LA SEGUNDA CAMPAÑA RESTAURADORA
EL PERUANISMO ANTIBOLIVIANO Y ANTICHILENO
(continuación)

 

 

18. Nuevas negociaciones entre Norperuanos y chilenos

De otro lado, Orbegoso no quiso dar su consentimiento para el desembarco del ejército chileno mientras no mediasen estipulaciones entre su general y el gobierno neoperuano.

Pero Bulnes había desembarcado sus tropas considerando que “la nación peruana no podía negar su territorio a un ejército tutelar de sus derechos y protestando de la desconfianza que revelaba Orbegoso. El coronel Porras, a nombre de Orbegoso, repuso que en ninguna sociedad organizada se verificaba el paso de tropas extranjeras sin el previo consentimiento y permiso expreso de la suprema autoridad, que los motivos de la expedición habían dejado de subsistir; y le intimó a que se retirara sobre la villa de Chancay como condición indispensable de todo pacto ulterior y que permaneciese allí seis días donde el gobierno le suministraría los refrescos necesarios (9 de agosto).

Ya habían conversado en Tambo-Inga los dos viejos camaradas Nieto y Castilla, sin lograr ponerse esta vez de acuerdo, pues Nieto insistía en la necesidad de la retirada chilena a Chancay. Ya habían ocupado también varias posiciones las tropas chilenas. El epistolario entre Bulnes y Orbegoso continuó desde el 9 al 14. La marcha retrógrada según Bulnes cansaría a la tropa, maltrataría a los caballos y retardaría las operaciones urgentes sobre el usurpador; entre tanto podían discutir sobre el modo de destruir de consuno a ese usurpador. Porras a nombre de Orbegoso respondía que buscara a Santa Cruz allí donde estaba, que el Perú libre no había solicitado el auxilio chileno, que su territorio había sido violado, que con el reembarco en nada se comprometía la campaña, pues Santa Cruz se hallaba en el sur del Perú o en Bolivia.219 

El 13 Bulnes tuvo una entrevista con Nieto en Chacra de Cerro. Nieto dice que él prometió que conseguiría permiso para que el ejército chileno pasase al sur de la capital y sin entrar en ella proporcionándosele recursos, debiéndose luego pactarse los arreglos del caso; y que le ofreció en rehenes su esposa e hijos que podían depositarse a bordo de cualquiera de los buques de la escuadra y aun su propia persona.220 El 14 se reunieron en el mismo punto dos comisionados nombrados por cada parte: por la chilena el coronel Godoy y el señor Garrido y por la peruana el coronel Méndez y el doctor Villarán. Las negociaciones parecieron felices. Pero a pesar de la cortesía de Villarán, Garrido mostróse hosco. Villarán llegó a decir a Godoy: “Este hombre, señor coronel, hace un malísimo negociador: aquí estamos confundiendo los verdaderos intereses de los pueblos con los de dos intrigantes. Gamarra no es conocido de Uds.: lo que él quiere es volver a mandar”.221
 
Según una información oficial publicada por el gobierno de Orbegoso después de recíprocas protestas de paz, amistad y buena fe que hicieron los comisionados por parte del gobierno del Perú y del jefe del ejército expedicionario de Chile, pretendieron éstos entablar luego una negociación sobre los términos en que debía abrirse la campaña contra Santa Cruz. Los peruanos se negaron a ello mientras no se resolviese el punto de la satisfacción que exigía su gobierno por la violación del territorio. Al fin de un largo debate se convino en que el ejército expedicionario reembarcase un pequeño cuerpo pudiendo entonces el resto marchar por tierra sin entrar en la capital y acantonarse en un punto que no distase menos de cinco leguas de Lima para tomar luego su dirección al sur. Luego, los chilenos después de pedir proposiciones, escribieron un manuscrito que fue redactado en forma de artículos y como bases sobre la Convención. Decía así:


     1º El general en jefe del Ejército Restaurador reconoce al actual gobierno del Perú.

     2° El general en jefe declara que al desembarcar las tropas de su mando no tuvo ánimo de violar el territorio peruano; y su S. E. el presidente del Perú declara al mismo tiempo que cuando en los actos oficiales de su administración ha manifestado un carácter hostil a Chile no ha sido por irrogarle una ofensa sino por haber desconocido de un modo directo la política franca y leal del gobierno de Chile respecto a la guerra declarada al general Santa Cruz.

     3° El general en jefe promete no intervenir en ninguno de los actos del gobierno del Perú.

     4º El gobierno del Perú y el general en jefe se comprometen a hacer la guerra al general Santa Cruz hasta que la nación peruana quede enteramente libre de las armas del usurpador y hayan cesado los motivos que puedan hacer temer una nueva ocupación de sus tropas.

     5° El gobierno del Perú se compromete a proporcionar al Ejército Restaurador y escuadra sin cargo alguno al de Chile, los recursos de todo género que hayan menester para las operaciones de la campaña; debiendo empezar a correr por cuenta del expresado gobierno los gastos originados por el ejército desde el día de su desembarco.

     6º El sueldo de los soldados, cabos y sargentos será el mismo que disfrutan las tropas peruanas.

     7° Los sueldos de jefes, oficiales y empleados del ejército y la escuadra, serán los mismos que gozan en el Perú los de sus respectivas clases y el pago de ellos correrá por cuenta del gobierno del Perú desde el día que zarpó la expedición de Valparaíso.

     8º El gobierno del Perú queda obligado a pagar el valor de los transportes que han conducido la expedición en la misma forma que se ha obligado el gobierno de Chile por las contratas de fletamento.

     9° El gobierno del Perú se obliga a transportar de su cuenta a Chile el ejército cuando se haya terminado la campaña.

     10º El general en jefe del ejército se obliga a poner a disposición del gobierno del Perú la barca Santa Cruz y el bergantín Arequipeño.

     11° El ejército de Chile será mandado por su actual general o el que en adelante nombrase su gobierno y el del Perú por el que ahora le manda o el que nombrase el gobierno de esta República. Si ambos ejércitos hubiesen de obrar unidos estando presente el Presidente de esta República serán mandados por él; mas no estando serán mandados por el general en jefe del Ejército Restaurador.

