El olvido está lleno de memoria. Juventud, universitaria y violencia política en el Perú: la matanza de estudiantes de La Cantuta. Sandoval López, Pablo G.

 


MEMORIAS DESDE LA CERTIDUMBRE

 

En esta nueva etapa de la guerra popular, las universidades nacionales cumplirían un mayor papel protagónico al intensificarse las acciones del Comité Metropolitano de Lima y de organismos generados, como el Movimiento Popular Intelectual y principalmente de Socorro Popular (SOPO)39, que llevaban a cabo labores de proselitismo en las barriadas más pobres de Lima.

Los discursos, en especial el de Sendero, se radicalizaban junto a una masa de jóvenes que veían remota la posibilidad de ingresar al estrecho mercado de trabajo que les exigía una mayor profesionalización y menos "rollos" ideológicos. Al respecto cabe anotar la situación de las Facultades de Educación a nivel nacional. En el Perú hay 36 universidades (19 estatales y 12 privadas) que tienen facultades de educación, 18 de ellas forman maestros primarios. Según cifras del año 1992, las universidades tenían un total de 60,700 alumnos estudiando las diferentes especialidades de educación. "Las cifras nos dicen que desde 1990 las universidades vienen produciendo alrededor de 5,000 maestros por año. Si incluimos los egresados de los institutos superiores, la cantidad de egresados llegarían a 26,000. Un problema crucial es que no todos los egresados son absorbidos por el sistema educativo, ya que se estima que el sistema escolar puede acoger aproximadamente a 6,000 maestros por año" (Oliart 1996:9). En ese contexto, las universidades nacionales y particulares reproducen las diferencias sociales, por la desigual formación universitaria que reciben los estudiantes provenientes de los sectores más excluidos y marginados de la sociedad. Sin embargo, un objetivo en todos es la obtención de un "cartón" que atestigue y prometa una posible inserción en el mercado de trabajo.

Dennis Chávez de Paz al analizar los expedientes de los inculpados por terrorismo entre 1983 y1986, encontraba que su edad promedio era de 26 años; que el 16 por ciento eran mujeres; solteros el 70 por ciento, y migrantes el 76.5 por ciento, de los cuales un 58 por ciento provenían de las provincias más pobres del país, y pese a que el 35.5 por ciento tenían educación universitaria éstos eran pobres o muy pobres (Chávez de Paz 1989:24). Según el reciente Informe de Desaparición Forzada en el Perú publicado por la Defensoría del Pueblo (2001), los jóvenes entre 15 a 34 años ocupan un considerable 66.9% del total de desaparecidos, de los cuales los que tenían educación superior se ubican en segundo lugar en la lista con un 12% (340 desaparecidos), superados solamente por el sector campesino rural con 34% (1352 desaparecidos).

Y si a ello le agregamos el abandono presupuestal del Estado para con las universidades nacionales (y su repliegue a las universidades privadas), éstas entrarían en una aguda crisis, entrampadas entre una mayor masificación de sus aulas, y un acelerado deterioro de su infraestructura y calidad educativa.40

Ante el colapso de la izquierda legal,41 SL recoge el radicalismo impulsado por los demás partidos de izquierda en las décadas previas, que habían construido una "estructura de sentimientos42" y una subjetividad "negativa" hacia la democracia y sus instituciones; prevaleciendo la intención de destruir un sistema inservible con acciones y compromisos en las que no tenían mucho que perder, o en todo caso, con la firme convicción que su participación en la guerra popular les abriría la posibilidad de ascender socialmente en un sistema que le negaba tal posibilidad. En todo caso es una violencia que nace, entre otras causas, de la frustración, y de la incapacidad del sistema político por incorporar y ampliar la participación política de las nuevas clases populares, surgidas de las masivas migraciones campesinas de mediados de siglo.

Así, mientras la primera oleada de radicalización juvenil, iniciada a mediados de los setenta (en fabricas, barrios, universidades), parecía haber conducido en buena medida al proceso de radicalización del conjunto de las clases populares, la segunda oleada, de los ochenta (y los noventa), se ve relativamente distanciada por su inorganicidad del resto de las clases populares y se muestra proclive a inclinarse por propuestas como la de Sendero Luminoso y el MRTA (Cotler 1987:144).

Nos detendremos entonces, un momento, a recoger las memorias de algunos militantes de SL en la universidad La Cantuta, que pasaron por sus aulas entre inicios y mediados de los noventa. Veremos primero su percepción de la universidad, de su militancia, y sus memorias de la matanza de los estudiantes y la ubicación de este hecho en el "equilibrio estratégico" de aquellos años.


3.1 La forja de la militancia43

Roberto tiene en la actualidad 30 años. Ingresa a La Cantuta en 1991 y se puede considerar que fue un chico tranquilo en su infancia. Siempre tuvo vocación por "servir a los demás", motivo que lo impulsa a estudiar educación o derecho. "Siempre demostré que quería hacer algo, desde las colectas en mi barrio hasta las actividades del colegio", nos dice:

"... Yo ingrese a Psicología en 1991 cuando tenía 20 años y ya tenía alguna experiencia... Había participado en algunas marchas en Villa El Salvador, por cuestiones de agua y luz. Pero para mí La Cantuta era algo nuevo, y es más o menos a los tres meses cuando ya empezaba a apoyar algunas acciones del Partido... recuerdo que empecé repartiendo volantes para una conferencia sobre el movimiento obrero. Creo que como estaba bastante entusiasmado con participar en algo, después me invitaron para algunas reuniones de discusión, aunque yo ya sabía para qué me invitaban. No me sorprendió cuando me dijeron para militar aunque me tuvieron en observación por unos dos meses creo... y así empecé a militar pensando siempre en cambiar la sociedad existente, en cambiar la vida de mis compañeros, mi familia. A mi me invitan al partido porque tenía buena boca para los discursos, para convencer a los más jóvenes, creo que se fijaron en el carisma que despertaba en muchos estudiantes...

