| Escritura y Pensamiento Nº 1, 1998 |
Martha Barriga Tello Teoría literaria e historia: propuesta metodológica El método de análisis actancial se aplicó a la literatura narrativa y dramática, como una forma de identificar y estudiar las «fuerzas» que conducían la historia y la manera cómo afectaban la acción narrativa. Se entendía por fuerza a cualquier impulso que deviniera en la creación o conclusión de un conflicto. La estructura develada acerca al receptor a la amplitud de la realidad ficcional, recreándola y constituyéndola verosímilmente. Para efectos de esta identificación hemos aplicado a las crónicas la metodología que propone el teórico ruso Vladimir Propp1 para el estudio de las narraciones fantásticas cortas de origen popular. Por su carácter, esta propuesta permite que se la aplique a narraciones proto-históricas como las crónicas. Las funciones y las esferas de acción que las agrupa de las que habla Vladimir Propp pueden ser reconocidas como elementos constitutivos de textos que frecuentemente presentan discursos ampliamente marcados por la imaginación de su autor, como sucede con las crónicas del siglo XVI. Propp sostiene que existen valores constantes en las acciones y funciones de los personajes, y valores variables en los nombres y atributos que presentan. Se ha cuestionado la poca importancia que otorga Vladimir Propp al personaje como entidad autónoma, en favor de las acciones que registra, señalando que "Las historias sólo existen cuando se dan sucesos y existentes a la vez. No pueden haber sucesos sin existentes" y viceversa, a riesgo de no ser una narración2 Los análisis parciales, siendo inevitablemente limitativos, permiten aproximaciones sesgadas a un elemento textual y no por ello menos útiles, como en el caso que abordamos. El interés en aplicarla partió de la necesidad de comprobar la eficacia de la metodología del análisis de textos propuesta por la teoría literaria, en documentos considerados fundamentalmente de índole histórica, como las crónicas del siglo XVI, escritas por los primeros españoles que llegaron al Perú. En ellas pudimos constatar que tanto la estructura, como el estilo de los narradores, permitía un tratamiento analítico distinto, al exclusivo de la ciencia histórica. En este contexto, iniciamos la aplicación concentrándonos en el estudio del personaje en tanto persona humana localizada históricamente y con vida real. El personaje histórico participante de los hechos narrados en estas crónicas, se concreta en la definición tradicional de personaje literario. El personaje El personaje es uno de los elementos constitutivos de mayor importancia en la técnica narrativa. Es inseparable del contenido intrínseco de la obra y de su postulación ideológica. El personaje informa del contorno cronológico-temporal de la historia. De la misma manera y por su intermedio, el receptor se sitúa en un determinado ámbito espacial. En sí mismo conduce pautas de comportamiento, susceptibles de ser analizadas científicamente como indicios de conductas humanas. Su mayor o menor complejidad depende del narrador, quien elabora un individuo ficcional adecuado a los fines que pretende. Los teóricos de la literatura, durante mucho tiempo, elaboraron técnicas de análisis que pueden ser aplicadas al personaje, en busca de los aspectos que previamente determina cada metodología. En su conjunto, la aplicación de esos sistemas de análisis brinda la posibilidad de un acercamiento enriquecedor al personaje y a su posterior interpretación. El personaje, anteriormente identificado con el ser humano tipo, deviene, por la amplitud de su significado, en actante. El actante se ha definido como aquél que se involucra activa o pasivamente en un acto, de acuerdo a la terminología semiológica3 . Así, puede estar constituido por uno o varios individuos, presentar un aspecto figurativo o no figurativo, en una amplia gama de condiciones que acrecientan el interés por su estudio. El personaje en las crónicas del siglo XVI En el siglo XVI encontramos el término personaje en su acepción de ficcional, de aquel sujeto que no tiene capacidad de respuesta y queda a merced de la voluntad de otros. Esta es la manera como lo encontramos mencionado en la obra de Pedro Cieza de León, cuando se refiere a los indios del séquito del Inca Atahualpa, quienes ante el súbito ataque español "sin usar de los ardides que trayan pensado, se quedaron hechos presonajes. No pelearon, mas buscavan por do huyr" 4 . En la concepción actual el personaje se define más ampliamente aunque se aplique la concepción a documentos antiguos. El personaje en las crónicas del siglo XVI en cuanto tal, y por el carácter de estos documentos, se presenta independiente del narrador. Esto sucede, en gran medida, porque su existencia no depende de su decisión, tanto como de la circunstancia del acontecimiento que el narrador está interesado en transmitir. Podemos establecer ciertas características que definen la situación del personaje en los textos que hemos analizado y que servirán de pauta para el desarrollo de este trabajo:
