Boletín de la Sociedad Peruana de Medicina Interna - Vol. 9 Nº 4 - 1996

HISTORIA

Alfred B. Nobel: cien años de su muerte

Juan de Dios Guevara R.

El 10 de diciembre, aniversario de la muerte de Alfred B. Nobel, ocurrida en 1896, la Fundación por él creada celebró su centenario. Nobel, químico e ingeniero sueco, nació en Estocolmo el 21 de octubre de 1833. A los 17 años, cursando estudios de ingeniería mecánica, viajó a los Estados Unidos para ampliar sus conocimientos científicos; cuatro años después emprendió viaje a San Petersburgo, Rusia, para estudios sobre explosivos.

Los explosivos son sustancias que se descomponen rápidamente desprendiendo un tremendo calor y grandes volúmenes de gas. La descomposición ocurre por choque, rozamiento o calor, y la generación de gas y de altas temperaturas produce altas presiones. Los explosivos se emplean para voladuras y para la impulsión de balas y granadas. Aunque los explosivos van generalmente asociados a usos militares, son importantes en tiempos de paz en las explotaciones mineras, en la construcción de vías férreas y de carreteras, etc. El primer explosivo fue la pólvora negra, mezcla de carbón (16%), azufre (11%) y nitrato, de sodio o potasio (73%). Fue descubierta por los chinos hace más de 750 años, utilizándola para fuegos artificiales. Se introdujo en Europa en el siglo XIV y fue el principal explosivo hasta 1870. La dinamita, descubierta por Alfredo Nobel en 1862, fue precedida por el descubrimiento de la nitroglicerina en 1846 por el químico italiano Sobrero. Su extrema sensibilidad a los golpes la hacían muy difícil de manejar. Nobel descubrió que la nitroglicerina absorbida por tierra de diatomeas, una tierra poderosa silícea, formaba un sólido explosivo menos sensible y más seguro de manejar. Mal manejada, produce graves sucesos: una bomba estalla en las calles de Nueva York; un barco con cargamento de dinamita que iba rumbo a Chile, el "Moset", estalla y desaparece en Panamá con todos sus tripulantes; en Sidney, Australia, surge otra explosión, la propia fábrica central de Krummel vuela y desaparece. Todo esto hace que nadie apoye a Nobel hasta que las necesidades ingentes de las grandes empresas ferroviarias norteamericanas hacen que éstas le inviten a viajar de nuevo a los Estados Unidos, donde se funda la United States Blasting Oil Co. Entonces se vuelve a reconstruir la fábrica de Krummel y se constituye en Alemania la Dynamit Aktiengesellschaft. La experiencia de la guerra franco-prusiana en 1870 generaliza el empleo del nuevo explosivo en todos los ejércitos del mundo y los países que antes rechazaban a Nobel le piden ahora insistentemente la cesión de su patente para confección de municiones.

Pronto la dinamita de Nobel dio la vuelta al mundo, imponiéndose en lugar de la pólvora negra. Nobel trabaja intensamente, pero en París se desencadena una campaña contra él, acusándolo de traficar con la guerra. Abandona París y se dirige a San Remo, Italia, donde construye la Villa "Mío Nido". Sus 60 años no le impiden aún que continúe laborando intensamente. Trabaja ahora en producir caucho sintético. Viaja a Suecia y trabaja para la fábrica de material de guerra Bofors. Pero ya está fatigado, vuelve a San Remo y el 10 de diciembre de 1896 se le encuentra, en su gabinete de trabajo, muerto.

Nobel acumuló una gran fortuna, producto de sus inventos en el campo de los explosivos, y la legó en su casi totalidad para que fuera organizada la Fundación que lleva su nombre. En el testamento dispuso que anualmente fueran otorgados cinco premios de igual valor, uno de los cuales sería para quien hubiera hecho el descubrimiento o el invento más importante en el dominio de la Física; otro a quien hubiera logrado lo mismo en el campo de la Química; un tercero al investigador que hubiera efectuado el descubrimiento de mayor valor en la Medicina o la Fisiología; el cuarto al autor de la obra literaria más notable que tuviera un sentido idealista; y el quinto a la persona o institución que hubiera trabajado más o mejor para establecer la fraternidad entre los pueblos, la reducción de los ejércitos permanentes o la organización de los congresos de la paz. Estos premios serían otorgados por la Real Academia de Ciencias de Estocolmo, los dos primeros; por el Instituto Carolino de Medicina de Estocolmo, el tercero; por la Academia Sueca de Literatura, el cuarto; y por una Comisión designada por el Parlamento (Storting) Noruego, el de la Paz. En 1969, a iniciativa del Banco de Suecia se añadió el de Economía, el sexto Premio Nobel.

Por voluntad expresa de Nobel "en la adjudicación de los premios no se tendrá en cuenta la nacionalidad, de manera que el premio recaiga en el más digno, sea o no escandinavo".

La sabiduría y rectitud con la que se ha Procedido y el acierto en la selección de los laureados han sido tales que un Premio Nobel constituye la consagración definitiva de una obra científica o literaria. La entrega de los premios se inició en 1901, en el día del aniversario del fallecimiento de Nobel. Marie Curie ha sido laureada dos veces. En 1903 compartió con su esposo, Pierre Curie, el premio de Física por sus estudios sobre la radiactividad, y en 1911 recibió el de Química por su descubrimiento del polonio y del radio. A su hija Irene le fue otorgado, juntamente con su esposo Joliot, el premio de Química de 1935 por haber obtenido por síntesis nuevos elementos radiactivos. En 1954 se concedió a Linus Pauling el premio Nobel de Química por sus investigaciones sobre la naturaleza del enlace químico y su aplicación a la elucidación estructural de sustancias complejas. En 1962 se le concedió el premio Nobel de la Paz, al destacarse cada vez más en un movimiento de defensa de derechos humanos, posición antibélica y condenatoria de las pruebas nucleares, siendo así la primera persona que recibe por segunda vez en forma individual esta distinción.

La nómina de los laureados en ciencias es imponente por la lista de los descubrimientos y adelantos que los han hecho acreedores a la distinción y constituye, en verdad, un repertorio del progreso científico de un siglo. Sin duda alguna, la mejor recompensa de todo trabajo espiritual está en la labor misma; nada puede sustituir a la satisfacción obtenida en la búsqueda desinteresada de la verdad, o en la contemplación pura de la belleza. Los premios a la actividad literaria, artística o científica tienen, sin embargo, una gran utilidad. Su objeto primordial es el de estimular esa actividad y educar al público en general en el aprecio del valor de las obras del espíritu. Para esto se reconoce el mérito del laureado, y al hacerle justicia tributándole honor y gratitud se señala un ejemplo digno de ser seguido. El significado de estas recompensas depende, por lo tanto, no del monto de la suma distribuida, sino del valor del juicio emitido, por la calidad y competencia de los jueces y el acierto de su juicio.

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Alfred B. Nobel