El olvido está lleno de memoria. Juventud, universitaria y violencia política en el Perú: la matanza de estudiantes de La Cantuta. Sandoval López, Pablo G.

 


PRESENTACIÓN

MEMORIAS, VIOLENCIA POLÍTICA Y PODER EN EL PERÚ



"Es cuando casi no le queda a uno sino memorias y olvidos
que se toma conciencia de murmurante precipicio insondable"

Emilio A. Westphalen, Ha vuelto la Diosa Ambarina



En las últimas décadas se viene configurando un campo de reflexión académica y de acción política alrededor del tema de la memoria, por naturaleza multidisciplinario, pues abarca disciplinas como la filosofía, la historia, pasando por el psicoanálisis, la antropología, incluso las técnicas etnográficas. Este debate surge, entre otras razones, porque en la escena contemporánea vivimos lo que algunos autores han denominado una "explosión de la memoria" (Huyssen 2000). Estamos atravesando un escenario en el que en apariencia la densidad histórica pierde terreno frente al avance intensivo de los medios de comunicación, por el clima cultural de la posmodernidad y la desestabilización de las identidades bajo el impacto de la globalización, las cuales no permiten la supervivencia de rastros del pasado en el presente y se diluye la necesidad de futuro. En palabras de Huyssen, "(los) discursos de la memoria... surgieron en Occidente después de la década del 60 del siglo XX como consecuencia de la descolonización y de los nuevos movimientos sociales que buscaban historiografías alternativas y revisionistas. La búsqueda de otras tradiciones y la tradición de los 'otros' vino acompañada por múltiples postulados sobre el fin: el fin de la historia, la muerte del sujeto, el fin de la obra de arte, el fin de los metarrelatos" (2000:14). Estaríamos arribando entonces a un debilitamiento del pasado: a un presente autista. En ese contexto, es que el historiador francés Pierre Nora (1984), siente la necesidad de construir lugares de memoria donde el recuerdo y la memoria del estado nación sea depositado en lugares geográficos: museos, plazas, monumentos, panteones.

Por otro lado, el debate sobre la(s) memoria(s) surge en contextos de profundas rupturas en el ordenamiento histórico de la sociedad. Es una reflexión que emerge en la mayoría de los casos luego de hechos traumáticos que alteraron la continuidad histórica de la sociedad, produciendo quiebres no sólo del orden democrático sino amenazando incluso la idea misma de convivencia social. En el siglo XX, el Holocausto nazi se convirtió en referencia emblemática obligada al momento de discutir sobre la conflictiva relación entre civilización occidental, modernidad y memoria. Al respecto, el sociólogo alemán Zygmunt Bauman anota: "El Holocausto no resultó de un escape irracional de aquellos residuos todavía no erradicados de la barbarie premoderna. Fue un inquilino legítimo de la casa de la modernidad, un inquilino que no se habría sentido cómodo en ningún otro edificio" (1998:23). Bauman se explaya: "El terror no expresado sobre el Holocausto que impregna nuestra memoria colectiva, relacionado con el deseo abrumador de no mirar el recuerdo de frente, es la sospecha corrosiva de que el Holocausto pudo haber sido algo más que una aberración, algo más que una desviación de la senda del progreso, algo más que un tumor canceroso en el cuerpo saludable de la sociedad civilizada; que, en resumen, el Holocausto no fue la antítesis de la civilización moderna y de todo lo que esta representa o, al menos, eso es lo que queremos creer. Sospechamos, aunque nos neguemos a admitirlo, que el Holocausto podría haber descubierto un rostro oculto de nuestra sociedad moderna, un rostro distinto del que ya conocemos y admiramos. Y que los dos coexisten con toda comodidad unidos al mismo cuerpo. Lo que acaso nos da más miedo es que ninguno de los dos puede vivir sin el otro, que están unidos como las dos caras de una moneda" (p. 9).

O como lo plantea Andrés Huyssen: "En el movimiento transnacional de los discursos de la memoria, el Holocausto pierde su calidad de índice del acontecimiento histórico específico y comienza a funcionar como una metáfora de otras historias traumáticas y de su memoria. El Holocausto devenido en tropos universal es el requisito previo para descentrarlo y utilizarlo como un poderoso prisma a través del cual podemos percibir otros genocidios. La dimensión global y local de la memoria del Holocausto ha entrado en nuevas constelaciones que reclaman un análisis pormenorizado caso por caso" (2000:15).

No obstante, Tzvetan Todorov (2000) se interroga por la forma en la que el Holocausto nazi se ha convertido en ciertos medios intelectuales en un emblema universal de la "degradación" de la civilización occidental, subordinando otras "degradaciones", por ejemplo las masacres a minorías étnicas bajo el stalinismo, o las masacres de Pol Pot en Camboya.

