1. DEMOGRAFIA Y
PRODUCCION
El Partido de Piura ubicado al norte, formó parte de la
Intendencia de Trujillo afines de la Colonia y, de acuerdo a la información poblacional,
fue la región más poblada del virreinato peruano:
INTENDENCIA DE TRUJILLO ? POBLACIÓN
1797 230,967
1812 268,147
Restrepo, de manera didáctica y precisa describe de esta
manera la región de nuestro estudio: "La provincia de Piura ?limítrofe con el
obispado de Quito? se extendía por el sur hasta la provincia de Saña, por el sureste
hasta la de Huambos, al este hasta la de Jaén y al norte hasta la de Loja. Ocupaba una
superficie aproximada de 40,000 km2, la más grande sin duda de la diócesis. La ciudad
más importante era Piura, centro comercial fundamentalmente por el puerto de Paita, vía
mercantil hacia Lima y Guayaquil. En la zona montañosa de la provincia estaban los
pueblos de Frías, Huancabamba y Ayabaca, puntos claves de la comunicación terrestre con
Quito y Santafé." (1992 T. I: 54). Con relación a la ciudad de Piura manifiesta
ser: "la ciudad más poblada [ ... ] ?núcleo comercial? con más de 10,000
habitantes" (ibid.: 171). Sin embargo, tiene que haber sucedido algún hecho que haya
motivado una sensible disminución de su población: 7,203 habitantes en 1793 y 6,000 en
1814. De todas formas en la ciudad de Piura se concentró el poder económico, social y
político como capital de la región.
A principios del XIX, se observa en el Partido de Piura una interesante distribución de
su población, ya que una ciudad serrana como Ayabaca emerge más poblada que la capital
y, algunas otras, tanto en la costa como en la sierra, albergaron una población
respetable para la época, como puede apreciarse en el informe presentado por el vicario
Tomás Dieguez:
Independientemente de un relativo equilibrio y distribución de la población piurana,
también en esta región norteña hay una recuperación demográfica que coincide con la
del Perú colonial y que se enmarca dentro de la tendencia a nivel mundial. Me atrevería
a afirmar que el incremento poblacional en Piura, es uno de los más sostenidos y de mayor
incremento, ya que en 1814 alcanzaba una población de 60,612, cuando en 1785 llegaba a
44,497 como se aprecia en el siguiente cuadro:
Como puede observarse en el cuadro precedente, la población indígena representaba el
55,6% de la población total, aumentando su participación en la sierra donde, sin temor a
exageraciones, debe estar bordeando en algunas zonas, el 70%. El mestizaje coincide con la
media a nivel nacional que está sobre el 20%; en cambio, llama la atención el
considerable número de pardos libertos que alcanzan el 12% y significan casi 6 veces más
de los esclavos que apenas representan el 2% de la población total en Piura. El
incremento poblacional y la distribución por castas se mantiene similar en Piura a
principios del siglo XIX como se demuestra en el siguiente cuadro:
Entre 1785 y 1807 existe un incremento poblacional bruto de 10,934. Esta tendencia es
indetenible, pues en 1817 la población de Piura se estimaba en 60,000 habitantes. Para la
época y las condiciones de desarrollo, ¿es considerable la población que alberga la
región norteña?. No si lo comparamos con la ciudad de Lima, que tiene entre 55,000 a
60,000 habitantes, es decir, toda la población de Piura que abarcaba una extensión de
40,000 km2. Obviamente Lima fue la capital del virreinato más poderoso de América del
Sur, pero Piura fue una ciudad que, para la zona y su posición estratégica, resultaba
una mini?urbe que debe haber estado entre las 10 ciudades más pobladas del Perú colonial
a principios del siglo XIX.
Piura, en la que incluimos el actual Tumbes por el norte y Saña por el sur, tiene un
territorio extremadamente disímil: una costa con un desierto como el de Sechura que es el
más seco de todo el Perú, y también una sierra benéfica en comparación con las altas
cordilleras del sur o centro de nuestra serranía. Cruzado por dos importantes ríos, el
Chira de agua permanente, y el Piura de cauce anormal, con lluvias torrenciales cada
cierto tiempo y seguida de prolongadas sequías, frente a este hábitat difícil la
población piurana se sobrepuso y obtuvo su subsistencia desde tiempos inmemoriales. Sin
embargo los actos depredadores del hombre sobre la naturaleza piurana han significado en
la actualidad una sensible disminución de su flora y fauna, como se puede constatar con
una nota del Mercurio Peruano a fines del siglo XVIII cuando, redescubriendo el Perú,
anunciaba que : "En ningún país de este Reyno se conocen con tanta abundancia los
lagartos, a que llaman caimanes, como en los ríos de este Partido, particularmente en el
de Chira." (T. VIII: 200). Este informe de 1792 coincide en líneas generales con el
que hizo en 1760 el obispo de Trujillo Francisco Javier de Luna Victoria, cuando informaba
lo caudaloso que era el río Chira "en cualquier tiempo", llamando la atención
que no existía puente y que para cruzarlo, tenía que utilizarse balsas, pues era
imposible hacerlo a nado por los lagartos y otros animales anfibios que eran:
"sumamente voraces ... "1. Hoy están en extinción...
