| "El Sport de
los Vocablos" y el Campo Inexplorado
Canto
IV: El sport de los vocablos
A pesar de que sólo al inicio del canto V, el yo poético
dice Aquí comienza el campo inexplorado, es decir, las formas más extremas,
y aún no experimentadas, del decir poético, podemos hacer un grupo formado por éste y
el canto IV, pues aquí es cuando empieza a darse el sport de los vocablos,
que continúa en el canto V con más presencia cuantitativa y cualitativa, originando así
que el lenguaje de Altazor se aleje más del lenguaje común. Recordemos que está a la
búsqueda de la palabra electrizada y, respecto de lo dicho, en este canto IV repite a
manera de estribillo: No hay tiempo que perder. Esta exhortación se reitera
trece veces, con lo cual gradualmente se va aumentando la tensión del canto. Y esta
urgencia origina que la poética expresada teóricamente en los cantos precedentes, se
vaya poniendo en práctica de una manera ya más decidida. En otros términos, podemos
decir que las palabras de este canto se acercan mucho más a la palabra electrizada que
busca Altazor. Asimismo, si en los últimos versos del canto III se propone la poética
del juego como alternativa de liberación, en éste empieza su realización.
La propuesta del juego como liberación tiene que ver también con la idea del regreso a
los orígenes, lo cual está en estrecha relación con la nostalgia de la infancia; y
ésta se manifiesta en Altazor claramente en los siguientes versos del canto I:
El sol nace en mi ojo derecho y se pone en mi ojo
izquierdo
En mi infancia una infancia ardiente como un alcohol
Me sentaba en los caminos de la noche
A escuchar la elocuencia de las estrellas
Y la oratoria del árbol
395
Ahora la indiferencia nieva en la tarde de mi alma
En este caso, la nostalgia de la infancia se debe a que con la pérdida de ella se ha
perdido también la conciencia de las cosas. Como ya hemos visto, Berne afirma que
se revela que se ha obtenido la autonomía con la liberación o recuperación de
tres capacidades: conciencia de las cosas, espontaneidad e intimidad. Respecto de la
primera, sostiene que ésta requiere vivir el ahora, y no en otra parte, el pasado o
el futuro, y para que esto sea mejor entendido pone un ejemplo bastante ilustrativo.
Citamos:
Una buena ilustración de
posibilidades, en la vida americana, es [el que se da] al viajar en coche en la mañana
con premura para ir al trabajo. La pregunta decisiva es la siguiente: ¿Dónde está la
mente cuando el cuerpo está aquí?, y hay tres casos comunes:
1. El hombre cuya principal preocupación es llegar a tiempo, es el que está más
alejado. Con el cuerpo al volante del coche, su mente se halla a la puerta de su oficina,
y no es consciente de lo que lo rodea, más allá de que son obstáculos en el momento en
que lo somático alcance a lo síquico. Éste es el tonto, cuya principal preocupación es
qué le parecerá al jefe. Si llega tarde, se esforzará por llegar sin aliento. El Niño
complaciente va al mando [...] Mientras maneja casi le falta autonomía, y como ser humano
está, en esencia, más muerto que vivo. Es muy posible que ésta sea la condición más
favorable para el desarrollo de la hipertensión o de una enfermedad del corazón.
2. El resentido, por otra parte, no se preocupa tanto por llegar a tiempo cuanto por
reunir excusas por llegar tarde. Accidentes, contratiempos con los semáforos y la falta
de pericia o la estupidez de los otros automovilistas encajan bien en su plan [...] Él
tampoco es consciente de lo que lo rodea [...] Su cuerpo va en el coche, pero su mente en
busca de faltas e injusticias.
3. Menos común es el conductor natural, el hombre para quien manejar un coche
es un arte y una ciencia agradables. Conforme va siguiendo su camino, hábil y velozmente
por el tráfico, él es uno con su vehículo. Él tampoco es consciente de sus alrededores
excepto en cuanto le ofrecen un amplio campo para desarrollar la habilidad que es su
propia recompensa, pero va consciente de sí mismo y de la máquina que tan bien controla,
y hasta ese punto está vivo.
