Hacendados: cobro de diezmos
Otro rubro de la economía piurana que incrementa y
diversifica los ingresos de los hacendados piuranos, es el cobro de los diezmos
eclesiásticos. Es evidente que cualquier hacendado no podía intervenir en la
"puja" del remate de los diezmos, ya que se requería de respetables capitales y
fiadores solventes que la Iglesia exigía para cautelar sus intereses. Contribuyó a que
fueran los hacendados quienes casi monopolizaran el cobro de diezmos, el hecho de que
tuvieron un mejor conocimiento de la realidad rural piurana y, además, se apoyaron en las
relaciones de dependencia personal con sus campesinos y mayordomos facilitando y haciendo
más expeditivo el cobro de los diezmos.
Dos de las familias más representativas de hacendados se nos presentan como las que
acceden al remate y cobro de los diezmos eclesiásticos de Piura, a fines del periodo
colonial, en la zona norte del Perú: los Valdivieso y los Mesones, ambos con intereses
familiares en haciendas, estancias y tinas. Deben haberse puesto de acuerdo o logrado
cierta coordinación entre ellos para no ingresar en competencia cuando se trataba de
rematar los diezmos, porque no puede ser coincidencia que en algunos años uno de ellos
sea apoderado del otro y viceversa.
En 1807, con ocasión del remate de los diezmos de Piura que se realizaba en el Obispado
de Trujillo, don Vicente Valdivieso, dueño ?entre otras haciendas? de Macará, otorgó
poder a dos prominentes personalidades: al general Diego de Ganoza y a don Tadeo de
Mesones y Solís para que los represente en "la puja" de postores para el remate
de los diezmos de Piura. La Iglesia era muy celosa con relación a la entrega del cobro de
diezmos mediante el remate, pues era uno de los ingresos más importantes para su
funcionamiento como Institución, de modo que cuidaba que la persona en quien recaía el
cobro del diezmo sea solvente y tuviera garantía en "metálico" o en bienes.
Don Vicente de Valdivieso, para acceder en 1807 al remate y cobro de diezmos de Piura,
hipotecó su hacienda de Macará: "con sus ganados, aperos y esclavos que compró en
treinta mil pesos..."21, incluso, demostrando suficiencia económica basada en la
tierra, sostuvo que tenía otras: "haciendas y bienes valiosos".
Los diezmos de Piura de 1809?1812 fueron rematados en 51,000 pesos en don Tadeo de Mesones
y Solís pero en esta oportunidad hubieron problemas para su cobro, ya que los campesinos
de la zona piurana se enteraron que existía una provisión de 1691 por la cual, en
consideración a la pobreza de los "indios", se les permitía pagar el
"veinteno" y no el diezmo, es decir de 20, 1, lo que fue rechazado por Vicente
de Valdivieso a nombre de Mesones. Estos conflictos derivados por el cobro del diezmo y
los riesgos que conllevaba, pues podría desencadenarse una sequía, plagas, epidemias o
inundaciones y, por tanto, la producción disminuyera, el problema era para el diezmero
que tenía que aumentar su exigencia al campesino o de lo contrario pagar el diezmo con su
peculio. La persistencia de los hacendados diezmeros, nos inclina a concluir que, no
obstante la serie de dificultades, fue beneficioso para ellos cobrar los diezmos. En 1775,
por ejemplo, don Luis de Mesones y la Portilla, dueño de la hacienda Cachiaco, fue
diezmero e, incluso, personas de la Audiencia de Quito, postularon al cobro del diezmo,
como es el caso de don Guillermo de Valdivieso y Valdivieso, vecino de Loja, que entregó
un poder a Guillermo Garcés para que lo represente en el remate de los diezmos de
Ayabaca, poniendo 4,345 pesos de garantía.
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21. ALRE. PIN-33, C. 441, año 1807, fs. 63 v.
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