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Ficha del Libro  

LA CIUDAD SAGRADA DE CARAL-SUPE EN LOS ALBORES DE LA CIVILIZACIÓN EN EL PERÚ

Shady Solís, Ruth Martha



CAPÍTULO I

CONTEXTO GEOGRÁFICO E HISTÓRICO

LA UBICACIÓN DE CARAL

La primigenia ciudad de Caral se encuentra en la margen izquierda del río Supe, en la costa norcentral del Perú, cerca del poblado actual de Caral.

Desde la ciudad de Lima, se llega al sitio siguiendo la carretera Panamericana hasta el kilómetro 182, donde se encuentra el desvío que conduce al pueblo de Ambar.

CONDICIONES NATURALES DEL VALLE DE SUPE

La actual falta de agua en el río Supe durante la mayor parte del año y las escasas tierras de cultivo sugieren interesantes preguntas sobre el sustento de los 17 grandes centros cívicos ceremoniales, de Desde allí se continúa por una carretera afirmada, unos 22 km. hacia el interior
del valle.

La ciudad se halla a unos 350 msnm, sobre una terraza aluvial, por encima del valle que, en este sector medio, es estrecho, abrigado y de clima caluroso, muy favorable para la vida humana.

CONDICIONES NATURALES DEL VALLE DE SUPE

La falta de agua en río de Supe durante la mayor parte del año y las escasas tierras de cultivo sugieren interesantes preguntas sobre el sustento de 17 grandes centros cívicos ceremoniales temprana datación, identificados en el lugar.

Se hace evidente que las condiciones geográficas, aparentemente desfavorables en la actualidad no lo habrían sido entonces, en los albores de la civilización. Al ser Supe un valle pequeño, sin mucha gradiente, se puede aprovecharlas aguas del río mediante pequeños canales de riego, que no requieren de conocimientos técnicos sofisticados ni de numerosa inversión en mano de obra. Además, la mapa freática está muy cerca de la superficie, y aún hoy, se forman lagunas y charcos en algunas depresiones, cubiertos de vegetación. En la temporada de sequía, los cultivos se riegan mediante canales alimentados por los pozos de captación de esta fuente hídrica del subsuelo.

Los recursos naturales son muy ricos v variados:

El valle da vida a una densa vegetación natural, todavía persistente en algunos relictos, es denominada «monte ribereño», que constituye un verdadero bosque enmarañado de plantas arbóreas y herbáceas, como huarango (Prosopis juliflora), pájaro bobo, caña brava, achiote, guayabo (Psidium guajava), pacay (Inga feuiller), etc. Flora típicamente costeña, la cual albergaba a una variedad de aves, vizcachas y venados, que cubría al valle en grandes extensiones hasta hace unos pocos años.

Por otro lado, los cerros de la cadena andina, que limitan ambas márgenes del valle, se convierten en lomas durante la temporada de invierno y aún son aprovechadas por los pobladores que incursionan en busca de venados y vizcachas. Es posible que en el pasado cubriesen una mayor extensión y proporcionaran recursos vegetales y animales, al igual que los extensos pantanos, aún vigentes.

Hacia el litoral, el mar de la costa central ha sido fuente inagotable de peces, algas y moluscos, utilizados intensamente en la alimentación de la población y como bienes de comercialización con los agricultores cercanos y distantes.

El río mismo, en la época de verano nutre peces y crustáceos, que son consumidos por los pobladores.

Aparte de los recursos naturales propios, el sector medio del valle posee las mejores rutas de comunicación con otros valles vecinos y alejados. Caral, en particular, se conecta con el valle sureño de Huaura, cuya población habría estado bajo el control ideológico de los templos y el sacerdocio de esta ciudad. Otras vías lo vinculan a los valles costeños de Pativilca y Fortaleza. Las rutas más distantes conectan al valle de Sur
De con el Callejón de Huaylas, el Callejón de Conchucos y la cuenca del Marañon.

Los GRUPOS QUE ANTECEDIERON A LOS HABITANTES DE CARAL

Para comprender la temprana aparición de la civilización en los Andes Centrales del Perú, se debe conocer el proceso de neolitización y las características que éste presentó. El Neolítico se inició, como en otras partes del mundo, con el Holoceno y la extinción o reducción de los recursos de cazacolecta, que caracterizaban el ambiente del paleoindio: desaparición de la megafauna, en los que basaban su subsistencia los hombres.

Esta etapa del desarrollo, denominada Arcaico, casi coincide con el poblamiento del territorio en algunas partes de los Andes Centrales, alrededor de los 8000 años antes de Cristo, e implicó el cambio de un modo de vida basado en la apropiación de los recursos naturales, hacia uno que tomaba ventajas de las condiciones locales y había incorporado el manejo de la reproducción de algunas especies donde
ya se daba un cierto grado de nucleación y sedentarismo,

El cambio no fue súbito, porque se produjo en forma simultánea en todos los lugares, ni tuvo las mismas manifestaciones culturales, abarcó un largo período, por lo menos unos seis milenios, a través de los cuales los grupos humanos se distribuyeron por las diferentes regiones y zonas ecológicas e iniciaron una relación de culturo-ambiental, expresada en diversos procesos adaptativos o de neolitización, No hubo un solo foco o centro de distribución de un patrón de vida neolítico; porque cada centro se desarrolló de acuerdo con las características del habitat y la tradición cultural de los grupos allí asentados. Estos procesos se desenvolvieron en cierto aislamiento durante el Arcaico Temprano (8000-6000 a.C.), y en menor grado en el Medio (60003000 a.C.), ya sea en los valles de la costa, separados por extensos desiertos, en la sierra, por su topografía accidentada y ríos torrentosos, o en la más distante montaña y la llanura amazónica, igualmente con peculiares características.

