EDITORIAL CARRIÓN, MÁRTIR ANTES QUE HÉROEOscar G. Pamo Reyna (*) (*) Interrnista del Hospital Loayza de Lima y Profesor de la Universidad Peruana Cayetano Heredia.
Desde 1937, el 5 de octubre se celebra, inicialmente como Día del
Estudiante de Medicina, el Día de la Medicina Peruana. En ese día se
recuerda la muerte de Daniel Carrión acaecida en 1885 por una
enfermedad contraída supuestamente a consecuencia de haberse inoculado, o
permitido que lo hicieran en él, exudados procedentes de verrugas. Con su
muerte, Carrión, sin quererlo, ganó la gloria y ha merecido muchos
adjetivos superlativos, algunos bien ganados como los de mártir y
protocientífico. El 8 de octubre de 1991, mediante la Ley 25342, se
logró que Carrión fuera declarado Héroe Nacional luego de una larga y
diligente gestión realizada por el doctor Gustavo Delgado Matallana y
canalizada en el Parlamento de entonces por el senador Ing. Fernando
Santolaya Silva. Lo
que motiva estas líneas es la siguiente interrogante: ¿Acaso era
necesario un pronunciamiento oficial de tal índole para seguir
recordando a Carrión? Desde que nos hemos ocupado de la vida y el
significado de su actitud hemos insistido en que la mejor manera de
honrarle memoria debe ser mostrando cuán humano fue y estudiarlo dentro
del contexto histórico, social y económico del Perú que le tocó vivir.
Esto no le resta méritos. Todo lo contrario, nos permite apreciarlo
mejor. Siguiendo
este último planteamiento, vamos a enfatizar en algunos puntos
importantes que los médicos nacionales inmersos en la aureola carriónica
suelen olvidar. 1.‑
El motivo que llevó a Carrión a inocularse no fue la intención de
demostrar la unidad etiológica de la llamada Fiebre de La Oroya y de la
Verruga peruana, fases aguda (febril y anemizante) y verrugosa de lo que
hoy conocemos como Bartonelosis humana o Enfermedad de Carrión, que es
producida por la Bartonella bacilliformes y transmitida por la hembra del
mosquito hematófago Lutzomya verrucarum. El
concepto de la unidad etiológica era aceptado por los médicos de
entonces desde 1872. Lo que Carrión venía estudiando era la enfermedad
de verrugas. Prueba de ello eran las nueve historias clínicas que había
juntado. Tanto el doctor Leonardo Villar, Jefe de la sala donde Carrión
se inoculó, en el informe que hiciera para explicar el hecho, como el
doctor Evaristo Chávez, quien terminara inoculando a Carrión al no poder
hacerlo éste, en la instructiva que rindió para el juicio que tuvo que
soportar después, sostuvieron que Carrión buscaba conocer los síntomas
prodrómicos de la enfermedad de verrugas. El diario El Comercio, en la
edición de la fecha, también dice lo mismo. El doctor Julián Arce,
compañero de Carrión y testigo de los hechos, recién en 1918 desmintió
a los desinformados aseverando que Carrión se inoculó para conocer los síntomas
previos al período eruptivo además de la noble aspiración de ganar el
concurso que, sobre la Verruga peruana, la Academis Libre de Medicina había
convocado poco antes. 2.‑
Cuando Carrión murió fue censurado por algunos profesores de la Facultad
de Medicina mientras que otros hicieron mutis. Sin embargo, se le reconoció
que había demostrado la unidad etiológica, aceptada desde mucho
antes como ya se dijo, y la inoculabilidad de las verrugas. Con respecto a
esto último, todas las experiencias posteriores realizadas en animales de
experimentación, y en humanos inclusive, no reprodujeron la experiencia
de Carrión. Es decir, una inoculación a partir de verrugas sólo produce
verrugas en los sitios de inoculación pero no causa la fase febril
anemizante. Esto llevó a que, en 1913, la Comisión Strong concluyera que
se trataba de dos enfermedades diferentes. Sólo se ha obtenido una fase
febril anemizante a partir de verrugas en monos esplenectomizados. 3.
