GACETA SAN MARQUINA

Año 11 - Nº 39 | Órgano Oficial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos | Mayo - 2001

HONORIS CAUSA A UN SANMARQUINO UNIVERSAL

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Así informó la prensa al Perú y al mundo

 

Como prueba fehaciente de la amplia cobertura periodística que motivo la distinción del escritor Mario Vargas Llosa como Doctor Honoris Causa de esta casa superior de estudios,. publicamos algunos de los comentarios y notas informativas de los principales medios impresos de circulación nacional. A la izquierda, ilustraciones de algunas primeras planas.

 

 

 

 

Cátedra desde San Marcos

Por Pedro Escribano (La República)

La figura de Mario Vargas Llosa se dibujó entre la multitud. El escritor ingresó al Salón General de la vieja Casona de San Marcos acompañado de autoridades académicas, quienes, minutos después, a través del rector Ricardo Lama Ramirez, lo distinguieron con el título de Doctor Honoris Causa de esa casa de estudios.

El encuentro de Vargas Llosa con San Marcos fue un encuentro de calor, en donde, además de recuerdos de sus años sanmarquinos, también blandió sus espadas de siempre, críticas contra las dictaduras y cerrada defensa de la libertad.

Mientras el Coro de San Marcos elevó su voz en honor de la ilustre visita, el autor de La Fiesta del Chivo fue invitado a tomar asiento. Allí escuchó, seguro no sin sumergírs en sus horas universitarias, al poeta Marco Martos, ex decano de Letras y encargado del discurso de recepción.

"Esta ceremonia -confesó- me regresa a las ilusiones de mi adolescencia, a mis exaltados diecisiete años, edad que tenía cuando entré a esta universidad a seguir las carreras de Letras y Derecho, la primera vocación y la segunda por resignadas razones alimenticia?.

El Patio de Lucha

El autor de La Casa Verde recordó la lucha de San Marcos contra la dictadura de Odría, la misma que con opositores presos o exiliados, algunos asesinados, "creía haber impuesto a la sociedad peruana ese letargo cívico, esa apatía ciudadana, que son el ideal y el sustento del autoritarismo".

San Marcos -agrego- era una de las excepciones díscolas a este estado de sonambulismo política.

Relató que en Derecho y el patio de letras estaban llenos de policías disfrazados de estudiantes, todos enviados por Alejandro Esparza Zañartu, el Vladimiro Montesinos de entonces. "Aunque añadiré -dijo-, comparado con este desmesurado rufián, aquel, que nos parecía tan siniestro, era apenas un niño malcriado.

Pero San Marcos nunca se domesticó, resistió el avasallamiento porque se siguió haciendo política en la clandestinidad. "De este modo -alegó- salvaba la dignidad y el honor de una sociedad buena parte de la cual, por falta de convicciones democráticas, por oportunismo o cobardía, aceptaba -como lo haría luego, durante la dictadura de Velasco y la de Fujimori indignamente, que una casta de felones la privara de la libertad".

Recordó también sus círculos de discusiones políticas entre apristas, comunistas y troskistas, pues había de todo, "pues hasta discípulos de David Davidovich había en las catacumbas de San Marcos: eran no más de seis, su ideólogo era el astuto Anibal Quijano y hasta tenían un obrero". El recuerdo despertó risas.

Refirió que las discusiones eran con y sobre ideas, aunque en el calor de esos debates juveniles, también hubo exabruptos y hasta cabezazos y patadas. Más risas para el auditorio. Confesó que todo eso, su breve militancia en el grupo comunista Cahuide, lo recuerda no sin emoción porque muchas de las cosas que ahora cree, aborrece o defiende, tuvieron su origen en aquella remota aventura juvenil.

"Aunque los años y la vida nos han ido aventando a todos por direcciones diferentes, y a la mayoría de estos compañeros -perdón, camaradas- no los he vuelto ayer, ellos figuran entre mis irreductibles recuerdos sanmarquinos, y los evoco con amistad", confesó.

El Subhombre

También recordó a sus compañeros y amigos íntimos, entre ellos a Abelardo Oquendo, Lea Barba y Félix Arias Schreiber. Sus largas caminatas acompañados a sus respectivas casas. Caminatas provistas de amistad, discusiones criticas y autocríticas. todavía recuerdo -dijo Vargas Llosa- mi desazón de aquella noche, en que Félix, luego de una violenta discusión sobre el realismo socialista, me lapidó de esta manera: eres un subhombre". Risa y gozo del auditorio.