Caminábamos por las calles y nuestras pintas estaban por toda la ciudad. En la Facultad todas las paredes eran nuestras, o casi todas. Recuerdo que pasaba todo el día en la universidad. En el 91, cuando recién era cachimbo, me metí a activar en el comedor, me pasaba todo el día en el comedor. Salía de mi casa tempranito y llegaba tarde como a las diez, once de la noche... es recién en el 92 que pasé a las escuelas populares, pero la universidad fue mi punto de inicio, ahí conocí a todos mis camaradas...

Sentíamos algo así como que estábamos tomando el poder. Recuerdo bastante fresquito que para sentirnos mejor hablábamos sobre el miedo de los tombos y los milicos, para demostrarnos que el viejo estado burgués estaba en crisis; y todas sus fuerzas represivas y genocidas estaban asustadas... Pero la cuestión, o por decirlo de otra forma, nuestra coraza era que no estemos muy triunfalistas, o sea que no demostremos mucho hacia fuera ese triunfalismo que yo sí sentía muy adentro... En mi mancha, ahora les digo así, ahora los recuerdo así, sí nos sentíamos triunfalistas, pero no debíamos mostrar hacia afuera todo nuestro optimismo".

Pasemos ahora a Yolanda, por aquellos años estudiante de La Cantuta en la especialidad de Literatura. Yolanda siempre quiso estudiar en la universidad Católica, por las expectativas creadas durante sus años de estudios en un colegio religioso de Lima. Pero por los magros ingresos de sus padres, una familia limeña de clase media golpeada por la crisis económica del gobierno aprista, no pudo siquiera costearse el examen de admisión a esa universidad. Postula e ingresa a La Cantuta en 1990 y a los cuatro meses ya participaba activamente en el Movimiento Juvenil Popular, organización estudiantil liderada por Sendero:

"Cuando ingresé a La Cantuta me chocaba un poco, porque yo no quería estudiar aquí, quería estar en la Católica porque toda la gente de mi colegio entraba a la de Lima o a la Católica, pero no me quedaba otra que acostumbrarme... Mi primera relación con el partido será en el comedor. Como yo me quedaba todo el día en la universidad, porque mis clases eran partidas en los horarios, tenía que comer en la universidad, para ahorrar la poca plata que tenía. Allí recién me di cuenta del país en que vivía, en este país de mierda en el que aún estamos. Veía cómo algunas amigas no tenían ni para el pasaje. ¡Te das cuenta, ni para el pasaje!, y yo estaba pensando estudiar en ¡la Católica...! hasta me daba vergüenza decir que quería estudiar en la Católica. Y encima mi mamá, recuerdo, que me decía que estaba cambiando, que no pasaba mucho tiempo en la casa, que ya no era la misma de antes, pero yo le decía que me quedaba en la universidad en un grupo de danza en que me metí.

... Si quieres que te diga cómo empiezo a militar, creo que por mi rabia por no estudiar en la Católica, y esta cólera todavía lo siento, hasta ahorita, por las cosas que hasta ahora pasan en el país. No vayas a creer que es sólo por resentimiento, la cuestión era destruir el Estado burgués que hasta ahora sostiene a este sistema de opresión de clases, de los explotados por el imperialismo".

Un caso distinto es el de Rolando, estudiante de Ciencias Sociales en La Cantuta entre 1989 y 1995. Él proviene de un hogar de clase media, estudió en un colegio religioso particular, y su padre era un médico medianamente exitoso. Su madre, profesora de matemática, que se dedica desde que él nació a los quehaceres de la casa. Vivían en el distrito de La Victoria, y tenían un terreno en construcción en el distrito de La Molina. Postuló en 1989 a la especialidad de Derecho en San Marcos y la Católica, pero no logró ingresar; entonces decidió ese mismo año postular a La Cantuta, "para no perder el tiempo" dice, e intentar su ingreso a San Marcos para el próximo año. Sin embargo, las cosas no sucedieron como él pensaba:

"Desde el colegio yo tenía algunas inclinaciones políticas. Participaba en cuanta reunión de estudiantes convocaban los curas y yo siempre estaba allí. Armábamos conferencias, charlas, sobre todo historia del Perú, de educación cívica; siempre me apasionó las cosas que tenían que ver con la historia, me gustaba mucho explicarme cómo sucedían las cosas. Hasta armamos un periódico mural, un concurso de cuentos y poesía escolar... Entonces cuando ingresé a La Cantuta no me sorprendieron mucho las cosas, no quiero decir que me resultaba normal, lo que no entendía muy bien era la doctrina marxista-leninista, me resultaba muy pesada al principio pero luego con la formación ideológica en mi célula me di cuenta que no era muy difícil.

