| Boletín de la Sociedad Peruana de
Medicina Interna - Vol. 9 Nº 2 - 1996 |
|
Fiebre tifoidea y ciprofloxacina
Octavio Feijóo Quiroz *
Lourdes Hinostroza Delgado**
* Médico internista del
Hospital Militar Central de Lima.
** Medico asistente del Servicio de Medicina Interna del Hospital Militar Central de Lima.
RESUMEN
Se presenta a un varón, de 20 años de
edad, procedente de Andahuaylas, con fiebre tifoidea complicada con hepatitis severa,
ascitis, hemorragia digestiva, deshidratación e insuficiencia prerrenal aguda; tratado
exitosamente con un ciclo corto de ciprofloxacina endovenosa: 400 mg bid durante seis
días, en el Hospital Militar Central de Lima. Concomitantemente, el paciente sufrió de
malaria y parasitismo intestinal con Ancylostoma duodenale.
Al trigésimo sexto día de su internamiento, y estando asintomático, desarrolló
neumonía basal izquierda que se trató con eritromicina oral. Se hace una revisión de la
literatura en relación al uso de quinolonas en el tratamiento de la fiebre tifoidea y se
discute la fisiopatología del paciente.
Palabras clave: hepatitis tífica, ascitis, hemorragia digestiva, malaria, ciprofloxacina.
SUMMARY
We report a 20 years old male patient coming from Andahuaylas, suffering Typhoid Fever and
also a severe hepatitis, ascitis, digestive hemorrhage, dehydratation and accute prerrenal
insufficience. He was sucessfully cured by giving him a short-course treatment of
intravenous ciprofloxacine (400 mg bid for six days) at Hospital Militar Central of Lima.
Also the patient suffered malaria and intestinal parasitism of Ancyclostorna Duodenale.
After 36 days of hospitalization, being assymptomatic, he developed a left basal pneunonia
that was orally treated with erythromicin. A general review of information about
therapeutic use of quinolone against Typhoid Fever was made, and also we discussed the
patient's fisiopathology.
Cue words: typhic hepatitis, ascitis, digestive hemorrhage, malaria, ciprofloxacine.
INTRODUCCIÓN
La fiebre tifoidea es una infección sistémica muy frecuente en países en desarrollo
como el nuestro, adquiriendo características de endemicidad (1). La incidencia de esta
enfermedad se ha incrementado también en los países desarrollados (2). Cuando las
condiciones de salubridad de la población se deterioran pueden originarse epidemias, como
las que se desencadenaron en Lima a fines de 1977 y en 1980 (3, 4), alcanzando una tasa de
más de 200 casos por 100 mil habitantes, cifra cuatro veces mayor a la descrita para la
epidemia de México de 1972 (5, 6).
El cloranfenicol, administrado durante dos semanas es, desde 1948, la droga de elección
para el tratamiento de la fiebre tifoidea, utilizándose como alternativas la ampicilina,
amoxilina, trimetoprim-sulfametoxazol, furazolidona y tiamfenicol. Sin embargo, en las
tres últimas décadas han aparecido epidemias por salmonellas resistentes al
cloranfenicol y otras drogas (7, 8), por lo que la búsqueda de otros agentes
terapéuticos -los nuevos macrólidos (9), cefalosporinas (7, 10, 11, 12), quinolonas (13
al 28) y monobactamas (29)- abre paso al desarrollo de esquemas de tratamiento que deben
ser rigurosamente evaluados.
El caso que a continuación presentamos ilustra el. tratamiento de un paciente con fiebre
tifoidea complicada, con un curso corto de ciprofloxacina intravenosa; tratamiento que se
reporta por primera vez en la literatura.
CASO CLÍNICO
Paciente ATH (H. clínica N° 1512226), de 20 años, varón, soldado, natural y procedente
de Andahuaylas, que ingresa a la emergencia del Hospital Militar Central de Lima (H.M.C.)
el 5 de febrero de 1996, con una enfermedad de 10 días de evolución, inicio brusco y
curso progresivo, caracterizada por: fiebre alta (39.6°C), escalofríos, malestar
general, cefalea, diaforesis, anorexia, náuseas, vómitos postprandiales biliosos y
deposiciones líquidas en regular cantidad sin moco ni sangre, con pujo y tenesmo, 3 a 4
veces por día. Dos días después es atendido en la posta médica San Antonio de Cachi,
Andahuaylas, donde le diagnostican malaria (gota gruesa positiva) y lo tratan con
cloroquina y primaquina durante una semana, al término de la cual el control de gota
gruesa se negativiza. Sin embargo, la sintomatología antes descrita persiste. Al tercer
día de tratamiento antimalárico, se agrega ictericia de piel y mucosas y orinas como
"té cargado". Así continúa hasta su evacuación al H.M.C. de Lima, 10 días
después de iniciada la enfermedad.