La literatura no estaba sólo en la polvorienta biblioteca, sino también en el aire, en los patios y bares. Allí conoció cuentos de Ribeyro, a Eleodoro Vargas Vicuña, a Carlos E. Zavaleta (hablando de Faulkner), "al impetuoso e impredecible Enrique Congrains Martín, un ventarrón con pantalones que fue, antes de narrador, inventor de sapolios para lavar ollas, y luego, de muebles de tres patas, y que editaba y vendía sus libros, de casa en casa y de oficina en oficina, en contacto personal con sus lectores, como un autor medieval de pliegos de cordel".

Allí sus amigos le pusieron el apodo de "El Sartresillo valiente", que recuerda con cariño. El patio era una confluencia de poetas y narradores. El teatro no estaba bien representado, "aunque algunas mañanas hacía su aparición por el Patio de Letras, con una galante rosa roja en la mano para homenajear a una estudiante de la que estaba prendado, el afilado perfil de Sebastián Salazar Bondy, hombre de teatro, de poesía, de relatos, crítico, divulgador y promotor de cultura, que sería, años después, íntimo amigo".

Así, con el calor de sus palabras, Mario Vargas Llosa regresó a San Marcos. Abrazó a sus recuerdos, pero también abrazó a los buenos sanmarquinos de ahora quienes después de la ceremonia lo vivaron en los patios de sus nostalgias. El escritor se marchó no sin renovar su fe en la difícil y noble tarea de su Alma Mater.

La verdad de un escritor

Por Carlos Batalla (El Peruano)

La batahola de los minutos previos casi nos deja sin apreciar, en vivo y en directo, los acontecimientos de la noche sanmarquina. Alertas a la llegada del escritor, quien pasó solemne y raudo ante las cámaras incesantes, la calma volvió al recinto con las palabras de recibimiento del poeta y profesor Marco Martos.

Rojo sangre en las alfombras y madera crepitante en escaleras y pasadizos, el Salón General de la Decana de América relucía imponente. La historia y la reseña, la evocación y la esperanza de nuevos vientos institucionales matizaron el discurso de rigor, que el poeta Martos pronunció con emocionado acento.

Ni un alfiler más en la antigua sala. La gente -estudiantes, profesores, políticos, amigos y parientes del escritor- atiborró cada ángulo con apremio ascendente. Aplausos al poeta que cedió el podio al novelista. Poco antes, un detalle: el diploma y la reluciente medalla que consagró el homenaje.

En menos de una hora, con una concurrencia atenta al más mínimo detalle y a la atingencia más inesperada, el autor de La ciudad y los perros y Lituma en los Andes hizo memoria y encantó. No sólo a las graciosas damas y a los adustos caballeros, también a los periodistas quienes en medio de la incomodidad pudimos escuchar la voz de la libertad, de la dignidad, de la esperanza en un futuro mejor para los san marquinos y todos los peruanos.

Fino conceptista a lo Quevedo, dueño de su propia historia de anécdotas como Cervantes, y ligero en la medida de lo justo como Palma, Mario Vargas Llosa dejó su huella indeleble en cada rincón de ese noble recinto, en otros tiempos casa y estímulo para su profunda vocación literaria.

Tras el discurso final del rector, el doctor Ricardo Lama Ramírez, los invitados del nuevo Doctor Honoris Causa coparon el patio más cercano y escucharon, bajo el vientre oscuro de la noche limeña, los sones delicados de una música de cárnara, que se filtró seguramente en la memoria de nuestro admirable escritor, volviéndole quizá más sanmarquino que nunca.

San Marcos distinguió a Mario Vargas Llosa

Un momento de reencuentro". Así definió anoche el carácter el acto académico el poeta Marco Martos en su discurso de orden. Eran palabras justas, pues en la restaurada Casona de[ Parque Universitario, el escritor Mario Vargas Llosa era investido con el título de Doctor Honoris Causa por su propia alma mater, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. El presidente del comité transitorio de gobierno, Ricardo Lama Ramírez, fue el encargado de colocarle la medalla y entregarle el diploma.

