Boletín 9-Museo de Arqueología y Antropología: 1999

 

LA HISTORIA RECORDADA

El Dr. Luis G. Lumbreras rememora su labor al frente del Museo

 

Antecedentes de la Fundación del Museo

El actual Museo de Arqueología y Antropología de la UNMSM se fundó a raíz de una "huaquería"de Tello, que se trajo, con la protesta de toda la población de Chavín, el obelisco que hoy lleva su nombre. Fue una cosa que desencadenó mucha resistencia. Como los caballos no pudieron transportarlo, se lo trajo a pie, a pulso. Esto fue en el año 1919. No había dónde ponerlo. El único lugar era San Marcos, la Casona, donde funcionaba la Facultad de Educación y allí decidieron llevárselo.

El Dr. Tello había tenido dificultades con un señor limeño, de esos especiales, apellidado Gutiérrez de Quintanilla, quien lo odiaba. Odiaba a todos. Él fue el responsable para que Max Uhle abandonara el Perú. Es el mismo que le quitó unos huesos a Hiram Bingham alegando que se estaba llevando oro. Esta persona era un hombre de una ignorancia exquisita. Y desde luego odiaba a Tello, además de todo, porque era indio. Lo acusaba de haberse robado piezas, de hacer negocio con ellas. Gutiérrez de Quintanilla en aquel tiempo se convirtió en el gran Gurú de los museos y la Arqueología peruana. Tiene unos libros que son una delicia pues escribía a la manera criolla, dentro de la línea de Ricardo Palma. Era un buen escritor pero de una ignorancia impresionante.

Gutiérrez de Quintanilla logró que Tello quedase fuera de cuadro. Tello estuvo permanentemente asediado por todo el sistema, lo marginaban cada vez que podían. No tenía a dónde ir porque Uhle había salido del Perú en el año 1911, por una intriga de aquel mismo caballero. Debido a esta situación entre los años 1911 y 1913, se va al extranjero con Alex Haerdlicka. Cuando regresa, el año 13, trabaja en el Museo Nacional. Seguramente fue un desastre tener a Gutiérrez de Quintanilla como jefe, quien al ver a un "indiecito" por ahí, no lo soportó. Poco tiempo después Tello estaba fuera de cuadro. Entonces fue a San Marcos, donde tenía la intención de crear una cátedra de Arqueología. Hasta ese momento, estaba más metido en Medicina, incluso su beca para estudiar en la Universidad de Harvard fue de "Antropología", porque en aquellos tiempos se llamaba así a la Antropología Física.

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El Dr. Luis G. Lumbreras, al celebrar el 50° aniversario del Museo, el 21 de octubre 1969. En la foto aparecen los doctores Luis E. Valcárcel y Jorge Muelle a ambos lados del Rector.

Tello estaba trabajando con la hipótesis de que el núcleo del proceso civilizatorio estaba en algún lugar en el Oriente peruano, en lo que él llamaba los Andes orientales. La lógica de Tello era que las plantas consumidas por los pueblos andinos tenían un origen tropical selvático. Entonces era lógico suponer que si su origen era ése tenían que provenir de la Amazonía. Es así como llega a Chavín donde pudo encontrar un lugar de altísimo desarrollo, diferente al de la costa, ubicado en un punto en donde era posible pasar de la selva a la costa sin todos los traumas que eso representa en el sur. Con un dominio impresionante de la geografía ubicó la zona del Marañón como punto focal de su interés. Para fundamentar su teoría (por llamarle como le llaman) en torno al origen de la civilización peruana, comenzó a recolectar evidencias que le permitieran probar que efectivamente los peruanos no venían de la región de los Mayas, de América Central, que era la teoría que hasta ese momento se manejaba con el señor Uhle a la cabeza, sino que era un proceso que tenía una serie de pasos y que era la misma gente establecida en nuestro territorio que lo habían desarrollado. Evidentemente el Obelisco fue para Tello el descubrimiento de su vida. Porque allí estaban dibujadas las plantas tropicales, tal como lo esperaba. Había un monstruo que al principio pensó que era medio jaguar y medio caimán. Es una lástima que en aquel tiempo no haya mirado un poco más hacia el norte. Para Tello el Obelisco representaba lo que para Raimondi representó la Estela que lleva su nombre: la presentación de toda una teoría, de un cosmos. Es así como se inaugura este Museo. Se funda sobre la base de una propuesta teórica que indujo a Tello a traer esa piedra. Es una piedra bellísima.

