Actualidad Sanmarquina - Año X Nº 126 - Enero 2001


Oficina General de Relaciones Públicas

 

CUIDEMOS LAS INSTITUCIONES DEMOCRÁTICAS

 

Entrevista a Max Hernández

A fines de los 50 y principios de los 60, el doctor Max Hernández fue presidente de la Federación Universitaria de San Marcos y después máximo dirigente de la Federación de Estudiantes del Perú. Graduado en Psiquiatría en San Marcos y con estudios de postgrado de psicoanálisis en Londres, revela en esta entrevista pasajes de su experiencia como dirigente estudiantil y nos alcanza algunas sugerencias para los gremios estudiantiles del nuevo milenio.

AS: ¿Qué rescata de su experiencia como dirigente universitario?

MH: -Antes, la dirigencia estudiantil era una carrera, por decirlo así. Uno se formaba como delegado en su centro federado y luego como representante en la Federación de Estudiantes del Perú.

AS: ¿Entonces eran una forma de ascensos para llegar a ser un máximo representante universi­tario?

MH: Claro, pero no eran ascensos en el sentido militar, sino más bien una especie de aprendiza­je gradual acerca de los problemas universita­rios del país. Además, recuerdo que cuando estuve al frente de la FEP, siendo un hombre de izquierda, era muy pluralista y tolerante, por eso planteé que un presidente de la FEP tenia que ser un presidente de todos los estudiantes y no del grupo que lo propuso y le ayudó a ganar las elecciones.

AS: Se dice que los psicoanalistas escuchan. En ese sentido, ¿qué ha escuchado de los jóvenes en los últimos años?

MH: Varias cosas. Creo que hubo una especie de marasmo o parálisis debido a varios factores. En primer lugar, esto se arrastra desde hace muchísimos años. Durante el gobierno militar de Velasco, por ejemplo, los jóvenes universita­rios se encontraban en un profundo desconcier­to. Por un lado, se cuestionaban las aspiraciones democráticas que tuvo el movimiento estu­diantil de antes y, por otro lado, se les arrebata ciertas banderas reformistas de los estudiantes. Los grupos que surgieron en esa época permitieron la disgregación de las federaciones estu­diantiles. Luego la politización fue más marca­da. Cuando empecé a dictar clases en la Facultad de Letras observé la aparición de gru­pos antifascistas y otros cercanos y simpatizan­tes a Sendero Luminoso. Todo esto contribuyó a que durante los años 80 la FEP se convirtiera en una olla de grillos. Esto fue muy negativo y se hizo absoluto en los años 90. Asimismo, los efec­tos de la llamada globalización y la moderniza­ción del país determinaron que la federación universitaria fuera poco representativa. Como psicoanalista escucho, es cierto, pero no olvides que he trabajado en dos instituciones: el Seminario Interdisciplinario de Estudios Andinos y Agenda Perú. En uno trataba de escu­char las voces de la historia del Perú y en el otro las voces de la sociedad amplia de nuestro país. Para mí fue emocionante volver a escuchar a los estudiantes, para ser más precisos, en 1997, durante la repulsa contra las actitudes dictato­riales y violadoras de los derechos humanos cometidos por el régimen anterior.

AS: Con respecto a aquellos lideres estudiantiles de 1997, algunos de ellos desaparecieron y otros se convirtieron, por ejemplo, en narradores de noticias. ¿Cuáles su opinión?

MH: Si una persona destaca en un liderazgo hay que esperar que esta persona de alguna manera utilice el prestigio ganado para ubicarse en un cargo. Esto no quiere decir necesariamente que abjure de sus ideales o sea un tránsfuga. No podemos entrar en una suerte de moralismo radical. Por eso soy tan insistente en la necesi­dad de cuidar las instituciones democráticas del estudiante más que preocupamos por aquellos que se aprovechan de los cargos y luego pasen a ser un animador de televisión...

AS: o ser un congresista de la República.

MH: Exacto. Para mi lo más importante es reestructurar, redefinir y afianzar las instituciones universitarias...

AS: Una gran tarea, doctor Hernández

MH: Claro y esta tarea consistirá en conseguir un proceso de elecciones estudiantiles libres y abierto. Si hay elecciones democráticas para la Federación Universitaria de San Marcos yo no vacilaría en que se solicitara a TRANSPA­RENCIA para vigilar dichos comicios. Pediría, además, un comité electoral intachable de estu­diantes que realmente sean capaces de defen­der la verdad en este proceso. Yo creo que esto es el punto fundamental en estos momentos.

AS: ¿Advierte una cierta apatía entre los universitarios de hoy?

MH: Un poco menos que antes, porque no hace mucho hubo un momento de mucha apa­tía, de mucho desconcierto. Tengo la impresión que con el descrédito de las ideologías, el fracaso del Apra que significó el gobierno de Alan García, con la caída del muro de Berlín, entre otras revelaciones, se produjo un gran descrédi­to de la política en su conjunto. Yo creo que si ins­titucionalizamos la FUSM, la política encontra­rá cauces válidos y verdaderos.

AS: ¿Usted cree que los jóvenes de su época hubieran tornado la misma actitud frente al anterior gobierno?

MH: Era distinto. Mira, yo entré a la universi­dad en los últimos años de la dictadura de Odría, un dictador que asumió un lema absolu­tamente repulsivo: “La democracia no se come". Los estudiantes en una porción muy grande fui­mos hostiles a este tipo de gobierno dictatorial. Había entonces un compromiso político importante. Yo no quisiera caer en ese síndrome pro­pio de los viejos de creer que todo tiempo pasa­do fue mejor. Yo quiero creer que los jóvenes son extraordinariamente receptivos a las cosas que están pasando. Estamos en un momento de feroz descrédito de la política, en un momento en que la supuesta eficacia y eficiencia política de Fujimori parecía que traía consigo una nueva manera de concebir la realización práctica de las cosas. Durante mi experiencia como diri­gente estudiantil, siempre mantuvimos en la FUSM las prácticas democráticas con el más absoluto respeto. En las asambleas de la federa­ción se realizaban debates de gran importancia. Allí no solo se aprendía de política, sino de una serie de temas. Por ello, quiero recordar a don Alfonso Barrantes, cuyos discursos estaban car­gados de fundamentos culturales muy fuertes. Allí tenemos también a Félix Arias Schreiber, Fortunato Quesada, Mario Chiappe, Alejandro Bazán, Francisco Sánchez, César López Silva, entre otros.

AS: Por lo expuesto, no sólo se trataba de un compromiso con la política, sino con los estudios.

MH: Claro que sí. Existía un compromiso con el gremio estudiantil y, además teníamos una visión de país.

AS: Hace poco hubo una toma de locales por parte de estudiantes sanmarquinos ¿Cuál es su parecer?

MH. No estuve muy informado al respecto, pero si te diré que en los últimos años San Marcos vivió un cierto letargo. Pero creo que también hubo obras como la Biblioteca de la Universidad que son importantes. Claro, con los años uno se vuelve menos radical e impulsi­vo, pero hay que reflexionar sobre lo que pasó en los últimos ocho años. No podemos olvidar lo que Fujimori quiso hacer: pretender que la his­toria del Perú comenzaba con él. Recordemos que la historia de San Marcos comienza en 1551.

AS: Es más antigua que nuestra etapa republicana ...

MH: Es una universidad antiquísima. Es más grande que todos nosotros juntos y eso es lo que tenemos que respetar.


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