Pero más allá de estas discrepancias, es a partir de este evento traumático en la historia de la humanidad que comienza a abrirse paso el tema de la memoria y a configurarse este campo reflexivo con los recuerdos, por ejemplo, de los sobrevivientes a los campos de concentración. Los múltiples testimonios de sobrevivientes, por mencionar sólo los de Auschwitz, han merecido interesantes reflexiones de testigos como Primo Levi (1989) o preocupaciones como la de Giorgio Agamben (2000).

En América Latina, y específicamente en los países del Cono Sur (Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil) el tema emerge como resultado de quiebres históricos en la sociedad producto de las dictaduras militares en la segunda mitad del siglo XX. En efecto, en estos países el debate sobre la memoria se abre paso después de los autoritarismos militares vividos en los años 70s y 80s, con las dictaduras y el terrorismo de estado que padecieron durante largos años, en un contexto de transiciones democráticas y resurgimiento de movimientos sociales, principalmente el de familiares directos de víctimas del terrorismo de estado, como es el caso del movimiento de las madres de la Plaza de Mayo, en Argentina. Estos movimientos sociales por la defensa de los derechos humanos se articularon alrededor de consignas como "ni olvido ni perdón", "recordar para no repetir", en su lucha constante por justicia ante la impunidad y las leyes de amnistía (Jelin 1995, Catela 2001). En ese contexto es que comienza a consolidarse un campo de reflexión y trabajo académico.

En el Perú recién se está abriendo como campo académico y de reflexión respecto a este tema. Precisamente esta tesis pretende aportar a la discusión sobre la formación de memorias y subjetividades en la actual sociedad peruana post-violencia. Sin embargo habría que anotar una particularidad del actual contexto reflexivo alrededor del tema de la memoria. Se trata del tiempo político en que este debate se produce: el período de transición democrática y el reacómodo de los actores políticos ante la caída del fujimorismo. Entre 1990 y el 2000, el Perú se vio envuelto en un régimen de dominación social y política que gruesamente los analistas han denominado fujimorismo (Cotler/Grompone:2000, Degregori:2001). El desarrollo de este régimen autoritario trajo consigo, además de la exacerbción de la pobreza y la inequidad, y de una brutal concentración de poder entre una camarilla política- militar; una peculiar manera de interpretar el pasado político del Perú de los últimos treinta años. Degregori (2001) ha enfatizado el carácter... poner sobre memoria del fujimorismo...

Las tesis de la memoria salvadora del fujimorismo es muy fácil y simple. Desde el 17 de mayo de 1980, en la comunidad de Chuschi (Ayacucho), el Partido Comunista del Perú, denominado Sendero Luminoso (SL) daba inicio a su llamada "guerra popular". Por entonces SL era un partido básicamente regional, con núcleos muy pequeños fuera de Ayacucho, su base principal. Lo conformaban en su inmensa mayoría profesores y estudiantes universitarios, maestros y alumnos de escuelas rurales, todos ellos con el claro objetivo de declarar la guerra al estado peruano. Desde entonces mucha agua ha corrido bajo el puente. Para 1992 (año de la captura de Abimael Guzmán, máximo líder senderista), la violencia política había provocado más de 22 mil atentados y cobrado más de 25 mil muertos. Los costos y pérdidas materiales durante la década del ochenta ascendieron a 22,000 millones de dólares, monto equivalente al valor total de la deuda externa del Perú de aquellos años. Crisis, fragmentación, violencia y terror eran variables cotidianas a tener en cuenta cuando se hablaba sobre el Perú de los ochenta y principios de los noventa.

Frente a este escenario, el régimen fujimorista construyo una narrativa acerca de la violencia política en la que su papel y ubicación en el proceso lo convertían en los grandes salvadores y ordenadores de la sociedad.

Sin embargo hay tres elementos que contrastan el caso peruano con el del Cono Sur:

- Primero, la incidencia muy fuerte del factor étnico. El desarrollo de la violencia política en el Perú estuvo anclado en una clara distinción étnica y cultural de las víctimas. Tanto los grupos subversivos como las Fuerzas Armadas basaron sus estrategias represivas sobre la base de la discriminación racista entre costeños y serranos, entre urbanos y campesinos. Y por debajo de esta distinción y escisión étnica está la ausencia de un ejercicio de ciudadanía plena.

