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LAS GESTIONES DE PAZ
1. Una afirmación de Bulnes
El historiador chileno Bulnes trata de justificar la captura de los buques peruanos que
parece a primera vista como un grave atentado al derecho internacional,
diciendo lo siguiente: Chile no se apoderaba de las embarcaciones; las tomaba como
rehenes y estaba dispuesto a devolverlas cuando el gobierno de la Confederación
justificase su inocencia en el atentado de Chiloé. Os he tomado vuestros buques, pudo
decirle Chile a la Confederación, porque me hicisteis un ultraje en plena paz:71
dadme una explicación del atentado y os devolveré vuestras embarcaciones. Ya que hemos
equilibrado nuestras fuerzas podemos discutir con la calma de la dignidad, sin temer a
vuestra intemperancia ni a mi debilidad.72
Los hechos, sin embargo, no confirman esta aserción y una simple ojeada a las gestiones
hechas en favor de la paz será suficiente para comprobarlo.
2. El tratado de la Talbot y la carta de Santa Cruz a Prieto
I) La primera gestión pacifista fue la de la Talbot, desechada por Portales a
pesar de su carácter humillante para Santa Cruz. Esta gestión fue iniciada, como se ha
visto, como órgano o medio amistoso por el agente inglés Bedford Hinton Wilson después
de un memorial que le dirigieron
los comerciantes de su país. Los comerciantes dijeron en uno de sus memoriales que
las hostilidades navales cometidas en el Callao habían sido originadas en un
concepto erróneo de la intervención de este país con respecto a Chile.73
II) Santa Cruz escribió al presidente chileno Prieto una carta particular con el oficial
Magariños negando toda intervención en agravio a Chile, invocando la paz afianzada por
el convenio con Garrido y las negociaciones que debía iniciar Olañeta (1º de septiembre
de 1836).74 Prieto le contestó insistiendo en que Chile se sentía amenazado,
en que la unión del Perú y Bolivia no había sido consultada ni notificada a Chile, en
que no había sido parcial con Salaverry, en que Santa Cruz debía dar ejemplo de
magnanimidad.
3. La intervención de los extranjeros
III) Los comerciantes yanquis pidieron también a su representante diplomático, Samuel
Larned, que mediara cuando en octubre se supo que una escuadra se aprestaba a venir de
Chile; pero Larned respondió que había hecho uso de sus buenos oficios y que para
interponer mediación formal necesitaba permiso expreso de su gobierno, recalcando que
veía en el gobierno protectoral disposiciones favorables para mantener la paz.75
Así mismo, ofreció sus buenos oficios el cónsul francés, a pedido de los comerciantes
de esa nacionalidad.76
Los comerciantes ingleses volvieron a intervenir, ante la noticia de la no-ratificación
del tratado de la Talbot y de la inminente expedición chilena. Esgrimían un
argumento muy interesante: lo gastado por ambos países en las actividades bélicas
decían era propiedad de sus acreedores ingleses, pues habían sido
hipotecadas a ellos las rentas nacionales de ambos países, en el empréstito de la
Independencia (arts. 6 y 7 del contrato). El interés y la amortización mencionados en
ese contrato no habían sido pagados nunca y llegaban ya a 6 millones de pesos por atraso
de intereses y fondo de amortización; en Chile, más o menos, a 4 millones. Las
propiedades inglesas en el Perú llegaban a 40 millones y ellas irían a servir de gasto
para la guerra.77 Todas estas gestiones fueron aceptadas y según sus enemigos
del extranjero, propiciadas por Santa Cruz.
4. La gestión de Méndez y la misión Olañeta en Chile
IV) La gestión de Méndez, encargado de negocios de Bolivia en Santiago, para que se
ratificara el convenio de la Talbot puede considerarse también una gestión
de paz. Ya se ha visto que Portales alegó que dentro de breves días saldría para el
Perú un plenipotenciario con el encargo de dar explicaciones convenientes sobre la
no-ratificación. Méndez repuso que había llegado a Valparaíso el Dr. Casimiro Olañeta
para tratar sobre el asunto y que el envío de la Legación al Perú era innecesario; si
la Legación agregaba iba a ir apoyada por la escuadra con cargo de iniciar
las hostilidades si no se llegaba a un acuerdo, se trataba ya de una intimación y estaba
en manos del gobierno de Chile remover toda idea desfavorable al respecto. Portales repuso
que más pronto terminarían los arreglos en Lima y que la circunstancia de acompañar la
escuadra al plenipotenciario chileno no podía inquietar a ningún gobierno (30 de
septiembre a 6 de octubre). Cuatro días después dictaba el Congreso la autorización
para la guerra.
