Epílogo


La década pasada significó para el Perú años de grandes infortunios: corrupción, erradas decisiones políticas, autoritarismo a todo nivel, entre otras calamidades conocidas. Es en este contexto que, dentro de la concepción económica del neoliberalismo, se inicia el proceso de privatización de empresas estatales. El sector de hidrocarburos no fue ajeno a esta ola del mundo globalizado. Se inició entonces la transferencia de las filiales y unidades de Petróleos del Perú S.A. (PetroPerú) que, ante las críticas de muchos sectores de nuestra sociedad y la falta de una clara política de desarrollo de los recursos naturales no renovables, se hizo de forma fragmentada.

Sin embargo, a pesar de la forma como se privatizó, PetroPerú ha sido considerada por los ingresos generados como la empresa líder de la economía peruana entre 1999 y el 2001. A pesar de la transferencia de sus filiales y unidades al sector privado, PetroPerú —reducida a las refinerías de Talara, Conchán, Iquitos, El Milagro, al Oleoducto Norperuano y a las plantas asociadas— es la primera empresa peruana en cuanto a la generación de ingresos y en cuanto a contribución fiscal.

Es necesario, por todo ello, que el Estado asuma una posición racional y crítica del proceso total. Las cifras están más allá de cualquier interpretación política. PetroPerú debe excluirse del proceso de promoción de la inversión privada para impedir las concertaciones oligopólicas que afectan al consumidor. Asimismo, lo que resta de la empresa estatal debe ser repotenciado, impulsándose la exploración/explotación de los lotes petroleros en asociación con empresas transnacionales de prestigio. Es necesario dejar de lado las posiciones fundamentalistas contrarias a la experiencia internacional del sector de hidrocarburos en América Latina que persisten en justificar la privatización total de la petrolera estatal: refinerías, oleoducto y plantas de abastecimiento asociadas a las refinerías, entre otras. 

Este libro satisface la necesidad de un balance nacional del proceso de privatización en el sector de hidrocarburos. Lamentablemente, hasta ahora no se ha tenido en cuenta las posibilidades de ahorro interno que generarían los excedentes económicos de PetroPerú, a pesar del contexto recesivo en el ámbito mundial, ni la contribución fiscal y la naturaleza reguladora de la empresa estatal en los precios de los combustibles ante la precariedad y debilidad de instituciones como Indecopi y Osinerg en esta materia.

Finalmente, podemos concluir este balance anotando las principales observaciones y recomendaciones en pos de una coherente política en el sector de hidrocarburos que permita resguardar los intereses nacionales:

1º La permanencia de PetroPerú con sus refinerías, plantas de ventas asociadas a las refinerías, y la existencia de estaciones de expendio de combustibles constituye una garantía para el abastecimiento seguro y oportuno a precios competitivos para satisfacer a los consumidores de nuestro país.

2º En el mercado de distribución mayorista, la petrolera estatal se comporta como un operador más que le vende a las transnacionales que operan en el mercado interno: Mobil, Shell, Texaco, Repsol YPF, y a mayoristas domésticos como Pecsa, Petroil, Amioil, Élite, Maycomsa, etc. Es decir, esto es un reconocimiento a la calidad de los combustibles producidos por las refinerías de PetroPerú, a la eficiencia, oportunidad, precios competitivos para los mayoristas. Se debe tener presente que las transnacionales, en función de su gran poder económico, podrían importar gasolinas o Diesel 1, y si no lo hacen es en razón de que PetroPerú está vendiendo a precios de mercado competitivos y atractivos.

3º Según información de la Dirección General de Hidrocarburos, para el año 2001 la mayor cantidad de estaciones de servicios estaban en manos independientes, con una cantidad de 1538 unidades; representan, pues, el 70 por ciento del universo. Por razones de precios, marketing, facilidades de crédito y, lo más importante, con la utilización de aditivos de prestigio internacional cuyos costos son asumidos por la empresa estatal, favoreciendo la utilización de combustibles de calidad a precios razonables.