- Segundo, diferencias en los niveles de ciudadanía. Mientras en los países del cono sur el proceso de consolidación ciudadana estuvo históricamente más asentado, el perfil sociocultural de las víctimas del terrorismo de estado, eran ciudadanos de clase media, urbanos que sabían en cierta medida con mayor amplitud sus deberes y derechos. En el caso peruano, a partir de estas fronteras étnico-culturales, clasistas, de género y regionales, las nociones básicas de deberes y derechos estuvieron siempre ausentes por la exclusión de las poblaciones indígenas en la fundación del nuevo estado-nación en el siglo XIX y del ejercicio real (más no jurídico) de la ciudadanía. En el Perú las víctimas de la violencia fueron mayoritariamente poblaciones rurales indígenas: quechuas, aymaras y poblaciones amazónicas.

- Tercero, la naturaleza de la violencia. En el cono sur la violencia fue ejercida principalmente por los órganos del estado a través de sus Fuerzas Armadas: un terrorismo de estado. En el Perú la violencia política se desencadena por los grupos subversivos (Partido Comunista del Perú, Sendero Luminoso (SL) y el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru, MRTA) y la represión de las fuerzas armadas y policiales, teniendo a los sectores campesinos y urbanos populares en medio de dos fuegos.

1.2 La historia de la memoria...

Entonces, con esas características es que se va conformando en América Latina, y en el Perú en particular, este campo de reflexión académica y de acción política. La apertura de este tema tiene que ver también con los desarrollos mismos de las ciencias sociales y en general con sus desplazamientos epistemológicos. En los últimos años vemos el paso de un positivismo decimonónico, de un estructuralismo que expulsaba la acción de los sujetos de la historia y que su tema de investigación no eran otros sujetos, sino esa realidad impersonal que se encuentra más allá de las apariencias: las estructuras, la ideología y su articulación entre ellas; hacia otras aproximaciones que reposicionan y reivindicaban la acción de los actores y sus heterogéneas subjetividades en la producción de la sociedad1 . Arribamos entonces a una aproximación epistemológica que parte de reconocer la imposibilidad de un observador neutro, absolutamente objetivo, y que reconoce además los espacios sociales desde los cuales se observa la realidad. Décadas atrás las posiciones más ortodoxas del marxismo enfatizaban el carácter de clase del conocimiento, subordinando otras dimensiones de la vida social. Sin embargo hoy la mirada de la cual partimos enfatiza su historicidad cargada por múltiples factores que influyen en su aproximación: la clase, la etnicidad, la raza, el género, la generación. En lo que concierne estrictamente a la antropología, las posiciones posmodernas han insistido en esta peculiaridad del conocimiento antropológico2.

Sin embargo se nos presenta un problema: ¿cómo evitar caer en el extremo de considerar que "todo depende del color con que se mire la realidad", y caer en el relativismo total?. Radicalizando esta perspectiva sería inevitable llegar a la conclusión que la historia es un simple discurso o un mero relato, y que cualquier discurso tiene igual validez histórica. Llegado a este punto son pertinentes las reflexiones de Elizabeth Jelin acerca de la historización de la(s) memoria(s). Jelin (2001) enfatiza que el "concepto" de memoria es algo diferente al de historia. La historia clásica partía del reconocimiento de que los datos duros, exactos, eran imprescindibles a la hora de reconstruir el pasado. No esta muy lejana aquella consigna de la profesión: "a cada afirmación, un documento", que pretendía una reconstrucción objetiva del pasado3. Por el contrario, cuando hablamos de memoria hacemos referencia no a la reconstrucción objetiva y positivista del pasado, sino por el contrario se apela a las percepciones que los sujetos se hacen en el presente al momento de reconstruir un pasado, experimentado directa o indirectamente. Bajo esa premisa, el pasado se convierte en un espacio de múltiples significados y contenidos, por lo cual se inicia una lucha simbólica y discursiva por otorgarle sentidos. Sin embargo, no debemos separar tajantemente el pasado del futuro. Si bien es cierto que la memoria es un pasado que habita todavía en el presente, que lo asedia sin tomar distancia, como un fantasma, el pasado no puede ser separado del futuro, pues se corre el riesgo de obsesionarse por el "carácter pasado" del pasado. Por tanto es "necesario situar el estudio... en el marco de una dialéctica más amplia, en la que prevalece la relación con el futuro en lugar de con el pasado" (Ricoeur 1999:23).