Las metodologías de la teoría literaria posibilitan el conocimiento del sujeto histórico desde variados puntos de vista y de acuerdo a múltiples enfrentamientos, circunscritos a cada texto particular. Cada método brinda información sobre determinados aspectos que, combinados, configuran al personaje histórico en cada una de las crónicas estudiadas. La metodología de la teoría literaria es una útil forma de conocimiento, aplicable a formas discursivas cuya condición intermedia entre historia y literatura lo posibilita. El resultado permite obtener variables significativas sobre sujetos particulares. La figura de Vicente de Valverde se presta a esta aplicación por concentrar las más extremas opiniones de los autores que estudiamos. El personaje: esfera de acción en relación a la función El modelo de análisis que aplicaremos es propuesto por Vladimir Propp para el cuento, narración de carácter popular que tiene sus raíces en el mito y que aparece con características similares en la mayoría de las culturas del mundo. Lo popular en el período al que pertenecen los textos que tratamos, está referido a las formas extendidas y comprendidas por el conjunto de la población. Tal como lo expresa Paul Zumthor: "lo popular no designa todavía lo que se opone a ciencia, a la erudición, sino que hace referencia a lo que procede de un horizonte común a todos, en el que destacan algunas construcciones abstractas, propias de una ínfima minoría de intelectuales"5 . Zumthor aplica esta concepción al periodo medieval europeo, aún plenamente vigente en España a inicios del siglo XVI, momento en el que se escriben los textos que trabajamos. Los cronistas españoles en el Perú no eran personas eruditas. En su mayoría pertenecían a las clases populares y su educación era sumaria. Su experiencia en el área narrativa debió estar ligada estrechamente al cuento, a la narración popular que era motivo de entretenimiento entre gente que se dedicaba a actividades guerreras y exploratorias. Al encontrar en el Perú y América una realidad que, mayorita-riamente, reconocieron como fantástica, fabulosa y maravillosa, sus comentarios y referencias de lo que encontraban remitía a la narrativa popular: cuentos y leyendas. Muchos escritores llegaron a superponer una experiencia conocida vinculada a pueblos considerados paganos a aquella que obtenían en América, como parte de un afán natural de encontrar explicaciones fácticas. La experiencia en narraciones populares se refleja en estos textos. El modo de contar, espontáneamente se ajusta al modelo popular. Percibimos inmediatamente en las crónicas la estructura narrativa del cuento. Al héroe le corresponde por equilibrio formal un opositor, un ayudante, un auxiliar y un objeto de deseo. Así adquiere coherencia y versosimilitud el relato para sus receptores contemporáneos, habituados a tal organización discursiva. El soldado-cronista del siglo XVI experimenta la narratología popular como forma de expresión. La experiencia americana es contada siguiendo el sentido de la experiencia cotidiana europea, con la que continuamente el narrador la compara. Paralelamente, el cronista expresa que no desea aburrir al lector y que pretende ser ameno, manteniendo una intencionalidad semejante a la que conduce al narrador ficcional. El tema del personaje que destaca en las crónicas y su relación con la estructura narrativa del cuento, propicia la aplicación del método morfológico que Vladimir Propp utiliza para el cuento fantástico6 . Según Propp, en los cuentos aparecen valores constantes y valores variables. Los primeros se refieren a las acciones o funciones que cumplen los personajes. Los valores variables se circunscriben a los nombres y atributos que identifican a los personajes. La función, afirma Propp, "es la acción de un personaje definida desde el punto de vista de su significación en el desarrollo de la intriga"7 Las funciones se agrupan lógicamente según ciertas esferas. El número de éstas coincide con el de los personajes. A estas esferas las llama esferas de acción 8 . Las Esferas de Acción corresponden a los roles o papeles que uno o varios personajes pueden asumir en una narración, en la que cumplen ciertas funciones o acciones. Aplicado el análisis a las crónicas y, tomando como referencia y modelo demostrativo al personaje Vicente de Valverde, encontramos que cumple las funciones correspondientes a las distintas Esferas de Acción que determina Vladimir Propp. Propp distingue esferas de acción, que a su vez están conformadas por las funciones llevadas a cabo por los personajes. Un mismo personaje, en razón del carácter de sus acciones, puede representar diferentes esferas de acción en la misma narración. Así tenemos:
Los diversos testimonios que investigamos permiten el análisis morfológico que hemos expuesto, en tanto que cualquier narración implícita en un discurso puede someterse a esta indagación. El personaje Vicente de Valverde puede recorrer varias esferas de acción de acuerdo a la tendencia ideológica y a la particular visión de los hechos de cada uno de los autores tratados. Fluctuará como agresor, allí donde su actuación sea violenta; como donante, en las acciones de la hueste española, especialmente en las que realiza Francisco Pizarro; como auxiliar, cuando convierte en viables las decisiones de éste último y su grupo; como mandante, cuando induce acciones; como héroe, cuando se convierte en responsable de las acciones en las que participó, y como falso héroe, cuando sus hechos conducen a situaciones adversas o negativas. El sujeto social que emite el discurso, el