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Una característica fundamental de la
postura teórica de Bourdieu ha sido la reivindicación del carácter científico de la
sociología: constituirla como ciencia y diferenciarla de las ilusiones y representaciones
del sentido común. La sociología tiene las características que implica la idea de la
ciencia: sistemas coherentes de hipótesis, conceptos, métodos de verificación18 .
Sin embargo, su visión no es la del positivismo, pues éste sólo toma una «caricatura
del método de las ciencias exactas sin acordar ipso facto una epistemología exacta de
las ciencias del hombre"19 .
En la perspectiva de Bourdieu, esta
preocupación por la cientificidad no positivista de la sociología lo lleva a buscar
de manera crítica en la tradición clásica de la disciplina la integración
de los aportes teóricos de Marx, Durkheim y Weber. A pesar de tratarse de enfoques muy
diferentes entre sí, le interesa, sobre todo, poner en evidencia los nexos internos de
esas teorías, sus raíces comunes, con el objeto de hacer avanzar la ciencia mediante la
acumulación de las herramientas conceptuales. La lógica de la investigación conduce
necesariamente a sobrepasar las oposiciones, logrando una comunicación entre las teorías
que se han constituido unas contra las otras. «La síntesis dice Bourdieu
sólo es posible al precio de un cuestionamiento radical». Ello le lleva a encontrar los
límites y las posibilidades de las teorías clásicas: «Por ejemplo, contra la
regresión ordinaria del marxismo hacia el economicismo, que sólo conoce la economía en
el sentido restringido de economía capitalista y que explica todo por la economía así
definida, Max Weber extiende el análisis económico (en un sentido generalizado) a
terrenos de ordinario abandonados por la economía, como la religión. Así, él
caracteriza a la Iglesia por una magnífica fórmula: como detentadora del monopolio de la
manipulación de los bienes de salvación. Invita a un materialismo radical que investiga
los determinantes económicos (en el sentido más amplio) sobre terrenos donde reina la
ideología del «desinterés», como el arte o la religión»20 .
De la tradición de Marx, Bourdieu ha
recuperado la propuesta de la distribución de los agentes en clases sociales; pero a
éstas no las ha reificado, tratándolas como sujetos, sino las considera como una
realidad histórica, como un campo de relaciones de fuerzas. Además, ha concedido una
importancia central a los aspectos subjetivos de las relaciones de clase: las relaciones
de sentido, la posesión de bienes culturales y la dominación simbólica. «[...] he
querido, y no sólo metafóricamente, hacer una economía de los fenómenos simbólicos y
estudiar la lógica específica de la producción y de la circulación de los bienes
culturales"21.
De la tradición de Durkeheim rescata el
tema de la objetividad y la cientificidad de la sociología. Aquí es particularmente
importante la exploración orientada a la constitución de la sociología como una
disciplina autónoma, frente a las corrientes positivistas y constructivistas:
"Establecer, con Bachelard, que el hecho científico se conquista, se construye y se
comprueba, implica rechazar a la vez el empirismo que reduce el acto científico a una
constatación, y el convencionalismo, que sólo le opone los preámbulos de la
construcción"22.
De la tradición de Weber se retoma la
noción de dominación simbólica. Se trata, sobre todo, del énfasis puesto por Bourdieu
en la legitimidad de la representación subjetiva del mundo, lo que funda el poder
simbólico, donde el agente social termina siendo el cómplice de su propia dominación.
En este sentido, Bourdieu considera que para explicar el poder simbólico y la dimensión
propiamente simbólica del poder estatal, a diferencia del pensamiento marxista que es
más bien un obstáculo que una ayuda, Max Weber, en sus escritos de sociología de la
religión ha ofrecido "una contribución decisiva" "a la teoría de los
sistemas simbólicos, reintroduciendo a los agentes especializados y sus intereses
específicos"23 .
Pero siendo
importantes estas influencias, ciertamente conviene considerar la perspectiva
estructuralista «como un momento clave y un fuente de reflexión fundamental» en la
elaboración de la teoría de Bourdieu. Inclusive, se puede afirmar, como lo hace P.