El caudal de los ríos en la región norteña está en relación directa con el ciclo de
lluvias que se descargan en la sierra e incrementan asombrosamente su caudal cada cierto
tiempo. Las "torrenciales lluvias" que se vierten sobre el territorio norteño
peruano, han sido registradas por los contemporáneos de aquellos tiempos y se encuentran
en los documentos notariales, juicios contenciosos, informes y descripciones. Lo que hoy
se conoce como "Fenómeno del Niño", ya era conocido por nuestros antepasados
aunque no con esta denominación: "En cuanto a las lluvias, se observa en los valles
una particularidad digna de tratarse, y es que suelen escasear en seis, ocho o diez años;
más todo lo que se detienen en venir, se aumentan cuando llegan. Son tan abundantes que
corren ríos por las calles de los Pueblos, inundando los campos, fundan en su copiosa
humedad aquellos moradores su riqueza" (Mercurio Peruano, T. VIII: 168). Las lluvias
piuranas son una constante que siempre está en la mente y en el quehacer económico de
sus habitantes. Nadie puede substraerse a ella, pues de las lluvias depende en gran medida
la bonanza o ruina de sus moradores. Joaquín Helguero, prominente comerciante piurano de
principios del siglo XIX, en un informe escribía al respecto: "las lluvias son
contingentes, y cuando repiten en uno, dos o tres años escasean en ocho, nueve y aún en
once años como se ha visto desde el noventaiuno hasta el pasado de ochocientos dos"
(J. de Helguero 1984: 9).
Es evidente que este régimen de lluvias tan impredecible, influía para que los
hacendados, campesinos parceleros, comerciantes e industriales tuvieran dificultades en
planificar sus actividades económicas, pues estaban fuertemente supeditados al régimen
anormal de lluvias que traía años de bonanza económica, así como dificultades y aun
quiebras. El testimonio de Miguel Serafín del Castillo ?de prominente familia hacendada
piurana- dueño de las haciendas Somate y Guangalá es ilustrativo, pues en un escrito
dirigido a la autoridad política describe bastante bien la situación desesperada en que
se hallaba debido a la falta de lluvias: "hace algunos [años] que se halla casi
arruinada de todos sus ganados; único fondo de ella, porque la escasez de lluvias que
hemos experimentado en muchos años, ha aniquilado en toda la Provincia todos los
animales.."2. En consideración a su situación del Castillo logró la rebaja del
impuesto del Cabezón: 18 pesos para su hacienda Somate y 10 pesos para Guangalá.
Agreguemos que del Castillo, para cimentar su pedido, presentó algunos respetables
testigos: Manuel Farfán de los Godos, quien declaró que desde hacía 12 años no había
lluvias en Piura; lo mismo dijo Juan Castro Rodríguez, Protector de los Naturales de
Piura, que él, como conocedor del campo, estaba en condiciones de afirmar sobre "la
decadencia en que han venido todas las haciendas ...".
Pero no sólo sequías prolongadas, lluvias torrenciales periódicas y devastadoras sufre
intermitentemente la zona norte del Perú, sino también se ha podido registrar, a
principios del siglo XIX, un fuerte terremoto. En un informe llevado acabo para desagregar
algunos territorios pertenecientes a Piura, don José Cavada escribía que Piura:
"acaba de padecer grande ruina en sus edificios con el terrible terremoto que se
experimentó en la mañana del día primero de febrero del año presente (1814)
..."3. Los piuranos en base a su trabajo, coraje y decisión, supieron superar los
embates periódicos de la naturaleza. Hacendados, campesinos, comerciantes sean éstos
blancos, indios, mestizos, pardos o mulatos, discurrieron su existencia en esta parte del
Perú sustentando su economía básicamente en actividades agropecuarias. La tierra se
convierte en la base económica para los piuranos, destacándose la gran propiedad
hacendaria ?en la costa y en la sierra? como el predominante, subordinando a las otras
formas de tenencia de la tierra, sea ésta parcelaria, de comunidad o mediana propiedad
privada. Los autores que han trabajado la realidad piurana, no pueden dejar de mencionar
la presencia decisiva de la hacienda en la vida cotidiana de sus pobladores.
La hacienda costeña, y presumimos que también la mediana y pequeña propiedad, van a
especializarse en el cultivo del algodón que: "se produce en aquel territorio, como
la maleza en los campos, venden mucho en rama para Loja, Cuenca y otros lugares de las
partes de Quito" (Mercurio Peruano, T. VIII: 225); Restrepo recoge una opinión
similar: "Otro producto de importancia fue el algodón caracterizado por su alta
calidad, especialmente el de Piura y el de Saña" (T. I: 74). En efecto, es el
algodón "la sangre" que vivifica las expectativas económicas de hacendados,
medianos y pequeños propietarios de la tierra piurana.
El otro sector productivo bastante lucrativo y fuertemente vinculado con la hacienda o
estancia, fue la producción de jabones y cordobanes que dependieron del ganado cabrío.
