Comercio: Piura-Panamá-Cartagena
La documentación de los archivos de Piura y Lima, en el
periodo colonial tardío, demuestra que el comercio Piura?Panamá se mantuvo hasta los
años previos a la proclamación de la independencia. Sin embargo, la tesis del
debilitamiento de los lazos comerciales entre Panamá?Lima en la que estaba incluida Piura
es pertinente citarla para situar nuestro estudio. Susana Aldana, reconocida estudiosa de
la región de Piura escribe: "[ ... ] y que es verdad lo que señala Walker (1979:
137) que en los veinte y cinco años que hay entre 1696 y 1720 ?toda una generación? los
comerciantes limeños negociaron sólo una vez con Portobelo" (1992: 29); aunque se
refiere a una parte del comercio Panamá?Lima, a similar conclusión llega Cristina A.
Mazzeo: "el tráfico negrero por la ruta Panamá?Callao nunca se interrumpió, a partir del s. XVIII fue languideciendo a medida que la ruta continental,
en especial por Buenos Aires (desde 1713), adquirió mayor importancia." (1994: 169).
Independientemente de este declive macro-comercial, las pruebas documentales de los
archivos demuestran que el comercio Panamá-Piura, y viceversa, se mantuvo vigente hasta
principios del siglo XIX.
Panamá y Cartagena, se encuentran presentes en la vida cotidiana de Piura con la
introducción de esclavos a cargo de comerciantes de esas ciudades. No conocemos en
detalle el flujo del comercio Piura?Panamá-Piura, pero la presencia de comerciantes
panameños residentes en Piura que representaron los intereses de los "factores"
de venta de esclavos y "ropa de Castilla", de Panamá y Cartagena, nos demuestra
el activo comercio que se mantuvo entre ambos lugares. En 1766 residió en Piura don Luis
de la Barrera y Dávila, apoderado de los intereses negreros de la marquesa de Valdehoyos,
doña Francisca de Miranda vecina de Cartagena22. La documentación demuestra que Panamá
y Cartagena se mantuvieron como proveedores de esclavos para la región norteña del
Perú, vía Paita?Piura, redistribuyéndose de aquí al sur de la Audiencia de Quito y la
sierra piurana (Ayabaca, Huancabamba). En Piura residían, en el siglo XVIII, otros
comerciantes panameños que mencionaremos más adelante en la medida que lo justifique el
avance del presente trabajo.
Lima siempre fue proveedor de esclavos hacia Piura, sin embargo también vinieron de
Panamá. En Piura, por ejemplo, se ha encontrado las etnias africanas cancán y congo
solongo que debe ser raro ubicarlas en Lima, lo que nos inclina a deducir que hubo una
relativa autonomía del tráfico negrero Panamá?Piura a fines del siglo XVIII23,
convirtiéndose en el gran dinamizador esclavista del mercado surquiteño y norperuano.
Las notarías piuranas registran un buen número de contratos de compra?venta de esclavos,
que reflejan la vitalidad económica del sector social hacendario y que se corrobora en
los testamentos donde aparecen los esclavos como domésticos, en donación a otras
personas, librándolos "por sus buenos servicios", como dote, como trabajadores
en las tinas o esclavos de las haciendas, además de otras actividades. A manera de
muestreo presentamos las siguientes compra-venta de esclavos: en 1751 don Manuel Zorrilla
compró un mulato de 22 años al sacerdote Carlos del Castillo, albacea de Pedro Palacios
y María del Castillo; en 1766 Diego Farfán de los Godos pagó por dos esclavos bozales
900 pesos; en 1810 Diego Farfán de los Godos (hijo), compró 4 esclavos bozales a José
Raygada quien los había comprado en Lima a Pedro Sorondo; ese mismo año, Manuel Camino
compró una zamba esclava a Bárbara de la Rocha; en 1813, Fernando Seminario y Mercedes
Sánchez Navarrete, segunda esposa de Miguel Serafín del Castillo, vendieron tres mulatos
a José Ramos Castillo. Los casos se tomarían interminables demostrando la vitalidad del
mercado negrero piurano en los últimos cincuenta años de vida colonial.
El comercio de esclavos en Piura a fines de la colonia provino de Lima, Trujillo,
Guayaquil, pero también de Panamá, demostrándose que, no obstante la apertura de Buenos
Aires, el comercio negrero y los lazos comerciales con el Caribe se mantuvieron vigentes.