 

La Fundación del Museo

El 21 de octubre de 1919 se abrió el Museo con la exposición de unos cráneos encontrados en Huarochirí, con algunos tejidos, que se presumían de Nasca, de Ica, del sur. Eran tejidos estilo Paracas sacados por los huaqueros y no se sabía de dónde provenían, sólo se sabía que eran del sur. Posteriormente, se adjudicaron a Paracas. Como una tercera colección, estaban algunos objetos que habían colectado los alumnos de la señora Rebeca Carrión Cachot, una de las ayudantes de Tello. Es así como se formó este Museo.

Para instalar el Museo, Tello ubicó el Obelisco de un modo espectacular. Él hacía siempre ese tipo de cosas. Le gustaba el espectáculo, lo que era fabuloso porque de ese modo interesaba a la gente. Entrando a la Casona por el Jr. Azángaro había una escalera que subía al segundo piso del patio de Letras. Era una escalera real, que se abría en dos, el Obelisco estaba puesto al centro del descanso, sobre una armazón especialmente construida. Todo el que llegaba a San Marcos, a lo que después sería la Facultad de Educación, veía el Obelisco Tello. Un grupo de profesores amigos consiguió que se le diera ese espacio.

En aquel tiempo la Arqueología era una cosa de ricos coleccionistas, de extranjeros o de acaudaladas familias, como los Larco. Eran ellos quienes se interesaban en las cosas de indios, pero aquí en el Perú a nadie más le interesaba, lo más que se hacía era ver cuánto de cierto había dicho Garcilaso de la Vega o los debates de Riva Agüero sobre la base de documentos.

Es interesante observar que Tello rescató la misma Estela Raimondi. Esta Estela fue encontrada en Chavín, donde la habían volteado para usarla como mesa (aprovechando su parte plana). Una vez traída a Lima la tenían en exhibición en el Parque de la Exposición. Estaba en la entrada, en la parte principal. Cuando vinieron los chilenos lo que hicieron fue saquear las cosas del Museo, pero la Estela se cayó y así permaneció hasta el año 1906, cuando vino Uhle. Estaba volteada como lo había estado en Chavín, sobre ella jugaban los niños y como era un parque semi-abandonado nadie se percató de su presencia y su valor, hasta que Tello reparó en ella. Con la Arqueología era lo mismo, había un total desapego por las cosas de indios. Tello comenzó a rescatar estas cosas y lo primero fue el Museo de San Marcos. Esto hizo que la institución se convirtiera no sólo en un Museo sino en el primer laboratorio de estudios sobre la realidad peruana desde la perspectiva indígena. Hay que tener en cuenta que en ese tiempo la concepción del indígena era una concepción no diacrónica, era una concepción totalmente acrónica. Tello instaló ahí su primer laboratorio y le llamó Museo de Arqueología.

Para que el Museo pueda funcionar le dieron una sala la que (como repito) sería luego la Facultad de Educación. Esto fue entre el año 1919 y 1930 ó 1931 más o menos. En el 30 ó 31, el Dr. Tello adquirió cierto poder político que le permitió tener acceso a ciertos recursos, logrando ingresar al Museo que en aquel tiempo se llamaba Museo de Arqueología Peruana (ligado a la familia Larco), que funcionaba donde actualmente está el Museo de la Cultura Peruana.

A raíz de esto, el Museo de la universidad quedó algo abandonado. La Dra. Rebeca Carrión Cachot, que era asociada a San Marcos, fue quien se quedó a cargo. Aunque Tello, al mantener la cátedra en San Marcos, no se desligaba completamente del Museo. Esto fue hasta 1938 cuando, luego de juntar varios museos, se organizó el Museo de Arqueología y Antropología de Pueblo Libre. Ese juntar varios Museos representó la disolución del Museo de San Marcos.


La Federación de Museos: la disolución del Museo de San Marcos

Al crearse el Museo de Pueblo Libre, se le entregaron íntegramente las colecciones del Museo de San Marcos. Como esto no se podía hacer a la ligera, tuvo que firmarse un convenio (para salvar los marcos legales) entre el Estado y, supongo, el Ministro de Educación, que estipulaba que las colecciones eran cedidas para su protección y conservación.

