Capítulo IV
TENTATIVAS DE
LA OTRA LITERATURA PERUANA
1. Antigüedades peruanas: un antecedente temprano.
Año clave para el pensamiento peruano resulta 1851. Un libro singular aparece en Viena,
Austria, con el título de Antigüedades peruanas firmado por Mariano Eduardo de Rivero y
Ustariz y Juan Diego de Tschudi26 , que en el concierto latinoamericano obedece a la
construcción de los imaginarios nacionales como visiones unificadas e integradoras a
pesar de la fragmentación que viven nuestros países por entonces. El libro de
Rivero?Tschudi pone en evidencia que las lenguas vernáculas han dejado memoria de su
literatura. Desde la arqueología, proponen discutir la ausencia de una literatura
nacional tomando como suya la postura de Casimir Perrier, según la cual: "Los
monumentos antiguos son como la historia, y como ellos inviolables". Desde la
perspectiva historiográfica y antropológica, conceden importancia a la información que
para mediados del XIX se maneja y valora, y se aproximan al estado cultural y social
vivido en el Perú antiguo a partir de los resultados de sus exploraciones entre 18481850.
Interesa detenernos en especial en el discurso que aporta a la configuración de la nueva
imagen de la literatura que leemos en el capitulo III, destinado a "La lengua
quichua". La lengua como canal de comunicación resulta la primera argumentación:
confirman que la lengua quechua es armoniosa y llena de posibilidades. Los "pueblos
civilizados " llaman bárbaros a los pueblos cuyas lenguas carecen de literatura y
"caracteres originales" para su fijación; desde este aserto sugieren Rivero y
Tschudi un horizonte que cuestiona el modelo, eurocentrista que desplaza la cultura de los
pueblos porque sobrepone como modelo el europeo:
La apatía orgullosa de los europeos
ha sido causa de que el orbe científico y literario quede privado de muchos tesoros que
hubieran resultado del estudio de esos manantiales destruidos hoy día, mas cuyos
productos, emitidos en otros siglos, apenas el polvo cubre (Rivero?Tschudi 1851: 86).
La postura eurocentrista choca acá con
el modelo de literatura basado en la tecnología de la escritura. Rivero Tschudi proponen
una lectura a partir de las formas vernáculas de fijación del conocimiento: sostienen el
hallazgo de formas, "imperfecta [s de] representación gráfica" que, para
Rivero, son legibles en los grabados que encuentra en monumentos y ruinas, inscritos en
granito. Descartan por exagerada la afirmación del licenciado Fernando Montesinos, según
la cual los incas habrían tenido "arte de escribir con caracteres". Aunque si
existen vestigios de "corporificación[es] defectuosas] de la palabra", estos
vestigios son los quippus "nudos hechos con hilos diversos colores" que en
general servían para establecer datos estadísticos. Su asociación a un "comentario
verbal" seria lo que hace ya imposible, para la época, su lectura.27 Siendo así, y
"considerando este sistema" defectuoso de escritura, no debe causar sorpresa que
la lengua quichua carezca de literatura antigua, a lo menos inteligible para
nosotros" (1851: 106). De modo que resulta reiterativa la insistencia sobre la
ausencia de literatura basada en la escritura. El sistema defectuoso de
"escritura" no permitió una literatura antigua; tampoco produjo "una
literatura nacional con caracteres europeos" por lo que "este campo yace
estéril". Esta última permite a los autores de Antigüedades lanzar una
convocatoria que coincide, en principio, con el mundo ilustrado que asimismo se reconoce
parte de la entonces nación peruana:
0jalá que algún Peruano erudito
verdaderamente patriota se dedicase al estudio de la lengua quichua, y procurase echar los
fundamentos de una literatura en idioma tan precioso y singular de que blasonar debieran y
no avergonzarse los hijos de la antigua monarquía de los Incas (RIVERO?TSCHUDI 1851:
101).
Aún cuando hacen explícitos los
límites de la experiencia doctrinaria, fue la Iglesia la que para sus fines
catequizadores tuvo que conocer la naturaleza de los idiomas vernáculos y la fijó en el
modelo occidental: las doctrinas cristianas fueron las primeras que se tradujeron al
quechua, aunque "estas pruebas de la lengua son sólo fragmentos poco aptos á dar
una idea exacta de la construcción gramatical, ó de las bellezas" (: 112). No
existe el propósito de que esta literatura sea desarrollada por el segmento indígena.
Fueron los curas letrados y humanistas quienes, valorando el sentido de la cultura antigua
produjeron los primeros esbozos de lo que llamaremos literatura quechua. El prestigio de
la palabra escrita es asunto dominante al que Eduardo de Rivero y Diego de Tschudi no
renuncian. Se valora no tanto el espíritu que se traduce al texto sino la lengua en que
se escribe, su propia fijación. Pero el dominio de la palabra escrita se ve interpelado
por las muestras de la colonia que aún se continúan trasmitiendo en el Perú de mediados
del XIX. La "existencia" de una literatura vernácula finalmente la exploran
desde su condición tradicional en la literatura de América. El principio operativo es
que la poesía no necesita fijarse, se trasmite oralmente. El "estado actual" de
dicha literatura está referido a los "restos del pasado", y de ella se
conservan muy poco. La poesía fue "la más antigua forma de la literatura" (no
requiere registro, se dice), así ha ocurrido en las "naciones cultas":
En todas las naciones cultas, fue la
poesía la más antigua forma de la literatura, y antes que tuviesen caracteres para fijar
sus anales y producciones, conservaban en versos, y por tradición los hechos de sus
antepasados y la expansión de sus sentimientos. En todas las lenguas indias, aun en las
más bárbaras, se hallan vestigios de esta literatura, y es cosa digna de llamar la
atención, que los cantos de guerra y triunfales son las más antiguas producciones
poéticas de las naciones americanas. De la antigua poesía peruana han llegado pocos
restos á nuestro conocimiento, aunque entre los Indios se conservan canciones muy
hermosas de los tiempos pasados y muy dignas de formar una colección para imprimirse
(RIVERO?TSCHUDI 1851: 113; énfasis mío).
La persistencia de una literatura
diferente, que no se registra, que no figura en el circuito de las fuentes escritas, se
vincula con ese otro sujeto de enunciación, sujeto marginado y consignado al olvido: el
indio. Es este segmento social el que guarda la memoria de los "tiempos
pasados"; siendo los indios herederos desacreditados del inca, son los que
"conservan canciones muy hermosas que todavía no han llegado al circuito erudito.