4. El cuarto caso es la persona que es consciente y que no se apresura porque está
viviendo el momento presente con el medio ambiente que está aquí, o sea: el cielo y los
árboles, así como la sensación de movimiento. Apresurarse sería desdeñar ese medio
ambiente y ser consciente únicamente de lo que todavía no está a la vista, más allá
del camino; o de simples obstáculos; o solamente de uno mismo. Un chino iba a abordar un
tren subterráneo, cuando su amigo cauca-siano le indicó que podían ahorrarse veinte
minutos tomando el expreso, lo cual hicieron. Cuando se bajaron en el Central
Park, el chino se sentó en una banca, para sorpresa de su amigo. Bueno,
explicó el primero, ya que ahorramos veinte minutos tomando el expreso, podemos
sentarnos aquí todo ese tiempo y disfrutar de lo que nos rodea. La persona
consciente está viva porque sabe cómo siente, dónde está y cuándo es. Sabe que cuando
esté muerta los árboles todavía estarán allí, pero ella ya no estará ahí para
mirarlos otra vez, así que quiere verlos tan intensamente como sea posible1.
Como se puede notar, en los versos tercero, cuarto y quinto del fragmento de Altazor
citado, el yo poético se ubica en el cuarto caso señalado por Berne, y el último
muestra la pérdida de esa facultad que Altazor tuvo en la infancia.
Ahora bien, tener conciencia de las cosas significa pasar los límites
de una conciencia utilitaria de ellas. En el caso de la palabra, permite ir más allá del
utilitarismo del lenguaje, pues el sujeto va a advertir que el signo lingüístico no es
sólo un instrumento que designa algo exterior a él, sino que va a reparar también en
sus cualidades físicas, sonoras y visuales en el caso de la escritura, en
especial en el ritmo y en la posibilidad de jugar con éste, lo cual, asimismo, le va a
permitir una semántica particular. Los puentes de la analogía son las palabras como y
es; pero, a veces, éstas no están presentes, pues pueden ser innecesarias cuando el
puente es el ritmo. Entonces, tener conciencia del ritmo de las palabras no es un acto
puramente estético o lúdico: es también conciencia de la analogía y, como hemos visto,
detrás de ésta hay una manera distinta de ver el mundo y la vida.
Asimismo, esa conciencia de las palabras va a llevar a extremos la
analogía. Así, a partir de este canto, vamos a encontrar analogías que no están
formadas por dos o más palabras, sino sólo por una. Ésta es la que llamamos analogía
monémica (o morfémica) debido a que son las partes significativas de una palabra las que
se refieren a elementos distanciados entre sí. El mismo Altazor sostiene que este tipo de
palabra trae un acento antípoda de lejanías que se acercan [160], como
ocurre en el siguiente verso: Al horitaña de la montazonte [162], en el cual
horitaña, una sola palabra designa horizonte y
montaña; y donde montazonte, también una sola palabra, armoniza
montaña y horizonte. Normalmente, el sintagma completo sería: Al
horizonte de la montaña. Lo mismo sucede en La violondrina y el
goloncelo [163], que es igual a La golondrina y el violoncelo, y en
Rotundo como el unipacio y el espaverso [336], que sería Rotundo como
el espacio y el universo.
Nótese que en estas imágenes todavía hay algunas referencias que nos
permiten reconocer algunos elementos que hacen posible la traducción a la
prosa de los versos de los ejemplos; pero hay otras en que ello se hace más difícil, y
hasta imposible, como veremos más adelante. Señalemos ahora que esta manea de lograr la
analogía en una sola palabra posibilita usar un lenguaje sintético, que llega a extremos
en el caso en que la palabra-imagen absorbe toda la proposición subordinada en una
oración compuesta, como se nota en los siguientes versos [167-179], al costado de los
cuales escribiremos cómo sería la oración compuesta completa:
1. Ya viene la golonfina: Ya viene la golondrina que es fina.
2. Ya viene la golontrina: Ya viene la golondrina que trina.
3. Ya viene la goloncima: Ya viene la golondrina que es (como) una cima.
4. Ya viene la golonchina: Ya viene la golondrina que es china (o de
China).