Las colecciones que tenía San Marcos fueron entregadas, entre otras cosas, porque desde el año 1935 había reclamos por el espacio. Querían tirar esos objetos aduciendo que eran cosas sucias, momias malolientes y no había dinero para pagar a los empleados. Hubieron muchos líos. En realidad, eso debe haber comenzado por el año 30. En el año 38 surgieron las primeras ideas de trasladar los objetos al Museo de Pueblo Libre. Hasta que en el año 45 el traslado se hizo realidad. Se elaboró un acta mediante la cual se entregaban las colecciones al citado Museo y desde entonces ya no hubo nada en San Marcos.

 

El Retorno

Cuando nosotros empezamos a estudiar en San Marcos en el año 1955 (digo nosotros porque fuimos todo un grupo que en distintos momentos nos fuimos incorporando a cosas de Arqueología) no había Museo. Pero estaba de decano el Dr. Luis E. Valcárcel y especialmente un hombre joven muy activo, José Matos Mar, que era su ayudante y se interesaba mucho por la Arqueología. Entre ambos iniciaron la retoma de las colecciones de San Marcos. En aquellos años yo decía, en broma, que era un poco la venganza de Valcárcel. Valcárcel y Tello se tenían comprensible «admiración» en su tiempo. No se querían. Entonces si Tello fue quien sacó las cosas de San Marcos, Valcárcel se había vengado de él al recuperarlas. Pero, realmente en lo que estaba interesado Valcárcel era en tratar de levantar la Arqueología que estaba totalmente abandonada.

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El Dr. Luis G. Lumbreras, al celebrar el 50° aniversario del Museo, el 21 de octubre 1969. En la foto aparecen los doctores Luis E. Valcárcel y Jorge Muelle a ambos lados del Rector.

Valcárcel venía de un proyecto como Ministro de Educación del gobierno de José Luis Bustamante y Rivero, un proyecto político-educacional interesante. El año 1956 gracias al poder político que tenía Valcárcel se consiguió que se dé la orden de devolución de las colecciones a San Marcos. Esto ocurrió en el año 1955 realmente. Tengo entendido que en el año 1956 comenzó el traslado de las colecciones, en lo cual participamos los que luego seríamos arqueólogos y varios que no lo serían. Estuvimos Rosa Fung, Julio Cotler, Abner Montalvo, y alguno que otro estudiante más. El traslado se hizo a la calle Zamudio (actual sexta cuadra del Jr. Cusco) donde estaba ubicada una casona antigua de San Marcos.

Aquella vez retiramos miles objetos, pero no se pidió el Obelisco. Lo cual me pareció una decisión interesante, además que no teníamos dónde ponerlo ya que el local de la calle Zamudio era muy pequeño. Hay, entonces, una fase de semi abandono que fue entre 1926/1927 y 1938; un período de transición entre 1938 y 1945 y un período de abandono total entre 1945 y 1955 en que el Museo no funcionó, porque lo hizo fuera del ámbito de San Marcos. Y la retoma fue en el año 1956.

El Museo se reabrió en julio/agosto de 1956 con dos alumnos, que estaban como coordinadores en ese momento y yo que era su auxiliar, ellos eran Abner Montalvo y Julio Cotler.

En 1957, se incorporaron Ramiro Matos, Isabel Flores, Carlos Guzmán y trabajamos como estudiantes becarios. En aquella casona funcionó el Museo con cierta normalidad. El núcleo de las actividades eran los "miércoles arqueológicos", que era una actividad que los estudiantes desarrollábamos. En ese tiempo ni nuestros maestros eran arqueólogos profesionales, el Dr. Muelle era especialista en Historia del

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El Dr. Luis E. Valcárcel corta la cinta al re-inaugurar la sala permanente del Museo. Marzo 1971.

Arte, en todo caso con alguna formación. El padre Villar Córdoba era un aficionado a la Arqueología y era uno de nuestros profesores. Nosotros tuvimos la ventaja de la habilidad de Matos Mar y de Valcárcel para traer arqueólogos de otras partes con quienes, de algún modo, empezamos a aprender.

