LA SEGUNDA CAMAPAÑA RESTAURADORA.
DE GUÍA A YUNGAY

 

 

1. Primeras medidas del gobierno de Gamarra

El mismo 25 de agosto quedó organizado el ministerio del nuevo gobierno: Gobierno y Relaciones Exteriores, don Benito Lazo; Hacienda, don Manuel Ferreyros y mientras llegaba del Ecuador, el oficial mayor José de Mendiburu; Guerra y Marina, el oficial mayor Bernardo Soffia.244 Este ministerio tenía una particularidad: en él figuraba don Benito Lazo ministro del precedente régimen de Orbegoso. ¡Singular persistencia ministerial! Pero explica en parte esta anomalía la circunstancia de que, en realidad, Lazo no aparece firmando sino las primeras comunicaciones del régimen de Orbegoso cuando se emancipó de Santa Cruz; las demás, ya desembarcada la expedición chilena y renaciente la influencia que sobre Orbegoso ejercían los agentes santacrucinos llevan otra firma, lo que hace suponer la separación entre Orbegoso y Lazo cuando éste percibió la hostilidad de aquél para el Ejército Restaurador.

Las primeras medidas del flamante gobierno fueron conciliadoras: montepío para las familias de los caídos en Guía, llamado a los militares y marinos reconociendo sus empleos y grados a los que se presentaran. Además comenzó la organización de un ejército nacional: fue nombrado general en jefe del ejército, La Fuente; quedaron derogados los derechos contra la introducción de productos chilenos y argentinos; se hicieron exequias en todas las iglesias por las víctimas de Yanacocha y Socabaya ordenándose dobles generales de campanas por dos días; fue organizada la guardia nacional nombrándose al coronel Mendiburu Inspector General; Chorrillos quedó habilitado como puerto mayor; los funcionarios y demás empleados de la lista civil y de hacienda fueron declarados a medio sueldo.245 

Pero la preocupación inmediata de Gamarra tenía que ser la situación del Callao. Una mañana de agosto se dirigieron al Callao don Manuel Tellería, Fiscal de la Corte Suprema, don José Maruri de la Cuba de la Corte Superior, don José Cáceres y don Aniceto Corvacho miembros del Venerable Cabildo de la Iglesia Metropolitana, don Tomás Vallejo, don Bernardo Barbarán y don José Antonio Cobián individuos de la Municipalidad, en comisión para persuadir al gobernador del Callao sobre la necesidad de unir sus fuerzas al Ejército Restaurador. Así que llegaron a la línea del sitio se les dio un corneta para que hiciera al acercarse a la fortaleza la señal de paz; y con él avanzaron hasta tres cuadras de la fortaleza. Salieron entonces de allí dos oficiales a encontrar a los dos coches de los comisionados y advertidos del objeto del viaje les respondieron que el gobernador del Callao no reconocía el gobierno de Lima y que no recibía a persona alguna de su parte. Se le repuso que no el gobierno sino las corporaciones solicitaban la entrevista y la respuesta fue igualmente inhibitoria.246 

En el Callao, Nieto había sido autorizado por Orbegoso, todavía prófugo, con la investidura suprema; y convencido de que en su débil posición era inútil tratar con los chilenos, decidió hacer la guerra en el norte para lo cual salió en un buque pequeño que burló a la escuadra bloqueadora, desembarcando en Supe y emprendiendo previa reunión de dispersos, marcha sobre la Libertad.247 

2. Orbegoso en el Callao. La declaración del 1° de septiembre

Orbegoso en tanto, a salvo ya en el Callao, redactó una profesión de fe política: “Para que no pueda jamás interpretarse mis sentimientos respecto del actual estado de los negocios de mi patria —decía— voy a ponerlos por escrito y con el deseo de que sean publicados al género humano.

1° Con el ejército chileno invasor del Perú no entraré de modo alguno en otro tratado que no sea desocupar el territorio peruano sin exigir condición alguna.

2º Le haré la guerra por todos los medios que me sean posibles.

3º Exijo del general Santa Cruz que batiendo o no batiendo al ejército chileno deje al país en entera libertad de reunir su Congreso y que éste sin coacción y en una absoluta libertad disponga de su suerte.

4° Exijo que no pueda ser yo elegido Presidente ni bajo otro título Jefe de la Nación y que se me permita vivir sin ejercer destino público al lado de mi familia.

5º Si para entera tranquilidad del país fuese preciso que yo esté fuera me someto a salir del país.

6° Las fuerzas de que puedo disponer actualmente y hasta terminar la empresa de libertar enteramente al país estarán en mis manos o en las de un jefe peruano que yo elija hasta que se reúna el Congreso y delibere libremente.

7º Si el general Santa Cruz se negara a permitir la libre reunión del Congreso peruano, si de algún modo lo coactara, yo con todas las fuerzas peruanas le haré la guerra hasta el último lo mismo que al ejército de Chile. Esta es mi resolución y obro conforme a ella enteramente. Fortaleza de la Independencia, 1° de septiembre de 1838. —Luis José de Orbegoso.248 

Orbegoso, débil en otros momentos, pecaba ahora de obstinación. A pesar de los sucesos de julio que lo obligaron a comprometerse a salvar al Perú de Santa Cruz, seguía hablando su vieja convicción de que había que destruir primero a los chilenos para luego imponer condiciones a Santa Cruz. Pero ¿podía ya Orbegoso enfrentarse a Chile, al gobierno de Gamarra y a la Confederación? ¿Santa Cruz se iría tranquilamente del Perú acatando a ese Congreso que con tanta arrogancia quería imponer desde su encierro del Callao un hombre impotente?

3. Cartas entre Orbegoso y Gamarra. (Diálogo de la pasión que simula y de la terquedad rencorosa)

Con fecha 3 de septiembre, Gamarra escribió una carta a Orbegoso, después de que una nueva gestión conciliadora de Bulnes fracasó.

Si Santa Cruz había dado pruebas fehacientes de avidez por el poder, Gamarra estaba desde 1836 jugando el juego del desinterés. Con la hostilidad del vecindario de Lima, al frente de un gobierno vacilante, sus zorrunas protestas tenían que hacerse más vivas. En esta clase de movimientos de flanco era más ducho que en el ataque este hijo de escribano. “Si Ud. cree que yo he venido con el ejército de Chile dispuesto a hacerme cargo del mando supremo o de cualquiera otro destino que no sea el de hacer la guerra al conquistador del Perú, se equivoca altamente”, le decía. “Ud. ha visto las cartas que yo he escrito a mis amigos asegurándoles mi desprendimiento y la resolución en que he estado de volver a desterrarme de mi patria si en esto sólo consistía el restablecimiento de la paz y la unión con el ejército de Chile. Ha visto Ud. también que a mi llegada me he ofrecido a servir bajo las órdenes de Ud. y que de mi corazón se habían disipado todas las prevenciones anteriores. Bajo ese concepto debe Ud. creer también que mi colocación en el mando que hoy ejerzo ha sido el sacrificio mayor que pude haber hecho en mi vida”.

Narraba en seguida lo ocurrido. “Ansío cada día por descargarme del mando tan luego como pueda hacerlo con decencia y en bien del Perú. En la alocución que hice a las corporaciones y pueblo de Lima al día siguiente de haber prestado juramento les protesté con el lenguaje de mi corazón que si Ud. se presentaba en ese acto a tomar el gobierno, sería el primero que le rendiría obediencia. Le aseguro a Ud. que esta disposición de mi ánimo no ha variado; y que estoy decidido a influir en mis amigos y en todos los buenos peruanos para que se haga Ud. nuevamente cargo del gobierno si se resuelve a seguir una marcha que salve de sus compromisos con la República entera, en consonancia con los votos de los pueblos libres”.

Negaba, sin embargo, luego, la legitimidad de Orbegoso, perdida desde la división del Perú en dos Estados. Ambos gobiernos, el de Callao y el de Lima, eran de hecho: la necesidad y la conveniencia y no las fórmulas constitucionales inspiraban las palabras de cordialidad de esta carta. Recapitulaba con algunas expresiones duras los sucesos más inmediatos desde julio y ponía ante Orbegoso un dilema: o se rendía a Santa Cruz capitulando con él la entrega de estos departamentos a su dominación o abrazaba cordialmente a sus hermanos los peruanos juramentados para pelear por la Independencia. Terminaba por decirle que él, Gamarra, concurriría con sus amigos a que Orbegoso presidiera el Perú hasta la reunión de un Congreso siempre que se pusiera de acuerdo en los puntos siguientes: 1° Mantenimiento de la Constitución y de los cuerpos ya reorganizados. 2° Guerra al usurpador del Perú hasta lanzarlo del Perú y reducirlo a la impotencia de hacer una nueva invasión. 3° Alianza con Chile. 4° Exclusión de los agentes o adictos de Santa Cruz de los puestos políticos. “Hágame Ud. la justicia de reputarme como un buen peruano y que a este renombre deseo sacrificarlo todo”.249 

Esta carta fue llevada el 4 de septiembre por un parlamentario al Callao.

