responsable por los pobres, enfermos,
marginados y oprimidos.
La mujer ha sobresalido en todos los campos, en el manejo del verbo, de la prosa, en la
educación, en la salud y aun en la política. El perfil de contribuciones de la mujer
peruana en el desarrollo del país es sin duda decisivo, habiendo muchas mujeres ejercido
funciones y cargos de considerable valor, determinando que, igual que el hombre, pueda
asumir responsabilidades específicas en el compromiso de buscar, construir y garantizar
el bien común.
Las mujeres peruanas también integran la población económicamente activa, observándose
una participación creciente de la mano de obra femina, explicable por la crisis en que
vivimos: al deteriorarse la economía familiar, se ve obligada a salir del rol doméstico
que tradicionalmente se le ha asignado. El trabajo de la mujer también se halla
involucrado en el fenómeno de la informalidad y la incursión en el mundo del trabajo se
da preferentemente en profesiones y oficios considerados "femeninos".
La socialización que se inicia en el hogar presenta una mano de obra mucho más
productiva en la medida en que está preparada para determinadas actividades que requieren
de habilidades, tales como la destreza manual, disciplina, capacidad para realizar
trabajos repetitivos, capacidad de concentración; pero esta calificación previa no es
reconocida como tal por originarse en el ámbito doméstico y no en instituciones
educativas formales.
La participación de la mujer en la distribución del ingreso nacional es en promedio
inferior a la de los hombres, y esto depende fundamentalmente de la categoría ocupacional
y de los sectores donde confluye la mayor parte de la mano de obra.
La ubicación de la mujer en el mercado del trabajo reporta una remuneración baja y el
trabajo en el hogar carece de reconocimiento económico, es socialmente subvalorado y sin
embargo cumple una importante función en la reproducción de la fuerza de trabajo y de la
sociedad; pues cuida de la mano de obra y vela por la salud física y la primera
educación de los futuros integrantes de nuestra sociedad.
En el campo de la educación, diversos cambios en la sociedad peruana han sentado las
bases para la movilización y la mayor participación de la mujer.
El mayor acceso de la mujer a la educación formal y al mundo laboral le ha facilitado un
mejor conocimiento de sus derechos y la incorporan a la experiencia de organización
favoreciendo su participación social, enriqueciéndose al desarrollarse en diferentes
espacios, en actividades diversas con reivindicaciones.
Actualmente, sobre un total aproximado de 30,000 médicos colegiados, más de 5,000 son
mujeres, cantidad que deja constancia de la incorporación femenina a una carrera
humanística como la Medicina, que en tiempos no muy lejanos era una actividad exclusiva
del sexo masculino.
Hoy el hambre y la miseria han alcanzado en nuestro país dimensiones preocupantes.
Estamos ante un desafío que espera de nosotras una respuesta inmediata, pues muchos
hombres y mujeres sufren la falta de progreso. ¿Qué hacer para el progreso de nuestro
país? ¿Qué hacemos nosotras las mujeres?
Sin duda el aumento de las fuerzas productivas tiene su valor, así como la promoción del
desarrollo social; sin embargo para el desarrollo de un país, el epicentro debe ser el
hombre, el ser humano. Debemos trabajar para la construcción de una sociedad
independiente, donde se respete a la persona humana en su dignidad y libertad y donde se
viva esta libertad como responsabilidad y compromiso para con todos los hombres. La
persona humana y su promoción integral deben constituir el centro de nuestra
preocupación social.
La mujer es verdaderamente mujer en la medida en que, dueña de sus acciones y jueza de su
valor, se hace ella misma autora de su progreso, según la naturaleza que le ha sido dada
por su Creador y de la cual asume libremente las posibilidades y las exigencias.
* Profesora en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Master en Medicina Humana.
Especialista en Gastroenterología y Geriatría.
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