| La Transición:
Canto III
En la mitad
del camino
En este canto, Altazor insiste en manifestar su propuesta de romper con lo que lo ata a la
tradición y modernidad capitalista, que, como hemos visto, viene a ser lo mismo que su
propuesta de alejarse cualitativamente del lenguaje común. Así dice:
Romper las ligaduras de las venas
1
Los lazos de la respiración y las cadenas
También:
Cadenas de miradas nos atan a la tierra
13
Romped romped tantas cadenas
Asimismo:
Cortad todas las amarras
De río mar o de montaña
20
Esa necesidad de ser libre se manifiesta en la voluntad de lograr un lenguaje poético
libre, y denuncia a la poesía como ornamento:
Manicura de la lengua es el poeta
44
Para él, el poeta debe ser el mago que apaga y enciende palabras estelares
[45].
Y todo lo que dice debe ser por él inventado [48]:
Cosas que pasan fuera del mundo cotidiano
49
Por eso dice rotundamente:
Matemos al poeta [manicurista] que nos
tiene
50
saturados
Y concluye:
Otra cosa otra cosa buscamos
67
Es cierto que a estas alturas del poema, esta poética no es novedad, pues en el prefacio
y el canto I ha sido ya expuesta de modo similar. Sin embargo, en este canto se pone en
práctica en mayor grado; es decir, se aumenta el grado de lejanía de los elementos de
las imágenes poéticas. Por ejemplo:
El mar es un tejado de botellas
7
Que en la memoria del marino sueña
Donde el objeto creado y el referente externo están extremadamente distanciados.
Otro momento de imágenes lejanas se da cuando el yo poético profetiza el mundo al
revés:
Mañana el campo
25
Seguirá los galopes del caballo
La flor se comerá a la abeja
Porque el hangar será colmena
El arco-iris se hará pájaro
Y volará a su nido cantando
30
Los cuervos se harán planetas
Y tendrán plumas de hierba
Hojas serán las plumas entibiadas
Que caerán de sus gargantas
Las miradas serán ríos
35
Y los ríos heridas en las piernas del vacío
Conducirá el rebaño a su pastor
Para que duerma el día cansado como avión
Y el árbol se posará sobre la tórtola
Mientras las nubes se hacen roca
40
Versos estos en los cuales vemos cómo unos elementos se van transformando en otros,
lejanos respecto de los primeros.
Tenemos también una concatenación donde van sucediéndose los símiles:
Sabemos posar un beso como una mirada
Plantar miradas como árboles
Enjaular árboles como pájaros
70
Regar pájaros como heliotropos
Tocar un heliotropo como una música
Vaciar una música como un saco
Degollar un saco como un pingüino
Cultivar pingüinos como viñedos
75
Ordeñar un viñedo como una vaca
Desarbolar vacas como veleros
Peinar un velero como un cometa
Desembarcar cometas como turistas
Embrujar turistas como serpientes
80
Cosechar serpientes como almendras
Desnudar una almendra como un atleta
Leñar atletas como cipreses
Iluminar cipreses como faroles
Anidar faroles como alondras
85
Exhalar alondras como suspiros
Bordar suspiros como sedas
Derramar sedas como ríos
Tremolar un río como una bandera
Desplumar una bandera como un gallo
90
Apagar un gallo como un incendio
Bogar en incendios como en mares
Segar mares como trigales
Repicar trigales como campanas
Desangrar campanas como corderos
95
Dibujar corderos como sonrisas
Embotellar sonrisas como licores
Engastar licores como alhajas
Electrizar alhajas como crepúsculos
Tripular crepúsculos como navíos
100
Descalzar un navío como un rey
Colgar reyes como auroras
Crucificar auroras como profetas
Etc. etc. etc.
Podemos contar treinta y seis versos en esta concatenación, donde, en la mayoría de los
símiles, los elementos que se relacionan por semejanza tienen un grado de oposición tal
que resulta verdaderamente osado el intento de lograr la armonía de los contrarios. Aquí
también hay que notar algo curioso; y es que, a pesar de la profunda connotación de las
analogías, Altazor, de alguna manera, también las cuestiona, pues antes de esta serie
dice: Basta señora arpa de las bellas imágenes/ De los furtivos comos
iluminados [65-66], es decir, apunta ya a algo mayor: a la analogía que sintetiza,
como las del canto V.