Orbegoso contestó con fecha 5. Recordaba otra carta concebida en análogos términos que recibió en 1834, en análogas circunstancias. Afirmaba que si había Gamarra venido o no con los chilenos a asaltar el mando lo decían los resultados. Evocaba la actitud del pueblo el 28 de enero. Decía que en el tratado de La Paz no se estipuló la cisión del Perú sino la reunión de un Congreso del norte y otro del sur; y que este tratado fue posterior al que Gamarra celebrara con Santa Cruz y en virtud del cual entró al Perú. Dejaba constancia de su fidelidad a los principios de la revolución de julio del 38, y de su espíritu pacifista ante los chilenos que le impidió atacarlos en condiciones favorables cuando desembarcaron en Ancón. Decía que el general Santa Cruz, cuyos proyectos habían sido ayudados, por los chilenos, sin saberlo, no habría podido oponerse a la decisión de los peruanos, y si hubiera venido un choque habríanse levantado los pueblos como un solo hombre. Declaraba que no se uniría a él (Gamarra) en quien veía el primer enemigo de la patria, la causa de todas sus desgracias; no transigiría con los chilenos porque habían invadido el país, vertido la sangre de sus hijos y traído muchas calamidades; no se uniría a Santa Cruz porque su sistema era contrario a los deseos y a los intereses de los peruanos. “Este pabellón nacional en su pureza está enarbolado, clavado diré mejor en estos torreones... ni Ud. ni el ejército chileno ni el general Santa Cruz tienen poder para arrancarlo. Moriré si es preciso abrazado de él”. Se refería luego a que era increíble sostener ya que los chilenos habían venido a trabajar en favor de los peruanos. No era el general Santa Cruz ni su causa lo que el ejército peruano defendió a las puertas de la capital. “El ejército invasor conducido por Ud. ha venido a hacer la guerra a los peruanos, a esclavizarlos, a destruirlos”. El resultado de la invasión, aparte de inmensos males al país, había sido engrandecer el poder de Santa Cruz, rodearlo de la opinión y darle fuerza moral que no tenía. Y en cuanto a la proposición concreta que le hacía Gamarra contestaba que si no fuera el jefe de la patria proclamado libre y unánimemente, si no hubiera hecho formal protesta de abstención política, “si fuera capaz de creer en Ud. alguna vez buena fé”, si viera la salvación del país pendiente de la humillación que se le proponía contestaría siempre: “nadie tiene el poder de degradarme, nada en el mundo es capaz de envilecerme”.250 

4. Operaciones militares desde Lima. Combate de Matucana

En Lima los coroneles Frisancho y Torrico empezaron a organizar los batallones Cazadores y Legión Peruana. Castilla al frente de un escuadrón de caballería y dos compañías de infantería chilenas se dirigió a Chancay a reunir soldados dispersos, combatir montoneros, adquirir caballos, relacionarse con el vecindario del departamento de Huaylas. La Fuente, jefe del ejército del norte, se embarcó en Chorrillos con dos compañías del Carampangue y 56 cazadores a caballo para ocupar el departamento de La Libertad (29 de agosto). Algunos soldados fueron destacados a los alrededores de la capital para barrer con los montoneros Rayo, Jiménez, Remolina y otros. El anuncio del avance del ejército protectoral situado en Tarma y las guerrillas en Matucana, hicieron que fuera destacada una columna de poco más de 200 hombres al mando de los coroneles Plasencia, Torrico y Sesse. Llegada a la aldea de Matucana esta columna hallábase el 18 de septiembre, día de la independencia chilena, celebrando un te-deum cuando fueron avistadas tropas enemigas. Torrico montado en un caballo sin ensillar dictó las providencias para el combate. La columna confederal que estaba mandada por Otero hubo de retirarse. A pesar de que en su parte oficial Otero afirmó haber triunfado, el alto comando protectoral le reprendió porque por primera vez las tropas habían vuelto la espalda al enemigo; y Santa Cruz afirmó en su manifiesto de 1840 que este combate sin trascendencia quebrantó la moral de su ejército y cambió en incertidumbre su arrogancia.251 

5. El norte por la Restauración. Actitud de Huaraz. Significado de Vidal. Siete presidentes simultáneos en el Perú

En tanto, La Fuente había llegado a Trujillo proclamándose a su llegada la Restauración. Las haciendas de Orbegoso fueron arrasadas y su familia vejada. Prefecto de La Libertad fue nombrado don José M. Lizarburu, a pesar de su antigua enemistad política con Gamarra.252 Sobre Piura destacó La Fuente al coronel Iguaín, y luego fue él mismo entrando en negociaciones con Rázuri; hubo un levantamiento principalmente de negros encabezado por un oficial del ejército boliviano llamado Urbina y todo terminó favorablemente a la Restauración, después de un tiroteo con las tropas veteranas de La Fuente (30 de septiembre). Este nuevo derramamiento de sangre peruana fue agitado como bandera política por Orbegoso y Santa Cruz.

De otro lado el general Castilla logró ponerse en contacto con don Juan B. Mejía, que se dirigió a actuar en Huaraz. Mejía escribió a Castilla haciéndole ver la necesidad de la unión entre los norperuanos antisantacrucinos y los restauradores chileno-peruanos, dándole varias razones: a) sin dicha unión Santa Cruz los destruiría y continuaría oprimiendo al Perú; b) ella obligaría a Nieto, que estaba en aquellos momentos en el norte, a transar y a unir sus huestes contra Santa Cruz; c) Santa Cruz, que estaba reuniendo sus fuerzas en Tarma y Jauja, estaba decidido a atacar Lima que sucumbiría sin la unión; d) esa unión era la única forma de acallar la animosidad de los pueblos contra el ejército chileno; e) los peruanos que habían en Tarma y Jauja y que sólo temían a los chilenos se decidirían a actuar contra Santa Cruz, inclusive Morán. No importaba si Orbegoso desaparecía de política. Encargado del acuerdo fue el general Vidal.253 

Mientras Nieto significaba el nacionalismo irreductible; Guarda, gobernador del Callao, el nacionalismo simulado pues en realidad estaba intacta su lealtad a Santa Cruz; en Vidal se encarna el nacionalismo desengañado y acatando los hechos consumados. Por alguien había que decidirse: Santa Cruz o los chilenos. Guarda más tarde se decidió por Santa Cruz. Vidal entonces por los chilenos. Nieto y Orbegoso, en cambio, porque no se decidieron, quedaron pronto eliminados.

El 27 de septiembre el departamento de Huaylas proclamó Jefe Supremo de la República al general Vidal; éste aceptó su cargo sólo en forma momentánea hasta una nueva asamblea. Reunido nuevamente el vecindario acordó enviar una carta a Orbegoso para que pusiera sus fuerzas a órdenes de Gamarra; y como comisionado marchó don Juan B. Mejía. Orbegoso repuso que el acta de Huaraz le daba un triunfo a Santa Cruz porque su causa aparecía bella al lado de la de los invasores.254 Entonces fue publicado un acuerdo de Huaraz declarando traidor a Orbegoso y sujeto a la pérdida de sus bienes y honores.

Con la fugaz elección de Vidal llegaron a siete los presidentes que tuvo entonces el Perú: Orbegoso, del Estado Norte; Gamarra, de la República resurrecta; Santa Cruz, Protector de la Confederación; Riva-Agüero puesto por Santa Cruz al frente del Estado Norte en vez de Orbegoso; Pío Tristán, Presidente del Estado Sur; Nieto que hizo sus correrías por el norte con despachos de Jefe Supremo expedidos por Orbegoso; y Vidal.

En Ica el general Salas tuvo encuentros parciales con tropas peruanas orbegosistas que ya se manifestaban santacrucinas.

En total, pues, en octubre Trujillo, Huaylas e Ica reconocieron al régimen de Gamarra; y las tropas confederales habían sufrido su primera derrota. Los pocos emigrados antisantacrucinos remanentes en el Ecuador penetraron al territorio peruano, mientras que orbegosistas o santacrucinos del norte llegaban al Ecuador como emigrados. De otro lado, frente al Callao se iniciaba el sitio. Este sitio era nominal: por mar a causa de la actitud de loa barcos extranjeros y por tierra a causa de la escasez de tropas de vigilancia entraban provisiones al Callao. El sitio no pasó de algunos tiroteos, de ocultas instigaciones para que la guarnición se sublevara y del ofrecimiento que hizo Orbegoso al general Cruz encargado de las operaciones para que se fuera por las tardes a tomar el fresco, en la fortaleza.


6. Eliminación de Nieto. “¡Que la patria haga libremente su papel de mesalina!”

Nieto, desembarcado en Supe, avanzó sobre Trujillo llegando a Virú, donde se le reunió el general Sierra, prefecto del departamento, porque Trujillo ya habíase pronunciado a favor de la Restauración chilenófila. Desde Virú escribió a La Fuente, que le había pedido que se entendieran. Díjole que sentía repugnancia invencible para darle el título de amigo, pues él (La Fuente) había contribuido auxiliando a los chilenos a privar al Perú de su independencia; que lucharía contra Santa Cruz y contra los chilenos; que mientras que La Fuente estuviera codeado de chilenos, secundándolos en sus planes que no eran otros que usurpar la superioridad comercial del Perú, arruinar sus puertos y deshonrar el nombre peruano, no cabía un entendimiento.255 

En el camino de regreso a Santa vio Nieto que se sublevaba su columna. Dirigióse a Paita, donde tampoco encontró acogida; el vecindario ante tanto confusionismo de ideas y multiplicidad de facciones se había proclamado neutral. Después de amargas peripecias se dirigió a Guayaquil.256 

Una carta muy típica, entre dolorida e irónica, escribió Nieto a su amigo Juan Manuel Grau sobre sus últimas andanzas: “Noche maldita fué para mí la de nuestra última despedida. Perdí mis cazadores, mis ordenanzas, un ayudante que se cansó de perderse conmigo y yo me perdí también en el camino sin embargo de teacher por guía al Imperdible o al que jamás se había perdido. Sancho decía que hay horas menguadas y yo aseguro que no sólo hay horas sino años, períodos, épocas si se quiere para algunos hombres y naciones. Mi patria padece largo tiempo y yo con ella porque la adoro tanto o más que un joven loco a su querida y ya no encuentro el remedio para salvarla y salvarme a mí y casi estoy tentado de hacerla hacer libremente el papel de Mesalina y obrar yo como Aristipo, no por cierto en cuanto a la amistad pero sí en cuanto al amor a la Patria. ¿Os parece bien? Sigo mi ruta. Llegué a Paita bien comido y mal dormido y gravemente estropeado. Huve de bolver a Piura para una función de armas a la que decían se había resuelto su leal guarnición y esperaba la contestación de una nota que dirijí al gobernador sobre el particular, con el rocinante envridado cuando hete aquí que se presenta el santo advenimiento y deja estupefactos a todos... Con este motivo suvo o monto (no sé el término técnico marino de que debo hacer uso aquí) en ‘Nuestra Señora del Carmen’ y vengo a esta ciudad en el mismo tiempo que tardó Jesu Cristo en resucitar y suvir a los cielos conducido por el último vástago del Congreso del Perú con la sola diferenca de haver vajado a los infiernos pues el calor que se experimenta se parece algo al de aquellas tierras según lo que tú mismo me has dicho”.257 

Una vez en Guayaquil, Nieto se negó reiteradamente a las instancias de don Manuel Ferreyros para que entrara en tratos con Gamarra. Seguía pensando que la única solución para los problemas del Perú era un Congreso.258 

7. Dificultades del gobierno de Gamarra con los extranjeros. (Las “vísperas sicilianas”, el bloqueo del Callao, el caballo del Dr. Mac Lean)

Los vínculos entre el gobierno de la Confederación y los extranjeros eran palmarios. Los tratados celebrados con Inglaterra y Estados Unidos; los honores otorgados por el rey de Francia a Santa Cruz; las consideraciones especiales guardadas al comercio y aun la influencia que en el ánimo del Protector tenían algunas personas como el propio Wilson, cónsul general británico, explican este ligamen.

