| Boletín de la Sociedad Peruana de
Medicina Interna - Vol.5 Nº 4 - 1992 |
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Nota Histórica
EL DOCTOR MIGUEL DE FERNANDEZ
DE COLUNGA (1836-1914).
EL MÉDICO DEL JARDÍN BOTÁNICO
Autor: Oscar G. Pamo Reyna*
*Médico Internista del
Hospital Loayza de Lima y profesor asociado de la Universidad Peruana Cayetano Heredia
Gracias a que durante una investigación se encontró, sin quererlo, material
inédito referente a la vida de un médico notable del siglo pasado, vamos a ocuparnos de
él. Su vida fue un ejemplo de lo importante que fue ser médico y docente universitario
en un país caótico como lo fue el Perú del siglo XIX. Era una época en que los
personajes saltaban de las cátedras y claustros universitarios y la arena política a los
sillones de los cargos públicos y administrativos. El doctor Miguel Colunga, a secas,
siguió este camino aunque siempre lo hizo con un verdadero afán de servir como quedará
demostrado a continuación. Al igual que muchos otros médicos de su época, el doctor
Colunga tuvo un desempeño profesional que mereció la estimación, respeto y confianza de
los que le rodearon, motivo por el cual le fue asignado o le permitieron desempeñar
cargos de mucha responsabilidad en momentos muy difíciles que vivió el país.
El doctor Miguel Fernández de Colunga nació el 29 de setiembre de 1836 en la ciudad de
Lima, y fue bautizado en la Parroquia del Cercado el l° de octubre de ese mismo año
(libro 1825-1841, fojas 172). Sus padres fueron el hacendado don Mariano Fernández de
Colunga y Calderón y doña Josefa Grillo y Ramírez. Don Mariano fue hijo del español
don Féliz Fernández de Colunga, quien llegó al Perú a mediados del siglo XVIII
procedente de Posadas de Llanera, villa asturiana cercana a la costa cantábrica.
Retratos del Doctor Colunga entre 1876 y
1886 |
Su niñez y adolescencia transcurrieron en el seno de una familia
conservadora y relativamente acomodada. Ingresó al Colegio de la Independencia para
estudiar medicina hacia 1853, y continuó los estudios en la remozada escuela que el
doctor Cayetano Heredia fundara como la Facultad de Medicina de Lima en 1856. Fue un
alumno sobresaliente, por lo menos así está consignado en las revistas médicas de la
época (1,2).
Se graduó de bachiller en la Facultad de Medicina de Lima a la edad de 24 años, siendo
decano el doctor Miguel E. De los Ríos y el secretario el doctor Casimiro Ulloa, según
consta en su diploma firmado el 13 de abril de 1861. Poco después, el 1° de junio del
mismo año le fue otorgado el diploma de Doctor, siendo rector de la universidad por ese
entonces el doctor José Gregorio Paz Soldán. El doctor Colunga fue de la hornada de los
doctores Armando Vélez, Ignacio Acuña, Urbano Carbonera, Manuel Injoque, Jacobo Hunter,
Francisco Pineda y Juan de Dios Salas(3).
Recién graduado decidió dedicarse a la docencia médica. Así, fue incorporado como
catedrático auxiliar de Historia Natural Médica en la Facultad de Medicina, por concurso
realizado el 18 de julio de 1861. El titular de la cátedra era, nada menos, el sabio
italiano don Antonio Raimondi, convocado por Heredia para la enseñanza de las ciencias
naturales, con quien trabajaría cercanamente durante muchos años.
El doctor Colunga firmó la carta que el Cuerpo Médico de Lima hizo al Gobierno para el
ofrecimiento de sus personas y bienes ante la amenaza de la escuadra española en nuestras
costas, el 22 de abril de 1864.
Se desempeñó como catedrático principal de la Facultad de Ciencias desde 1866, para las
materias de Anatomía y Fisiología Generales, Zoología y Antropología.