Ansart, que en esta corriente «las lecciones de Marx, de Weber y de Durkheim se
encuentran repensadas y libremente enriquecidas»24 . Particularmente en
Le Métiere de sociologue, se explícita y sistematiza la interpretación sociológica que
recurre al modelo estructuralista. Según este punto de vista, la tarea del sociólogo
consiste en identificar «sistemas de relaciones» en los que se organiza el objeto
estudiado y no la descripción arbitraria de comportamientos sociales fragmentados. Para
ello es fundamental un trabajo de ruptura con lo que Bourdieu denomina la «sociología
espontánea», punto de partida para la construcción de un objeto de análisis que
aparecerá como una estructura, es decir, como un sistema de posiciones y de relaciones,
donde el sociólogo tratará de desentrañar la lógica del sistema. En los estudios
posteriores, Bourdieu enfatizará el papel de los agentes en la reproducción de la
estructuras sociales mediante la utilización de la noción de «habitus», de esta manera
aparecerá el problema planteado en términos de génesis y no sólo de determinantes
estructurales.
Esta propuesta para superar las tesis
extremas del estructuralismo y de la fenomenología en un «estructuralismo genético»
constituye uno de los elementos de la estrategia teórica desarrollada por Bourdieu para
ir más allá de las diversas antinomias que han dividido a la sociología y que han
limitado sus posibilidades para constituirse en una verdadera disciplina científica. En
esta misma perspectiva, rechaza también el falso dilema que opone la «teoría» y la
«metodología», «sujeto» y «objeto», «materialidad» y «representación
simbólica» para asumir un «análisis relacional».
Bourdieu considera fundamental una
postura metodológica que rompa con las maneras de pensar «realistas» o
«sustancialistas», para pensar la vida social de manera relacional: «Si todo lo real es
relacional»...»es necesario pensar relacionalmente»25 . Esta
perspectiva metodológica implica dejar de lado toda forma de monismo metodológico que
intente afirmar la prioridad ontológica de la estructura o del agente, del sistema o del
actor, de lo colectivo o de lo individual, para sostener el primado de las relaciones.
Aunque esta propuesta no es una novedad, lo propio de Bourdieu es el rigor metodológico
con el que la aplica. Ejemplo de ello son sus conceptos de campo y de habitus que se
definen como constelaciones de relaciones.
El método comparativo posibilita poner
en práctica la forma de pensar relacional. «El método comparativo permite pensar
relacionalmente un caso particular constituido como caso particular de lo posible,
apoyándose en las homologías estructurales entre dos campos diferentes (el campo de
poder universitario y el campo de poder religioso, a través de la homología de las
relaciones profesor/intelectual y obispo/teólogo) o entre estados diferentes del mismo
campo (el campo religioso de la Edad Media y el de hoy)»26 .
18 P. Bourdieu, Questions de sociologie,
Paris, Éditions de Minuit, 1984, p. 21 (Esta obra ha sido traducida al castellano con
título de Sociología y cultura, tr. M. Pou, México, Grijalbo, 1990)
19 La fundamentación epistemológica de una sociología empírica no empirista se
encuentra en: P. Bourdieu, Le métier de sociologue. Préalables épistémologiques (con
Jean-Claude Chamboredon y Jean-Claude Passeron), Paris, Mouton/ Bordas, 1968. (Hay
traducción al castellano).
20 P. Bourdieu, Questions de sociologie, op. cit., p. 25.
21 Ibíd., p. 61.
22 P. Bourdieu, Le métier de sociologue. Préalables épistémologiques (con Jean-Claude
Chamboredon y Jean-Claude Passeron), op. cit., p. 31.
23 P. Bourdieu, Méditations pascaliennes, op. cit., p. 212.
24 P. Ansart, Les sociologies contemporaines, op. cit., p. 30.
25 P. Bourdieu y L. J. D. Wacquant, Réponses. Pour une
anthropologie réflexive, Paris, Ed. du Seuil, 1992, p. 202.
26 Ibíd., p. 205. |
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