Funciones biológicas.- Apetito disminuido, sed aumentada, orina como "té
cargado", deposiciones líquidas ya descritas, sueño interrumpido por las
deposiciones frecuentes y el alza térmica.
Antecedentes personales.- Probable paludismo en setiembre de 1995, recibí¿)
tratamiento por dos semanas con cloroquina y primaquina. Niega antecedente de fiebre
tifoidea, alergias medicamentosas o haber recibido transfusiones sanguíneas.
Antecedentes familiares.- Un hermano tratado por probable paludismo en junio de
1995. Padres aparentemente sanos.
Examen físico- PA: 110/70 mm Hg, 11: 100, R: 24, T: 38° C, peso: 52 kg.
Lúcido, adelgazado, orientado en espacio y persona, mas no en tiempo, en decúbito dorsal
activo, mal estado de hidratación y nutrición, mal estado general. Ictericia marcada de
piel y mucosas. Edema perimaleolar y de tercio inferior de piernas que deja fovea.
No adenopatías periféricas. Labios secos y descamativos. Lengua saburral, seca y con
fisuras transversales. Aparatos cardiovascular y respiratorio sin alteraciones
significativas. Abdomen levemente distendido, sin circulación colateral, con matidez en
flancos desplazable; altura hepática de 14 cm a nivel de la línea medio clavicular
derecha, bazo no palpable ni percutible. Asterixis discreta.
Exámenes auxiliares.- El hemocultivo tomado a su ingreso (5-11-96) fue positivo
para Salmonella typhy sensible a cloranfenicol, amoxilina, trimetoprim-sulfatemoxasol,
enoxacina y gentamicina. Las aglutinaciones T"O": 1/160 y T"H": 1/320.
Posteriormente, al decimoquinto día de internamiento, ascendieron hasta 1/1600 y 1/1400,
respectivamente, y luego descendieron ambas hasta 1/320 al momento del alta. Los
hemocultivos realizados al 5°, 6°, 8°, 22°, y 51° días de internamiento fueron
negativos para Salmonella Typhy, así como también dos coprocultivos y bilicultivos
(Enterotest) realizados en tres oportunidades después de finalizado el tratamiento al
15°, 22° y 51° días.
Los leucocitos variaron entre 4.800 a 3.150 p.mm3, con neutrofilia y severa desviación
izquierda, 36%, al ingreso, lo cual se normaliza al 6° día de internamiento. La
hemoglobina y el hematocrito descendieron de 13.5 g% y 40 %,, respectivamente, a 8.22 g%,
y 33% al 6° día. Las plaquetas fluctuaron entre límites normales (250,000 a 300,000 por
mm2).
Las bilirrubinas ascendieron de 8.4 a 12.3 mg%, la total, y de 6.30 a 9.80 mg%, la
directa, desde el ingreso hasta el sexto día de internamiento, luego descendieron a
cifras normales al vigésimo noveno día (BT: 0.48 y BD: 0.33 mg%). Igual comportamiento
registraron las fosfatasas alcalinas de 8.48 a 3.6 U, la TGO de 380 a 36 U y la TGP de 600
a 32 U.
El tiempo de protrombina ascendió de 47% a 81% en el mismo lapso. Los marcadores
serológicos para hepatitis viral fueron todos constantemente negativos, excepto para el
Anti VHBcAg total que fue positivo. Igual negatividad se registré) para el Plasmodium
(examen de gota gruesa).
Las proteínas totales fluctuaron desde 5.4 g% al ingreso a 8.20 g%, al momento del alta;
las albúminas de 2.5 a 3.7 gm% y las glob de 2.9 a 4.5. La úrea y la creatinina, al
ingreso moderadamente altas, 70 y 1.5 mg %, respectivamente, descendieron a 50 y 1.0 mg%
al octavo día. La ecografía abdominal informa hepatoesplenomegalia y ascitis discreta.