... Yo asumí el compromiso revolucionario desde el principio, tal vez te lo cuente muy racional ahora, después de algunos años, pero al principio fue un impulso sentimental. Mis temores de ese tiempo, era que por mi procedencia de clase no me aceptaran. Finalmente yo era un pituco, pequeño burgués en La Cantuta, siempre tuve problemas de aceptación, pero el problema no era de estereotipos, sino de cuestiones económicas, de clases, de conciencia de clase... En Sendero aprendí que lo que se dice se hace, así de simple. Si dicen vamos al monte, nos vamos, si dicen vamos a un barrio nos vamos, si dicen volantear a volantear, si dicen mata, matas. Eso es consecuencia con lo que se piensa, no mirar atrás porque si miras atrás te jodes, porque si miras atrás te pones sentimentalón y eso es contrario a la consecuencia con lo que piensas, y eso lo sigo hasta ahora, a pesar que estoy en otra cosa como me ves"

Rolando en la actualidad trabaja como administrador en una fábrica de embutidos, propiedad de uno de sus amigos de colegio. Además, tiene previsto postular a la universidad a la carrera de administración de empresas para así "manejar mi propio negocio y con mis propias expectativas para el futuro".

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(Parentésis): la captura del Presidente Gonzalo




Roberto se dedica desde 1996 al cambio de dólares en una céntrica calle de Lima. Dejó de militar en Sendero Luminoso en 1993, cuando gran parte de la estructura partidaria se desvanecía y sus principales dirigentes encarcelados a cadena perpetua. No piensa participar nuevamente en política pues dice estar "defraudado del partido porque no supo hacer frente a los golpes represivos de Fujimori". La captura, en setiembre de 1992, de su máximo líder, Abimael Guzmán, marcaría un punto de inflexión en la certidumbre revolucionaria de Roberto:

"No te puedes imaginar lo que sentimos ese día. Ese día fui a la chamba de mi viejo en la carretera central porque se había olvidado sus documentos y era peligroso andar sin documentos en el '92, y de repente escucho por Radio Programas que habían capturado al presidente Gonzalo. Mi primera reacción fue que era una mentira. No podía ser posible, cómo iban a atrapar al presidente Gonzalo, no podía ser. Al toque me quite a la universidad y no te imaginas lo que encontré... La gente de mi mancha y de otras manchas estaban como muertas, caminando como si no supieran explicar lo que estaba pasando. De repente se me acerca un camarada de Ciencias y me dice que salgamos en la noche a hacer pintas y yo le dije que era mejor que aguantemos a ver que pasa, no vaya ser una trampa del japonés... De todas maneras salimos, pero estabamos como si nos faltara el aire, pero no podíamos contradecir la fuerza que demostrábamos hacia afuera con el miedo que desde ese día empezamos a sentir..."

No era para menos la actitud de Roberto. En efecto, durante los doce años de "guerra popular" Sendero había hiper-concentrado alrededor del liderazgo de Abimael Guzmán, todas las leyes de la historia y con él proclamar "científicamente" una nueva instancia en la doctrina revolucionaria: "el pensamiento Gonzalo". Se convertía entonces en la nueva ortodoxia partidaria, la encarnación viviente de la línea correcta, la aplicación del marxismo-leninismo-maoísmo a la realidad peruana. En resumen era:

"... el más grandioso fruto de la materia conciente, engendrado y forjado por la clase, por el proletariado comunista: el jefe de la revolución mundial ... síntesis de millones de voluntades, luz, maestro y guía de comunistas y revolucionarios que conforman el pueblo... conductor de los oprimidos y explotados hacia su emancipación" (El Diario, 13-12-91).

Incluso había logrado diseminarse en todos las instancias de la organización senderista, haciéndose imperceptible incluso para los organismos del Estado:

"Simultáneamente lo buscan en el extranjero, entre los obreros, campesinos, intelectuales, en todas partes. Pero él esta en cada célula del PCP, en cada unidad del Ejército Guerrillero Popular, en cada Comité Popular... Esta dirigiendo personalmente la revolución, esta presidiendo la República del Perú que avanza hacia la victoria final" (El Diario:13-12-91).44

Pero las directrices del "pensamiento guía", en la medida que penetra en los cuadros altos como en las bases, e inciden y motivan a la renuncia de la individualidad dentro del partido, también pasa por el filtro subjetivo de los militantes. En efecto, el pensamiento guía, y su visión hiper-clasista de la sociedad, tocaba fibras íntimas entre los estudiantes, pues les ofrecía respuestas "concretas" a sus propias frustraciones personales, y encontraban en el discurso senderista salidas científicas a sus ásperas biografías individuales. En ese contexto, podemos decir que en los militantes universitarios se da el paso de una inicial disposición por el sacrificio, de un romanticismo revolucionario, a llevar la "vida en la punta de los dedos"; a una mayor racionalización de la violencia, de la lucha de clases y su salida revolucionaria.45

Igualmente le preguntamos a Yolanda cómo se sintió el día de la captura de Guzmán:

"... yo estaba activando en la carretera central, en Raucana. Era la encargada de un grupo de danza y teatro popular, que llamamos "La Gran Marcha", y trabajábamos con niños para formarlos en la fortaleza ideológica del partido y nuestra tarea era sacudirles de la cabeza toda la mentalidad alienada que le imponían la televisión y las escuelas del estado y sus profesores revisionistas, dizque de izquierda... Fue bastante rápido. Una señora me pasa la voz que por el canal cinco estaban pasando un flash y que Abimael Guzmán había sido apresado por un grupo de elite de policías, luego supe que eran de la Dincote.46

... Lo primero que sentí fue mucho miedo, que algo terrible podía pasar y que íbamos a empezar a desaparecer uno por uno. Yo he escuchado de muchos camaradas que al principio no lo creían, pero yo sí lo creí apenas escuche la noticia, en ese sentido yo siempre he sido bastante realista, las noticias las asimilo rápido, rapidito, y al mismo salí de Raucana y me fui a mi casa a sacar algunas cosas y desaparecí por dos semanas y cuando me reencontré con varios camaradas, después que pasaron los videos donde salía el presidente Gonzalo medio desnudo y hablando con Ketín Vidal, sabía que no me equivoque la primera vez, que si era cierto que habían capturado al presidente Gonzalo.

