2. PRODUCCION

 

Chachapoyas

 

La agricultura fue la actividad principal que sustentó la vida de los pueblos en esta región noreste del Perú colonial. Una agricultura basada en haciendas, estancias de poca extensión y de un valor menor en comparación con otras regiones; también existió la propiedad parcelaria indígena y mestiza bastante difundida. Al lado de la agricultura, y de manera complementaria, también se dieron algunas actividades ganaderas con la cría de ganado vacuno, lanar, yeguarizo y mular, aunque, reiteramos, en número nada significativo. La minería pasó casi desapercibida en esta zona, aunque como veremos después de manera concreta, existieron algunos lugares de extracción de sal y minas abandonadas o potenciales lugares de explotación minera. El comercio se convirtió en el dinamizador de la producción en esta región, aunque limitado por la agreste topografía y la pésima red caminera que fue preocupación constante de los funcionarios coloniales, hacendados y aun campesinos, cuya pequeña producción o servicio estuvo compulsivamente ligado al comercio. Después de estas generalidades ?volveremos con pruebas documentales? pasemos a citar algunos estudios actuales (Restrepo) y descripciones de la época (Mercurio Peruano).

En principio, debemos anotar que Chachapoyas es una ciudad que se ubica sobre los 2,300 m. sobre el nivel del mar y, por tanto, no es una ciudad selvática como muchos creen, no obstante ser la capital del departamento de Amazonas actual. En Chachapoyas hace frío, su vegetación no es exuberante y se caracteriza por estar rodeada de grandes cerros cubiertos de una vegetación no boscosa, aunque en la medida que se viaja hacia el oriente y se va bajando a la selva, el calor aumenta y la vegetación se hace más tupida. Por tanto no se piense en Chachapoyas como una ciudad selvática, calurosa y de vegetación boscosa. Restrepo, basado en autores y documentos de fines del siglo XVIII, hace un genérico resumen en estos términos: "En la zona selvática, la producción se concentraba en la provincia de Chachapoyas, subdividida a su vez por la vertiente del Marañón y la Amazónica y con cultivos de algodón ?de muy buena calidad?, tabaco, cacao y coca. Había también algodonales en la provincia de Moyobamba, Lamas y Chillaos aunque en menor proporción" (T. I: 75). Agrega, además, la existencia de vacas, ovejas, caballos concentrados en Chachapoyas y Chillaos; frutas en Moyobamba, abundante pesca, para concluir afirmando que en Chachapoyas existieron entre 20 a 30 grandes haciendas (ibid.: 85, 86).

Por su parte, el Mercurio Peruano se refiere a la ciudad de Chachapoyas en estos términos: "una de las más antiguas, fundada por algunos Conquistadores que cansados de los trabajos de Marte escogieron este suelo para pasar tranquilos los días restantes de su vida. Su clima es muy benigno, pues allí se goza de una continuada primavera, conservando los árboles en todo el año sus hojas, flores y frutos" (Mercurio Peruano T. V: 215?16). Salvo que el clima haya variado de 200 años a esta parte, he estado en dos oportunidades en la ciudad de Chachapoyas en el mes de diciembre y, confieso, que he sentido un "friecito serrano". Dejémoslo aquí y prosigamos.