Decimos que éste es un canto de transición porque en relación con la propuesta de usar
la palabra electrizada, observamos un avance, puesto que vamos a encontrar en mayor
número imágenes donde se aumenta el grado de connotación. Pero, no podemos decir que
este grado sea ya el dominante, pues vamos a notar que Altazor aún insiste en exponer su
arte poética con un lenguaje que no es propiamente creacionista, como en las citas al
empezar este capítulo y como se nota en los siguientes versos, exceptuando los marcados
con un asterisco:
Agoniza el último poeta
Tañen las campanas de los continentes
115
*Muere la luna con su noche a cuestas
*El sol se saca del bolsillo el día
Abre los ojos el nuevo paisaje solemne
Y pasa desde la tierra a las constelaciones
El entierro de la poesía
120
Nótese que en el Prefacio se decía que
había que hablar en una lengua que no fuera materna, con lo que expresaba confianza en
otras lenguas, mientras que aquí se dice que todas las lenguas están muertas, o sea, ya
no es posible hablar en ninguna lengua; lo que indica que el alejamiento de la sociedad se
va extremando. Claro que todavía no pone en práctica lo que dice; sólo lo propone:
Todas las lenguas están muertas
Muertas en manos del vecino trágico
Hay que resucitar las lenguas
Con sonoras risas
Con vagones de carcajadas
125
Con cortacircuitos en las frases
Y cataclismo en la gramática
Levántate y anda
Estira las piernas anquilosis salta
Fuegos de risa para el lenguaje tiritando de frío
130
Gimnasia astral para las lenguas entumecidas
Levántate y anda
Vive vive como un balón de fútbol
Estalla en la boca de diamantes motocicleta
En ebriedad de sus luciérnagas
135
Vértigo sí de su liberación
Una bella locura en la vida de la palabra
Una bella locura en la zona del lenguaje
Aventura forrada de desdenes tangibles
Aventura de la lengua entre dos naufragios
140
Catástrofe preciosa en los rieles del verso
El juego
Este canto también es importante porque aquí aparece el elemento juego como
ayudante. En los versos citados, vemos que Altazor sostiene que: Hay que resucitar
las lenguas/ Con sonoras risas/ Con vagones de carcajadas. También: Fuegos de
risa para el lenguaje tiritando de frío (aquí debería decir sólo tiritando, pues
solamente se tirita de frío); y llama al movimiento: Levántate y anda / Vive vive
como un balón de fútbol, y hace, asimismo, una alusión a la motocicleta. Ahora
bien, con la risa y el movimiento, Altazor opone una actitud vital a las condiciones
alienantes de la sociedad; por eso, posteriormente dice:
Y puesto que debemos vivir y no nos suicidamos
Mientras vivamos juguemos
El simple sport de los vocablos
De la pura palabra y nada más
145
Y, más adelante:
Juego de ángel allá en el infinito
Palabra por palabra
150
Con luz propia de astro que un choque vuelve vivo
Saltan chispas del choque y mientras más violento
Más grande es la explosión
Pasión del juego en el espacio
Sin alas de luna y pretensión
155
Combate singular entre el pecho y el cielo
Total desprendimiento al fin de voz de carne
Eco de luz que sangra aire sobre el aire
Después nada nada
Rumor aliento de frase sin palabra
160
En este punto parece que Altazor ha encontrado un recurso para no caer en una actitud
trágica. ¿Qué actitud sicológica tomar ante la realidad alienante? En general hay dos:
el pesimismo y el optimismo (muerte y vida). Podemos notar que hasta el momento, el yo
poético se ha movido entre esas dos actitudes: ora abandonándose a la atracción de la
muerte, ora afirmando la vida a pesar de todo. Pongamos algunas muestras de lo señalado:
Para empezar, en el Prefacio, Altazor sostiene que la muerte (o la tumba) tiene más poder
de atracción que la amada [p. 56], analogando así amor y vida. También llama a tener
conciencia de que la vida es un viaje en paracaídas (una caída a la muerte) y no lo que
uno quiere creer [p. 59]. Dice, asimismo, que nuestro miserable destino es caer, que hemos
saltado del vientre de nuestra madre o del borde de una estrella y vamos cayendo [p. 59].