5. Ya viene la golonclima: Ya viene la golondrina que es (como) el
clima.
6. Ya viene la golonrima: Ya viene la golondrina que rima.
7. Ya viene la golonrisa: Ya viene la golondrina que es (como) la risa.
8. Ya viene la golonniña: Ya viene la golondrina que es (como) una
niña.
9. Ya viene la golongira: Ya viene la golondrina que gira.
10. Ya viene la golonlira: Ya viene la golondrina que es (como) una lira.
11. Ya viene la golonbrisa: Ya viene la golondrina que es (como) la brisa.
12. Ya viene la golonchilla: Ya viene la golondrina que chilla.
13. Ya viene la golondía: Ya viene la golondrina que es (como) el día.
Observemos, entonces, que este lenguaje sintético permite etopeyizar a la golondrina sin
necesidad de una descripción discursiva.
En los siguientes versos del mismo canto, también encontramos analogías de una sola
palabra, donde ya se sale del sistema en la palabra final de cada verso, en los cuales
resaltamos una sílaba. Citemos:
Pero el cielo prefiere el rodoñol
Su niño querido el rorreñol
Su flor de alegría el romiñol
195
Su piel de lágrima el rofañol
Su garganta nocturna el rosolñol
El rolañol
El rosiñol
Donde el yo poético como ya han
visto otros autoresjuega con los fonemas castellanizados de la palabra francesa
rosignol (ruiseñor) y las notas musicales encerradas entre las sílabas
iniciales y finales de rosiñol, presentando así a un ruiseñor que canta el
do, re, mi, fa, sol, la, si. En el caso de esta última nota, coincide con la sílaba
central de la palabra.
Nótese, asimismo, que la función poética fónica no sólo ocasiona una armonía
eufónica, sino también palabras que designan objetos inexistentes en el referente
externo, dándose así también una función poética representativa connotativa
creacionista.
En este canto también vemos juego con
las homofonías:
Adiós hay que decir
adiós
Adiós hay que decir a Dios
240
Igualmente, formando neologismos:
Los planetas maduran en el planetal
300
Y:
Entonces yo sólo digo
212
Que no compro estrellas en la nochería
Y tampoco olas en la marería
en los cuales el hablante transgrede la norma y se deja llevar por la dinámica del
sistema.
Asimismo, aumentan las representaciones connotativas de elementos lejanos combinadas con
la función poética fónica; así por ejemplo:
Ojo árbol
Ojo pájaro
Ojo río
60
Ojo montaña
Ojo mar
Ojo tierra
Ojo luna
Ojo cielo
65
Ojo silencio
Ojo soledad por ojo ausencia
Ojo dolor por ojo risa
Donde mágicamente se armoniza el ojo con diversos elementos distintos de él.
Pongamos más ejemplos de sport de los vocablos formados por atracciones
rítmicas:
Aquí yace Marcelo mar y cielo en el mismo violoncelo
272
Aquí yace Teresa esa es la tierra que araron sus
ojos hoy ocupada por su cuerpo
274
Aquí yace Clarisa clara risa enclaustrada en la luz
278
Aquí yace Alejandro antro alejado ala adentro
279
En este punto del análisis, creemos conveniente aclarar que nuestra intención no es
hacer un inventario de todos los versos que muestren las formas complejas de la imagen
poética, sino el dar a notar cómo con respecto a los cantos anteriores, el lenguaje de
este canto aumenta el grado de complejidad y alejamiento respecto del lenguaje común. Ya
no se trata de que sea raro sólo lo que se dice, sino también cómo se lo dice. Y se
dice poniendo en práctica el sport de los vocablos, que da lugar a una
analogía monémica y complejiza la función poética fónica, pues se da la que origina
una representación connotativa de elementos lejanos. Y no está demás recordar que el
alejamiento de la prosa tiene el significado de un avance hacia el absoluto. En este
sentido, se puede decir que en este canto, Altazor está más cerca de la experiencia del
absoluto. Pero, ¿para qué quiere tener dicha experiencia?
