| Folia Dermatológica
Peruana
Vol.
12 Nº. 3 Diciembre del 2001 |
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Historia
de la Dermatología
LA CONTRIBUCIÓN DE CARRIÓN: UN
EJEMPLO DE SERENDIPIA
Javier Arias Stella(1)
Muchos se han preguntado ¿por qué
Daniel Alcides Carrión llevó a cabo el experimento que condujo a su holocausto?
¿Cuáles fueron sus personales motivaciones?.
Dejando de lado la absurda afirmación de
Ignacio La Puente, catedrático de química y secretario de la Facultad de Medicina, de
que se trató de un "joven incauto", "víctima de aquellos que debieron
disuadirlo para realizar una experiencia temeraria y poco científica" (1);
y, así mismo, la de aquellos que en un afán glorificador han calificado el acto del
joven estudiante de medicina como un experimento médico casi impecable, todavía no se ha
agotado el análisis de la relación: motivación y trascendencia de resultados en el
experimento carriónico.
El estudio del tema nos ha llevado a la
conclusión que la contribución de Carrión - el descubrimiento de la unidad entre la
fiebre de La Oroya y la Verruga Peruana - es un relevante ejemplo de serendipia en
medicina.
Nuestro análisis coincide con autores
como Rebagliati (2), García Cáceres (3), Graña (4) y
otros, quiénes han subrayado que la motivación más importante de Carrión para llevar
adelante su experimento fue su inquietud por averiguar si la verruga era infecciosa e
inoculable y el tiempo de incubación.
Sin duda, dos son las fuentes más
objetivas que pueden proporcionarnos información sobre las razones que condujeron a
Carrión para realizar el experimento de inoculación.
Una, es el relato de su compañero
Mariano Alcedán, que escuchó directamente de sus labios lo que él pensaba sobre la
enfermedad. Relato que describe con amplitud en el discurso que pronunciara con motivo de
la celebración del primer año de la muerte del mártir, en la sesión del 5 de Octubre
de 1886 de la "Sociedad Médica Unión Fernandina", publicado en la Crónica
Médica, Lima, año III, N° 34, 1886 (5).
La otra, y quizás la más objetiva, es
la publicación de los Apuntes del propio Carrión, que había venido recopilando pocos
años antes de su muerte y que en encomiable actitud fueron difundidos en la forma de un
folleto por sus compañeros de clase: Medina, Mestanza, Arce, Alcedán, Miranda y Montero,
al año de su muerte, subrayando "ha sido nuestro principal deseo no introducir en
estos trabajos modificación alguna dándolos a luz como lo hemos encontrado" (6).
De estos documentos recordemos párrafos
textuales de Carrión (Fotografía 1) que nos permiten adentrarnos en su pensamiento.
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Fotografía 1.
Daniel Alcides Carrión, héroe de la Medicina Peruana, cuya inoculación demostró la
unidad de la fiebre de La Oroya y la Verruga Peruana. |
Del discurso de Mariano Alcedan
del 5 de octubre de 1886
Alcedán dice:
Muchas veces le oíamos preguntar: ¿la
verruga es infecciosa? ¿es inoculable? .
A lo primero nos decía: "creo en la
infecciosidad de la verruga, pues en los lugares donde reina endémicamente, raros son los
individuos que escapan de tal influencia; ¿no vemos a los rumiantes y paquidermos
sufrirla dando lugar a la forma que vulgarmente se llama verruga mular?" (Sic).
"Me parece que los efluvios se
formarían en esas regiones lo mismo que los palúdicos: descomposición de las materias
vegetales sirviéndoles de continente el agua, que bajo la influencia de condiciones
climatéricas especiales y en las variadas manifestaciones de nivelación de las aguas,
podrían elevarse a cierta altura en la atmósfera: si no ¿cómo explicar que las aguas
del Rímac, en algunos lugares sean productores de verrugas y en otras no? ¿Cómo
responder por otro lado a aquellos individuos que habiéndose sustraído de la influencia
del agua, sin embargo hayan sido atacados por la verruga?".