Para precisar sus propuestas presentan una clasificación de la poesía en el tiempo de
los Incas cuyo esquema coincide con la lectura que hacen del Inca Garcilaso28 y la
incorporan en la muestra que incluye Antigüedades peruanas; del mismo modo, recogen parte
de la polémica en torno al yaraví que se procesa en el Mercurio Peruano. Esta revisión
incluye canciones de guerra o heroicas que eran realizadas por los amautas; las canciones
elegiacas, conocidas como haravis y la poesía dramática cuya existencia la indentifican
en el Ollantay. En la perspectiva de Eduardo de Rivero y Diego de Tschudi, la unidad de la
lengua no deja de admitir variantes dialectales: "La lengua quichua tiene varios
dialectos muy señalados" (: 118). El horizonte de Rivero y Tschudi, en nuestra
indagación, resulta importante por la valoración y explicitud de tres núcleos de
reflexión que estarán presentes en el debate, es decir, la visión crítica respecto al
modelo europeo (en parte, es responsabilidad de Occidente el hecho de que hoy no se tenga
razón de la producción cultural de los Andes); la valoración de la lengua indígena,
que aún sin escritura demuestra ser una lengua "precisa" y de la que hay que
sentir orgullo; y la posibilidad de desarrollar esa literatura que se trasmite
tradicionalmente (aunque, por cierto, la convocatoria a fundar una literatura en quechua
sea desde la perspectiva ilustrada).
2. La poesía en el imperio de los incas: indagaciones de Acisclo Villarán
Perteneciente a la generación de poetas románticos, Acisclo Villarán, a diferencia de
sus colegas, trabaja un proyecto de tesis en la Universidad de San Marcos bajo el título
de La poesía en el Imperio de los Incas que sustenta en la Facultad de Letras en 1873 29,
luego la veremos reproducida en El correo del Perú30. Pero antes de pasar a examinar el
texto de Villarán, recordemos rápidamente que un sector de poetas románticos cultiva
formas vernáculas como el yaraví, formalizan textos que aluden al pasado inca o asumen,
en general, la temática andina como bucólica. Esta tendencia se manifiesta como parte de
los rasgos subordinados del romanticismo y explica, de otro lado, algunos aspectos de la
producción de un modelo literario de fuente nativa en el ámbito de la cultura ilustrada
y criolla. En conjunto, están referidas a una política formal y temáticamente
coincidente por su inspiración vernácula a una lectura del país andino como síntoma de
su época y cuyas realizaciones la crítica todavía no ha examinado en su vínculo con la
formación de las nuevas imágenes de ese espacio tenso y conflictivo que es la literatura
peruana.
Inmediatamente publicado el trabajo de Villarán, será exhibido como una muestra de la
literatura americana, es decir, de aquella literatura con arraigo en sus fuentes
ancestrales, así lo reconoce Manuel M. Seguín: "Quien desee conocerla más
detenidamente en lo relativo á nuestra patria, puede consultar los estudios publicados
por don Acisclo Villarán en El Correo del Perú y las citas que de ella trae Garcilaso en
sus Comentarios" (SEGUÍN 1874: 379). La poesía en el Imperio de Los Incas
desarrolla una comprimida historia en la que trata de explicar el itinerario de la cultura
quechua. "Manifestar que la poesía se cultivó en el Perú desde los primitivos
tiempos de esta nación opulenta, es el fin que nos proponemos, y mal pudiéramos
alcanzarlo sin investigar antes, aun cuando, sea ligeramente, el origen, idioma, cultura,
religión y costumbres de la gran patria de Manco Capac (VILLARÁN 1873:69); de suerte que
hace una introducción en la que presenta diversos aspectos de la. sociedad; comparte esa
mirada idílica que se tiene del imperio. Su reflexión sobre el quichua viene de Rivero y
Tschudi sobre la lengua. Acisclo Villarán sostiene que el quichua, por su estructura,
está calificado para cumplir las funciones que realiza el castellano. "Así pues,
por su hermosura, riqueza, perfección, enerjía y sonoridad, el idioma quichua es digno
intérprete de elevadas concepciones intelectuales y de las tiernas é inspiradas
composiciones de un gran pueblo" (1873:85).
La poesía, puede afirmar Villarán, "había alcanzado un adelanto mayor que en los
demás imperios americanos", aun cuando el estado de las letras en esa época es
todavía un campo inexplorado" (: 202). Esta hipótesis enfrenta de inmediato la
camisa de fuerza de la escritura, ¿dónde entonces, indagar la poesía de los incas? Es a
través de los historiadores y la tradición que tenemos noticias de esta poesía, aunque
aquellas composiciones poéticas que se han preservado del tiempo de los Incas sean
muestras parciales de ella, ya que se encuentran en los testimonios escritos y las
registra en la tradición. Si bien "no son suficientes para guiarnos", "las
composiciones poéticas que á continuación iremos insertando ?dice Acisclo Villarán?,
darán al menos una clara idea de la inspiración sublime de los vates peruanos" (:
202).
Esta poesía está impactada por la naturaleza y el sujeto de enunciación: "La Musa
Peruana recorrió con alas de fuego el espacio, la tierra y los abismos, vivificando todo
con su aliento creador" (: 202) y le atribuye las siguientes características
formales:
En las canciones eróticas el metro
más usado era el de cuatro silabas, que figuraban solas ó bien alternadas con las de
tres. En las marchas triunfales y los himnos de victoria, se usaba el verso de seis
sílabas, y la redondilla era la estrofa destinada a las comedias.
Los yaravíes son octasílabos generalmente, y asonantes ó consonantados. Esta última
composición es la parte más interesante de la poesía quichua, que se consagra al amor
desgraciado u olvidado, y se revela en ella. de un modo admirable los efectos de un dolor
intenso y sin consuelo (VILLARÁN 1873:202).
La casi treintena de textos poéticos que
recoge y presenta Acisclo Villarán en El Correo del Perú, expuestos primero en la
Academia y divulgada en la más importante publicación de la década del 70, tenía que
interrogar, ?tratándose de una lengua diferente a la ciudad letrada? sobre cuál seria la
lengua de comunicación. La decisión del autor es por la lengua de prestigio, opta por el
castellano. Esta opción está refrendada en la competencia lingüística: "Pocos de
los lectores de El Correo del Perú, conocerán el quichua, y esta razón nos decide á no
presentar los versos; en ese idioma al frente de su traducción castellana' (: 234;
énfasis mío). Prestigio de la lengua que se pone también en evidencia en el hecho de
que se traduce según el canon literario de la época ("cuidamos de las reglas de la
versificación" y "las exigencias de la armonía"); o, en mejor de los
casos, se realizan traducciones literales ("nos hemos permitido, descuidando las
reglas del arte, presentarlo traducido casi literalmente"). Y no faltan por cierto,
las refundiciones o paráfrasis, es decir, versiones que se hacen desde una traducción
del quichua al castellano. Esta preferencia por la lengua hegemónica sugiere una honda
distancia entre el discurso que se incluye en la literatura ilustrada y el uso de la
lengua. Se acepta, claro está, la existencia y bondades de las lenguas nacionales, pero
se las proscribe de la escritura. Esta operación la explica Jesús Lara como efecto del
profundo prejuicio racial:
Tan sin medida era el prejuicio contra el idioma
indígena en las primeras décadas de la República, que aún estimando las excelencias de
algunos arawis y wayñus incaicos desempolvados entonces, las buenas gentes no se
atrevían a cantarlos en la lengua original, sino que previamente los mandaban traducir.