En el año 1957 Matos Mar realizó un programa en coordinación con la Comisión Fulbrigth y durante casi todo el tiempo que estuvimos como estudiantes tuvimos a John Rowe, a Sam Ford, a Wallace con nosotros. Con ellos aprendimos técnicas y esas cosas, que de otro modo no hubiéramos podido. Todo eso se hizo en conexión con el Museo de Arqueología. Era un tiempo en que el Instituto se llamaba de Arqueología y Etnología, luego vino la moda norteamericana y cambió el nombre hacia Instituto de Antropología y luego, pasó a ser Departamento de Antropología, en el sentido boasiano del término, pero el Museo quedó como de Arqueología.

En 1960 me aparté de Lima. Fui a trabajar a la Universidad de Huamanga, durante ese tiempo quedó el guardián con los estudiantes Ramiro Matos, Rosa Fung y Duccio Bonavia. Perdí contacto con San Marcos desde marzo de 1960 hasta marzo del 66 que me re-incorporé pero como profesor. Y, la verdad es que el Museo ya no estaba funcionando, ya no había los "miércoles arqueológicos", tenía la misma exposición de una colección de piezas Nasca, organizada con sentido estrictamente artístico y nada más. El laboratorio de fotografía tampoco estaba en funcionamiento, había sido cedido a algún instituto y enviado a la Ciudad Universitaria. La biblioteca que teníamos tampoco estaba, fue incorporada a la biblioteca de la Ciudad Universitaria. El Museo estaba bastante abandonado. Ya no participaban los estudiantes.

El año 1967, el decano me llamó para pedirme, (yo estaba como profesor a tiempo parcial) que me hiciera cargo de la coordinación académica y entre otras cosas del Departamento de Antropología, que estaba todavía siendo dirigido por Matos Mar. Entonces Alberto Escobar, el decano de la Facultad de Letras aquellos años, me llamó para que me encargué de este asunto. Matos Mar salió, en medio de una situación muy desagradable y muy injusta. Así vuelvo a tomar contacto con el Museo. Y realmente ya no existía.

 

La nueva fundación

Entre 1968 y 1969 logramos cierto grado de poder académico-administrativo en San Marcos. Yo pasé a dirigir el proyecto de constitución de los estudios en el área de las Ciencias Sociales. Esta situación nos permitió tener un espacio de poder, para conseguir cosas. El asunto es que me fue posible tomar decisiones respecto al uso de la Casona de San Marcos, que estaba totalmente abandonada. No la usaba nadie y como se suponía que era el lugar donde Luis Alberto Sánchez había tenido su centro de vida, todo el mundo atacaba a la pobre casona. La habían realmente destrozado. Como miembro de alguna comisión fui a la Casona, el lugar donde yo había estudiado, y pedí que me entreguen una parte por lo menos para el Museo. Mi intención fue apropiarme de toda la Casona porque creía que merecía la pena montar ahí un centro de investigaciones de la realidad peruana, en todos los campos. Retomar la vida académica. Entonces hablé con el nuevo Rector, el Dr. Guevara. Esas tentativas me costaron tener que aceptar luego la Dirección Universitaria de Proyección Social pero también me dieron la posibilidad de montar el Museo de Arqueología. Eso fue en el año 1969.

Al tomar la decisión de «traernos» la Casona fijé cuando había sido instalado el Museo, su fundación es una invención. Eso en realidad lo inventamos. Sí, el 21 de octubre de 1919 se instaló el Museo, pero no hubo ceremonia de instalación. Nosotros hicimos una ceremonia y mandamos a hacer una placa con el objeto de levantar el interés de la gente. Era la oportunidad ya que en ese momento había logrado tener cierto tipo de poder en San Marcos. La idea mía era sacar adelante la Casona: tener Arqueología, tener Etnología, Historia, Arte, música, danza, folklore y todo eso en la parte de atrás. Estaba planeada la invasión total de la Casona. Logramos apoderarnos de todo lo que fue Letras y Educación para montar el Museo de Arqueología. El problema era que la Casona se venía abajo, el edificio estaba en condiciones deplorables de mantenimiento. De cualquier modo, montamos ahí las cosas e inauguramos este Museo, al que también le cambié de nombre. Se le puso "Arqueología y Etnología" para tratar de hacer que los arqueólogos rescaten su condición de etnólogos de la antigüedad en la práctica. En un momento estuve tentado a ponerle "Museo de las Ciencias Humanas" o "de las Ciencias Sociales" o algo así, en otro momento quise ponerle "Museo Memoria de la Cultura Peruana", pero finalmente quedó como "Museo de Arqueología y Etnología". Con ese nombre lo inauguramos, además además que así se rescataba el patrimonio que tenemos como viejo instituto de Arqueología y Etnología. El nombre de Instituto de Arqueología y Etnología es un rescate importante, porque era sólo Instituto de Etnología, el que creó Valcárcel. Luego, debido a la intervención de José Matos Mar se le puso también de Arqueología, gracias a eso se levantó la carrera de Arqueología. Entonces hice rescatar eso, por ello le puse Museo de Arqueología y Etnología de la Universidad San Marcos. Esa es la historia hasta el año 1972. El año 73 me fui al Museo de Magdalena.