V) El doctor Casimiro Olañeta, el criollo voluble, falaz e inteligente, fue nombrado por
el Protector Ministro plenipotenciario en Chile para que satisficiera al gobierno de este
país en todas las demandas a que pudiese prestarse el Perú sin mengua de su honor
nacional y para que ofreciese cuantas seguridades se le exigieren como garantes de la paz.
Las instrucciones a Olañeta eran claras. No sólo debía negar la cooperación de la
pasada administración peruana en la expedición Freire alegando la falta de pruebas y las
mejores maneras como hubiera podido manifestarse esa cooperación; debía deslindar la
responsabilidad del gobierno de Orbegoso y del flamante gobierno del Protector y
manifestar los recursos que éste tenía o podía tener. En lo referente al atentado del
Callao, debía limitarse a reclamar los barcos capturados y una explicación decorosa a
ambos gobiernos. El tratado de paz que debía plantear, aparte de sus cláusulas
generales, debía comprender el compromiso de que los refugiados políticos en ambos
países se retirarían a 60 leguas de la costa con cargo de avisarse mutuamente ambos
gobiernos los planes en que aquellos se empeñaran; el tratado de comercio debía
celebrarse
inmediatamente después sea en Santiago o en Lima, pero con el compromiso de que los
frutos de Chile pagarían en los puertos peruanos un derecho moderado. Una de las
cláusulas de las instrucciones a Olañeta decía textualmente: Finalmente, debe
saber el señor Olañeta que el objeto esencial de su misión es negociar la paz exterior,
que necesitamos para ocuparnos exclusivamente de nuestros arreglos domésticos. No hay ni
puede haber objeto para una guerra con Chile y sí grandes y poderosos motivos para
procurar un avenimiento amigable que restablezca la confianza entre ambos países.78
No obstante los nulos resultados de la labor de Méndez, Olañeta presentó sus
credenciales. Quedó esperando en seguida el resultado de la legación chilena que con la
escuadra fue al Perú; aunque hubo de reclamar por la expulsión del encargado de negocios
Méndez, acusado de conspiración contra el gobierno, acusación basada en el hecho de que
Méndez redactaba el periódico El Eventual destinado a defender a su gobierno, cultivaba
relaciones con enemigos del de Chile, y se expresaba particularmente en forma airada
coincidiendo todo ello con el descubrimiento de una conspiración.79
5. La misión Egaña en el Perú
VI) El plenipotenciario que el gobierno de Chile mandó al Perú a entablar negociaciones,
acompañado por la escuadra, fue don Mariano Egaña.
La misión Egaña tenía sólo por objeto ganar tiempo. Entre las condiciones esenciales
que debía plantear ante el gobierno de Santa Cruz, estaba ¡peregrina misión de
paz! nada menos que la destrucción de la Confederación y del Protectorado. Sus
instrucciones a este respecto decían así: 2º El grande objeto de que va encargado
U.S. puede expresarse en esta breve frase: independencia de Bolivia. La incorporación de
las dos repúblicas en una bajo la forma federativa u otra cualquiera, pone en manifiesto
peligro la seguridad de los Estados vecinos y no nos es posible consentir en ella sin
dejar a la merced de la más funesta contingencia la suerte, futura del país. Que el
general Santa Cruz mande en Bolivia o en el Perú no es indiferente: lo que nos importa es
la separación de las dos naciones que mandadas por un solo hombre (y un hombre que
ciertamente no se ha mostrado insensible al falso brillo, tan costoso a la humanidad, de
las adquisiciones territoriales) nos acarrearía una existencia de continuo cuidado y
zozobra, de costosos e interminables esfuerzos para procurarnos una seguridad precaria,
preñada de recelos y motivos de desavenencia, que al cabo nos arrastrarían a la guerra
con menos probabilidades de buen éxito.80
El 30 de octubre a las 8 de la noche se presentó en la bahía del Callao la escuadra
chilena compuesta por el bergantín Aquiles, la goleta Colo-colo,
la corbeta Valparaíso y la Monteagudo y el Orbegoso.
El comandante general de la escuadra, almirante Manuel Blanco Encalada envió con un
ayudante un pliego del gobierno chileno al Ministro de Relaciones Exteriores peruano para
hacer la prevención de que esperaba la brisa para entrar al fondeadero. El general Ramón
Herrera, comandante general de Marina y gobernador del Callao, contestó que no entraría
ningún buque chileno ni desembarcaría persona alguna a excepción del ministro Egaña.
