Folia Dermatológica Peruana
- Vol. 10 • Nº. 4 Diciembre de 1999

 

EDITORIAL

Despedida al Siglo XX

El fatídico siglo XX llegó a su fin. Un siglo tumultuoso, con grandes contrastes, como quizás ningún otro en la historia de la humanidad.

Increíbles avances y logros no imaginados, ni en las ficciones más audaces en tecnología creada por el hombre, han permitido a la medicina, en su ancestral lucha contra la enfermedad y la muerte, mediante vacunas, antibióticos, quimioterápicos y tecnología de punta, eliminar o controlar las temibles epidemias, que siglos pasados diezmaban y aterrorizaban a la población mundial; así como ofrecer una calidad de vida y una prolongación de la expectativa vital, que no tiene precedentes. El manejo de la biología molecular, el conocimiento del genoma humano y la posibilidad de intervenir con la arquitectura genética en los fenómenos más íntimos de la vida, abren un insospechable futuro y esto gracias a la inquebrantable ética de defensa de la vida y de la dignidad humana, que es un valor inmanente y profundamente arraigado históricamente en la mente del médico, identificado auténticamente con su profesión yen la de los que constituyen con él el equipo de salud, en cuyas manos está la defensa y salvaguardia de la salud, considerada ésta y definida así, como "el estado de bienestar físico, mental y social del hombre".

La revolución tecnológica del siglo XX, no sólo ofrece al ser humano vivir más y mejor, sino también pone a su disposición condiciones que le permiten desarrollar ad´infinitum su capacidad creativa y potencialidad ejecutoria, abriéndose así un mundo de increíble riqueza. Existen herramientas tecnológicas que permiten al hombre manejar a su antojo las comunicaciones y la informática. La radiodifusión, telefonía, televisión, internet, comunicaciones vía satélite, viajes espaciales, son ya realidades cotidianas o de muy cercana materialización.

Nos preguntamos ahora, si toda esta maravilla tecnológica, de ciencia ficción hecha realidad, está realmente al servicio y al alcance de la población mayoritaria, o sólo de pequeñas minorías privilegiadas económicamente y la repuesta es en este último sentido. Se está abriendo una brecha cada vez más peligrosa entre los que tienen acceso y los que no lo tienen a este nuevo mundo, incluso a la salud. ¿Qué nos depara el siglo XXI en este aspecto?

Pero, al margen de estas consideraciones de realidades tecnológicas extraordinarias y al servicio de quien están, se tiene la otra visión del curso de la historia en el siglo que se va. En este lapso de cien años se han producido en el mundo acontecimientos dependientes de la conducta humana en su dimensión social que han hecho de éste un siglo trágico. Ambiciones incontroladas de grupos de poder, fanatismo irracional, corrupción, irresponsabilidad, llegada al poder político de psicópatas asesinos que sometieron a colectividades enteras, entre otros factores, que no tienen precedentes en la historia de la humanidad, han provocado millones de muertes, víctimas inocentes asesinadas inmisericordemente por sus propios congéneres de la especie humana y no otros gérmenes o virus, como lo fueran en siglos pasados, con epidemias ahora inexistentes.

Cuando, en la década de los cincuenta, el que suscribe esta nota permaneció algunos años en la Alemania de postguerra, becado por el gobierno alemán en convenio con el peruano, para ampliar e intercambiar conocimientos y prácticas docentes en Medicina Tropical y Dermatología, tuvo la oportunidad, intencionadamente, de visitar algunos de los campos de concentración y de exterminio que los nazis montaron en Alemania y en todos los países ocupados por ellos, donde cientos de miles de personas, hombres, mujeres, ancianos y niños de origen judío, gitanos y otras etnias clasificados como de razas inferiores, así como comunistas y opositores al régimen nazi, eran hacinados, sometidos a trabajo esclavo, en condiciones infrahumanas y finalmente asesinados en diferentes formas, asfixiados en cámaras de gas e incinerados en enormes cámaras crematorias.

En estos campos de concentración, transformados, posteriormente, por la nueva Alemania en museos demostrativos, para servir en sus programas educativos de desmasificación, pude apreciar con horror, entre otras terribles demostraciones de barbarie, lámparas confeccionadas con piel humana de las personas asesinadas y que servían como adorno en las recámaras de los jerarcas nazis. La visión dantesca de estos "campos" me impactó particularmente por haber sufrido personalmente la pérdida de la mayor parte de mis familiares paternos, que fueron asesinados por los nazis, al ocupar su ciudad natal, por el sólo hecho de pertenecer a la comunidad judía rumana. Seis millones de personas de origen judío y veinte millones de seres humanos fue el saldo trágico del dominio nazi en Europa.

En las memorias que escribió antes de su ejecución en Israel, en 1962, Adolf Eichman, asesino convicto y confeso, responsable de crímenes contra la humanidad y principal encargado logístico del "holocausto", sostiene que éste fue "la más grande y más violenta danza de la muerte de todos los tiempos".

El nazismo surgió en Alemania y Austria con una pseudo ideología política nacional socialista, enfermizamente racista, con agresivo ideario de dominación mundial por razas puras que, sustentada en imaginarios y absurdos principios de una pseudo ciencia creada por ellos, fue impuesta, inicialmente, ante la indiferencia e incredulidad de una clase dirigente débil y una intelectualidad vacilante, por una camarilla de aventureros demagogos, psicópatas violentistas, anéticos y ambiciosos de poder, apoyados por grupos económicos y militares igualmente anéticos, en una región que había alcanzado en Europa el más alto prestigio, por su disciplina, altos niveles de desarrollo en todas las expresiones culturales y del pensamiento humano, así como por la evolución a ritmo acelerado de la ciencia y tecnología y por el refinamiento de su población culta en las relaciones humanas; pero, que, desgraciadamente, se asentaba sobre una base social convulsionada por severas e injustas desigualdades.