Fue testigo de los preparativos y del denodado esfuerzo de los artilleros en el combate
del dos de mayo de 1866, en el Callao, con cuyo triunfo se puso fin a las aspiraciones
neocolonialistas del gobierno español. Se desconoce cuál fue exactamente su papel
durante dicho combate, pero se tiene el testimonio, publicado en la Gaceta Médica del
día 15 de ese mes, de que la participación de todos los médicos fue muy activa tanto en
las batería como en los hospitales de sangre, recepcionando, atendiendo y operando
heridos, quemados y mutilados.
Ante los repetidos viajes de Raimondi al interior del país para realizar sus estudios, el
doctor Colunga lo reemplazó en la Facultad de Medicina así como se encargó de cumplir
los diversos encargos y solicitudes que le hiciera. Pruebas indudables del alto grado de
confianza que Raimondi tuvo en Colunga, fueron los poderes absolutos para la
administración de sus bienes e ingresos, mediante carta notrarial, que Raimondi entregó
al doctor Colunga estando en Cerro de Pasco el 15 de setiembre de 1867. Posteriormente lo
hizo nuevamente en la ciudad de Huaraz el 7 de enero de 1868. Han quedado poco más de
cien cartas que Raimondi escribió a Colunga en el período de 1858-1868, época de viajes
del naturalista, en las que solicitó reiteradamente la provisión de libros, instrumentos
de medición, encargos a terceros y diversas gestiones a su nombre.
La construcción de un Jardín Botánico en la Facultad de Medicina, que facilitara el
estudio de las plantas por los estudiantes de medicina, fue un proyecto del doctor
Hipólito Unanue y que venía desde principios del siglo. En 1859 hubo tentativas para
adquirir el Jardín del Matadero pero recién en 1867 la Facultad de Medicina adquirió la
Huerta de Mestas, finca esquina de dicha calle, propiedad del Convictorio de San Carlos,
con cargo a pagar una renta anual (4).
En 1868 el doctor Colunga formó parte de la comisión inspectora para la construcción
del Jardín Botánico.
El 30 de junio de 1869 el doctor Colunga fue incorporado como Socio Protector a la
Sociedad Amantes de la Ciencia, siendo presidente de dicha institución el doctor Manuel
Barrios.
El 28 de enero de 1869 el Congreso resolvió que se lleve a cabo la publicación de la
obra de Raimondi así como la adquisición de sus colecciones para ser colocados en un
museo que se denominaría el Museo Raimondi.
El 20 de abril de 1870 la Facultad de Medicina tomó posesión de la huerta de la
Encarnación, contigua a la de Mestas, y el doctor Colunga fue encargado para acondicionar
el local donde se establecería el Museo Raimondi, cuya creación se había hecho con el
decreto supremo del 12 de abril de 1869. En efecto, el decano Miguel E. De los Ríos
comisionó al doctor Colunga, el 6 de mayo de 1870, para reemplazar al doctor Sebastián
Lorente, quien había viajado a Europa en misión gubernamental.
Por aquel entonces, a diferencia de lo que sucedía con la enseñanza de filosofía,
jurisprudencia y teología, la docencia de las ciencias exactas y naturales tenía muchas
deficiencias en cuanto a la disponibilidad de gabinetes, museos y laboratorios. Parte de
este interés por mejorar las cosas fue la creación del Jardín Botánico.
Gracias a gestiones del decano Miguel E. De los Ríos, la ayuda gubernamental y a las
donaciones de particulares e instituciones nacionales y extrajeras, el Jardín Botánico
fue adquiriendo una prestancia, belleza y valor científico notable para su época. Para
mejorar la manera de instalar el museo y el Jardín Botánico, por acuerdo del 29 de junio
de 1871, la Facultad de Medicina solicitó al Gobierno la contratación de profesores
extranjeros. Fue así que el Gobierno contrató los servicios de los profesores franceses
Pedro La Blanc y J.B.H. Martinet para la enseñanza de la Química Analítica y Botánica,
respectivamente. El doctor Martinet recién se hizo cargo de la enseñanza de la Botánica
en 1874 e, inclusive, llegó a publicar un libro sobre el tema. Los contratos vencieron en
1875. También le fue encomendado al doctor Martinet la clasificación de las plantas del
Jardín Botánico que, todo ello, se perdería durante la ocupación chilena.
