El olvido está lleno de memoria. Juventud, universitaria y violencia política en el Perú: la matanza de estudiantes de La Cantuta. Sandoval López, Pablo G.

 


INTRODUCCIÓN

 

¡Escucha Fujimori, Cantuta no se olvida!. Era el grito fuerte y unánime de cientos de jóvenes universitarios que el 27 de julio del 2000 marchaban por la avenida Wilson hacia la Plaza Grau, punto de concentración de la Marcha de los 4 Suyos, manifestación donde personas venidas de diversos puntos del país protestaban en Lima por la segunda re-reelección del entonces presidente Alberto Fujimori. Aquella tarde, miles de personas de todas las edades tomaron las calles de Lima protestando contra la inconstitucional juramentación para un tercer mandato presidencial de Alberto Fujimori.

¡La sangre derramada, jamás será olvidada! ¡Ni olvido ni perdón, sanción a los culpables! Frente a Palacio de Justicia, un numeroso grupo de jóvenes, que promediaban los 20 años, marchaban portando pancartas con las fotos de nueve estudiantes y un profesor de la Universidad Nacional de Educación, "La Cantuta" asesinados en julio de 1992. ¡Compañero Hugo Muñoz... presente!, ¡Compañero Enrique Ortiz... presente!, ¡Compañera Bertila Lozano... presente!... siguen las consignas hasta completar los diez nombres. "¿Cuándo un compañero muere?... ¡nunca muere!". Los centenares de jóvenes se detienen, ponen las pancartas sobre el piso y prenden velas a su alrededor. Todos guardan un minuto de silencio, que sólo es interrumpido por la consigna de una joven: ¡Escucha Fujimori, Cantuta no se olvida!. Aplausos.


- ¿Qué significa para tí recordar a los estudiantes de La Cantuta?

- Bueno, no sé, creo que muchas cosas. No olvidar que otros como yo fueron asesinados por órdenes de Montesinos y el grupo Colina, y claro con la complicidad del Chino. Eso le podía suceder a cualquiera de nosotros. Te puedes imaginar que un día se metan a tu casa, me metan un balazo en la cabeza, me quemen; y todo por estar en desacuerdo con el gobierno, por querer que las cosas cambien... No, yo no puedo vivir tranquilo y callado con eso... (Ricardo, 22 años, estudiante de Educación Primaria de la Universidad La Cantuta).

- Algo muy especial, creo que es una sensación de solidaridad contra las víctimas de este gobierno. Yo antes no tenía un recuerdo claro de lo que ocurrió, no sabía con exactitud los hechos; pero recuerdo que en una asamblea un compañero de San Marcos pidió un minuto de silencio por los estudiantes asesinados en 1992. Todos nos sorprendimos porque nunca antes, que yo recuerde, se había pedido un minuto de silencio por La Cantuta. Nos miramos la cara, hasta algunas terminamos con lágrimas en los ojos... era bien bacán porque antes sabíamos vagamente lo que pasó en esos años, nunca nos comprometimos con un acto como ese, ahora creo que soy más conciente... (Vanessa, 20 años, estudiante de Contabilidad de la Universidad San Marcos).

Esta investigación propone estudiar la tensión entre memoria y olvido a lo largo de la década de 1990 alrededor de la matanza de nueve estudiantes y un profesor de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, La Cantuta, en manos de un grupo paramilitar del ejército el 18 de julio de 1992.

Por un lado, encontramos las memorias derrotadas de los universitarios radicales de inicios de los 90s, que no lograron socializar sus recuerdos de la masacre. Por otro, la memoria victoriosa del Estado, que pretende acallar la búsqueda de la verdad y justicia de parte de familiares y organismos de derechos humanos, y que se concreta en la Ley de Amnistía de 1995, que libera a los autores materiales de la matanza. Esto en un contexto de derrota político y militar del Partido Comunista del Perú, Sendero Luminoso (SL) y consolidación de la narrativa estatal de pacificación y reconciliación nacional.

Sin embargo, encontramos también la explosión y resurgimiento de memorias y recuerdos que parecían condenados al olvido. En efecto, los conflictos políticos del 2000 provocaron el desencapsulamiento de memorias que se mantuvieron silenciadas durante los años de auge político del fujimorismo. Dos son los caminos de esta compleja transmisión de la memoria, que le dieron especial interés a esa coyuntura. El primero: una nueva generación de universitarios son los que rememoran a los estudiantes de La Cantuta, construyendo una "nueva memoria" atravesada por su particular experiencia como generación, socializada políticamente en el contexto de apogeo y crisis del fujimorismo. El segundo: el repudio generalizado al asesor de inteligencia Vladimiro Montesinos servirá de gatillador de memorias y, en este sentido, el recuerdo será más una postura ética y política frente al presente (uso de la memoria) que una búsqueda de reparación del daño ocurrido.

Analizaremos las memorias que se articulan alrededor del caso La Cantuta en dos momentos. El primero, se inicia con los acontecimientos (julio del '92) y se extiende hasta la promulgación de la Ley de Amnistía, en julio de 1995. En esta primera parte recogeremos los recuerdos y memorias de estudiantes universitarios de La Cantuta que militaron en Sendero Luminoso. Como se verá, por la misma estructuración jerárquica y vertical de la militancia senderista, y su diferencia con la gran "masa" de simpatizantes, la matanza de estudiantes no produjo, de parte de la organización senderista, una apropiación simbólica de los desaparecidos ni la construcción de un discurso que recogiera la memoria de estas víctimas, distinguiendo claramente entre héroes militantes del partido y la masa periférica. La matanza significó sólo un hecho más dentro de una avalancha de violencia desatada por el desarrollo del "equilibrio estratégico" en la guerra popular, propugnado por Abimael Guzmán desde 1991. La memoria senderista es una "memoria de secta", que se encapsula y atomiza con la derrota de SL. Por esos años (1995-97), sólo queda la memoria marginal de los familiares acompañada sólo por organismos de DD.HH. y opacada por la memoria victoriosa construida por el gobierno. Nos interesa además indagar en los balances personales que estos ex-militantes tienen de la violencia política, y los nuevos marcos interpretativos con que han readaptado su vida cotidiana en el nuevo contexto nacional post-violencia

El segundo escenario se abre con la coyuntura política del 2000. La concentración del repudio ciudadano hacia la figura de Vladimiro Montesinos (autor intelectual de las violaciones de derechos humanos durante el gobierno de Alberto Fujimori) ha generado diversas reacciones y una explosión de memorias, desde 1997 y especialmente en el 2000. En este contexto de polarización, se desata en las marchas de los jóvenes universitarios en el 2000, memorias y recuerdos de La Cantuta, con importantes resignificaciones y reinterpretaciones de los sucesos. Veremos entonces que la memoria se convierte en un espacio de lucha política, con versiones distintas sobre el papel jugado por el Estado y la sociedad en el desarrollo de la violencia política. Este segundo escenario se ubica además en un contexto de transición democrática, en la cual las identidades políticas y las memorias construidas en el contexto político-cultural del fujimorismo están aun por definirse. Veremos, por último, cómo estas nuevas memorias universitarias se acercan o no a la de los familiares de los estudiantes, que luchan desde 1992 por el esclarecimiento de lo ocurrido y por justicia. Esta comparación nos permitirá observar cómo se reproducen entre estas dos memorias las brechas socio-culturales que atraviesan al conjunto de la sociedad peruana.

 



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