Sostiene que mientras de más alto se caiga, más alto será el rebote; que vamos cayendo
y que a nuestro paso dejamos el aire manchado de sangre para que se envenenen los que
vengan mañana a respirarlo [p. 59]. Como se ve, un cuadro más pesimista y desesperado no
se puede presentar. Sin embargo, también hace ver que esa caída no es inexorable a pesar
del destino. Dice:
Abre la puerta de tu alma y sal a respirar al
lado afuera. Puedes abrir con un suspiro la puerta que haya cerrado el huracán [p.
60].
Asimismo: Mago, he ahí tu paracaídas que una palabra tuya puede convertir en un
parasubidas maravilloso [...] ¿Qué esperas? [p. 60].
Por lo que podemos notar, Altazor sabe que el destino es caer, pero no llega aquí a la
tragicidad griega, pues considera que la caída se puede revertir; lo que nos muestra
hasta ahora un sujeto no pesimista del todo. No obstante, como ya hemos visto y él mismo
lo reconoce, es contradictorio, ya que más adelante, en el canto I, va a dominar el
sentimiento fatalista, el del destino trágico, pues dice que está encerrado en la
jaula de su destino y que en vano se aferra a los barrotes de la evasión
posible [84], y marcha con sus ansias más débil que un ejército sin luz en
medio de emboscadas [90].
Continuando con estos sentimientos contradictorios, vamos a verlo posteriormente
con optimismo cuando manifiesta su esperanza en los obreros, aunque finalmente este
optimismo es rebajado cuando sostiene que ellos son la última esperanza. También lo
vamos a ver optimista en los versos 185 y 186, donde dice:
Agotemos la vida en la vida
Muera la muerte infiltrada en rapsodias langurosas.
Pero, como en los casos anteriores, el optimismo vuelve a ceder ante la angustia y reniega
del hecho de tener que estar en el mundo sólo por la ley de la conservación de la
especie [203-209], y sufrir el sinsentido de la vida solamente por eso. Y ¿a qué se debe
que la vida sea un sinsentido? A que no hay eternidad, pues todo se aleja en la muerte, se
esconde en la muerte [203-218].
Igualmente, se muestra optimista cuando después de hacer la crítica a la razón, afirma:
La magia y el ensueño liman los barrotes [295], lo que muestra que siente que
hay una salida, una solución.
Y volvemos a encontrarlo pesimista al sentirse atrapado por el spleen, el
tedio o hastío existencial, lo que le hace decir: Un hastío invade el hueco que va
del alba al poniente/ Un bostezo color mundo y carne [489-490]. Y ese pesimismo le
hace pensar que los esfuerzos por cambiar esa situación son inútiles: Inutilidad
de los esfuerzos fragilidad del sueño [495].
A continuación oye las críticas de la cultura (la voz interior de la cultura o la
sociedad, el Exterosíquico), que lo trata de demente: Ángel expatriado de la
cordura [496]. También le dice pesimista [498]. Se burla de sus
náuseas de infinito y de su ambición de eternidad [505]. Le grita que su inquietud es
miserable y que el hombre del mañana se burlará de él y de sus gritos [502-503].
Altazor le responde que él habla porque es protesta, insulto y mueca de
dolor; porque sólo cree en los climas de la pasión [513-514]; que no
le importa la burla del hombre-hormiga (el burgués) [522] y, más bien, le
niega a éste el derecho de hablar, pues sólo deben hablar los que tienen el
corazón clarividente/ La lengua a alta frecuencia [515-516]. Altazor protesta por
la mentira abyecta de todo cuanto edifican los hombres [526].
No puede, entonces, dejar de ser negativo, si ser positivo significa adaptarse a la
realidad alienante. Y es éste su gran problema: vence por momentos la gravedad de la
muerte, pero nuevamente es atraído por ella porque no encuentra cómo adaptarse y no
renunciar a la vida a la vez.
Ahora, liguemos todo esto con los versos del canto III que ya hemos citado, pero a los
cuales volvemos para recordar:
Y puesto que debemos vivir y no nos suicidamos
Mientras vivamos juguemos
El simple sport de los vocablos
De la pura palabra y nada más
145
Por lo visto, Altazor está seguro de que no debe ser atrapado por Tánatos que debe
vivir mas, al mismo tiempo, siente que no debe adaptarse a la realidad alienante.
Pero, ¿cómo lograrlo? Él ya se ha respondido: jugando. Y, luego de este canto de
transición, en el canto IV, empezará a jugar, y con ello irá complejizando el decir
poético.
|