El clima no es determinante en el comportamiento de sus pobladores respecto a una mayor o menor dedicación al trabajo, ni lo es tampoco en la adquisición de defectos o desviaciones de la personalidad. Sin embargo la imagen que se sigue manejando del "indio" es aquella que nos han transmitido los virreyes, sacerdotes, funcionarios colonialistas y otros y que aún seguimos citando: "El carácter y temperamento del indígena era ?según las referencias de la época? sumiso pero desconfiado. El principal defecto lo constituía la pereza, manifestada en la indolencia y relajación. Esto contrastaba con una especial rudeza para con sus semejantes llegando incluso a la crueldad en sus castigos (Restrepo T. I: 148). Para la región central, en base a documentos de archivos, la imagen del "indígena" se nos presenta diametralmente opuesta a la anterior caracterización (Reyes Flores 1983: 8). Sin haber agotado la información documental sobre esta región tenemos la impresión que la caracterización que se hace del indígena no se condice con la realidad. Aún cuando tiene vicios como todo ser humano, éstos no son graves y si protestan y rechazan las condiciones de su existencia lo hacen en la medida que consideran que son injustas y por ello vemos autoridades indígenas recluidas en las cárceles de los pueblos de la provincia de Chachapoyas. Si la referencia fuera a los habitantes de la selva, "los chunchos" como habitualmente se les conocía, tampoco es cierto si nos atenemos al informe que hace el coronel Francisco Requena y don Juan Salinas Zenitagoya que vivieron varios años entre las naciones selváticas, a diferencia de muchos de la época que escribieron de "oídas". Requena y Salinas son claros cuando dicen: "El carácter de los Indios aún siendo de tantas diferentes Naciones como va dicho, no da tampoco mucho que hacer a los Gobernadores, ni a los Misioneros a excepción de algunos vicios que son más dominantes y mas comunes en éstos. No cometen aquel cúmulo de desórdenes que eran conocidos en los Imperios de los Incas y Moctezumas, ni los que practican muchos blancos, y aún hay especies de pecados, que, o los ignoran, o los han aprendido de estos últimos. La inverecundia y la embriaguez, son los más dominantes entre estas gentes, y sólo se acuerdan de las ofensas que les han hecho, cuando sus borracheras los incitan a las venganzas, pidiendo con la mayor sumisión y sencillez, perdón a los agraviados, con quienes se reconcilian fácilmente luego que se les acaba el efecto de la bebida [...]. También cometen algunos pequeños hurtos, o más bien son unas especies de Rapiñas que las ejecutan cuando se ven necesitados de algún cuchillo, u otra cualesquiera herramienta, y no en otro caso; siendo por una parte tampoco ambiciosos, ni avaros que saben partir lo que tienen con sus compañeros con desinteresada libertad"78. La práctica de la borrachera no sólo es patrimonio de los indígenas, sino también de los blancos y mestizos, de modo tal que fue un vicio que se difundió a nivel de todos los grupos sociales en el Perú colonial.

Ahora bien, al margen de estos males sociales, sus pobladores discurren su vida en un ambiente difícil, más aún, cuando se van ubicando en la parte oriental y acercándose a zonas boscosas más tupidas, pero que, sin embargo, contrasta con la descripción algo idílica que hace el Mercurio Peruano de la región que venimos analizando: "Esta grande extensión de tierras despobladas y desiertas, rodeadas de cordilleras, montes, es el quadro más hermoso en donde la naturaleza ostenta sus primores multiplicando los contrastes (T. V: 221). Más cercana a la realidad orográfica y ambiental de Chachapoyas, Moyobamba y Luya es la que nos alcanza un funcionario colonial en 1775 en estos términos: "por aquellos sitios y lugares, que siendo de entradas y vertientes de los Andes, llenos de precipicios y maleza se hacen en tiempos de agua intransitables, porque los arroyos toman caudal de ríos, y éstos salen de la madre perjudicando a los caminantes en sus personas y bienes..." Sin desmerecer la hermosura del paisaje de las afueras de Chachapoyas, la orografía más cercana a la realidad es la que nos presenta esta última versión. Sin embargo sus pobladores se sobrepusieron a esas condiciones difíciles para la vida y con un grado de incipiente desarrollo material y su trabajo creativo, lograron producir y poblar esta vasta región.

