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PAEDIATRICA
© Asociación de Médicos Residentes  del  Instituto Especializado de Salud del Niño
ISSN versión electrónica 1728-2403

Paediatrica 2001 4(1): 28 - 33

LA NIÑEZ Y LA RECONSTRUCCIÓN PERUANA

Gamaniel Guevara Ch.*

... porque el olvido es la destrucción de la vida, el olvido es la muerte ciñendo su oscuro lazo alrededor del amor.. 

Sebastián Salazar Bondy

¿Cuál es el lugar de la niñez en el Perú de hoy? ¿Qué interés suscita realmente entre quienes están llamados a protegerla y atenderla? ¿Se ejercita efectivamente el cuidado de la salud del niño? ¿Cuál es la importancia que se le  otorga a los niños en la agenda de quienes gobiernan? o pretenden gobernar? 

hoy el país?

Podría parecer prescindible y superfluo formular este grupo de preguntas, sobre todo cuando escuchamos y vemos casi a diario que una serie numerosa de instituciones de distinto tipo y de diferente nivel y extensión están dedicadas a la atención de nuestros niños.

Sin embargo, una observación que salta a la vista y que es posible verificar y analizar con la ayuda de la estadística y/o más allá de ella, es que en nuestro país hay un enorme contraste entre lo que se dice y se hace por la niñez y la verdadera situación en la que viven y se desarrollan los niños peruanos.

Para responder a estas interrogantes haremos una breve referencia y comentarios a algunos planes y programas que en la última década han sido dirigidos a la atención de la infancia en el Perú.

En noviembre de 1992 se promulgó el Plan Nacional de Acción por la Infancia 1992 - 1995 (1). En su Presentación se decía que _ al aprobarlo - el gobierno no solamente cumplía con una importante Convención Internacional ( en septiembre de 1990 el Gobierno Peruano había suscrito la Declaración Mundial sobre Supervivencia, Protección y Desarrollo del Niño ), sino reiteraba su compromiso con los niños peruanos y sus familias. Más adelante se subrayaba que: "...sin el bienestar de nuestros niños el progreso es imposible".

El Plan precisó tres grandes objetivos: 1. Supervivencia, 2. Desarrollo Infantil, y 3. Protección Infantil. En relación a Supervivencia se propuso: 1.1. Reducir la morbilidad y la mortalidad infantil en menores de 1 y 5 años, 1.2: Disminuir la tasa de mortalidad materna, 1.3: Ampliar el acceso al agua segura y a la eliminación adecuada de excretas. En Desarrollo infantil se planteó: 2.1: Reducir los niveles de desnutrición grave y moderada, 2.2: Dar acceso universal a la educación básica y primaria, 2.1 Disminuir las tasas de analfabetismo. Y en Protección infantil se formuló: 3.1. Mejorar la situación de los menores en circunstancias difíciles.

La estrategia del Plan otorgaba especial relevancia al mejoramiento de los servicios priorizando acciones, integrando los aportes interinstitucionales, propiciando la capacitación en servicio de los recursos humanos y fundamentalmente la integración de la comunidad en la gestión de la atención prestada por las diferentes instituciones. La ejecución del Plan se implementó a través de 5 programas: 1) Salud, 2) Alimentación y nutrición, 3) Agua y saneamiento, 4) Educación, y 5) Menores en circunstancias especialmente difíciles.

Los resultados del Plan, que empezara con perspectivas alentadoras, no alcanzaron sin embargo metas previstas. Según ENDES-1996 (2), entre el período 1986-1991 al 1992-1996 la mortalidad infantil e menores de 1 año disminuyó de 57 a 43 por mil nacidos vivos, es decir, se redujo en 14 puntos, 7 menos de los 20 proyectados en el Plan. Según la misma fuente, en 1996 la mortalidad materna fue de 265 por 100 mil nacimientos, es decir, 45 muertes más ,que las 220 propuestas por el Plan para 1995. Entre 1992 - 1995 hubo ampliación de redes de agua potable y eliminación de excretas, pero los porcentajes de la población Sin acceso a ellas era aún considerable, 33 % y 55 % respectivamente (2). Los niveles de desnutrición moderada y grave en menores de 5 años no alcanzaron el 6 % y 0.8 % proyectado por el Plan para 1995, pues según UNICEF (3) en 1998 éstos eran de 8 %y 1 % respectivamente. Algo similar ocurrió con la ampliación de los servicios educativos para menores de 5 años: según el Plan éstos debían llegar al 10 % de niños de 0 a 2 años y 70 % de los de 3 a 5 años para 1995, pero sólo alcanzaron al 3.4 % y 52 % respectivamente. La tasa de analfabetismo en adultos se pensó reducirla al 7 % para 1995, pero ésta fue de 10.5 % en ese año (3).