(LARA 1947:152).
Aún así, no deja de ser el primer
intento orgánico de explicar la existencia de una poesía en tiempo remoto. Este esquema,
con todos los límites que supone, se escapa a formas populares, a voces que representan
sin duda esa poesía popular que escucha por aquellos años y que Villarán pública en La
poesía de los incas. Así encontramos algunos textos de rasero popular que evidencian una
preocupación permanente por las fuentes, cuyos dos rasgos característicos son la
procedencia, es decir, tienen que provenir de las canteras andinas y ser las más
populares. Esto ocurre con "Canto de Ayacucho", que según el autor, "con
no poca dificultad hemos [ha] conseguido", pues se trata del yaraví "más
popular entre los indios de Ayacucho, quienes egoístas por tal producción literaria, lo
entonan con orgullo en sus festividades y lo reputan una de las mejores composiciones
poéticas de la ?lengua quichua" (1874: 10) he aquí el texto:
5
10
15
20 |
Canto de Ayacucho
El joven á quien yo quiero
Cual niña de mis ojos,
Huyendo vi de mi lado
Sin ver que tanto lo adoro.
Luz que sobre el cerro naces,
Yo demando tu socorro:
Haz que su camino pierda
Y torne á mis brazos pronto.
Piedras, duras corno el alma
De mi bello desdeñoso,
Salid todas á su encuentro
poniendo á su senda coto.
Huarpa31. Huarpa. grande río
Que corres de un pueblo á otro
Detén el paso de mi amado
Que busco con triste lloro.
lOh! nube preñada de agua
Cual de lágrimas mis ojos,
Viértela sobre el ingrato
Para que me espere un poco.
Y si contra el sol ó lluvia
Asilo busca y reposo.
En árbol que le & sombra
Cambiara yo mi ser propio.
(Trad. Constantino Carrasco: ViLLARÁN 1874: 10) |
En la propuesta de Acisclo Villarán se
advierte la voluntad de incorporar estas literaturas como parte de la literatura local. Es
decir, como parte de la literatura anterior a 1874. Se trata, primero, de la presentación
de una muestra que presupone la existencia histórica y actuante de una rica tradición
poética, una tradición que tiene su arraigo en la tradición escrita pero igualmente en
su estancia popular, que los románticos, prestigian en virtud a la escritura y su
difusión en revistas, poesía dicha "entre los indios" y en lengua
"quichua". Esta valoración llega a su límite cuando no es posible acceder al
original o cuando, teniendo el original, sólo, se proporciona la traducción. Los textos
recogidos en La poesía en el Imperio de los Incas sólo dan cuenta de traducciones y no
de versiones de lengua original. Serán, pues, presentados en el idioma dominante, en el
castellano que hablan los del mundo civilizado, los criollos, y estarán regulados por las
reglas de versificación y armonía, desde cánones que se adecúan a una retórica de
inspiración hispana (octasílabos, redondillas, etc.). Así, la traducción invierte el
papel de la lengua, y la convierte en la lengua de transacción en la ciudad, la lengua
oficial: se accede al original, pero el propio autor observa los límites de su versión
"Debemos al señor doctor Ugarte el original quichua del siguiente yaraví [Huarachi]
que hemos traducido, sino literalmente, conservando en lo, posible la idea que predomina
en él, sin cuidarnos de las reglas de la versificación ni las exigencias de la
armonía" (1874:104) o las fronteras insalvables, que hacen incluso que el poeta
Constantino Carrasco, en una siguiente edición, ofrezca una nueva versión de la
"Canción de Ayacucho" (Cf VILLARÁN 1874: 50). Esta tendencia apunta, pues, a
postular, sin quererlo, la existencia de una literatura diferente a la ilustrada,
establecida en un espacio distinto y elaborada por sujetos diferentes; vigencia que
vincula a la literatura ilustrada con textos que por entonces estaban circulando en el
país, en los alrededores del solar, en la choza. Y, si bien su procedencia es quechua,
ésta se limita a la entrega de un híbrido en español (la literatura ilustrada la
incluye desde el canon de la lengua dominante). El aporte de Acisclo Villarán está
precisamente en que propone un acercamiento a esta literatura, subalterna, vernácula y
que suministra elementos que configuran imágenes de la otra literatura quechua, de otros
sistemas.
3. Gramática quechua de Dionisio Anchorena
Luego de la tesis de Acisclo Villarán tiene importancia mayor el singular trabajo que
tras años de indagaciones y pesquisas a lo largo del país realizara Dionisio Anchorena.
Se trata de la Gramática quechua, publicada bajo los auspicios del gobierno de Manuel
Prado y por recomendación de Leonardo Villar y José? Sebastián Barranca en 1874, es tal
vez el más representativo de los textos32. La ausencia de "unidad de lenguaje"
constata la Gramática, tópico que resulta dramático para la incorporación de vastos
sectores nacionales que se encuentran en el atraso, a pesar de constituir las dos terceras
partes del territorio nacional, y que "más contribuyen al sostenimiento del
Estado" (ANCHORENA 1874:V). La visión de Anchorena, podemos postularla como
feudataria de la guerra civilizadora que en nombre del "poder y el progreso",
propone que los indígenas del Perú "se hallan en la abyección é ignorancia, sin
conocer el estímulo del sentimiento del deber, ni la aspiración del progreso"
(1874: IV). Se trata de una postura civilizadora en la que indios y blancos se igualan, a
condición de que los interlocutores sean estos últimos. En realidad, desde la cultura
del blanco se busca acabar con el "desprecio" y "odio" existente entre
blancos e indios. Este milagro sería el resultado del conocimiento del quechua que
"extirpará en los blancos ese desprecio y en los indígenas ese odio". Tal
planteamiento apuesta a la consolidación de la "república de criollos" al
excluir a los indios: el blanco abandonará (el principio absurdo, de que al indio se le
debe tratar cruelmente)) y el indio "pospondrá su ódio al blanco y no verá ya en
él un opresor sino un conciudadano a quien debe amar" (:VI).