Hacia 1775 lo más preciado que se produce en Chachapoyas, Luya y Moyobamba es tabaco, lonas, azúcar y cascarilla, que se cambia o vende en toda la región y Lima como principal mercado, aunque también vía la selva central, se exportaba a Quito. Por estos años (1775), la producción oficial de tabaco en ramas se estimó en 1,500 zurrones que iba directamente a la Administración General, para su consumo a nivel colonial?nacional, más el contrabando que debe haber sido cuantioso, involucró a decenas de pequeños, medianos y algunos grandes productores agrarios; también decenas de arrieros con sus recuas y algunos funcionarios coloniales obtuvieron ingresos provenientes de su relación directa o indirecta con la producción de tabacos en esta región.

Al norte de la ciudad de Chachapoyas, se ubicaba el Curato de Chiliquín y de acuerdo al informe de su cura, las "tierras eran poco fértiles", logrando sus moradores escasamente satisfacer sus necesidades y pagar sus tributos. Por aquí está el pueblo de Yuramarca (lugar o comarca blanca), que tenía un recurso importante para la economía de la región: minas de sal y cuyo propietario fue el referido pueblo. Los pobladores de Yuramarca trabajaban estas minas produciendo un promedio de mil arrobas de sal al año a un precio de 1 real por arroba, suma que les permitía pagar sus tributos. Un poco más al norte, por el pueblo de Olleros, la pequeña agricultura de subsistencia es la característica general, no hay información de la dedicación de los ollerinos a la alfarería, pero sí al acarreo de los tabacos en recuas de mulas, aunque en 1794 la arriería había disminuido por la competencia de los "shilicos" de Celendín.

A 15 km. al sur de la ciudad de Chachapoyas se encontraba el Curato de Levanto con sus anexos Colcamar, Huancas y Sonche y, si nos atenemos a la información del Mercurio Peruano, se fabricaban ollas, tejas, se curtían suelas y se desarrollaba una labor agrícola reducida.

Al oeste de la ciudad de Chachapoyas se encuentra el: "Valle de Jucusbamba o Lamud, al que riega y fecunda un río que pasa por medio de él; por esta razón es el granero de donde se abastece aquella Capital de trigo, cebada, maíz y otras semillas". (Mercurio Peruano T. V: 218). Este es un valle donde existen medianas haciendas y estancias que tienen ganado mular, caballar, vacuno, como Junchilca, cuyo dueño era la familia Gómez Trigoso; la hacienda Tambolic que a mediados del siglo XVIII producía azúcar en base a unos trapiches que tenía y cuyo propietario fue don Juan de Villavicencio. También está por esta zona la poderosa hacienda de Quemia, de la familia Rodríguez de Mendoza, con sus cañaverales y trapiches. La descripción del Mercurio Peruano del valle de Luya coincide con los documentos que se vienen analizando, pues ésta es una región de estancias y haciendas, cuyos propietarios se convierten en las familias más poderosas como veremos más adelante.

Además de la agricultura y ganadería, en Luya también se podía explotar mármoles, alabastros y granitos que se encontraban en las cercanías del pueblo de Conila. También el valle estaba poblado de leones, tigres, erizos y una gran variedad de pájaros y el canchul: " ... que cría a sus hijos en una bolsa separada del vientre..."80. En el distrito de Yamón (norte de Luya), por la zona de Cumba, al borde del río Marañón, llegaba gente de distintos lugares a cortar árboles, incluso las autoridades políticas de la región enviaban indios para hacer balsas que servían para abastecer de víveres, en 1792, a la "... cuarta División de Límites"81.

*Al sur de Luya, se encuentra el pueblo de Balsas: "Puerto Real por donde pasa el Marañón pagando dos reales de flete por cada carga, es resguardo para precaver las extracciones de tabaco, y tienen minas de oro. El calor que allí se experimenta es excesivo, y sus habitantes son indios y mestizos". (Mercurio Peruano T. V: 218). Balsas es un puerto?pueblo estratégico, vía
obligada para conectar Chachapoyas con Cajamarca y Trujillo, por ello no obstante el inclemente calor, viven indios y mestizos que se dedican, en su mayoría, a balseros para transportar a los pasajeros con sus cargas tanto de ida como de vuelta. Aquí también en Balsas son los "shilicos"(Celendín, Cajamarca) los que monopolizan el trabajo de balseros. En lo que se refiere a las minas, nuestro informe dice lo siguiente: "Por lo que hace a las Bocas Minas, que hay en este distrito, no habiendo quien las trabaje, corren en el mismo pie que antes estaban"82 . Entendemos que se encuentran abandonadas.

