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ALMA MATER
© UNMSM. Fondo Editorial

ISSN versión electrónica 1609-9036

 

Alma Mater Nº 18 - 19, 1999

Tabla de contenido


ENSAYOS


Concepción de la Filosofía en Ortega y Gasset

Magdalena Vexler Talledo

    Las ideas filosóficas principales de Ortega y Gasset se encuentran ya en su obra de juventud Meditaciones del Quijote.

    En el prólogo a esta obra, Ortega y Gasset plantea el programa de su obra: se trata de reflexionar sobre los temas españoles, esto es sobre “las circunstancias” españolas.

    Este programa tiene su origen, por un lado en la conciencia de la decadencia de España, que si bien algunos autores sostienen que es un hecho del cual ya algunos españoles tenían conciencia en el siglo XVI y XVII, se hace más evidente y dramática en el 98, en que España pierde sus últimas posesiones coloniales y en segundo lugar, este tipo de reflexión se asienta en una nueva concepción de la filosofía que plantea como temas de reflexión no asuntos abstractos y generales, sino asuntos “concretos” y de este mundo, como por ejemplo, la cultura, la vida y otros aspectos de la vida cotidiana.

“En él se proponía Ortega, y venía a proponer a los demás, filosofar sobre las circunstancias, es decir, sobre lo que está más inmediatamente alrededor de cada cual, que es lo más concreto en torno a cada cual, lo más concreto o crecido con cada cual: para un español, lo español mismo”1

    Esta obra está constituida por una serie de ensayos de diversas índole; unos sobre “temas de alto rumbo; otros sobre temas más modestos; algunos sobre temas humildes, todos directa o indirectamente, acaban por referirse a las circunstancias españolas”2.

    Estas reflexiones, según lo expresa el propio Ortega, tomando una frase de Spinoza, obedecen al “amor intelectualis”, y tienen una misión de “salvación”; esto es llevar los hechos a la plenitud de su significado

“... dado un hecho –un hombre, un libro, un cuadro, un paisaje, un error, un dolor–, llevando por el camino más corto a la plenitud”3.

    Esta “salvación” no es ni loa, ni ditirambo, sostiene Ortega, pues se trata de que “el tema sea puesto en relación inmediata con las corrientes elementales del espíritu, con los motivos clásicos de la humana preocupación. Una vez entretejido con ellos queda transfigurado, transustanciado, salvado”4.

Beneficiencia Pública de Lima

DOCTRINA DEL AMOR

    El resultado de estas meditaciones será una doctrina de amor, afirma Ortega.

    Esta doctrina de amor, es la que Ortega contrapone al odio que lleva al aniquilamiento de los valores, que según él sostiene, es la actitud predominante en el español que lo lleva a ver el universo como algo rígido, seco y estéril.

    El amor, a diferencia del odio y el rencor, une y liga las cosas aun cuando sea pasajeramente.

COMPRENSIÓN

    Una de las actividades del amor y uno de sus síntomas es la “comprensión”, ese afán que Platón llamara “locura de amor” (
erwticy mauía), y que debe darse, sostiene Ortega, no sólo frente al amigo o al propio país, sino también frente al enemigo.

    La comprensión de lo que nos es opuesto debe llevar a la tolerancia, desterrando así el rencor que es una manifestación de inferioridad y que suele enmascararse en una actitud moral rígida, sin considerar las exigencias de la veracidad, pues muchas veces; “abrazamos el imperativo moral como un arma para simplificarnos la vida aniquilando posiciones inmensas del orbe”5 .

    Esto, por otra parte, sostiene Ortega, no significa estar contra la moral. “Yo no desdeño la moralidad en beneficio de un frívolo juzgar con las ideas”6 .

    En realidad, Ortega está en contra de la moral que él denomina “perversa” y cuyas características son la hipocresía y la confusión, que no diferencia, por ejemplo, el bien del complemento material de normas legales adoptadas para siempre y que ya han dejado de reflejarlo.
   
    Frente a esta moral perversa, él propone una moral integral:

“No se opone, pues, en mi alma la comprensión a la moral. Se opone a la moral perversa la moral integral para quien es la comprensión un claro y primario deber”7.

LA FILOSOFÍA

    De acuerdo a las ideas expuestas, Ortega considera que “es la filosofía la ciencia general del amor, dentro del globo intelectual representa el mayor ímpetu hacia una omnímoda conexión”8.