La guerra civilizadora tal como lo establece Anchorena pasa por solucionar el problema de
la "unidad del lenguaje", por ello propone el conocimiento del quechua como un
mecanismo de incorporación. No sólo lo habla la mayoría, en torno a él hay una
continua valoración histórica, además de su riqueza idiomática y del hecho de que en
quechua se producen numerosas "composiciones poéticas". Anchorena propone que
en el idioma de esas dos terceras partes del país se puede conocer la índole y genio del
pueblo. Si esto es así, hay la obligación de estudiar la cultura indígena "cuyo
venturoso porvenir estamos obligados a procuran, (:V). Valoración idiomática que la
encuentra desde los inicios de la fractura cultural producida con la llegada de los
españoles, señalando los diversos estudios que bajo el deslumbramiento del idioma, desde
una opción humanitaria, realizaron curas como Diego de Holguin, fray Domingo de Santo
Tomás, Diego Torres Rubio, entre otros. Desde esta percepción Dionisio Anchorena analiza
y sostiene su Gramática quechua, aunque lo hace desde los modelos hispanos, que, al fin y
al cabo, resultan, en tanto prospecto, uno de los referentes dominantes del último tercio
del XIX.
Para efectos de nuestra investigación, nos interesa detenernos en la sección que dedica
a la poesía. En principio, la valoración es histórica y pragmática. Dionisio Anchorena
reconoce al quechua como lengua literaria, como idioma en el que se puede producir una
literatura vernácula donde las prácticas poéticas y expresivas son privilegios del
lenguaje, dice:
Hay en esta lengua numerosas composiciones poéticas
de todos los géneros indicados tanto del tiempo del imperio como del coloniaje y de la
república, ellas suministran los datos más positivos de la índole del quechua y del
pueblo que lo habla (ANCHORENA 1874:141).
No basta constatar la existencia
coetánea de "numerosas composiciones poéticas", sino también la aseveración
de que "La poesía fue conocida y cultivada en el Perú" y cuya producción,
para entonces, confirma el autor, ya como registro histórico, ya como práctica vigente,
con lo que el quechua adquiere estatus de lengua literaria. Para complejizar la idea, la
Gramática quechua recuerda que en el pasado inca, la poesía era alentada en la
"escuela" y, frente a la ausencia de escritura tal como conoce Occidente, se
tenía un sistema que califica de "insuficiente": los quipus. Dicha ausencia es
subsanada por la forma privilegiada de su transmisión; sigue, a continuación al Inca
Garcilaso de la Vega en lo que a formas de la poesía quechua se refiere. En los tiempos
antiguos "se hizo cada vez más necesaria la poesía" la misma que
"ensalzaba d la Divinidad, se referían a la grandeza y virtudes de los monarcas, las
hazañas de los héroes y los sucesos de la vida pública y doméstica, así como se
cantaban todas las manifestaciones de las emociones del alma". Anchorena establece,
siguiendo también al Inca Garcilaso33, las siguientes formas poéticas: el harahui o
yarahui, el huaynu o huañu, el haylli el huacaylli y huaylli la huallia, el ayataqui y
huaccataqui, el huacay y aranhuay, como las principales, aunque hace alusión a otras
formas sin mencionarlas ni reseñar sus contenidos. Así mismo, dará cuenta de un
fenómeno que se estaba operando por entonces; la confluencia mestiza en el yaraví:
"Hay también otras de las clases de yarahui, llamadas mestizos o amestizados porque
se componen de versos quechuas combinados con españoles" (: 118?131). Con lo que se
aproxima a las discusiones aparecidas en el Mercurio Peruano;. En su Gramática, Dionisio
Anchorena, parece repetir a Sicramio, desde un modelo hispano se intenta incorporar al
cancionero, indígena en la sociedad aristocrática. Pero igualmente promesa incumplida,
celebración del quechua como lengua literaria, que más tarde y en palabras de Clorinda
Matto de Turner34 asume características gramáticas, al evidenciar la exclusión del
quechua como lengua franca en el espacio de la literatura. ilustrada:
Gamarra, Corpancho, Patrón, Chávez, Prada, Rey de
Castro, Leguia, Martinez. los Amézaga y todos los escritores en fin que hoy ornan el
cielo literario del Perú ¿por qué han ignorado el idioma? ¿por qué no pueden cantar
en la lengua de su madre patria?
Esto significa simplemente una pérdida para la lengua arnericana. Desventura nacional que
deploramos unos pocos, pero lamentándola con la sinceridad del alma! (MATTO DE TURNER
18881:331; énfasis mío).
4. Debate ollantino: Carrasco y
Larrabure
La repentina revelación de la existencia del drama quechua Apu Ollanta, en 1818, y su
impacto en las letras nacionales, abriría una polémica que, en líneas generales,
plantea la existencia de la literatura inca y en referencia al drama acusa su naturaleza
andina. o hispana, y en cuyos márgenes están también los de originalidad (si los indios
del Perú podían crear un texto como éste) o si se trata de un autor, claro está, culto
(si éste era, a su vez criollo o mestizo). Aproximación, que además, se ve registrada
en su prestigio foráneo, "Y mientras se analizaba y traducía la pieza dramática en
diversos puntos de Europa ?dice Eugenio Larrabure? despertando con justicia la curiosidad
de los literatos, nadie se preocupa de darla d conocer en América" (1886: t. 1:
370). Precisaré pues, el marco temporal en que los hechos se suceden, luego examinaré la
repercusión que Apu Ollanta tuvo en la generación perdida o la generación de la guerra.
Inicialmente se atribuye la autoría del drama al Dr. Antonio de Valdez, cura de Sicuani.
Este dato fue dado a conocer dos años después de su muerte, ocurrida en 1816, por boca
de su sobrino don Narciso Cuentas, quien reveló la existencia de esta obra de teatro. Uno
de los textos de mayor impacto en el debate corresponde a don José Palacios Valdés,
quien escribió y puso en circulación su "Tradición de la rebelión de Ollantay, y
acto heroico de fidelidad de Rumiñahui, ambos generales del tiempo de los Incas"
publicado en 1835 en el Museo Erudito, N° 5?9, del Cuzco?, noticias que serán recogidas
luego en los Anales del Cuzco 1856?57. Esta información coincide con el cierre del ciclo
colonial y el inicio de la República aunque su trascendencia sólo recobrará vida
pasados los 70 y como tema de interés nacional supone la inclusión prestigiada del indio
en la literatura ilustrada. Es posible manejar como hipótesis que el debate sobre el
drama quechua Apu Ollanta está influido por la Propuesta de 1874, sobre "Literatura
Nacional anterior a 1820", del Club Literario de Lima, pero también por la ausencia
de una versión manejable en el circuito erudito. Dicho de otro modo, un texto vernáculo
ingresa al mundo ilustrado si se inscribe en la lengua dominante; en tanto que si
continúa en la lengua nativa ("lengua de indios") su inclusión en la
'literatura culta' será tortuosa. La traducción es el camino del entrañamiento criollo
de las formas indígenas pues supone continuidad prestigiada del castellano como la lengua
de la unidad.
