| Formas de la
Función Poética
La imagen
poética
Raúl Bueno ha señalado dos maneras de establecer la función poética de [la] que
habla Jakobson: una, refiriendo el mensaje a sí mismo, o a su condición
significante; otra, refiriendo el mensaje a su referente interno1.
Según la primera, el lenguaje poético se distinguiría porque en él las palabras se
relacionan fundamentalmente por el significante y no por el significado que expresan, como
ocurre en la prosa. En términos de Paz, las palabras se relacionan por la ley de
atracción y repulsión del ritmo2. Por ello, a esta manera podemos denominarla
función poética fónica.
La segunda resulta interesante de subrayar, pues abre la posibilidad de que el lenguaje
poético, sin dejar de serlo, pueda cumplir también una función representativa o
referencial. Sin embargo, hay que hacer una precisión: no se trata de la instrumentalidad
de la prosa. La diferencia radica en la característica del objeto designado por la una y
la otra respectivamente. En el caso de la prosa, estamos frente a una función
representativa connotativa. Ésta es la representación más profunda y como rodeada
de una aura luminosa de la que habla Huidobro en su conferencia La
poesía3. Es decir, hay una diferencia cualitativa del referente, en el que
fundamentalmente se rompe con el principio de no contradicción, según el cual un objeto
o fenómeno no puede ser dos cosas a la vez. Parafraseando a Paz, o es esto o es aquello,
pero no puede ser esto y aquello al mismo tiempo4. En poesía, en cambio, el lenguaje
escapa al principio mencionado, armonizando así al esto y al aquello, dándose de este
modo una lógica ilógica o semántica particular, en términos de
OBrick5. Y es esta semántica particular lo que hace que un texto sea poético aun
cuando los elementos significantes estén en segundo plano, como ocurre muchas veces.
En síntesis, la función poética no se da sólo en la relación del mensaje consigo
mismo, sino también con el referente, pero con la característica ya señalada. Una
poesía de este tipo, y en estado puro, fue precisamente en cierto momento el ideal del
Creacionismo de Vicente Huidobro, cuando proponía una poesía mental capaz de
ser traducida porque estaría libre de sus elementos sensoriales, como se advierte en
éstas sus palabras:
Si para los poetas creacionistas lo que importa es presentar un hecho nuevo, la
poesía creacionista se hace traducible y universal, pues los hechos nuevos permanecen
idénticos en todas las lenguas.
Es difícil y hasta imposible traducir una poesía en la que domina la importancia de
otros elementos. No podéis traducir la música de las palabras, los ritmos de los versos
que varían de una lengua a otra; pero cuando la importancia del poema reside ante todo en
el objeto creado, aquél no pierde en la traducción nada de su valor esencial6.
Ahora bien, el hecho de que en el lenguaje poético predomine la función poética fónica
y la función poética representativa connotativa, no quiere decir que las funciones
expresiva y conativa estén ausentes. El problema se presenta cuando se pretende que la
pura expresividad caracterice la poesía, como podría pensar cierto romanticismo vulgar.
En cuanto a la función conativa o apelativa, también puede estar presente. Esto se da
sobre todo en la poesía de propaganda ideológica, la que indefectiblemente deja de ser
poesía cuando pretende que lo apelativo sea lo específico de ella. En síntesis, si
alguien quiere escribir un poema donde exprese o apele, debe tener presente que no
logrará hacer poesía si no trabaja fundamentalmente con la función poética, sea
fónica o representativa connotativa.
Asimismo, hay que señalar algo que nos parece importante: sea remitiendo el mensaje a su
función significante (función poética fónica) o a su referente interno (función
poética representativa connotativa), la función poética así entendida entra en
problemas con el lenguaje en tanto lengua y norma, o sea, en tanto fenómeno social, pues
se deja llevar por la dinámica del aspecto individual o habla.
Nos explicamos. Para explotar la función poética del lenguaje, a veces se necesita
romper con la norma y, si se es más audaz, hasta con el sistema. En la tríada
lengua-norma-habla, la segunda es una especie de freno para que la tercera no se desboque
y lleve al extremo su carácter individual. En otras palabras, la norma le recuerda al
habla que si bien ésta es la realización individual de la lengua, es también una
mate-rialización del lenguaje mediante el cual los hablantes de una comunidad se
comunican. Por ello, si el sujeto hace un uso extremo de su individualidad, va a salirse
de la norma y la lengua y a tener problemas de comunicación. En consecuencia, en su
manifestación individual, el individuo puede ir sólo hasta donde todavía pueda
comunicarse con otros hablantes de su comunidad idiomática o dialectal, y ahí donde
empieza la incomunicación debe detenerse. Sin embargo, muchos poetas no se detienen y
cruzan las fronteras.