    De ahí que él considere que hay diferencias entre el saber y el comprender. El saber referido a hechos es incomprensión, de ahí que la filosofía es: “idealmente lo contrario de la noticia, de la erudición”9.

    Aunque no desdeña la erudición y la información, Ortega considera que la filosofía no se limita a acumular hechos o asociarlos sólo en la mente de un erudito. Esto significaría una regresión. Así, mientras “... La erudición (es) el extrarradio de la ciencia, porque se limita a acumular hechos, ... la filosofía constituye su aspiración céntrica, porque es la pura síntesis”10.

    De ese modo, dice Ortega, la filosofía podría expresarse en una sola proposición que dijera toda la verdad. Una verdad que se manifestara de un solo golpe, esclareciendo la perspectiva del mundo. Y a esto es lo que Ortega denomina comprender.

    Esa proposición contiene “un tesoro de significación (que) explota de un golpe, y de un golpe vemos esclarecida la enorme perspectiva del mundo”11.

    De ese modo, la filosofía se presenta como “una súbita descarga de intelección”12.

FILOSOFÍA Y CIRCUNSTANCIA

    La reflexión debe hacerse, sostiene Ortega, sobre lo grande y lo pequeño sin que se confundan los niveles y el orden existente, pero sobre todo debe dirigir su mirada sobre aquello que está cerca a nosotros, sobre aquello que constituye nuestra circunstancia:

    “El hombre rinde al maximum de su capacidad cuando adquiere la plena conciencia de su circunstancia. Por ellas comunica con el Universo.- ¡La circunstancia! ¡Circum – stantia! ¡Las cosas mudas que están en nuestro próximo derredor! Muy cerca, muy cerca de nosotros levantan sus tácitas fisonomías con un gesto de humildad y de anhelo, como menesterosas de que aceptemos su ofrenda y a la par avergonzadas por la simplicidad aparente de su donativo”13 .

    El hombre, continúa Ortega, marcha ciego ante tales circunstancias y fija su mirada hacia remotas empresas, hacia la conquista de ciudades esquemáticas.

    El hombre es como el gran héroe que dirige su mirada a la lejanía y hacia la meta gloriosa y no advierte la presencia de la doncella que marcha a su lado.

FILOSOFÍA, INDIVIDUO Y SOCIEDAD

    Ortega y Gasset considera que el siglo XIX le dio una gran importancia al aspecto social y político dejando de lado la reflexión sobre aspectos como la amistad, el amor y otros asuntos considerados por algunos como no importantes:

“Todas nuestras potencias de seriedad las hemos gastado en la administración de la sociedad, en el robustecimiento del Estado, en la cultura social, en las luchas sociales, en la ciencia con cuanto técnica que requiere la vida colectiva”14 .

       

Sillería del Coro de la Catedral del Cusco entre 1657 y 1678

    Sin embargo, según Ortega, la cultura se presenta como la condensación de lo que fue espontáneo e inmediato:

“La cultura nos proporciona objetos ya purificados, que alguna vez fueron vida espontánea e inmediata, y hoy, gracias a la labor reflexiva, parecen libres del espacio y el tiempo, de la corrupción y del capricho”15.

    La cultura forma así como una especie de vida ideal y abstracta que se levanta sobre nuestras existencias personales siempre azarosas.

    Para Ortega, vida individual, “lo inmediato”, y “la circunstancia” son diversos nombres que se refieren a lo mismo: “aquellas porciones de la vida de que no se ha extraído todavía el espíritu que encierran, su logos”16 .

    Y como el logos es un “sentido” y una conexión, todo aquello que es individual y circunstante parece casual y falto de significado, dice Ortega.

    Sin embargo, todo aquello que en la vida social se presenta como cultura, se nos da bajo el aspecto de vida individual, de lo inmediato:

“Cuanto es hoy reconocido como verdad, como belleza, ejemplar, como altamente valioso, nació un día en la entraña espiritual de un individuo, confundido con sus caprichos y humores”17.

    El verdadero acto cultural es el creador, aquél en que extraemos “el logos de algo que era insignificante”18.

    Todo lo general, todo lo aprendido, debe servir para convertirlo en lo inmediato.

“... todo lo logrado en la cultura es sólo la vuelta táctica que hemos de tomar para convertirnos a lo inmediato”19.

    Lo general y abstracto en este sentido es la referencia, que nos ha de servir para lo inmediato.

