INTRODUCCION
Desde hace algún tiempo me dedico a
estudiar, investigar y publicar trabajos sobre el Perú del siglo XVIII, en forma
especial, los últimos cincuenta años de vida colonial, y mi interés académico es
conocer, en base a documentos de archivos de Lima y departamentales, cuál fue el sector
social que logró hegemonizar en la sociedad colonial peruana. Defiendo la tesis de que
los hacendados, y dentro de ella la nobleza limeña, se erigieron, durante el periodo
colonial y, más específicarnente en los últimos cincuenta años de vida colonial, como
el sector más poderoso social, económica, política y culturalmente en la sociedad
colonial peruana. Este trabajo se enmarca en esa línea de investigación trasladando
nuestro interés académico a la región norteña (costa y sierra), punto de encuentro de
una red comercial enlazada con la región surquiteña. La afirmación de que en Piura los
comerciantes podrían haberse convertido en el sector social más importante desplazando a
los hacendados, se oponía a nuestra tesis. Por ello, el año de 1997 presentamos un
proyecto de investigación a nuestra Universidad, recibiendo su apoyo institucional para
realizar una investigación sobre Piura en los últimos cincuenta años de vida colonial.
En marzo de 1997 estuvimos investigando en los archivos de Piura y Trujillo. En 1998, con
este primer material, ampliamos y profundizamos nuestra investigación sobre Piura en los
archivos de Lima, de manera especial en el Archivo de Límites del Ministerio de
Relaciones Exteriores.
El trabajo sobre Chachapoyas, Moyobamba y Lamas colonial data de más antiguo. En 1994 y
1995 (diciembre), fui invitado por el INC de Chachapoyas al Encuentro Cultural
"Martín Perochena Meza" para sustentar un trabajo sobre la región oriental,
recopilando información documental y bibliografía sobre la región. Estando en
Chachapoyas, y como lo hacemos toda vez que viajamos a provincia, tuve oportunidad de
investigar en el archivo del INC expedientes sobre el siglo XVIII que era lo que me
interesaba. Esta documentación permaneció en nuestro archivo personal hasta 1998, año
en que reinicié, en el archivo del ALRE, el análisis de documentos no sólo sobre
Chachapoyas, sino que amplié el ámbito territorial a la selva nororiental, mundo
novedoso para mí que me obligó a buscar y leer bibliografía sobre el tema. Aunque
siempre convencido de que la investigación en los archivos es el camino correcto para
avanzar en el conocimiento más cercano a la realidad que se pretende descubrir, me hice
de una buena cantidad de información documental. Ya con ello, como se ha dicho
anteriormente, en 1998 comenzamos a confrontar esta información con publicaciones sobre
el tema que nos habíamos propuesto desarrollar: la posición de hacendados y comerciantes
en la costa, sierra norte y ceja de selva y de los misioneros en su relación con las
Naciones selváticas en la región de la selva nororiental.
La documentación demuestra que en el último tramo de la vida colonial peruana, los
hacendados en Piura, Ayabaca, Frías, Huancabamba y Chachapoyas se mantuvieron como el
sector social con mayor poder económico, social, político, militar, eclesiástico y
vecinal. Es cierto que en Piura se observa el declinar de algunas familias de raigambre
hacendaria, pero surgen otras que van ocupando su lugar y, por tanto, como sector social
se mantienen conformando la élite dominante regional. En Moyobamba y Lamas, la presencia
del hacendado es difusa y ello debido a que no se ha logrado ubicar un mayor número de
expedientes en los archivos de Lima, pero con esta información tenemos la convicción de
que aquí también los hombres dedicados al campo conformaron el sector social más
influyente. Más al este, en Maynas, en nuestra selva "misteriosa, peligrosa y
cautivante", no existen hacendados pero sí hay comerciantes que son los misioneros,
quienes pretenden monopolizar el comercio de la selva con la sierra y costa del Perú
colonial. El conflicto que se genera entre el poder temporal, representado por el
gobernador, y el poder espiritual ¾por los misioneros¾ en el control de los ríos, vía
natural para la circulación de la producción selvática y la seguridad territorial, se
hace evidente en la documentación trabajada.
Los comerciantes norteños, en forma especial los de Piura, si bien es cierto que algunos
de ellos lograron adquirir importancia social en base a sus actividades mercantiles, no
pusieron en peligro la hegemonía de los hacendados. Algo más, sólo en la medida en que
los grandes comerciantes ¾y hacemos uso con cierto abuso del término
"grandes"¾ consiguieron insertarse en el agro piurano mediante la compra de
alguna hacienda, estuvieron en condiciones de asimilarse a la élite de los hacendados e
incluso lograr un buen matrimonio. A excepción de don Joaquín Helguero y quizás de
algún otro comerciante, la mayoría no fueron poderosos económicamente. Por las
condiciones altamente burocratizadas del comercio, los comerciantes piuranos dejaron al
término de su vida, deudas por cobrar y muy pocos bienes inmuebles. De igual manera, se
ha podido verificar en la documentación que los comerciantes por regla general contraen
matrimonio al interior de su sector social y muy pocos logran hacerlo con integrantes del
sector de los hacendados.
Más de un lector se va a percatar de la ausencia del campesinado norteño en el
transcurso del trabajo, pero es que el tema central, el hilo conductor, nuestro interés
académico en esta oportunidad ha sido estudiar a los hacendados y comerciantes para
dilucidar quién tuvo más poder. Sin embargo, están también los campesinos, yanaconas,
forasteros, caciques y principales de Piura, Chachapoyas, Moyobamba, Lamas y los
"indios bogas" con sus curacas, capitanes mandones de las naciones selváticas,
por cierto que con un perfil menor, pero su presencia se refleja en los expedientes de la
época.
Quiero concluir expresando mi reconocimiento al personal de los archivos de Piura,
Trujillo, de la Nación y Arzobispal de Lima y, de manera muy especial, al Archivo de
Límites de Relaciones Exteriores del Perú por su trabajo silencioso en beneficio de los
que, en interminables horas de investigación, solicitamos sus servicios archivísticos.
De igual manera, el agradecimiento a mi esposa, Rosa Malca Romero y mi dilecto amigo
Carlos Peña Bustamante por haber leído mis primeros borradores y contribuido, con sus
sugerencias, para el logro de una mejor redacción del libro que hoy aparece en
conmemoración del 448 aniversario de la fundación de la Universidad Nacional Mayor de
San Marcos, mi Alma Mater.
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