narrador, cuya posición contextual define la esfera del personaje en cada secuencia, deberá considerarse en su particular situación. Encontraremos diferencias entre aquellos cuya tendencia política estaba a favor o en contra de los Pizarro, según se considerara satisfecho o no con los resultados de la campaña. La intención del escritor es determinante respecto a la esfera de Vicente de Valverde en cada caso. Esfera de acción del agresor, malvado o antagonista En esta esfera fray Vicente de Valverde aparece en la secuencia en la que es el personaje que suscita la captura del Inca Atahualpa en la plaza de Cajamarca, en la confrontación posterior y en aquella en la que interviene como consultor de Francisco Pizarro en la decisión de matar al Inca. Actuaciones marcadamente agresivas lo identifican como el malvado que promueve acciones conducentes a la muerte de Atahualpa. Las escenas en la plaza de Cajamarca, y aquellas que culminan con la muerte del Inca, no son presentadas por todos los cronistas dentro de los mismos parámetros. Por lo tanto, según el narrador, pueden interpretarse en un sentido diferente, como auxiliar o como mandante y no como agresor. Cuando Vicente de Valverde representa al agresor, la esfera de acción de Atahualpa es la del héroe, sobre todo en aquellos cronistas que se muestran críticos respecto a la manipulación y engaño que pareció haber envuelto al Inca en el suceso. En 1565, el italiano Gerónimo Benzoni narraba la escena en la plaza de Cajamarca entre Atahualpa y Vicente de Valverde en su Historia del mundo nuevo, de una manera sutilmente irónica:
Según este autor, la árida e intrincada explicación de Valverde culminó con una exhortación agresiva y amenazante. Atahualpa respondió con dignidad y cordura. Ante sus dudas el religioso le alcanzó el libro que llevaba. Después de examinarlo, Atahualpa acotó riendo "A mí no me dice nada este libro"10 y lo arrojó al suelo. Aprovechó esto Vicente de Valverde para retirarse muy alterado. La actitud violenta del dominico no corresponde a la madura del Inca. Benzoni no estuvo en el hecho, lo que convierte su testimonio en referencial. Alonso de Borregán en su Crónica de la conquista del Perú, dice:
A pesar de la tergiversación de los hechos que viene después de esta cita, y tomando en consideración que su autor no fue testigo de lo que narra, este párrafo refrenda que Atahualpa esperaba encontrar en el libro alguna información. Viendo frustrada su expectativa, lo arrojó al suelo. El escritor era consciente de la imposibilidad de que el Inca comprendiese el sentido y finalidad de un objeto, absolutamente desconocido. Cristóbal de Molina, sin entrar en detalles, sigue similar dirección cuando afirma que "subcedió lo que es público y notorio, que sin pelear el señor...le acometieron de una celada donde estaban"12 . Vicente de Valverde habría sido parte de la emboscada en la que hicieron caer al Inca, lo que, implícitamente supone, premeditación, alevosía y ventaja. Agustín de Zárate presenta ampliamente la escena en su Historia del descubrimiento y conquista (1555). Siguiendo el proceso inherente al "Requerimiento", Vicente de Valverde ofrece a Atahualpa el apoyo del Emperador " ... él le defendería y ampararía, teniendo en paz y justicia la tierra, y guardándoles sus libertades, como lo solía hacer a otros reyes y señores que sin riesgo de guerra se le sujetaban; y que si lo contrario hacía, el Gobernador le daría cruda guerra a fuego y sangre, con la lanza en la mano; (...) Y después que Atabalipa todo esto entendió, dijo que aquellas tierras (...) a la sazón eran suyas y las poseía, y que no sabía él cómo san Pedro las podía dar a nadie; y que si las había dado, que él no consentiría en ello ni se le daba nada; (...) y preguntó al Obispo, que cómo sabría él, ser verdad todo lo que había dicho, o por dónde se lo daría a entender. El Obispo dijo que en aquel libro estaba escrito que era escriptura de Dios. Y Atabalipa le pidió el Breviario o Biblia que tenía en la mano; y como se lo dió, lo abrió, volviendo las hojas a un cabo y a otro, y dijo que aquel libro no le decía a él nada ni le hablaba palabra, y le arrojó en el campo..."13 En esta narración Atahualpa aparece benigno y respetuoso con Vicente de Valverde. Su discurso, presentado lleno de cordura y dignidad, es elaborado y complejo. Se muestra sobrio y medido. Agustín de Zárate le atribuye al Inca la intención de comprender a partir de lo que era su experiencia, tratando de "oír". Su actitud no es presentada como agresiva, sino abierta a una explicación. Al no recibir respuesta, al no escuchar nada, arroja el libro al suelo ocasionando la violenta reacción del dominico, "¡A ellos, a ellos!", con lo que se sucede la matanza y prisión de Atahualpa. Recordemos que Agustín de Zárate recogió información sobre hechos que no presenció, pues él recién llegó al Perú en 1543. Si Zárate fue fiel a los datos que le proporcionaron, pudo haber transmitido una versión común a otros testigos no oficiales del hecho. Para ellos Vicente de Valverde representaría al malvado, al personaje que en última instancia hizo el daño. El cronista cuenta lo ocurrido de manera que determina la actitud directamente agresiva del padre dominico ante un Inca razonable, que expone dudas obvias de acuerdo al desarrollo y presentación del discurso. Puede