La Societé Franaise de Bienfaisance aceptó al doctor Colunga como Socio Honorario,
mediante carta que le enviara el vicepresidente de la institución y el secretario, los
señor B.V. Fournier y Julio Gomien, el 23 de mayo de 1871, agradeciéndole por "los
liberales y sabios servicios" que prestar como médico de la Quinta Francesa.
En 1872, el 7 de setiembre, cuando Raimondi renunció a la cátedra de Historia Natural
Médica, el doctor Colunga pasó a ocupar el cargo interinamente, contando con la
recomendación del sabio italiano, hasta abril de 1875 en que fue confirmado como titular.
El doctor Colunga vivía en una antigua casa de la calle de San Andrés N° 819, en el
actual jirón Huallaga. En muchos aspectos, Lima era aún una ciudad virreinal hacia
mediados de la segunda mitad del siglo pasado, con unos 110,000 habitantes que se
agrupaban en varias clases sociales o castas que, por lo general, correlacionaba en lo
racial y en el estado económico (blancos, mestizos, indios, negros y chinos). Una ciudad
que conservaba sus murallas, tachonada de antiguas iglesias, con calles empedregadas, con
pilas y pilones públicos, con inmundas acequias como desagües, con grandes casonas de
dos pisos con zaguanes y patios interiores, con sus callejones populares, con sus casas
comerciales de propietarios extranjeros en buena parte, por citar algunas de sus
características. Se vivía un ambiente de malestar político, económico y social. La
Caja Fiscal se encontraba quebrada. La lucha por el poder entre los militaristas y el
sector privilegiado de la población llegaba a su apogeo. Las diferencias entre los
"Ayacuchos" y los civilistas, más que el hecho de vestir o no vestir uniforme,
pues lo había con él y sin él en ambos bandos, radicaba en intereses de índole
socioeconómica y política.
Don Manuel Pardo, quien fue alcalde de Lima en el período 1869-1870, fue uno de los
inspiradores de la fundación del Partido Civilista, lo cual ocurrió a mediados de 1871.
Este partido político representaba a la clase dominante del Perú de ese entonces. Allí
comulgaban los terratenientes, los ex-consignatarios del guano, los industriales y buena
parte de los profesionales e intelectuales de la época.
El doctor Colunga fue un gran amigo de don Manuel Pardo, quien fue lanzado por los
civilistas como candidato presidencial para el período 1872-1876 y resultó elegido por
el voto popular, así como fue amigo de otros connotados civilistas, especialmente de los
profesores de la Facultad de Medicina. El doctor Colunga fue un civilista confeso, sin
caer en el sectarismo o fanatismo político que lo llevara a renunciar su colaboración o
participación con simpatizantes o adeptos de otros partidos políticos.
El 2 de setiembre de 1872 fue designado inspector de rentas de la Facultad de Medicina. En
1873 formó parte de la Comisión Administradora del Jardín Botánico.
Se doctoró en Ciencias Naturales el 25 de setiembre de 1874. En ese año de 1874,
contando con 38 años de edad, nació su único hijo, que fue bautizado como Miguel
Felipe, mas tuvo que pasar por el penoso trance de perder a su esposa a los diez días del
parto. El doctor Colunga no volvería a casarse pero hay testimonios de romances
posteriores, por lo menos así consta en una fotografía dedicada a él por una devota
amada. En octubre de 1874 se hizo el proyecto del Museo Raimondi y el doctor Colunga fue
nombrado presidente de la Comisión Administradora del Jardín Botánico, y creó el
reglamento de funcionamiento del mismo. El proyecto oficial incluía además la
construcción de un Anfiteatro Anatómico y un laboratorio de Química. De allí en
adelante, su nombre quedaría ligado al jardín en mención por el interés que puso en
él como por las circunstancias que ocurrirían, como veremos posteriormente.
