Boletín 2-Museo de Arqueología y Antropología: 2000

 

LOS ORÍGENES DE LA CIVILIZACIÓN
Y LA FORMACIÓN DEL ESTADO EN EL PERÚ

Las Evidencias Arqueológicas de Caral - Supe
(Segunda Parte)

Ruth Shady Solís

«( ... ) antes en cada valle o provincia había su curaca, señor principal, y tenia sus principales mandones subjetos a el curaca, y cada valle destos tenia guerra ... y era uso que al que quedaba con la victoria y sujetaba al otro, le hacian los sujetos sementeras de maíz y coca y ají, y dábanle ovejas y de lo demas que teman, en reconocimiento ( ... )»

"( ... ) los dichos tributos que en tiempo de su infidelidad pagaban, les fueron impuestos por la vía de religión y señorío universal".*


LA CIUDAD SAGRADA DE CARAL

Los rasgos que presenta Caral revelan complejidad en el diseño arquitectónico, en la labor constructiva y en el uso del espacio: una extensión de más de 50 ha. con edificaciones distribuidas siguiendo un patrón determinado; presencia de, por lo menos, seis volúmenes piramidales mayores, además de otras construcciones monumentales menores de 5 diferentes tamaños y todos ellos con su particular grupo de estructuras auxiliares; así como de conjuntos residenciales, igualmente, de variada dimensión, tecnología y material constructivo. Esta complejidad reflejaría, por un lado, los diferentes status de los habitantes de Caral, derivados de una organización social estratificada, que tendría gran parecido a una ciudad-estado, con su élite gobernante y su población de soporte, dependiente de la productividad de un determinado territorio. Y, por otra parte, la organización política alcanzada por la sociedad del valle de Supe durante el Arcaico Tardío, propia de una formación estatal prístina, que por primera vez, integraba cultural y políticamente a varias comunidades, aprovechándose del excedente productivo de ellas y de su mano de obra, a cambio de un conjunto de bienes y servicios.

Para la sociedad de Supe, Caral, más que un centro ceremonial, habría sido una ciudad sagrada, con rol protagónico en la vida y en las actividades económicas y religiosas de las comunidades de ese valle y de su área de influencia: la costa y la sierra colindante del área norcentral del Perú.


EL PROCESO DE INTEGRACIÓN CULTURAL Y POLÍTICA

Las diversas adaptaciones humanas correspondientes a las diferentes zonas del territorio andino, se produjeron casi desde su poblamiento y se expresaron en sociedades con una economía mixta de amplio espectro, diferenciada una de la otra; así también, las culturas e idiomas fueron singulares. Estas distinciones socioculturales devinieron del proceso neolítico, que tuvieron las sociedades casi en aislamiento, en un territorio muy difícil, de condiciones inestables y con recursos contrastados (Shady, 1995). Desde entonces hemos tenido, a la par que un mosaico geográfico, uno cultural e idiomático.

Todo el paisaje andino de costa, sierra y selva, que hoy apreciamos, es producto del trabajo organizado de las sociedades humanas en su intento de hacerlo productivo. El período neolítico en los Andes Centrales fue un proceso pluricultural milenario, que involucró la participación de múltiples grupos humanos. A partir del Arcaico Tardío, este proceso fue repotenciado al intensificarse el intercambio de productos y de experiencias adaptativas. Se crearon así, las condiciones necesarias para el desarrollo civilizatorio.

Dos actividades económicas diferentes, en las que se dieron avances tecnológicos precoces, permitieron el desarrollo de las fuerzas productivas de las sociedades del área norcentral entre los 8000 y 6000 años a.C. la domesticación de plantas en las vertientes de la sierra y la pesca con redes, quizás, con embarcaciones en la costa (Shady, 199%, e). Con cierto énfasis en estas actividades fueron conformándose las primeras comunidades sedentarias, en las que apareció una incipiente diferenciación social interna y pequeñas construcciones públicas, tal como ha testimoniado la investigación arqueológica en La Paloma, cerca al valle de Chilca (Quilter, 1989) o en Nanchoc, en el valle de Zafia (Dillehay el al. 1989).