En julio de 1997 se aprobó el Plan Nacional de Acción por la Infancia 1996 - 2000, orientado por los mismos lineamientos que el anterior, pero con un mayor presupuesto, y cuyos resultados aún son materia de evaluación. No obstante, se puede decir que algunas metas proyectadas para 1995 tuvieron que ser reformuladas para cumplirse en el siguiente período (4).

Durante la década pasada se desarrollaron asimismo Planes Provinciales en Cajamarca, Cusco y Trujillo y un Plan Regional en Arequipa, en los cuales participaron instituciones del sector público, gobiernos regionales y locales, organizaciones no gubernamentales de desarrollo, organizaciones de base, iglesia y universidades. Sus principales objetivos eran realizar el diagnóstico de la situación de la niñez y adolescencia, coordinar acciones interinstitucionales, difundir los derechos del niño, promover la defensa y protección de niños en condiciones difíciles, mejorar la cobertura de atención en salud y el acceso a la educación (5).

En ese período se promulgó también el Código de Niños y Adolescentes (Diciembre de 1992), se creó el Ente Rector del Sistema Nacional Integral de Atención al Niño y Adolescente (1995), que luego en 1996 transfirió sus funciones al Ministerio de la Mujer y de Promoción del Desarrollo Humano, se establecieron Defensorías del Niño y el Adolescente, Fiscalías y juzgados de Familia, así como la División Especializada de la Policía Nacional (6).

No obstante los esfuerzos realizados y los avances logrados sobre todo en ampliación de oferta de servicios de salud, disponibilidad de agua y saneamiento, disminución de la morbilidad infantil y cobertura de inmunizaciones, extensión de la infraestructura educativa, así como en suscitar una conciencia inicial sobre los derechos del niño y la mujer, todavía se está bastante lejos de las metas deseables en atención de la salud y el desarrollo infantil.

¿Era posible que un país en desarrollo como el Perú hubiera logrado mejores resultados? la respuesta es afirmativa. Existen tres países hispanoamericanos que han conquistado niveles de salud y protección de la vida similares a países desarrollados. Entre 1960 y 1998 Chile, Costa Rica y Cuba redujeron su tasa de mortalidad para menores de 5 años a la décima parte, y para menores de 1 año a la octava parte aproximadamente. En el mismo período el Perú redujo estas tasas a alrededor de una cuarta y tercera parte respectivamente. La mortalidad infantil de menores de 1 año en el Perú es 3.9 veces más que en Chile y 6.1 veces más que en Cuba, y la mortalidad de menores de 5 años es 4.5 y 6.8 mayor que en dichos países respectivamente. Para 1990 - 1998 el número de muertes anuales de menores de 5 años en el Perú fue de 33 mil, una proporción que con respecto a la población total es de 6.5 veces más que en Chile y Costa Rica y 14.7 más que en Cuba. Para el mismo período el porcentaje de desnutrición crónica en menores de 5 años fue en el Perú 13 veces mayor que en Chile, y la mortalidad materna fue 11.7 y 10.0 veces mayor que en Chile y Cuba respectivamente (3).

Una explicación provisoria del alcance limitado del trabajo en salud infantil en la década pasada y del ritmo lento de avance en mejorar los niveles de vida de la niñez en el Perú, puede considerar las siguientes explicaciones inmediatas:

  1. Los recursos aportados para la ejecución del Plan si bien representaron sumas importantes fueron insuficientes no sólo para atender la magnitud de la problemática infantil sino aún para lograr los objetivos señalados. El presupuesto ejecutivo representó entre el 0.2 y el 0.3 del P131 de esos años. Cuando se lo compara con el 2.7 a 3.4 de lo gastado en Defensa, o con el 2.9 a 3.4 del pago de la Deuda Externa, constatamos que en la política económica de la década pasada no hubo una correspondencia entre el enunciado de proteger a la infancia y la prioridad real otorgada a la misma (1,7).