deducirse del texto su desconcierto ante la abrupta resolución del religioso, quien se comporta como villano. Fray Martín de Murúa en su Historia general del Perú... de 1590, que tomamos como fuente referencial de contraste, afirmó que Atahualpa recibió a los españoles y "los regaló con amor y humanidad [porque] eran embajadores del Hacedor"14 . Se habría por ello presentado en la plaza de Cajamarca con su ejército desarmado. La esfera de agresor es contundente en este texto, pues el Inca sucumbe por su credulidad y buen corazón ante un fraile que se le acerca malintencionadamente, a sabiendas que su exposición no será comprendida. Esgrimiendo palabras que Murúa considera «impertinentes y fuera de propósito» que en última instancia, sólo constituían un preámbulo al ataque español. Los autores tratados pertenecen a ámbitos sociales diferentes: soldado, extranjero, funcionario y religioso. Es interesante constatar que, a medida que transcurría el siglo, se había extendido una comprensión determinada de las actuaciones de Vicente de Valverde y de Atahualpa. En cuanto al papel del Inca lo encontramos configurado como ingenuo y pasivo. Los escritores parecen haber tenido la intención de contrastar su actitud con la del dominico, para hacer inobjetable lo negativo e injusto de su participación, así como destacar la responsabilidad que le atribuyen en las consecuencias. Debemos agregar que los cronistas tratados tienen el factor común de no ser testigos. Igualmente coinciden en presentar a Vicente de Valverde como un hombre alterado, de reacción desmesurada ante una situación, cuyos resultados, a ellos les parece obvia: el desconocimiento de Atahualpa del objeto que se le entregó y con mayor razón, del mensaje que contenía. Esta impresión de quienes no presenciaron la escena y no participaron de la tensión implícita, no fue exclusiva. Sus narraciones son muestra de una corriente de opinión que atraviesa el siglo XVI, tal como la de Martín de Murúa confirma y que se extiende hasta nuestros días. Muerte de Atahualpa Otra secuencia en la que Valverde es considerado como agresor es la de la muerte de Atahualpa. Aunque algunos cronistas no lo mencionen claramente, puede incluirsele como uno de los miembros del grupo al que aluden como personas de experiencia15 , pues por otros pasajes de esta crónica se prueba la confianza que tenía Francisco Pizarro en los consejos del padre dominico. Aún y que no hubiese opinado estrictamente sobre la muerte del Inca lo que por otras fuentes sabemos que hizo la omisión de Xerez en señalarlo específicamente lo involucra en la decisión. Una de las fuentes explícitas al respecto es Pedro Sancho de la Hoz, quien en su Relación para su majestad de l534, despeja toda posible duda al respecto:
Si la intención de Pedro Sancho fue la de minimizar la responsabilidad de Francisco Pizarro, diluyendo entre otros miembros de la expedición igualmente relevantes la decisión de condenar a muerte al Inca, no pudo escoger mejores exponentes. La sentencia fue dictada por unanimidad, pues el cronista no consigna oposición alguna. Pedro Cieza de León es un escritor que goza de credibilidad excepcional por su objetividad y método minucioso. En la Crónica del Perú. Primera parte (1550-1553), emite una severa opinión sobre los que, con el pretexto de la cristianización, cometieron tropelías
Y añade:
Inmediatamente, a inicios del capítulo siguiente, Cieza de León hace referencia a la muerte de fray Vicente de Valverde en la isla de la Puná. El nexo es significativo. Para el autor, Valverde incurrió en falta al permitir el asesinato del Inca. El papel que le corresponde es el de agresor con responsabilidad compartida. En la Tercera parte de su Crónica en el Perú (1550-1551), Cieza es más explícito. Después de advertir que contará los hechos tal como le fueron narrados, sin añadir ni omitir información y por lo tanto excluyendo la posibilidad que le atribuyan haber manipulado la información expone los antecedentes de la muerte del Inca. La conjura de Felipillo y los "ladrones a quienes llamamos anaconas" (I, Cap. LIV), concluyó en un falso informe acerca del levantamiento indígena para liberar a Atahualpa y eliminar a los españoles. A pesar de las negativas de Atahualpa cuenta Cieza de León nadie le creía
Vicente de Valverde, de acuerdo a este testimonio, fue plenamente responsable. Mencionar que estaba dispuesto a sustentar su opinión firmándola, lo torna más grave. Su actitud quedaría documentada. Como resultado de esta investigación hemos concluido que para Vicente de Valverde la palabra escrita, inicialmente advertida en el libro tras el que escudó su posición y que alcanzó al Inca pretendiendo constituyera por sí mismo prueba suficiente de sus acertos, tenía un valor fundamental. El que se consigne que se comprometió a "firmar", o sea, a incorporarse a un texto, a constituir unidad con lo expresado en él, lo involucra mucho más profundamente que cualquier declaración. Pedro Cieza de León es el único cronista que transmite este episodio. También es el único que nos informa de un incidente anterior entre el padre dominico y Atahualpa. Lo que revelaría una motivación previa al hecho que tratamos. El mismo cronista reproduce la anécdota que le fue contada. Francisco Pizarro, por apoyar a Atahualpa, cometió lo que se consideraba un sacrilegio en la época, violó el dextrum, cuyo principio constituía derecho adquirido por la Iglesia. No respetó los fueros, ni el derecho de asilo que asistía a quien se refugiara en el templo cristiano