Parcialmente, Apu Ollanta lo encontramos inserto en Antigüedades Peruanas de Mariano
Eduardo de Rivero y Juan Diego de Tschudi en 1851, selección antológica que alienta una
vocación afirmativa de la literatura nacional. Tanto el Museo Erudito y Antigüedades
Peruanas van a gravitar en la controversia ollantina que tiene lugar entre destacados
peruanistas. Polémica que se establece entre Markham y Masparó, en Europa, o la que
sostuvieron Vicente F. López y el general Bartolomé Mitre en Argentina y muy
posteriormente, fue tema de discusión regional, sobre todo a partir de las publicaciones
peruanas de José Sebastián Barranca y Constantino Carrasco35. El interés por el drama,
en nuestro medio se reinició con la versión al español realizada por José Sebastián
Barranca bajo el titulo de Ollanta/ La severidad de un padre y la clemencia de un rey
(1868). Como he indicado, inicialmente, aparecen fragmentos del drama en Antigüedades
peruanas (1851), la versión completa la publicó Tschudi dos años después; luego lo
traslada al alemán en Die Kechua-Sprache (tomo II) en 1875. Clement R. Markham presentó
su edición inglesa en 1871. A esta entrega, le siguió la de Constantino Carrasco
Ollantay/ Drama quichua en tres actos y en verso (1875) cuya lectura se realiza, por
primera vez, en el Club Literario de Lima. La aparición de las versiones de Barranca y
Carrasco actualizaron el tema y se inició lo que podemos denominar la inclusión
prestigiada del indio, a partir de esa suerte de imagen 'incásica' (es decir, referida a
los incas como visión romántica del Tawantinsuyu, no a los indios supervivientes a su
desaparición) que representa el drama para el espacio de la cultura ilustrada dominante.
E. W. Middendorf puso en circulación para, el público alemán su Ollanta en 1890 36
Constantino Carrasco y Ollantay
Detengámonos brevemente en la versión del poeta romántico Constantino Carrasco
(1841?1877). Su Ollantay/ Drama quichua en tres actos y en verso37 lo dedica a Sebastián
Barranca, a quien reconoce como el "primer traductor del drama". Es una edición
prolija de notas y de apuntes que aclaran al lector situaciones o aspectos que resultan
"intransferibles" en la traducción del quechua al español. La lectura que
tuviera lugar en el Club Literario inmediatamente trascendió y fue acogida en El Correo
del Perú entre setiembre?diciembre de 1875. Su traducción está fechada (agosto 1875*,
no habían pasado siete años de la entrega de Barranca. Su versión es una puesta en
verso. "Yo he procurado hacer en esta obra ? declara Constantino Carrasco? todas las
rectificaciones posibles, unas veces en la misma versión, otras en notas que me han
parecido indispensables" (1875: 296).
La noche del 23 de junio de 1875 Constatino Carrasco pone a consideración del Club
Literario su traducción del Apu Ollanta; lectura que está precedida por una
presentación en la que explora el estado de los estudios sobre el drama quechua y discute
algunos aspectos concernientes sobre la existencia andina y la circulación del Ollanta en
el espacio ilustrado. Así, la define:
Ollanta es la única pieza dramática que nos ha legado la poesía quichua, pues aunque
actualmente se hacen en la Sierra varias representaciones teatrales, ellas son engendros
tan informes é irregulares, que no han merecido los honores de la impresión. (CARRASCO
1875: 295)
El drama para Carrasco es de inspiración vernácula y considera que fue trasmitido por
fuentes orales. "El drama que tiene por protagonista a Ollanta es también muy
antiguo" (: 296). Advierte que la existencia histórica del Ollanta se ha visto
opacada por la fragilidad de la tradición 31. "Una tradición tan oscura y tan
debilitada apenas podía llegar al conocimiento de los criollos" (Ibidem), es pues,
"Personaje tan antiguo que ha pasado a la categoría de mito" (Ibidem);
tradición ?que por demás? la incorpora en una extensa nota. "Ollantay" puede
traducirse, cita a Vicente Fidel López, desde Antay que quiere decir "de los
Andes30, cosa venida de los Andes". En quechua no hay Ol ó Oll esta raíz ?si ha de
considerársela como tal? en quichua corresponde a Ul ó Ull, de manera que López postula
que "'La verdadera forma de nombrar es pues Uillantay, o mejor, Uilla ?Antay; y Como
Uilla, significa leyenda, tradición, historia, crónica Uilla ? Antay significa LA
LEYENDA Y LA HISTORIA DE LOS ANDES" (Cit. Carrasco 1875:296).
Luego, en la nota 7 cuestiona y discute la traducción que hace Sebastián Barranca:
"Ollanta no puede ser elipsis de Ccahuari?Ullanta: pues esta frase, quiere decir
literalmente Mira á Ollanta ( ... ) Esta frase seria una especie de amenaza á aquellos
Indios, Como quien les decía: Cuidado, con el castilloo de Ollanta!" (: 297). El
testimonio de la existencia de Ollanta se encuentra en las muestras arqueológicas,
localizadas en la ruinas de Tampu (hoy conocidas como Ollantaytambo) y una memoria
escurridiza, revelada por el cacique cuzqueño Juan Hallpa. No atribuye ninguna paternidad
al padre Valdez y recoge, de Sebastián Barranca, sus hipótesis sobre la originalidad del
drama.
Es necesario decir acá que la versión de Carrasco no ha Sido incorporada en los estudios
ollantinos, ni se le ha considerado como una edición anotada: digamos, pues, que el
Ollanta de Constantino Carrasco alienta una postura progresiva en el cerrado mundo de la
aristocracia, al intentar una comprensión historiográfica y literaria de los quichuas.
Fue entonces, el reconocimiento temprano, y acaso sublevante, en el propio espacio de la
literatura ilustrada, y su entrega es una de las versiones más finas del drama quechua.
