INTRODUCCIÓN
La institucionalización de la cultura literaria no pudo evitar lo que en sus márgenes y
alrededores bullía con tono menos solemne y con lance lingüistico diferente. Ocurría lo
que en el país, un mundo escindido entre blancos ?cultos e ilustrados? e indios ?raza
decrépita, atrasada? pero necesarios para sostener la república oficial. En términos
culturales, la producción literaria de la segunda mitad del siglo XIX oscila entre un
tipo de literatura heredera de una revolución en cuya lengua literaria traduce la idea de
patria y otra cuya producción está impactada por el resquebrajamiento de la imagen del
Perú independiente, sobre todo por la incursión española a la costa peruana. La Colonia
es un período que comienza a nacionalizarse, se la estudia y revalora como parte de
nuestra historia (apropiación que tiene una doble cargo semántica: dependencia o
autonomía: dependencia si ésta resulta expresión de una perspectiva hispana;
autonomía, si el horizonte es la búsqueda de raíces en el espacio nativo), Se actualiza
en virtud de las ediciones de textos de la época, por medio de los ensayos críticos que
por entonces se divulgan y sobre todo gracias a la escritura romántica que la resemantiza
y la reincorpora al imaginario social, especialmente, en las Tradiciones peruanas de don
Ricardo Palma .
Los estragos de la guerra del 79?82 interpelan a los paradigmas socialmente construidos
hasta entonces y acentúan su crisis. Estos paradigmas se ven impugnados de manera
singular en todo el ordenamiento socioeconómico y cultural del país, pues coincide con
la situación limite que el Perú vive, que pone al descubierto la incapacidad de los
criollos para resolverla adecuada y oportunamente. En el ámbito de los letras,
cuestionadas las percepciones de la literatura nacional, nuestra intelectualidad esbozó
imágenes más o menos totalizadoras, sin tener aún conciencia de la conflictividad que
en ellas se produce, sobre todo respecto a nuestras historias y, dentro de éstas, de
aquellos signos que dan cuenta de la continuidad histórica y cultural del Perú. Se
indaga otros procesos, se produce uno de los más importontes debates sobre el Apu Ollanta
?texto vernáculo, reproducido por entonces? del que se tiene noticias, aunque no se le
releva, de la continuada representación en los pueblos andinos de Atau Wallpaq
puchukakuyninpa wankan . Es también coetánea la celebración del IV Centenario del
Descubrimiento de América que por exclusión o adhesión supone una serie de
cuestionamientos al Perú real; sobre todo desde la presencia mayoritaria de los indios
frente al país oficial y que la república literaria traduce como la emergencia indígena
en la cultura y sociedad y que escinde la producción criolla.
Las imágenes que de la literatura se tienen, por entonces, no son del todo homogóneas;
hay más bien una suerte de polaridad que lleva a exploror el tema del indio en la
literotura ilustrada. Aparece lo literatura incásica ?en realidad quechua? como una
curiosidod académica que crea uno situación que desarmoniza el apacible mundo culto.
Aunque en lengua de los blancos, se conocerán textos que circulon como parte del
cancionero popular. Las muestras explícitas o la progresiva incorporación del quechua
como lengüa literaria supone resquebrajamiento en la cultura ilustrada. Este período
coincide con lo que podríamos denominar el escorceo del romontacismo y la insurgencia, de
una postura que, sin desearlo, cuestionó el estatuto de la literatura ilustrada. El
recuento de la inserción del quechua en la literatura, se puede evidenciar en las
respuestas que se esgrimen en torno o una posible tradición poética. Así lo hace ya en
1844 José Manuel Valdés y Palacio en su Bosquejo sobre el estado político y literarioo
del Perú en sus tres grandes épocas, José María de Córdova y Urrutia en Las tres
épocas del Perú (1844) y, por cierto, José Toribio Polo en El parnaso peruano /
Repertorio de poesías nacionalas antiguas y modernas (1862) que en líneas generales
reconocen la existencia de una literatura previa a la invasión española. Hoy entre ellos
la promesa, de inclusión en sus antologías y proyectos literarios; la literatura
vernácula es una promesa incumplida, no logran incorporar textos poéticos quechuas en
sus estudios y compilaciones. Es en las prácticos poéticas en donde mejor se define la
inserción del indio, en la cultura literaria de dominio criollo.
El interés que suscita la inserción de la temática andina ?y del indio? resulta un
episodio importante en el ámbito de la literatura ilustrada. El indio y su mundo impactan
en la creación poética y se actualizó como un discurso contradictorio. No es
necesariamente una percepción exclusivamente decorativa y bucólica; todo lo contrario,
la imagen del vencido comulga con la situación de lo república de indios. Lo literatura
ilustrada tiene en la poesía romántica y en la del radicalismo, textos que aluden o la
situación del indio. Lo propio ocurre con el relato indianista del primer indigenismo,
que anima la generación de la guerra, sobre todo en Aves sin nido. El yaraví es una de
las formas que el mundo ilustrado acoge como manifestación vernácula. Esto se explica,
en parte, porque la escritura del texto o discurso literario se realiza en la lengua
ilustrada, esto es en castellano, por lo que el apacible mundo de las bellos letras no se
resiente. Asimismo, la retórica dominante tolera las formas vernáculas en la medida que
su aceptación por la academia se produce dentro de los marcos de su propia ambigüedad,
es en realidad una forma muy apreciada por los mestizos. Se entiende que esta literatura
se divulga, principalmente. bajo el modelo impreso (libros, folletos y opúsculos; sobre
todo tratándose de creaciones y artículos en las principales revistas de las capitales
de provincia, y de manera especial, en Lima).