El radiorenograma mostró alteración funcional renal.
Diagnóstico.- El diagnóstico presuntivo al ingreso fue: Infección sistémica
de etiología a determinar: 1) Fiebre tifoidea, 2) Malaria, 3) Hepatitis viral, 4)
Leptospirosis y 5) Tuberculosis extrapulmonar. El diagnóstico definitivo después de
aislar el agente causal fue: 1) Fiebre tifoidea complicada con hepatitis severa,
hemorragia digestiva y desnutrición, 2) Malaria coexistente al inicio del proceso y 3)
Parasitosis intestinal (Ancylostoma duodenale).
Tratamiento.- Se inició al tercer día de hospitalización después de haber
tomado las muestras de sangre para hemocultivos, con ciprofloxacina endovenosa a razón de
400 mg cada 12 horas y se prolongó durante seis días.
Al cuarto día presentó epistaxis al tratar de colocarse sonda nasogástrica. Al 5° y
6° día melena en cuatro oportunidades (volumen total aproximado: 1000 cc), haciéndose
más evidente la desorientación y la asterixis. Se le administra por vía oral lactulosa
y estreptomicina, 500 mg cada 6 horas diluida en agua por 3 días, además de transfusión
de 400 cc de glóbulos rojos. Al 80 día disminuye la ictericia y desaparece la fiebre. Al
9° día se normalizan las deposiciones, que habían persistido líquidas, dos veces
diarias, en poca cantidad. Se retira la vía venosa central que se había colocado al
tercer día de hospitalización para hidratación, nutrición parenteral parcial,
medición de la presión venosa central y administración de ciprofloxacina.
Posteriormente evoluciona favorablemente hasta su total recuperación, una semana
después. Al vigésimo noveno día, estando aparentemente bien, presenta leucocitosis
(18,000/mm3) sin desviación izquierda, pero con marcada eosinofilia (22%, =
3960/mm3).
Se busca foco infeccioso sin éxito. Una semana después (36 días) presentó alza
térmica y cuadro clínico radiológico compatible con neumonía basal izquierda;
crioaglutininas negativas. Se trató con critromicina oral y evolucionó favorablemente en
una semana. Posteriormente, al 52' día, se descubrió parásitos en heces, huevos de
Ancylostoma duodenale, recibiendo albendazol. Fue dado de alta el 6 de abril de 1996,
curado, dos meses después de su internamiento.
DISCUSIÓN
El presente paciente ilustra la coexistencia de dos enfermedades frecuentes en nuestro
país: malaria y fiebre tifoidea, en este caso complicada con hepatitis severa, hemorragia
digestiva, ascitis, encefalopatía metabólica e insuficiencia prerrenal aguda.
El diagnóstico de fiebre tifoidea, al inicio de su enfermedad, no fue fácil. El criterio
clínico no era "típico" (30) y epidemiológicamente provenía de un área
donde son frecuentes otras infecciones con sintomatología y respuesta hematológica
similares, como por ejemplo, la malaria (31). Lo más Probable es que al inicio del
proceso coexistieran fiebre tifoidea y malaria, ya que desde Andahuaylas se envié) sólo
el informe escrito del hallazgo de Plasmodium, sin precisar su tipo, y la lámina de gota
gruesa correspondiente al 7` día de tratamiento antimalárico, con cloroquina-primaquina,
que fue negativa.
Una asociación entre malaria y fiebre tifoidea, denominada tifomalaria, se describió a
mediados del siglo XIX (1869) en el ejército de EE UU., cuando ambas enfermedades eran
prevalentes en dicho país (32, 33). Existen varios mecanismos posibles por los cuales la
malaria puede predisponer a bacteriemias y sepsis: 1) La inmunidad humoral es
transitoriamente deprimida durante un episodio agudo de malaria, y esta depresión parece
ser máxima en el pico de la infestación (34). 2) La hemólisis concomitante predispone a
bacteriemias por organismos gran negativos como sucede en la sickle-cell anemia y en la
bartonellosis (35,36). 3) Microhemorragias, descritas en la malaria severa y que
comprometen casi todos los órganos, incluyendo pulmones e intestinos, a través de las
cuales se pueden producir invasiones bacterianas (37).