Larrabure: la defensa de Apu Ollanta
Del conjunto de textos que por esos años aparecen en la escena nacional está el de
Eugenio Larrabure y Unanue Ollantay/ Literatura Incásica que en realidad sirve como
propósito para afirmar la existencia de un modelo de literatura diferente al escrito en
español. El ensayo aparece en El Ateneo de Lima a mediados de 1886 como parte de la
sección o (Bibliografía),40. Larrabure va a responder a la principal impugnación que
contra el drama se esbozaba por entonces, me refiero a Bartolomé Mitre para quien el Apu
Ollanta es un drama "esencialmente europeo y genuinamente español". En este
ensayo, Eugenio Larrabure se propone afirmar la filiación indígena del drama a partir de
las respuesta que elaborara a dos interrogantes planteadas:
Ollantay es el único monumento que
existe de la poesía, pero su autenticidad ha sido y es aún objeto de dudas y de
acalorados debates. De allí la necesidad de dilucidar las dos cuestiones; siguientes:
Ha sido en realidad la poesía incásica; ó es simplemente un mito?
¡Es auténtico el drama Ollantay, ó bien obra exclusivamente de un escritor español de
la época de la conquista del Perú (LARRAEURE Y UNANUF 1886:329).
La existencia de la poesía incásica la
resuelve haciendo ver el estadio de desarrollo, del imperio Inca, es decir, el grado de
civilización que había alcanzado: "¿Y ese pueblo tan religioso, tan artista, cuyas
hazañas están escritas con numerosos monumentos en nuestro territorio, no fue poeta?
¡Es imposible! Como se ve sería necesario incurrir en contradicción, ó cerrar los ojos
ante la historia, para negar la existencia de la poesía incásica" (1886: t. I:
330). Socialmente, es imposible pensar una civilización sin el gusto por la poesía. De
otro lado, habla de la persistencia de esas formas en la tradición. En efecto, registra
que, en el caso peruano, no se llegó a desarrollar la escritura en el sentido europeo,
sostiene que hubo una forma que se la asemeja, "á falta de escritura, poseían un
sistema propio, especial, originalísimo, de consignar la idea, el quipus? (t. 1: 330);
aunque dicha representación era básicamente deficiente: "Aquel sistema defectuoso
de trasmitir el pensamiento ha sido y es la causa de la oscuridad relativa que existe en
la literatura y la historia de los Incas" (t. I: 331; énfasis mío). No existiendo
entonces, escritura, siendo los quipus un sistema defectuoso, localiza en la tradición la
pervivencia de las manifestaciones culturales del imperio. Por eso, Eugenio Larrabure
reclama, al igual que Constantino Carrasco, que "la tradición nos ha trasmitido
Ollantay", y es posible imaginar que en la operación de transcribir el texto se
introdujeran alteraciones a la memoria sobre el héroe de Tampu: "Y es de suponer que
el primer escritor que recogió la leyenda de los labios del pueblo introdujo alteraciones
é innovaciones que hoy es casi imposible de descubrir, (t. I: 332).
Validada la existencia de la poesía, indaga ahora la existencia de manifestaciones
teatrales. Para ello recurre a las fuentes escritas hasta entonces. Realiza una
indagación bibliográfica en los escritores primitivos: entre ellos destaca a Pedro
Pizarro, Juan de Betanzos, Pedro Cieza de León, José de Acosta. Todos ellos reconocen
que los indios tenían cantares o romances de sus acontecimientos y realizaban
representaciones que se acercan a las representaciones teatrales que conocemos. El Inca
Garcilaso es explícito en decir que los Incas se hacían 'componer comedias y tragedias'
(t. I: 367)41. Con lo que la memoria escrita da cuenta de la existencia de formas de
representación histriónica desde los días de la invasión. No siendo esto suficiente,
Eugenio Larrabure explota documentación inédita para dar cuenta de la existencia
histórica del héroe de Tampu y la época en que se sitúa la fábula del drama.
Transcribe parte de un manuscrito, el Epitome cronológico ó idea general del Perú, en
que se habla de un degolladero que mandó hacer el Inca Huayna Capac para decapitar a
Ollantay. Sitúa la acción del Ollantay durante la rebelión de los chancas contra
Viracocha y los triunfos militares de Pachacútec, reconociendo, similitud con un
personaje histórico que Cieza de León y Juan de Betanzos registran (me refiero a Hastu
Huaraca). Revisión de fuentes históricas que lo lleva ahora a la lectura del texto
dramático: encuentra que en el primer acto Ollantay es vencedor de los chancas; en el
segundo aparece el anciano Hancohallo (Cieza y Garcilaso lo registran) e indica que Rumi
Ñahui puede ser a su vez una de las memorias sobre Ollanta perdidas en la tradición. Y
en el tercer acto puede observar que los caracteres de Pachacutec y Túpac Yupanqui
concuerdan con la información histórica.
Conviene volver a recordar que Eugenio Larrabure sostenía que era impostergable organizar
la bibliografía nacional, sobre todo tratándose de la "literatura inca". Su
ensayo analiza la naturaleza del drama, reconociendo la intermediación del copista 42,
incide en que la originalidad y su carácter indígena del Apu Ollanta (1886: t.I: 363),
se basa en:
1° Muchos de los cantos que contiene
se repetían durante el período colonial y se repiten ahora mismo entre los indios del
interior;
2° Su estilo corresponde al siglo, XV, ó principios del XVI, esto es á la aproximación
de los españoles. El drama conserva voces, y frases anticuadas, cuyo verdadero sentido
sólo se puede conocer consultando los vocabularios escritos en la época;
3° Los personajes son esencialmente indígenas; lo propio se observa en las costumbres y
en el espíritu dominante en toda la obra;
4° Salvo algunos detalles de forma, no se hallan en el drama analogías estrechas con las
representaciones dramáticas de España de principios del siglo XVI, ni mucho menos
alusiones al Cristianismo. (LARRABURE Y UNANUE 1886: t. I:363)
Con lo que da por cancelado el debate con
el general Bartolomé Mitre, para quien el drama quechua "no se apoya en ningún
documento auténtico, ni se funda en ninguna inducción ó deducción racional",
salvo la existencia del testimonio de aun historiador de dudoso crédito" (se refiere
al Inca Garcilaso)43. Rechaza las críticas de Mitre, por inexactas, por estar inspiradas
en una metodología confusa y por que finalmente sus "observaciones son
exageradas" (t.II:118) En su examen Eugenio Larrabure cuestiona ?opinión adelantada
en los debates ollantinos de nuestro siglo? la paternidad del padre Valdez y recuerda la
existencia de tres códices. La autoría no puede sustentarse en el hecho de que se haya
encontrado "el primer manuscrito quechua de Ollantay entre los papeles del cura,
después de su muerte en 1816"; ni en la circunstancia de que el drama se encontrara
en su biblioteca "prueba en manera alguna que su dueño fuera su autor". La
paternidad se ve asimismo cuestionada por la existencia, por entonces, de dos nuevas
copias (la del Convento de Santo Domingo y la del cura Justiniani): "del desacuerdo
debe provenir de la ignorancia del idioma quechua en los copistas, ó de la misma variedad
inevitable con que se refiere el pueblo toda tradición" (:t. I: 368). Ubicando, en
consecuencia, al Apu Ollanta como parte de la tradición" indígena:
Ha existido la literatura incásica,
primero bajo la forma de simple cantares, después de diálogos y en fin de
manifestaciones dramáticas. Carecían los incas de escritura; pero cultivaban con esmero
la tradición y á esta circunstancia se debe la trasmisión de los principales hechos
históricos que conocemos, desde la época de la fundación del Imperio por el sabio
legislador Manco Ccapac.