... Lo que paso luego era increíble. Muchos pedían tomar acciones inmediatas, que la guerra se podía intensificar a partir de la captura del presidente Gonzalo, pero ya no recibíamos directivas coordinadas, las directivas se cruzaban, no tenían muchas veces sentido, las cosas se empezaban a hacer aguas... así estuve hasta 1994, dando brincos por varios lados, estabamos como rebotando por varios lados pero sin una guía clara y de repente deje de militar, y no porque me volviera soplona, porque empezaban a detener a muchos por los soplones, sino porque mi célula ya no existía, se iba derrumbando las cosas y una tenía que seguir viviendo, sobrevivir, ¿entiendes?, también tenía derecho a vivir, pero sin renunciar a mis ideas,... así nomás dejé de militar".

Rolando, en relación a la captura de Guzmán nos dice:

"... ese día estaba en clases de Geografía, y por la ventana veía que la gente se estaba agrupando en el patio de Ciencias y me parecía extraño porque a esa hora la gente no se reunía mucho. Salgo del salón pensando que había una requisa y cuando llego al patio me dicen que por la televisión decían que Abimael Guzmán estaba preso y que lo iban a ejecutar porque una columna del Ejército de Liberación Nacional, estaba preparando el rescate. Puta' que me quede cojudo. Al toque fui a buscar a mis demás compañeros y al toque me quite de la universidad... Llego a la casa de unos amigos de mi barrio y todos hablaban de lo mismo "¡que lo maten a ese concha su madre!", "¡que lo maten, que lo maten!". Puta'que, todos decían lo mismo, todos.
... Me quede en mi casa unos días, no salí para nada, estaba prendido a la televisión todo el día esperando que me llamaran para una reunión de urgencia. Hasta que veo por la tele al "presidente Gonzalo", y lo veo en una casa de ricos, tomando tragos finos, llenos de comodidades, ¡carajo, igualito que los perros! ¿de qué revolución hablamos? Si llueve todos nos mojamos. Osea él bien cómodo, y todos nosotros jodidos con miedo, osea la revolución se hace con todo, todos nos mojamos. Mao en ese sentido era más consecuente con lo que escribía, él si era más consecuente".

Estos relatos nos introducen a una serie de cuestiones referidas a los modos elegidos por cada militante para testimoniar la experiencia extrema y violenta que les tocó vivir a partir de una serie de acontecimientos como la matanza de los estudiantes, la captura de su máximo líder, Abimael Guzmán, y la descomposición de su aparato partidario. Los espacios primarios donde forjaban su "certidumbre", como la célula, se desvanecía y se aferraban a la creencia que estaban viviendo una mayor polarización de la guerra, que el nuevo escenario (incluído la captura del presidente Gonzalo) estaba previsto en la estrategia senderista, y que nada se había salido del libreto revolucionario. Sin embargo, como hecho político, la captura de Guzmán generó en la militancia senderista una modificación ideológica del tiempo y el espacio. La certidumbre se desvanecía tan rápido como se había encendido. El impacto de la captura golpeó fuertemente a la estructura partidaria, y dejó abierta la posibilidad para que sus militantes de base racionalizaran desde sus propios "soportes subjetivos". su ubicación en la guerra, y su posición en el futuro. En este punto de inflexión, que significo la captura de su líder, empieza a desacreditarse la convicción que la toma del poder era sólo cuestión de acelerar las contradicciones, y que el Ejército de Liberación Nacional tomaría la ciudad, el corazón mismo del Estado burgués. Por decirlo de otro modo, no tuvieron el tiempo, ni la posibilidad "objetiva" de construir una memoria y una narrativa histórica que les permitiese elaborar un discurso sobre los desaparecidos de La Cantuta. Quedaron en la mera denuncia de los hechos.


3.2 La memoria de secta senderista

Como se ha explicado, 1992 era un año especial para la organización senderista. Para un grueso de sus militantes, las acciones militares en la ciudad se acrecentaban, y en las zonas rurales se pensaba que la guerrilla estaba en la capacidad "objetiva" de pasar a la ofensiva estratégica. La creencia que ya estaban tomando "el cielo por asalto", y que la toma del poder era sólo cuestión de unos cuantos años, incluso de meses, era muy fuerte en las dirigencias como en las bases47 como lo demuestra el siguiente documento48:

"... (estamos) estableciendo un grandioso hito masivo en la lucha conjunta y logrando plasmar un nuevo y más grande triunfo Político, Militar y Moral del Presidente Gonzalo, el Partido y la Revolución, expresión palpable de cómo el Equilibrio Estratégico viene remeciendo más el país, la Guerra Popular victoriosa va dirigida por el Partido Comunista del Perú magistralmente jefaturado por el Presidente Gonzalo... nos reafirmamos en nuestra inconmovible decisión de continuar la Resistencia Heroica en nuevas condiciones y el insoslayable compromiso de dar la vida hoy, mañana y siempre por el Presidente Gonzalo, el Partido, la Revolución y el Comunismo. Estamos más forjados aún por nuestro presidente Gonzalo en el reto a la muerte y arrancarle lauros de triunfo, los que llevamos la vida en la punta de los dedos, estamos dispuesto a entregarla en el momento que la Revolución lo demande..." (p. 2).