  2. La ejecución del Plan no tuvo la organicidad y coherencia necesarias debido a la multiplicidad y descoordinación de los organismos participantes, entre los que hubo superposición u omisión de tareas. Tampoco se logró la efectividad requerida porque la estructuración burocrática de numerosas instituciones dificultó su articulación adecuada con las organizaciones sociales de base.

  3. Otros factores desfavorables fueron, de un lado, la debilidad organizativa y participativa de la comunidad y, de otro lado, la centralización excesiva de algunas acciones y su utilización con fines proselitistas.

  4. Tampoco se logró - a niveles dirigenciales, intermedios, operativos y de la población - la sensibilización apropiada sobre la importancia y trascendencia de lograr las metas y objetivos del Plan.

  5. Otro hecho negativo fundamental fue el sesgo de la reestructuración económica llevada a cabo por el gobierno en la década del 90. Esta restringió de manera sustantiva el gasto social y mantuvo a más de la mitad de la población por debajo de la línea de pobreza (7).

El presente proceso electoral podría ser propicio para conocer cuál es el lugar del niño en el orden del día de quienes pretender gobernar el país. Lamentablemente, la difusión y discusión de los programas de gobierno es bastante pobre, pues el escenario político se halla distorsionado por los efectos de la profunda corrupción en la gestión del régimen pasado y por un planteamiento equívoco de la campaña eleccionaria.

Los problemas que más preocupan a los candidatos corresponden a los temas económico (generación de empleo, equilibrio fiscal, reactivación de la productividad) y político social (lucha contra la corrupción y fortalecimiento de la democracia). La niñez aparece como sujeto de atención en algunas propuestas educativas; en otras, como posibilidad de acceso a servicios de salud o de lucha contra la desnutrición y la pobreza (8, 9).

Es decir, el problema de la niñez _ al igual que el problema de la salud _ aún ocupa un lugar secundario y colateral en la agencia de los futuros gobernantes; no es visto central y globalmente sino sectorial y segmentariamente, y más como asunto de sobrevivencia, de oferta de servicios o atención primaria que de desarrollo humano y desarrollo infantil integral.

Debido a que uno de los proyectos de desarrollo nacional a corto y mediano plazo mejor formulados es el del programa Agenda: PERU (10), comentaremos brevemente lo que en él se refiere a la atención de la niñez. El proyecto articula una visión compartida de futuro, y un conjunto de propuestas para avanzar hacia la prosperidad en los dos primeros decenios del siglo 21.

Utilizando una metáfora textil, el programa Agenda: PERU propone cuatro líneas estratégicas - transformación productiva y competitividad; integridad, equidad y justicia social; gestión del medio ambiente, ciencia y tecnología, y ocupación del territorio e infraestructura física ? que serían como las hebras de la trama del tejido social, económico y cultura¡ que el Perú debe reconstruir. las reformas institucionales - que abarcan al Estado, al sector privado, a las organizaciones de la sociedad civil y a las instituciones de seguridad ? configurarían las hebras de la urdimbre. Los rasgos de nuestra identidad, los valores democráticos y la conciencia ciudadana proporcionarían los hilos, el entramado que une a las hebras, los colores y la imagen que mostraría el tejido reconstituido.

Los aspectos relacionados con la atención a la niñez están incorporados en la segunda línea estratégica: integración, equidad y justicia social. Sus componentes son: provisión de servicios sociales básicos (educación, salud, nutrición, saneamiento y vivienda); lucha contra la pobreza; y generación de empleo y ampliación del acceso a los bienes y servicios.

El lema de la niñez es abordado a partir de la óptica educativa. Afirmando que la educación es el principal determinante de la calidad de vida y de las oportunidades de desarrollo de las personas, se hacen alcances sobre los logros (principalmente en expansión cuantitativa) y limitaciones (sin avances significativos en la equidad, eficiencia, calidad y pertinencia) del sistema educativo peruano.