El gobierno de Gamarra se encontró, en primer lugar, con una nota del cónsul Wilson exigiendo protección a las personas y propiedades de los súbditos de S. M. B. refiriéndose en especial a las mercaderías depositadas en los almacenes del Callao, plaza sitiada por el ejército chileno aliado de aquel gobierno y, por lo tanto, susceptible de saqueo. Igual solicitud hicieron los señores Suillard, agente francés, y Bartlett, agente yanqui.

El gobierno de Gamarra dio con fecha 30 de agosto un decreto prohibiendo el comercio de los extranjeros al por menor y ordenando la clausura de sus tiendas, en el plazo de ocho días.

Al mismo tiempo decretó que las mercaderías extranjeras depositadas en los almacenes del Callao fuesen trasladadas al puerto de Chorrillos, orden contra la cual protestaron los agentes ingleses y franceses; éste último ofendido por la deportación de un médico, la prisión de dos franceses, la captura de un caballo, se dirigió también al jefe chileno considerando responsable al gobierno chileno de las medidas reclamadas: Bulnes declinó la jurisdicción.

En esos días salió un pequeño semanario: El Periodiquito. No dejaba de haber cierta gracia en sus páginas donde revivía el tipo de periodismo entronizado por El Telégrafo de Lima durante el primer gobierno de Gamarra basado en apodos, charlas entre personajes populares, versos, etc. Santa Cruz era “Jetiscan”; Orbegoso “mula grande”, “elefante”, “alfajor de tres tapas”, “Fray Luis de Chuquisongo”; Guarda, gobernador del Callao, “pavo novio” y “dama soldado”; Nieto, Gallineta; otros generales de Santa Cruz, Huevo-huero, Ama seca, Tartamudo, cabritilla, Veloverde. Desde el número 2 El Periodiquito comenzó a amenazar a los extranjeros mediante supuestos diálogos entre “el inglés y una limeña” en que el inglés defendía a Santa Cruz.259 Los acusaba de esparcir rumores contrarios al gobierno, de entrar en suscriciones sediciosas, de repartir pasquines; sobre todo, de alabar a Santa Cruz.260 

También apareció en forma de volante un papel impreso titulado “Compatriotas” con el objeto de incitar al pueblo de Lima “cuando se diera la voz” al asesinato de los extranjeros, repitiendo con ellos las Vísperas Sicilianas. No dejaron de oírse en la calle intermitentes gritos de “mueran los extranjeros”. Los agentes diplomáticos y consulares se reunieron en casa del Dr. Cañedo, ministro de Méjico, decano de aquel cuerpo y acordaron firmar un protocolo, ir en corporación donde la autoridad suprema para solicitar que procediera a la averiguación y castigo de los autores del volante y del periódico mencionados y que tomara las medidas necesarias para hacer efectivas las seguridades de los súbditos y ciudadanos extranjeros (10 de septiembre). Después de esta entrevista el canciller peruano, Dr. Lazo, ofició al cuerpo diplomático aseverando que se adoptarían las medidas convenientes para descubrir al autor de la hoja anónima; pero que en cuanto a El Periodiquito la imprenta era libre y las leyes daban acción a los agraviados para que acudiesen a los jurados para lo cual los impresos llevarían siempre el nombre del impresor. Reunido nuevamente el cuerpo diplomático firmó un nuevo protocolo diciendo que la reclamación había tenido carácter internacional y por tanto no podía haberse dirigido a los tribunales, que debía habérsele dado curso sin menoscabo de la libertad de imprenta y que las medidas prometidas no eran suficientes. Vino entonces un cambio de notas con la cancillería hasta que el cuerpo diplomático protestó de la conducta del gobierno en este incidente.261 

Con motivo de la declaratoria del bloqueo del Callao el 11 de septiembre los agentes de Francia, Estados Unidos y la Gran Bretaña habían solicitado prórroga de algunos días. El 13 se dirigieron al general en jefe del Ejército Restaurador, general Bulnes, declarando que no reconocían el bloqueo; e instados a explicar la causa de su conducta respondieron que faltaba al bloqueo una declaración formal y que el Callao no estaba bajo el dominio del general Santa Cruz a cuyo gobierno solamente había declarado Chile la guerra. Esto motivó la declaración de guerra del gobierno chileno a Orbegoso (17 de octubre de 1838) y el decreto oficial del bloqueo del Callao de la misma fecha.262 

Las necesidades de la requisa crearon pronto otro incidente. Una partida de soldados chilenos estaba una tarde en el puente de Lima deteniendo a cuanto caballo pasaba con o sin jinete. El médico escocés Guillermo Mac Lean fue también detenido; se resistió a consentir en la requisa y fue herido levemente en la cara. El cónsul general inglés protestó airadamente de este atropello ante el gobierno peruano y —significativa reiteración— ante el general Bulnes.263 

El 2 de octubre la corbeta británica “Ymogene” atracó al costado de la corbeta chilena “Libertad”. Al día siguiente, el almirante Ross, jefe de la escuadra inglesa, atracó la fragata “Presidente” al otro costado intimando orden al comandante García del Postigo de no mover sus buques hasta que el ultraje a Mr. Mac Lean no fuera reparado. Ante las promesas de perseguir a los culpables y las amenazas de represalias hechas por parte de Bulnes, el cónsul Wilson obtuvo el apaciguamiento de Ross que salió con su escuadra a Chorrillos. Las conclusiones del sumario practicado indignaron a Wilson limitándose la cancillería a acusar recibo de su nota y a ponerla en conocimiento del jefe del ejército chileno. La demora en la causa ordinaria seguida a un inglés llamado Bultes dio nuevos pretextos de quejas a Wilson.

El gobierno de Gamarra, pues, si bien significó el entronizamiento de la intervención chilena, significó asimismo una resistencia frente a los demás extranjeros.264 

8. Convención militar de subsidios. Bulnes, general en jefe del ejército

Durante estos meses, el gobierno de Gamarra firmó algunos documentos importantes para la campaña. Uno de estos fue la convención militar de subsidios (entre Bulnes y el canciller Lazo con fecha 12 de octubre). El Perú quedó obligado a proporcionar al Ejército Restaurador, sin cargo alguno para Chile, los recursos de todo género que eran necesarios para las operaciones de la guerra, debiendo empezar a correr por cuenta del primero los gastos originados por el ejército desde su desembarco. Les sueldos del ejército y la marina chilenos serían los mismos que disfrutaban en Chile; y debían además ser de cuenta del gobierno del Perú el suministro de rancho, hospitalidades y vestuario sin cargo alguno ni descuento de sueldos o haberes de ella. Los sueldos y gratificaciones de los jefes, oficiales y empleados en el ejército y escuadra de Chile serían los mismos que gravaban en el Perú los de sus respectivas clases, siempre que no fuesen inferiores a los de Chile, en cuyo caso disfrutarían los señalados en sus nombramientos o despachos. El pago de los jefes, oficiales y empleados mencionados correría por cuenta del gobierno del Perú sin cargo alguno al de Chile desde el mes inclusive en que zarpó la expedición de Valparaíso. El Perú quedaba obligado a pagar el flete de los trasportes que condujeron al Ejército Restaurador, y a trasportar de su cuenta a Chile el ejército una vez terminada la campaña. Quedaban a disposición del gobierno peruano la “Santa Cruz” y el “Arequipeño”. Los refuerzos serían considerados en la misma forma que la estipulada en este convenio. Los artículos de guerra y boca y los suministros que se hicieren por Chile para el uso y consumo del ejército o por vía de préstamo o suplemento al Perú serían pagados por éste.265 

Si de un lado el canciller Lazo a nombre del gobierno de Gamarra cumplía con cargar sobre el escuálido fisco peruano los gastos del ejército chileno y de la campaña restauradora, de otro lado quiso dar apariencias autónomas a su gobierno. Por decreto de 15 de octubre, alegando Gamarra que las fuerzas peruanas y chilenas debían marchar bajo un solo jefe, y que las atenciones de la administración no le permitían ser general en jefe de las fuerzas unidas cuyo supremo mando y dirección debía ejercer en la campaña inminente, nombró para el arduo cargo de general en jefe al general Bulnes. Designación innecesaria y formulista pero acorde con los compromisos contraídos al iniciarse la expedición.266 

Por decreto de 10 de octubre convocó también Gamarra un Congreso nacional que debía reunirse en Lima el 9 de diciembre siguiente y cuyos diputados serían elegidos conforme a la Constitución de 1834 y a las leyes dictadas por la Convención de ese año. En las provincias bajo la autoridad de Santa Cruz los naturales y vecinos de ellas que residían en Lima elegirían provisionalmente los respectivos diputados como se había hecho para el Congreso de 1822.267 


9. La opinión en Chile. Refuerzos para los Restauradores

El propósito de Gamarra y los suyos era la guerra, la guerra implacable. Las circunstancias los ayudaban. Un desastre del ejército chileno, aunque no hubiera sido decisivo, habría provocado en Chile un movimiento y acabado con los ministros que mantenían la guerra.268 Ese desastre no se produjo. Chile mandó refuerzos. También envió al señor Egaña como ministro ante el flamante gobierno de Lima: nuevos motivos de recelos para los restauradores porque Egaña no era de su grupo.269 La llegada de don Felipe Pardo a Chile y las cartas de Martínez servían en tanto para desprestigiar a Gamarra; decían que tanto él como La Fuente eran aborrecidos por los pueblos, que sin ellos Santa Cruz habría perecido, que el Ejército Restaurador estaba cerrado por los montoneros, que no tenían un real y que sembraban los caminos de desertores y enfermos. Otros hallaban en Gamarra excesiva blandura, pues había dado puestos a gentes que tenían un pasado culpable de santacrucismo u orbegosismo.

