Folia Dermatológica Peruana                               Vol. 12  Nº. 3  Diciembre del 2001

 

TENGO EL ORGULLO DE SER PERUANO

 

Permítanme salirme del tema científico por unos momentos para relatarles mis experiencias con motivo de la visita de un prestigioso profesor a nuestro país.

Últimamente escucho con frecuencia en conversaciones sociales comentarios bastante pesimistas acerca de nuestro futuro como país. La crisis económica que a todos agobia nos pone lentes oscuros, ropa de luto, y sentimientos de velorio. Lógico, nadie va a estar dando brinquitos al cielo o cantándole a la vida, si ha perdido el trabajo, si el presupuesto no alcanza, si la violencia en la calle supera a la ficción cinematográfica. Más aún, el panorama mundial se presenta desalentador, luego de los trágicos sucesos del 11 de septiembre, donde el morir por un ideal ha pasado a ser matar por un ideal, como si la muerte de inocentes se justifica como castigo a un país. En ese estado de depresión colectiva estábamos nosotros mismos cuando recibimos a este importante personaje.

De pronto, nuestra visión del mundo cotidiano es vista a través de los ojos de alguien diferente, de alguien que no vive aquí, y al que todo lo peruano le es ajeno y desconocido. Pues bien, el aeropuerto está ordenado, el tráfico es fluído y llegamos a un hotel limpio, acogedor y con un servicio impecable. Al día siguiente, los sistemas audiovisuales funcionan perfectamente y la asistencia al evento científico sobrepasa nuestras expectativas. Las conferencias son escuchadas con una atención que impresiona al conferencista, y el almuerzo en un restaurante limeño de pescados y la comida en otro al pie de una pirámide inca en el corazón de Miraflores deslumbran al visitante y a los otros comensales. Sin duda alguna nuestra gastronomía , cebiche, tiradito y pisco sour incluído, ponen a nuestras neuronas y papilas gustativas en un espasmo de placer. El rocoto picante y el peruanísimo choclo de gigante grano, sí, ése que se vende también a la salida de nuestros hospitales, son motivo de asombro para el viajero. Claro, otros países también comen muy picante, pero este ají tiene además un sabor delicioso. Nuestras colegas arequipeñas declaran empate en cuanto a la cantidad de ají que un epitelio mucoso puede soportar, pero sin duda el ilustre visitante es el único extranjero visto en estas tierras capaz de comer ají como arequipeño (¿o más?). Fin del día, orgullo peruano al tope del asta.

Día dos. La conferencia no arranca a la hora, sino más temprano, con sala llena, porque faltó tiempo el día anterior (calificable como impuntualidad al revés). Las conferencias se alargan, vamos a acabar muy tarde, hablamos de dejar de lado una charla, organizadores y expositor creemos que la audiencia está agotada. Cuando se lo comunicamos, la audiencia dice no, y claman por su charla, el expositor impresionado por las ganas de aprender del auditorio acepta y el programa se cumple. Éxito total, todos felices y contentos, todos quieren una foto con el maestro.

Luego de un almuerzo criollo de domingo, nos tomamos un descanso reparador, y una visita al centro de Lima a la luz de la noche. Imponente Plaza San Martín, iluminada Plaza de Armas con muchas familias alrededor, disfrutando el último momento de un fin de semana apacible. Pasamos por la Iglesia de San Francisco y a diferencia del clásico bus turístico que se ve en las mañanas, a esa hora el atrio de la iglesia está lleno de fieles que salen de la última Misa del día. Bellos Torre Tagle y San Pedro, apacible Parque Universitario. Una visita fugaz a la otra Lima, la moderna, la que mira al mar desde un cosmopolita y moderno balcón llamado Larco Mar. ¿Sabían que Lima es una de las pocas capitales mundiales a la orilla del mar? Nuestro visitante tampoco. Fin del día y de la visita académica. Orgullo peruano en alto.

Al día siguiente viaje tempranero al Cusco. La puntualidad y el orden por doquier. Excelente servicio en el aeropuerto, en el avión y al llegar al Cusco (no mis comentarios, los del visitante). Un mate de coca y esperar un alucinante viaje a Machu Picchu en helicóptero, primera vez en su vida y en mi vida. Sacsahuaman y el Valle Sagrado son más impresionantes vistos desde el cielo. Qué hermoso paisaje cuando la sierra se vuelve selva , uno se pregunta como hicieron estos Incas para llegar tan lejos. Sin duda una cultura formidable.

