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Amor y Muerte en la Subcultura
Castrense
Apuntes hacia
una antropología de la vida militar
Ángel Espina Barrio
Resumen
En una consideración de las relaciones
existentes entre las instituciones y grupos militares y la sociedad en general, resulta
revelador desentrañar las complejas interacciones personales y afectivas que se dan en el
ámbito de la milicia y que diferencian a ésta radicalmente de la vida ordinaria o civil.
Tal es el propósito del presente estudio que quiere, desde el prisma de la antropología
socio-cultural y ayudado por observaciones psicodinámicas, explicitar la
"diferencia" de lo militar y explicar el porqué de la dificultad en la
relación Ejército-Sociedad, Grupo militarizado-Sociedad. Dicha relación estará siempre
problematizada, no sólo y como podrá verse por una diferencia de normativas;
sino también por una disparidad irreconciliable de finalidades. Nos centraremos en
mostrar lo que podríamos denominar "estilo psíquico" que genera el Ejército o
el grupo castrense en general, enmarcándonos, por ello, en la tradición antropológica
de estudios sobre cultura y personalidad, con un enfoque marcadamente psicológico nunca
incompatible, más bien complementario, con otras visiones sociológicas o políticas. Tal
labor nos desvela, en la dimensión erótica, que la confluencia de una serie de pautas
subculturales (sumisión a un individuo de igual sexo, exclusión de lo femenino,
penalización de la homosexualidad, escisión vida civil-vida militar, etc.) con nudos
afectivos infantiles (de tipo paterno-materno-filial) pueden favorecer expresiones o
tendencias psicopatológicas especiales (obsesión-compulsión, rasgos paranoides, riesgos
de esquizodependencias). En la vertiente agresiva se produce una exaltación inusitada y
enigmática de la figura de la muerte.
La difícil economía pulsional de la
vida militar
Cada individuo tiene una particular forma
de vivir y satisfacer sus necesidades primarias y, muy especialmente, las eróticas. No
será, sin embargo, la idiosincrasia individual la que nos interese aquí, sino el estilo
y las típicas canalizaciones pulsionales determinadas por las normativas ideales de la
subcultura castrense. En efecto, de la repetición, institucional o no, de ciertos
comportamientos, prohibiciones y rituales y del encomio de figuras ideales
definidas, se sigue la configuración de un determinado tipo de personalidad que
subyace en los miembros de ese estrato o grupo social, especialmente en aquellos
individuos más identificados o representativos del mismo. La investigación presente se
orienta al descubrimiento de esas peculiares interacciones militares y al impacto que
tienen en la personalidad, sobre todo en el ámbito de lo afectivo.
En primer lugar puede observarse una
pauta relacional muy marcada, como es la de dominación-sumisión a un individuo
generalmente de igual sexo. Es, quizá, la norma interactiva más paradigmática del
ejército, importante también en otros grupos armados (guerrilla, etc.). Nunca hay
posición de igualdad con el interlocutor: es un superior o un inferior1. La
escalilla es mucho más que una lista ordenada de nombres pues pasa a dividir el grupo
para cada individuo en dos mitades: una, ante la que tengo que someterme, y otra, a la que
puedo dominar. Naturalmente que existen grados cercanos donde tal estilo de relación se
difumina para permitir una inevitable convivencia; pero en caso de duda, y en cualquier
momento, puede hacerse prevalecer la propia posición frente a la del otro2.
La obligatoriedad del saludo al mando, y
del empleo de fórmulas precisas dirigidas al superior cuando se ingresa en un lugar, hace
que sea imprescindible el uso de emblemas y divisas bien visibles que recuerdan
repetidamente el propio estatus. No hay situación que cause más desasosiego en una
relación militar que la incertidumbre respecto al grado de un interlocutor desconocido3.
Por ello se insiste en el uso del uniforme y de los distintivos, elementos casi
imprescindibles para que se dé una verdadera situación castrense. Por otro lado, se
recomienda al jefe que, en el trato con los subordinados, sea correcto pero "sin
permitirse familiaridades que en el servicio o fuera de él, que puedan afectar a su
autoridad o prestigio"4. Tal es así que suele darse una territorialidad
bien definida, entre los diferentes subestamentos, en los lugares de roce cotidiano:
residencias, bares, etc. En estos sitios se aglutinan separadamente individuos cuya
diferencia de graduación sea soportable.
Todo este tipo de
relación está haciendo referencia en lo pulsional a lo que los psicoanalistas denominan
un estilo afectivo-competitivo que tiene como símbolo la amenaza de la anulación
psico-sexual. Se da en la primitiva rivalidad que el niño suele tener con su padre al
recibir las primeras restricciones a sus deseos. Este inicial choque con la figura paterna
en el que el niño llevaría todas las de perder queda como modelo para las
situaciones de sumisión entre individuos del sexo masculino5. Ya veremos
cómo, en este complejo afectivo, juega un importante papel la agresividad, remarcando
ahora la abundancia de momentos de tal estilo que se dan en la vida militar: signos de
sumisión en el trato, diferencias excesivas en medios materiales entre los distintos
empleos, voces de mando en el orden cerrado, etc6.
1- "El orden
jerárquico castrense define en todo momento la situación relativa entre militares, en
cuanto concierne a mando, obediencia y responsabilidad". (Art. 12 de las Reales
Ordenanzas para las Fuerzas Armadas, T. del Servicio Geográfico del Ejército,
Madrid, 1979).
2- "La precedencia en los Ejércitos, excepto cuando por razón del cargo corresponda
otra, se basará en primer lugar en el empleo, a igualdad de éste en la antigüedad en el
mismo, y así sucesivamente hasta llegar a la fecha de ingreso en el servicio. En último
extremo se resolverá en favor del de mayor edad". (Art. 190, R. Ordenanzas, O.C.)
3- Existen signos establecidos para disminuir esa incertidumbre en el trato cotidiano. Los
soldados que están en las puertas de las dependencias militares tienen la obligación de
anunciar en voz alta la presencia de un superior en las mismas. De esta manera, los mandos
del interior pueden prepararse para su llegada y, el que viene, puede apercibirse de que
no hay nadie de mayor grado que él en el edificio. De no ser anunciado significaría que
hay alguien con más mando en el interior y que conviene estar preparado para un posible
encuentro.
4- Art. 35 de las R. Ordenanzas, O.C.
5- La dominación-sumisión viene determinada por el temor a un castigo, simbolizado en la
amenaza de castración. Freud empezó a entrever esta ambivalencia en la relación
paterno-filial, en su análisis del "Caso Juanito". S. FREUD, Análisis de la
fobia de un niño de cinco años (1909), en: Obras Completas, Madrid, 1973, pp.
1435-1437.
6- "Como si la impotencia motriz fuera correlativa de la castración. Podríamos
citar otros muchos ejemplos de la vida cotidiana que confirman esta interpretación: el
soldado recibe las órdenes fingiendo impotencia motriz (en posición de firme),
etcétera". G. MENDEL, La rebelión contra el padre, Península, Barcelona,
1975, p. 120. |
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