La nueva misión Egaña tenía como origen la persistencia de la Gran Bretaña para plantear sus buenos oficios y como objeto nominal “observar atentamente la situación del Perú, estudiar la opinión de sus habitantes con respecto al sistema federal y calcular las probabilidades de suceso en la empresa de la Restauración. Pensaba el gobierno (chileno) que el reconocimiento de la Confederación propuesto por la potencia mediadora no podía fundarse sino sobre la suposición de que los medios empleados para el establecimiento de aquella habían sido justos y legítimos”.270 


10. El ambiente de Lima durante la primera ocupación chilena

Lima vivió unos días curiosos durante este tiempo. Abundaban las “bolas”. Los montoneros pululaban por los alrededores: Bao en Canta, Rivas y Giménez en Yauli; y por otro lado, en diversos sitios, Ninavilca, Rayo, Remolina... Las campanas repicaban y había música callejera ante el menor anuncio favorable a los restauradores: la noticia del pronunciamiento del sur, la actitud de Vidal, la entrada de La Fuente en Trujillo, el combate de Matucana. La recluta era incesante. El teatro estaba clausurado. Las contribuciones abundaban; y a algunos propietarios se les exigía 200 pesos o la entrega de un caballo. El baile del 18 de septiembre se hizo notar por la inasistencia de la sociedad más encumbrada, de la cual concurrió sólo la señora La Fuente. Las prisiones abundaban; Necochea, García del Río, Aparicio, Ross, Díaz de la Peña, Ganosa, Loyo, Herrero, Solar, Samudio, Quiroz, Guido, Álvarez, Galdeano, Aramburú, Reyna, Telles, Perla, la señora Valle Riestra, las señoritas Úrsula Valdés, Carmen Manrique de Lara, Armaza y Rivero son nombres de perseguidos. Antiguos amigos de la Restauración como Martínez y Rodulfo estaban escondidos.271 


11. Nuevas derrotas de los argentinos

Si había surgido una fuerte amenaza en el norte para Santa Cruz, nuevamente el peligro del sur habíase ya desvanecido. Santa Cruz había declarado terminada la campaña contra los argentinos demasiado prematuramente, pues a principios de junio de 1838 fuerzas argentinas empezaron a amenazar Tarija. Pero una columna boliviana alcanzó a dispersar y perseguir a una división argentina en el punto llamado Iruya (11 de junio de 1838). Al grueso de las tropas invasoras, mandadas por el coronel Gregorio Paz, pudo también vencer el general boliviano Brown en compañía del general O’Connor, hacendado de la región en la acción de Montenegro (24 de junio de 1838). En realidad, no hubo resistencia argentina en Montenegro. El avance de los bolivianos fue conocido en el campamento argentino por la polvareda que delató su marcha; hubo tiroteo mientras los bolivianos subían una meseta en pos de sus enemigos pero luego ellos se dispersaron en las alturas, los huecos y las ensenadas. La persecución fue larga. Gran cantidad de almofreces, petacas, caballos cansados, jergas, aperos quedaron abandonados por los fugitivos. Los coraceros para atravesar el río de Cuyambuyo arrojaban las corazas para aligerarse.

La sequía y una plaga de langostas fueron alegadas luego por el general argentino Heredia para explicar la paralización de la campaña. En realidad, ella se produjo por la inferioridad de las fuerzas argentinas, tropas de tipo montoneril, y por la pobreza y las dificultades políticas en que estaba el gobierno del Plata. El 12 de noviembre de 1838 el general Alejandro Heredia fue asesinado por una partida de militares; no faltando con tal motivo acusaciones de culpabilidad contra Santa Cruz.272 


12. Plan frustrado de invadir Chile

Después de la muerte de Heredia, concluida, entonces así, la campaña contra los argentinos, el general O’Connor buscó hombres prácticos de los caminos a Chile y con ellos formó un itinerario de las jornadas desde Tupiza a Copiapó, atravesando la quebrada de Antofagasta por una abra que cae a la costa tan honda que se podía pasar en carruaje y por la cual se llevaban corderos desde Atacama al mercado de Copiapó. Este itinerario constaba de dieciocho jornadas cómodas. Escribió O’Connor a Santa Cruz al respecto manifestándole que no había quedado un soldado en Chile y que si daba la orden de llenar de numerario las cajas de los cuerpos por dos meses, él se comprometía a situarse con el ejército del sur en cualquier punto de la república de Chile. Santa Cruz repuso que la proyectada diversión estratégica era inmejorable pero que contando con un buen ejército esperaba escarmentar a los insolentes invasores.273 


13. Santa Cruz ante la invasión chilena y la defección norperuana

La noticia de la defección de Orbegoso se publicó por el órgano oficial del Protectorado el 11 de agosto. Venía Santa Cruz de Bolivia y, antes de seguir viaje a donde las necesidades de la guerra con Chile lo llevasen, se ocupaba de dictar providencias administrativas; creando nuevas provincias, una Corte Superior en el Cuzco, un colegio de mujeres también en el Cuzco, reemplazando por sus nulos resultados la institución de los Protectores de Indios, prohibiendo el abuso en el pedido de bagajes menores al pasar el ejército por los pueblos, prohibiendo que los indios fueran obligados a la fundición de barras, etc. Fogosamente proclamó Santa Cruz a los pueblos nor y sur peruanos: la victoria de los chilenos habría sido inevitable sin la defección de Orbegoso; los chilenos traían la humillación y la ruina; no era tiempo de tratar de arreglos políticos “que haréis a vuestro arbitrio y como más convenga a los intereses de los Estados, cuando hayáis obtenido una paz honrosa”; la actitud de Orbegoso sólo provocaría la conquista y la anarquía; el ejército Perú-Boliviano era invencible. También escribió a Orbegoso una extensa carta refutando la que éste le había dirigido después de su pronunciamiento.274 

Santa Cruz despachó al norte una división al mando del general Herrera que tenía el título de general en jefe del ejército del Norte y Presidente del Estado Surperuano; con motivo de las críticas que se habían hecho a este nombramiento y ocupado Herrera en la guerra, fue nombrado presidente del Sur, Pío Tristán. Invocando el hecho de que Orbegoso había cesado en su autoridad legal al defeccionar y que había contrariado los votos y las resoluciones del Congreso de Huaura, única fuente de su poder, para cuyo cumplimiento le fueron delegadas las facultades respectivas, nombró Presidente provisorio del Estado Norperuano al mariscal don José de la Riva-Agüero y como vicepresidente al general de brigada don Pedro Bermúdez (Decreto de 11 de agosto de 1838).275 Con fecha 18 de septiembre convocó a la reunión de una asamblea para determinar la suerte del país: debía reunirse una asamblea del norte en Lima y otra del sur en Cuzco, efectuándose las elecciones 15 días después de que terminara la guerra contra el enemigo común.276 


14. Santa Cruz planea y prepara la independencia del sur del Perú

Entre los decretos que dio Santa Cruz en el Cuzco, el que convocó a sendas asambleas en Lima y Cuzco tuvo una virtualidad a la que no se ha prestado la debida atención. Ya con fecha 13 de marzo había convocado un Congreso Plenipotenciario en Arequipa para que se pronunciara sobre la continuación o disolución de la Confederación.

Este decreto había tenido como origen principal la oposición existente en Bolivia contra el pacto de Tacna, de la que había sido un reflejo las discusiones del Congreso de 1837. El doctor Buitrago, uno de los que habían redactado dicho pacto, fue su más ferviente opositor. El señor Torrico empleó en vano su dialéctica para defenderlo y tuvo que declarar a nombre del Congreso que “jamás se consideraría el pacto”. Pero el acta fue falsificada y en vez del “pacto no se considerará jamás” se puso “no se considerará por ahora”. Y fue así como el Congreso de 1838 reunido extraordinariamente en Cochabamba, que mereció el nombre de “canalla deliberante”, atemorizado con la prisión de algunos diputados y la presencia de Santa Cruz aprobó este pacto (31 de mayo de 1838). Sin embargo vino la convocatoria al Congreso de Arequipa, luego transformada a los congresos especiales del Nor y Sur Perú y Bolivia. ¿Por qué esta convocatoria sucesiva?
Es que no había dejado de influir sobre el ánimo de Santa Cruz la actitud de Orbegoso, de Nieto y del Norte. Volvía a rumiar ahora aquella vieja idea de la segregación del sur, nacida cuando Bolívar aceptó la fundación de Bolivia y soñó la federación de la nueva República con el Perú; sostenida por Lazo prefecto de Puno en 1826; perseguida por el propio Santa Cruz en aquel año, desde su sitial de Presidente del Consejo de Gobierno del Perú; conversada para derribar a La Mar, entre Santa Cruz, Gamarra y La Fuente; intentada por los amigos de Santa Cruz en 1829, según lo revelaron las prisiones hechas en Arequipa ese año por Castilla y Amat y León; defendida por el deán Valdivia desde las columnas de El Yanacocha en 1836 en oposición a la idea de Confederación; reaparecida en las negociaciones entre Olañeta y Nieto en 1838.