Progresivamente, se acentuaron las primeras distinciones a favor de algunas comunidades y de ciertos linajes, que las representaban, como resultado de la asunción de algunos roles en beneficio de las otras comunidades, como sería el acceso a determinados productos o servicios(por ejemplo, la comercialización de pescado o algodón o la información sobre el calendario agrícola anual). Las condiciones inestables del medio geográfico con súbitos cambios en la temperatura del mar o en las avenidas del agua de los ríos, con inundaciones o sequías, habrían requerido de predicciones, así como de ceremonias y rituales religiosos que garantizaran el orden del mundo en que se vivía.

A partir de los 3000 años a.C., durante el Arcaico Tardío, una serie de comunidades, ubicadas en la costa, sierra y vertientes orientales del área norcentral, había alcanzado niveles productivos excedentarios suficientes para sostener a sus gestores, a las construcciones públicas que éstos erigían y al intercambio de bienes a larga distancia. A cambio de los productos que entregaban y de su mismo trabajo en las obras públicas, los comuneros recibían algunos bienes exóticos y, sobre todo, los servicios para mantener su acceso a los beneficios de la producción. El cultivo en pequeñas terrazas, irrigadas por cortos canales, y la pesca con redes de algodón constituían las principales innovaciones técnicas que incrementaron la productividad de ciertas comunidades. Son conocidos de este período los establecimientos de Piruro, Kotosh, Huaricoto, La Galgada, Áspero, Caral y otros asentamientos de Supe.

 

APROXIMACIONES AL SISTEMA DE ESTABLECIMIENTOS EN SUPE Y AL PROCESO DE FORMACIÓN DEL ESTADO PRÍSTINO

La importancia alcanzada por la sociedad de Supe ha quedado evidenciada en los numerosos establecimientos con arquitectura pública monumental, que fueron edificados en este pequeño valle, durante el Arcaico Tardío, desde el litoral, el valle inferior, el valle medio hasta el inicio de la sección superior del valle, a lo largo de unos 40 km. Los establecimientos están concentrados en las diferentes zonas del valle, en ambas márgenes, a corta distancia entre sí y, también, frente a frente, sobre las terrazas aluviales o en los conos de deyección, a salvo de los insectos que habitaban en el monte ribereño y en las tierras pantanosas o inundadas.

En la zona del litoral destaca el establecimiento de Aspero entre otros menores. En el valle inferior sobresale el establecimiento de Piedra Parada, en la margen izquierda y el de Era de Pando en la margen derecha, al final de esta zona.

Desde el inicio del valle medio, los establecimientos son más numerosos y parecen competir entre sí por la monumentalidad de sus construcciones. En la margen izquierda se hallan, uno seguido del otro: Lurihuasi, Miraya, Chupacigarro y Caral. En la margen derecha, casi frente a los anteriores se erigieron: Pueblo Nuevo, Cerro Colorado y Afipacoto. En la parte final de esta zona se conservan La Empedrada, aunque muy destruido, en la margen izquierda y La Mina, en la margen derecha; así como Peñico frente a Huacache.

El patrón recurrente, que aparece en casi todos los sitios de Supe -como marcador cultural y de actividades compartidas- es la plaza circular hundida anexa a la pirámide. Su número y tamaño pueden variar de acuerdo a la extensión e importancia del establecimiento.

Además del tamaño y la complejidad de los establecimientos, que permiten inferir una distinción jerarquizada de las comunidades que los habitaron en el valle, existe una evidente diferenciación morfológica y funcional, que debe estar en relación no sólo con la riqueza e importancia de sus respectivas comunidades sino con su ubicación en el sistema político más general.

Plano General de la Ciudad Sagrada de Caral, Supe.