Ahora, en vista de que hemos subtitulado este apartado como La imagen
poética, es tiempo ya de precisar qué entendemos por ella. Sea mediante la
función poética fónica o
la representativa connotativa, aquí con Paz y Aristóteles vamos a sostener
que se trata de una forma particular de aprehender y decir la realidad. Para el autor de
El arco y la lira, es una forma de decir lo que con el lenguaje (la prosa) no se puede
decir, ya que éste no puede comunicar la complejidad contradictoria de la vida. Algo
semejante sostiene el filósofo griego al enunciar esta idea que Susana Reisz ha rescatado
para bien de la comprensión del fenómeno poético. Dice ella:
En opinión de Aristóteles la metáfora, al igual que las demás figuras
extrañantes que él asoció a la poesía, no es un medio de embellecimiento
del mensaje, como tal prescindible, sino la manifestación verbal de un modo no rutinario
de aprehender la realidad7.
Para Paz, todos estos recursos extrañantes son los encargados de lograr la imagen
poética. Así dice:
Conviene advertir, pues, que designamos con la palabra imagen toda forma verbal,
frase o conjunto de frases, que el poeta dice y que unidas componen un poema. Estas
expresiones verbales han sido clasificadas por la retórica y se llaman comparaciones,
símiles, metáforas, juegos de palabras, paronomasias, símbolos, alegorías, mitos,
fábulas, etc. Cualesquiera que sean las diferencias que las separen, todas ellas tienen
en común el preservar la pluralidad de significados de la palabra sin quebrantar la
unidad sintáctica de la frase o del conjunto de frases. Cada imagen o cada poema
hecho de imágenes contiene muchos significados contrarios o dispares, a los que
abarca o reconcilia sin suprimirlos. Así, San Juan habla de la música
callada, frase en la que se alían dos términos en apariencia
irreconciliables8.
Cabe agregar solamente que dentro de estos recursos no están sólo los tropos y las
figuras literarias, nombradas y no nombradas, sino también la ausencia de los mecanismos
de correferencia y de conexión, así como la ruptura de los principios que aseguran la
coherencia9.
Poema y prosa
Empero, ¿todo en un poema es imagen poética? Los poemas que existen y gustamos nos
muestran que no es así, pues en ellos se manifiesta también la prosa, es decir, la
función representativa denotativa. Sobre este asunto, Octavio Paz señala: El poema
es poesía y, además, otra cosa. Y este además no es algo postizo o añadido, sino un
constituyente de su ser 10. El poeta mejicano ha visto que el lenguaje (para él
lenguaje es prosa) inserta al poema en la historia y la poesía lo saca. Es decir, tiene
un carácter dual. Y tiene que ser así, pues la condición dual de la palabra
poética, sostiene, no es distinta a la de la naturaleza del hombre: ser
temporal y relativo, pero lanzado siempre a lo absoluto; y porque la
experiencia poética, dice Paz, no es otra cosa que revelación de la
condición humana, esto es, de ese trascenderse sin cesar en el que reside precisamente su
libertad esencial.11
Ahora bien, es cierto que la dualidad se da hasta en los poemas más densos, poéticamente
hablando; sin embargo, la prosa se manifiesta más o menos según el grado cuantitativo y
cualitativo de imágenes poéticas que haya en el texto. En el caso de un poema denso,
predomina de manera bastante mar-cada la imagen poética, y en el del llamado poema
comunicante, el lenguaje como prosa va a presentarse importante de manera cuantitativa. De
ahí que se hable de un poema prosai-co. Es cierto que es factible realizar un
poema de este tipo; no obstante, los riesgos de esa modalidad son verdaderamente serios,
ya que se puede perder con facilidad la especificidad poética, lo que convierte al texto
en prosa a secas, es decir, en un fracaso poético. Por tal motivo, los poetas que hacen
poemas de este tipo deben echar mano a procedimientos muy finos para no caer en el error
señalado. Sin embargo, es un riesgo que vale la pena correr cuando no se quiere perder la
comunicación con el lector12.