“Convengo —escribía Santa Cruz a Calvo, encargado del mando en Bolivia— en que la fusión del sur (del Perú) con Bolivia no será acaso conveniente; pero al fin quiero saber cuál es el partido al que Ud. se inclina en el caso de deshacerse la confederación. La independencia del sur a la que estoy dirigiendo todas mis medidas, creando intereses propios, es en verdad lo que más conviene a la seguridad de Bolivia; siendo ese mismo el resultado más cierto de la Confederación si durase algunos años. Más, en ese caso, ¿renunciaremos a toda indemnización por todos nuestros sacrificios? Arica sería un buen compensativo pero imposible de obtener por voluntad. En queriendo tomarlo por la fuerza, tendríamos que luchar otra vez, dando sin duda un buen motivo para la reunión del Perú, a que siempre debemos oponernos como el mayor de nuestros enemigos”.277 

Tal era el pensamiento político de Santa Cruz en aquella época. Directa o indirectamente resultaba ahora un enemigo de la unidad del Perú como reacción contra la intransigencia nacionalista de este país.

Entre tanto, debía vencer a los chilenos. El norte volvía hacia él los ojos, convencido de su impotencia ante los invasores que habían excitado la indignación lidiando con Orbegoso y el repudio con sus exacciones. El Callao tenía tanta importancia que si caía, la guerra resultaría muy larga y azarosa. Por fin, se unió, pues Santa Cruz a las divisiones Herrera, Otero y Morán. Para la custodia del sur quedó una división a cargo de Cerdeña. Numerosos particulares habían escapado de Lima cuando entraron los chilenos y habíanse unido al ejército confederal: Riva-Agüero, Tristán, Echenique, Saco, Pardo de Zela, etc. Teniendo Jauja como baluarte, el ejército confederal llegaba con sus avanzadas hasta Santa Eulalia donde estaban los generales Herrera y Otero; y la vanguardia hasta Chaclacayo con Morán.


15. Orbegoso se alía nuevamente con Santa Cruz

Después de su primera impresión de rabia ante la actitud de Orbegoso, Santa Cruz varió de táctica. Su periódico oficial dijo en un editorial que Olañeta había sido nombrado como ministro plenipotenciario donde Orbegoso con el fin de allanar todas las desavenencias y arreglar las relaciones posteriores.278 Santa Cruz escribió particularmente a Orbegoso en tono muy distinto al que había empleado en la respuesta que le dirigiera públicamente, después de la defección; le ofreció amistad y un arreglo razonable en los negocios públicos. Con fecha 20 de septiembre díjole que había visto su profesión de fe política escrita en las fortalezas el 1° de septiembre, que se conformaba con gusto con todos sus artículos y que no quedaba en qué pensar más que en hacer la guerra a los invasores. A García del Río escribió con fecha 2 de octubre diciéndole que lo autorizaba para dar a Orbegoso cuantas garantías quisiese de su amistad particular y sobre los asuntos públicos; “venzamos a los chilenos —decía— y luego nos será fácil entendernos entre amigos cuyos fundamentos están enteramente ligados sobre el fundamento de la seguridad común”.

Orbegoso lanzó una proclama a los peruanos anunciándoles la buena nueva. Recordaba los móviles y el significado del movimiento de julio tantas veces repetidos y recordaba también su desvinculación de ese movimiento (“Os dije en 30 de julio que cedía a vuestro impulso a destiempo... Vuestro celo os hizo elegir un mal momento”). Repetía además sus denuestos contra Chile y Gamarra y decía luego: “S. E. el Presidente de Bolivia que había recibido de sus sicofantas las primeras noticias de nuestra regeneración como de nuestra defensa y parecía obrar contra nuestros intereses y vuestra voluntad pronunciada ha arrojado la venda de sus ojos y conocido nuestra moderación y nuestra justicia. Sus últimos documentos lo comprueban: me ha escrito particularmente con fecha 18 y 20 de septiembre (y aquí publicaba lo ya expresado). “Amigos: A S. E. el general Santa Cruz puesto a la cabeza de un ejército numeroso, aguerrido, disciplinado y compuesto en su mayor parte de peruanos había reservado la providencia la gloria de castigar el orgullo de nuestro enemigo y los suyos; de vengar los ultrajes de la Patria y la sangre derramada el 21 de agosto. Pero esta gloria no es comparable a la otra que la ha brindado la fortuna al mismo tiempo. Nada es proporcionar bienes a los pueblos para arrebatárselos luego, ni una victoria fácil basta para ilustrar. Salvar la libertad paira afirmarla, ser su custodio, concederla a los pueblos, hacer felices las generaciones y emplear el poder para engendrar la paz, es representar a Dios sobre la tierra y este es el puesto que la fortuna ha prestado al general Santa Cruz. Conviniéndose con mi declaración de fé política, él la ha profesado; y es imposible que se proponga cambiar la inmensa gloria de que va a cubrirse con la excecración de todo el mundo y las maldiciones de todos los pueblos libres de la tierra... Yo estoy seguro de encontrar en el general Santa Cruz la garantía que demanda el honor nacional y mis venerandos y gratos compromisos. Sin esto, en torno del pabellón nacional pereceríamos el resto de los ciudadanos armados en defensa de la patria; y si su exterminio estaba decretado, sería la obra excluxiva de la fatalidad, para vivir en la inmortalidad y en la gloria. No será así. La Providencia pone al arbitrio del general Santa Cruz la victoriosa aclaración de su conducta. El va a hacer ver que un error de concepto, la artificiosa adulación de los encubiertos, interesados enemigos de la patria y esa guerra de cuya responsabilidad le ha salvado la conducta de los invasores, le hicieron ver en las necesidades públicas la exigencia de una autoridad monstruosa. Compatriotas: Cooperemos todos a la destrucción del común enemigo y que en su derrota vea el mundo castigado la perfidia más atroz de un ejército que, bajo el colorido de ayudarnos a la fuerza a recobrar la libertad, clavó en nuestros pechos sus aceros alevosos... Cesen para siempre nuestros males. Oigamos la deliberación del cuerpo soberano que ha de pronunciar nuestra futura suerte. Cantemos himnos a la libertad y a la victoria y aprovechemos las dolorosas lecciones que nos ha producido el infortunio”.279 

Con esta esperanza no exenta de recelos, Orbegoso rechazó una nueva gestión de paz que hizo el plenipotenciario Egaña.280 


16. El ejército chileno-peruano evacúa Lima

Ante la noticia de la llegada de Santa Cruz a Tarma, en Lima se comprendió que la batalla era inminente. El 29 de octubre se realizó una junta de guerra en el palacio de Lima con la concurrencia de Gamarra, Bulnes, Castilla, Cruz, Garrido, Torrico y Plasencia. Convínose en aquella junta en el peligro de esperar al enemigo. Las enfermedades diezmaban al ejército al extremo de tener más de mil hombres fuera de combate o sea la cuarta parte del efectivo; las tropas peruanas carecían de disciplina suficiente; los montoneros rodeaban a la capital y no permitían alejarse del centro a los que estaban en ella o de sus cuarteles a los que estaban acampados en los pueblos y haciendas vecinas, impidiendo la entrada de provisiones; espías de todas las clases sociales daban a Santa Cruz minuciosas y constantes informaciones, esparcían noticias alarmantes y traían y llevaban correspondencia; las extorsiones y excesos afligían y enojaban al pueblo; la guarnición del Callao podía atacar al ejército chileno por retaguardia. Se acordó, sin embargo, aparentar que se aguardaría al enemigo en una posición a vanguardia que se delinearía; y marcar otra posición en Aznapuquio para ocuparla y combatir en caso de que Santa Cruz obrase con rapidez. Si no se producía este caso, el ejército se retiraría a la línea de Huaraz a Lima donde el clima era más sano y las subsistencias más numerosas y donde además la topografía favorecía la guerra defensiva dando tiempo así para reponer y disciplinar la tropa y reforzarla con los nuevos auxilios que el gobierno de Chile prometía enviar; Santa Cruz, en tanto, sufriría los efectos del clima de Lima al que no estaban acostumbrados los soldados de Bolivia ni los de la sierra peruana y tendrían al fin que emprender una campaña larga y penosa.281 

Los lugares mencionados fueron marcados por Gamarra acompañado por Plasencia y Torrico. Después de algunos movimientos de tropas de acuerdo con aquel plan, en otra junta de guerra (3 de noviembre) con la presencia de Gamarra, Bulnes, Castilla, Cruz, el plenipotenciario Egaña y el secretario general Barra se ratificó la decisión de la retirada. Los enfermos y el equipo sobrante de la tropa fueron embarcados en Chorrillos; inutilizadas las máquinas de la fábrica de pólvora se pusieron a bordo la mayor parte de sus piezas; se acopió bestias de silla y se recogió todo el ganado vacuno de los valles inmediatos; se previno a la división sitiadora del Callao que marchara a Aznapuquio y a la escuadra que pasase a Ancón dejando en Chorrillos una goleta con advertencias para los barcos que llegaran de Chile o del norte. Se tomaron las precauciones para evitar un golpe de mano o de sorpresa. 

El 8 de noviembre la agitación militar fue el anuncio visible de la retirada. A las cinco, dada la señal convenida, desfiló por la capital, saliendo por el puente, la artillería tirada y luego el resto del ejército. Castilla quedó en la plaza con un batallón y un escuadrón de cazadores para proteger la salida de los rezagados o extraviados. El batallón se retiró a las diez de la noche y el escuadrón a las doce. A esa hora el general en jefe regresó a la plaza y comunicó a Castilla la orden de salida final. Según el historiador Bulnes, los muchachos de Lima cantaban al pasar el ejército aquellas coplas populares:

Desde estas torres
sobre estos muros
lamento y lloro
de noche y día
la sangre ilustre
que el araucano
derramó en Guía.

La demora de Santa Cruz en avanzar sobre Lima, perdiendo una oportunidad admirable para batir a sus enemigos, fue muy censurada.