Páginas atrás dijimos que el yo poético ve en el juego la manera de
no adaptarse a la realidad alienante sin caer en una actitud trágica o de muerte. Y así
es. En este canto se puede ver que tiene muchas ganas de vivir y ser alegre, y es este
sentimiento lo que motiva la peculiaridad lúdica del lenguaje a partir de este momento,
donde trata de no ser cogido por Tánatos y dice:
No hay tiempo que perder
Levántate alegría
90
Y pasa de poro en poro la aguja de tus sedas
Con el sport de los vocablos, él quiere salir de esa situación en que
Todo es triste como el niño que está quedándose huérfano [137]. Y es
urgente salir de ese estado. Por eso, dice que No hay tiempo que perder/ [pues] El
buque tiene los días contados, [porque] Puede caerse al fuego central
[200-201, 203]. Entonces, necesita salvarse y para ello juega. Sin embargo, para él ese
juego va más allá de la pura finalidad estética o de la pura diversión y evasión;
también tiene una finalidad cognoscitiva. Eso lo advertimos ya desde el verso 29, donde
afirma:
Más allá del último horizonte
Se verá lo que hay que ver
Y lo repite claramente casi al final del canto:
La eternidad quiere vencer
Y por lo tanto no hay tiempo que perder
310
Entonces
Ah entonces
Más allá del último horizonte
Se verá lo que hay que ver
Canto V: Aquí comienza el campo inexplorado
La armonía
En este canto el lenguaje poético se va alejando más de la prosa, y no está demás
parafrasear a Octavio Paz y decir que, al hacer esto, el sujeto se acerca más al
absoluto; por ello, al inicio, el yo poético dice que aquí comienza el campo
inexplorado.
Este alejarse de la prosa se debe a que Altazor usa en mayor cantidad las formas más
complejas de la imagen poética. Por ejemplo, se utiliza de manera más decidida la
representación connotativa de elementos lejanos. En efecto, en estos momentos el
referente interno es decididamente creacionista. Verbigracia, ese campo inexplorado está
lleno de Manos de sonámbulos/ De entierros aéreos/ Conmovedores como el sueño de
los enanos [5-7]; el espacio despoblado es preciso poblar De juegos nocturnos
y aerolitos de violín/ De ruido de rebaños sin permiso/ Escapados del cometa que iba a
chocar [14-16]. Asimismo, hay razonamientos o imágenes argumen-tativas
creacionistas, como: Si el camino se sienta a descansar/ O se remoja en el otoño de
las constelaciones/ Nadie impedirá que un alfiler se clave en la eternidad
[135-137]. Es cierto que esto también se da en los cantos anteriores, pero aquí lo
apreciamos en mayor número.
Las imágenes descriptivas creacionistas también abundan. Una muestra de ellas las
tenemos entre los versos 157 y 202, donde, por ejemplo, al fondo de una tumba hay un mar,
un rebaño perdido en la montaña o un desfile de témpanos de
hielo, Con hachones de luz dentro del cuerpo, o una selva de hadas
que se fecundan o la hirviente nebulosa que se apaga y se alumbra.
Igualmente, se trata de una tumba que cuando se la abre salta una ola o
sale un sollozo de planetas o salta un ramo de flores cargadas de
cilicios; una tumba que cuando se la abre al fondo se ve el mar y
Sube un canto de mil barcos que se van/ En tanto un tropel de peces/ Se petrifica
lentamente.
El sport de los vocablos, igualmente, aumenta en número y complejidad. Vemos,
por ejemplo, una ruptura de la norma en estos versos:
La montaña y el montaño
110
Con su luno y con su luna
La flor florecida y el flor floreciendo
En el primer verso, se masculiniza el
sustantivo montaña anteponiéndose el artículo y cambiado el morfema
a por o. Esto último se hace también con luna, en el
segundo verso, siguiendo así la dinámica del sistema, a pesar de que la norma no lo
permita. En el tercer verso, se da el mismo fenómeno, al masculinizar con el artículo el
sustantivo flor.
Así ocurre también en los siguientes versos:
El rey canta a la reina
581
El cielo canta a la ciela
El luz canta a la luz
Como se puede ver, en el segundo verso se crea el femenino de cielo siguiendo
la dinámica del sistema, y en el tercero, del mismo modo, se masculiniza el sustantivo
luz.