Este enfrentamiento de Vicente de Valverde con el Inca, dice Cieza de León que fue escuchado por algunos. Sin embargo nadie lo narró antes que él. Los testigos se lo contaron, lo que significa que el incidente era de conocimiento público. El comentario del autor se refiere a que el dominico no se comportaba como religioso, sino como soldado. Aquí es claramente agresor. Se muestra presumiblemente vengativo y prejuicioso con Atahualpa. Su posición queda aún más destacada al comparársela con la de otros miembros de la expedición, incluso Diego de Almagro, a quien Cieza sindicado como presunto almagrista muestra compasivo con el Inca. Si analizamos detalladamente el texto, ni Francisco Pizarro ni Atahualpa estaban presentes, porque "mandaron sacar" al infractor, y Valverde, "mirando contra la parte donde estaba Atabalipa..." y no mirando al Inca lanzó su amenaza. Por otra parte el fraile descargó su ira contra Atahualpa, presunto autor intelectual del incidente porque no tenía poder para ordenar por sí mismo y definitivamente no conocía la norma, antes que enfrentarse a Francisco Pizarro, quien era imposible la desconociera. Por ello su actitud es aún más negativa y demostraría un encono previo y sostenido, que podríamos ver nacer en el episodio del libro. La fuente que narró este episodio a Pedro Cieza de León bien pudo ser el clérigo Alonso de Morales. En primera instancia, el hecho sucedió en el precario local de la iglesia en Cajamarca, adecuado para que ambos religiosos estuvieran allí. En segundo lugar, fue Morales quien narró a Cieza aspectos alrededor de la muerte del Inca21 , como aquello de que Almagro contra la opinión de muchos no había propuesto la muerte del Inca, antes se había dolido de perderlo. Tal como el cronista expone lo que Morales le contó, podemos advertir que comparten la simpatía por el Adelantado. Lo que de ninguna manera supone que no fuera verdadera la anécdota, pero bien pudo no haber sido tan dramática. En la Relación del descubrimiento y conquista del Perú (1571), Pedro Pizarro señala como responsables de la muerte de Atahualpa a los almagristas, quienes dice, convencieron a Francisco Pizarro del peligro de mantenerlo vivo:
Critica Pedro Pizarro a quienes condenaban al Inca sin haberle advertido sobre los preceptos morales por cuya transgresión lo mataban. Implícitamente, quien mayor responsabilidad tuvo fue Vicente de Valverde, pues recién antes de ejecutar la sentencia predicó al Inca. Cuánta mayor la falta, si permitió su muerte por desconocer aquello que era su obligación enseñarle. Quienes no hicieron referencia a fray Vicente de Valverde respecto a este asunto fueron Cristóbal de Mena y Diego de Trujillo. Mena afirmó:
Cristóbal de Mena exime al padre dominico de la responsabilidad que implicó la sentencia de muerte al Inca, haciendo recaer totalmente la decisión en Francisco Pizarro. A lo sumo el religioso podría suponerse como silencioso fiador. En su Relación del descubrimiento del reyno del Perú (1571) Diego de Trujillo afirmó que fue un grupo específico el que solicitó la muerte de Atahualpa:
Diego de Trujillo escribió su narración tiempo después de ocurridos los hechos de los que fue testigo presencial. Radicado en el Perú desde 1554 y con vínculos estrechos con la familia de Atahualpa, es de advertir la sobriedad con que expone los antecedentes de la ejecución del Inca, de los que no solamente Vicente de Valverde es excluido. Cristóbal de Molina tampoco lo menciona en su crónica Cosas acaecidas en el Perú (1552):
La referencia que hace Cristóbal de Molina a que hiciéronle cristiano al momento de su muerte hace patente la presencia de Vicente deValverde, pues da a entender que en nada variaría la sentencia. La inhumanidad del acto es imputable fundamentalmente al religioso, más aún con el comentario sobre la injusta muerte que le hacían, inmediatamente después de la invocación a Dios y al Espíritu Santo. Por otra parte, el autor se guarda bien de mantenerse al margen del asunto. Agustín de Zárate, aunque tímidamente, incluye al dominico en el hecho:
Zárate evita nombrar a quienes sentenciaron al Inca. La referencia final a Francisco Pizarro y a Vicente de Valverde por el cargo que ocuparon, parece implicar la oficialización y por ende justificación de la medida. Analizaremos estos testimonios. En primer lugar, de un modo claro o implícito, los autores no ocultan la participación del padre dominico en la muerte de Atahualpa. Las personas de experiencia que menciona Francisco de Xerez parece aludirlo. Pedro Sancho de la Hoz lo señala por su nombre, sin diferenciarlo de los demás miembros de la expedición. Cristóbal de Molina anota que el hecho pone lástima a los que tienen alguna humanidad en el pecho. Ninguno de los hombres de Cajamarca la demostró, incluyendo a un Valverde indiferente ante aquella injusta muerte que le hacían al Inca. Agustín de Zárate comprende en un "le sentenciaron a muerte y ejecutaron la sentencia" a todos quienes algún poder de decisión tenían en la expedición. Su mención a Vicente de Valverde, inmediatamente después, junto a Francisco Pizarro, el Gobernador, es significativa. Al