En forma preliminar y, en tanto no se pueda conocer mediante excavaciones la función específica de los diferentes sitios, se podría clasificar los establecimientos de la siguiente manera:

• De categoría A, con más de 50 ha.: Caral, con 6 grandes complejos piramidales, además de edificaciones de 5 rangos con sus respectivas conjuntos auxiliares, plazas abiertas, 2 plazas ciculares hundidas adosadas a pirámides, plataformas, varios conjuntos residenciales de diferentes calidades y dimensiones.

• De categoría B, entre 25 y 40 ha.: Miraya, Era de Pando, Pueblo Nuevo, con algunos templos piramidales de tamaño mediano y pequeño, plataformas, 1 plaza circular hundida adosada a una pirámide y conjuntos residenciales.

• De categoría C, entre 11 y 25 ha.: Áspero, Piedra Parada, Lurihuasi, Allpacoto, Peñico, Huacache, Lurihuasi, con algunas pirámides medianas, plataformas, una o más plazas circulares pequeñas adosadas a plataformas y sectores residenciales.

• De categoría D, entre 4 y 11 ha.: Chupacigarro, La Mina, Cerro Colorado, Cerro Blanco, La Florida, La Florida Norte, Monguete, Jaiva, La Capilla, etc., con una plaza circular adosada a una estructura escalonada y, sectores residenciales.

A nivel del valle, por el tamaño y complejidad arquitectónica, Caral puede ser considerado como el establecimiento principal de la sociedad de Supe, asiento del más antiguo gobierno estatal formado en el área y la expresión más destacada de la primera civilización de los Andes Centrales. Los otros establecimientos edificados en el valle, si bien muestran un patrón arquitectónico similar, son todos de escala menor1.

Se puede observar cierta concentración a nivel de las zonas ecológicas señaladas, como si la ubicación hubiera estado en relación con la implementación agrícola de algunos sectores del valle, a cargo de un conjunto de establecimientos.

El comercio interno, primero, entre las poblaciones del valle de Supe, productoras de algodón, entre otros, y las pescadoras del litoral, proveedoras de anchovetas y sardinas, productos que, al mismo tiempo, eran comercializados hacia los pueblos de los valles vecinos de costa y sierra, fue la base del enriquecimiento de los linajes de algunas comunidades favorecidas por su ubicación para el intercambio (Shady, ibid.).

Posteriormente, el comercio lejano, para proveerse de productos exóticos,spondylus de playas tropicales; huairuros, tutumo, achiote, caracoles de la selva alta o cuenca amazónica; así como cuentas de piedra y madera de la sierra, le permitió a estos linajes, ya enriquecidos, diferenciarse más entre sí y poseer objetos marcadores de su status elevado.

Es interesante señalar que casi todos los establecimientos contienen, por lo menos, una plaza circular hundida, adosada a una estructura piramidal o plataforma, cuyo uso debió estar vinculado a las actividades cívicas de cada comunidad. Estas unidades arquitectónicas recurrentes sugieren funciones políticas, administrativas y religiosas, a cargo de la élite del establecimiento, relacionada con la organización supralocal.

Reiteramos que, si bien se observa diversidad en el valle en cuanto a la extensión de los establecimientos y al número de construcciones monumentales, como resultado de distinciones sociales jerárquicas entre ellos, también muestran unidad cultural en los diseños de algunas estructuras y en el estilo v técnicas constructivas, lo que revela una fuerte comunicación. Diversidad social y comunidad cultural derivados de la integración política, cultural, emprendida por el Estado prístino de Supe durante el Arcaico Tardío.

