Revista de Psicología - Año III Nº 5 Setiembre 1999

 

CUERPO Y MOVIMIENTO: DIMENSION PSICOLÓGICA

Graciela Lizárraga Chávez*

 

El artículo examina el esquema corporal desde una perspectiva psicodeportiva. Analiza al movimiento como factor unificador entre las distintas partes del cuerpo y divide en categorías las habilidades motrices coordinadas.

Palabras claves: Patrón postural, esquema corporal, imagen corporal, espacio corporal, habilidades motrices coordinadas.

 

The article examines the bodily scheme from a psychodeportive view. It analyzes the movement as an unifier factor between the several body pans. The coordinated moving skills were divided into categories.

Key words: Postural pattern, bodily scheme, bodily image, bodily space, coordinated moving skills.

 


Psicología (Perú) 1999; III, (5): 129 - 34

 

Cuando movemos alguna parte del cuerpo, no siempre tenemos consciencia del movimiento, ni de la zona que debemos mover, ni hacia donde debemos encaminar la acción. Es importante saber, que todo el cuerpo siempre está listo para cualquier movimiento, así mismo que, la elección de los planes de acción se efectúa en la etapa preparatoria del movimiento y que depende sobre todo de las impresiones y representaciones ópticas en relación con la experiencia.

Es de destacar que, los esquemas de movimientos están potencialmente impresos en el sistema nervioso, y que van a transferir a los músculos la acción, dando lugar a lo que denominamos posturas, antes de ingresar a la conciencia (antes de darnos cuenta) mediante constantes alteraciones de la posición.

Estamos construyendo siempre un modelo postural de nosotros mismos, sujeto a continuos cambios. Cada postura o movimiento nuevo queda registrado sobre este esquema plástico, y la actividad de la corteza, pone a cada nuevo grupo de sensaciones provocadas por la alteración de la postura en relación con aquél (modelo postural).

El modelo postural de nuestro cuerpo, se halla relacionado con el modelo postural de los demás. Así como nuestras emociones y acciones son inseparables de la imagen corporal, del mismo modo las emociones y acciones de los demás son inseparables de sus cuerpos.

E.J. Head (1985), sostiene que la impresión postural, es la base del modelo postural. Hay entonces un patrón postural de las Posturas, sobre cuya base se miden todas las percepciones nuevas, y que existen esquemas que nos enseñan a ver la relación entre las distintas partes del cuerpo.

Por esto deducimos que:

1. El sentido de la postura desempeña cierto papel en la construcción del conocimiento que tenemos de nuestro cuerpo.

2. En lo que concierne a la facultad de localización existe la posibilidad de elaborar un conocimiento de la relación que guardan entre sí las distintas partes de la superficie corporal.

3. Existe una imagen óptica del cuerpo, independiente de las imágenes táctiles.

4. Las partes simétricas del cuerpo se hallan relacionadas entre sí, fisiológica y psicológicamente.

Dusser de Barenne destaca: la estrecha relación psicológica entre los puntos simétricos del cuerpo, y Wolkman demostró que cuando uno ejercita un lado del cuerpo, las partes contralaterales del mismo mejoran su facultad de localización. Es decir siempre se produce un plan de integración entre las impresiones, táctiles y kinestésicas, orientadas hacia el propio cuerpo.

En dicho plan el conocimiento del propio cuerpo constituye una necesidad absoluta: «siempre me hará falta el conocimiento de que actúo con mi cuerpo, inicio los movimientos con mi cuerpo, aunque utilice una parte determinada del mismo, siempre con el conocimiento del objetivo de mis acciones o para ellas.

No sabemos mucho acerca de los procesos psíquicos que tienen lugar cuando el movimiento es continuado. Es probable que, sean los reguladores sensomotores los que desempeñan aquí el papel más importante entre la meta y la inciación. De algún modo, todo movimiento se basa en las estructuras que se extienden entre la iniciación y el fin del movimiento provoca además de continuo nuevas sensaciones de tipo kinestésico y táctil que penetran en el campo de tensión y se convierten a su vez en tensiones.