El drama Ollantay, cuya forma es en parte del tiempo de la conquista constituye un
monumento en el sentido de conservar algunos de esos cantares quechuas y de ofrecernos
antigua y curiosa muestra de aquella literatura: los sucesos que relata ofrecen
interesantes puntos de contacto con las noticias de los escritores primitivos y, por lo
tanto, fueron indudablemente tomados de los mismos labios del pueblo, si bien sufrieron
algunas modificaciones en el acto de la trascripción (LARRABURE Y UNANUE 1886: t. II:
118).
De este modo Ollanta / Literatura
Incásica participa en la elaboración de un modelo literario que, en medio de la crisis
de postguerra, incluye textos de otros sistemas, 'puestas en textos' que interpelan el
sentido de lo que se entendía por literatura nacional. Tentativa cuyo enfoque
positivista, se inspira en las fuentes y testimonios, que básicamente lo encontrará en
los rastros de la historia, es decir en la escritura (escritores primitivos) y las ruinas.
Pero esto resulta insuficiente, elabora un discurso sobre la tradición, que se trasmite
de generación en generación. La tradición no es confiable: es un terreno en que tiene
lugar muchas interpretaciones. La tradición a su vez cuestiona un punto clave del
discurso hegemónico, se trata de la presencia del autor. Lo que hay, es más bien las
voces, una leyenda que se recoge "de los labios del pueblo"; no existe en
propiedad la noción de escritor, sino la de transcriptor. Socialmente es imposible pensar
en una civilización sin ejercicio político. Realiza una dura critica a los impugnadores
del Ollantay ?punto en el que afirma la naturaleza indígena, léase de tradición
incásica? como una forma, de ir imaginando el espacio de la literatura nacional,
incorporación posible por el traslado del quechua al castellano, la lengua dominante.
Aún así, el Apu Ollanta, "en su esencia es indígena". El develamiento de la
insuficiencia de la crítica de los impugnadores ubica a Eugenio Larrabure como uno de los
más preocupados en la construcción de esa idea de la literatura nacional que tenia que
incluir a esas formas que Vienen del pasado, pero del pasado inca.
Antes de finalizar esta sección conviene hacer acá la siguiente observación. Es
evidente que ni Carrasco ni Larrabure observaron el ciclo de celebraciones rituales de los
pueblos andinos del sur peruano, a pesar de aceptar la persistencia, tanto en cantos como
en los relatos tradicionales de la leyenda del Apu Ollanta. La tradición andina cuzqueña
mantenía viva la memoria del Apu Ollanta. La continuidad de l. tradición oral (incluida
la teatralización) en el medio rural cuzqueño fue registrada en la nota periodística
que publicó don Lizandro Caller en El Comercio del Cuzco (25 de julio de 1942), al
reseñar que desde por lo menos 1895, en Ia fiesta de Ia Virgen del Rosario en el pueblo
de Urubamba, se reportaba una comparsa ollantina. De ésta, en 1952, don J.M. B. Farfán
nos informa que ya no se realiza, pues había sido prohibida por una autoridad abusiva.
Consta que conservaba, juntamente con la tradición teatral ollantina, una versión del
mito de Incarri, en el yaravi "Buscando a, mi inca", que la ñusta prisionera
cantaba en el momento de la caida del sol, tras la muerte del Auki o Inca Joven:
Kamaq Inti p'uchukapun
Apu Inka chinkaripun
llaqtan llaqtantan purimuni
killallay
urqunq'a santan muchumuni
ch'askallay44
Así, la tentativa de la otra literatura
se manifiesta como una preocupación por las formas y prácticas vernáculas y la
valoración de obra?signos de la literatura quechua y construye su lugar, su espacio en el
mundo, ilustrado; empero, tiene su mejor realización escritural en el discurso
indigenista. Tentativa por articular un discurso que afirma dentro de los límites del
discurso hegemónico la existencia de otras literaturas y concluye en un trabajo de
inicios de este siglo: visible en el ensayo globalizador de Adolfo Vienrich, Tarnmp
Pacha?Huaray / Azucenas Quechuas (1905) aleccionadoramente firmado bajo el seudónimo
significativo de "Por Unos Parias".
______________
Notas
26 Para la época hace la siguiente anotación: "Aun en el día, en las
punas peruanas se hace uso de la numeración con quippus. Tal se observa en muchas
haciendas y estancias de ganado. [...] Nos consta que hay todavía en las provincias
meridionales del Perú algunos indios que saben bien decifrar estos títulos entrelazados;
mas guardan su ciencia como un sagrado secreto heredado de los abuelos"
(Rivero?Tschudi 185 1: 110). ~
27 Cf: Libro Segundo, Capitulo XXVII: ?La poesía de los Incas Amautas, que son
Filósofos y Haravicus que son poetas? del Inca Garcilaso de la Vega, Comentarios Reales
de Los Incas (1609/1985).
28 De lesa cultura debe calificarse el hecho de que los Archivos de la
Universidad Nacional Mayor de San Marcos no cuenten con las fuentes; originales de sus
mejores hijos. En mayo de 1993 hice una consulta. en el Archivo Central sobre las tesis de
Acisclo Villarán y Adolfo Vienrich, allí se nos respondió que estas tesis han
desaparecido y no figuran en los catálogos de la Universidad a pesar de ser trabajos
académicos para optar el grado de bachiller.
29 "La poesía en el Imperio de los Incas" en El Correo del Perú
vol. III y TV. Lima, 1873 ? 1894 (Ensayo histórico por Acisclo Villarán/ Dedicado en
muestra de gratitud al eminente literato español/ D. Eduardo Asquerino). Debo a los
colegas Miguel Angel Rodríguez Rea y Alejandro Valenzuela la información que me
permitió acceder a dicho texto. A ellos mi gratitud.
30 Río de Huanta, en el departamento de Ayacucho. Nota de Acisclo Villarán.
31 No existe noticias de una reedición reciente. La copia la hemos consultado
en la Biblioteca Nacional.