 

INFORMACIÓN ETNOHISTÓRICA SOBRE LA ORGANIZACIÓN SOCIOPOLÍTICA ANDINA

En los documentos del siglo XVII se mencionan para el área andina varias categorías de autoridades, cuya confrontación hace posible distinguir los siguientes niveles:

• Curaca Principal
• Principal
• Camachico de ayllo

Por otro lado, en referencia a las instituciones sociales, bajo las cuales se organizaba a la población, en las visitas de Hernández Príncipe a la zona del Callejón de Huaylas (Duviols, 1986 11621-16221), éste hace referencia a ayllos que conforman pachacas. Asimismo, en otro documento del siglo XVII, concerniente al valle de Huancabamba en el altiplano de Junín, en las amonestaciones matrimoniales se distingue entre pueblo,pachac y ayllu. La categoría de Pueblo, también U amado llacta o marca, aparece como el orden mayor, seguido por pachac y, luego, por ayllu. Varios ayllus componen una pachac y varias pachac una llacta. Pero, igualmente estas categorías hacen referencia a diferentes afiliaciones; pertenecer a una pachac sería depender de un determinado señor, y el integrar un ayllu, significaba, asimismo, formar parte de una comunidad de familias.

Cada ayllo tenía un representante, cabeza de linaje o de un conjunto de parientes. Varios ayllos con sus respectivos representantes de linajes familiares conformaban una pachaca, esta vez a cargo de un gobernante de carácter político. Varias pachacas estarían integradas bajo el gobierno centralista del hunu o señor del valle, como señala la Relación de Chincha (Castro y Ortega y Morejón, 1968 [1558]. Más tarde, la administración Inca incorporaría a la pachaca en su sistema de tributación.

 

LA TRADICIÓN ORGANIZATIVA ANDINA

La información obtenida de Supe permite contrastar las evidencias arqueológicas con la información histórica y plantear como hipótesis la ubicación en el Arcaico Tardío de la siguiente configuración social o estructura organizativa compleja de los Andes centrales: Sobre la base de los ayllos, grupos de familias emparentadas, identificadas con un linaje, se conformaron las "comunidades" de ayllos o las pachacas o los "principalejos", que menciona el cronista Acosta. Este nivel de organización podría compararse con los establecimientos identificados en el valle de Supe; ellos serían las pachacas, donde cada una tuvo su núcleo administrativo, religioso, además de los sectores residenciales y su territorio de producción y, asimismo, cada una tenía sus autoridades -representantes de linajes- y la gente del común, los "comuneros", dedicados al cultivo de la tierra, y al trabajo en las obras de interés público.

Estas pachacas tuvieron un comienzo de diferenciación interna pero en ellos el consejo de "comunidad" seguía tomando las decisiones. Los vínculos comerciales entre las distintas sociedades, establecimientos o pachacas, les servía a sus representantes para derivar de ellos su prestigio y poder (Shady, 1999b, c). Aunque estos principales no fuesen todavía "reyes" serían gestores, porque a la vez que organizaban también administraban.

Más adelante, en un segundo momento, en el estadio prístino de la formación de clases y del estado, la capacidad de concentración de riqueza y de movilización de gentes en base al excedente alimentario obtenido por la explotación agrícola y pesquera combinados (Shady, ibid), el desarrollo de los oficios y las artes y el acrecentamiento del comercio, permitió que los antiguos principales devinieran en "reyes perpetuos". Se había consumado la formación del estado como factor de integración supralocal, con lo cual los antiguos gobiernos de comunidad o consejos sobrevivieron sólo para asuntos muy domésticos.

El Estado tuvo así, una situación ventajosa para el intercambio a larga distancia (costa, sierra y selva, norte, centro y sur) y supo acumular más excedentes extralocales. El éxito de esta forma de gobierno puede ser medible por el auge de las construcciones de grandes conjuntos monumentales, que emprendió el Estado.

El Estado de Supe, que en su eclosión inicial indudablemente extrajo riqueza de los valles costeños vecinos (inclusive, de las serranías de Ancash y, Huánuco), subyugándolos; más tarde, cuando tal invención fue asumida por las entidades políticas de otros valles, pudo perder su situación privilegiada en razón de polos autónomos(reyezuelos) en los demás valles costeños y serranos. De esta manera, la riqueza que por entonces se sabía producir y que el Estado prístino supo concentrar por algunos siglos en un pequeño territorio, se diluyó entre los nuevos v múltiples estados, extendidos en la amplia región, que antes Supe había centralizado. Se repartió así, la mano de obra entre muchos señores.

