Revista de Sociología - Volumen 11 - 1999 - Número 12


César Germaná


    

 

Una característica fundamental de la postura teórica de Bourdieu ha sido la reivindicación del carácter científico de la sociología: constituirla como ciencia y diferenciarla de las ilusiones y representaciones del sentido común. La sociología tiene las características que implica la idea de la ciencia: sistemas coherentes de hipótesis, conceptos, métodos de verificación18 . Sin embargo, su visión no es la del positivismo, pues éste sólo toma una «caricatura del método de las ciencias exactas sin acordar ipso facto una epistemología exacta de las ciencias del hombre"19 .

En la perspectiva de Bourdieu, esta preocupación por la cientificidad no positivista de la sociología lo lleva a buscar –de manera crítica– en la tradición clásica de la disciplina la integración de los aportes teóricos de Marx, Durkheim y Weber. A pesar de tratarse de enfoques muy diferentes entre sí, le interesa, sobre todo, poner en evidencia los nexos internos de esas teorías, sus raíces comunes, con el objeto de hacer avanzar la ciencia mediante la acumulación de las herramientas conceptuales. La lógica de la investigación conduce necesariamente a sobrepasar las oposiciones, logrando una comunicación entre las teorías que se han constituido unas contra las otras. «La síntesis –dice Bourdieu– sólo es posible al precio de un cuestionamiento radical». Ello le lleva a encontrar los límites y las posibilidades de las teorías clásicas: «Por ejemplo, contra la regresión ordinaria del marxismo hacia el economicismo, que sólo conoce la economía en el sentido restringido de economía capitalista y que explica todo por la economía así definida, Max Weber extiende el análisis económico (en un sentido generalizado) a terrenos de ordinario abandonados por la economía, como la religión. Así, él caracteriza a la Iglesia por una magnífica fórmula: como detentadora del monopolio de la manipulación de los bienes de salvación. Invita a un materialismo radical que investiga los determinantes económicos (en el sentido más amplio) sobre terrenos donde reina la ideología del «desinterés», como el arte o la religión»20 .

De la tradición de Marx, Bourdieu ha recuperado la propuesta de la distribución de los agentes en clases sociales; pero a éstas no las ha reificado, tratándolas como sujetos, sino las considera como una realidad histórica, como un campo de relaciones de fuerzas. Además, ha concedido una importancia central a los aspectos subjetivos de las relaciones de clase: las relaciones de sentido, la posesión de bienes culturales y la dominación simbólica. «[...] he querido, y no sólo metafóricamente, hacer una economía de los fenómenos simbólicos y estudiar la lógica específica de la producción y de la circulación de los bienes culturales"21.

De la tradición de Durkeheim rescata el tema de la objetividad y la cientificidad de la sociología. Aquí es particularmente importante la exploración orientada a la constitución de la sociología como una disciplina autónoma, frente a las corrientes positivistas y constructivistas: "Establecer, con Bachelard, que el hecho científico se conquista, se construye y se comprueba, implica rechazar a la vez el empirismo que reduce el acto científico a una constatación, y el convencionalismo, que sólo le opone los preámbulos de la construcción"22.

De la tradición de Weber se retoma la noción de dominación simbólica. Se trata, sobre todo, del énfasis puesto por Bourdieu en la legitimidad de la representación subjetiva del mundo, lo que funda el poder simbólico, donde el agente social termina siendo el cómplice de su propia dominación. En este sentido, Bourdieu considera que para explicar el poder simbólico y la dimensión propiamente simbólica del poder estatal, a diferencia del pensamiento marxista que es más bien un obstáculo que una ayuda, Max Weber, en sus escritos de sociología de la religión ha ofrecido "una contribución decisiva" "a la teoría de los sistemas simbólicos, reintroduciendo a los agentes especializados y sus intereses específicos"23 .