El doctor Colunga se dedicó básicamente a la docencia en las Facultades de Medicina y de
Ciencias. Por aquella época ya eran conocidas las doctrinas de Lamarck y Darwin; y, por
sus ideas, junto con el doctor Celso Bambarén, adquirió la fama de evolucionista e
incrédulo (5).
No ejercía propiamente como médico, salvo cuando sus más allegados se lo solicitaban.
Desarrolló un especial interés por los cargos administrativos, que lo llevaron
gradualmente a ocupar cargos importantes de los recintos universitario a los
establecimientos públicos.
En 1875 ocupó el cargo de inspector municipal de paseos en el Concejo Provincial de Lima,
siendo alcalde el médico político doctor Francisco Rosas.
En 1878 fueron publicados, por la Imprenta del Estado, los tomos I y II de su obra
"Lecciones de Botánica". En este sentido, el doctor Colunga fue uno de los
primeros profesores de la Facultad de Medicina en considerar la necesidad o falta de
libros y textos redactados por profesores nacionales. Desafortunadamente no fue imitado
por un buen tiempo.
En abril de 1879, el caos interno se sumó un conflicto internacional: Chile declaró la
guerra al Perú. Perdida la Campaña Naval en Angamos, en octubre de ese año, se
sucedieron las batallas terrestres de la Campaña del Sur que nos fueron adversas. La
Facultad de Medicina contribuyó con material humano y parte de su material quirúrgico de
enseñanza para ser utilizado por los cirujanos en el frente.
En Octubre de 1879, los alumnos de la Universidad Mayor de San Marcos formaron la columna
"Carolina" y ofrecieron sus servicios al Supremo Gobierno. Los estudiantes de
medicina, al no poder concurrir a los ejercicios militares por la naturaleza de sus
estudios, solicitaron, a través de su decano el doctor Manuel Ocriozola, formar una
columna especial, la columna 1ndependencia", formada por los estudiantes de medicina
cuyos servicios no habían sido requeridos en las ambulancias del ejército. El 20 de
octubre el Gobierno aceptó el pedido y refrendó la elección de los oficiales hecha por
los estudiantes sanfernandinos. Por decreto del 14 de noviembre de 1879 el doctor Colunga
fue nombrado Teniente coronel y Primer jefe de la columna "Independencia" de la
Guardia Nacional (6). Esta columna nunca entró en combate como tal, pero este gesto puso
de manifiesto la confianza y respeto de profesores y alumnos hacia el doctor Colunga.
A mediados de 1880 empezó los preparativos para la defensa de la ciudad. Así, fueron
convocados los ciudadanos a formar las divisiones de la reserva. Por Decreto Supremo del
17 de junio de 1880, todos los profesores y alumnos universitarios pasaron a formar la
Tercera División de la Reserva. De toda la Reserva sólo pelearía una división. Todas
las demás, incluyendo la tercera, fueron disueltas por los oficiales al saberse que la
línea de defensa de Miraflores había sido penetrada y las enviaron a sus casas (7, 8).
Habiendo sido desactivadas las ambulancias civiles, la atención de los heridos de las
batallas de San Juan y Miraflores fue muy limitada. Pero, como lo recordaría el doctor
Leonidas Avendaño años más tarde, todos los médicos cumplieron con su deber en la
Defensa de Lima. Por supuesto que ello fue en la medida de sus posibilidades. En realidad,
era muy poco lo que podían hacer los médicos de ese entonces para situaciones cruentas,
como lo fueron las batallas de San Juan y Miraflores. Los conocimientos sobre asepsia y
antisepsia no eran muy difundidos aún, no había antibióticos, no se hacía
transfusiones sanguíneas, no se realizaba infusiones endovenosas, la anestesia era
rudimentaria y no había analgésicos potentes, las técnicas quirúrgicas y
traumatológicas tenían muchas limitaciones, etc. En fin, la mortalidad fue altísima y
la morbilidad, secuelas, también. Sobrevivir luego de haber sido herido en combate era un
milagro realmente.