Para algunos autores, es en este sector donde puede encontrase el motor de su economía
(S. Aldana 1992: 10). También la crianza de mulas que sustentó el comercio al sur del
Ecuador y Lima, hizo también imprescindible este rubro: "reputándose por las mulas
más finas y mejores del Perú" (Mercurio Peruano, T. VIII: 226). La existencia de
piaras de mulas en el medio rural y urbano se convierte en cotidiano, aunque con mayor
énfasis en la sierra piurana como lo hace saber una autora: "Por su parte, el grueso
de los que se dedicaban a la cría de mulas estuvieron establecidos en la sierra aunque
también hubo alguna hacienda como Tangarará que se dedicaba a la reproducción de sus
animales de carga" (S. Aldana 1988: 25). Y es que el continuo trajín de mercaderías
piuranas con destino al sur del Ecuador, norte del Perú y Lima, hizo necesaria la
existencia de grandes cantidades de mulas, pues sin el concurso de éstas, no podía
funcionar la distribución de la producción piurana.
Otro componente de la economía piurana y que aún permanece en la penumbra, es la crianza
de burros que es habitual verlo en los pueblos piuranos. Partiendo de la tesis de que la
región piurana buscó ser autosuficiente en mulas, es obvio que sus pobladores tuvieron
que incentivar la crianza de "burros hechores" para utilizarlos en el cruce con
las yeguas y así obtener mulas. En varias haciendas se hace mención a la presencia de
burros hechores, lo que nos permite afirmar la importancia que se daba a estos equinos,
así por ejemplo la hacienda Máncora en 1799 registraba 30 "burros hechores".
De igual manera es importante la cascarilla que se producía preferentemente en el sur de
la serranía del Ecuador, aunque también: " ... se da en el cerro de Paraton en la
Doctrina de Guarmaca; en Sondor anexo de Guancabamba, se produce igualmente, y aunque en
estos lugares vale seis pesos la arroba, en Piura cuesta ocho" (Mercurio Peruano, T.
VIII: 208). De modo similar también el añil es un producto comercializable; los
aguardientes de caña así como la chicha de maíz se producía en cantidades moderadas e
ingresaban al circuito comercial norteño. El pago en especies de los diezmos
eclesiásticos a fines de la Colonia (1801) puede darnos una aproximación de la
producción agropecuaria piurana: "ganados de castilla, trigo, cebada, maíz,
frejoles, arroz, garbanzo, habas, papas, quinua, muño, coca, sollocos, chochos, ganados
mayores y menores, pollos, gallinas, cuyes, azúcar, queso, raspaduras, mieles, aceite,
aceituna, frutas, alfalfa, semilla de alfalfa, panca de maíz, oro, plata, perlas, piedras
preciosas, etc." y que se refleja en la elevada participación del sector
agropecuario en la producción total de Piura:
¿Es considerable la producción piurana a principios del siglo XIX?. No es significativa
pero se tiene que considerar que Piura sólo contaba con 55,000 habitantes para una
superficie de 40,000 km2. Podrá argüirse que falta incluir aquí la producción que
proviene de otros lugares: el sur ecuatoriano, Lima o Cajamarca e, incluso, el contrabando
que estuvo bastante difundido en algunos productos como el tabaco, el algodón, la
cascarilla, que no ingresa a las cifras "oficiales". De todas formas, la
producción que nos alcanzan los contemporáneos como don Joaquín Helguero, de Ayabaca,
no demuestra una alta productividad de la zona: " ... es de sesenta leguas de
circunferencia, y en ellas treinta y dos haciendas propias de españoles, vestida de
ganados vacuno, yeguarizo, ovejuno y cabrío, de trapiches y cañaverales, y el comercio
que se hace de sus productos excede el valor de sesenta mil pesos anualmente" (J.
Helguero 1984: 19?20). Puede servir de comparación lo que producían otras zonas
contiguas a la piurana por estos años, para darse cuenta que no fue considerable la
producción de Piura a principios del siglo XIX:
Los números no engañan y son de una contundencia clara que demuestran la debilidad
económica de Piura frente a sus vecinos, pero ello no debe atribuirse a una menor
capacidad de trabajo, sino principalmente a los menores recursos económicos que proveía
la naturaleza a los piuranos de esa época. Lambayeque, con 35,382 habitantes, y
Huamachuco, con una población similar a la de Piura, producía la primera, 90% más y
400% la segunda.
No obstante esta menor producción en Piura, la riqueza provenía del sector agropecuario
e, incluso, la industria estuvo fuertemente subordinada a la hacienda?estancia, deviniendo
los hacendados estancieros en el sector social que hegemonizó en la región. Aferrados a
la tierra, con excelentes redes familiares que abarcaban la Audiencia de Quito, con
diversas actividades económicas que acrecentaban sus ingresos y con el control del poder
político como corregidores, subdelegados o miembros del Cabildo, se convirtieron en la
élite dominante regional.
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1. ALRE.PIE-4.C.444,1760,fs.68.
2. ALRE.PIRA 32,C.340, año 1803,fs.1.
3. ALRE. LEA12-52. C.031, año 1814, fs.8.
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