¿Qué quiere decir entonces historización de la memoria?. Si bien es cierto que cada individuo o grupo resignifica y reconstruye el pasado en sus memorias, esta resignificación se da dentro de un marco y horizonte temporal. No es un sujeto que actúa en el vacío histórico, en total libertad de inventar lo que sea. Por el contrario es un sujeto enmarcado dentro de ciertos "horizontes de expectativas" (Koselleck 1993), "estructuras de sentimiento" (Williams 1980), en ciertos sentidos comunes que se modifican con el correr del tiempo. Este marco histórico y esta temporalidad, constituyen el lugar desde el cual el sujeto o los grupos recuerdan. Memoria y dimensión temporal son pues dos conceptos indesligables. Y esta historización de la memoria, estos cambios en la reconstrucción del pasado en diferentes períodos históricos están atravesados por cambios en las relaciones de poder.4

El pasado es entonces resignificado cuando irrumpen nuevos actores que modifican el contexto histórico y la estructura de poder. Es allí que, por ejemplo, hechos que parecían olvidados regresan, o hechos que estaban muy presentes pueden caer en el olvido. En ese caso estamos hablando de memorias hegemónicas y subalternas, que muchas veces pretendían constituirse en historias oficiales, o por el contrario quedar relegadas al ámbito privado o marginal. Pero esta situación no es eterna. Si asumimos que las memorias tienen un trasfondo temporal, a su vez estamos afirmando su historicidad, por lo cual es posible la alteración de lo hegemónico y lo subalterno (Laclau/Mouffe:1988), de las relaciones sociales que hacen posible la sustentación de estructuras de poder que se asientan en el olvido5. En esos contextos, la reconstrucción del pasado es percibida como una oposición al poder.

Precisamente, la presente tesis pretende contribuir a la discusión de la construcción de las memorias en el periodo político denominado fujimorismo. Para ello hemos tomado como eje de análisis la construcción de memorias y olvidos a raíz de la matanza, en julio de 1992, de nueve estudiantes y un profesor de la Universidad Nacional de Educación, Enrique Guzmán y Valle, La Cantuta.


Metodología

El modelo de trabajo y la estrategia metodológica se basó en el recojo de narrativas personales en el formato de historias de vida. Buscamos la continuidad y las rupturas temporales en las biografías de estos jóvenes (los ex-militantes de SL y los jóvenes de la segunda mitad del 2000) como fuente para entender sus percepciones sobre su militancia, en especial el vínculo entre su propia vida, el partido y el estado; su vida universitaria, las instituciones y la política6. Para ello recurrimos a las siguientes estrategias:

    a) Revisión bibliográfica de la literatura sobre la violencia política en el Perú, en especial la referida a Sendero Luminoso. La intención de esta discusión bibliográfica es extender la comprensión académica de Sendero Luminoso, percibida generalmente en relación a las características y perfiles de su cúpula; y sus bases (en nuestro caso los estudiantes) entendidas como simples seguidoras fanáticas de la ideología senderista.

    b) Entrevistas en el formato de historias de vida a ex-estudiantes senderistas que pasaron por la universidad La Cantuta entre 1990 y 1995.

    c) Revisión de los materiales gráficos senderistas. Volantes, folletos, documentos. Prestamos especial atención a El Diario, vocero oficial del partido, donde se plasmaron las principales posiciones del partido y debates respecto de la revolución, su estrategia y opiniones de coyuntura. Esta revisión nos permitió entender los referentes ideológicos coyunturales en las historias de vida recogidas. Estas publicaciones se encuentran archivadas en la biblioteca del Instituto de Estudios Peruanos, el Centro de Documentación de la Asociación Pro-Derechos Humanos (Aprodeh), y el Centro de Documentación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad católica del Perú.

    d) Observación participante en asambleas y demás actividades políticas promovidas en la universidad La Cantuta. Además las romerías y demás actividades conmemorativas realizadas por los estudiantes en la universidad La Cantuta y San Marcos.

El análisis de la información recogida, la sistematización y redacción de los resultados se realizará bajo el "sesgo" de una mirada histórica, tomando en cuenta las categorías propios de la sociología y antropología política, a fin de esclarecer conceptualmente el proceso de violencia política en un contexto y coyuntura histórica.


Agradecimientos:

Usualmente soy reacio a este tipo de rituales. Pero como antropólogo entiendo que todo trabajo escrito es también resultado de una serie de circunstancias y afectos, de incertidumbres y anhelos, un producto cultural. Bajo esa mirada hay muchas personas a las que quisiera agradecer por su ayuda para el término de esta tesis. En primer lugar, y sin duda, a mis padres y hermanos por su apoyo y paciencia durante estos años de discrepancias, ausencias y cercanías. Pilar y Samuel -mis padres- cada uno a su manera, me hicieron comprender que la sociedad era diversa y compleja, y que tener ideas diferentes sobre ella no anula en lo absoluto el apego al calor familiar. A ellos con todo cariño y aprecio.