Todas estas condiciones han podido conjugarse en nuestro paciente para desarrollar una
severa sepsis a Salmonella como se comprobó posteriormente.
La complicación hepática en la fiebre tifoidea varía desde el cuadro inaparente hasta
aquellos con ictericia y transaminasas elevadas. En estudios recientes se señala que el
hígado se halla casi invariablemente comprometido después de la primera semana de
enfermedad, de tal modo que esta afección no sería uña complicación, sino un síndrome
más de la enfermedad (39). La hepatitis tífica es una entidad que cursa con ictericia,
anemia, hepatoesplenomegalia, dolor en la región hepática y pruebas bioquímicas
anormales, tal como se objetivó en nuestro paciente y que se prolongó durante cuatro
semanas hasta su recuperación total.
Coca (39), en 1979, describió tres tipos de compromiso hepático en la fiebre tifoidea:
El tipo I o hepatopatía asintomática,
con ausencia de signos clínicos y con sólo una ligera elevación
de las transaminasas.
El tipo II o forma colestásica, con
hepatomegalia y elevación de fosfatasa alcalina, gammaglutamil transpeptidasa,
transaminasas y bilirrubina conjugada.
El tipo III o hepatitis grave, con
insuficiencia hepática, ictericia intensa, elevación de las transamínasas y descenso en
la tasa de protrombina.
Nuestro paciente pertenecería al tipo
III. Es de hacer notar que los valores séricos de fosfatasa alcalina aumentan más en
pacientes ictéricos como en este caso. Así, Salazar et al (41) reportaron que el 100% de
sus 18 pacientes ictéricos tenían cifras elevadas, pero en el grupo de los 67
anictéricos solamente el 46% presentó incrementos de fosfatasa alcalina.
Consideramos que la ascitis y el edema se debieron a hipoproteinemia ocasionada por falta
de ingesta (anorexia, náuseas y vómitos), disfunción hepática que afectó la síntesis
de proteínas y por el sangrado digestivo ocurrido en los días 5° y 6° de
hospitalización (por cada 100 ml de sangre se pierden 15 a 20 g de proteínas). La
pérdida de proteínas por la orina no fue un factor contribuyente, puesto que sólo se
encontraron vestigios de albúmina.
Este es el primer paciente descrito en la literatura con anasarca y ascitis en fiebre
tifoidea del adulto. Madariaga et al (41) reportaron el primero con anasarca en un niño
de 9 años. Es de lamentar que no se pudieran obtener muestras de líquido ascítico para
estudio citoquímico-bacteriológico en el presente caso, pero su escaso volumen, así
como la gravedad del paciente con tendencia al sangrado y tiempo de protrobina prolongado,
contraindicaron la paracentesis.
La hipergammaglobulinemia que se observó tardíamente, durante la convalecencia, podría
explicarse como un mecanismo de defensa, pero podrían estar en juego otros factores.
Reportamos este hallazgo para su futura evaluación en pacientes tíficos.
La retención nitrogenada discreta y transitoria que se observó a su ingreso fue
indudablemente de origen prerrenal por deshidratación y hemorragia digestiva.
La neumonía basal izquierda, adquirida al 36° día de hospitalización, representa una
severa infección intrahospitalaria en un paciente joven, lo cual estaría vinculado a una
depresión de sus defensas por causas multifactoriales (desnutrición, malaria y fiebre
tifoidea complicada). Fue tratado con eritromicina oral, lo cual presupone como etiología
a agentes infectantes sensibles a este antibiótico.
En cuanto al tratamiento de la fiebre tifoidea con ciprofloxacina, se reporta en la
literatura su uso oral en fiebre tifoidea no complicada. Los esquemas difieren unos de
otros en relación a dosis y duración de la terapia (20, 21, 22, 24, 42, 43). Igualmente
se ha usado endovenosamente por períodos hasta de 14 días (14, 15, 16); en ambos casos
con resultados favorables.
El presente paciente con fiebre tifoidea de evolución muy grave, complicada con hepatitis
severa, hemorragia digestiva y desnutrición, es el primero que se reporta tratado
exitosamente con ciprofloxacina (400 mg cada doce horas), por vía endovenosa durante un
período corto de seis días. Es necesario adquirir mayor experiencia a este respecto
antes de establecer generalizaciones.
VER
BIBLIOFRAFÍA
|