Pero siendo importantes estas influencias, ciertamente conviene considerar la perspectiva estructuralista «como un momento clave y un fuente de reflexión fundamental» en la elaboración de la teoría de Bourdieu. Inclusive, se puede afirmar, como lo hace P. Ansart, que en esta corriente «las lecciones de Marx, de Weber y de Durkheim se encuentran repensadas y libremente enriquecidas»24 . Particularmente en Le Métiere de sociologue, se explícita y sistematiza la interpretación sociológica que recurre al modelo estructuralista. Según este punto de vista, la tarea del sociólogo consiste en identificar «sistemas de relaciones» en los que se organiza el objeto estudiado y no la descripción arbitraria de comportamientos sociales fragmentados. Para ello es fundamental un trabajo de ruptura con lo que Bourdieu denomina la «sociología espontánea», punto de partida para la construcción de un objeto de análisis que aparecerá como una estructura, es decir, como un sistema de posiciones y de relaciones, donde el sociólogo tratará de desentrañar la lógica del sistema. En los estudios posteriores, Bourdieu enfatizará el papel de los agentes en la reproducción de la estructuras sociales mediante la utilización de la noción de «habitus», de esta manera aparecerá el problema planteado en términos de génesis y no sólo de determinantes estructurales.

Esta propuesta para superar las tesis extremas del estructuralismo y de la fenomenología en un «estructuralismo genético» constituye uno de los elementos de la estrategia teórica desarrollada por Bourdieu para ir más allá de las diversas antinomias que han dividido a la sociología y que han limitado sus posibilidades para constituirse en una verdadera disciplina científica. En esta misma perspectiva, rechaza también el falso dilema que opone la «teoría» y la «metodología», «sujeto» y «objeto», «materialidad» y «representación simbólica» para asumir un «análisis relacional».

Bourdieu considera fundamental una postura metodológica que rompa con las maneras de pensar «realistas» o «sustancialistas», para pensar la vida social de manera relacional: «Si todo lo real es relacional»...»es necesario pensar relacionalmente»25 . Esta perspectiva metodológica implica dejar de lado toda forma de monismo metodológico que intente afirmar la prioridad ontológica de la estructura o del agente, del sistema o del actor, de lo colectivo o de lo individual, para sostener el primado de las relaciones. Aunque esta propuesta no es una novedad, lo propio de Bourdieu es el rigor metodológico con el que la aplica. Ejemplo de ello son sus conceptos de campo y de habitus que se definen como constelaciones de relaciones.

El método comparativo posibilita poner en práctica la forma de pensar relacional. «El método comparativo permite pensar relacionalmente un caso particular constituido como caso particular de lo posible, apoyándose en las homologías estructurales entre dos campos diferentes (el campo de poder universitario y el campo de poder religioso, a través de la homología de las relaciones profesor/intelectual y obispo/teólogo) o entre estados diferentes del mismo campo (el campo religioso de la Edad Media y el de hoy)»26 .


18 P. Bourdieu, Questions de sociologie, Paris, Éditions de Minuit, 1984, p. 21 (Esta obra ha sido traducida al castellano con título de Sociología y cultura, tr. M. Pou, México, Grijalbo, 1990)
19 La fundamentación epistemológica de una sociología empírica no empirista se encuentra en: P. Bourdieu, Le métier de sociologue. Préalables épistémologiques (con Jean-Claude Chamboredon y Jean-Claude Passeron), Paris, Mouton/ Bordas, 1968. (Hay traducción al castellano). 
20 P. Bourdieu, Questions de sociologie, op. cit., p. 25.
21 Ibíd., p. 61. 
22 P. Bourdieu, Le métier de sociologue. Préalables épistémologiques (con Jean-Claude Chamboredon y Jean-Claude Passeron), op. cit., p. 31.
23 P. Bourdieu, Méditations pascaliennes, op. cit., p. 212.
24 P. Ansart, Les sociologies contemporaines, op. cit., p. 30.

25 P. Bourdieu y L. J. D. Wacquant, Réponses. Pour une anthropologie réflexive, Paris, Ed. du Seuil, 1992, p. 202.
26 Ibíd., p. 205.


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