acotar Pedro Pizarro que una de las razones esgrimidas contra el Inca fue el estar casado con sus hermanas, permite suponer que Valverde pudo sentirse abrumado por la evidencia, tal como, según el autor, parece sucedió con Francisco Pizarro. Pero el mismo cronista plantea la interrogante ¿cómo podía exigirse el cumplimiento de ciertas leyes a quien nunca se le habían dado a conocer? De lo que deducimos un velado reproche al fraile dominico, en quien recaía la obligación de informárselo, por haber estado con él durante el largo tiempo de su cautiverio y haber tenido conocimiento de su realidad familiar. Diego de Trujillo desvía la responsabilidad de Vicente deValverde al señalar a los oficiales del Rey como únicos involucrados, aprovechando para marginarse a sí mismo. En estos textos Vicente de Valverde ocupa la posición del agresor. Incluso si consideramos que en las menciones de Diego de Trujillo y Cristóbal de Mena se omite señalar cualquier intento reconciliatorio por parte del religioso. De hecho siempre aparece al lado de quienes mataron a Atahualpa, sea o no nombrado. Matando indios La actividad de Vicente de Valverde como "soldado" parte de una única referencia de Gerónimo Benzoni:
Una razón para considerar la apreciación de Benzoni como no arbitraria, es que en documentos contemporáneos de carácter administrativo, se considera al fraile dominico en la condición de conquistador. Solamente quien hubiese participado activamente en las acciones recibía este apelativo. Se menciona el caso de Francisco de Calahorra, "factor de un mercader, quien en 1534 se encontraba acompañando a las fuerzas españolas...pero sin participar en las acciones de guerra, por lo que no era considerado un conquistador"28. Otra información que refuerza la mencionada, es que nuestro personaje recibió un solar y tierras en Arequipa "no como obispo, sino como fray Vicent de Valverde, conquistador destas provincias29 . Luego debió participar en las batallas y confrontaciones, como dedujimos era inevitable para quien pareció tan comprometido con la campaña y recibió tantas ventajas. Que ningún otro cronista lo anote, más que un intento de proteger al fraile, nos parece que obedece a considerar esta actividad como natural a la condición religiosa en tales circunstancias. Después de todo existía implícita la voluntad de ganar almas al cristianismo y no siempre estaba claramente especificado si ello se efectivizaría antes, o después, de someterlos por las armas. Un detalle que queremos señalar y que reforzaría la impresión de agresor del padre dominico, vinculado a la mención de Gerónimo Benzoni, es un comentario que incluye Hernando Pizarro respecto a que
La Relación Francesa se refiere al hecho casi en los mismos términos. Una vez preso Atahualpa:
Si Vicente de Valverde participó de estos hechos, no estuvo en la intención de los cronistas españoles determinarlo, cualquiera fuera la razón que los motivó a ello. O por la naturalidad de la situación o, al contrario, por su impertinencia. Esfera de acción del donador En una faceta distinta, en la esfera de acción del donador, Vicente de Valverde es el representante más conspicuo de la Iglesia en la expedición de Francisco Pizarro al Perú. Se convierte en el proveedor, en el aval sobrenatural en la campaña, el sustentador del providencialismo mesiánico que la conduce y convierte a Dios en el apoyo cotidiano de las acciones del hombre, orientadas a relevar su presencia. Es el único religioso que permaneció con Pizarro de manera estable antes y después de los hechos más significativos de la etapa inicial. Compartían privilegios y ventajas. Vicente de Valverde, como representante de la Orden Dominica, era portador de la voluntad de cristianizar las nuevas tierras, expresada en Reales Cédulas. La opinión y presencia del padre dominico avalaba muchas de las acciones tomadas por Francisco Pizarro, y en tal sentido fue mencionado por los cronistas. El apoyo divino y la relación sagrada de la hueste española, por convicción de época, pasaba por el padre dominico. Cristóbal de Mena, en la Conquista del Perú llamada Nueva Castilla (1534) se asombra del resultado del enfrentamiento entre los contingentes español e inca, tan dispares en número y no duda en la explicación: "por la gracia de Dios que es mucha"32 . Antes del enfrentamiento en la plaza de Cajamarca, Francisco de Xerez informa que Francisco Pizarro y el Capitán General recorrían los grupos españoles infundiéndoles valor y recordándoles que no tenían "...otro socorro sino el de Dios"33 y el mismo cronista atribuye la victoria española en el Perú "...a gloria de Dios; porque ayudados por su divina mano han vencido"34 . Si bien es cierto que por entonces y durante el inicio de la campaña, se documenta la presencia de dos clérigos en el grupo español, fue Vicente de Valverde el único fraile que, como ya señalamos, se mantuvo permanentemente en ella. Por ello y por su presencia oficial, le corresponde portar el símbolo de la divinidad. En Noticias del Perú (1535) de Miguel de Estete, encontramos que según el autor, Atahualpa no supo, o no pudo, tomar las medidas adecuadas para vencer a los españoles a pesar de ser "muy sabio y discreto" (369) porque Dios los protegía y guiaba en todos sus actos. Los españoles mantenían la práctica de los servicios religiosos previos a las