32 Dice el Inca Garcilaso de la Vega: "De la poesía alcanzaron otra poca,
porque supieron hacer versos cortos y largos, con medida de silabas: en ellos ponían sus
cantares amorosos con tonadas diferentes, como se ha dicho. También componían en verso
las hazañas de sus Reyes y de otros, famosos Incas y curacas principales, y los
enseñavan a sus descendientes por tradición, para que se acordassen de los buenos hechos
de sus passados y los imitassen. Los versos eran pocos, porque la memoria los guardasse,
empero muy comprendiosos, con cifras. No usaron de consonante en los versos; todos eran
sueltos. [ ... ]. Los versos amorosos hazian cortos, por que fuesen más fáciles de
tañer en la flauta. Holgara poner también la tonada en punto de canto de órgano, para
que se viera lo uno y lo otro, mas la impertinencia me escusa del trabajo."
(1609/1985: 87).
33 Debo la información a la siempre amabilidad del maestro Francisco Carrillo.
Se trata de dos textos firmados por Clorinda Matto de Turner que aparecen publicados en La
Revista Social y El Perú Ilustrado. Me refiero "El qquechua ..." (1887) y
"El qquechua. Su utilidad para los americanistas" (1888).
34 Un recuento inicial de la polémica ya lo encontramos en el texto de Eugenio
Larrabure, que examino en este acápite. Para un acercamiento filológico, véase
"Estudios ollantinos/ Clasificación de fuentes", trabajo de Teodoro Meneses (
961:80? 100). y la exiégesis que realiza Bruce Mannheim en The Languaje of the Inka since
the European Huasin (1991: 148?152: Cf. también: Augusto TAMAYO VARGAS, Literatura
peruana (1992: t. 1: 67?81).
35 He aquí el listado de las publicaciones: Juan Diego de Tschudi/ Ollanta
(Viena, 1853, 1875); José Sebastián Barranca/ Ollanta. La severidad de un padre y la
clemencia de un rey (Lima, 1868); Clement R. Markham/ Ollanta. An ancient Inca Drama
(London, Truner &.Co., 1871); Constantino Carrasco Ollantay/ Drama quichua en tres
actos y en verso (Lima, 1875); E. W. Middendorf Ollanta (Leipzig, Brockhaus, 1890). Se
puede consultar, también, el texto de Teodoro Meneses/ Teatro Quechua Colonial (Lima,
EDUBANCO, 1983) y la reciente publicación de Julio Calvo Pérez/Ollantay (Cuzco, CBC,
1998).
36 CARRASCO, CONSTANTINO: "Ollanta/ Drama quichua en tres actos; y en
verso
puesto en verso castellano" en El Correo del Perú (Lima, setiembre ?diciembre 1875).
Tres años después aparece en Trabajos políticos (1878).
37 Luis Alberto Sánchez ha observado en Armas Antárticas (canto xI?xIII) de
Juan de Miramontes y Zuázalo que se interpola un relato ollantino (Ver: Los poetas de La
colonia y de la revolución: 1921. Lima, Ed. Universo 1974). Esto mismo se puede apreciar
en la lectura de algunas crónicas, en especial, la de Miguel Cabello de Valboa,
Miscelánea Antártica (Lima, Instituto de Etnología ? Universidad de San Marcos, 1951),
en lo que tituló "La notable historia de los amores de Quilaco Yupanqui de Quito y
Cucuillor del Cuzco".
38 Es decir, del pueblo anti habitante del Antisuyo.
39 LARRABURE Y UNANUE, Eugenio: ?Ollantay/ Literatura. incásica? en El Ateneo
de Lima Año I, junio de 1886. t I, p. 329?332, 362?372, 401?409 y t. 11, 3940, 110?118.
En la última entrega se consigna el nombre del autor.
40 Santa Cruz Pachacuti reconoce diversas formas del cancionero andino: Ayma,
Torma, Cayo, Vallina chamayuariscsa, Haylli y cachua, que inspiran a nuestro autor afirmar
la existencia de la poesía Inca. Cf. Larrabure y Unanue 1886: U: 367?368.
41 Léase lo dice al respecto: "Estamos, por esta razón, tan distantes de
los que atribuyen al drama una originalidad absoluta, como los que pretenden que Ollantay
es obra exclusiva de algún contemporáneo de Atahualpa y de Pizarro. Para aceptar lo
primero, sería necesario presentar pruebas más seguras que las que hoy tenemos: ya sea
quipus; saber de algún poeta inca á quien atribuir la composición; ó bien que constase
que algún hijo del Sol dictó la obra á un escritor español y la verdad es que nada de
esto existe. Para admitir lo segundo, habría que principiar por cerrar el libro: tal es
la copia de argumentos y de razones que de él se desprende en favor de su origen
incásico, razones históricas, literarias y aún topográficas." (LARRBURE Y UNANUE
1886: t. I: 332)
42 He aquí la línea argumental de Bartolomé Mitre, "1ro. Que la
existencia de una literatura dramática propia en América no se apoya en ningún
documento auténtico, ni se funda en ninguna inducción ó deducción racional"(....)
2° Que el estado sociológico de la América al tiempo del descubrimiento excluye hasta
la posibilidad moral de la existencia del drama. ( ... ) 3° Confirma, ó cree confirmar
el señor Mitre aquellas sus observaciones generales apelando á la. bibliografía;"
y dice que la teoría de la literatura dramática entre los quechuas ´no la abona más
testimonio que el de un historiador de dudoso crédito´ (pag. 30), refiriéndose a
Garsilaso de la Vega, y que ningún otro hace mención de las pretendidas tragedias y
comedias incásicas' (pag. 40). (...) 4° Pasa el señor Mitre en seguida á hacer un
análisis de algunos detalles del drama y dominado siempre por su sistema de comparar á
los quechuas con los españoles, cita diversos pasajes correspondientes á un orden de
ideas completamente extrañas a los Incas; pero si bien se examinan las observaciones del
prevenido literato de Buenos Aires, se notará que en esta crítica tampoco tiene la
razón de su parte (LARRABURE Y UNANUE 1886: t. II: 112?115)
43MEl Sol Creador desaparece / el Apu Inka se pierde / De pueblo en pueblo voy
vagando, / Luna mía / por peñas y montes voy sufriendo. Cf. FARFÁN AYERBE, J.M.B. El
drama quechua Apu Ollantay (1952). Debo esta sugerente información a Gerardo Quiroz.
44 José Domingo Cortez publica la imagen más completa del proceso poético
del XIX en su Parnaso Peruano (1871). En su antología aparecen las voces más importantes
de entonces; Cortez incluye a Constantino Carrasco con los siguientes textos: "Al
veintiocho de Julio", "A su retrato", "La belleza", "A mi
esposa" y "La contemplación".
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