En ese contexto, podemos pensar que para Sendero la desaparición de los estudiantes en julio del '92 significaba un hecho más, un "no mirar atrás, porque te jodes", como decía Rolando. En cierto modo, se negaban a reclamar a los estudiantes de La Cantuta como "sus" desaparecidos porque ninguno de ellos llegaron a ser cuadros importantes en la organización senderista, pero si representaban a la gran masa periférica a la organización, esas masas movilizables para cualquier acto convocado por el partido. O como nos dice Manrique para el contexto general de la partido: "... el resto se mantiene como una periferia partidaria e inclusive al margen de toda actividad política, manteniendo una actitud de simpatía con lo que Sendero representa sin comprometerse organizadamente, aportando ese 'consenso pasivo' que es fundamental para todo proyecto revolucionario, porque constituye su potencial de crecimiento" (Manrique 1999:101).

Ante la gran avalancha de acontecimientos, la "certidumbre" revolucionaria en la militancia senderista se fortalecía al palpar la intensificación de la violencia, al sentir que sus "pintas estaban en la ciudad", al ver que el equilibrio estratégico daba sus frutos, que el orden social que combatían con rígida disciplina estaba en cuestión. En ese contexto, "mirar hacia atrás" significaba un signo de debilidad. Además, ¿por qué reclamar como "suyos" a estudiantes que no eran parte importante del partido?, ya que no formaban parte imprescindible de algún organismo generado del partido, ni de ninguna columna armada. Incluso, si lo comparamos con los recuerdos y memorias establecidas por Sendero a raíz de la matanza de presos senderistas en el gobierno aprista, el 19 de junio de 1986, podremos observar que en este caso sí existía una voluntad explícita por apropiarse de los acontecimientos y establecer un hito en la historia oficial escrita por el partido: "¡El Día de la Heroicidad!". Para SL los héroes de guerra pueden ser considerados sujetos activos de la historia, mientras las víctimas como sujetos pasivos. Como declaraba Abimael Guzmán en 1987:

"... Así, los prisioneros de guerra, como el personaje de la historia, siguen ganando batallas más allá de la muerte, pues, viven y combaten en nosotros, conquistando nuevas victorias; su recia e imborrable presencia la sentimos palpitante y luminosa, enseñándonos hoy, mañana y siempre a dar la vida por el Partido y la Revolución... Además debemos buscar que la verdad se abra paso y los hechos queden históricamente registrados tal cual realmente han sido; como a nadie escapa, los episodios vividos son ya parte imborrable de nuestra historia, sirvamos pues, a que las generaciones futuras lleguen nítidos e imperecederos"49.

Cuando le preguntamos a Rolando cómo se vivió la matanza de estudiantes al interior de su célula nos dijo:

"... no te puedes imaginar lo que era saber que estábamos logrando nuestros sueños, que nuestros esfuerzos se hacían concretos, que el estado burgués se desmoronaba, que las huestes genocidas se desesperaban. Nosotros discutimos sobre lo ocurrido y estábamos más ocupados en recordar a los muertos en los penales en mayo del 9250. Ellos sí murieron defendiendo al partido, fortaleciendo su moral de clase, son héroes caídos en combate, nunca hincaron la rodilla, marcaron una epopeya dentro de la lucha del proletariado peruano, abriendo trocha en la historia del mundo comunista... Ves, ¿me entiendes?, ¿por qué detenernos a discutir y llorar si la revolución no permitía miedos?, el miedo era indicio de traición".

En el contexto de 1992, las únicas menciones encontradas en los documentos senderistas en relación a los hechos de La Cantuta son sólo referencias a la matanza como parte de una "ofensiva mayor del ejército genocida contra el pueblo". No era una ofensiva selectiva contra sus camaradas, sino contra la masa periférica":

"Denunciamos cómo este gobierno genocida de Fujimori y su pandilla viene aplicando su política de guerra sin prisioneros que es la clara expresión de impotencia y desesperación frente a la pujante y victoriosa lucha de nuestro heroico pueblo, cual bestia herida de muerte que en su agonía arremete contra los que están a su alcance, es así como diariamente secuestran, detienen, torturan, desaparecen y asesinan a dirigentes, estudiantes y trabajadores, como parte del Genocidio Mayor contra el Pueblo. Por ejemplo la desaparición de 9 estudiantes y un profesor de La Cantuta..."51

"La sangre de los combatientes no ahoga la revolución, sino la riega", era una de las tantas frases retóricas lanzadas por Guzmán a sus camaradas. Esta consigna sería bien asimilada por los estudiantes senderistas al discriminar entre combatientes muertos en acciones de guerra, y la masa periférica y simpatizante al partido. Es que en su ortodoxia partidaria Sendero establecía claramente la distinción leninista entre una vanguardia de cuadros selectos y secretos por un lado, y el frente de masas periféricas al partido, por otro. "Quien cae combatiendo tiene derecho a la resurrección" rezaba otra consigna, esta vez de Lenin, impresa en muchos documentos senderistas.