acciones que tomaban "Venida la mañana, viernes, oímos misa"35 . Vicente de Valverde, como religioso de la expedición en la que tiene una posición relevante, se supone implícito en esta mención a nivel textual, no al histórico pues el capellán del grupo no es mencionado específicamente. Otro tanto encontramos en la Tercera parte de la Crónica del Perú de Pedro Cieza de León. Para Francisco Pizarro la actividad de los religiosos fue fundamental en su recorrido por la sierra peruana hacia el Cusco. Cuenta Cieza que en un encuentro con los guancas, Francisco Pizarro "...amonestólos que fuesen fieles a los españoles; (...) y a que les [porque los relij[i]osos les] diesen noticia de nuestra fe para que oyendo la palabra del sacro evanjelio se bolbiesen cristianos"36 . Cieza de León agregó al margen la mención a los religiosos, que había sido inicialmente omitida como frecuentemente sucede entre los cronistas. Finalmente, cualquier laico podía suplir a un religioso despreocupado. Fray Martín de Murúa afirmaba respecto a la misma circunstancia "...el Marqués, a quien Dios ayudaba para que empeçase a promulgar el Evangelio"37 . Portadora de la palabra divina, de los sacramentos y de la cruz, llevando el poder de España a territorio americano, la campaña de los españoles liderados por Francisco Pizarro era vista a finales de siglo como resultado del designio divino. En ella podemos considerar a Vicente de Valverde como transmisor por derecho de función, de este designio. Como resultado de ello debió prestar el apoyo espiritual a los expedicionarios y el aval religioso a sus acciones. Es el donador con que cuenta la campaña. Esfera de acción del auxiliar Como auxiliar, hemos tenido oportunidad de señalar las oportunidades en que el personaje Vicente de Valverde, respondiendo a la solicitud de Francisco Pizarro quien es esos momentos tiene la condición de héroe se presta a conversar con Atahualpa, y provocar las condiciones que llevarían a definir una situación incierta y peligrosa. Los cronistas que documentan esta oportunidad coinciden en sus apreciaciones: "salió un fraile dominico, a hablarle de su parte (el Gobernador)"38 , "envióle un fraile, ..."39 , "(Piçarro), mandó a fray Viçente de Valverde, frayle dominico, que fuese[a] Atabalipa"40 , "...y envióle el gobernador Pizarro al padre Vicente de Valverde..."41 , "(Francisco Pizarro), envió al padre fray Vicente de Valverde..."42 , "(el Gobernador) envió un padre de la orden de Santo Domingo el cual se llamaba hermano Vicente."43 Algunos narradores señalan que fue Francisco Pizarro, quien por razones de estrategia, envió al religioso Vicente de Valverde a distraer a Atahualpa. Esto convierte al personaje Valverde en auxiliar de la acción planeada por el héroe. Está posibilitando que el héroe logre su cometido. Cumple este encargo en la secuencia mencionada a plena conciencia, pues la respuesta que conocemos llevó a Francisco Pizarro al término de la entrevista, fue una incitación a cumplir con el plan previamente tratado, sin intervenir en sentido distinto, ni contraviniendo las indicaciones. Aunque no modifique la Esfera de Acción el que el Actante sea o no responsable de asumirla, es importante en este caso para reconstruir el personaje que tratamos. El padre Valverde lleva la palabra, el pensamiento, de Francisco Pizarro a su oponente Atahualpa. Se desplaza en su lugar. Al asumir el encargo está igualmente avalando la estrategia previamente acordada y lo que desencadenó. De alguna manera logró propiciar la consecución del poder por Francisco Pizarro. Esfera de acción del héroe En oposición a la Esfera de Acción anterior, el personaje Vicente de Valverde se convierte en héroe cuando los narradores le adjudican la plena responsabilidad al atender la entrevista con Atahualpa:
De acuerdo con estos narradores, el religioso no es instrumento de Francisco Pizarro sino que asume una actitud decidida, pues le anima el deseo de hablar de las cosas de Dios, de tranquilizar al Inca, convencerlo o requerirlo. En estos testimonios Valverde es el religioso apropiado al momento. Es reconocida su condición de héroe en esta secuencia, toda vez que es plenamente responsable de sus actos. Francisco Pizarro asume la esfera de acción del mandante, o aquel personaje que propicia la acción del héroe. Vicente de Valverde lleva como estandarte y símbolos, como donadores, la cruz y el libro en la mano, sus protectores divinos. Está procurando evitar un mal mayor, además de intentar comunicar un bien para "salvar" a su interlocutor potencial, Atahualpa, quien en esta secuencia funge de agresor. La actitud de fray Vicente de Valverde en el sentido que informamos, no se entiende más allá del momento que señalamos. Un poco después, y ocurrido el incidente del libro, cambiará según algunos cronistas radicalmente. Esfera de acción del mandante El mandante o mandatario cumple la función de condicionar los elementos para que pueda actuar el héroe. En este caso Vicente de Valverde actúa enviando al héroe en este caso Francisco Pizarro a su acción consagratoria. Coincide la escena con aquellas ocasiones en las que su esfera de acción es la del agresor. En esta oportunidad no por su actitud genérica en la historia, sino por su incitación al ataque, finalizada su entrevista con el muy probablemente desconcertado Atahualpa.