     12° La escuadra de Chile y la del Perú obrarán bajo las órdenes de sus respectivos jefes; pero si obrasen unidas tomará el mando el de mayor graduación.

     13° El plan de campaña que debe seguirse en la presente guerra será acordado por S. E. el Presidente y el general en jefe del ejército de Chile.

     14º Los peruanos que han venido con el ejército de Chile serán restituidos a sus empleos militares y civiles quedándole al gobierno la facultad de destinarlos del modo que halle por conveniente.

     15° No estando en las facultades del general en jefe entrar en otros puntos además de los contenidos en el presente convenio, los gobiernos del Perú y Chile entablarán, cuando lo crean conveniente, las negociaciones necesarias para fijar de un modo estable las relaciones de ambos países.


Un artículo adicional pedía salvoconducto para mudar de campo porque no tenía el ejército chileno con qué comer.

Los comisionados del Perú ocuparon casi cinco horas en las proposiciones 5.a, 6.a, 7.a, 8.a y 14.a. En cuanto a esta, el gobierno peruano había dictado ya un decreto y se preparaba a otro; no se le consideró necesario. Los comisionados peruanos ofrecieron obtener subsistencias para el ejército expedicionario; y pretendieron enmendar o cambiar dichas cláusulas 5.a, 6.a, 7.a y 8.a, pero se les repuso que ni el mismo general en jefe chileno estaba autorizado para ceder en lo menor sobre el contenido de ellas.222 Como se ha visto, se referían al suministro de recursos para el Ejército Restaurador durante la campaña y al pago de sus sueldos y de los transportes desde Valparaíso.


19. Ruptura de las negociaciones

Había sin embargo algunas esperanzas de nuevas reuniones y de llegar a un acuerdo. ¿Por qué no se llegó a él ? Nieto dice que Garrido, sin instrucciones para ello, convirtió el memorándum trascrito en ultimátum. Godoy dice que Gamarra secretamente ordenó que una partida de emigrados al mando de su adicto Lopera clandestinamente salidos del cuartel general tomara medidas de extorsión. (A algunas medidas violentas dio lugar, por otra parte, la situación de los soldados chilenos. Las acequias que conducían agua a su campamento eran cegadas; vendedores de frutas nocivas que el calor y la sequedad hacían más apetecibles introducían la diarrea; los hospitales se llenaban.) Cartas de Gamarra a Lima, dice Godoy también atacaban a Orbegoso y hacían sospechar de la buena fe de los chilenos.223 Lo cierto es que, el 14, Porras a nombre de Orbegoso, con excesiva precipitación declaró rotas las hostilidades porque ya no era posible la ilusión de paz “después que invadido el territorio se comete el vandalaje más escandaloso sobre los pacíficos vecinos, se toman sus propiedades con descaro y no se guarda la menor consideración a un pueblo que por sí sólo ha destrozado sus cadenas”.224 


20. Bifurcación de los peruanos venidos de Chile

Aceptado el rompimiento, el jefe del Estado Mayor del Ejército Restaurador citó a los jefes y oficiales que se hallaban en el campamento y habiéndoles leído la nota de Orbegoso y explicándoles sus antecedentes propuso que eligiesen entre hacer la guerra en las filas del Ejército Restaurador o tomar otro partido. La mayoría adoptó el primero y fue destinada: Gamarra, comandante general de la división de reserva; La Fuente, primer jefe de vanguardia; Castilla, su 2º; Plasencia al Estado Mayor; Torrico, primer comandante de la columna de cazadores; Deustua, 2° de la misma; Laiseca, comandante accidental del batallón Valdivia; Lerzundi, agregado al escuadrón Lanceros.225
 
Nueve peruanos se separaron de la expedición restauradora alegando que el ejército chileno había venido a combatir con Santa Cruz y sus secuaces, pero no con los peruanos ni con su gobierno nacional de los cuales más bien debían ser aliados; y considerando que Bulnes obraba aconsejado por peruanos que no distinguían con claridad los intereses patrios y sus particulares intereses. Entre estos nueve estaban don Felipe Pardo y Aliaga, el coronel Manuel Ignacio Vivanco, don Andrés Martínez, los coroneles Juan Francisco Balta y Juan Antonio Ugarteche, los hermanos Viveros, Basagoitia.226 

El grupo de disidentes se retiró al lugar llamado Copacabana.

Quedó pues este manípulo en una situación singular. Sus compañeros de viaje los miraban de reojo viéndolos por lo menos reprobar tácitamente su conducta; los chilenos les tenían prevención y saña iguales “sin que fuese posible explicarles que no eran Pardo y sus compañeros quienes habían faltado a sus obligaciones hacia Chile en los compromisos entre peruanos y chilenos para la empresa de la Restauración”. Orbegoso y quienes lo secundaban acogieron con entusiasmo la noticia de esta separación; pero se trataba de viejos enemigos políticos suyos que, por lo demás, no pasaron a engrosar sus filas. Por otra parte, Santa Cruz ofreció a Pardo, como ya lo había hecho en ocasiones anteriores, un puesto eminente en el gobierno de la Confederación, que Pardo no aceptó. A Vivanco le fue ofrecido el Ministerio de Guerra de Gamarra y se negó abiertamente.227 A los chilenos estaban unidos Pardo y sus amigos por la amistad y el reconocimiento y a los peruanos por el nacionalismo. Por eso no actuaron en la guerra que concluyó en Guía. 

A reflexiones irónicas a fuer de ser paradojales debiéronse entregar entonces Pardo y sus compañeros. Pardo, sobre todo, y Vivanco, habían sido acaso los más eficaces agentes para decidir a Portales en la guerra contra Santa Cruz; y el fruto de sus trabajos eran ahora la soledad, el aislamiento, la amargura. Entonces, como tantas otras veces, debieron sentir la ausencia de su amigo Portales que si bien no se notaba en la política chilena, los había privado de un apoyo que además de decisivo hubiera sido leal y permanente. ¡Quién hubiera podido sospechar todo esto, dos años antes, cuando ellos manejaban casi toda la política contra la Confederación, cuando Gamarra era vilipendiado públicamente por el gobierno chileno y Bujanda, el agente de Gamarra, como otros gamarristas más, despechados iniciaban su traidor acercamiento a Santa Cruz! El mundo al revés: ¡Orbegoso dando el grito de libertad contra los bolivianos! ¡Gamarra dominando a los chilenos! En los sucesos y en los hombres del Perú el absurdo resultaba consuetudinariamente entronizado. Todo era posible, todo era cambiante.

