Indagaciones peruanas: El Legado Quechua                               

 

Raúl Porras Barrenechea

 

Titu Cusi Yupanqui (1529-1570?)* 

 

Titu Cusi es considerado como el tercer inca de la cristiandad o Vilcabamba. Recuperado el dominio del Cuzco por los españoles después del formidable asedio de Manco Inca, éste se retiró a las montañas inaccesibles de Vilcabamba. Allí restableció el Incanato y el culto al Sol, venerado en el ídolo Punchao. Muerto Manco, le sucedió Sayri Túpac. Pero en 1557 Túpac aceptó los ofrecimientos del Marqués de Cañete, salió de Vilcabamba, fue a Lima, donde renunció a sus derechos en cambio de una rica encomienda en Yucay con 12 000 pesos de renta. Sayri Túpac se fue a vivir al Cuzco, pero Titu Cusi quedó en Vilcabamba. Parece que el Incazgo correspondía por derecho a Túpac Amaru, hijo legítimo y mayorazgo de Manco, pero que, siendo éste menor o incapaz (utic: bobo, tonto, loco), Titu Cusi fue reconocido como el jefe. En su crónica él se reclama como el heredero legítimo y mayorazgo de Manco, pero era hijo bastardo y cartas suyas comprueban que gobernaba únicamente como tutor de su hermano Túpac Amaru. En otros documentos aparece que era hijo legítimo y que sus hermanos menores se llamaban Cápac Túpac Yupanqui, Topa Huallpa y Topa Amaro. Estuvo casado con Chimbo Ocllo Coya, su hermana, hija de Manco.

Mientras vivió Sayri Túpac en el Cuzco, Titu permaneció inactivo. Los indios seguían considerando a aquél como el monarca legítimo. Pero muerto Sayri el bastardo se ciñó la mascapaicha y encerró al heredero legítimo con acllas y mamacunas en la casa del Sol. Titu asumió inmediatamente una actitud beligerante contra los españoles, siguiendo el ejemplo de su padre Manco Inca: sus guerrillas de indios volvieron a saltear y a matar a los españoles que iban por la ruta del Cuzco a Lima y a incursionar en el valle del Tambo y en las proximidades del Apurímac.

El licenciado Lope García de Castro, Gobernador del Perú, deseoso de remediar esta situación entabló negociaciones para reducir al Inca. Este tenía en el Cuzco como apoderado a Juan de Betanzos y era, según lo declaran los que lo conocieron "hombre mañoso" y calculador. En su entrevista con el Licenciado Matienzo, Oidor de la Audiencia de Charcas, en el puente de Chuquichaca, se mostró hábil diplomático. Se proclamó cristiano, deseoso de recibir el Evangelio y derramó luengas lágrimas por asaltos que se había visto obligado a hacer a los españoles. Entregó entonces al Licenciado Matienzo dos memoriales: uno sobre los agravios hechos a su padre, que le habían obligado a él a tomar represalias y otro sobre las mercedes que pedía para salir de Vilcabamba y firmar las paces. Estas eran, que el Rey le diera en encomienda el valle de Vilcabamba con los pueblos de éste, Rayangalla, Asangalla, Vilcabamba y Viticos, además de los pueblos de Chachona y Çanora y otros, que tuvo el Convento de la Merced junto al Cuzco, para sí y sus herederos. A este «fleco» de un Imperio añadía Titu Cusi una cláusula que revela sus preocupaciones dinásticas: el matrimonio de su hijo Quispe Tito con Doña Beatriz Sayri Topa, hija del último Inca con el goce de la encomienda de Yucay. La legitimidad incaica refluía así sobre su estirpe en el caso de una restauración.

El 24 de agosto de 1566 se concertó el arreglo o capitulación entre el Inca y el Tesorero García de Melo, en Carco. En él Titu Cusi consintió ser vasallo de Su Majestad aceptando que se nombrase un corregidor para que ejerciera justicia en las provincias rebeldes, clérigo y frailes que la doctrinasen y que habría paz perpetua entre indios y españoles y ni el Inca ni sus capitanes harían más daños a los pueblos situados en los términos del Cuzco. En compensación, se le ofreció al Inca que su hijo Quispe Tito se casaría con doña Beatriz Colla hija de Sayri Túpac y se le darían los indios y pueblos de Coca que el virrey Cañete dio al padre de doña Beatriz, con los 3,500 pesos de pensión que pesaban sobre ellos en favor de otros vecinos. Esta capitulación fue aprobada por García de Castro en Los Reyes a 14 de octubre de 1566. En los documentos anexos a ella figuran el juramento del Inca y de sus capitanes hecho a la usanza incaica, mirando hacia el sol con los brazos tendidos y las manos abiertas e invocando al astro solar como criador de todas las cosas y a la tierra como madre; el bautizo de Felipe Quispe Tito hijo de Titu Cusi y de Coya Chimbo Ocllo, hija de Mango Inga Yupanqui verificado en el pueblo de Carco de Vilcabamba en 20 de julio de 1567 y una declaración de Titu Cusi y sus capitanes en Carco a 8 de julio de 1567 en que éstos informan sobre el origen, ascendencia y matrimonio de Titu Cusi, las causas de la sublevación de Manco Inca y la muerte de éste. Tanto Titu Cusi como sus generales Yanquemayta, su gobernador, y Rimachi Yupanqui, su maese de campo, que habían sido capitanes de Manco en el cerco del Cuzco, declaran que Titu es hijo de Manco Inca, nieto de Huayna Cápac, bisnieto de Topa Inga Yupanqui y tataranieto de Pachacuti Inga. Según ellos, Manco Inca designó como sucesor a Titu Cusi "como más viejo que es de edad" y en virtud de esa designación tomó la borla imperial, se hizo Señor de sus hermanos y sumo sacerdote. Su padre le mandó que "no hiciese liga ni confederación con la nación española". Las insignias de autoridad que el Inca ostentaba en el acto de jurar obediencia en Carco eran una maza de oro con unas borlas de lo mismo «que es insynea que los señores incas llevaban antiguamente para ser reconocidos por señores». En el acto del juramento ante el Corregidor español Diego Rodríguez de Figueroa, Titu Cusi juró por sí, por Quispe Titu y por sus hermanos Cápac Topa Yupanqui, Topa Guallpa y Topa Amaro y declaró que si éstos le desobedeciesen y se insubordinasen contra los españoles él "los despedazará a lanzadas con sus propias manos".