El movimiento es pues, el factor unificador entre las distintas partes de nuestro cuerpo, gracias a él adquirimos una relación definida con el mundo exterior y con los objetos, construyendo así mismo, junto a todos los sentidos el esquema del cuerpo.

Así definimos la Imagen del cuerpo, como la representación mental que nos formamos de nuestro propio cuerpo; es decir, la forma en que éste se nos aparece y que le sirve de referencia en el espacio. Se integra mediante: impresiones táctiles, térmicas, dolorosas; recibimos sensaciones provenientes de los músculos, y de las vísceras; siempre con la experiencia inmediata de que es una unidad.

Este conocimiento inmediato del cuerpo, tanto en estado de reposo o movimiento se le define en función de la interrelación de sus partes y sobre todo de su relación con el espacio que le rodea. Es como señala Coste (1979), el resultado de la experiencia del cuerpo en el mundo.

Esquema Corporal: indistintamente; algunos autores no hacen distinción alguna con la «Imagen Corporal», sin embargo mencionaremos la definición de Ajuriaguerra:

«Desde el punto de vista psicológico, el concepto de esquema corporal, se aplica a un sentimiento que tenemos de nuestro propio cuerpo de nuestro espacio corporal. Desde el punto de vista fisiológico representa la función de un mecanismo fisiológico que nos da el sentimiento correspondiente a la estructura real del cuerpo», mientras que la imagen corporal es la representación mental del cuerpo.

Gracias a la existencia de estos esquemas, podemos proyectar nuestro reconocimiento de la postura, movimiento y localización más allá de los limites de nuestros propios cuerpos.

Al estudiar la imagen corporal, debemos encarar el problema psicológico de la relación que guardan las impresiones de nuestros sentidos con nuestros movimientos y la motilidad en general. Cuando percibimos algo, o imaginamos, actuamos como entidades estructuradas (personalidad), sistema de acciones y tendencias a la acción, coloreadas emocionalmente. Amamos nuestro cuerpo, es una cosa viva, en su incesante diferenciación e integración.

 

LA EXPERIENCIA DEL «CUERPO VIVIDO» EN EL DEPORTE

En el sujeto normal el cuerpo no sólo puede ser movilizado por las situaciones reales que lo atraen, sino que puede además, apartarse del mundo, prestarse a experiencias y situarse en lo virtual. Está abierto a lo nuevo, a lo posible, es decir, al espacio y al tiempo.

Esto se verifica en el aprendizaje de movimientos nuevos, que supone ampliar los limites del cuerpo hacia lo externo (instrumentos o espacio), el esquiador por ejemplo en su acción no separa los movimientos de extensión y flexión que deben asegurarle el aligeramiento de su cuerpo, el movimiento de los esquíes, el desplazamiento del peso del cuerpo en la curva, la inclinación del busto hacia delante, sino que, percibe la pendiente (accidentes, variaciones, eminencias y depresiones, las partes del hielo, etc.) y su horizonte (obstáculos materiales, rocas, árboles, personas, etc.), según una fisonomía afectiva de tal condición que su cuerpo, al integrarlos en su espacio, o campo propio, adopta en un acto global y espontáneo, las diferentes posturas y realiza todos los movimientos necesarios.

De esta manera, el espacio corporal no es algo neutro, viene cargado de «valores» o significaciones claras, por esto el «cuerpo es eminentemente un espacio expresivo», forma y hace vivir un mundo a través de habilidades motrices coordinadas, que por si mismas se constituyen en diferentes categorías:

1. En esta categoría se pueden colocar todas las habilidades motrices que no están estrictamente definidas y adaptadas al fin propuesto; son el resultado de movimientos variados coordinados en determinadas posturas, que a la vez son percibidas interiormente (p. ej. el fisioculturismo). Estas habilidades no están automatizadas de una manera estricta; por el contrario, son el resultado de movimientos más sencillos, relativamente automáticos. A esta categoría pertenecen la mayoría de actos de nuestra vida cotidiana.

2. A esta categoría pertenecen las habilidades motrices que resultan de los movimientos automatizados y dirigidos a un objetivo, pero que en .sentido estricto son movimientos estereotipados, a ellos corresponden en su casi totalidad, los movimientos deportivos.