 

SEGUNDO PERÍODO COMO DIRECTOR

Entre 1986 y 1987 regreso como Director del Museo pero sólo nominalmente. Aquella vez encontré un San Marcos demasiado democratizado, donde todo quería decidirse al voto. Por ejemplo, para ubicar temporalmente a la sociedad Chimú se decía "¿Chimú entre 1200 o 1100? A ver quién vota. En el 80 prácticamente no funcioné, estuve asociado por ratos al Museo. Intenté retomar la actividad de investigación pero ya no fue posible, las condiciones ya no eran las propicias. Esa es la razón por la que poco tiempo después decido apartarme de San Marcos.

 

LAS COLECCIONES DEL MUSEO

Respecto de las colecciones que se incorporaron al Museo es necesario decir dos cosas. Primero, para mí las colecciones nunca fueron lo más importante, en el sentido de que el Museo las busque acumular. El Museo Universitario para mí es un laboratorio y un centro de enseñanza. Es un lugar donde se practica la investigación, como actividad principal, en donde se realiza la extensión como actividad universitaria y en donde se practica la docencia como actividad destinada a formar nuevos cuadros profesionales que conozcan el oficio. Durante el tiempo que estuve en el Museo, que fue en realidad hasta el año 72 y no después, creo que se cumplieron las tres funciones.

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El Dr. Luis G. Lumbreras, al celebrar el 50° aniversario del Museo, el 21 de octubre 1969. En la foto aparecen los doctores Luis E. Valcárcel y Jorge Muelle a ambos lados del Rector.

En la parte de las colecciones tengo una idea distinta, considero que los museos, especialmente los universitarios, son centros que poseen acervos de contextos asociados que deben ser preservados con el fin de convertirlos en testimoniales. En ese sentido, todo ese tiempo nos dedicamos a tal actividad. No tuvimos más colecciones en el sentido museístico tradicional. Se incorporó toda la colección de objetos producto de las excavaciones que nosotros hicimos. Además, siempre creí que los museos deben tener una práctica que debe formar ese acervo, no se trata de comprar, de traer. Tuvimos íntegra la colección que reunió McNeish. La colección que hicieramos con McNeish en Ayacucho, todo lo de Pikimachay estaba en el Museo de San Marcos. Todas las colecciones de Chavín. Todas las colecciones de las investigaciones que hacían los estudiantes. Todas las colecciones que la Comisión Fulbraith tuvo el año 57. No hubieron nuevas colecciones en el sentido tradicional del Museo. Las colecciones de la Dra. Rosa Fung se incorporaron no sé cómo, pero ahí estaban. Los trabajos nuestros en Ayacucho. Todas las colecciones estaban bien guardadas. La idea nuestra era montar eso en términos de instituto de investigación.

 

Los Colaboradores

Como la idea era formar un centro de estudios de la realidad peruana estuvimos en la necesidad de incorporar a mucha gente que no tenía nada que ver con la Arqueología, entre ellos figuraba Emilio Choy. Se formó una especie de esas mitologías con las cuales se construyen estas instituciones, se juntó a un grupo de asesores, personas notables a los que llamamos miembros honorarios del Museo, entre ellos Emilio. Personalmente quise mucho a Choy y aprendí mucho de él. Sus conversaciones eran valiosísimas, discusiones más que conversaciones. Cada vez que nos poníamos a hablar de marxismo nos poníamos a pelear. De esas peleas aprendí muchísimo.

 


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