Grados de la imagen poética
Nuestra concepción de la imagen poética como una manera de aprehender y decir la
realidad, nos lleva a concordar con Susana Reisz en que la poesía (entendida como
lírica) no es un género sino una manera de transgredir cualquier tipo de esquema
discursivo13. Asimismo, aquí vamos a sostener que la poesía no es un tipo de texto que
se oponga a otros como el narrativo, el descriptivo, el dialógico (dramático), el
argumen-tativo, el informativo o el expresivo. Pensamos que lo que se opone al texto
poético es el texto en prosa, por las razones ya señaladas páginas atrás. Por ello, es
posible que se dé una narración poética o una narración prosaica, un diálogo poético
o un diálogo prosaico, una argumentación poética o una argumentación prosaica, una
expresión poética o una expresión prosaica, etc. Ahora, como la imagen poética puede
darse en todas las formas internas de composición, podemos hablar de imágenes poéticas
descriptivas, narrativas y dialó-gicas, así como argumentativas, informativas y
expresivas. En cuanto al verso, tampoco es lo opuesto a la prosa, pues hemos visto que lo
opuesto a ésta es la poesía. El verso es una forma externa de composición, como la
oración. Así, puede haber narración en verso o en oraciones, descripción en verso o en
oraciones, diálogo en verso o en oraciones, etc.
Hecha esta precisión, podemos referirnos a dos grados extremos de la imagen poética: a)
Uno que se puede denominar imagen poética de elementos cercanos o clásica, y b) otro al
que podemos llamar imagen poética de elementos lejanos o vanguardista-creacionista. En
ambos casos, el significado que expresan es ilógico, pero se diferencian en que en el
primero, los elementos que conforman la imagen guardan una relación analógica
fácilmente perceptible entre sí y con el referente externo, pues si bien hay oposición,
ésta no es mucha; por ello, de alguna manera, se puede traducir a la prosa.
En el segundo caso, en cambio, la relación analógica es bastante lejana; razón por la
cual la traducción es muy difícil, y hasta imposible cuando el grado es muy
alto. Por supuesto que entre ambos extremos hay grados intermedios. Ahora bien, mientras
más cercano esté el lenguaje a uno u otro extremo, estará más cerca o más lejos de la
llamada realidad real.
Otras
precisiones
Si bien hemos señalado que la función poética puede entenderse tanto en el nivel del
significante como del referente interno, debemos decir que la imagen poética puede
lograrse también con la combinación de ambos. Esto ocurre en los casos en que las
palabras que se van juntando no por el significado sino por el ritmo, van creando
referentes internos poéticos. Ilustremos esto con un ejemplo. Cuando Altazor dice:
El horizonte es un rinoceronte [C. V, 217], relaciona dos palabras no por el
significado sino por el ritmo; sin embargo, ya que las palabras de todas maneras expresan
un significado, al hacer esto, analoga dos elementos que se oponen entre sí y crea de
este modo un objeto o ser (un horizonte-rinoceronte) que sólo existe en el referente
interno. Vemos así que la función poética fónica origina una función representativa
con-notativa.
Algo semejante ocurre con lo que podríamos llamar el aparente sonido o ritmo
puro, como el del lenguaje transracional del futurismo ruso y del posterior
fonologismo. En este caso, parece que los sonidos no significaran nada. En
realidad, puede que no signifiquen como signos lingüísticos, puesto que propiamente ya
no lo son, en la medida en que han perdido su convencionalidad; pero, semióticamente sí
significan, aunque el significado lo obtengamos por inferencia, como en el caso de los
indicios, que son signos o cuasisignos para Íbico Rojas no convencionales14.
Puede ocurrir también que se dé el caso de la onomatopeya, que es una especie de icono
fónico, pues representa su objeto por medio de semejanzas formales, claro que no visuales
sino sonoras; como se da en el clásico verso de San Juan de la Cruz (Un no sé qué
que quedan balbuciendo), el cual fónica-mente representa el balbuceo o tartamudeo.
A lo dicho, agreguemos que el sonido en poesía significa algo también porque tiene que
ver con la afectividad del lenguaje. Si el significado no es sólo concepto, entonces
determinado sentimiento o estado de ánimo será más o menos significativo si se
manifiesta con uno u otro tono. Y por el tono, por ejemplo, Alberto Ureta habla de la
serenidad dolorosa de los poemas de Salaverry. Asimismo, un mensaje
atormentado será especialmente significativo en un ritmo disonante.