Sin embargo, en el párrafo Atención integral a la infancia se dice algo de mucha importancia: Preparara los niños para el aprendizaje es un asunto que requiere de la mayor atención al momento de formular políticas sociales en el corto plazo. Esto demanda integrar las iniciativas de salud, educación y nutrición y orientarlas hacia las necesidades de los niños durante los cinco primeros años de vida. Este objetivo debe complementarse con programas que mejoren el desempeño de los padres como educadores y reforzando los servicios que prestan las guarderías públicas y privadas, ya que muchas madres trabajan para ayudar a mantener el hogar. El niño debe ser el centro de un enfoque que integre una serie de programas gubernamentales dispersos y de esfuerzos aislados en diversos campos.

El problema de la salud, nutrición y saneamiento se tratan desde el punto de vista de la oferta de servicios, anotándose que pese a los esfuerzos por ampliar su cobertura en la última década, las deficiencias en la disponibilidad de ellos demuestran que queda aún mucho por hacer. Sólo un 44% del total de la población tuvo acceso a servicios de salud en la primera mitad de los noventa, mientras que más de la cuarta parte careció de agua potable y más del 40% no contó con saneamiento.

Respecto a nutrición se menciona que aún es alto el índice de desnutrición crónica infantil y que la oferta calórica diaria percápita en el Perú en 1992 era 1863 calorías, inferior al promedio de países considerados como de desarrollo humano bajo. Se plantea que el acceso a una canasta básica de alimentos debe considerarse un derecho de todos, independientemente del nivel de ingreso, de la situación social o de la procedencia geográfica.

Una propuesta importante del programa Agenda: PERU es la de diseñar urgentemente una Política nacional de salud que articule los servicios públicos, privados y las redes locales de salud. Ésta debería surgir de un amplio debate y sustentarse en un consenso nacional. Y tendría que coordinarse estrechamente con los programas de nutrición, saneamiento y educación para brindar una atención Integral, especialmente a los grupos más vulnerables.

Igualmente importante es la idea de tender hacia un sistema de salud pluralista, equitativo y eficiente que busque un balance más adecuado entre la prevención y la curación, supere los grandes desequilibrios en la prestación de servicios, amplíe la participación ciudadana en la toma de decisiones, la prestación de servicios y la fiscalización de las instituciones de salud y avance hacia un sistema pluralista de servicios de salud.

Como puede apreciarse estas propuestas deberían merecer una difusión amplia y podrían servir como puntos de referencia en el debate de opciones a adoptar en la atención a la infancia en el Perú. Dentro de esta perspectiva y desde la óptica educativa, debemos mencionar también que en enero del presente año por iniciativa del Ministerio de Educación se conformó la Comisión para un Acuerdo Nacional por la Educación, la que a través de un diálogo abierto y plural entre el Estado y la sociedad civil, pretende arribara julio del 2001 a una propuesta educacional a presentarse al país y al próximo gobierno como base de un Proyecto Educativo Nacional al 2015 (11). 

La suerte de los niños esta indesligablemente unida a la suerte de sus familias. Y en el Perú de hoy la suerte de la mayoría de familias está signada por el sello de la pobreza y la falta de oportunidades de progreso social. En efecto, más de la mitad de las familias peruanas vive en situación de pobreza, y en las zonas rurales más de dos terceras partes de la población es pobre y cerca de la mitad vive en pobreza extrema (es decir, sin poder cubrir siquiera sus gastos de alimentación). Aún las familias cuyos ingresos superan ligeramente el costo de la canasta básica familiar (por lo que la estadística los clasifica como no pobres) viven en realidad en condiciones cualitativamente similares a los de las familias pobres (6,12,13).

La pobreza no sólo representa la carencia dramática de los principales e indispensables medios materiales de vida (alimento, vestido, vivienda, saneamiento ambiental, etc.), sino también la exclusión peligrosa e inicua al estímulo, la alegría, la educación, la recreación, al desarrollo libre y digno de la persona. La pobreza es la causa mayor y el riesgo fundamental para un desarrollo infantil limitado o frustro, y no sólo en razón a la desnutrición y sus secuelas irreversibles, sino respecto a lodo el contexto social y cultural que determina.

La pobreza genera angustia, inseguridad, depresión, sensación de minusvalía y poca comunicación en los hogares pauperizados. Actúa también como un agente que atiza los conflictos al interior de la familia, que separa y disgrega a sus miembros, que induce a la violencia y al maltrato infantil. 