Así, apenas pisaron tierra peruana Gamarra, Pardo y Vivanco se marcó la separación entre el viejo caudillo retrechero y los jóvenes ilusos. El manípulo de Vivanco surgido en 1836 en las antecámaras de Portales, triunfante en la primera expedición restauradora pues La Fuente fue tan sólo su pantalla, esbozaba ahora de antemano su postura oposicionista contra la segunda preponderancia de Gamarra, con quien colaborara en su primer gobierno en posiciones subalternas dada su juventud. “La guerra civil está decretada aún para después de la caída de Santa Cruz”, había dicho Bujanda cuando él y los suyos fueron eliminados de la primera expedición restauradora. No Bujanda que a esas horas estaba acaso riendo a carcajadas en el infierno a donde había ido a dar (menos candente cualquier infierno que su alma atormentada y convulsa de bigardo) sino cualquiera podía decir ahora también lo mismo pero con la diferencia de que los gobiernistas de 1837 eran los rebeldes y viceversa.


21. Reflexiones sobre la guerra entre los chilenos y un grupo de emigrados peruanos
contra Orbegoso y las fuerzas del Estado Norperuano


El 14 de agosto fue pues declarada la ruptura de las hostilidades. Hipotéticamente, el tratado entre Bulnes y Orbegoso o, mejor dicho, entre el Ejército Restaurador y el Estado Norperuano hubiera sido muy fácil. Había un acuerdo sobre un punto: eliminar a Santa Cruz de la escena política peruana, destruir la Confederación Perú-Boliviana. Lo demás: colocación del ejército chileno, acuerdo sobre el futuro para consumar los propósitos comunes dependían de la buena fe con que se actuara.

Pero no hubo buena fe. Los historiadores chilenos han pretendido presentar a Orbegoso como manejado ocultamente por agentes de Santa Cruz. El historiador Bulnes antes de referirse a las hostilidades entre ambos ejércitos llega a exhibir como comprobante las cartas entre Olañeta y Nieto que, en verdad, sólo pueden ser consideradas como posteriores a dichas hostilidades, pues la respuesta de Nieto es de fecha 20 de agosto. Omite en cambio la actitud de Orbegoso ante Otero, el general encargado del mando de las fuerzas bolivianas en marcha para Bolivia. Otero desde Tarma se dirigió a Orbegoso diciéndole que apenas había sabido “la conducta aleve de los chilenos” y las proclamas de Orbegoso indicando que no había lugar a ningún avenimiento, le ofrecía el auxilio de la división boliviana para rechazar la agresión invocando sus servicios a la causa de la Independencia y el hecho de que su mujer y sus hijos eran peruanos. “No ignora V. E. —decíale— que las causas de la guerra son muy anteriores al establecimiento de la Confederación y que el gobierno de Chile no hizo otra cosa que aprovecharse de las circunstancias que creyó favorables instigado por las pasiones de los emigrados que vendieron su patria a los deseos de sus venganzas y ambiciones siendo V. E. uno de los objetos de su odio. El cobro de los millones, el Reglamento de Comercio, el tratado de Salaverry, la unidad de la marina, los derechos diferenciales y otros puntos son las verdaderas causas de la guerra”. Terminaba asegurándole que Santa Cruz convocaría la representación nacional y se sometería a su voluntad; y que él de su parte pondría todo su empeño y todos sus ruegos, prometiéndole que del campo de batalla saldría el decreto de convocatoria (Carta de fecha 15 de agosto). Tales palabras no podían sino resonar gratamente en los oídos de Orbegoso. Estaban de acuerdo con su convicción íntima sobre la génesis de la expedición chilena y con su antiguo plan de batirla para luego resolver la suerte del Perú. Pero Orbegoso no aceptó esta ayuda aunque reconoció los nobles motivos de Otero. “Esa división —decía su secretario refiriéndose a la boliviana— ha ejercido desde que se separó de la Capital actos que aunque involuntarios de parte de la oficialidad y tropa que la componen, no han herido menos sin embargo la sensibilidad de los pueblos y ofendido sus intereses. Se le ha hecho servir para comprimir el voto público; para conducir entre sus filas a la tropa peruana que camina violentada y sin sus jefes naturales a la disposición de U. S. no obstante sus solemnes promesas empeñadas a indicación de S. E. de no emplear las bayonetas bolivianas en daño de las peruanas. Contra esas promesas y contra la obediencia que U. S. debe al gobierno por su empleo, permanece aún ocupando el territorio de los departamentos del Norte, de los que U. S. debió sacarla; ha aprisionado la autoridad superior del de Junín y ha sido el instrumento odioso de una exacción de dinero. A nombre de esa división está escrita la irrespetuosa e hiriente nota que U. S. dirigió a S. E. en la marcha...”. Terminaba recordándole las concesiones que se le habían hecho, la rivalidad que habíase procurado suscitar entre peruanos y bolivianos, la reacción popular peruanista a la que Orbegoso había simplemente obedecido; y aconsejábale que evitara afectar la tranquilidad popular con la vuelta de los soldados de Bolivia y que devolviese a los soldados peruanos (18 de agosto).228 

Orbegoso no fue un agente de Santa Cruz. Godoy afirma en su manifiesto que desde el principio se supo en el campamento chileno que su pronunciamiento era efectivo. Cartas interceptadas de agentes de Santa Cruz maltrataban horriblemente a Orbegoso. Las proclamas de Herrera y otros generales no eran más piadosas. Súpose también la muerte de algunos oficiales peruanos que en Huarochirí quisieron abandonar la división boliviana para reincorporarse al ejército de Lima. Las cartas del norte también revelaban la autenticidad de lo ocurrido.

