| Boletín de la Sociedad Peruana de
Medicina Interna - Vol.5 Nº 4 - 1992 |
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EDITORIAL
LAS PLANTAS MEDICINALES
Cada
cierto tiempo nos llega la noticia sobre las extraordinarias propiedades curativas o
paliativas de alguna planta. Por lo general ello no nos llama la atención lo cual es
contradictorio para un país con un riquísimo mundo botánico y una larguísima
tradición en su uso para el arte y la ciencia médica.
Buena parte de la farmacopea actual tiene su origen en los principios activos obtenidos de
las plantas. Muchas de éstas salieron de nuestras tierras como raíces, hojas secas,
semillas, plantones, etc., para retornar años más tarde como cápsulas o inyectables. Un
primer paso fue la purificación del principio activo. Por citar un ejemplo, la quinina
fue dada a conocer al mundo occidental como "febrífugo", bajo la forma de polvo
o tintura de quina, para la malaria allá por 1638 en Lima y regresó en 1824, traída por
Brandin, muy purificada como la sal sulfato de quinina.
Luego se pasó a la síntesis y a la producción masiva con el desarrollo de la
tecnología dando lugar a la industria farmacéutica. Como esta evolución supone un
desarrollo socioeconómico paralelo, los países que se rezagaron, buena parte de
América, Africa y Asia, se convirtieron en proveedores de materias primas. Lógicamente
que la síntesis ha hecho que se prescinda de muchas materias primas pero el
descubrimiento de otras plantas potencialmente útiles en el campo de la medicina mantiene
casi permanentemente esta situación de países proveedores. Esta parte del continente
contribuyó con la quinina y el curare, entre muchas otras plantas. También lo hizo con
la coca y el tabaco aunque el mal uso que se les dio posteriormente en otras sociedades no
estaba bajo control de los países productores.
El uso terapéutico de las plantas fue una de las contribuciones importantes de la
medicina aborigen. Pero, como ésta se asentaba en la tradición oral, muy poco de ella
fue incorporado en la farmacopea que trajeron los españoles. El olvido y la influencia de
otros elementos culturales ha variado notablemente este acervo botánico indígena, no
obstante los diversos tratados que periódicamente se han escrito al respecto. Por
ejemplo, la monumental obra que escribieran los doctores Hermilio Valdizán y Angel
Maldonado, La Medicina Popular Peruana allá por 1922, no tiene validez actual porque sus
conceptos, descripciones y tratamientos han cambiado ostensiblemente.
A lo que queremos llegar, y resaltar, es la notable, paciente y casi desconocida labor de
algunos investigadores e instituciones nacionales con interés en conocer más, desde el
punto de vista científico, sobre aquellas plantas con supuesto valor en el tratamiento
médico. No hace mucho una prestigiosa revista médica norteamericana publicó un trabajo
sobre la similar eficacia terapéutica de la cafeína, en tazas de café, y la
aminofilina. O sobre el ajo en el tratamiento de la criptococosis.
Existen entidades nacionales que han venido estudiando las plantas medicinales. Entre
ellas podernos citar al departamento de Fitoquímica de la Facultad de Farmacia de la
Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la Facultad de Química de la Pontificia
Universidad Católica del Perú, la Universidad Peruana Cayetano Heredia y la Universidad
Nacional de Trujillo; algunas instituciones como el Instituto Peruano de Investigaciones
Fitoterápicas Andinas (IPIRA) y organismos no gubernamentales como el Instituto Nacional
de Nutrición y Recursos Vegetales y el Centro de Medicina Andina, ambos del Cuzco. Que me
disculpen todas aquellas que omito involuntariamente.
El estudio científico de las plantas es muy importante antes que la simple recolección
de ellas con supuestas propiedades. De esta manera se puede descorrer el ropaje de las
creencias populares y de la charlatanería. En efecto, muchas de las supuestas plantas
medicinales, solas o en mezclas, no son tales. Y, La charlatanería es peligrosa porque
hace atribuciones adrede con un definido afán lucrativo.