Ahora bien, si las imágenes fónicas se dan en ambos grados, clásica y vanguardista, las
logradas con la eliminación de los mecanismos que hacen comprensible un texto, como los
de correferencia y conexión, sólo son distintivas de la poesía de vanguardia. Esta
ausencia no nos permite entender lo que se dice. Cuando éstos están presentes, aun
cuando no haya relación temática o se rompa con el principio de no contradicción,
podemos darnos cuenta de ello, es decir, entender que lo que se dice es incoherente,
ilógico, absurdo, etc., lo que nos permite buscar el significado connotativo. En cambio,
cuando faltan, no hay posibilidad de entender nada, o la hay de entender muy poco. En
otras palabras, no entendemos ni si es coherente o lógico ni si es incoherente o
ilógico; así, la decodificación de la connotación se hace muy difícil. En este caso,
tampoco se puede hablar propiamente de signo lingüístico y también hay que verlo como
otro tipo de signo, porque de todas maneras significa algo. Reisz sostiene que en esos
casos, el lector tiene que inventar la coherencia15. En los dos últimos
cantos de Altazor, vamos a encontrarnos con lo señalado, así como con el aparente sonido
o ritmo puro.
Función
poética escritural-visual
Hemos visto hasta el momento que existen dos grandes formas de entender la función
poética (F.P.): como F.P. fónica y como F.P. representativa connotativa. A partir de
ello, hemos señalado sus grados y hecho algunas precisiones. Ahora vamos a ver una
tercera manera que se centra en la escritura, aunque de modo somero, pues nuestro
propósito no exige detenernos tanto en este asunto. Haroldo de Campos señala que la
palabra tiene tres dimensiones: gráfico-espacial, acústico-oral y semántica16.
Obviamente, la primera se refiere a la palabra escrita; dimensión que es bastante
explotada por el concretismo brasileño, modalidad a la cual pertenece el poeta citado,
para lograr la connotación poética. Pero este uso de la escritura para crear una imagen
poética, a decir de Susana Reisz, se remonta al tecnopaignion de los alejandrinos y a los
carmina figurata de los latinos17, y se puede decir que ya es advertido también por Fray
Luis de León cuando dice:
... piensan que hablar en romance es hablar como se habla en el vulgo, y no conoscen
que el bien hablar no es común, sino negocio de particular juycio, ansí en lo que se
dize como en la manera cómo se dize; y negocio que de las palabras que todos hablan elige
las que convienen y mira el sonido dellas, y aun cuenta a veces la letra, y las pesa y las
mide y las compone, para que, no solamente digan con claridad lo que se pretende dezir,
sino también con armonía y dulçura18.
Entendemos que al decir que a veces cuenta también la letra para decir las cosas con
armonía y dulzura, el autor de En la ascensión estaba pensando en que un
determinado tipo de grafema podía decir cosas con más dulzura y armonía que otro tipo
de letra. Así estamos, pues, frente a la escritura como elemento del decir poético,
además del sonido y la semántica particular.
Ciertamente, Fray Luis no fue más allá, por lo que habríamos de esperar a Mallarmé
para ver en poesía un mayor desarrollo de la dimensión gráfico-espacial. Así, nos
encontramos con el poema Un golpe de dados jamás abolirá el azar, donde usa
la distribución de las palabras en la página en blanco y los espacios libres como una
manera de decir lo que con el lenguaje no se puede. Posteriormente, llegarían las
innovaciones tipográficas del futurismo y los Caligramas de Apollinaire. En
Latinoamérica, tenemos al mejicano J. J. Tablada y su poema LiPo y al
Concretismo brasileño, que desarrolló esta modalidad de manera notable. En nuestro
país, Carlos Oquendo de Amat tiene muestras de lo dicho; también podemos encontrar algo
en Vallejo y, más recientemente, en algunos poemas de Eielson.
Vicente Huidobro también utilizó bastante este recurso, pero no en el poema que hoy nos
ocupa. Vemos poesía de este tipo sobre todo en las Japonerías de estío de
Canciones en la noche; también en Horizon Carré y en sus poemas pintados. En
Altazor podemos ver algo de uso de los espacios en blanco en los cantos VI y VII.