Al preguntarle a Yolanda por sus recuerdos de la matanza nos dice:

"... por esos meses yo no paraba mucho en la universidad. Pero causó mucho miedo, muchos camaradas tuvieron que salir de la universidad en previsión de otras desapariciones... pero a pesar que conocía a algunos de ellos de vista no pertenecían a ninguna célula importante, algunos incluso simpatizaban con otros grupos de izquierda... En realidad, lo que causó fue mucho miedo, pero no nos movilizamos por ellos como gente del partido sino como una estrategia para denunciar el genocidio de las mesnadas fujimoristas contra el pueblo en general. Tratábamos de demostrar al resto de estudiantes y al pueblo en general que el gobierno de Fujimori estaba desesperado desapareciendo a los hijos del pueblo... ¿para qué darle mucha importancia si la construcción del Estado de Nueva Democracia, estaba forjándose en las luminosas trincheras de combate y el 'Presidente Gonzalo' estaba a la cabeza dirigiendo personalmente la revolución?... la desaparición de los estudiantes no ameritaba mayor reflexión, había otras prioridades..."

Vicky, otra de nuestras entrevistadas, agrega:

"Desde 1991 los militares se metieron a la universidad y siempre chocábamos con ellos en las asambleas, en los mítines, en las marchas internas, con los cachacos siempre chocábamos... pero de lo que nunca se hablaba era que muchos camaradas de Huancayo, de la Universidad del Centro, fueron desaparecidos y asesinados por la policía y sus paramilitares desde los ochenta52; entonces lo que sucedió en el 92 no nos toma por sorpresa, estábamos preparados, era nuestra contribución a la lucha popular, nos querían desmoralizar, pero a más represión más resistencia, y nuestro lema de moral partidaria era ¡Resistir y Combatir!, y resistíamos no desmoralizándonos, no podíamos dar marcha atrás... sabíamos que venían muchas muertes pero estábamos dispuestos a darla pero en combate, pero ahora en la nueva etapa revolucionaria de defensiva estratégica..."

Esta entrega total de la vida en acciones del partido es lo que Gustavo Gorriti (1991) denomina "la cuota": paso indispensable para convencer a los militantes senderistas de la necesidad de matar en forma sistemática y despersonalizada. Con este procedimiento se creaba la expectativa de entregar y sacrificar la propia vida cuando el partido lo dispusiera. Si en la "guerra popular" había una larga travesía que cumplir, para llegar entonces a la tierra prometida tenían que prepararse para la muerte, y "la cuota" se convertía en un factor central en la preocupación personal y el adoctrinamiento de los militantes y cuadros. Era necesario "llevar la vida en la punta de los dedos", como declaraba Abimael Guzmán en una famosa entrevista de El Diario, vocero senderista, en 1988.53 Dos manuscritos senderistas encontrados en el penal de Lurigancho en 1985 muestran claramente esta disposición al auto sacrificio:

"...otros se cuidan, temen cometer errores, entonces no son sinceros, no apelan a su condición, cuidan pellejo, ¿qué cuidan?. Si nada tienen, si todo lo has dado al P(artido), tu vida no te pertenece, le pertenece al P(artido). Así que tanta jeremiada, qué tanto cuidar pellejo".

"Sobre la cuota: el sello de compromiso con nuestra revolución, con la Revolución Mundial, con esa sangre del pueblo que corre en nuestro país (...) la cuota es una parte pequeña de la revolución peruana y de la R(evolución) M(undial)... la mayor parte (de muertes) son causados por la reacción y la menor parte por nosotros. Ellos forman lagunas, nosotros empapamos sólo pañuelos" (Citados en Gorriti 1990: 167-8).54

Sin embargo, y pese a la inflexible retórica partidaria, podemos encontrar en los testimonios resignificaciones individuales, en segundo plano, de lo ocurrido en julio del 92. Su subjetividad individual estaba atada a los acontecimientos, a la ideología senderista, a esta "estructura de sentimientos", a esta aceleración del tiempo político que significaba creer que "el estado opresor se desmoronaba". Pero sus memorias varían de significado según cómo ubican y dramatizan la matanza en su propia historia personal, cuando hablan de sus familias, sus amigos, de los resquicios de su vida cotidiana. Se da pues esta tensión entre interioridad y exterioridad, lo público y privado, lo individual y colectivo:

"... mis papás ya sabían que militaba, que estaba en el Partido, y estaban muy asustados por mí, pero lo que nunca les dije que yo no tenía miedo por mí sino por ellos. Ellos se enteraron después de la desaparición de los estudiantes porque revisaron mis cosas y encontraron fotos y volantes... y me salí de mi casa porque ¿qué tal si desaparecen a mis viejos? O sea yo lucho por ellos y al final me los matan. Por eso me salí, por miedo a que les pase algo... aunque suene raro ahora, la matanza del 92 fue un golpe fuerte para nosotros, sobre todo por el miedo, pero al contrario nos daba más rabia, que ya íbamos a entrar en el enfrentamiento cara a cara, que los camaradas ya llegaban y tomábamos Lima..." (Patricia, estudiante de matemáticas).

"... me dio una pena enterarme cómo habían muerto... jamás me imaginé que iban a morir de esa forma tan cruel y me ponía a pensar hasta cuándo duraba esto, hasta cuándo vivir así, hasta cuándo las muertes. Yo no los conocía personalmente pero me da una pena porque pude ser yo, y sus familias siempre yo las veía dando vueltas por la universidad, finalmente los familiares son los que más sufren por la muerte de sus hijos... Mi mamá se hubiese muerto de la tristeza si se entera que me mataron, y eso que mi mamá sabe que militaba, que estaba metida en la guerra popular, sabía que estaba con Sendero desde que entré a La Cantuta, sabía pero también entendía que era mi convicción y mi solidaridad de clase con los explotados por el imperialismo... Siempre le decía: 'mamá si me matan no me llores, si me desaparecen no me busques, si me torturan no me cures, yo sé a que me meto, estoy segura y entiéndeme por mi compromiso con el partido, no soy fanática, estoy luchando por conquistar los derechos del pueblo y del proletariado'..." (Adriana, 30 años, ex-estudiante de Educación Inicial).