¿Por qué no hubo buena fe entonces en las negociaciones entre Ancón y Lima? Los emigrados peruanos venidos con el Ejército Restaurador, especialmente Gamarra, influyeron poderosamente en Bulnes para crearle suspicacias; ya tenían a Garrido por completo a su favor, como Portales había estado a favor de Pardo y Vivanco. El carácter de Orbegoso, su pasado en relación con Chile y con el propio Santa Cruz; he allí posiblemente eficaces argumentos ante Bulnes. Era natural que para éste el pronunciamiento de Orbegoso resultara una verdad sospechosa y las lágrimas en el salón de arengas de Palacio y en Huaura, lágrimas de cocodrilo.

De otro lado, ni era Orbegoso un gran diplomático que barajase las cosas a favor de su juego, ni estaba exento de prevenciones contra los chilenos. Como él había sido actor principal en toda la génesis del conflicto con Chile —tratado Távara, expedición Freire, Reglamento de Comercio, etc.— actuaba convencido de que Chile venía con propósitos cartaginenses de predominio comercial y económico sobre el Perú y acaso con propósitos tártaros de subyugación. Además, al lado de Bulnes veía a sus enemigos peores: Gamarra que se sublevara contra él en 1834, La Fuente que conspirara también ese año, Castilla que lo había abandonado en 1835. Le faltaban, por todo ello, no sólo tacto y argucia, sino también serenidad e imparcialidad.

Por otra parte, Orbegoso no dejó de dar oídos a amigos de Santa Cruz. Cuando la expedición chilena desembarcó, santacrucinos como García del Río, Necochea, Martínez de Aparicio, Tristán, Eldredge Tracy se hicieron “habitúes” de Palacio. Una relación, verdad que interesada, cuenta que Orbegoso afirmó públicamente que la colaboración de García del Río era un verdadero hallazgo. Posiblemente en su mayoría quienes sinceramente habían cooperado al pronunciamiento peruanista del norte creyeron que la alianza o por lo menos el entendimiento con los chilenos era algo necesario. Presidiendo el pronunciamiento peruanista, apoderándose de él —como dice en uno de sus manifiestos— Orbegoso acalló y pospuso esa tendencia simpatizante y pacifista con Chile. Se ha llegado a decir que para evitar el llamamiento a cualquier reunión popular en esos días mandó quitar el badajo de la campana de las iglesias.229
Si al frente del movimiento peruanista hubiera estado otro que no hubiese sido Orbegoso ni Nieto, el pacto con los chilenos habríase seguramente consumado.


22. Movimientos de los ejércitos

El 11 de agosto, organizado el Ejército Restaurador del modo que queda dicho, se movió sobre el flanco derecho del ejército peruano, situado en Chacra de Cerro. El ejército peruano se plegó sobre Aznapuquio, posición tenida por inexpugnable desde que los españoles la ocuparon en 1821; en la hacienda de Collique hubo un pequeño choque entre la escolta del general en jefe del Ejército Restaurador y unos montoneros. Quedó dicho ejército en Collique donde descansó el 16. Acordóse que se moviera en dirección a la hacienda Infantas y que haciendo desde este punto una demostración hacia el frente como amagando atacar dicha posición siguiese su ruta al Naranjal y de allí a La Legua para interponerse entre Lima y Callao. Este proyecto presentaba el inconveniente de que el enemigo podía atacar durante esta marcha cuando el Ejército Restaurador le presentaba su flanco, obligándolo a aceptar la batalla en terreno desventajoso; “mas el general en jefe que conocía toda importancia de este movimiento y sobre todo la inexperiencia e inhabilidad de su adversario resolvió definitivamente la marcha”. El 17 a las seis de la mañana fue iniciado el movimiento y, tomándose las precauciones debidas para cubrir el camino real, siguió la marcha por callejones hasta salir a una llanura que está a vanguardia del Naranjal y en la que se formó la línea aparentando querer atacar la posición de Aznapuquio. Los peruanos no intentaron interrumpir este movimiento de flanco y, a su vista después de un descanso de dos horas, los restauradores siguieron su marcha al Naranjal donde tomaron posiciones. En tanto la escuadra chilena en la bahía del Callao había echado a pique al bergantín “Congreso” y apresado la corbeta “Socabaya”.230 De aquella hacienda, propiedad del chileno Dn. José María Guerrero, después de descansar una noche, el Ejército Restaurador se dirigió a Bocanegra, venciendo su artillería y su caballería algunos obstáculos; ante la indolencia y la desorientación de sus contrarios que se limitaron a poner vigías, encontrándose luego con que era inútil su posición en Aznapuquio. Fácil hubiese sido entonces —dice Plasencia, cronista oficial de esta campaña—, que ante el movimiento de los peruanos a la portada del Callao los restauradores se apoderaran de la capital, pero eso habría originado un choque y además el ejército peruano habríase retirado al norte moviendo al país y ligándose otra vez con Santa Cruz, mientras que ahora podía ser batido sin que lograra el auxilio boliviano.

Al ponerse el ejército en marcha se presentaron el general Vidal y el coronel Barrenechea con instrucciones de Orbegoso para aceptar las bases de Chacra Cerro previas algunas modificaciones; confidencialmente expresó Vidal la repugnancia del ejército peruano para combatir con su aliado natural. Por eso, llegado a la Legua, sin más choque que un tiroteo con montoneros, el Ejército Restaurador quedó en inacción el 19 y el 20.


23. Olañeta intenta la seducción de Nieto

En tanto, Nieto recibía y respondía una carta del secretario de Santa Cruz, Casimiro Olañeta, fechada en Tarma el 10 de agosto.

Comenzaba Olañeta por hacerle elogios e invocar las sagrados intereses de los pueblos. Lo conjuraba a nombre de la patria, de su honor particular y de la limpieza de su decencia a que no se entregara al pérfido gobierno de Chile, dominado por los emigrados, porque o sería engañado o sería humillado. Asegurábale que había un gran equívoco en pensar que Santa Cruz trataba de dominar a toda costa y por la fuerza de las armas: “difícilmente hay hombre que respete más la opinión pública ni cuyo carácter dulce y suave merece menos el título de tirano”. Y le proponía la siguiente transacción:

     1º Habrá un armisticio entre las armas de la Confederación y las que manda el señor general Nieto por todo el tiempo que sea necesario para reunir un Congreso en el norte y otro en el sur del Perú que expresen libre y espontáneamente la voluntad nacional.