La población de Lima tuvo que soportar la ocupación chilena y con ello el saqueo
sistemático de sus instituciones. Esto ocurrió también con la Facultad de Medicina. El
27 de febrero de 1881 el doctor Colunga informó al decano, doctor Manuel Odriozola, sobre
el hecho de que la puerta del Museo de Historia Natural había sido deschapada por los
soldados chilenos al igual que la mampara que lo separaba de la Biblioteca y del
Laboratorio de Química, habiéndose sustraído muebles, reactivos y otros bienes. El
reclamo que hizo el decano al jefe político y militar de la plaza, el oficial chileno don
Cornelio Saavedra, no obtuvo respuesta.
Doña Antonia Moreno de Cáceres, esposa del general Cáceres, quien hacía la resistencia
en la sierra, recordaría en sus memorias: "El doctor Colunga sirvió a nuestra
causa. Me habían dicho que tenía bayonetas y en seguida me dirigí a él de este modo:
Doctor, sé que tiene usted armas; no me las va usted a negar: las quiero para mandárselo
a mi marido a su campamento. Con mucho gusto, señora, pero como las tengo enterradas en
el Jardín Botánico, ¿cómo hacer para sacarlas de allí- No se apure, doctor; entre
usted y yo las sacaremos. Y sin más trámite, nos pusimos a la obra, desenterrando toda
la noche las bayonetas, aunque no dejábamos de estar nerviosos. Felizmente, Dios nos
protegió y todo salió bien" (9).
El episodio relatado debió suceder antes de que el batallón chileno
"Aconcagua" acampara en el Jardín Botánico. El 9 de abril de 1881, el decano
solicitó la entrega de los objetos que se guardaban allí, lo que se consiguió y fue el
doctor Colunga el encargado de hacerlo. Las tropas acuarteladas causaron innumerables
destrozos de árboles y plantas, lo que llevó a la protesta escrita del decano, el 6 de
mayo de 1881 (10).
El doctor Colunga formó parte del Concejo Provincial, que tuvo como alcalde al general
César Canevaro durante la ocupación chilena, mostrando una actitud patriótica en todo
momento como cuando se opusieron a la intervención de los invasores a la alcaldía, en
diciembre de 1881, luego que el presidente don Francisco García Calderón fuera enviado
prisionero a Chile por no firmar una paz con cesión territorial (11).
Habiéndose retirado los chilenos a mediados de 1883, el doctor Colunga participó
activamente en la rehabilitación de la Facultad de Medicina y del Jardín Botánico.
Aunque Raimondi puso a buen recaudo sus colecciones, bajo la bandera italiana, el local
destinado a su museo quedó en tan mal estado luego de la ocupación chilena que nunca
más funcionaría como tal. No obstante los reiterados reclamos de Raimondi para
recostruir el museo, el desorden gubernamental lo impidió. A la muerte de Raimondi, en
1890, su legado pasó a la Sociedad Geográfica de Lima y seguiría un curso hacia la
desintegración.
En octubre de 1884, fue partícipe también de la gallarda actitud de los profesores de la
Facultad que renunciaron en apoyo del decano, el doctor Manuel Odriozola, quien había
sido depuesto por no acatar un exabrupto, nombrar sin concurso a un profesor, del general
Iglesias quien era el Presidente Provisorio de la nación. Se nombraron nuevas autoridades
y profesores. Los docentes depuestos formaron, luego de numerosas sesiones, la Academia
Libre de Medicina con la finalidad de cultivar y mantener la actividad científica médica
nacional.
En diciembre de 1885 Iglesias dimitió, y se hizo cargo del gobierno una Junta de
Ministros que devolvió los cargos a las autoridades depuestas de la Facultad de Medicina.
En febrero de 1886, el doctor Colunga y los demás profesores renunciantes fueron
restituidos en sus cargos.