En la manifestación del sport de los vocablos, en este canto se da también
la función poética que origina un referente. Pongamos estos casos:
*El horizonte es un rinoceronte
217
*El cielo un pañuelo
219
Aquí tenemos dos metáforas de dos elementos cada una, los cuales no se relacionan por el
significado sino por el significante. Así, en el primer verso, no se ha escogido la
palabra rinoceronte porque guarde alguna analogía semántica con horizonte,
sino simplemente porque de ese modo se consigue un efecto rítmico. Se cumple así con la
función poética fónica. Pero, notemos que al relacionar esas dos palabras, se ha creado
un objeto que no existe en el referente externo, un horizonte-rinoceronte, creándose de
este modo un referente interno; o sea, la función poética fónica ha creado un
referente. Lo mismo ocurre con el segundo verso de la cita, aunque en este caso la imagen
es de elementos cercanos.
Pero, no sólo hay sport de los vocablos fónico; también existen
semánticos, como en estos versos donde se juega utilizando retruécanos a la manera de un
conceptismo creacionista:
La herida de luna de la pobre loca
La pobre loca de la luna herida
Tenía luz en la celeste boca
Boca celeste que la luz tenía
El mar de flor para esperanza ciega
235
Ciega esperanza para flor de mar
Cantar para el ruiseñor que al cielo pega
Pega el cielo al ruiseñor para cantar
Del mismo tipo es el siguiente sport:
Una flor que llaman girasol
113
Y un sol que se llama giraflor
El sport de los vocablos utilizando recursos fónicos llega a grados mayores
en el juego del molino, que se da desde el verso 241 hasta el 430 de manera
ininterrumpida, es decir, durante doscientos versos, los cuales son sintagmas nominales
donde se repite el núcleo, Molino, y los complementos se relacionan por la
misma rima consonante ento. Así:
Molino de viento
Molino de aliento
Molino de cuento
Molino de intento
Molino de aumento
Molino de ungüento
Molino de sustento
Molino de tormento
Molino de salvamento
[etc.]
Para entender la propuesta de este juego,
debemos primero reflexionar sobre los versos que lo introducen. Éstos:
Jugamos fuera del tiempo
Y juega con nosotros el molino de viento 240
En estos versos hay tres elementos que destacar: el no tiempo, el
carácter colectivo del juego (jugamos) y el objeto con el que se juega:
el molino. El juego en el no tiempo saca al sujeto de la historia y la cultura
y lo acerca al absoluto. Sin embargo, aquí el sujeto no juega solo, lo que sugiere una
negación cultural colectiva y, por lo tanto, un renacimiento también colectivo. Ahora
bien, si advertimos que el molino es el trabajo, la sugerencia se complejiza y enriquece,
ya que la negación cultural no sólo es colectiva sino que además se da en un aspecto
sustancial de la vida: la actividad de subsistencia, de la que no podemos escapar. Ahora,
si nos tapamos los oídos como los remeros de Odiseo y nos centramos en el significado de
los complementos, vamos a advertir que en el juego del molino se presentan las dos caras
del trabajo. Hagamos dos columnas, una con signo positivo (+) y otra con signo negativo
(). Así:
+
Molino de aliento
Molino de tormento
Molino de salvamento Molino de
malogramiento
Molino de revelamiento Molino de
maldecimiento
Molino de sentimiento Molino de
obscurecimiento
Molino de crecimiento Molino de
enajenamiento
Molino de conocimiento Molino de despojamiento
Molino de descubrimiento Molino de enloquecimiento
Molino de fascinamiento Molino de envenenamiento
Molino para guarecimiento Molino de descuartizamiento
Molino para levantamiento Molino del lamento
Molino para profetizamiento Molino del desollamiento
Molino como medicamento Molino del quebrantamiento
Molino contento
Molino del envejecimiento
Molino de sustento
Molino del
descorazonamiento
Molino como instrumento Molino como sufrimiento
[etc.] [etc.]