     2º Si en este tiempo invadiere el norte la expedición chilena, irá en auxilio una división de dos o tres mil hombres a las órdenes del señor general Morán mientras dure la guerra que terminada, regresará a sus cantones. Esta fuerza será pagada mitad por el norte y la otra por el sur. Si la expedición chilena viniese al sur, el gobierno se defenderá por sí solo, contando con que el del norte le hará la guerra en su territorio si por algún acaso desembarcaren en él a consecuencia de una retirada o derrota.

     3º Tanto el general Protector como el general Nieto respetarán la decisión del Congreso Norte-Peruano y sea que se declare independiente o perteneciendo a la Confederación, ambas partes se someterán a su sanción. La una evacuando el territorio que ahora ocupa y la otra obedeciendo a la autoridad protectoral.

     4° S. E. el Protector se compromete solemnemente a reunir un Congreso en el Sud para deliberar de su suerte como mejor le convenga a su prosperidad. Las partes contratantes respetarán la voluntad pública. En el caso de que el Sud declarase su antigua asociación formando la República Peruana, el gobierno protectoral evacuará el territorio repasando el Desaguadero y entregará al mismo tiempo los cuerpos peruanos a la autoridad nombrada.

     5º Las tropas bolivianas repasarán el Desaguadero pagadas por el mes que lo hicieren íntegramente. Los batallones pasarán con la fuerza de 600 plazas bolivianas o peruanas y los regimientos de 400 en reemplazo de muchos bolivianos muertos en la pacificación del Perú.

     6º La provincia de Tacna y el puerto de Arica pertenecerán en adelante a la república boliviana con consentimiento de los cuerpos nacionales del Norte y del Sur en indemnización por los sacrificios de Bolivia en la pacificación del Perú y como una garantía de este tratado y de la paz inalterable entre ambos pueblos.

     7° En caso de esta cesión ventajosa a la provincia por sus intereses y cuya separación en nada perjudica al Perú, el gobierno boliviano se compromete a fundar un tratado de comercio el más ventajoso para los departamentos del Sud que tienen su comercio y su principal mercado en Bolivia. Si se quiere se hará otro tratado de alianza para defenderse de las agresiones de Chile, mandándole auxilios recíprocos a las órdenes inmediatas de la autoridad reclamante o que declare el “casus faederis”.

     8° Las tropas, generales y oficiales, así como los empleados y particulares que se hubiesen comprometido en los sucesos políticos desde que entró en el territorio peruano el ejército de Bolivia hasta la ratificación de este tratado, serán considerados en sus destinos y habrá un olvido a sus opiniones y amnistía a sus hechos sean cuales fuesen las resoluciones de la voluntad nacional.

     9° El Exmo. Señor G. M. D. Luis José de Orbegoso hará a su patria el sacrificio de retirarse a la vida privada, pudiendo el gobierno otorgarle cuantas gracias y consideraciones sean dispensables a sus servicios.

Pasaban luego a defender estos puntos: “1° La guerra no era de Chile a Santa Cruz sino de Chile al Perú. Portales le propuso a él (Olañeta) la alianza con Bolivia en 1833. La intervención de bolivianos y surperuanos era aquí de propia conveniencia. Gamarra, enemigo antiguo e implacable y otros aliados de Chile ¿qué seguridades nos ofrecen (ocupado por ellos el Perú) de no internarse en Bolivia a pretexto de la persona del general Santa Cruz? Al contrario, Ud. leal y sin resentimientos, sin compromisos en nuestros últimos negocios, Ud. sólo nos ofrece las garantías de un tratado. 2° A la cabeza de la fuerza auxiliadora había sido puesto Morán, íntimo amigo de Nieto. 3º y 4° No merecían fundamentarse. 5º Bolivia había perdido mucha gente y corrido muchos peligros y después de todo no había en el Perú más que cuatro batallones y dos regimientos en los que no era mucha la tropa peruana. 6º Se entregaba el Perú desde Jauja al Desaguadero con todas las fuerzas existentes. Aumentaría el comercio de los departamentos del sur, en Bolivia hallaría mercados francos. De otro lado ésta, con Arica ganaba un puerto cómodo para hacer sus extracciones; la provincia cedida tenía sus intereses en Bolivia y sus habitantes lo comprendían así; la deuda entre el Perú y Bolivia quedaría cancelada. 9º Orbegoso había sido fundador de la Confederación que aquí se trataba de liquidar; además su descrédito era universal y su lealtad ninguna. Nieto en cambio tenía menos enemigos y era para Bolivia una garantía. Olañeta terminaba con halagüeñas expresiones para Nieto y con promesas y encargos de secreto y de confianza”.

Nieto contestó con fecha 20 de agosto desde la portada del Callao. Aceptaba todos los artículos menos el 5° y el 6° referentes a la cesión territorial que debían ser resueltos por la representación nacional. Invocaba la voluntad de los pueblos como supremo norte de sus acciones. Pedía garantías para las elecciones que debían realizarse. Preveía la posibilidad de una batalla con los chilenos y su decisión de dejar guarnecida la plaza del Callao y marchar al norte a continuar la guerra en caso de que el resultado fuera desfavorable. Protestaba su desinterés y su deseo de no mandar. Anunciaba que excitaría al presidente Orbegoso para que dimitiera en un Consejo de Gobierno o en un ciudadano de crédito; pero si no consentía seguiría su suerte porque no podía ser mal caballero.231 

Nieto no ha negado la existencia de estas cartas. Según él no ignoró que bajo las lisonjas del ministro se le tendía una red: producido el golpe mortal para la Confederación con el pronunciamiento del norte, a sus partidarios no les quedaba sino introducir celos y rivalidades entre los miembros del nuevo gobierno para amortiguar su influjo. Pero como el peligro más inminente era el ejército chileno, no quiso cerrar la puerta a una cooperación que conciliada con la realización de los votos manifestados por los pueblos y la existencia de un gobierno nacional, parecía más decorosa; al no rehusar las insinuaciones de Olañeta hizo ver al mismo tiempo su desinterés personal y su concepto sobre la manera cómo debían discutirse las cuestiones vitales para la República.232 