4º El mercado de hidrocarburos es imperfecto, pues, por las restricciones de entrada, grandes montos de capital necesario, etc., operan pocos actores. Por ello, en la importación de petróleo y del derivado Diesel 2 sólo existen dos grandes importadores: la petrolera estatal PetroPerú y La Pampilla- Relapasa; el gas licuado es importado por tres empresas y los productos petroquímicos por cuatro transnacionales. De allí la necesidad de potenciar y modernizar las unidades de PetroPerú para mantener el abastecimiento seguro y oportuno con gasolinas de calidad.

5º Se debe tener presente que si bien se puede cuestionar la existencia de empresas estratégicas existen industrias estratégicas como la de los hidrocarburos, porque el uso y consumo de combustibles es un imperativo de la vida moderna. Estos resultan indispensables para el desenvolvimiento de las empresas, familias y economía en su conjunto. En el sector comercio están incluidos los distribuidores mayoristas y minoristas que abastecen a las estaciones de servicio y expendio de combustibles (grifos). PetroPerú realiza sus ventas en un 55 por ciento a mayoristas y 45 por ciento a minoristas, asegurando el abastecimiento seguro y oportuno a escala nacional.

6º Se debe considerar que en el estudio del proceso de privatización no sólo se trata del comportamiento negativo de algunas variables productivas tales como la decreciente producción de petróleo, la caída de las reservas probadas, insuficientes inversiones, balanza comercial negativa, crecientes importaciones de crudo, débil inversión en pozos exploratorios, etc. Se trata de cuestionar la posición dogmática e ideológica que se asumió para justificar la privatización fragmentada de PetroPerú, carente de una estrategia global y de la necesaria transparencia que debió tener todo proceso de privatización que ha dado lugar a evidentes subvaluaciones de las filiales y unidades de PetroPerú como ha sido el caso de Solgás, Transoceánica, lotes petroleros, refinería La Pampilla, etc. En tal sentido, el balance del sector no es simple crítica al proceso, ya que las decisiones futuras determinarán nuestra economía y el bienestar social.

7º Entre el año 1996 y el 2001, PetroPerú ha generado una utilidad operativa equivalente a US$ 675 millones de dólares. De existir la suficiente autonomía económica financiera, PetroPerú podría financiar no solo las inversiones de mediano plazo sino también las inversiones estratégicas que superan los US$ 240 millones, en asociación o con financiamiento internacional, tal como sucede en Chile donde se invierte en la modernización de sus refinerías a cargo de la petrolera estatal ENAP.

8º PetroPerú durante los años 2000 y 2001 ocupa el primer lugar en el “Ranking por Ingresos de las Principales Empresas de la Economía Peruana”, superando tanto a las empresas privadas como a la competencia de la Refinería de La Pampilla y de otros como la Telefónica. Esto constituye un reconocimiento a la importancia de PetroPerú en la economía peruana, con ingresos por ventas del orden de S/. 4815 millones de nuevos (US$ 1373 millones de dólares, aprox.).

9º De haber existido una vocación y estrategia nacional para el desarrollo de nuestros recursos naturales como el gas y el petróleo, tomando en consideración el liderazgo de PetroPerú, en el marco de una economía desregulada y de competencia, la que fue la principal empresa estatal estaría obteniendo en la actualidad, sin mayores riesgos y con los actuales precios de los combustibles y márgenes de distribución, ingresos anuales superiores a los US$ 2984 millones de dólares y utilidades por US$ 300 millones. 

10º Finalmente, queda demostrado que las actuales refinerías en manos de PetroPerú abastecen como promedio el 56 por ciento del mercado de combustibles, el resto está bajo responsabilidad de actores privados. Como señalaba el Sr. Jaime Quijandría (actual ministro de Energía y Minas) existe una activa competencia en el mercado de combustibles, pese a que a la refinería La Pampilla (privada) “no le es económicamente rentable incrementar su volumen de procesamiento...” De allí la necesidad, como señaláramos, de excluir a PetroPerú del proceso de privatización.

 


 

 

 

 

 

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