 

LA RELIGIÓN COMO MEDIO DE COHESIÓN Y DE EXPROPIACIÓN

Como bien escribieron los cronistas, no hubo nación en el mundo que dedicara más riquezas, chacras y, servidores a la religión, a las huacas, que la andina. Es por eso que, inicialmente, el gobierno español le quitó las tierras y, los bienes a la religión estatal, la del sol incaico. Posteriormente, uno de los objetivos de la extirpación de idolatrías era despojar de esa base económica a los cultos nativos para enriquecer a la iglesia católica -al culto cristiano- con las tierras, ganados y tesoros expropiados a las huacas.

Como señalan los proceso de idolatrías del siglo XVII (Duviols, ¡bid.), es posible que desde el Arcaico Tardío, muchos "ministros" y, "ministras", organizados jerárquicamente, habrían vivido de lo que producían esas tierras y ganados y de los tributos pagados a los dioses nativos.

En la formación del Estado prístino no fue necesaria la construcción de fortificaciones porque no habían enemigos externos. El primer Estado andino buscó implantar, a través de la religión, la disciplina laboral y social: la producción obligada de la masa en favor de una surgente clase señorial que, de este modo, hace sus aparición en la historia. Esta nueva clase se expandió, prontamente, sobre muchas comunidades de los valles vecinos de costa y sierra, y las sometió a tributo de trabajo y de especies, sin que hubiera ninguna fuerza pudiese detenerla pues no existían otros estados.

Hablas «pre-protoquechuas» -utilizamos este término para distinguir un estado de lengua anterior al «protoquechua», descrito por Alfredo Torero (1990)- habrían penetrado en el área norcentral, configurando a la lengua quechua, ya desde entonces, como idioma de relación de las poblaciones de la costa con la sierra. Desde entonces, esa área no ha sido afectada por «desplazamiento» de su lengua hasta tiempos recientes. Es posible que, por aquella época, parte de la población de la sierra y selva central tuviese un preprotopano o paleopano (Torero, ¡bid.).

 

CONCLUSIONES

1. Los sitios arqueológicos del Arcaico Tardío en Supe con edificaciones ceremoniales, administrativas v de vivienda, constituyeron los asentamientos base para la organización y reproducción de la vida social de los pobladores de Supe. Al parecer, ellos funcionaron como establecimientos o comunidades autónomas o unidades de producción pero entrelazados por intereses intercomunales, primero, y supracomunales, cuando se formó el Estado de Supe.

2. A nivel sociopolítico, planteamos que estos establecimientos son los antecedentes más antiguos de las pachacas o principalejos.

3. Los componentes arquitectónicos y otros rasgos culturales compartidos por todos los establecimientos de Supe durante el Arcaico Tardío, y, por otro lado, las diferencias morfológicas y funcionales, indican fenómenos de integración cultural y política mediante un sistema de manejo jerarquizado. Si a ello le agregamos las variables inversión de trabajo en obras monumentales, desarrollo civilizatorio y complejidad urbana, que se infieren de Caral, sumamos criterios para sustentar la formación del primer Estado en Supe en aquel período.

4. Fueron esas pachacas o principalejos la unidad básica de la organización sociopolítica compleja en los Andes centrales. Los estados preincaicos, incaicos, coloniales o republicanos tendieron sobre ellos su política de gobierno y de extracción de riqueza a través de las diversas épocas de nuestra historia.

 

* En SANTILLÁN, Hernando de, 1968 (1563): 379, 405.

NOTAS

1Establecimientos estudiados durante 1994-1995 durante la prospección realizada con los arqueólogos: Fanny Montesinos, Lyda Casas y Camilo Dolorier.

Ver Bibliografía

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