Por otro lado, en la mayoría de familias peruanas aún prevalecen patrones de vida y cultura donde se privilegia al varón adulto ( el que trae el sustento para la familia ) y todavía se ve el desarrollo infantil como un proceso casi espontáneo, que requiere poca participación de los padres y de la sociedad.

Cuando se dan épocas de crisis y recesión como, la que vivimos, no sólo se produce una disminución real de los salarios de los trabajadores (y con ello una disminución de posibilidades de reproducir su existencia y la de su familia) sino que se incrementa dramáticamente el contingente de desocupados, se amplía y profundiza la pobreza y la inseguridad, y son lanzados a las calles y a la informalidad decenas de miles de jóvenes, mujeres y niños en búsqueda desesperada de medios de subsistencia, aumentando enormemente no sólo los riegos de enfermar y morir, sino de generar actitudes y conductas erróneas y antisociales (12, 14). Quienes conservan sus empleos tampoco están a salvo de riesgos para su salud pues por la prolongación de la jornada laboral están más expuestos a la fatiga, al estrés y los accidentes de trabajo.

La salud de los niños no puede pues desvincularse de la suerte de sus padres y su familia. Y la suerte de estos no puede desvincularse de la ubicación que tiene en la estructuración social del proceso productivo, es decir, no puede desvincularse de la economía política de un país. Por ello, el problema de la salud y el de la niñez son de orden estructural y no pueden verse o atenderse como un problema sectorial, o de oferta de servicios, o sólo como un asunto de programas asistenciales o alimentarios.

En el Perú de hoy, aún hay carencias clamorosas en la atención de los niños de sectores de extrema pobreza, los niños de 0 a 3 años sobre lodo en lo referente a desarrollo infantil, adolescentes en riesgo o infractores, a niños trabajadores y los de poblaciones étnicas y rurales, para quienes las políticas y programas son de muy baja cobertura y de deficiente calidad. Y aún hay todavía mucho por hacer en la atención de la madre gestante y reducción de los riesgos perinatales, y por supuesto en la reducción de la morbilidad y mortalidad infantil (6,12).

Algunas propuestas a modo de conclusiones

  1. Es imperativo comprender la salud infantil como un aspecto del desarrollo humano. Y al desarrollo humano como factor ineludible que impulsa el progreso y la renovación social.

  2. En tal sentido, atender la salud y desarrollo infantil deben ser el elemento prioritario de una política nacional de desarrollo humano, es decir, de una verdadera política nacional de salud. Y esta a su vez debe ser el centro de la economía política y de la política económica del país.

    Esto equivale a afirmar que la solución del problema de la salud - y por ende de la salud infantil ?en nuestra patria está en el centro de una reconstrucción social, que dirija sus esfuerzos fundamentales al desarrollo de sus fuerzas productivas y a la protección y promoción de su factor humano.

    Esta política de salud deberá ser integral, coherente y orgánica. Es decir, atenderá el problema sanitario como totalidad social, propiciará el esfuerzo unitario y sistemático de Iodos los recursos sociales, y será parte de un proyecto global de desarrollo nacional.

    Asimismo esta política deberá ser nacional (por su contenido, orientación y extensión), social (basada en la participación y desarrollo democrático de la población peruana y orientada a proteger a sus sectores menos favorecidos) y liberadora (dirigida a liberar y dignificar el trabajo humano).

    Y para ser efectiva, tendrá que plasmarse en un sistema nacional de salud ágil, operativo de calidad y eficiente, capaz de dar un trato humano al paciente, integrar adecuadamente la labor preventiva y recuperativa, resolver el problema de la desigual distribución de los servicios, captar el aporte de la comunidad y permitir el acceso de esta en la gestión de la atención.

  3. Para atender esta necesidad vital es imprescindible que el gasto social se eleve significativamente. En la década pasada este representó alrededor del 3% del PBI. Es imperioso que en el quinquenio venidero este se eleve alrededor del 6%, y que el dedicado a la atención a la niñez represente un 1%. La economía de un país no puede construirse sin el hombre o contra el hombre. ¿Qué sentido tiene equilibrar el déficit fiscal, la balanza de pagos, controlar la inflación, etc. si ello conlleva la muerte anual de 33 mil niños y la mutilación del desarrollo personal de más del 50 por ciento de la población?