"Se ha creído hasta hoy que la
verruga no era inoculable, afirmación que careciendo de pruebas no merece mas respeto que
la autoridad de donde emana".
"Tengo noticia de la descripción
hecha por el doctor Izquierdo, con preparaciones hechas de piezas conservadas en alcohol,
que desde acá le habían remitido, en la que describe un microbio especial a la verruga,
asignándole un tamaño máximo de 20m. de m.* y un poco mas grueso que el bacilo de la
tuberculosis, asignando á los tumores el carácter general de sarcomas que tendrían
lugar de formarse en el tejido conjuntivo.
Dadas las circunstancias en que esta
información se ha producido de un lado, y de otro el no haber cultivado, ni comprobado
por inoculación que sea lo visto y descrito por él como un microbio patógeno, hacen muy
sospechosa su admisión tanto más cuanto por el prurito que hoy se tiene de señalar
microbios para todas las enfermedades".
"Se ha dicho y sostenido por algunos
que la fiebre de La Oroya y la verruga reconocen el mismo origen; pero estas aseveraciones
se encuentran desprovistas de hechos que, poniéndolas de manifiesto, les sirvan de
fundamento para su admisión en la ciencia".
Alcedán continúa diciendo:
Tales eran las ideas que podemos recordar
en las varias conversaciones que con él tuvimos, comenzando á germinar en su espíritu
la idea de descorrer de una vez por todas el velo que cubría esta enfermedad tan mal
conocida por nosotros.
De la versión de Alcedán fluye con
claridad que:
1. Carrión creía en el carácter
infeccioso de la verruga y que esa enfermedad la padecían también rumiantes y
paquidermos de la zona. Su concepción de la infección era de naturaleza miasmática,
pues habla de efluvios y de descomposición de materias vegetales, influencia de
condiciones climatéricas y niveles de agua.
2. Si bien conocía de las infecciones
bacterianas parece no haber sido un entusiasta de su participación en la verruga, pues
refiriéndose al microbio descrito por el doctor Izquierdo habla del "prurito que hoy
se tiene de señalar microbios para todas la enfermedades".
3. En cuanto al asunto de la relación
entre la fiebre de La Oroya y la verruga, Carrión dice refiriéndose a los que habían
sostenido esa relación: "estas aseveraciones se encuentran desprovistas de hechos
que, poniéndolas de manifiesto, les sirvan de fundamento para su admisión en las
ciencias". Se puede desprender de esta afirmación su negación a la validez de los
argumentos de aquellos que habían planteado esa posible relación, pero, a su vez, que su
mente estaba abierta, si existía evidencia científica, para admitir esa posibilidad.
De los apuntes de Carrión sobre
la verruga peruana
Los llamados apuntes de Carrión
comprenden una minuciosa relación de los conceptos que el mártir tenía sobre:
sinonimia, definición, etiología, síntomas, signos, así como comentarios sobre la
orina de estos enfermos y un estudio detallado de las características clínicas,
diagnósticas y evolutivas de la erupción verrucosa. Los apuntes incluyen también la
descripción de nueve historias clínicas de pacientes personalmente estudiados y seguidos
por Daniel A. Carrión. Termina con el relato de su propia enfermedad que describe desde
el momento de la inoculación el 27 de Agosto de 1885 a las 10 de la mañana hasta el día
26 de septiembre cuando declara: "a partir de hoy me observarán mis compañeros,
pues por mi parte confieso, me sería muy difícil hacerlo".
En sus apuntes Carrión define a la
verruga como una pirexia anemizante, no contagiosa, caracterizada por dolores y
contracciones musculares. Considera que el género bovino, los cerdos y más que todo el
ganado caballar son afectados "de aquí el nombre de verruga mular que se ha dado a
la manifestación de la enfermedad en dichos animales"** .
Carrión estima que la enfermedad
comprende cuatro períodos: incubación, invasión, erupción y desecación.
Al hablar de la incubación dice:
"Es difícil, en el estado de nuestros conocimientos a este respecto, marcar con
alguna precisión este primer período de la enfermedad; pero si esto es verdadero, no lo
es menos que tan lamentable incertidumbre desaparecerá, cuando la práctica de las
inoculaciones extienda su esfera de acción a la dolencia de que nos ocupamos".