Como se puede ver, los complementos del núcleo de los sintagmas nominales en la columna
positiva se refieren a las virtudes del trabajo; y en la columna negativa, a la
característica penosa del mismo, el cual como todo fenómeno tiene dos caras: es una
tarea dura, penosa más aún el trabajo alienante del capitalismo que tiene
que realizarse de todas maneras para sobrevivir; y también es una actividad de creación
de conocimiento y de bienes, que resulta gratificante. Ahora bien, cuando se puede
realizar el trabajo en una situación como la que introduce el juego del molino, se logra
armonizar esos opuestos; por el contrario, cuando se da en otra situación, el trabajo
resulta enajenante.
Vemos, entonces, que en esta experiencia, Altazor logra armonizar los contrarios. Le da
movimiento a la monotonía. Lo que le permite exclamar luego de sus piruetas varios
hu-rras de triunfo, que nos recuerdan a nuestros hayllis prehispánicos donde el trabajo
se funde con el arte y la vida en un hecho colectivo triunfal:
*Hurra molino moledor
447
*Hurra molino girando en la memoria
452
También:
Así reímos y cantamos en esta hora
Porque el molino ha creado el imperio de su luz 460
escogida
Y es necesario que lo sepa
Es necesario que alguien se lo diga
En estos momentos el fatalismo y la muerte no tienen cabida:
[Sol]
No creas en los vaticinios del zodíaco
465
Ni en los ladridos de las tumbas
Las tumbas tienen maleficios de luna
Y no saben lo que hablan
Éste es, pues, el momento diurno, o del alma matinal como diría Mariátegui.
Por eso, Altazor dice pleno de alegría:
Ahora que la grúa que nos trae el
día
Volcó la noche fuera de la tierra
475
Empiece ya
La farandolina en la lejantaña de la montanía
El horimento bajo el firmazonte
Se embarca en la luna
Para dar la vuelta al mundo
480
Empiece ya
La faranmandó mandó liná
Con su musiquí con su musicá
La carabantantina
La carabantantú
485
La farandosilina
La Farandú
La Carabantantá
La Carabantantí
La farandosilá
490
La faransí
Para entender este sport tratemos de traducirlo. La farandolina en la
lejantaña de la montanía es la farándula en la lejanía de la
montaña, y el horimento bajo el firma-zonte, el horizonte bajo el
firmamento. Ahora bien, esta farandolina se embarca en la luna para dar la vuelta al
mundo y se dice: Empiece ya/ La faranmandó mandó liná/ Con su musiquí con su
musicá. Aquí todavía hay elementos del sistema reconocibles. Por ejemplo,
mandó liná es la palabra mandolina que ha sido separada por el
condicionamiento rítmico. En el segundo verso, la palabra musiquita ha perdido la última
sílaba y ha terminado en aguda, musiquí, y música se ha convertido también
en aguda, debido al mismo condicionamiento rítmico; como dice Paz, por la ley de
atracción y repulsión del ritmo. Traducido sería: Empiece ya la farándula de la
mandolina con su musiquita; pero dicho de esta manera no permite oír la música y
estimular nuestra imaginación y afectividad. A continuación, esa musiquita de la
farándula de la mandolina se logra con la repetición de las bases o lexemas (con cierta
libertad) de carabana y farándula. A estos lexemas se les ha agregado sonidos de tal
manera que formen palabras que rimen entre sí y logren un efecto musical:
La
carabantina a
La carabantantú b
La farandosilina a
La Farandú b
La Carabantantá c
La Carabantantí d
La farandosilá c
La faransí d
Finalmente, la imagen completa que se nos
presenta es la de una farándula que va en carabana cantando y tocando alegremente con sus
mandolinas. Y si advertimos que farándula era una compañía de cómicos que iba por los
pueblos dando funciones y ganándose así la vida, entonces entendemos la propuesta, que
se relaciona con el juego del molino. Se trata de que todas las actividades económicas
sean como la de la farándula: que logre la armonía entre el trabajo y la vida, es decir,
una actividad no alienante, en otras palabras, que no realice un disloque entre las
aspiraciones del ser humano y la actividad económica.