24. La batalla de Guía. La versión de un testigo olvidado ¿Gamarra, culpable?

Según el coronel Godoy, en su manifiesto ya citado e injustamente pospuesto, el movimiento hecho por Bulnes a La Legua fue para aguardar los trabajos de Vidal e interceptar las comunicaciones entre Callao y Lima. Escaseando el forraje para la caballería, decidieron dirigirse a la hacienda Palao, cuyo camino tocaba sobre la derecha del enemigo acampado en Guía. Una junta de guerra acordó tomar el camino de Casa Pintada que apartaba a los restauradores del enemigo, no pudiendo éste abandonar sus fuertes posiciones para buscarlos con fuerzas inferiores. En caso de alguna escaramuza, quedó acordado que el enemigo fuera contenido y nada más. Pero el mando de la vanguardia fue dado al coronel Torrico personalmente adicto a Gamarra e indicado por éste como único conocedor del terreno. El ejército no estaba pues dispuesto a la batalla cuando vinieron los primeros disparos, comprometidos imprudentemente por la columna de cazadores con tres batallones enemigos. Torrico, adrede, no cumplió las órdenes de Godoy, jefe de Estado Mayor entonces. Bulnes y Godoy estaban despachando correspondencia a Chile de la que había querido encargarse un caballero inglés cuando oyeron los primeros tiros: corrieron a ver lo que ocurría y se dieron cuenta de que estaba empeñada una acción general.

“No hay un solo jefe u oficial del Ejército Restaurador —afirma Godoy— que no haya conocido las arterías de Gamarra en aquel día para comprometer una acción general contra el acuerdo de la junta de guerra celebrada en La Legua momentos antes de emprender nuestra marcha”.233 


25. Versión de Nieto

Nieto escribió a Olañeta una nueva carta el 25 dándole cuenta de la batalla. “En la tarde del 21 se movieron los chilenos de La Legua por Bocanegra hacia la portada de Guía. Yo me situé en Monserrat para observar su movimiento y S. E. sin que yo pudiese preverlo, pasó a Guía y me mandó pedir los cuerpos. Los enemigos en ese momento tenían todavía una fuerte división sobre el río y a retaguardia mía y sin embargo cumplí la orden del Presidente a pesar mío porque veía que tal vez se iba a comprometer un combate sin pensarlo contra el voto de los generales y contra el de S. E., que el día anterior se habían proclamado unánimemente por el sistema defensivo. Con este motivo mandé suplicar a S. E. que no expusiese una batalla y me hizo contestar con el coronel Echegoyen que no tuviese cuidado y que no habría compromiso alguno. Fiado en esto seguí observando desde el punto en que me había situado al principio por mandato de S. E. al enemigo, y cuando estaba éste al concluir su movimiento sobre Palao o Puente de palo, veo precipitarse los cuerpos unos en pos de otros y lanzarse sobre las posiciones enemigas. Los contrarios avanzan y la caballería nuestra en desorden vacila y no protege a la infantería que empezó a progresar sobre los enemigos. Partía ya yo con un cuerpo que defendía Monserrat a situarme en el punto del combate y servir de reserva, cuando cargó la caballería enemiga y no encontrando resistencia en la nuestra, dispersó la infantería que yo pude proteger en mucha parte y salvarla bajo los fuegos del cuerpo que estaba a mi lado y sobre el que se echaron las columnas chilenas que tuve que resistir hasta más de las ocho de la noche, defendiendo también el puente sin un solo soldado de caballería, pues toda ella había desaparecido; forzado el puente y tomada la plaza por varios puntos y no quedándome a mí ya más de 500 hombres resolví meterlos en esta fortaleza y lo conseguí a la vista de los contrarios sin mucha pérdida”.234 

Más o menos igual aunque con más detenimiento es la relación inserta en su manifiesto. Allí resalta más su convicción de que fue Orbegoso quien lanzó a las tropas peruanas sobre la portada de Guía “en el mismo desorden en que llegaban, sin una dirección sistemada, sin cálculo ni previsión alguna”. “Las tropas no se hallaban dispuestas para empeñar una acción y mucho menos a la portada de Guía; la larga distancia a que estaban situados algunos cuerpos y su diseminación no permitió que llegasen oportunamente yen masa; la urgencia con que las mandó pedir el general en jefe obligó a hacerles marchar y a remitírselas divididas; así es que el funesto resultado de este desconcertado encuentro debe exclusivamente atribuirse a la imprudencia con que el Presidente renunció por sí solo al acuerdo de la junta de guerra; a la precipitación con que empeñó el fuego; a la falta de plan y de combinación en sus ataques contra el enemigo; a la ignorancia en que el ejército y sus jefes estaban sobre su resolución de pelear y por lo tanto a la ninguna coperación mía personal que quizás al frente de la caballería habría sido útil, como a la ausencia de otros que no habrían negado sus servicios si hubiesen sabido que el Presidente había resuelto entregar a los azares de un combate desigual, la suerte y el porvenir del Perú”.235 

Pero, para Nieto, no es propiamente Orbegoso el culpable. Lo fueron los amigos de Santa Cruz que rodearon otra vez a Orbegoso. “Ellos exclusivamente, ellos lo arrastraron a empeñar la infausta acción de Guía, persuadidos de que una vez destruido el ejército nacional llamado a sostener y apoyar los votos de los pueblos contra la Confederación, volvería a cimentarse de nuevo”.