Ahora, pasaremos a donde nos quedamos antes de empezar esta reflexión sobre el fenómeno
poético; necesaria para describir en este poema el lenguaje y su significación en la
problemática existencial del yo poético. Mas, antes es menester aclarar que no hemos
pretendido agotar el tema. Hemos señalado básicamente lo que puede servirnos en la
descripción del lenguaje de Altazor; lo que haremos a partir del capítulo V, luego de
que en el IV complementemos esta reflexión al relacionar poesía y magia, y ver cómo la
imagen poética se funde con la analogía del pensamiento mágico. Por ello, a partir del
capítulo V diremos imagen poética y analogía indistintamente para referirnos al mismo
fenómeno.
__________________________________________________________________
1. Raúl Bueno, Poesía
Hispanoamericana de Vanguardia, p. 51.
2. Octavio Paz, El arco y la lira, p. 5.
3. Vicente Huidobro, La poesía. En Altazor/ Temblor de
cielo, 2a. ed. Cátedra (ed. de R. de Costa), p. 177.
4. Paz, El arco y la lira, p. 102.
5. Ritmo y sintaxis. En Tzvetan Todorov, Teoría de la
literatura de los formalistas rusos, p. 113.
6. Vicente Huidobro, El creacionismo. En Hugo Verani, Ob.
Cit., p. 222.
7. Susana Reisz, Teoría literaria, p. 54.
8. Paz, El arco y la lira, p. 98.
9. Algunos de estos mecanismos y principios son los siguientes:
a) Referencia: Relaciones del texto con la realidad exterior
(contexto).
b) Correferencia: Relaciones entre las ideas de un texto (unas
ideas remiten a otras: cotexto).
Mecanismos de la correferencia:
* Estricta repetición de una palabra. Para continuar la información se
repite un término. Ejemplo: La poesía es la expresión más profunda que el hombre puede
lograr a través del lenguaje. En la poesía, las palabras recuperan su pluralidad
significativa.
* La anáfora: Unos pronombres o adverbios se refieren a palabras
anteriores. Ejem: La poesía es la expresión más profunda que el hombre puede lograr a
través del lenguaje. En ella las palabras recuperan su pluralidad significativa.
* La catáfora: Unas palabras se refieren a otras que serán mencionadas
después. Ejem: Los mecanismos de correferencia son los siguientes: anáfora,
catáfora, elipsis, sustitución léxica y nominalización (los siguientes se
refiere a lo que figura luego de los dos puntos).
* La elipsis: La correferencia está ahí como significado, no como
expresión porque se sobreentiende. Ejem: Los mecanismos de correferencia aseguran
la continuidad de la información. Son muy importantes para la comprensión del
texto.
(En la segunda oración no se ha expresado el sujeto debido a que está
sobreentendido).
* Sustitución léxica: Parecido a la anáfora, pero se usan palabras
con significación propia, a diferencia de los pronombres y adverbios que tienen
significación ocasional. Puede ser un sinónimo, un hiperó-nimo, un hipónimo, una
definición, un término muy generalizador, una perífrasis, etc. Ejem: La poesía
es la expresión más profunda que pueda lograr el hombre a través del lenguaje. Este
arte verbal permite que las palabras recuperen su pluralidad significativa.
* Nominalización: Un sustantivo sustituye a un verbo que ha sido
expresado anteriormente. Ejem: Transcribió la conversación entre Mario Vargas
Llosa y Gabriel García Márquez. Esa transcripción fue muy útil para los estudiosos de
estos autores.
c) La conexión: Articulación de una idea con otra. Los conectores
explicitan la conexión. Hay conectores de contraste, consecuencia, adición,
ejemplificación, etc.
d) La coherencia: Principios de no contradicción y relación temática.
Sobre el primero hemos desarrollado en el texto, sobre el segundo ponemos ejemplos claros
en el cap. IV.
10. Paz, El arco y la lira, p. 185.
11. Ob. Cit., p.
190-191.
12. Detallar estos procedimientos escapa a
los propósitos de este estudio, ya que no son importantes para nuestro objetivo.
Esperamos hacerlo en alguna otra oportunidad.
13. Susana Reisz, Teoría literaria,
pp. 129-130.
14. Para un acercamiento a la
tipología de los signos, ver el libro de Íbico Rojas, Teoría de la comunicación,
pp. 42-44 y 192-197.
15. Susana Reisz, Teoría
Literaria., pp. 213-221.
16. Centro de Estudios Brasileños, Concretismo, p. 55.
17. Susana Reisz, Teoría literaria, p. 53.
18. Citado por Mauro Armiño en Historia de la literatura española y
latino-americana, p. 162. [El resaltado es nuestro]
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