Y al hablar del diagnóstico subraya cuan
difícil es establecerlo al principio; añadiendo: "Sin embargo, sensible me es
decirlo, la sintomatología del periodo de incubación de esta pirexia indígena de
nuestro suelo, es todavía muy deficiente para el práctico que desea establecer su
diagnóstico desde los primeros momentos a fin de oponerle una terapéutica conveniente.
Estas oscuridades, estas incertidumbres, dejarán de existir, estoy seguro, el día en que
la práctica de las inoculaciones se domicilie entre nosotros; inoculaciones que por otra
parte nos harán conocer muchísimas otras particularidades importantísimas acerca de la
naturaleza íntima de la patología del agente verrucoso.
La fuerza de su decisión para llevar a
cabo la inoculación queda ejemplificada en el comentario que los compañeros de
promoción hacen en la introducción de los apuntes cuando dicen "cuando en nuestras
conversaciones de estrecha confianza le manifestábamos las alteraciones que podría
producirle la inoculación que se había hecho nos contestaba con la mayor tranquilidad:
"no me asustan las deformaciones que la erupción de la verruga puedan
traerme..."
Si bien, como hemos dicho, a partir del
día 26 de septiembre - a los nueve días de aparición de los síntomas - la descripción
de su enfermedad la relatan sus compañeros, llegado al día 2 de Octubre (a los 15 días
de enfermedad) se le oye decir a Carrión lo siguiente: "hasta hoy había creído que
me encontraba tan sólo en la invasión de la verruga, como consecuencia de mi
inoculación, es decir, en aquel periodo anemizante que precede a la erupción; pero ahora
me encuentro firmemente persuadido de que estoy atacado de la fiebre de que murió nuestro
amigo Orihuela: he aquí la prueba palpable de que la fiebre de La Oroya y la verruga
reconocen el mismo origen como una vez le oí decir al Dr. Alarco".
De los apuntes de Carrión queda claro
que:
1. Carrión había reunido la mejor
información existente sobre la verruga peruana. Su descripción clínica de la enfermedad
sólo es comparable a las versiones que mas adelante hicieran Ernesto Odriozola y Julián
Arce. No deja duda de su conocimiento sobre las pocas publicaciones previas y sobre los
comentarios que en conferencias y reuniones médicas se habían vertido en relación con
esta endemia.
2. Fluye de sus apuntes que él estaba
intrigado por reconocer con precisión los primeros momentos de la enfermedad así como
por definir el periodo de incubación.
3. Lo anterior lo indujo con fuerza y
persistencia a tomar la decisión de resolver estas interrogantes experimentando en sí
mismo.
Su convicción se expresa directamente
cuando dice: "tan lamentable incertidumbre desaparecerá cuando la práctica de las
inoculaciones extienda su esfera de acción a la dolencia de que nos ocupamos" y, en
otro momento, "estas oscuridades, estas incertidumbres, dejarán de existir, estoy
seguro, el día en que la práctica de las inoculaciones se domicilie entre
nosotros".
4. Ni en los comentarios de sus
compañeros de promoción que anteceden a los apuntes de Carrión, ni en la propia
versión del mártir se encuentra algo que indique como motivación de su experimento la
búsqueda de una sospechada unidad entre la Fiebre de La Oroya y la Verruga Peruana.
Serendipia en medicina
El vocablo serendipia no aparece,
todavía, en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Sin embargo, a
partir de 1974 se le encuentra en otros diccionarios y se le menciona, a menudo, en los
últimos tiempos, en relatos sobre descubrimientos. Ruy Pérez Tamayo, profesor mejicano,
patólogo y filósofo que ha escrito un ameno ensayo sobre el tema la define como: la
capacidad de hacer descubrimientos por accidente y sagacidad cuando se está buscando otra
cosa (7). La definición implica, de un lado, el estar en la búsqueda,
investigación o al encuentro de algo y el hallazgo, accidental, de otra cosa relacionada
o no con la meta buscada.
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Fotografía 2.