CIRCUNSTANCIA, PERSPECTIVA Y VIDA

    Situar nuestra inmediatez en lo general, vincular lo mínimo con lo máximo, es lo que se debe hacer, porque el ser del mundo no es materia ni alma sino “perspectiva”, afirma Ortega:

“La perspectiva se perfecciona por la multiplicación de sus términos y la exactitud con que reaccionamos ante cada uno de sus rangos. La intuición de los valores superiores fecunda nuestro contacto con los mínimos, y el amor hacia lo próximo y menudo da en nuestros pechos realidad y eficacia a lo sublime”20.

    La salida hacia el universo, sostiene Ortega, se da a través de un lugar determinado.

    El hombre no sólo debe contemplar los valores sino conquistar su puesto en ellos. La realidad que me circunda, dice Ortega, forma la mitad de mi persona. “La reabsorción de la circunstancia es el destino del hombre”21.

    La biología ha demostrado, dice Ortega, que el ser vivo es una unidad con el ambiente que lo rodea. De ahí que:

“El proceso vital no consiste sólo en una adaptación del cuerpo a su medio, sino también en la adaptación del medio a su cuerpo”22.

De ahí que para Ortega:

“Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”23.

    Buscar el sentido de todo lo que nos rodea es la misión que tenemos, afirma Ortega; ésta es una tarea que ya se recomienda en la Biblia, en Platón y en otros pensadores como Giordano Bruno.

    Es lo menudo de la vida cotidiana, y lo inmediato, lo que retiene al hombre en la vida, aunque él no quiera detenerse en ello y mantenga escondida una serie de aspectos, como por ejemplo el impulso sexual, que dejándose de hipocresías, sostiene Ortega, acaba imponiéndose en la conducta de la vida.

    Sólo cuando hay pesimismo se vuelve la mirada a estos temas de la vida cotidiana, que sin embargo, deberían ser siempre motivo de reflexión, concluye Ortega.

VIDA Y FILOSOFÍA

    Son características de la vida, la transitividad y el altruismo. Sin embargo, el verdadero sentido de la vida no está fuera de ella misma, en los valores ultravitales:

“No son, pues, los valores trascendentes, quienes dan un sentido a la vida, sino, al revés, la admirable generosidad de ésta, que necesita entusiasmarse con algo ajeno a ella”24.

    La vida tiene un valor por sí misma y no necesita de ningún otro contenido para tener sentido, por eso, la filosofía debe dirigir su mirada a la vida misma, sin dejarse arrastrar por los valores ultravitales, sostiene Ortega.

    Para Ortega, la vida misma selecciona y jerarquiza los valores y citando a Nietzsche, considera que hay una vida ascendente que lleva a la consecución de más vitalidad y la vida descendente que lleva a la decadencia.

    Los valores se imponen a la sensibilidad, así por ejemplo, “no es sólo el valor cultural y objetivo de la verdad quien mide la inteligencia. Mirada ésta como puro atributo vital, su virtud se llama destreza –como no es lo que se hace estimable en el caballo la celeridad que usemos de ella para llegar pronto a un sitio prefijado”25.

    La filosofía como sostiene Fichte, es propiamente no vivir, afirma Ortega aunque, paradójicamente, es una forma del vivir: la vida teorética, la vida contemplativa:

“La teoría y su modo extremo –la filosofía es el ensayo que la vida hace de trascenderse de sí misma, de desocuparse, de desvivirse, de desinteresarse de las cosas” 26.

    Pero, según Ortega, este desinteresarse es, a su vez interesarse en la mismidad de cada cosa, buscando en ella la pura referencia a sí misma. Esto significa, de acuerdo a Ortega, un acto de amor, pues significa dejar de usarla, para que se encuentre a sí mismo.

    Para Ortega, la verdadera filosofía no es la que está en los libros, ésta es “sólo la abstracción de la auténtica realidad, 'filosofía' –es sólo su precipitado y su cuerpo semimuerto”27 .

    El ser de la filosofía es lo que hace el filósofo, es una manera de vivir filosóficamente y significa 'desvivirse' por cuanto hay en el universo.

FILOSOFÍA Y RAZÓN VITAL

    Según Ortega, la filosofía ha sido utópica porque ha pretendido establecer sistemas válidos para todas las épocas y todos los hombres. Esta posición está exenta de la visión vital histórica. Para Ortega:

“La razón pura tiene que ser sustituida por una razón vital, donde aquélla se localiza y adquiere movilidad y fuerza de transformación”28.

    Las concepciones filosóficas, dice Ortega, tienen rasgos de primitivismo expresados en su seguridad y candor.