Hay, pues, una relación estrecha entre juego sport de los
vocablos y creación. Por ello, como veremos más adelante, cuando aparezca el
volcán creador hacedor de destinos, lo primero que pedirá será su
harmonio de las nebulosas, con el cual empezará a jugar y crear [575 y
sgtes.]. Y esto que ocurre con el pequeño dios, pasa también con el Gran
Dios, como dice Vasconcelos: Sólo el Verbo es creador; pero los ideólogos creen
que Dios padece para pensar y, en suma, que es tonto como el filósofo. Las risas de los
niños, los cuentos de las hadas, son imagen del verdadero operar del cosmos. Dios hizo el
mundo jugando y la alegría de su trabajo repercute en su obra2.
La excepción
Se nota claramente, entonces, que Altazor llega en este canto a momentos de gran armonía
y felicidad; sin embargo, la conciencia de que hay algo que perturba no deja de estar
presente en él; por eso dice:
Ríe ríe antes que venga la fatiga
En su carro nebuloso de días
Y los años y los siglos
Se amontonen en el vacío
495
Y todo sea oscuro en el ojo del cielo
Es decir, hay una conciencia de la analogía pero también de la excepción; a ésta
Octavio Paz la llama ironía: el poeta moderno sufre la tensión entre la
analogía y la ironía3. Entonces, si Altazor juega, lo hace a pesar de la realidad
alienante; no porque esté contento con la realidad; es más, juega para liberarse de
ella, para robarle un poco de vida. Por eso no pierde el tiempo y continúa jugando y su
expresión sigue rompiendo la norma y sacando chispas al sistema, como en estos versos, en
los cuales resaltamos los sustantivos verbalizados:
La cascada que cabellera sobre la
noche
Mientras la noche se cama a descansar
Con su luna que almohada al cielo
Yo ojo el paisaje cansado
500
Que se ruta hacia el horizonte
A la sombra de un árbol naufragando
Nótese que las palabras en negritas son
sustantivos utilizados como verbos. Esto transgrede no sólo lo permitido por la norma
sino también por el sistema, pues en éste las categorías gramaticales tienen funciones
sintácticas definidas. Así, un sustantivo no puede ser, como en estos versos, núcleo
del predicado en un predicado verbal; sin embargo, al yo poético no le interesa porque
ello se aviene mejor a sus necesidades expresivo-lúdicas. Obsérvese, asimismo, que una
ruptura de estas características no se da en los cantos anteriores. Pero, dentro de los
sintagmas, sólo estas palabras rompen con las reglas del sistema, pues su cotexto sigue
normal, lo cual permite entender lo que el hablante quiere decir; no hay, entonces,
todavía una ruptura total.
Luego tenemos un autorretrato importante de señalar, que se da desde el verso 503 hasta
más o menos el final del canto, donde el sujeto se va transformando mágicamente,
haciendo que aumente la ilogicidad del mundo referido. Altazor es luciérnaga, aire,
árbol, rosal, volcán, pájaro, mar. Cuando es rosal, habla como rosal y dice:
Sal rosa rorosalía
Sal rosa al día
Salía al sol rosa sario
Fueguisa mía sonrodería rososoro oro
520
Donde juega con las palabras rosa,
rorosalía, día, sol, rosario y oro. Y al hablar como mar, leemos:
De la firmeza hasta el horicielo
[¿horizonte-cielo?]
Soy todo montalas [¿montes y alas] en la azulaya [¿azul playa?]
Bailo en las volaguas [¿aguas que vuelan?] con espurinas
[¿espumas marinas?]
Una corriela [¿vela que corre?] tras de la otra
Ondola [¿onda de ola?] en olañas mi rugazuelo
550
[etc.]
Y así sigue jugando con las palabras y
su música y en un momento crea un sport recreando algunos de los versos de la
Canción del pirata de Espronceda. Así, el pirata de éste dice: La
luna en el mar riela/ En la lona gime el viento/ Y alza en blando movimiento/ Olas de
plata y azul. Y el de Altazor, lúdicamente, lo transforma en: La lona en el
mar riela/ En la luna gime el viento/ Y alza en blanco crugimento [sic]/ Alas de olas en
mi azul. Se trata de mostrar de este modo la oposición entre un poeta tradicional y
otro vanguardista.