  4. Los aspectos fundamentales de una economía política y una política económica para el desarrollo humano comprenden evidentemente la reactivación del aparato productivo, el resurgimiento del agro, la descentralización económica, etc., pero la orientación de ello no debe estar dirigida a mantener nuestra condición de país marginal y a ampliar más la brecha entre ricos y pobres, sino a integrarlo con independencia al proceso mundial y a forjar un futuro de amplias posibilidades productivas para su población.

  5. Esto significa en lo inmediato comprometer la mayoría de los esfuerzos en la lucha contra la pobreza, entendida ésta como una lucha por salir del subdesarrollo económico social, la que si bien es cierto comprende el subsidio a los sectores menos favorecidos, implica fundamentalmente la generación de empleo, la mejora de la calidad de vida de la población y la oferta de oportunidades educativas y de superación profesional y laboral.

  6. Desde el punto de vista del desarrollo humano, es deber inmediato asegurar una canasta alimentaria básica a los sectores de población más vulnerables, por ejemplo, las madres gestantes y los menores de 5 años. Es crucial alimentar a los menores de 5 años, sobre todo a los de 0 a 2 años pues las repercusiones de la desnutrición y la falta de estímulo en el desarrollo cerebral de estos niños pueden ser irrecuperables.

    En el mismo sentido, estos sectores de población deben tener acceso gratuito a servicios de salud y medicamentos. Debe generarse un fondo social para el sostenimiento de la alimentación y atención médica de los sectores más pobres.

  7. La atención de la salud infantil debe tener como eje articulador el desarrollo integral del niño. El desarrollo infantil es un proceso complejo y totalizador, resultante de la interacción de los potenciales genéticos del niño y su entorno familiar, comunitario y nacional. El desarrollo infantil comprende cambios biológicos, emocionales, intelectuales, sociales y morales, cuyo último fin es construir a la persona.

    Deben acoplarse recursos materiales y humanos suficientes - con aporte en trabajo de los propios padres ? para dar a los niños desde que nacen, y aún antes del nacimiento, los elementos interactivos que permitan el máximo despliegue de sus potencialidades. Es imprescindible conjugar el amor, el alimento, el estímulo y el buen ejemplo en la atención de los niños pequeños, pues el punto de vista del desarrollo infantil permite superar las limitaciones de los programas de sobrevivencia y atención primaria (15). No olvidar que la cobertura educativa para menores de 2 años aún no alcanza a cubrir el 5%.

  8. Es necesario organizar la atención de la niñez según género, grupos de edad y problemas específicos, sin reducir y segmentar su comprensión, sino integrándolos dentro de una política general de desarrollo humano e infantil. Los servicios de salud, las Instituciones de defensa del niño, el sistema escolar, la educación física, la recreación, los deportes y la gran variedad de actividades culturales que involucran a la niñez deben orientarse a un propósito común: el desarrollo de la persona.

  9. Debe generarse entre los diversos niveles, organismos e instituciones que tiene relación con el cuidado y la atención infantil conciencia de la importancia del desarrollo infantil para el progreso nacional y la continuidad histórico cultural nacional. En ese sentido debemos propiciar un Acuerdo Nacional por la Niñez Peruana que proponga un Plan de atención integral de la infancia a corto, mediano y largo plazo.

  10. A fin de que esta propuesta pueda ser materializada sobre bases realistas es conveniente promover un censo nacional enfocado a precisar los datos relativos a salud y educación. Esta puede ser también una manera de superar las limitaciones estadísticas de los últimos años, en las que los niveles de subregistro de morbilidad, mortalidad, etc. han sido considerables.

    El futuro de la niñez peruana para los próximos años, aún no muestra una clara perspectiva de bienestar y desarrollo. Pero tenemos de participar en el debate de su problemática haciendo conocer nuestra opinión acerca de las posibles alternativas a elegir. Esperamos que estas ideas encuentren acogida entre quienes sientan el deber moral y social de no dejar a la niñez librada a la indiferencia o al olvido de quienes están en la obligación de entenderla, atenderla y promoverla. 

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* Pedíatra,  profesor principal de la UNMSM

 

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