    La visión filosófica, que considera el aspecto vital se presenta más amplia, más compleja y más llena de reservas y encrucijadas. Las filosofías del pasado, sostiene Ortega, al considerar haber descubierto toda la verdad, presentan un mundo concluso, definido y sin problemas, lo que es en realidad una ilusión.

    De ahí que, según Ortega, hay que superar este error.

CONCEPCIÓN DE FILOSOFÍA

    Determinar las causas por las cuales el hombre vuelve a hacer filosofía, implica determinar qué es filosofía, sostiene Ortega.

    Una primera definición de filosofía podría ser: “la filosofía (es) conocimiento del universo”29.

    Sin embargo, dice Ortega, esta definición similar en la forma a una definición de la física, deja de lado el dramatismo y la heroicidad de la filosofía, porque a diferencia de las ciencias que de antemano señalan y limitan su objeto, la filosofía desconoce lo que es el universo:

“... el físico y el matemático conocen de antemano la extensión y atributos esenciales de su objeto; por tanto, comienzan, no con un problema, sino con algo que dan o toman por sabido. Pero el universo, en cuya pesquisa parte audaz el filósofo como un argonauta, no se sabe lo que es. Universo es el vocablo enorme y monolítico que como una vasta y vaga gesticulación oculta más bien que enuncia vigoroso; todo cuanto hay”30.

    Es decir, que mientras que a las ciencias les es dado su objeto, la filosofía está en búsqueda permanente de él. De ahí que Aristóteles defina a la filosofía como la ciencia que se busca.

    Sin embargo, afirma Ortega, Aristóteles no nos explica de “donde viene ese apetito de universo, de integridad del mundo, que es raíz de la filosofía”31 .

    Para Aristóteles, los hombres sienten por naturaleza el afán de conocer.

    Pero conocer será buscar tras ellas su “ser”. Y este “ser” no se hace patente en las cosas, sino más bien se oculta en ellas.

    De ahí que según Ortega, este afán de conocer no es tan natural:

“A Aristóteles le parece ‘natural’ que nos preguntemos por el 'más allá' cuando lo natural sería que, convirtiendo primariamente nuestra vida en hallarnos rodeados de cosas, nos contentásemos con éstas”32.

    Implicaría una contradicción con la consideración, también de Aristóteles, de que el conocimiento es ver, pues mirar es reconocer con la visión los objetos que están ahí.

    A diferencia de Aristóteles, Ortega considera que el conocimiento no es “natural” además de no identificarlo con las facultades o mecanismos para obtener el conocimiento.

    Para Ortega, si bien el conocimiento se basa en las facultades o potencialidades que el hombre tiene, el conocimiento se origina en la necesidad de conocer que tiene y en la conciencia de la insuficiencia de sus dotes:

“Dios sabe todo, y por eso no conoce. La bestia no sabe nada, y por eso tampoco conoce”33.

CIENCIA, PROFESIÓN Y FILOSOFÍA

    Ortega diferencia entre ciencia y profesión. Para él, ciencia es sólo investigación:

    “Por eso no es ciencia aprender una ciencia, ni enseñarla, como no es usarla ni aplicarla”34.

    Para Ortega, investigar es descubrir una verdad o demostrar un error; en cambio saber es solamente enterarse bien de esa verdad, poseerla una vez hecha.

Frontis Iglesia Caima, Arequipa, labrado en piedra volcánica y rica expresión del barroco mestizo. En esta iglesia de los alrededores de Arequipa se rinde culto a la Virgen de la Candelaria.
Según la tradición, cuando se dio la lucha civil en 1844 entre Castilla y Vivanco, éste utilizó una de sus torres como observatorio para ver las posiciones del enemigo

    En ese sentido el término filosofía surge como el empeño de no confundir sólo la sabiduría con su búsqueda.

    De acuerdo a esto, en cuanto la ciencia es búsqueda de la verdad, es una misión más alta que la institución docente, que consiste sólo en transmitirla, sostiene Ortega.

    Sin embargo hay que distinguir entre ciencia y el hombre de ciencia.

    Para Ortega, la ciencia es una actividad elevada pero no la única. Igualmente, el ser científico es un modo de existencia humano tan limitado como cualquier otro. Para Ortega el hombre de ciencia, puede ser como hombre un monstruo, un maniático o hasta un demente:

“Lo valioso, lo maravilloso es lo que ese hombre limitadísimo segrega: la perla, no la ostra perlera”35.