Vestido con una sobria toga negra, Vargas Llosa leyó un discurso de incorporación marcado por la nostalgia, pero a la vez por la defensa de la libertad y la democracia. Frente a él lo escuchaban autoridades universitarias, diplomáticos, políticos, intelectuales y jóvenes. En el Salón de Grados, espacio vecino a la sala donde se graduara en 1958 como Bachiller en Letras, Vargas Llosa destacó el papel de la universidad decana como excepción díscola al coro odriísta de la época. Fue en esta casa donde él aprendió sus "primeras lecciones de civismo y militancia".

Se refirió al papel de la universidad peruana dentro de la consolidación de una cultura democrática, para la formación de "ciudadanos convictos y confesos, enemigos del vasajalle y la intolerancia".

Culminado el acto académico ofreció una conferencia de prensa en la que los recuerdos juveniles cedieron lugar a los análisis de coyuntura. Allí Vargas Llosa reiteró su apoyo al candidato Alejandro Toledo, quien lo acompañó durante la ceremonia.

Preguntado sobre la presunta presencia del ex asesor Vladimiro Montesinos en Venezuela, el escritor fue firme en denunciar la complicidad del gobierno venezolano para que Montesinos siga escondido en ese país.

Honoris Causa San Marquino universal

Los aplausos resonaron al interior de] abarrotado Salón General de la Casona del Parque Universitario de San Marcos e iban dirigidos a uno de los escritores más reconocidos y fecundos del Perú contemporáneo: Marlo Vargas Llosa, distinguido ayer con el título de Doctor Honoris Causa que le otorgó la Decana de América, su alma mater.

Tras el discurso de orden que pronunciara el poeta y maestro sanmarquino Marco Martos Carrera, el célebre autor, nacido en Arequipa en 1936, recibió un diploma y una medalla honorífica, que lo acreditan permanentemente como Doctor Honoris Causa de esa casa de estudios, en mérito a sus cualidades intelectuales, académicas y profesionales.

En su discurso de incorporación, el distinguido escritor de la generación del 50, luego de agradecer las palabras que en honor a él hiciera su antecesor, hizo un recuento de su paso por las aulas de San Marcos y la coyuntura política que transcurría en el Perú de entonces.

Nunca me he arrepentido de aquella decisión juvenil de ingresar a San Marcos, atraído por esa aureola de institución laica, inconformista y crítica que la rodeaban y que me seducía tanto como la perspectiva de seguir los cursos de aquellas célebres figuras que en ella profesaban", mencionó el reconocido novelista.

 

Las universidades

Según manifestó el autor de La Fiesta del Chivo, la obligación de una universidad no puede ser sólo la de formar buenos profesionales y menos en un país como el nuestro, con los problemas básicos de la civilización y modernidad sin resolver. "Es igualmente imprescindible -señalo- que la universidad contribuya a formar hombres y mujeres sensibilizados respecto a la sociedad en la que viven y conscientes de su responsabilidad moral y cívica".

El también creador de La guerra del fin del mundo creyó conveniente hacer una breve reflexión sobre el tema de la democracia, que, según indicó, "sólo alcanza su pleno sentido cuando el pueblo se ve privado de ella y descubre por contraste lo importante que es para que la vida sea vivible que impere la libertad de un sistema legal que proteja a los ciudadanos contra las arbitrariedades de un poder sustentado en la fuerza militar".

Mario Vargas Llosa recibió anoche el título de Doctor Honoris Causa que le otorgó su alma mater, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en el Salón de la Casona del Parque Universitario. Esto, en palabras del rector de la universidad, Ricardo Lama, es un acto de desagravio académico, pues, según su parecer, Vargas Llosa es víctima de una campaña de desprestigio orquestado por el régimen anterior.

En su discurso recordó sus años en dicha universidad, en donde realizó bachilleratos en letras y derecho, "la primera por vocación y la segunda por razones alimenticias".

Allí se remontó al mandato de Odría, en que el campus estaba repleto de policías disfrazados de estudiantes. Contó que sus padres querían que ingresara a la Católica, en donde los jóvenes hacían relaciones para el futuro, y "estudiaban, en vez de hacer vida política" .

 


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