Horatio Walpole, inventor de la palabra Serendipia (tomado del libro Serendipia de Ruy
Perez Tamayo) |
El término fue
introducido por Horatio Walpole (Fotografía 2), un escritor, crítico de arte y político
inglés que vivió a las afueras de Londres de 1717 a 1797. Rico y aristócrata, ocioso y
pedante, ocupaba su tiempo como coleccionista, anticuario y escribiendo cartas sobre los
acontecimientos de la Europa de su tiempo. El 18 de Enero de 1754, Walpole le escribe una
carta a Horacio Mann, enviado del Rey Jorge II a Florencia, lugar de gran importancia para
la familia real inglesa, en la que aparece por primera vez la palabra serendipia. En su
relato dice lo siguiente: "Una vez leí un cuento tonto llamado los tres príncipes
de serendip: mientras sus altezas viajaban iban siempre haciendo descubrimientos, por
accidentes y sagacidad, de cosas que no estaban buscando; por ejemplo, uno de ellos
descubrió que una mula tuerta del ojo derecho había pasado por el mismo camino
recientemente, por que el pasto sólo había sido comido en el lado izquierdo, donde era
menos bueno que en el lado opuesto ¿entiendes ahora lo que es serendipia?". Serendip
es el antiguo nombre de Sri Lanka (Ceylán).
Quizá el ejemplo más sorprendente de
descubrimiento accidental en toda la historia antigua o moderna fue el hallazgo del
hemisferio occidental por Colón. El zarpó de España convencido firmemente de que si
viajaba hacia el occidente encontraría un camino mas corto a las Indias Orientales; en
forma inesperada encontró un nuevo mundo.
Carl Roentgen, físico, observando las
descargas eléctricas en los tubos al vacío, descubrió accidentalmente los rayos X.
Innumerables son los casos de descubrimientos accidentales en medicina, baste recordar que
la relación entre el páncreas y la diabetes fue resultado de la circunstancial
observación del ayudante de laboratorio de Von Mering y Minkowski al ver la acumulación
de moscas alrededor de la orina de un perro pancreatectomizado. En 1928, Alexander
Flemming quién tenía una serie de placas de cultivo bacteriano, notó que un cultivo de
Staphylococcus aureus mostró una zona de inhibición de crecimiento en un área en que el
cultivo se había contaminado con un hongo. Flemming dedujo que una sustancia química se
había difundido desde el hongo y la designó penicilina***, esta observación constituye
uno de los mejores ejemplos de serendipia en la ciencia.
Royston M. Roberts, en su libro
"Serendipity Accidental Discoveries in Science"(8) presenta una larga
lista de hallazgos por serendipia; desde las contribuciones de Arquímedes y Newton hasta
los modernos descubrimientos de productos industriales como polietileno, teflón y drogas
contemporáneas, en los que el factor casualidad o accidente - pero siempre por la
existencia de genio y sagacidad - han estado en juego. Roberts introduce el término
pseudoserendipia que define como: el hallazgo accidental de algo que se estaba buscando.
El primer ejemplo de pseudoserendipia es
el caso de Arquímedes, (300 A.C.), quién resolvió el problema que le había encomendado
el Rey Hiero de Siracusa, de calcular el volumen de oro existente en la corona que había
mandado a hacer a su orfebre, de cuya honestidad sospechaba. Pensando en el problema, el
sabio y matemático fue a relajarse a un baño público y al introducirse en la bañera,
observó el rebase de agua producido por su cuerpo (Gráfico 1). De inmediato grito:
"eureka!!!"****, al darse cuenta que era posible calcular el volumen de un
objeto sólido irregular. Un cuerpo introducido en el agua desplaza un volumen de agua
igual al volumen de dicho cuerpo. Inmediatamente después de su descubrimiento accidental,
Arquímedes no tuvo sino que introducir la corona en un recipiente con agua, medir el
volumen del agua desplazada y tener en cuenta la densidad del oro. Cuando el rey comprobó
que el volumen desplazado era considerablemente mayor que el de una corona hecha de oro
puro, el deshonesto orfebre, después de breve juicio, terminó ejecutado.
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