El choquetarpo o choquetacarpo ha sido usado en el tratamiento de la tuberculosis; la
pasuchaca y cuti cuti tienen propiedades hipoglicemiantes; la cayhua como
hipocolesterolemiante, diurético y antihipertensivo; el ajo como hipocolesterolemiante,
diurético, el agua de papa para la litiasis urinaria; el agua de lechuga como
ansiolítico al igual que la valeriana, la pimpinela, el toronjil, el romero y el maco; la
abuta como hipoglicemiante y anticonceptivo; la hierba de Juan Alonso o allcoquiska como
diurético y para el prostatismo: el arrayán como antiinflamatorio y antimicótico; la
canchalagua como hipoalergizante, colagogo y colerético; la carqueja para las gastritis y
úlceras pépticas: la uña de gato como antiinflamatorio, estimulante linfocítico y
citostático: el paico como antiparasitario, etc. Muchas de estas propiedades han sido
confirmadas groseramente pero faltan estudios controlados. Sobre la prevalencia del
consumo de estas plantas vamos a referir dos estudios nacionales. Uno de ellos encontró
que el 41.19% de una muestra de la población adulta de Lima ingirió infusiones de
vegetales (manzanilla, anís, hierba luisa) para las molestias digestivas ?Rev Gastroent
Perú 1989:90:131?8. Otro estudio reveló el uso de plantas medicinales por el 91.3% de
los encuestados de las zonas urbano?marginales de Lima para las molestias digestivas
(manzanilla, anís, orégano, paico), respiratorias (eucalipto, huamanripa, nogal),
inflamaciones (llantén, malva, matico)- Medicamentos y Salud Popular 1991;5(17):815.
Debemos mencionar que el uso de las plantas para el tratamiento de molestias se hace tanto
por automedicación como por prescripción.
Para que se tenga una idea de la magnitud del consumo vamos a referir, dato por confirmar,
que diariamente se destina 15 toneladas de plantas del departamento de Ancash hacia Lima,
según informe del Ministerio de Agricultura. Todo esto va al mercado informal. Muy poco
se industrializa bajo la forma de mates (coca, menta, anis, manzanilla, boldo, etc).
Mientras se pergeñaba este editorial nos llegó la noticia procedente del exterior de que
el gobierno de Cuba ha decidido impulsar el consumo de plantas medicinales en base a una
colección de 147 variedades de plantas autóctonas para disminuir la importación de
fármacos en vista de la grave situación económica que se vive en ese país? El
Comercio, pág. B4, 15/01/93. En este caso la necesidad ha hecho que tornen su mirada
hacia la Medicina Tradicional pero conocido es que países con pasado milenario, como
China, Egipto e India, usan esta forma de medicina de manera racional y con muy buenos
resultados. Además, de manera oficial la Organización Mundial de la Salud viene
recomendando la promoción y desarrollo de la investigación sobre las Medicinas
Tradicionales desde hace veinticinco años.
Ocasionalmente, también, nos llega noticias procedentes de Europa sobre el registro de
patentes de las propiedades de las plantas autóctonas de otras latitudes.
Mientras que los fitoquímicos insisten en separar los principios activos, los
farmacólogos defienden las mezclas naturales por el supuesto efecto sinérgico de sus
componentes.
La industria farmacéutica no se ha quedado atrás, sobre todo la europea. Esta tiene un
rico y variado arsenal de medicamentos preparados en base a las purificaciones de
principios activos. Por lo general, como muchos de éstos no han sido aprobados por la
Food and Drug Administration, y debido a la influencia de la medicina norteamericana sobre
la nuestra, somos un tanto reticentes a usarlos. Así tenemos tabletas de extractos de
Sabal serrulata, Aesculum hippocastanum y Solidago virga aurea para el tratamiento de los
males prostáticos: grageas de oligómeros procianidólicos como protectores vasculares:
tabletas, gotas y ampollas de extractos de Ginkgo bilobae para mejorar la perfusión
tisular y como antiagregante plaquetario; etc.
No estamos pidiendo que se reemplace nuestra farmacopea convencional con la tradicional
sino que hay mucho por conocer y aprovechar de ésta última. Esta tarea no debe ser sólo
de médicos, farmacéuticos y químicos sino también de otras dependencias como Economía
y Agricultura. A decir de los entendidos, hay razones más que suficientes. En primer
lugar, nuestro gobierno deja de percibir ingresos al no controlar ese mercado que es muy
grande a nivel nacional. En segundo lugar, el consumo obliga a una reforestación y un
manejo racional de los suelos. Y, en tercer lugar, se reduciría el consumo de productos
farmacéuticos importados, sobre todo de aquellos de efectos dudosos o placebos.
Oscar G. Pamo Reyna
Profesor asociado de la Universidad Peruana Cayetano Heredia
e Internista del Hospital Loayza de Lima
04:37 p.m. 04/01/02
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