En 1797 el subdelegado de Piura, don Joaquín Rosillo y Velarde, compró un esclavo a
Francisco Calonge, representante de Antonia Carrasquilla de Panamá. Este aspecto merece
un comentario adicional. Partiendo de nuestra realidad colonial, llama poderosamente la
atención que fuesen mujeres grandes negociantes de esclavos en el Caribe. En Cartagena,
la marquesa de Valdehoyos y en Panamá, Antonia de Carrasquilla. No se descarta que puedan
haber otras mujeres involucradas en la trata de esclavos en la zona del Caribe; aquí en
el Perú colonial, hasta la fecha, no se ha podido demostrar, documentalmente, la
participación de mujeres en la trata en grande de esclavos, cierto que podían vender y
comprar previa autorización de sus esposos si eran casadas, pero lo hacían,
generalmente, por unidad y no al por mayor. Aunque la realidad supera la teoría, no se
puede descartar que "alguna mujer" en el Perú colonial pueda haber sido una
"mayorista negrera".
El hecho que comerciantes panameños residiesen en Piura y representasen a comerciantes
del Istmo, nos demuestra que el comercio con Piura no colapsó, siguió contribuyendo a
surtir de mercaderías a la zona norte peruana y sur quiteña manteniendo relativamente
estables los precios. La oferta de esclavos de Panamá mantuvo en Piura precios similares
al mercado limeño durante cincuenta años. Esclavos varones jóvenes, sin vicios, en
Piura, tienen un promedio de 450 a 500 pesos y las mujeres, 400 a 450 pesos, similar a
Lima. Es decir, tanto los esclavos procedentes de Panamá como de Lima, se cotizaron de
manera similar en Piura a pesar del tiempo que transcurre24.
El comercio de esclavos de Panamá a Piura, formó parte de los lazos comerciales que
unieron a ambas ciudades, pero no debemos sobredimensionarlo ni asignarle un gran
movimiento de capitales, pues Piura se caracterizó por albergar en su territorio pocos
esclavos, como lo demuestran los padrones de las haciendas, tinas y los censos de los
últimos 50 años. Las grandes haciendas piuranas tuvieron un promedio de 20 a 30
esclavos, es decir, 10 veces menos de los esclavos que tuvieron las haciendas de Cañete o
Pisco a fines del siglo XVIII (A. Reyes Flores 1983: 128). De todas maneras, la
compra-venta de esclavos en Piura mantuvo una parte del comercio con Panamá.
Además de los esclavos, de Panamá llegó "ropa de Castilla" y otros productos
para surtir el mercado piurano, movilizando dinero o compromisos de pagos. En 1810 estando
por viajar a Panamá por motivos de negocios don Pedro León y Valdés, el más poderoso
hacendado piurano, don Francisco Fernández de Paredes, dueño de la hacienda de
Tangarará, le extendió un poder por 8,000 pesos para la compra de mercaderías,
comprometiéndose a cancelarlo en 8 meses25. Este aspecto bien merece explicación. Don
Francisco Fernández de Paredes procedió a realizar compras por 8,000 pesos en Panamá,
lo que podría inclinarnos a afirmar que era un comerciante, pero en el documento
otorgando poder, aparece como "hacendado", y no como "comerciante",
por lo que su identificación con la tierra se sobreponía a cualquier otra actividad
mercantil que ocasionalmente pudiera realizar; y, en la hipótesis de que en efecto fuera,
además de hacendado, comerciante, tenemos el convencimiento de que tanto él como la
élite piurana tuvieron una cierta aversión en declarar ser "comerciantes". De
este comportamiento están excluidos los piuranos que se dedicaron al comercio como única
actividad económica, como don Joaquín de Helguero Gorgoya, Gregorio Espinoza de los
Monteros, Francisco Trelles y otros que sí aparecen en los documentos como comerciantes.
Lamentablemente no se especificó qué mercaderías mandó comprar en Panamá Fernández
de Paredes. ¿Compró para vender, o para surtir sus haciendas? No se ha ubicado más
pruebas que demuestren que Fernández de Paredes se dedicaba al comercio, por lo que
deducimos que periódicamente compraba mercaderías en Panamá y que fue,
fundamentalmente, un hacendado, dedicándose circunstancialmente a actividades
mercantiles, salvo que se demuestre lo contrario documentalmente y no en base a
"pareceres".
De todas formas, la importante transacción comercial realizada por Fernández de Paredes
demuestra la vitalidad y vigencia del comercio Piura?Panamá, no obstante el crítico año
de 1810, cuando la guerra por la independencia americana ingresaba a su recta final y
8,000 pesos no eran poca cosa en ninguna parte del Perú colonial. Significaron dos
tercios del giro comercial que exigió el poderoso Tribunal del Consulado de Lima para
admitir a un comerciante como miembro.