Sobre la base de estos testimonios, podemos intuir que en Sendero se instaura una "memoria de secta", al recordar en su historia oficial sólo a sus militantes, a los cuadros que han muerto en las "luminosas trincheras de combate", distinguiendo entre militante y masa, entre masa conciente y pre-conciente, como puede leerse en la siguiente denuncia:

"Los crímenes de las FF.AA. son delitos de función, porque su función es aniquilar a las masas ignorantes para que no accedan a la revolución dirigida por el PCP marxista-leninista-maoísta-Pensamiento Gonzalo... Entonces ni fuero común ni fuero militar. Sólo el pueblo juzgará y sancionará a los genocidas de los hijos del pueblo, del pueblo oprimido, alienado e ignorante, al pueblo le tocará ajusticiar a los asesinos de La Cantuta y todas partes del Perú".55

Pero la memoria sectaria -como se dijo anteriormente- sufre un golpe demoledor con la captura de Abimael Guzmán en setiembre de 1992, produciéndose el derrumbe de la certidumbre revolucionaria y la incapacidad e imposibilidad "objetiva" y "subjetiva" de construir una memoria y una narrativa histórica que les permitiese elaborar un discurso sobre los desaparecidos de La Cantuta. No lograron solidarizase con los familiares ni con las nuevas memorias que sobre la matanza (re)surgen a partir de 1997. Quedaron en la denuncia genérica de los hechos. Luego, con la desmovilización de sus militantes, la memoria sectaria de SL se atomiza y quedará como memorias marginales, privadas. No pueden oponerse a la "memoria salvadora"56 del gobierno fujimoristaque se acrecienta desde 1992 y se afianza con la ley de amnistía de 1995.


3.3. La "memoria salvadora" se consolida

En efecto, el precedente jurídico de la amnistía se inicia nueve meses después de ocurrida la matanza. El 2 de abril de 1993, el congresista por la izquierda democrática, Henry Pease, leyó en plena sesión de la Asamblea Constituyente una declaración del clandestino grupo militar "León Dormido", con detalles del crimen perpetrado contra el profesor y los nueve universitarios. El documento señalaba a los miembros del comando paramilitar "Colina" como los autores del secuestro, tortura, asesinato, quemado y entierro de los universitarios. Cuatro días más tarde, se instala en el Congreso Constituyente Democrático (CCD) una comisión especial de Derechos Humanos para investigar los hechos, citando al ministro de Defensa y al presidente del Comando Conjunto de las FF.AA. para que expliquen sobre el operativo militar de julio del 1992. Ambos se resisten a prestar sus declaraciones, y el 16 de abril, a pedido de la Comandancia General del Ejército, el Consejo Supremo de Justicia Militar abre una investigación en torno al caso de La Cantuta. Días después, el presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, Nicolás Hermoza, denuncia ante el Congreso y la prensa que un grupo de congresistas de la oposición vienen desatando una campaña de desprestigio a las FF.AA. y que las denuncias presentadas significaban una clara colusión con el terrorismo senderista.

Pero el 8 de julio de 1993 los acontecimientos darían un giro inesperado. Un grupo de periodistas de la revista Sí, descubren unas fosas con restos humanos calcinados en Cieneguilla (un paraje distante de Lima), gracias a un croquis que le envío un anónimo. Se presumía (para luego comprobarse) que esos cuerpos pertenecían a los universitarios desaparecidos. La investigación que en un inicio fue asumida por el fuero civil, fue desviada por el congreso, que en sesión de mayoría, decidió mediante una ley especial -la llamada ley Cantuta- que los crímenes debían ser juzgados por el fuero militar. De esa forma, la justicia castrense asumió acusar a los paramilitares del grupo "Colina" bajo los cargos de negligencia, abuso de autoridad, desaparición forzada de personas y de vil asesinato premeditado con nocturnidad, alevosía y ventaja. Las sentencias a los paramilitares oscilaron entre los 6 meses y 20 años de prisión en un cuartel militar.57

Sin embargo, el 14 de junio de 1995 la bancada oficialista aprobó en el congreso una amnistía para los militares implicados en violaciones a los derechos humanos durante los 15 años de guerra antisubversiva; y todos los hechos derivados como consecuencia de la lucha contra la subversión desde mayo de 1980 y denunciados por particulares fueron archivados debido al mandato imperativo de esta ley de amnistía. Pero horas antes de aprobarse la ley se dio en el congreso un debate entre quienes, por un lado sustentaban la amnistía, y por otro, los que la rechazaban. Como veremos más adelante, este debate sirvió para comprender las narrativas y discursos estatales sobre la violencia política y el papel cumplido y que ocupaba la sociedad civil en ese proceso. Pero para más detalles pasemos al siguiente capítulo.