3. Las habilidades motrices que resultan de los diferentes movimientos automatizados, que sin embargo no poseen un alto grado de automatización, porque estos movimientos son relativamente independientes unos de otros.

Estas habilidades constituyen un todo estructuralmente unido en una forma determinada. Se trata por ejemplo de las habilidades que un deportista especializado posee. Cuyo trabajo automático y uniforme en sus diferentes movimientos, exige no obstante, una atención vigilante y cierto grado de inteligencia para la coordinación y ajuste de los movimientos en relación con los objetivos que se propone realizar.

4. Las habilidades motrices, que resultan de movimientos automatizados relativamente independientes y subordinados al objetivo a alcanzar, que es la razón de su coordinación, y que, el elemento intelectual posee una participación predominante, de modo que, en su conjunto pierden todo carácter de automatismo y adquieren otro plenamente personal y creativo.

Esta situación en los atletas, es motivo de mejora de resultados y que, en los especialmente aptos, esta modalidad da origen a estilos nuevos, que los entrenadores deben dejar que progresen, y no anularlos por su controlar al deportista.

La estricta mecanización de un movimiento se inicia al descomponer los actos que han de aprenderse, según su grado de dificultad. De modo tal que, por su incesante repetición se asegura la regularidad, precisión y ritmo, que los «músculos» adoptan el movimiento y se liberan de la tutela de la mente. El gesto es este momento es automático.

Sin embargo, nosotros preservamos el valor expresivo del movimiento y de las actitudes corporales y, al mismo tiempo propendemos a la eficacia gestual.

La internalización del ritmo del movimiento, es decir, su pasaje a la representación mental, es una condición esencial, para conservar el carácter humano del aprendizaje «técnico»; no obstante, el ritmo por si sólo, significaría entrar en un proceso armónico a nivel corporal vivido, sin paso a la concientización y consecuentemente, sin paso a la internalización. Debe producirse siempre un acuerdo entre el campo sonoro y el kinestésico, para activar las acciones musculares, tanto clónicas, como tónicas.

El estudio por tanto, de los conceptos: Imagen del cuerpo y Esquema corporal, al vincularlos con el problema del ritmo, permite precisar mejor la concepción de un aprendizaje que tienda a la disponibilidad corporal.

Toda práctica corporal, siempre implica desplazamiento de algunas partes del cuerpo, con otras que permanecen estables. Estos elementos suelen transformarse en puntos de apoyo, que dado el carácter articular de nuestro cuerpo y su modo de locomoción, cada punto de apoyo debe preceder y favorecer el impulso de otra parte del cuerpo.

La representación mental de las posturas del cuerpo, en el movimiento de los apoyos sucesivos corresponde a lo que se denominan: «esquema dinámico de la Actitud» que se compone de datos visuales internalizados, asociados a las sensaciones kinestésicas. Su fineza está en función del nivel de estructuración del esquema corporal.

 

CONCLUSIONES

1. La ciencia del movimiento debe considerar al cuerpo, como una unidad, y al movimiento, como un dato inmediato de la expresión de la conducta.

2. El movimiento, siempre es transitivo y expresivo a la vez, por la confluencia: funcional, sensitiva y emocional.

3. Es importante situar el movimiento, en función de la situación vivida por el organismo.

4. El carácter expresivo del movimiento, nos remite a la persona y no sólo a un objetivo exterior que se quiera alcanzar.

5. Una buena organización perceptiva implica, la estructuración reciproca de los datos del mundo exterior y de las informaciones del «cuerpo Propio».

6. El conjunto de los actos motores, asociados a los juegos y a las actividades de expresión, realizados en un clima favorable, desempeñarán un papel esencial en la estructuración consciente del «esquema Corporal», elemento central de la personalidad.

7. Si se trata de un adulto limitado en sus relaciones motrices, como consecuencia de una excesiva mecanización de los movimientos; es aconsejable, una cierta desautomatización (reacondicionamiento), que le permita volver a estructurar una «imagen del cuerpo» más dinámica, adecuada a la expresión auténtica y eficaz, en su acción sobre el medio.

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*Psicóloga deportiva de la R.F.E.A. Colaboradora de la Comisión 
Médica del Comité Olímpico Español.