Independientemente de que los hacendados se dedicasen ocasionalmente a actividades
mercantiles, hubo un comercio de retorno de Piura hacia Panamá, porque los barcos no
podían regresar vacíos. Uno de los productos que más se enviaba a Panamá con destino a
España, sin necesidad de pasar por Lima, fue la cascarilla: "La de mejor calidad se
obtenía del Corregimiento de Loja. Los comerciantes piuranos la acopiaban en haciendas o
en las casas tinas de la ciudad, desde donde las enviaban a la capital (S. Aldana 1988:
52)" en (Cristina Ana Mazzeo 1994: 137). Aunque la autora citada por Mazzeo dice
"generalmente" (S. Aldana 1988: 52), sí hubo un comercio directo Piura-Panamá
sin la intermediación de Lima, incluso en plena vigencia del monopolio comercial. En 1751
residía en Piura don Bernardo Ruiz y Noriega, factor del asiento de negros de Tierra
Firme (Panamá), realizó un contrato con el comerciante piurano Francisco Trelles para
que éste le venda "toda la porción de cascarilla de Loja de buena calidad y limpia
de polvo", puesta en el puerto de Perico, Panamá, obligándose a pagar 2 y medio
reales por cada libra en mercaderías de Castilla, asegurándose ambos que, tanto la
cascarilla como las mercaderías, serían de buena calidad, de lo contrario, el infractor
pagaría en dinero26. En este caso no existió ninguna intermediación de comerciantes
limeños, el comercio Piura?Panamá se realizó en forma directa, sin solicitarse permiso
o autorización de nadie, simplemente Trelles (Piura), y Ruiz (Panamá), decidieron
celebrar un contrato y punto. También se vendió cascarilla en forma directa a Acapulco,
por parte de los productores y comerciantes piuranos a fines del siglo XVIII, sin la
intermediación de Lima.
Otra modalidad del comercio Piura?Panamá, la encontramos con la presencia de algunos
comerciantes y capitanes de barcos mercantes que trasladaron productos piuranos a
distintos lugares del Perú para su venta, realizando un comercio de cabotaje. En 1809 don
Vicente Valdivieso y Torres, influyente hacendado piurano, hizo entrega de un lote de
algodón para su venta en Lima al capitán y comerciante panameño don José Lequina,
dueño del bergantín "La Única", pero, motivos atribuidos al "mal
tiempo", obligaron a Lequina a desembarcar en Pacasmayo donde: "viendo que nadie
me compraba ?argumentó? he tenido que dejar fiado a varios sujetos como a don Vicente
Goyburo, a su suegro y a otros de Trujillo hasta el mes de enero en que [decía] tengo
determinación de pasar carga de madera de Guayaquil para Trujillo, pues tengo contrato
con Miguel de Olavarría"27. El problema fue que Lequina no cumplió, y Valdivieso
nombró como apoderado a José Prieto, comerciante de Panamá, para que procediese a
cobrar a Lequina la suma de 960 pesos importe del algodón. Lo interesante es que Lequina
en su bergantín "La Única", estuvo haciendo el trayecto Panamá, Guayaquil,
Paita, Pacasmayo, Lima, vendiendo y comprando productos, manteniendo el comercio entre
Panamá, Piura y Lima en las postrimerías del periodo colonial, desvirtuando las
aseveraciones de una casi desaparición del comercio procedente de Panamá. Algo más, don
Vicente de Valdivieso y Torres, en su relación con Lequina, lo que hizo fue vender
algodón producido en sus haciendas, y no por realizar esta transacción podemos
considerarlo como comerciante, más aún cuando en la documentación siempre aparece
declarando ser hacendado.
Las relaciones mercantiles entre Piura y Panamá se mantuvieron hasta bordear nuestra
independencia (1821) y, tenemos la convicción, aunque ello escapa al periodo de nuestro
trabajo, que se mantuvo más allá. En 1813 ubicamos a don Vicente Orzais declarando que
don Manuel Iturralde, de Panamá, le era deudor de 1,900 pesos. Y es que Panamá necesitó
productos de Piura como harinas, ropa de la tierra, jabones, cordobanes, fáciles y
económicos de ser transportados de Piura y por ello, no obstante la apertura de Buenos
Aires, el comercio Panamá?Piura se mantuvo.
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24. ALRE. PIN-23. C. 437 año 1766, fs. 195 v. y ARP.
Escribano Agustín del Solar. Leg. 119, año 1810, fs. 102.
25. ARP. Escribano Agustín del Solar, leg. 119, año 1810, fs. 3 v.
26. ALRE. PIN? 18. C. 436, año 1751, fs. 181
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