El comisionado de Matienzo que vio a Titu nos da su traza física así: "será hombre como de cuarenta años, de mediana estatura, moderno y con unas pecas de viruelas en la cara, el gesto algo severo y robusto". El Inca vestía camiseta de "damasco azul", diadema de plumas en la cabeza, collar y coracinas de plumas en las pantorrillas. En el pecho llevaba una patena de plata, un puñal dorado y una "rodela" de Castilla en la mano y el rostro "enmascarado de un mandul colorado". "Le rodeaban veinte o treinta mujeres de razonable parecer". Así vio un soldado español el último cortejo de un Inca irrisorio, algo selvatizado por la permanencia en Vilcabamba y con unos pobres arreos de farsa en vez de la magnífica joyería de sus antepasados.

En tanto que se formalizaban los arreglos, el Inca permitió que entrasen a Vilcabamba algunos frailes para doctrinar a los indios. El primero en entrar fue Fray Antonio de Vera, en el pueblo de Carco, quien bautizó a Quispe Titu, que recibió el nombre de Felipe (1567). Al año siguiente Titu Cusi solicitó ser bautizado por el fraile más principal del Cuzco y se le envió al prior de los agustinos fray Juan de Vivero, quien le bautizó el 28 de agosto de 1568, "día del glorioso doctor San Agustín", recibiendo el nombre de Diego de Castro. Quedó en Vilcabamba el padre Marcos García, quien debía doctrinar al Inca y quien escribió a solicitud de Titu Cusi un memorial o "Instrucción" al Gobernador García de Castro que tiene el carácter de crónica. El Inca murió a poco de una pulmonía y los indios mataron entre grandes suplicios al padre agustino Diego Ortiz, porque no supo curarle primero ni resucitarle después.

La Instrucción recuenta los agravios hechos por los conquistadores españoles a Manco Inca en el Cuzco principalmente por los hermanos de Pizarro, en ausencia de éste. El hijo de Manco rinde justicia al Conquistador del Perú, cuando, después de relatar las tropelías sufridas por su padre, escribe: "Entienda el que esto leyere que cuando estos negocios pasaron de dar la coya a la prisión de las cadenas y grillos el Marqués don Francisco Pizarro ya era ido a Lima y a la sazón no estaba en el Cuzco y por eso, no piense naide que en todo se halló".

La crónica de Titu Cusi es particularmente interesante para reconstruir el sitio del Cuzco por Manco y la etapa de los Incas de Vilcabamba. Relata también la captura de Atahualpa recogiendo la versión cuzqueña contraria a aquel Inca, enemigo y destructor de su raza. Su testimonio no es muy seguro desde el punto de vista cronológico, como hombre que no supo escribir y confió todo a la memoria. La acción de su padre Manco es hiperbolizada en muchas partes, principalmente en los sucesos anteriores a la insurrección, en que Titu pretende hacer creer que Manco gobernaba en el Cuzco como heredero primogénito de Huayna Cápac, en lugar de Huáscar. Otros sucesos y nombres son confundidos, como los de Soto y el violador de Inguil que no fue Gonzalo sino Juan Pizarro. El fraile redactor de la crónica interpone también su personalidad, haciendo pronunciar a cada rato, a Manco Inca, arengas que son verdaderas homilías y que comienzan invariablemente con este vocativo: "Muy amados hijos y hermanos míos". Sin embargo de esto, hay algunos atisbos e impresiones directas del espíritu indio frente a los españoles o viracochas. Así, cuando dice, para describir a los conquistadores, que eran hombres barbados que hablaban a solas con unos paños blancos –para decir que leían–, que iban sobre animales que tenían los pies de plata y que eran dueños de algunos illapas o truenos.


* Publicado en: "Tres cronistas del Inkario: Juan de Betanzos (1510-1576), Titu Cusi Yupanqui (1529-1570?), Juan Santa Cruz Pachacutic", La Prensa, Lima, 1 de enero de 1942; Raúl Porras Barrenechea, Los cronistas del Perú, Lima, Banco de Crédito del Perú, 1986.


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