Entre 1885 y 1886 aparecen sus "Apuntes de Zoología", en dos tomos. Esta obra
fue reproducida por partes en los primeros números de la Gaceta Científica, órgano de
la Sociedad Amantes de la Ciencia, cuyo primer volumen apareció el 15 de octubre de 1884.
La Sociedad Amantes de la Ciencia lo nombró Miembro el 13 de marzo de 1886, mediante
carta donde el doctor Alberto Gadea le escribiera: "Al hacer esta elección la
Sociedad a nombre de la cual tengo el honor de dirigirse a Ud. ha tenido en consideración
sus altas dotas y entusiasmo por el progreso de las Ciencias en el país, por lo que
espera aceptará Ud. esta prueba de distinción; y que inspirados en los laudables fines
que persigue con vehemencia este instituto, se digne prestarle su apoyo y el concurso de
sus conocimientos que tanto necesita ..."
La Academia Libre de Medicina funcionó hasta el 22 de setiembre de 1989, en que se
convirtió en la Academia Nacional de Medicina, siendo miembro fundador de la misma el
doctor Colunga.
En 1889 lo tenemos como diputado por la provincia de Lima en el Parlamento Nacional
durante el gobierno del General Cáceres. A decir de Basadre, nuestro ilustre historiador,
los civilistas ya no eran un partido con arraigo popular y reunía a los profesionales y
propietarios urbanos y rústicos, a la gente que se decía decente y que era acaudalada, y
a la que se sumaban los gamonales de las provincias. Esta etapa de incursión en la
política es una de las facetas más opacas del doctor Colunga, probablemente porque no
estuvo a tono con la intriga y el contubernio político que reinaba entre las clases
dirigenciales del país. Basta revisar la historia del Perú de esos años para tener una
idea de la anarquía política en que se vivía.
En 1890 nuevamente acompañó al general César Canevaro en la alcaldía de Lima, como
síndico de gastos y miembro de la Comisión de Espectáculos.
Fue aceptado como socio activo del Club de la Unión el 5 de enero de 1891, siendo
presidente de la institución don César Canevaro.
Durante el Congreso Científico Latino-Americano realizado en la ciudad de Montevideo
(Uruguay), en 1891, fue nombrado Miembro Honorario.
La Asociación Dental de Lima lo acogió como Socio Honorario en su sesión del 2 de julio
de 1892.
Fue catedrático titular de Anatomía desde el 14 de abril de 1894, y ejerció el cargo de
decano de la Facultad de Ciencias desde 1899 hasta 1902, en que renunció.
Valdizán lo recordó por su rectitud ejemplar, por su voz apagada, por su puntualidad
para las clases y su esmero por terminar las materias que enseñaba, por su aspecto
marcial y vestido siempre con chaqueta y sombrero de paño blando, atisbando a las gentes
en la puerta de la Botica Remy en la calle de Mercaderes, con sus monólogos musitantes y
su tic de cogerse la parte anterior del cuello (12).
El doctor Colunga fue candidato al cargo vicerrector de la Universidad Mayor de San Marcos
en las elecciones universitarias del 20 de marzo de 1899 pero resultó elegido el doctor
Lino Alarco.
Nuevamente en 1899 formó parte de la concejalía limeña como síndico de gastos y
miembro de la Comisión de Espectáculos, teniendo como alcalde a don César Canevaro.
El doctor Colunga tuvo una hermana, doña Juana, que murió soltera y sin dejar
descendencia, con más de 80 años de edad, en 1908.
El doctor Colunga falleció de uremia el 2 de febrero de 1914 en Lima. Su cuerpo fue
embalsamado y enterrado el 5 de febrero en el Cementerio General, en el cuartel San
Ezequiel N2 58 letra "A". A su sepelio acudieron los profesores de la
universidad y los discursos de orden estuvieron a cargo de los doctores Rómulo Eyzaguirre
y Antonino Alvarado por las Facultades de Medicina y Ciencias, respectivamente (12).