26. La batalla de Guía. Versión de Orbegoso

Según Orbegoso, el ejército de Chile por un movimiento retrógrado y rápido vino sobre la capital. Fue necesario improvisar una batalla defensiva en la portada de Guía, posición inmejorable para el ejército peruano y que le presentaba todas las ventajas contra la superioridad del número. Dio él, Orbegoso, las órdenes para que se moviese rápidamente a ocupar las posiciones; pero Nieto que ese día había sido reconocido Jefe del Estado Mayor desobedeció cinco órdenes sucesivas y sólo llegó al campo una parte del ejército y ésta en detalle, sin repuesto de municiones, sin artillería y sin los útiles necesarios. Empezada la batalla con ventaja para el ejército peruano llegó el momento de emplear la caballería en que se tenía tanta confianza. Pero la caballería volvió caras y huyó despavorida. En vano se sostuvo el combate; los enemigos se posesionaron de la plaza mayor a las ocho de la noche.236 

“La circunstancia dolorosa —dice en otro de sus papeles— de que es testigo la heroica Lima y que yo no puedo referir sin que caiga la pluma de mi mano al recuerdo de un suceso que tornó en luto y vergüenza el día más glorioso que la suerte parece había deparado a mi patria, me obligó a afrontar con poco más de 800 soldados el ataque de todo el ejército enemigo. Después de tres horas y media de un combate obstinado y de haber hecho los pocos peruanos que pelearon morder el polvo a un casi igual número de chilenos, se apoderaron éstos de la capital”.237 


27. La batalla de Guía. La versión oficial chilena

La versión oficial chilena coincide con la de Godoy en sus principios; la junta de guerra y la marcha hacia Palao. Dice que Bulnes mandó nuevas notas conciliatorias a Orbegoso, Nieto y Vidal. Pero que una descubierta chilena de 25 cazadores a caballo que marchaba adelante de la vanguardia se vio atacada de improviso en un callejón por un número considerable de guerrilleros que se ocultaban tras de las tapias. La vanguardia íntegra fue atacada y cuando el resto del ejército chileno se esforzaba por acudir en su protección el ejército peruano abandonando su posición se precipitó también sobre ella. Se comprometió entonces la batalla general.238 


28. Guía, exponente del anarquismo de la raza.
Consecuencias de Guía

La batalla de Guía se parece a la de Tarqui, como se parece también a la de Ingavi, a la del Alto de la Alianza, a la de Chorrillos... Los hombres de 1829 parecen los mismos en 1838, 1879 y 1880. La revolución a la vista del enemigo, la fatua esperanza de vencer sin organización, la preocupación por los menudos motivos de separación olvidando los grandes imperativos de unión, la lucha entre los jefes del mismo bando, el momento decisivo llegando en una hora desprevenida, la desorganización en la lucha, la no-utilización de los elementos propicios, el afán por echar la culpa a alguien y por salvar la responsabilidad propia, el consuelo de la derrota mediante la locuacidad: ¡qué familiares, qué genuinos resultan! En el fondo, el anarquismo de la raza.

Sombría tarde aquella para la antes engreída ciudad de los virreyes. Desde las 12, cañonazos. Luego noticias, rumores, angustias. Dispersos en fuga, arrojando las armas. Al llegar el crepúsculo —ese crepúsculo limeño poblado ahora de empleados que salen de sus oficinas, de mujeres desfilando por el “centro”, de corrillos ociosos de habitúes al cinema con rumbo a su local predilecto, de cafés y bares llenos de humo y de charla— 700 hombres perseguidos por los chilenos en retirada, por el paseo de los Descalzos en dirección a los cerros, haciendo fuego; y Orbegoso, después de dejar 150 caballos en la plaza de armas recorriendo las calles con su Estado Mayor y parándose en algunas en busca de armas y llamando a los ciudadanos a defender el puente atacado varias veces sin éxito por los chilenos. Resistencia final de dos piezas de artillería, unos cuantos infantes, un cuerpo de serenos, armados, y algunos ciudadanos en las azoteas de sus casas y en las calles. Fuga del regimiento Húsares por la calle Judíos. Paso del río de un cuerpo de caballería chilena por arriba del puente, entrando a la ciudad cerca del cuartel de San Francisco. Ocupación de la ciudad. Los chilenos acampando en la noche en la plaza de armas con patrullas fuertes de infantería y caballería en las calles que desembocaban hacia su campamento. Algunos asesinatos, saqueos y violaciones... 

Por culpa de Gamarra, según Godoy, de los chilenos según Orbegoso, de Orbegoso instigado por los amigos de Santa Cruz según Nieto, la batalla se libró. A las ocho de la noche los chilenos estaban en la plaza mayor de Lima. Nieto se refugió en el Callao. Orbegoso permaneció oculto en Lima hasta el 30 de agosto dirigiéndose disfrazado a la fortaleza de la Independencia en el puerto, pero no fue reconocido a causa de la obscuridad de la noche y fue recibido a balazos. Se ocultó entonces en la orilla del mar pero una ola lo envolvió con sus aguas y estuvo a punto de arrastrarlo consigo. Por fin, al amanecer el día siguiente Orbegoso empapado y friolento se presentó nuevamente a las puertas de la fortaleza y fue recibido con cariño.239 

Cuando el 22 de agosto el ejército chileno desfiló para entrar solemnemente en Lima, desde las casas y azoteas recibió manifestaciones hostiles. Salió por la portada de Guadalupe y acampó en Santa Beatriz. La municipalidad y el cabildo eclesiástico se reunieron y declararon restablecida la Constitución de 1834. Según ella, el presidente resultaba Orbegoso; pero Orbegoso estaba prófugo y había sido el vencido de la víspera. Su sucesor legal era don Manuel Salazar y Baquíjano. Instado a hacerse cargo del mando, Salazar y Baquíjano se excusó, alegando que debía dar cuenta antes de su administración anterior, requisito sin el cual la Constitución le prohibía ejercer el mando.240 En realidad lo impulsaba la animadversión a los chilenos que abrigaba en aquellos momentos la inmensa mayoría de los limeños. Tres días estuvo la capital en acefalía. Reunidos los vecinos en el salón de la Universidad nuevamente el 24 designaron presidente provisorio al Gran Mariscal Gamarra hasta la reunión de un Congreso. Gamarra publicó una proclama haciendo una breve reseña de los sucesos. “En momentos urgentes —osaba decir luego— ¿cómo había de admitir yo tan grave peso? ¿Yo que he jurado en mi corazón y ante mis amigos no mandar más? ¿Yo que he venido a buscar el gobierno de mi patria para someterme a él ciegamente durante la guerra y proporcionarme en la paz la tranquilidad doméstica?” Invocaba por fin la salvación de la patria y hacía gala de sentimientos conciliadores para quienes no fueran satélites y agentes de Santa Cruz.241 El 26 juró el cargo, pronunció una arenga y asistió con las corporaciones a la catedral.