El nazismo se encargó de destruir todos los valores culturales alemanes y transformó al país en una apocalíptica maquinaria de guerra, represión y muerte; toda oposición era físicamente eliminada, los intelectuales y, particularmente, los médicos fueron sus víctimas, entre los que se encontraban las figuras más destacadas de la Dermatología europea; muchos de ellos pudieron huir de Alemania.

Hitler, dictador supremo de Alemania, pactó con otros dictadores de similar mentalidad, la conquista del mundo; con Mussolini, dictador fascista de Italia, Hirohito, emperador japonés y la complacencia de Franco, dictador falangista de España, constituyó el denominado "Eje" y desató la segunda guerra mundial.

La utilización de la alta tecnología científica e industrial con fines bélicos de exterminio llegó a su punto culminante cuando, después de la destrucción y muerte producidas en toda Europa por el poderío bélico alemán, que logró conquistar casi toda Europa y la respuesta, igualmente destructiva, de las fuerzas rusas y los bombardeos ingleses y norteamericanos, que demolieron las ciudades alemanas (Dresden, "la perla de Europa", Leipzig, Berlín, Hamburgo, etc.), los norteamericanos , que se mantenían inicialmente un tanto al margen del conflicto y después de un alevoso ataque japonés, declaran la guerra al Japón y ante la amenaza de continuar una guerra mundial interminable, deciden emplear la energía nuclear (cuya utilización con fines pacíficos y materia de investigación pura, había sido iniciada y desarrollada en Alemania, por científicos judeo-alemanes, expulsados de su país por los nazis), transformada en dos poderosas bombas atómicas fatídicas, que fueron lanzadas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, con una espantosa capacidad destructiva, que produjeron centenares de miles de muertos, mutilados y dañados de por vida.

El empleo, con fines bélicos, de la energía nuclear contribuyó a terminar con una de las aventuras genocidas de más triste recordación para la humanidad.
El "Eje" se quebró, Alemania destruida fue ocupada por los rusos, ingleses y norteamericanos, los criminales nazis procesados y ejecutados. En Italia, Mussolini y sus huestes fascistas fueron procesados y ejecutados por los propios italianos.El Japón se rindió y fue ocupado por Estados Unidos.

Desgraciadamente, en nuestros países latinoamericanos se han producido, en estas últimas décadas, varias réplicas de la insanía nazi-fascista europea, protagonizadas por dictaduras militares abusivas, que aunque caricaturizadas en comparación con las del viejo mundo, no han dejado de ser menos genocidas, crueles y dañinas para la región.

El epílogo de la segunda guerra mundial, una de las más destructivas e inhumanas, que aconteció en este siglo, nos deja varios mensajes para el próximo avenir y uno muy importante es que la intelectualidad, los profesionales, la gente pensante y, particularmente, los médicos, no debemos mantenernos al margen y ser indiferentes ante el desarrollo político de nuestros países. Es una obligación médica prevenir y preservar la salud social de nuestra patria y eso demanda una participación activa, estando alertas a lo que acontece e interviniendo oportunamente en la medida que nos corresponda.

Felizmente y como un buen pronóstico para el próximo siglo, se constata que la comunidad internacional ha decidido no mantenerse indiferente y tolerar actos que lastiman la dignidad humana, la tortura, el genocidio, delitos de lesa humanidad e intervenir en nombre de ella, frenándolos y haciendo justicia en cualquier lugar de la tierra en donde estos delitos se produzcan.

Una lección histórica a resaltar es la que nos trae recientemente el cable y es la siguiente: "En un histórico discurso pronunciado ante el Parlamento de Israel, el Presidente de Alemania, Johannes Rau, pidió ayer perdón al pueblo judío y a Israel por los crímenes cometidos durante la época nazi. Pido perdón, dijo, por aquello que hicieron los alemanes, por mi y mi generación, por amor a nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, cuyo futuro quiero ver junto al de los hijos de Israel".

Muchos otros tópicos históricos se podrían resaltar como de interés médico, acaecidos en el siglo que se va; pero no es posible tocarlos en esta nota; en el ambiente internacional la experiencia comunista y su desmoronamiento sería uno de ellos y, a nivel nacional, el fenómeno terrorista y la repuesta gubernamental en relación con la defensa de los derechos del hombre, sería otro.

Por último y como despedida de mi responsabilidad como Director General de la Folia Dermatológica Peruana, asumida por disposición estatutaria en mi condición de Presidente de la institución, que acaba de cesar, deseo al doctor Francisco Bravo, Presidente Electo del CIDERM-PERU y nuevo Director de la Folia, éxito en su función, recomendándole continuar con la publicación, que se reinicia en este número, de aspectos relacionados con el Código de Etica y Deontología del Colegio Médico del Perú, que rige la actividad profesional del médico peruano y que ha sido ampliado con aspectos relacionados con la responsabilidad del médico en la sociedad y su interdependencia.

A nuestros lectores en general, así como a los laboratorios farmacéuticos que nos apoyan, mis más sinceros deseos de salud, felicidad y prosperidad para el año 2000, en un mundo con paz, libertad, igualdad, justicia y solidaridad.

Dr. Zuño Burstein Alva

 


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