17. Entrada de Santa Cruz a Lima

El 9 quedó Lima en acefalía. A las 8 de la mañana del 10 llegó la división Morán y la muchedumbre la detuvo y sin considerar la formación de las columnas se arrojó sobre ella abrazando y besando a los soldados y hasta unos les daban de comer y otros les obsequiaban con licores. Luego siguió la división Herrera acogida entusiastamente, pero con menos fervor. Pero cuando entró Santa Cruz, el entusiasmo se hizo frenético. Las gentes lo detenían y abrazaban; otros se arrodillaban levantando sus manos al cielo; la comitiva apenas podía dar un paso; al llegar a la plaza mayor donde se había estacionado el ejército recibiendo siempre agasajos y aplausos, tantos corrieron hacia el Protector que se produjo una conmoción y poco faltó para derribarlo del caballo y aun sofocarle; nada podían los edecanes ni la misma tropa para cuidarlo. El Palacio estaba desierto, sin sillas, alfombras, catres, sofás ni alumbrado y Santa Cruz hubo de alojarse en casa de don Juan Bautista de Lavalle. Tras de él entraron los Lanceros y Guías de la escolta, la división Armaza, habiendo precedido a la caballería parte de la división Vigil.282 El número total del ejército fue calculado por relaciones particulares en 6000 hombres.

Una vez más el pueblo de Lima revivía sus recepciones cortesanas. Como a San Martín en 1821, a Bolívar en 1824, a Luna Pizarro en 1827, a Orbegoso en 1834, recibía ahora a Santa Cruz. ¿Y el pronunciamiento del norte? ¿Y la impopularidad de “Jetiskan” que había influenciado hasta al propio Orbegoso llevándolo a sublevarse contra su propio gobierno, a ser revolucionario malgre lui como aquel medecin malgre lui que pintó Moliere?

Hay que recordar que los chilenos habían entrado a Lima derramando sangre peruana. No sólo los amigos de la Confederación sino los amigos de Orbegoso y Nieto estaban contra ellos. Santa Cruz había lanzado proclamas y decretos tranquilizadores. Orbegoso habíase puesto otra vez en entendimiento con él. Sin los productos de la aduana del Callao, sin las barras de Pasco, sin el apoyo del comercio extranjero, harto disminuido por lo demás, la situación económica del gobierno de Lima había sido desesperada y había suscitado muchas exacciones. Un ejército extranjero ocupante de una ciudad hostil no es tampoco nunca un modelo de moderación; y ya no estaba al frente del ejército chileno Blanco Encalada con sus arrestos de paladín sino Bulnes, soldado genuino.


18. Orbegoso entrega las fuerzas del Callao a Santa Cruz. Versión de Orbegoso

Orbegoso había transado con Santa Cruz sin mandarle un plenipotenciario para firmar un convenio y sin exigirle una declaración pública de sometimiento a la profesión de fe de 1° de septiembre.
Desde Tarma Santa Cruz le pidió ocho piezas de artillería con todos sus útiles y municiones y también una columna compuesta de la infantería que tenía de guarnición el Callao. El mismo día en que Santa Cruz entró a Lima envió al mariscal Necochea al castillo del Callao a pedir la tropa y el armamento diciendo a Orbegoso que los enemigos estaban en Infantas decididos a batirse y que eran urgentes esos auxilios. Orbegoso a pesar de que no había recibido contestación de algunas notas envió los auxilios esa misma noche con el general Guarda, gobernador de la fortaleza. En el Callao quedaron los enfermos, algunos marineros y el desventurado presidente del Estado Norperuano que no había querido ni mandar sus tropas en persona ni regresar a Lima libertada, no obstante que muchos vecinos habían ido a esperarlo. Cuando Santa Cruz obtuvo las tropas del Callao hizo entender a Orbegoso que su ánimo al aceptar la declaración del 1° de septiembre no había sido el de dejar las fuerzas bajo las órdenes del propio Orbegoso; y que creía que todos sus ofrecimientos serían cumplidos reuniendo, después de la derrota de los chilenos, una Asamblea en cada Estado. Al mismo tiempo hizo ir al mismo jefe que estaba a cargo de la tropa, como gobernador de la fortaleza y con la prevención que Orbegoso quedase a sus órdenes.283 

¿Por qué Orbegoso se despojó ingenuamente del único resto de fuerza que quedaba bajo su poder? “El haber convenido en deshacerme —dice él mismo en uno de sus escritos de aquella época— de la guarnición del Callao sin una garantía real que hubiese asegurado el cumplimiento de los ofrecimientos del general Santa Cruz y confiado únicamente en su firma, es el único cargo contra mí que no parece del todo infundado... Ciertamente cometí un error que después trajo funestos resultados a la Patria; y sin el que tal vez ahora no estarían los enemigos gozándose en la suerte de sus víctimas. La premura con que el general Santa Cruz me mandó decir que iba a batir a los enemigos en circunstancias en que despavoridos habían salido de la Capital, en retirada, con fuerzas muy inferiores en todo a las que habían traído y el peligro de que se embarcasen aún perdiendo su caballada y sus bagajes, no me dieron lugar para asegurar las previas garantías que debía exigir antes de mandar la tropa. Por otra parte ¿cómo había de persuadirme que el general Santa Cruz faltase tan abiertamente a un compromiso que había estampado bajo su firma y que le había producido nada menos que ser recibido de los pueblos como defensor, como aliado en lugar de caudillo de una causa detestada generalmente? Su misma posición, su rango, su fama, la gloria de que iba a cubrirse, eran otras tantas garantías para mí. Obré ligeramente, lo confieso, y sufro las consecuencias de aquel error y las sufrí desde entonces mismo”.284 

La divergencia que surgió entonces giró alrededor del deseo que Orbegoso tenía de conservar el mando de sus tropas, como presidente del Estado Norperuano hasta que se reuniera la representación nacional; este era uno de los puntos de su declaración de 1° de septiembre a la que se había sometido Santa Cruz.


19. La entrega de las fuerzas del Callao. Versión de Santa Cruz

Años más tarde Santa Cruz aludió a estos hechos. A él no le fue dable —dijo— reconocer a Orbegoso como presidente del Estado Norpe-ruano. El título de Orbegoso provenía del alzamiento que hizo contra la Confederación; aceptarlo era declarar anulada la autoridad protectoral y disuelta la Confederación, en cuyo caso Santa Cruz no tenía derecho para estar en Lima ni para combatir a los chilenos. Conforme a los decretos expedidos por las asambleas de Sicuani y Huaura, sigue diciendo Santa Cruz, él era la sola autoridad legal de los Estados del Perú; y los actos ilegales y tumultuarios de julio no eran bastantes para destruirlos. El anuncio publicado en El Eco del Protectorado sobre el posible envío de un comisionado ante Orbegoso, aparte de carecer de valor estrictamente oficial, se refería a la misión de atraerlo otra vez a su deber e impedir su unión con los chilenos. Respecto a la carta privada a Orbegoso, decía Santa Cruz: “Contestaré a aquel cargo confesando paladinamente que en medio de la multitud de negocios graves que llamaban mi atención cuando escribía la carta agitado por la idea de fatales consecuencias para la causa pública, de la pérdida del Callao y deseoso de conciliar en cuanto fuese posible las pretensiones del general Orbegoso, no me fijé mucho en la naturaleza de todas las que contenía el papel que dió a luz acerca de su profesión de fé política: en aquel momento en que todo era incierto y en que no debíamos pensar en más que debelar al enemigo, no hice alto en la solicitud del general Orbegoso de permanecer en las fortalezas como autoridad independiente hasta que se reuniese la Representación Nacional; y juzgando que esta reunión sería el objeto importante de sus aspiraciones, no dudé en prometer mi aquiescencia a sus demandas, pues yo también anhelaba reunir la Representación Nacional de los tres Estados. Este fué mi error, que tal vez merezca alguna disculpa, tanto por las circunstancias ya expresadas cuanto por la consideración de ninguna seguridad que la interposición de fuerzas enemigas ofrecía para la correspondencia; lo cual me obligaba a no entrar en tantos pormenores y a contraerme tan sólo a las materias de interés general”. Además, dejar al Callao atrás en situación dudosa, era cometer un craso error militar.285 

¡Doblez de político!, se dirá incrédulamente ante esta defensa. Todos los ofrecimientos y seguridades antes de lograr la guarnición del Callao y el olvido de ellos al conseguir ese objeto. Tal vez fuera así. Pero es cierto que las necesidades de la guerra no permitían la bifurcación del mando ni era conveniente ya el separatismo del Callao. Además, esa guarnición estaba en realidad por Santa Cruz. Orbegoso era prisionero de ella, con mera libertad de hablar y de escribir; como había sido prisionero de la oligarquía militar gamarrista en palacio durante los primeros días de su presidencia, antes del 4 de enero de 1834. Santa Cruz había ascendido a los jefes del Callao: Manuel Guarda y Francisco X. Panizo, a generales de Brigada; Juan José Panizo a capitán de navío; Domingo Valle Riestra a capitán de fragata; Enrique Pareja a coronel; Miguel Saldívar a capitán de Corbeta.286 Ninguno de los agraciados había protestado. “Con el coronel Guarda estamos en comunicación”, decía el general Herrera en una nota que fue publicada.287 Una carta de Pedro Astete en el Callao a Santa Cruz le daba seguridades de que en el castillo era difícil una sublevación a favor de Orbegoso y de que este mismo no la deseaba, salvo el caso de estar influenciado “por aquella señora de Lima”.288 En último caso, ¿cómo los jefes, oficiales y tropas incorporados al ejército confederal no protestaron ni entonces ni después por haber sido alejados de Orbegoso?