Luego, el yo poético lanza una profecía: dice que se abrirá el mar y saldrán los
primeros náufragos. Éstos han cumplido un castigo durante siglos. Andarán
por la tierra con miradas de vidrio/ Escalarán los montes de sus frases proféticas/ Y se
convertirán en constelaciones/ Entonces aparecerá un volcán en medio de las olas/ Y
dirá yo soy el rey. Éste pide su harmonio de las nebulosas y luego se
zambulle en una serie de analogías lejanas donde canta el rey, Canta el cielo en su
lengua astronómica / Y la luz en su idioma magnético. Y en este in crescendo de
profundidad connotativa, se llega al verso 600, en el que empieza una concatenación que
nos presenta una tumba de la cual saldrá un arco iris como un tranvía, y del arco iris
una pareja haciendo el amor; de éste, una selva errante; de la selva, una flecha; de
ésta, una liebre huyendo por los campos; de la liebre, una cinta; de ésta, un río y una
catarata que salvará a la liebre de sus perseguidores. Todo esto hasta que la liebre
empiece a trepar por una mirada/ Y se esconda al fondo del ojo. Tratemos de
visualizar estas transformaciones y veremos cómo mágicamente unos objetos y seres se van
transformando en otros muy diferentes entre sí, con lo que la analogía va ampliando su
alcance.
El volcán lúdico es poderoso, pues hace florecer a los ahogados con sólo una orden.
Tiene capacidad de escribir un destino y con sus reflexiones nos sigue llevando a grandes
profundidades analógicas que originan ya mucha dificultad para entenderlo, y ya casi no
lo entendemos. Pero, a pesar de ello, aunque pocos, quedan aún elementos que nos permiten
comprender que pregunta por el arquero de los meteoros, el arquero arcaico, haciendo
alusión nuevamente al principio de los tiempos y al estado Arqueosíquico del yo; y se
dirige al arco iris y dice que ahora que un caballo empieza a subir galopando por él, que
ahora la mirada descarga los ojos demasiado llenos, en el instante en que huyen los ocasos
a través de las llanuras, y en ese momento oye la risa de los muertos debajo de la
tierra, sugiriendo así el logro del renacimiento. Y así termina este canto, de modo
optimista y avizorando un cambio.
Sin embargo, están las excepciones. La liebre podrá escapar hasta que empiece a
trepar por una mirada/ Y se esconda al fondo del ojo [609-610]. Es decir, llega un
momento en que ya no puede huir, o, en el mejor de los casos, tenga que esconderse,
limitando así su libertad y rompiéndose de este modo la armonía. Otra excepción está
figurativizada en el arquero arcaico que tiene un violín violeta, violáceo y violado
[627]. No es, pues, el de Altazor el violín totalmente libre, sino aquel que quiere ser
libre debido a que es el violín violado en su libertad. Es, en síntesis, el violín que
quiere robarle un poco de libertad a la realidad alienante. Asimismo, recordemos que luego
de los hurras y cantos triunfales posteriores al juego del molino dice: Ríe ríe
antes que venga la fatiga en su carro nebuloso de días/ Y los años y los siglos/ Se
amontonen en el vacío/ Y todo sea oscuro en el ojo del cielo [492-496]. Aquí
ya lo dijimos estamos también frente a una excepción. Estas excepciones,
pues, oscurecen el optimismo del yo poético y perturban su sinfonía analógica. Por eso,
Octavio Paz, como vimos, sostiene que la analogía y la ironía caracterizan a la poesía
moderna.
Menos prosa, entonces, en este canto, y más imagen; más lejos, en consecuencia, el mundo
de lo relativo y más cerca el absoluto. Mas, para Altazor, esto no es suficiente, pues
todavía hay lucha de contrarios. Tiene que eliminarla. ¿Dónde? En el último
horizonte.
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1. Eric Berne, Juegos en que participamos, pp.
191-192.
2. José Vasconcelos, Filosofía estética, p. 43.
3. Octavio Paz, Los hijos del limo, p. 52:
"La poesía moderna es la conciencia de esa disonancia [ironía] dentro de la
analogía".
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