Dejó un hijo, don Miguel Felipe Colunga que, en segundas nupcias, con la señora Victoria
Macías, tuvo dos hijas, Victoria y Julia.
El doctor Colunga vio nacer la moderna Facultad de Medicina Lima, contribuyó a su breve
apogeo, tuvo una actitud responsable y patriótica durante la amenaza exterior a nuestro
país y el avasallamiento de los invasores, y durante las luchas intestinas por el poder
en la Lima que se fue y la que venía apresuradamente con el siglo XX. En resumen, como lo
hemos visto, fue testigo y actor de su tiempo.
Entre las publicaciones que dejara el doctor Colunga tenemos:
1.- Lecciones de Botánica. Tomo I. Imprenta del Estado, Lima, 1878.
2.- Lecciones de Botánica. Tomo II. Imprenta del Estado, Lima, 1878.
3.- Apuntes de Zoología. Primera parte. F. Masías y Ca., Lima, 1885.
4.- Apuntes de Zoología. Segunda parte. J. Francisco Solís, Lima, 1886.
5.- Informe sobre la enfermedad de la vid (con los naturalistas A. Raimondi y J.B.H.
Martinet).
6.- Informe acerca del peligro derivado de los cultivos de arroz cerca de la población
(junto con los doctores Mariano Arosemena Quesada y Martín Dulanto).
7.- Requisitos para matricularse en Farmacia (con los doctores José A. de los Ríos,
Belisario Sosa y Manuel C. Barrios) Monitor Médico, Lima, vol. VIII.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.
1. Gaceta Médica de Lima 1859; año III, tomo III, núm. 56.
2. Gaceta Médica de Lima 1860; año VI, tomo IV, núm. 80:398.
3. Valdizán, Hermilio. La Facultad de medicina de Lima 1811-1911, Sanmartí y Cía.,
Lima, 1911. pp 227.
4. Valdizán, Hermilio. Botánico Jardín. Diccionario de Medicina Peruana 1938; tomo II:
172-3.
5. Basadre, Jorge. Historia de la República del Perú. Editorial
Universitaria, Lima, 1969, Tomo VII, pp 156.
6. Herrera, Jenaro E. La Universidad Mayor de San Marcos y la Guerra del Pacifico (1929).
Colección Documental de la Historia del Perú (1879-1884). Comisión Nacional del
Centenario de la Guerra del Pacífico, Lima 1981. Capítulo VI, pp 191-8.
7. López Martínez, Héctor Piérola y la Defensa de Lima. Con Testimonios sobre las
Jornadas del 13 y 15 de Enero de 1881. Editorial Ausonia Talleres Gráficos S.A., Lima,
1981.
pp 16.
8. Ibidem López Martínez. Lo Que Yo Vi. Apuntes de un Reservista sobre las Jornadas del
13 al 15 de Enero de 1881, por Alberto Ulloa, pp. 113.
9. Moreno de Cáceres, Antonia. Recuerdos de la Campaña de la Breña (Memorias).
Editorial Milla Batres, Lima 1a. ed., 1974. pp 23.
10. Valdizán, H. (1911) Op. cit., pp 268-70.
11. Guerra, Margarita. La Ocupación de Lima 1881-1883. Pontificia Universidad Católica
del Perú. Dirección Académica de Investigación, Instituto Riva Agüero, Lima, 1991, pp
300.
12. Valdizári, H. (1938) Op. cit., pp 138-40.
13. Nota Necrológica. Doctor Miguel F. Colunga (1836-1914).La Crónica Médica 1914: año
XXXI, N° 605:65-6.
AGRADECIMIENTOS
A la señora Victoria Colunga Macías de Agüero, nieta del doctor Miguel F. Colunga, y a
su hija, la señorita Marisol Agüero Colunga, por haber puesto a disposición del autor
de la presente nota su archivo familiar, con las cartas, documentos oficiales y
fotografías que ha permitido realizar este trabajo.
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