20. La soledad de Orbegoso

Viéndose sin fuerzas, burlado, excedente, desocupado, Orbegoso se dirigió al gobernador de la plaza del Callao, Guarda. “Ocupada —decíale— la mayor parte del país por los enemigos invasores de nuestra Patria. Vencido el ejército peruano en la batalla de Guía. Desconocida por S. E. el general Santa Cruz (que se halla a la cabeza de un fuerte ejército para batir a los mismos invasores) la autoridad peruana y no teniendo medios de exigir su reconocimiento, han cesado mis compromisos públicos y mi presencia pudiera desde hoy ser perjudicial a la causa nacional y a su defensa contra la invasión. Al tiempo de cesar mi autoridad por las razones dichas, he protestado contra todo acto que ataque la soberanía y los derechos del pueblo peruano. Réstame encargar a U. S.: que en nombre de la Nación y por mí, dé las gracias a la heroica guarnición que bajo las inmediatas órdenes de U. S. ha sostenido con denuedo el honor peruano dentro de estos muros hasta el 8 del corriente en que los enemigos levantaron el sitio. ¡Ojalá la Patria premie los servicios de los bravos que se han distinguido y la Posteridad los recuerde con el entusiasmo que inspiran! Mis votos son, señor Jeneral, porque todos los peruanos se unan para arrojar a los invasores y que disfruten algún día de paz, libertad y dicha. Con sentimientos de aprecio distinguido es que me despido de U. S. suscribiéndome su atento Servidor. —Luis José Orbegoso”.289 

Hay en esta nota un inconsciente tono entre trágico y bufo. Principia Orbegoso por reconocer el ascenso dado a Guarda por Santa Cruz cuando Guarda mandaba las tropas orbegosinas. Da las gracias a una guarnición que lo había abandonado y pide premios para ella.

Pero ahora, en Orbegoso dialogando con su propio espíritu atribulado se despierta una fiebre de escritor. La soledad y la desgracia son sus musas. Y entonces redacta una Protesta a la Nación. Allí recuerda su ilusión en la Confederación Perú-Boliviana de derechos equivalentes, desvanecida con el pacto de Tacna y los incidentes posteriores. La revolución de julio ajena a su voluntad pero que le puso en el trance de optar entre los peruanos y sus opresores. La batalla de Guía, señal de los propósitos proditorios de Chile. El golpe de caballo que sufrió y la entrada al Callao ocho días después de la batalla. El arreglo con Santa Cruz y su engaño. El cese de su autoridad por falta de medios materiales. “Más en mi carácter de última autoridad legal —agrega— protesto solemnemente ante la nación y el mundo contra todo acto atentatorio a la soberanía del pueblo, a la independencia y a la dignidad del Perú”. Prosigue en seguida declarando que se ha negado a secundar al ejército chileno a pesar de ofertas reiteradas de reconocerlo como presidente, hechas hasta el día antes de abandonar el asedio. “Tampoco ha sido posible ajustarme con S. E. el Presidente de Bolivia contra cuyo régimen humillante se han pronunciado los pueblos con entusiasmo y cuyos principios son reprobados por todas las naciones del continente americano como opuestos a las luces del siglo. El abatirá el orgullo chileno; esto está en el orden de las cosas. Si él entonces no desconoce su posición, si no se alucina con quiméricas e irrealizables esperanzas dejará a mi patria en libertad para disponer de sí propia y de este modo ganará lauro inmortal. Más si, por el contrario, se obstinase en violentar la tendencia popular, su dominación será tan precaria como la de todos los que han pretendido sobreponerse a la voluntad nacional”. Algo más agrega todavía: el país puede utilizarlo pero con la condición de que no volverá a ejercer el mando supremo. Reclama luego la unión sagrada contra Chile; pero sin ingerencia extraña. “Soy hombre —prosigue— y no he podido hacer más en desempeño de la misión que me confiaron los pueblos y que acepté no por miras personales sino para cooperar al restablecimiento del pabellón bicolor, en su gloría primitiva y el de las instituciones patrias. Ahora doy la última prueba de consagración a la causa pública separándome de la tierra querida donde ví la luz primera: alejándome de los lugares donde yacen las cenizas de mis abuelos: entregando mis hijos a la orfandad: abandonando cuanto tengo de caro y sagrado en el mundo: mi familia saqueada, insultada y arrestada en mi propia casa por las bayonetas enemigas y tratada indignamente por ellas. Dejo mi corazón en la Patria: en la Patria por la cual solo he vivido, por la cual solo he continuado viviendo”. Termina expresando su gratitud a los compatriotas por la confianza depositada en él en distintas circunstancias; y su deseo de consagrarles sus últimos días “que ha querido perdonar la muerte en las jornadas en que la fortuna traicionó el valor de los defensores del Perú”.290 

Al saber Santa Cruz la actitud de Orbegoso, le escribió pidiéndole que no publicara su protesta pues se vería obligado a ventilar en público la cuestión suscitada. Orbegoso le contestó increpándole la falta de cumplimiento de su palabra y asegurándole que si daba publicidad a la cuestión, él por su parte haría lo mismo con los documentos clásicos que desde el año 35 no había publicado “por conservar (a Santa Cruz) su prestigio como americano, como jefe y como amigo”. Santa Cruz solicitó entonces una entrevista con Orbegoso que se había asilado en la fragata francesa “Andromede”. Aquel patético encuentro entre estos hombres que tantas responsabilidades y esperanzas comunes habían tenido se realizó ante García del Río a bordo de la “Andromede”, en la misma bahía de donde había salido Freire alucinado con los dos barcos de su expedición funesta y de donde arteramente Garrido había robado la escuadra peruana. Dos horas duró aquella charla pero no redundo en ningún acuerdo y su sombría violencia debió ser un contraste con la impasibilidad de las aguas verdinegras que le servían de proscenio.291 

En esos días circularon proclamas firmadas con el nombre de Orbegoso incitando a los peruanos a unirse al Ejército Restaurador contra Santa Cruz. El 26, todavía en la bahía del Callao, a bordo de la “Andromede” Orbegoso escribió con tal motivo una nueva protesta. “Mi conducta —agregaba— desde que mis enemigos invadieron el país, hasta que levantaron el sitio del castillo el 8 del corriente, debe haber marcado a mis compatriotas mis principios. Todo el que sienta correr en sus venas sangre peruana y abrigue nobles sentamientos está obligado a hacer la guerra a los invasores de la patria; que la han hollado, derramado a torrentes la sangre peruana, saqueado las propiedades, encendido la anarquía y que aún aspiran a degradarnos, colonizarnos y destruirnos. Bien lejos yo de aconsejar a mis compatriotas unirse a sus bárbaros y crueles enemigos, he preferido expatriarme dejando a mi familia en la orfandad antes que conservar, (transigiendo con ellos en la humillación de mi patria) mi puesto y mis particulares intereses.

Estos son mis sentimientos y los serán constantemente. ¡Ojalá que mis compatriotas animados del santo ardor que inspira el patriotismo, se unan todos para arrojar del suelo peruano al ejército invasor que tiene sumida la patria en consternación y amargura! —A bordo de la fragata “Andromede” en el Callao, 26 de noviembre de 1838. —Luis José Orbegoso”.292 

Nótese que en toda esta literatura pública, Orbegoso acalla su resentimiento contra Santa Cruz y exhala su resentimiento contra los chilenos. En el fondo es la misma actitud que tuvo antes del pronunciamiento de julio y que inspiró su declaración de 1° de setiembre: acabar ante todo con la invasión chilena.

Pero no por eso Orbegoso resulta aliado de Santa Cruz. La prueba está en la frustrada entrevista de la “Andromede” y en su viaje mismo. Más tarde llegó a afirmar que el desprecio manifestado por Santa Cruz a la opinión netamente peruana, restó popularidad a su causa desde los días siguientes a su triunfal recepción en Lima; empezando la gente a considerar la guerra como un asunto de dos ejércitos extranjeros.

Embarcado en una goleta mercante, Orbegoso salió del Callao el 4 de diciembre con destino a Guayaquil.