Asimismo, a las personas e instituciones que hicieron posible la investigación y redacción de estas páginas. Al Social Science Research Council (SSRC) de Nueva York en las personas de Eric Hersberg y Rebecca Lichtenfeld, por brindarme en el verano del 2000 una beca de investigación en el marco del programa "Memoria colectiva y represión: perspectivas comparativas sobre el proceso de democratización en el Cono Sur y el Perú". Al Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, por otorgarme en junio del 2001 una beca de apoyo a la redacción de tesis de Licenciatura. Igualmente, al Instituto de Estudios Peruanos (IEP) y su directora Carolina Trivelli por brindarme el espacio necesario para desarrollar cómodamente, y en libertad, mis ideas sobre el movimiento universitario, la violencia política y el país. El IEP es una de esas pocas y raras instituciones que aún brega por mantener un espacio de reflexión seria y tolerante sobre el Perú.

Carlos Iván Degregori, asesor de esta tesis, profesor y amigo en muchas faenas antropológicas, ha sido en los últimos años un guía amable, paciente y tolerante en mis errores y aciertos sobre la antropología y la vida. Pedro Jacinto y Ramón Pajuelo me enseñaron los primeros secretos del quehacer antropológico y algunos trucos sobre la etnografía como experiencia de vida. Espero haber aprendido de todos ellos algunas de sus enseñanzas.

Elizabeth Jelin (Shevy) y Steve Stern leyeron versiones en borrador de esta tesis, sugiriendo ideas y pistas para entender el Perú y sus memorias. Shevy, coordinadora del programa de investigaciones auspiciado por el SSRC, me hizo punzantes anotaciones para entender la historicidad de la noción de hegemonía y la necesidad de pensar la(s) memoria(s) en perspectiva comparada. Estoy en deuda con Lilian Beteta, Julio Vargas, Carolina Garay, y la mancha de Vanguardia y Retaguardia por su terca confianza en que esta tesis sería terminada en algún momento. Su amistad y extraña confianza fueron siempre una referencia constante para mirar hacia adelante. A mis camaradas del Colectivo Amauta con quienes hace algunos años me une una loca apuesta por el futuro. A Marlón Padilla y Walter Ramón amigos y compañeros de estudios absurdamente desaparecidos.

Finalmente a Paty Ames, con quien comparto los días y la pasión por la antropología. Le agradezco infinitamente su aliento y comentarios en los momentos más críticos de esta tesis. Su paz y agudeza intelectual me hicieron entender que la vida tiene color y sabor a picardía. Como es de suponerse, lo escrito en las siguientes páginas es de mi entera y única resposabilidad.

 


1 En el campo de la reflexión teórica del marxismo puede revisarse el fabuloso libro de E. P. Thompson, Miseria de la teoría (1981) en polémica con el estructuralismo francés de Louis Althusser. Véase además, Alain Touraine (1987), Inmanuell Wallerstein (1998a, 1998b), Roger Chartier (1992), Michel de Certeau (1996), Clifford Geertz (1987), Marshall Shalins (1980), Santiago Castro-Gómez ed. (2000), Carlo Ginzburg (1989), entre otros.

2 Véase, Geertz (1989), Marcus y Clifford eds. (1990), Geertz y Clifford eds. (1996), Clifford (1999).

3 Para una discusión de los nuevos supuestos epistemológicos entre objetividad, verdad e historia véase, Appleby/Hunt/Jacob (1998), de Certeau (1993), Le Goff (1991), Mendiola (2000), Zermeño (1999), Hobsbawn (1998).

Nos dice Jelin (2001): "La historia de las resignificaciones del periodo nazi y de los genocidios cometidos por Alemania, así como los sentidos que el exterminio nazi va teniendo en distintos lugares y momentos, podría llenar bibliotecas enteras. El sentido que se le ha dado y se le sigue dando a la Shoah en Alemania, en Israel, en Estado Unidos, y en otros lugares del mundo, ha ido modificándose a medida que pasa el tiempo, insertándose en tensiones y conflictos políticos (y económicos) específicos" (p. 43).

5 Sobre la construcción histórica de lo hegemónico y lo subalterno puede verse, Gilbert y Nugent eds. (1990).

6 Sobre este punto hemos tenido como referencias principales a Bourdieu (1998), Bertaux (1993), Galperin/Jelin/Kaufman (1998), Passerini (1998), Portelli (1997), Thompson (1993). En especial una investigación de Alessandro Portelli (1998) para observar las resignificaciones en el presente de una masacre alemana en la segunda guerra mundial en una aldea del interior de Italia.

 



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