‑ La pregunta que surge de inmediato es: ¿Entonces, de qué murió
Carrión? Si se revisa su historia clínica observaremos que sólo tuvo
fiebre en los cinco primeros días de enfermedad, que presentó malestar
general, algías generalizadas, náuseas y vómitos, dolor abdominal,
anemia severa documentada con un recuento globular, oliguria y le hicieron
un sondaje vesical en su casa. Casi todos los autores se han basado en la
anemia severa para decir que Carrión enfermó de la fase febril
anemizante a partir de una inoculación de verrugas. Pero, esto
precisamente, no se ha demostrado en experiencias posteriores. También,
en determinados momentos, se ha especulado con otras enfermedades como
malaria, fiebre tifoidea, hepatitis viral, por citar algunas, para
explicar la enfermedad de Carrión pero tampoco satisfacen las exigencias
nosográficas. Si la anemia que tuvo Carrión fue hemolítica y ésta fue
la fase febril anemizante de lo que hoy conocemos como Bartonelosis, la única
manera de aceptar dicha proposición es asumiendo que Carrión tuvo
alguna forma de deficiencia inmunológica, llámese asplenía funcional
por mencionar una. Tanto por esta vía como por las otras, si la anemia no
fue hemolítica o si la fue pero de otra índole, entramos en las
especulaciones. De lo que sí estamos seguros es que Carrión desarrolló
complicaciones como un estado hipercatabólico, con severo disturbio
hidroelectrolítico, anemia aguda severa, insuficiencia renal agua y,
posiblemente, septicemia. 4.
La experimentación en animales era conocida en nuestro medio por aquella
época. Basta revisar las publicaciones médicas de entonces. Los
principios de la medicina experimental de Claude Bernard eran conocidos y
cuatro meses antes de la experiencia de Carrión el doctor Juan Cancio
Castillo realizó la primera experimentación en animales, lo que fue
publicado en la Crónica Médica. Sin embargo, aún en la misma Europa se
venía practicando las autoinoculaciones, muchas veces con resultados
funestos. Esto hay que verlo ahora como una forma primaria o primitiva de
la investigación médica. En cierto modo, era justificable y aceptable
realizar las inoculaciones. Carrión vivió esa época de transición del
pensamiento científico. El actuó de acuerdo a su tiempo y murió sin
quererlo. Y, precisamente, todas estas dudas y controversias fueron la temática
principal de los investigadores médicos peruanos hasta no hace mucho. Aún
ahora se hace inoculaciones y autoinoculaciones en humanos, especialmente
en los países desarrollados, aunque no siempre voluntariamente, pero
ello es otro tema. De
los puntos desarrollados arriba vamos a inferir la gran enseñanza que nos
legara Carrión con su experiencia: Carrión fue un estudiante en
medicina, o cuasi médico, que perdió la vida en su afán de conocer
mejor determinados aspectos clínicos de una patología netamente autóctona
como lo es lo que ahora llamamos Bartonelosis; y, con su autoexperiencia
dio lugar al inicio y desarrollo de la investigación médica nacional. La
palabra mártir proviene del griego "martys" que significa
"testigo" y se refiere a aquel que da testimonio de la fortaleza
de su fe; y, por extensión, por su connotación cristiana de origen, se
dice de la persona que muere o sufre en defensa de sus convicciones o
creencias. La palabra héroe proviene del griego "heroos" que
significa "semidios" o "jefe militar épico" y tiene
su origen en la mitología griega donde se llama héroes a los hijos de
dios o diosa con humanos que, a la vez, eran notables guerreros. Este análisis
etimológico es importante para ver qué es lo más apropiado de aplicar
al personaje más relevante de la medicina peruana. Carrión
en ningún momento antes de inocularse pensó que iba a morir. Lo
atestigua las cartas que escribió durante su enfermedad donde hace planes
a corto plazo. Grave ya, se dio cuenta de que el mal que lo aquejaba era
potencialmente mortal y aceptó que podía ser la enfermedad que matara
meses antes a su amigo Orihuela. Este había muerto de la fase febril
anemizante poco después de un viaje a la sierra central cercana a Lima.
Recién a partir de este momento, por el estoicismo mostrado y con la
esperanza de que le apareciera las verrugas y con ello la convalecencia,
podemos decir que la actitud de Carrión fue digna de la de un mártir. La
denominación de héroe no cabe en él. Menos aún si se asevera una
participación en la defensa de Lima cuando las tropas chilenas avanzaron
a tomar la ciudad de 1881. No pudo participar en las ambulancias porque
esta misión fue encargada a los alumnos de medicina de los últimos años,
por sus conocimientos de cirugía, y Carrión recién había terminado el
primer año. Además, no existe documento oficial alguno que demuestre su
presencia en las ambulancias o en la linea de fuego. Si peleó, éste era
su deber como lo fue con los miles que pelearon y murieron y que sólo
ganaron un remoto recuerdo en la tumba del Soldado Desconocido. La
anécdota parece perseguir a Carrión. Declarado ya Héroe Nacional, de
inmediato se propuso el traslado de sus restos a la Cripta de los Héroes.
Los médicos del Hospital Dos de Mayo se opusieron a dicho traslado con la
creencia de que los restos de Carrión se encuentran en la tumba bajo
del patio central. Sin embargo, un viejo guardián del Cementerio Presbítero
Maestro afirma que los restos de Carrión no fueron removidos en 1972 por
lo que sería un cenotafio lo que tiene el histórico hospital. Por
todo lo expuesto, creemos que la gloria de Carrión será eterna y que es
mártir antes que héroe. |