Hombre y necesidad de conocer

    Para Ortega, lo que define al ser humano no son las facultades o dotes que posee, sino más bien lo que le hace falta. Y al ser humano lo que le falta es entender el mundo en que realiza su actividad principal: vivir.

    Todo vivir se realiza en una circunstancia, afirma Ortega. Esta circunstancia, sin embargo, no se le impone, pues el hombre permanentemente debe decidir, lo cual es una tarea siempre personal:

“Esta decisión es intransferible: nadie puede sustituirme en la faena de decidirme, de decidir mi vida”36.

    Para poder decidir, el hombre debe anticiparse con más o menos claridad lo que debe ser, lo que ha decidido ser en toda su vida. Esto hace que el hombre deba saber lo que es su circunstancia:

“... esto nos obliga a hacernos una idea, a averiguar de algún modo lo que es la circunstancia, contorno o mundo en que vive. Las cosas, en torno, no nos dicen por sí mismas lo que son. Tenemos que descubrirlo nosotros”37.

    El descubrimiento del ser de las cosas y de nosotros mismos constituye el quehacer intelectual del hombre y esto no es algo superfluo o extrínseco a la vida, sino constitutivo de ella.

CREENCIAS Y TAREA DEL FILÓSOFO

    En la época presente, se sigue creyendo que lo intelectual continúa cumpliendo una función maravillosa, pero al mismo tiempo se tiene la impresión de que el papel que lo intelectual ha cumplido en la vida no ha sido muy importante.

    Establecer una relación entre la angustia cotidiana y un tema tan abstracto como el de la inteligencia, parece ser una ridiculez, dice Ortega, sin embargo, ese es el papel que le corresponde al filósofo, sostiene Ortega.

    Es tarea del filósofo señalar los problemas aun cuando se consideren sin importancia, entre ellos la ingratitud del hombre, que no reconoce su historia y adopta un comportamiento antihistórico:

“El ingrato, olvida que la mayor parte de lo que tiene no es obra suya, sino que le vino regalado de otros, los cuales se esforzaron en crearlo u obtenerlo”38.

Realidad, Mundo e Idea

    El hombre, dice Ortega, debe reconocer que la realidad en que creemos vivir y con la cual contamos es obra del esfuerzo de otros hombres, y no la auténtica y primaria realidad:

Calle de Cajamarca. Como en todas las ciudades de fundación española, las calles son de trazo regular y se cortan en ángulos rectos

 

“Para topar con ésta en su efectiva desnudez fuera preciso quitar de sobre ella todas esas creencias de ahora y de otros tiempos, las cuales son no más que interpretaciones ideadas por el hombre de lo que se encuentra al vivir, en sí mismo y en su contorno”39.

    Para Ortega, la realidad auténtica no tiene figura, es puro enigma en el que se encuentra viviendo.

    Ante este enigma, el hombre reacciona haciendo funcionar su aparato intelectual, que es sobre todo imaginación, creando mundos: el mundo matemático, el moral, el político, que ya tienen efectivamente figura y un orden.

    Todos estos mundos son mundos creados, mundos imaginados.

    En la creación de estos mundos, el hombre a diferencia del animal, se ha refugiado en su interioridad.
    De ese mundo interior, sale el hombre para volver a la realidad, pero viéndolo a través de un instrumento óptico que es su mundo interior.

    De ese modo, dice Ortega, el ser humano se encuentra existiendo por partida doble:

“situado a la vez en la realidad enigmática y en el claro mundo de las ideas que se le han ocurrido”40.

    Por eso afirma Ortega, el mundo exterior al que llamamos mundo real es ya una interpretación dada por él, es decir, es una idea.

REALIDAD Y FILOSOFÍA

    La vida originaria y radical es la realidad primaria. Sin embargo, el hombre puede tomar como realidades primarias, las que son realidades de segundo o tercer grado, como son las interpretaciones que crea el hombre, como la ciencia, la poesía, etc.

El Capeador de Pancho Fierro

    En esta situación de convencionalismo o falsificación se hace necesaria la filosofía.

    La filosofía significa:

a) Una retirada al fondo solitario de sí mismo, es decir análasis o arreglo de cuentas consigo mismo.
b) El descubrimiento de la verdad de las cosas (aletheia).
   “Verdad significa las cosas puestas al descubierto y esto significa literalmente el vocablo griego para designar la verdad –alethia, aletheúein– es decir desnudar”41.
c) Es una crítica de la vida convencional, en general, y de su propia vida.

 

  

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