MISCELÁNEA
María E. Calderón Vargas*
Cada día al recorrer los pasadizos del Instituto de Salud del Niño en
infinitas ocasiones tropezamos con la mirada de él o ella, mirada que se dirige al
vacío, que se esfuerza por ver; entonces apurados y avergonzados volteamos la
cabeza
conmovidos
tal vez
Palabra irónica, salud del niño. Vemos pasar a Milagritos, a Alexandra y se agolpan en
nuestra mente recuerdos y preguntas: ¿Dónde está Jesús?, ¿Y Blanquita?, ¿Qué fue de
Angelito?, ¿Y Manuel?, alguna vez vemos a sus madres prematuramente envejecidas, con el
ceño adusto, nos acercamos a preguntarles conociendo ya la respuesta y se nos oprime el
corazón, tal vez con arrepentimiento, ...debí dedicarle más tiempo, o ...tener más
paciencia, sin embargo ya no puedo hacerlo
tal vez, si existe ese lugar infinito
ahora nos estén mirando y nos dirían lo que siempre quisieron hacer y no pudieron, tal
vez por eso alguien escribió alguna vez:
* Epitafio de ese alguien con
daño cerebral
Bienaventurados los que entienden que aunque mis ojos brillan, mi mente es lenta,
bienaventurados los que saben que mis oídos tienen que esforzarse para comprender lo que
oyen,
Bienaventurados los que al mirarme no ven la comida que dejo caer en el plato,
bienaventurados los que disimulan ante mi extraño paso al caminar y mis manos
torpes.
Bienaventurados los que comprenden que aunque no hablo, mi corazón les dice cuanto los
amo,
Bienaventurados los que me respetan y aman como soy y no como ellos quisieran que
fuera,
Bienaventurados los que con su amor y sus cuidados me acompañaron en mi peregrinar al
encuentro con Dios
*Tomado de La fuerza de Shecid
¿Cuántos merecemos las bienaventuranzas de seres tan inocentes?. En nuestro diario
quehacer los encontramos en todo lugar y momento
y los volvemos a encontrar una y
otra vez. Pasamos por su lado, como si no los quisiéramos ver, como si no nos
conmoviesen; pero quién puede siquiera pensarlo luego de sentir el calor de sus manitas
aferrándose a nuestro cuerpo cuando los examinamos, y percibir su mirada cuando se
sienten amenazados. Acaso en su mente inocente nos conciben como lo más grande...
Aparte de Dios, no existe amor más grande y puro que perdona sin pedirlo siquiera, como
el de estos niños.
* Médico Residente de Pediatría II. UNMSM.
Instituto de Salud del Niño.
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