Comercio: Piura - Lima

 

Lima concentró todo el poder durante el largo periodo colonial. Ninguna de sus provincias pudo aspirar a desarrollarse autónomamente ni desligarse de la influencia limeña. No parece correcto afirmar que los diferentes circuitos comerciales que se estructuraron haciendo surgir una élite de familias lugareñas, con intereses económicos sociales localistas, estuvieron en condiciones de desarrollar un proyecto regionalista y oponerse al poderío limeño. Esto no pasó de buenas intenciones, porque lo real y concreto fue que Lima siempre estuvo presente en los actos cotidianos que tuvieron que adoptar los sectores sociales provincianos.

Piura no estuvo al margen de esta realidad y por su posición estratégica, producción y comercio, se vinculó a Lima a través de los residentes limeños. Cierto que algunos capitales de inversión se generaron en la propia región norteña, así como buena parte de la producción se consumió aquí, pero, para aumentar las ganancias de los productores, se hizo necesario ingresar al mercado limeño, lo que significó ampliar su comercio a nivel nacional, e incluso mundial, vía el puerto del Callao. Para conseguir maximizar las ventas y ganancias, insistimos, Lima entró en los planes económicos del sector de productores y comerciantes piuranos en los últimos años del periodo colonial. Comerciantes de Lima como Elizalde, Gárate, López, Larreta, Polanco, Revoredo, se encuentran vinculados con comerciantes y productores piuranos en estas décadas. En 1802, el hacendado don Vicente de Valdivieso y Torres tenía considerables intereses económicos en Lima, pero su gestión le resultaba difícil, por lo que otorgó poder notarial a José de la Piedra, de Lima, para que cobre 20,000 pesos a un destacado comerciante limeño, don Bautista de Gárate (Cónsul del Tribunal del Consulado en 1793 y Prior en 1807), y a don Agustín y Bartolomé Vivanco 16,000 pesos34. Lamentablemente, el documento no menciona cuál fue el origen de la deuda de Gárate y de los Vivanco, pero se puede deducir, de acuerdo a los antecedentes de Valdivieso, que un gran porcentaje de la deuda provino de la venta de algodón de la hacienda Macará, cordobanes y jabones de su tina. Hay que destacar que las ventas de Valdivieso al mercado limeño deben haberse realizado cuando la región norteña estaba pasando una terrible y larga sequía (1791?1802). ¿Qué mecanismos utilizó Valdivieso para mantener la producción en sus haciendas?, ¿acaso hizo uso de agua subterránea?, ¿o Valdivieso tuvo que sacrificar su ganado cabrío ante la posibilidad que se muriese por falta de agua? Son interrogantes para las que no encontramos respuesta apoyada en documentos. ¿Cómo entender que, en plena sequía, Valdivieso siguiera manteniendo un fluido comercio con Lima?... La vinculación con Lima se mantuvo, pues en 1810 don Vicente Valdivieso otorgaba poder a Justo Zumaeta "Procurador del Número de la Real Audiencia de Lima", para que lo represente en los juicios que tenía pendientes35. Hacían lo mismo don Gregorio Palacios y González al comerciante Juan Pardo (Lima), don José Sánchez Navarrete a José Pío Navarrete (Lima). Los litigios en apelación, mayoritariamente tuvieron un trasfondo económico y se sentenciaron en Lima, por ello el otorgamiento de poderes en la capital.

Precisamente en 1802, Fernando y José Victorino Seminario y Jaime, integrantes de la élite piurana, tuvieron problemas con las haciendas Malingas y Sancor que habían comprado por remate. El proceso judicial, en apelación, fue derivado a Lima, dando lugar a que los hermanos en mención nombrasen como apoderado a José Miguel del Castillo, abogado de la Audiencia de Lima y descendiente de la familia del Castillo Velásquez Tineo36. Fernando Seminario estuvo afrontando un proceso a raíz de una demanda planteada por el monasterio del Carmen de Trujillo sobre la validez del remate de la hacienda Malingas donde había invertido 12,500 pesos; por su parte, José Seminario y Jaime, quien había conseguido el remate a su favor de la hacienda Sancor (distrito de Yapateras), tenía problemas relacionados con unos censos invertidos en la propiedad. Y estos problemas se solucionaban en Lima.

La élite piurana necesariamente nombró apoderados en Lima para que defiendan sus intereses, por lo que puede deducirse que los apoderados, en algunos casos, fueron sus familiares residentes en Lima. Además de del Castillo, aparece con cierta regularidad don Pío Navarrete, representando a José Sánchez Navarrete; José Fernández de Paredes y Noriega, en representación de Francisco Fernández de Paredes. Pero también hay apoderados que no parecen tener mayor vinculación familiar como Joaquín Suarez, por Joaquín de Helguero y Gorgoya; Juan Pardo, comerciante de Lima, por Gregorio Palacios y González; Pedro Altuna, por Antonio Palomino, comerciante y sargento de la compañía de milicianos de caballería de Tambogrande (1813), etc. En resumen, la vinculación de Piura con Lima, vía apoderados que defienden en juicios intereses básicamente económicos, se mantuvo hasta el final del periodo colonial. Sin exagerar, podemos afirmar que la aspiración de todas las élites provincianas fue residir en Lima, porque ello significaba estar al lado del poder, insertarse, si era posible, en el sector social que hegemonizó la sociedad colonial peruana: la nobleza limeña terrateniente rentista. Así por ejemplo, en 1799 residía en Lima doña Josefa Sagarnaga y que arrendaba por poder su hacienda Parales (Tambogrande) a Juan y José Zapata por 700 pesos
anuales a 9 años; también reside en Lima en 1802 el comerciante don Baltazar Ruiz Martínez, que había sido Alcalde de Piura en 1779; de igual manera, en 1815 vive en Lima doña Josefa Irarrazabal, viuda del coronel Francisco Carrión y Merodio, ella, haciendo uso de su derecho, donó a su sobrina Mercedes Carrión, esposa de Manuel Carrasco, un solar ubicado en la ciudad de Piura 37 . Este éxodo de connotadas familias piuranas con destino a Lima se mantuvo en el siglo XIX.

 

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33. ARP. Escribano Antonio del Solar, año 1818, fs. 274 v.
34. ARP. Escribano Antonio del Solar, año 1802, fs. 245.
35. ARP. Escribano Agustín del Solar, leg. 119, año 1810, fs. 336.
36. ARP. Notario Agustín del Solar, año 1802, fs. 26869.
37. AGN. Notario Ignacio Ayllón, 24, año 1815, fs. 1627.

 

 

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