40 Desde 1986 este organismo generado se militariza ejecutando las acciones más sangrientas en Lima y provincias, desplazando paulatinamente en importancia política y militar al Comité Metropolitano. Entre sus principales dirigentes estuvieron los abogados Yobanka Pardavé Trujillo (a) Rebeca, Tito Valle Travesaño (a)Eustaquio; y el mando militar, el profesor Víctor Zavala Cataño (a) Rolando. En efecto, desde la década de los sesenta se produce un doble movimiento en la relación del estado con la universidad. Por un lado, la universidad pública sufre un nclaro proceso de masificación y explosión demográfica impresionante, pues entre 1960 y 1980 la población juvenil que ingresa a la educación superior pasa del 19% al 76% teniendo el Perú unos de los níveles más altos de cobertura educativa y enseñanza superior en América Latina (Degregori 1990:108). Sin embargo, los recursos destinados a las universidades disminuyen aceleradamente. Para 1975, el presupuesto universitario representaba sólo el 2,3% del nacional (vs. El 4,8% en 1965), situación que se agrava hoy al contar con un pírrico 0,9%.

41 La Izquierda Unida se divide en 1989. Para una revisión de la parentela ideológica de Sendero con los demás partidos de izquierda véase Hinojosa (1999).

42 Utilizamos la noción de "estructura de sentimientos" propuesta por Raymond Williams (1980).

43 Los siguientes testimonios fueron recogidos entre enero y julio del 2000. Los nombres han sido cambiados a solicitud de los entrevistados.

44 Citado en Degregori (2000).

45 Para el caso de la vida cotidiana de Sendero en el campo ayacuchano, véase del Pino (1998), asimismo, Portocarrero (1998).

46 Dirección Nacional contra el Terrorismo. La detención de Guzmán fue realizada en una casa de Surco, el 12 de setiembre de 1992, y organizada por el comandante Benedicto Jiménez, bajo la supervisión del General Antonio Ketín Vidal. Sobre los detalles de la captura, véase Jiménez (2000, Tomo 2).

47 Para una discusión sobre si Sendero tenía las condiciones "objetivas" para tomar el poder, véase Tapia (1997).

48 "¡Viva el grandioso hito de la Heroicidad masiva de la lucha conjunta de los Prisioneros

49 Carta del Presidente Gonzalo, junio de 1987. O como declaraba un estudiante de la universidad de San Marcos en 1988: "La heroica muerte de los mejores hijos del pueblo en los penales de Lima, se constituyó en un ejemplo para la clase obrera y el pueblo peruano, sentando el precedente de la necesidad de defender nuestros sagrados intereses aún a costa de nuestra propia vida. Esto significa enrumbar la lucha del movimiento sindical hacia un Perú sin explotados ni explotadores." Testimonio recogido en: "A dos años del genocidio en los penales. Hablan dirigentes, obreros y estudiantes", en: Una batalla ganada más allá de la muerte, El Diario, 19.-6-1988.

50 Entre el 6 y 9 de mayo de 1992 se realiza una incursión del Ejército en el Penal de Canto Grande controlada por Sendero Luminoso. Aquella ocasión se produjeron muchas bajas entre los presos senderistas.

51 "¡Aplastar el genocidio en marcha contra los prisioneros de guerra!", Comité de Familiares de Presos Políticos, Prisioneros de Guerra y Desaparecidos del Perú, diciembre de 1992.

52 Desde fines de los ochenta y principios de los noventa se produjeron masivas desapariciones de estudiantes y profesores de la Universidad del Centro. En los testimonios recogidos son considerados héroes de guerra.

53 Faradh Khosrokhavar (1993:253) analizando la radicalidad de la revolución iraní, nos deja pistas para entender la representación que la militancia senderista establecía sobre la muerte: "la jerarquía de la pureza se define según el grado de aspiración a la muerte: cuanto más el actor social aspire a morir, resulta más puro, tiene más derecho a tratar de impuros a aquellos que persisten seguir viviendo".

54 Desde 1981, principalmente desde su IV Sesión Plenaria, SL radicaliza su discurso y práctica, asumiendo sus militantes las consecuencias personales de la guerra. Desde entonces todo militante debía hacer la siguiente sujeción simbólica al partido: "Prometo ante el camarada Gonzalo, jefe del Partido Comunista del Perú y de la revolución mundial./ Prometo ante el Comité Central del Partido Comunista del Perú./ Prometo ante el marxismo-leninismo-maoísmo, Pensamiento Guía del Camarada Gonzalo, de asumir mi responsabilidad como militante del Partido Comunista del Perú y de no traicionar jamás a Partido ni al pueblo./ Prometo luchar con valentía, decisión y coraje contra el imperialimo y el feudalismo, hasta alcanzar la liberación de los pueblos oprimidos del mundo./ Prometo luchar y entregar mi vida por la revolución mundial." (Citado en Gorriti 1990:167).

55 El Diario, No. 632, febrero-marzo, 1993.

56 Aquí utilizamos la metáfora de "memoria salvadora" planteada por Stern (1999).

57 En el juicio militar, Santiago Martín Rivas, jefe operativo del grupo Colina, dijo: "Se está bajando la moral a nuestras Fuerzas Armadas, señor presidente. Necesitamos un país digno y un país pacificado pero no nos dejan. Esto, señor presidente, no me llama la atención. Casos como éstos ya se han repetido en otros países. Cuando termine la guerra revolucionaria, cuando haya acabado, vendrá la última fase, la que estará con aquellos que ganaron la guerra. Tenemos el caso de Argentina, donde almirantes dignos en este momento purgan cadena perpetua, ¡Es el colmo!, los generales victoriosos en la lucha contra los Montoneros purgando cadena perpetua y a lo mejor los generales de la guerra de Las Malvinas, a lo mejor están en sus casas" (citado en Aprodeh 1994:62).

 



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