Machu Picchu espectacular. Mejor sitio no podría haber para una ciudadela escondida en lo alto de una montaña, de donde uno mira como si estuviera sentado en el lomo de un cóndor gigante, los brazos del río a ambos lados como las alas del ave. Sitio mágico e inolvidable. Regresamos al Cusco, a un hotel Monasterio de más de cuatrocientos años, y que trasmite la paz y tranquilidad que gozaron los iniciales inquilinos de esos claustros. Descanso reparador para evitar la altura.

Al día siguiente una visita temprana a la fortaleza de Sacsahuaman. Un día soleado, y los muros ciclópeos de la fortaleza que se levantan a ambos lados del gramado. No puede ser más impresionante pues sólo somos tres personas, contemplando lo hecho por miles de antepasados, a una escala aún inimaginable para los constructores de hoy. El sentimiento es sobrecogedor, qué minúsculos nos sentimos.

Luego el Koricancha. Los conquistadores construyeron la Iglesia de Santo Domingo encima, para dar la idea de que su cultura dominaba a la otra. No dio resultado, simplemente las ideas se sobreponen pero no se olvida a la Pachamama, la diosa de la tierra , sino que ahora se le llama Virgen María. Los muros de los varios templos que constituían el Koricancha aun se preservan. Frente a frente, muros de piedra lisa, que encajan entre sí de forma tan perfecta que un cabello humano no puede entrar en el espacio entre los bloques, sin necesidad de cemento, han resistido el paso de los siglos y la violencia de los terremotos. Al otro lado, piedras mal cortadas, peor alineadas, unidas por un mortero que se desmorona con el tiempo. Adivinen cual era el muro inca y cual el del conquistador.

Se le pregunta al guía qué piensan hoy en día de los españoles, de los conquistadores. Él responde de forma pragmática, hoy todos los peruanos tenemos sangre de ambos, renegar de uno es renegar de algo que ya pasó y que es parte de nuestra historia. No falsos odios ni enconos, sino la visión del que se sabe heredero de todo esto, de una cultura más allá de lo inca, de lo quechua, de un país con un pasado que se remonta muy atrás en la vida del hombre. En 2 horas de excursión el visitante se lleva la impresión de haber estado en una ciudad monumental, a la que hay que mirar como quien levanta la esquina del mantel para ver el fino tallado de la mesa que hay debajo. Además se lleva la impresión de un pueblo con historia, consciente de lo que significa llevar todas las sangres, de haber nacido en esta hermosa tierra del sol.

Por último, de regreso a Lima, una visita al Museo Poli, el secreto mejor guardado que tiene nuestra ciudad. Una muestra espectacular del arte peruano de siglos pasados, retrocediendo desde lo que hacían nuestros indios en la colonia, hasta la impresionante belleza y el ultramoderno diseño de los orfebres precolombinos. El oro, no sólo como oro, sino como el material donde se plasman obras de arte eternas, todas con un mensaje que representa la presencia de un dios en la mente del artista y no la mundana representación del escudo de armas del conquistador.

Que me disculpen los contadores pero, nada mejor para depreciar un bien que verlo todos los días. La visita de este amigo, me ha hecho reflexionar acerca de lo mucho que es el Perú, no solo un pasado glorioso sino un pueblo amigable, trabajador, orgulloso, capaz de derrotar a dictadores con la fuerza de la más pacífica indignación popular.

Que nadie se crea el cuento que los peruanos son aquellos que salen en los talk shows televisivos, capaces de pegarles a sus esposas o de hacer cualquier cosa por dinero. Tenemos un pasado, tenemos gente buena y laboriosa, deseosa de aprender. Tenemos futuro, solo basta convencernos de ello. Tengo el orgullo de ser peruano, y seré feliz. Gracias a nuestro visitante, por sus ojos miramos de nuevo lo que nos rodea, para decir : Viva el Perú.

Dr. Francisco Bravo

 


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