La batalla de Guía tuvo pues como consecuencias inmediatas: la eliminación del ejército norperuano cuyos restos quedaron encerrados tras de las murallas del Callao, la ocupación de Lima por los chilenos, la elección de Gamarra y la impopularidad para los vencedores. Esta impopularidad se expresó inclusive en poesías anónimas. Una de ellas improvisada en la fortaleza del Callao y muy conocida entonces, decía así:

Desde estos muros
sobre estas torres
lamento y lloro
de noche y día
de los peruanos
la sangre ilustre
que el araucano
derramó en Guía.
¡Gamarra impío!
mira ese suelo
que el vil chileno
pisa atrevido.
Esta es tu patria
traidor cobarde
do haces alarde
de felonía.

Ya tengo el rayo
que a tu cabeza
en mil fragmentos
convertirá;
y a esos lamentos
de viudas tristes
que causa fuistes
se vengarán.
Tengo a mi lado
hijos queridos
a do tus tiros
no llegan, no.
Venganza juran
gritan venganza
mira el cañón.

Ay hijos míos
yo bien pudiera
y os instruyera
del porvenir.
¡Genios del Rímac!
ved a los Andes
alzad las frentes
¿Los veis allí?
De allí desciende
legión armada
de héroes mandada
para triunfar.
Ya llega el día
la hora tremenda
en que la Patria
veréis vengar...242 



No deja de tener interés la repercusión que la ocupación de Lima tuvo en Chile. No faltaban cerca del gobierno quienes fueran opuestos a Gamarra. De un lado, Bulnes escribía haciendo elogios de Gamarra y La Fuente. De otro lado vino la noticia de la ocupación. El presidente Prieto llegó a afirmar que había escrito a Bulnes que siempre consultara con Gamarra y que no obrase nunca contra su parecer.243 


_________________________

219 Plasencia, Diario, “Correspondencia oficial y confidencial que se ha jirado desde que el Ejército Restaurador pisó el suelo de Ancón hasta su entrada en la capital”, xvi a xviii. 

220 Nieto, Memorias cit., p. 40.

221 Godoy, manifiesto cit.

222 El Redactor Peruano, N.º 9 de 16 de agosto.

223 Godoy, manifiesto cit.

224 Plasencia xviii, El Redactor Peruano, N.º 8 de 14 de agosto de 1838. “Nos imponía Chile —dice Orbegoso— las más humillantes condiciones ofreciéndonos su alianza que no queríamos ni necesitábamos, que nos degradaba aceptándola y que maleaba nuestra causa. Nos exigía por la fuerza la obligación de hacer la guerra al general Santa Cruz cuando éste no había manifestado la intención de oponerse con las armas a la satisfacción de nuestros votos y deseos y cuando a mayor abundamiento, no tenía los medios ni la capacidad suficiente para emprender una lucha contra el torrente de la opinión... Exigía fuertes sumas por abono de sueldos y gastos de trasporte sin que a la mirada menos perspicaz se ocultase la magnitud de las pretensiones que seguirían si el gobierno en su debilidad cedía complaciéndolo. La idea de sustituir una dominación por otra era insoportable cuando el mismo general Santa Cruz acababa de darnos una severísima lección demostrándonos que los auxiliares son aciagos... Cierto es que si yo hubiera aceptado sus propuestas me habría engrandecido y elevado personalmente lo que no era dudoso consiguiera auxiliado por las armas chilenas. Pero no era mi interés personal el que debiera impulsarme”. (Memorias inéditas cit., p. 62).

225 Plasencia, Diario Militar, p. 9.

226 Poesías y escritos en prosa de don Felipe Pardo, París, 1860. Imp. de los Caminos de Hierro, prólogo con noticia biográfica por Manuel Pardo, pp. xxi y xxii. “Don Felipe Pardo y Aliaga en Chile”, por B. Vicuña Mackenna, en Revista Chilena de Historia y Geografía, tomo xv, N.º 19, 3.er trimestre de 1915.

227 Pardo a Ramón Rosas, carta de 31 de agosto de 1838. Citada por Vicuña Mackenna. (Revista mencionada.)

228 El Redactor Peruano, N.º 11 de 18 de agosto de 1838.

229 El Peruano, tomo ii, N.º 23. 3 de julio de 1839. Ferreyros en una carta a Gamarra en diciembre de 1838 desde Guayaquil decía que también en esos días “los ultramarinos” (¿los ingleses?) habían hecho circular chismes entre chilenos y norperuanos.

230 Diario militar de Plasencia, p. 13.

231 Estas cartas fueron publicadas en El Peruano, N.º 23, tomo ii, 3 de julio de 1839. Según se dijo, fueron tomadas de la cartera de Santa Cruz, cogida en Yungay. Una copia manuscrita en el Archivo de la BNP.

232 Memoria cit., p. 44.

233 Manifiesto cit., p. 5.

234 Nieto a Olañeta, El Peruano cit. Concluía diciendo que seguiría la guerra contra los chilenos y que Morán obrara como le pareciera conveniente.

235 Memoria cit., p. 43.

236 Memoria cit.

237 Breve exposición cit., p. 26.

238 Bulnes, ob. cit., p. 56. Erróneamente dice que Nieto tomó parte en la acción.

239 Carta Orbegoso cit. Bulnes, p. 57.

240 El Peruano, N.º 28, agosto de 1838. Gamarra confiesa en su mensaje al Congreso de Huancayo que Salazar y Baquíjano dijo que prefería la expatriación al poder.

241 El Presidente Provisorio de la República a los pueblos, hoja suelta, 25 de agosto de 1838.

242 Reproducido en El Eco de Paucarpata, N.º 4, 12 de diciembre de 1838.

243 Izquierdo a Gamarra, Valparaíso, 16 de septiembre de 1838. Archivo de la BNP.

 

 


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