Al noreste se encuentra Bagua con sus anexos Bagua Grande, Jamalca y otros: "de temperamentos muy ardientes y nocibos para la salud, así los habitantes son unos pocos mestizos y raro el indio, pues cualquiera de ellos que entra, luego muere. Estas gentes son muy dadas al ocio tanto por el sumo calor, como por lo pródigo de la tierra que produce abundancia de plátanos, raíces y carnes con que se alimentan" (Mercurio Peruano T. V: 219). La información documental más cercana a Bagua que se ha encontrado es la de Cumba que hemos reseñado ya. La zona que va del Pongo de Rentema al de Manseriche para estas décadas fue de difícil navegación por el río Marañón, y tenemos la impresión que se encontraba con asentamientos humanos de infieles.

En resumen, la provincia de Chachapoyas produjo una variedad de productos que se originan básicamente en las haciendas, estancias y, complementariamente, en la pequeña propiedad parcelaria. La minería, a excepción de la extracción de la sal, no tiene mayor relevancia, incluso las pocas bocaminas se encuentran abandonadas. Hubo caza y pesca, pero su extracción debe haber estado orientada más al autoconsumo y trueque, pues se han encontrado pruebas documentales que llegaba, a Moyobamba y Chachapoyas, pescado salado de la selva central (Huallaga y Marañón). Los recursos económicos se concentran en la parte central, oeste y sur de la provincia de Chachapoyas, presentándose Luya como el emporio de donde se nutre la economía regional. Azúcar, tabaco, algodón, ganado, son los productos de mayor comercialización y algunos de ellos como el azúcar maximizan los ingresos de hacendados que radicaban, en su mayoría, en la capital. La producción artesanal fue casi inexistente, en especial aquella dedicada a herramientas destinadas a la producción: arados, hachas, cuchillos, azadas, picos, etc. No significa esto que no hubieran artesanos, porque en una ciudad como Chachapoyas se necesitaba de sastres, carpinteros, albañiles, herreros o plateros. Pero por lo reducido del mercado, la industria artesanal no tuvo una considerable producción y por ende el número de artesanos no llegó a ser significativo. Los problemas económicos que tuvo que haber sorteado la industria artesanal en Chachapoyas, se grafica dramáticamente en el platero Manuel de Alcántara que, en 1794, al no poder pagar una deuda de 100 pesos al comerciante Juan José Zubiate, huyó a Cajamarca de donde era natural, falleciendo y embargándose sus bienes en favor de su acreedor83. Pasemos a ver qué se produce en Moyobamba.

 

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78. ALRE. LEA?11?88?A. Caja 16, fs. 6. "Descripción de la Provincia y Misiones de Maynas, hecha por el Sr. Coronel Gobernador, Dn. Francisco Requena, y añadida en varios asuntos por su lugar Teniente en esta Provincia, el Subteniente de Infantería Dn. Juan Salinas Zenitagoya, y lo que le conviene para su adelantamiento en lo Temporal y Espiritual". Don Juan Salinas Zenitagoya es acaso el que menciona Manuel Lucena: "en el portal de la casa de Salinas" (1994: 159) o, el: "Jefe de la falange será coronel y nombramos tal a don Juan Salinas. De la lectura del Acta se desprende que el primer Comandante General del Ejército fue Juan Salinas" (Moncayo 1995: 13 l).
79. ADA. Año 1776, fs. 1 v.
80. ADA. Expediente 1793?1795.
81. ADA. Expediente 1792.
82. ADA. 1794. "Expediente sobre el aumento o disminución de Pobladores de este Partido de Chachapoyas" , fs. 5.

 

 

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