Vicente de Valverde se muestra decidido y clama por venganza frente a lo que consideraba una afrenta por parte del Inca. En mayor o menor grado el religioso conmina a los españoles al ataque, pues consideraba innecesario cualquier otro trámite. Encontramos matices en las narraciones que analizamos. Algunos cronistas son más escuetos en el comentario y evitan brindar mayor información. Otros presentan testimonios elocuentes. La reacción de Vicente de Valverde ante el gesto del Inca de arrojar el libro que poco antes le había alcanzado, está cargada de ira. En su narración Miguel de Estete parece indicar que Vicente deValverde responsabilizaba a otros de pusilanimidad, por intentar hablar y conciliar con el Inca. Su queja denota discriminación y desprecio, además que permite interpretar que él no estaba inicialmente de acuerdo con tal procedimiento. Se vislumbra intolerancia en las frases que se le atribuyen. Deducimos que antes del encuentro en Cajamarca, el grado de tensión emocional debió ser lo suficientemente intenso como para motivar una reacción desproporcionada por parte del religioso. Cualquiera fuera su motivación, aquí el dominico incita al héroe a cumplir las funciones de su Esfera de Acción, las que estaban previamente acordadas y establecidas. Vicente de Valverde igualmente, se convierte en nexo entre dos escenas de similar fuerza: la del requerimiento al Inca y la inmediata de su prisión, fundamentales ambas para el discurrir de la historia narrativa. Su papel de mandante se cumple claramente. Esfera de acción del héroe falso Ilustra la esfera de acción del héroe falso la secuencia de la muerte de Vicente de Valverde, referida por otros cronistas de manera indirecta, pues ninguno fue testigo del hecho. Mientras en actos previos parece convertirse en el representante de la Cristiandad en la campaña, con mayor o menor eficacia, las opiniones sobre su muerte permiten observar más nítidamente la posición de cada uno de los narradores que se ocupan de contarla. Pedro Cieza de León, en la Primera parte de la Crónica del Perú, informa que tratará de los obispados que se erigieron en el Perú pues es cosa importante el tener, como tienen, a su cargo tantas ánimas (Cap. CXX). Inmediatamente añade:
Esta noticia la brinda Cieza de León poco después que finalizado el capítulo CXIX, anotara respecto a quienes estuvieron involucrados en la muerte de Atahualpa: "...pocos murieron sus muertes naturales, que todos los más han muerto miserablemente y con muertes desastradas"60 . La opinión desfavorable que tiene Cieza de León de Vicente de Valverde lo convierte en héroe falso, por la implicancia negativa de sus acciones y su destino nefasto. Refrenda esta información cuando, en la Tercera parte de su Crónica del Perú, añade: "Y así, los que tienen por culpantes en su muerte murieron muertes desastradas; (a) fray Viçente mataronlos yndios en la Puná"61 . Los personajes más representativos del suceso comparten la Esfera de acción del héroe falso con el padre dominico. Gerónimo Benzoni incluye en su crónica el mismo dato: "la isla Puná... Allí murió fray Vicente de Valverde, (...) llegó a la isla donde una noche los indios lo mataron a palos... Fue este el fraile que habló con Attabalipa en Cassiamalca"62 . Alonso de Borregán con su natural dramatismo informa "(a la ysla de la Puna) y alli los mataron los yndios y los comieron con axi"63 . Pedro Pizarro, refiriendo las consultas que hizo Francisco Pizarro al ser informado de la conjura para matarlo contó a propósito de la traición de Juan Velásquez, "que después le mataron a él y al obispo los indios de la Puná, yendo huyendo de los de Chile. Este obispo fue fray Vicente de Valverde, el primer obispo del Cuzco y que hobo en este reino"64 . Obsérvese que Pedro Pizarro equipara la cobardía y traición de Velásquez pues desprotegió al Gobernador y salió según se afirma, con la vara en la boca para facilitar su huida con su muerte, a la que consigna junto a la del obispo, como si hubiesen sido las únicas víctimas del suceso, y no parte de un grupo de cuarenta personas, comprendiéndolas en una misma apreciación. Destacan estos cronistas la muerte de Vicente de Valverde, el miembro de la expedición inicial al Perú que tenía la posición religiosa más relevante y que alcanzó la mayor investidura en su Institución. A quien responsabilizan de dos de los hechos más importantes de la campaña en tanto, precisamente, el nivel jerárquico que ostentaba en el grupo. Cieza de León, implícitamente, desliza que fue castigado por los actos inconvenientes y su comportamiento inadecuado en la sentencia a Atahualpa. En la Esfera de acción del héroe falso, Vicente de Valverde es desenmascarado por el destino, pues la mano de Dios lo condena, colocándolo en una situación acorde con su desempeño. Según los textos que analizamos, la forma de la muerte del dominico sólo se explica en el contexto del castigo por la matanza que desencadenó y por su falta de misericordia para con los indios. En estas secuencias actuaba en calidad de HÉROE, de manera sobresaliente, pero en contra de lo que los escritores consideraban justo y, lo más significativo, en oposición a lo que su investidura demandaba. Negaba su condición, la falseaba. Este rasgo de intolerancia lo hemos observado cuando Pedro Cieza de León lo muestra amenazando a Atahualpa, ante lo que consideró una afrenta a los privilegios de la Iglesia65 . Gerónimo Benzoni cuenta otro acontecimiento que puede también, en este contexto, ser verosímil, a pesar de ser el único cronista que lo menciona: "El fraile iba animando a la gente a que les dieran de estocadas y no golpes de tajo a fin de que no rompieran las espadas"66 . Esta descripción de la actitud de los españoles el día de la captura del Inca, especialmente del fraile, la sitúa Benzoni poco después de la captura de Atahualpa. Es momento que ningún otro cronista consigna. Tres situaciones violentas La huida ante la inminencia de la muerte después del asesinato de Francisco Pizarro; la muerte a manos de los indios de la Puná y, junto a ella, el ensañamiento de Vicente de Valverde contra gente mísera e infeliz. Los narradores destacan los momentos claves explicitando cuál fue la actitud del padre dominico en cada uno de ellos. Es Vicente de Valverde un héroe falso en tanto, además, tal como lo diría Pedro Cieza de León, actuaba más como soldado que como religioso. La aplicación de la morfología del cuento al análisis de las primeras crónicas del siglo XVI escritas por españoles en el Perú, aplicada a un personaje en particular, nos permite un acercamiento a su conocimiento desde la perspectiva de sus contemporáneos más o menos cercanos, así como una aproximación enriquecedora al estudio inmanente del texto y de la información que brinda. Tanto ésta, como otras metodologías de la teoría literaria, resultan útiles para el estudio de la información que brindan los textos coloniales. |
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