La inclusión de la literatura andina en discurso hegemónico tiene varias posibilidades
de explicación. Propongo para éstas tres:
Todas los manifestaciones que circulan
en el ámbito ilustrado se disocian con su universo de circulación. Es una literatura
heterogénea ?representación contradictoria, socialmente tensa ?tal como utiliza la
categoría Antonio Comejo Polar. Es decir el mundo al que corresponde es de los indios y
la lengua de enunciación no siempre coincide con la de divulgación. El texto estará
mediado por el dominio del prestigio lingüístico del español. Se escribe para la ciudad
letrada del XIX.
Hay un interés creciente por la literatura vernácula, que se traduce en el
reconocimiento que se hace del quechua pero que no se la postula como lengua literaria.
Las convocatorias que en algunos casos encontramos son rápidamente mimetizadas. Es a
través de los estudios de la lengua quechua que podemos reconocer un conjunto de textos
vernáculos que corresponde a un sistema diferente al que leemos.
Tal como lo hemos indicado este proceso cultural es acompañado o impactado por lo que
socialmente está ocurriendo en ese lapso de la historia local. Es decir la inclusión
andino es un proceso que tiene que ver con la visibilidad del indio en el proceso social
del Perú como país andino. Esto lleva a cuestionar y replantear el modelo o imaginario
literario en medio de sucesivas crisis (la parodia de democracia, la guerra invasora y la
derrota de 79-82).
Para concluir debo anotar que este
trabajo correspondió al marco contextual que permitió explicar la presencia y desorrollo
de un discurso subordinado que concluye en los textos sublevantes de Adolfo Vienrich, me
refiero a Tarmap Pacha?Huaroy / Azucenas quechuas (1905) y Tormapap Pachahuarainin /
Fábulas quechuas (1906) que fuera motivo de mi tesis de maestría Adolfo Vienrich: la
tentativa de la otra literatura peruana (1996). Reservo paro uno edición futura mis
textos sobre Vienrich. habida cuenta que estoy concluyendo el estudio de estos dos textos
fundadores. Para explorar lo anotado en esta introducción, este libro se ha dividido en
cuatro copítulos: en el primero propongo a1gunas imágenes de la sociedad peruana del XIX
y exploro las ideas indigenistas de lo época; en el segundo, construyo lo que serío la
cultura literaria hegemónica; en el tercero, ofrezco las tentativas de la literatura
quechua en el discurso hegemónico y concluyo, en el cuarto capítulo, con lo poesía del
primer indigenismo.
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Notas
1 Utilizo acá indistintamente nociones de la época ('cultura literaria',
'bellas letras', 'república literaria' etc.) para significar las distintas prácticas
escriturales y sus entornos en la aparición de los discursos subalternos, como los que
voy a examinar.
2 Sobre este aspecto puede revisarse el sugerente trabajo "Ajenidad y
apropiación nacional de las letras coloniales / Reflexiones sobre el caso peruano"
de Antonio Cornejo Polar (Lima, Escuela de Postgrado-Maestría en Literatura Peruana y
Latinoamericana. Universidad Nacional Mayor de San Marcos. 1992).
3 Así transcribe al final el copista del códice de Santo Domingo Cf. Meneses
1983: Facsímil de Códice de Ollantay).
4 Tragedia del fin de Atahualpa, conocida también como La danza del inca, La
comparsa del inca?capitan o Los incas. Sobre esta representación simbólica puede
revisarse los trabajos de Manuel Burga Nacimiento de una utopía (1988) y "La
comparsa inca?capitán: simbolismo, música e identidad?, asi mismo los sugerentes
trabajos de Malgorzata Oleszkiewicz o "El ciclo de la muerte de Atahualpa: de la
fiesta popular a la representación teatral" (1992) y de Margot Beyersdorff "La
'puesta del texto' del primer drama indohispano en los andes" (1993). Antonio Cornejo
Polar realiza la exégesis tanto textual como simbólica en Escribir en el aire (Cf. 1994:
"El comienzo de la heterogeneidad en las literaturas andinas: voz y letra en el
"diálogo" de Cajamarca", pp. 25?89).
5 Véase: Polémica acerca de algunos sucesos relativos / al Descubrimiento de
la Améica entre E. Larrabure y Unanue y el R.P. Cappa (1888). La polémica tuvo lugar
hacia fines de 1885 en las páginas de El Comercio y El País. También el texto de
Ricardo Palma "El Centenario de España" (ed. Falconi 1991: 83?104, 124) que
escribiera desde Madrid entre setiembre y diciembre de 1892.
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