Pero, no obstante que las sociedades siguieron portrayectorías diferentes, con estrategias de subsistencia distintas, algunas de ellas ubicadas en el área norcentral, tanto en la costa, con una economía orientada a la explotación de los recursos marinos y de lomas, como en los valles interandinos de la sierra adyacente y de las vertientes orientales, dirigidas al aprovechamiento de los recursos de varios pisos ecológicos y de cultivo, simultáneamente se tendieron redes de contactos interregionales y desarrollaron organizaciones complejas hacia los 3000-2500 a. C. La mayor productividad económica de estos grupos y la necesidad de coordinación de actividades de subsistencia diversas, en un contexto de alto riesgo, permitieron la aparición de «gestores» y de una creciente desigualdad social (Shady, 1995). En la costa norcentral del Perú, el período Arcaico comienza con los primeros asentamientos aglutinados de organizaciones sociales igualitarias y concluye, en el Arcaico Tardío o Precerámico, con el establecimiento de sociedades complejas, que erigieron construcciones monumentales, y la aparición de la civilización y la formación del estado. Cara¡ se ubica en este período (Bonavía, 1982; Engel, 1963; Feldman, 1980, 1985; Pozorski y Pozorski, 1979; Quilter, 1985, 1989, 1991).

OTROS ESTABLECIMIENTOS CONTEMPORÁNEOS A CARAL

El avance de las investigaciones en los últimos años dio a conocer importantes sitios arqueológicos pertenecientes al Arcaico Tardío, ubicados en el área norcentral del Perú, como: Áspero, en el litoral del valle de Supe (Feldman 1980, 1985); La Galgada, en la cuenca del Chuquicara, un tributario del río Santa (Grieder y Bueno 11981-, 1985), Piruro, en Tantamayo, Huánuco (Bonnier 1987, Bonnier y Rozenberg 1988), Kotosh, en Huánuco (lzumi y Terada 1972); Huaricoto, en el Callejón de Huaylas (Burger y Salazar 1985); y el Paraíso, en el valle bajo del río Chillón (Quilter 1985; Quilter, Wing
y Ojeda 1991). Cabe destacar que estos sitios se encuentran en diferentes regiones: costa, sierra y selva alta, zonas ecológicas distintivas con recursos singulares, pero todos se hallan en el área norcentral del Perú. Área en que se habría desenvuelto una intensa interacción cultural durante el Arcaico Tardío, que impulsó el desarrollado social.

Estos sitios revelaron una complejidad arquitectónica mucho mayor que la inicialmente supuesta para el período
Arcaico Tardío. En la actualidad, se está evaluando la hipótesis referente a extender un milenio atrás la etapa Formativa para incluir las manifestaciones del Arcaico Tardío, dando as¡ una nueva interpretación al proceso cultural peruano.

Caral forma parte de ese conjunto, siendo uno de los más destacados por su extensión y monumentalidad.

EL DESCUBRIMIENTO DE CARAL

Desde hace varias décadas algunos investigadores habían llamado la atención sobre la existencia, en el valle de Supe, de una serie de complejos arquitectónicos monumentales (a cuatro de ellos se les denominó Chupacigarro) pero ninguno llegó a emprender excavaciones arqueológicas sistemáticas o d¡o a conocer sus resultados (1).

Atraídos por esta información, que hacía alusión a los imponentes sitios monumentales del valle, en contraste con nuestra experiencia sobre las condiciones geográficas de éste, y el conocimiento existente sobre la problemática del área, decidimos iniciar investigaciones arqueológicas. Para esto fue de gran utilidad el catastro de sitios arqueológicos del valle de Supe, efectuado por Carios Williams y Manuel Merino (1979), así como los valiosos estudios de Williams sobre la arquitectura temprana, entre los que se mencionaba a Caral.

En 1996, después de haber efectuado una detallada prospección arqueológica en el valle de Supe, con un equipo de 5 arqueólogos empezamos a trabajar en Caral uno de los cuatro establecimientos conocidos como «Chupacigarro». Este sitio fue elegido por el buen estado de conservación y porque reunía los rasgos culturales representativos del conjunto.

Para los pobladores actuales, mayormente inmigrantes de la sierra vecina, Caral ya no tenía ninguna significación; era un sitio eriazo por donde pasaba, en la época de las haciendas, la antigua carretera a Huacho, hoy cerrada por una duna. Consideraban a los volúmenes piramidales como cerros rocosos naturales. Los varios milenios y vicisitudes transcurridos habían pasado al olvido desterrando la historia y la noción de la sacralidad e importancia que tuvo la ciudad

(1). Sin embargo, en diferentes sectores de la Ciudad de Caral, hemos encontrado evidencias de intensivas excavaciones con restos de alimentos modernos. Muchas de éstas fueron hechas sin ningún rigor arqueológico y han destruido importantes estructuras arquitectónicas. Los campesinos del lugar recuerdan que hace algunas décadas llegaron unos extranjeros en dos Jeeps y excavaron en varios complejos monumentales del valle, entre ellos en Caral. De nuestra parte, tenemos información que Engel (1987) efectuó excavaciones en éste y en los otros tres sitios conocidos entonces como Chupacigarro.

El mismo nombre de Caral, tomado por nosotros del poblado más cercano al sitio arqueológico, carece de algún significado para sus habitantes. Posiblemente debió corresponder a una lengua regional desaparecida, pues los morfemas se repiten en la toponimia del área.

 

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