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244 Don Manuel Ferreyros estaba todavía en Guayaquil. No aceptó el ministerio de Hacienda. Alegó en carta particular a Gamarra repugnancia a dicho cargo desde sus conversaciones en Puno, Lampa, Cuzco y Lima en otra época y en Guayaquil más recientemente. Aún sin su horror “al caos de la hacienda peruana que los gobernantes y la avaricia extranjera deben haber enmarañado, más y más”, él era “mediano administrador de Hacienda” y le faltaban conocimientos para ministro del ramo, se sentía incapaz y no miedoso. (Ferreyros a Gamarra, 6 de octubre de 1838, original en la BNP.)
245 El Peruano, N.º 2, 28 de agosto de 1838, N.º 3 de 31 de agosto, N.º 4 de 4 de septiembre.
246 Al público, hoja suelta; sin pie de imprenta ni fecha.
247 Memoria cit., p. 46.
248 Protesta hecha por el general Orbegoso desde el castillo de la Independencia a donde se ha acogido y cuya copia ha venido a esta capital por varios conductos. Imp. del Estado por E. Aranda. Reproducido en Al pueblo americano, Guayaquil, 24 de noviembre de 1838, firmada por Orbegoso en el ejemplar de la BNP.
249 Carta escrita por S. E. el presidente provisorio Gran Mariscal D. Agustín Gamarra al de igual clase militar Exmo. Sr. D. Luis José Orbegoso (Hoja suelta sin fecha y sin pie de imprenta).
250 Al público americano, Guayaquil, 29 de octubre de 1838, Imp. de Manuel I. Murillo.
251 Plasencia, Diario, pp. 21 a 25 con un mapa. —Santa Cruz, manifiesto, p. 164. Oficialmente y en cartas privadas los santacrucinos sostuvieron que los vencedores habían sido ellos: cartas de Herrera a Vivas, Jauja, 30 de septiembre; Otero, 31 de septiembre, de Santa Olaya a Vivas.
252 Lizarburu a Gamarra, 28, 30 de octubre, 22 de diciembre. Archivo de la BNP.
253 Mejía a Castilla, 12 de septiembre de 1838 desde Huaraz. Archivo de la BNP.
254 Plasencia, pp. 32 y 33.
255 D. Nieto a La Fuente, 6 de septiembre de 1838. Archivo de la BNP.
256 Memorias cit., pp. 45 y 48.
257 Nieto a Grau, Guayaquil, 5 de octubre de 1838. Archivo de la BNP.
258 Ferreyros a Gamarra, Guayaquil, octubre (en la BNP). Ferreyros no coincidía con la opinión de Nieto por temor a que se repitiesen los desórdenes del año 22.
259 “No conoce Ud. —decía el N.º 2— que la plebe cuando lleguen a su colmo las medidas que UU. ponen hoy en planta para trastornarlo todo a mano armada atacaría a UU., los saquearía y haría de UU. un San Francia que nadie podría evitar?” “No, no, señorita, nuestras Escuadras... Malditas sean sus escuadras ¿valdrían éstas cuando llegase el caso de darles un golpe de mano?”
260 “Pero señorita ¿qué es lo que han hecho los señores extranjeros en Lima? —No guardar neutralidad, ingerirse en las contiendas y diferencias de los peruanos, atizar el odio y rencor de los partidos y procurar que el país nunca pueda tener orden ni arreglo. Algunos han usado de tan poca delicadeza y decoro que se han jactado de causarnos males y para que ellos sean más efectivos y más crueles se han plegado al usurpador del país, al tirano Santa Cruz, por él están decididos abiertamente. La otra noche estuvo aquí, don Guillermo y disparató tanto y ensalzó tanto a su amigo como él llama al idiota jetón que tuve un mal rato... Pobres de los peruanos si en Inglaterra u otra nación tuviesen el más ligero desliz; no los tolerarían un momento; pero nosotros estamos condenados a que en nuestra casa todos los extranjeros quieran mandar” (El Periodiquito, N.º 3. Ver en el número 5, “El inglés y la limeña” y en el N.º 6 “Diálogo entre una señorita limeña y un mercachifle”.
261 Colección de los tratados, convenciones, capitulaciones, armisticios y otros actos diplomáticos y políticos celebrados desde la Independencia hasta el día, por Ricardo Aranda, tomo x, Imp. del Estado, Lima, 1907, p. 239 y siguientes. Reproducido en Las relaciones entre Méjico y el Perú. Archivo Histórico Diplomático Mejicano, 1923, tomo 4, p. 37 y siguientes.
262 El Peruano, N.º 13 de 5 de octubre de 1838, N.º 22 de 6 de noviembre. Oficios de Bulnes cit. Sotomayor Valdés, iii, p. 427.
263 Las notas de Wilson que se conservan en el Archivo de Límites son de una dureza extrema. El gobierno las publicó en forma parcial e incorrecta, según el propio Wilson (El Peruano, N.º 7). Inclusive el agente británico llegaba al sarcasmo personal. “El Sr. Lazo —dice en su nota de 15 de Septiembre— aduce un cargo al infrascrito por la omisión de haber protestado contra el armamento de los castillos del Callao donde están situados los almacenes de la Aduana; pero seguramente el Sr. Lazo que era el único ministro del gobierno del general Orbegoso a tiempo que en la mayor parte se verificaba esta obra, no habría consentido en tal acto de ingerencia con la defensa militar de una nación para resistir a la invasión próxima a su territorio por un ejército extranjero; tampoco las circunstancias de haberse efectuado esta invasión bajo el carácter de una Restauración chilena varía en nada la cuestión viéndose que la tal proyectada Restauración chilena fué solemnemente protestada y resistida como una invasión por el gobierno que entonces sirvió el señor Lazo.” (En el Archivo de Límites.)
264 “Estoy siempre fijo en mis opiniones respecto de las fuertes potencias —escribía Ferreyros a Gamarra— nada de tratados ni de cónsules y agentes diplomáticos ni de estaciones: ni un buque de guerra extraño quiero en los puertos americanos. Que el niño ataque el pan del gato o este quiera quitar su pan al niño ¿cuál de los dos saldrá en todo caso arañado?” (Ferreyros a Gamarra, desde Guayaquil, 18 de diciembre de 1838. En la BNP.
265 Aranda, colección de tratados cit. Tomo iv, 1892, pp. 47 a 49. Cuéntase que La Fuente, uno de loa principales restauradores en su vejez era senador cuando se discutió el tratado de alianza con Bolivia. Habiendo opinado que este tratado traería a los chilenos otra vez al Perú, alguien le interrumpió diciendo que él los había traído en 1838. La Fuente repuso: “Los trajimos bien pagados. Ahora vendrán como invasores”.
266 El Peruano, N.º 18 de 23 de octubre de 1838.
267 El Peruano, N.º 15 de 12 de octubre de 1838.
268 Izquierdo a Gamarra, 7 de octubre de 1838. Archivo de la BNP.
269 “Este señor, como Ud. conoce, es testarudo, no lo creo su amigo y tal vez quiera variar la influencia política me parece que muy a destiempo y siendo también muy pusilánime y cobarde quiera tentar otro Paucarpata. Por de contado, la pandilla de Pardo y Vibanco será la primera en rodearlo y lo que pueden decirle Ud. lo conoce”, (ídem, id.). En su carta siguiente Izquierdo insiste en que a pesar de la ocupación del norte y la victoria de Matucana, Egaña está prevenido en contra de Gamarra (17 de octubre).
270 Mensaje del Presidente de Chile el 1° de junio de 1839.
271 Diario de los sucesos ocurridos en Lima (El Eco del Protectorado, N.º 121 a 128 y N.º 132). Cartas particulares, archivo de la BNP.
272 Memorias de O’Connor cit., pp. 270, 277, 282 con algunos detalles de testigo y actor. El Eco del Norte, 28 de julio de 1838; El Araucano, 2 de noviembre de 1838. En carta de Allende a Gamarra, aludiendo al asesinato de Heredia y a la posibilidad de que la mano de Santa Cruz estuviera oculta allí, decíase: “Pero con esa muerte el único que ha perdido es Santa Cruz porque cualquiera que reemplace a Heredia no será tan borracho, tan ladrón y tan cobarde como el finado”. (Archivo de la BNP.) Una relación del asesinato publicada en El Mercurio de Valparaíso de 12 de marzo de 1839, concluye diciendo: “Por lo que a mí toca, creo que el general Heredia ha sido víctima de sus excesos y sus excesos efecto de las circunstancias tormentosas y complicadas en que lo puso la falta de recursos”.
273 O’Connor, Memorias cit., pp. 283 y 284.
274 Carta citada más atrás a propósito de la expedición Freire.
275 El Eco del Protectorado, N.º 122 de 19 de septiembre de 1838.
276 El Eco del Protectorado, N.º 124 de 22 de septiembre de 1838.
277 “La proscripción y la defensa de Mariano Enrique Calvo”, p. 4, Carta de 26 de septiembre. Calvo publicó también su respuesta “lo que sí no me parece político ni llano es tratar de hacer una nación compacta del sur y de Bolivia. Ya he dicho a Ud. en mis anteriores lo que siento a este respecto y ahora para no volver a tocarlo, sólo recordaré a Ud. que en esto mismo pensó Ud. antes de la Confederación, en época por supuesto más favorable que la presente para emprenderlo: entonces todo el sur huyendo del despotismo y de la anarquía al mismo tiempo que de la supremacía de Lima clamaba por unirse a nosotros y parece que algo tuvo Ud. que trabajar para que la Asamblea de Sicuani no se pronunciase en este sentido: entonces Bolivia, orgullosa y deslumbrada con los triunfos de Yanacocha y Socabaya habría visto la cosa si nó con agrado, por lo menos con poca repugnancia: ahora es todo lo contrario, los pueblos del Perú si es de creer a los que han venido de ellos, empezando desde el señor Torrico, están cansados de la intervención boliviana; nos ven como a sus conquistadores y opresores; los de Bolivia nunca han podido digerir esta amalgama; y después de todo lo ocurrido con motivo del pacto de Tacna, éste sería un nuevo y más precioso pretexto para que retozasen los malvados... ¿Cómo se haría la fusión? ¿Conservando Bolivia alguna superioridad o cediéndola al sur? Tan malo es lo uno como lo otro y conservar un justo medio es tan imposible como inútil y perjudicial: conservando el sistema representativo no haríamos más que traer a nuestros congresos una semilla infernal de anarquía y desorden; en una palabra, si por nuestra pequeñez y nuestros principios republicanos no podemos pensar en agregarlo como conquista, mejor es tratar de consolidar la independencia y separación del norte que nos proporciona casi todos los bienes de la unión sin exponernos a sus males”.
278 El Eco del Protectorado, N.º 125 de 26 de septiembre de 1838.
279 Al público americano. Documentos interesantes sobre los actuales acontecimientos del Perú, Guayaquil, Imp. M. I. Murillo, 24 de noviembre de 1838. —Fechada el 26 de octubre. También incluye una carta a Santa Cruz fechada el 28 de octubre, en los mismos términos.
280 Sotomayor Valdés, ob. cit., iii, p. 404.
281 Diario Militar cit., p. 44.
282 El Eco del Protectorado, N.º 125 de 26 de septiembre de 1838.
283 Memorias de Orbegoso, Paz Soldán, p. 321. Breve exposición de Guayaquil, julio de 1839, cit., pp. 28 y 29.
284 Breve exposición de Guayaquil, julio de 1839, cit., pp. 30 y 31.
285 Santa Cruz, manifiesto cit., pp. 170 a 173.
286 Decreto de 18 de septiembre, en El Eco del Protectorado, N.º 124 de 22 de septiembre de 1838.
287 Tarma, 8 de septiembre, en El Eco del Protectorado, N.º 124 de 22 de septiembre de 1838.
288 1° de Noviembre de 1838. Ver también la carta del misino Astete a Herrera, 31 de octubre (Archivo de la BNP.)
289 Protesta: “Debiendo los peruanos tener conocimiento de los documentos siguientes, que no fué posible publicar en Lima, en las fechas en que tuvieron lugar y que sólo corrieron manuscritos, con el riesgo de ser confundidos con otros apócrifos que inventó la perfidia de los enemigos de aquel país, se ha aprovechado de la primera ocasión para darlos a la prensa”. —Guayaquil, Imp. de M. I. Murillo, 17 de diciembre de 1838. (Ejemplar entregado a la BNP por don Pedro Orbegoso.)
290 Protesta cit.
291 Paz Soldán, ob. cit., p. 229. Orbegoso no cita esta entrevista ni en su Manifiesto de Guayaquil en 1839 ni en sus Memorias publicadas por su hijo don Pedro y por Paz Soldán.
292 Protesta cit., publicado en Guayaquil, 17 de diciembre de 1838.

 


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