Blanco interpretó este acto como una hostilidad pues Chile tenía abiertos sus puertos a
los barcos y personas de nacionalidad peruana. Herrera repuso que su negativa era
consecuencia del procedimiento del Aquiles el 21 de agosto y de la falta de
ratificación de Chile al convenio del 28 del mismo; dejando constancia de que el envío
de una escuadra era alarmante, pues no era el medio apropiado para un buen entendimiento y
de que la actitud de Blanco y no esta negativa era la hostil.81
Esta cautela era evidentemente una cuerda medida de previsión, después de lo ocurrido
cuando las seguridades de paz eran mayores y después de las declaraciones de Portales en
el sentido de que la escuadra iba a apoyar las reclamaciones chilenas. Chile no había
ratificado el convenio de la Talbot ni siquiera en la parte sobre cesación de
hostilidades.
Blanco, al responder a Herrera, pidióle que solicitara del gobierno las órdenes para
admitirlo en el fondeadero o que se le declarara enemigo. Como tal había sido tratado
declamaba, detenidas las embarcaciones despachadas a tierra, recibidos los
conductores de comunicaciones como si fueran parlamentarios. Excepto el fuego, dada la
distancia, su situación era la misma que cuando al mando de la escuadra combinada atacaba
defendiendo la libertad del Perú los castillos mandados por Rodil.82
Todavía duró algún tiempo la correspondencia entre Blanco y Herrera; y por fin el
almirante chileno se dirigió a don Pío Tristán, minis tro de Relaciones Exteriores del
Perú (3 de noviembre) en el sentido de que el mejor medio de cortar el progreso de
esta disputa y las serias desavenencias que tal vez pudiera ocasionar, era retirarse la
escuadra chilena dejándolo (al ministro) en el buque de menor porte, quedando éste en
libertad de comunicar con el Vice-Almirante y conducir los avisos que diese. El
canciller de la Confederación convino en esto pero bajo la inteligencia de que el resto
de la escuadra se retirara de las costas de los Estados Nor y Sur Peruanos y que no
procedería a cometer acto alguno de hostilidad, captura, embargo, depósito o detención
respecto de propiedades de dichos Estados y sus súbditos, mientras estuviesen pendientes
las negociaciones (4 de noviembre). Replicó el negociador chileno que aunque estaba
seguro de que la escuadra no cometería acto alguno de hostilidad no podía dar la
garantía que se exigía de su palabra y que sería probable que la escuadra
regresara aún antes de que terminasen las negociaciones; y que también impediría la
reunión de los buques peruanos y de todo armamento naval. Estas cuestiones serían
materia de convenciones preliminares una vez que desembarcara y principiara a ejercer sus
funciones como ministro plenipotenciario (5 de noviembre).
Se había trazado en Santiago el plan de campaña de Blanco: apresar o, por lo menos,
impedir que se reuniesen los pocos buques que aún quedaban a Santa Cruz. El 4 salieron
con rumbo a Guayaquil la Monteagudo y la Orbegoso; y el 7, la
Valparaíso y el Aquiles con el mismo destino. Sólo quedó en el
Callao la goleta Colo-colo con el ministro chileno que seguía hablando de
paz.
El canciller Tristán hizo a Egaña, prosiguiendo su epistolario, cuatro preguntas:
1.a ¿El gobierno de Chile se considera respecto del de los Estados Nor y
Sur Peruanos en estado de perfecta paz o de abierta hostilidad? 2.a ¿Se
abstendrá la escuadra chilena de cometer todo acto de hostilidad, captura, embargo,
depósito o detención respecto de las propiedades del gobierno de los susodichos Estados
y sus súbditos, mientras esté pendiente la negociación entre éste y el de V.S.? 3.a
¿Se abstendrá la misma escuadra de impedir o procurar impedir la reunión y el aumento
de nuestras fuerzas navales? 4.a ¿Se retirará ella de las costas de los
Estados Nor y Sur Peruanos mientras esté pendiente la negociación precitada?
Egaña repuso: 1° Chile y el Nor y Sur Perú estaban en paz, pero bajo amenaza de
un rompimiento y en la necesidad de tomar medidas de precaución, con arreglo a la
conducta del gobierno del Perú. 2° La escuadra chilena se abstendría de cometer estos
actos mientras estuvieran pendientes las negociaciones. 3° Impediría la reunión y
aumento de las fuerzas navales del Perú; conducta prudente y dictada por la necesidad, no
alejados los temores de un rompimiento. Una convención preliminar sobre las situaciones u
operaciones de la escuadra podría hacer inútiles estas medidas. 4° La escuadra chilena
no abandonaría las playas peruanas salvo el caso de aguada. Después de remarcar la
irregularidad del convenio de la Talbot y su violación por ambas partes con
el aumento de fuerzas, Egaña pedía que se le contestara si podía entrar al puerto y
desembarcar, si quedaban expeditas sus comunicaciones y si el buque estaba en libre
comunicación.
Tristán replicó recapitulando los hechos, haciendo ver las anomalías de la actitud de
Chile, negando que hubiese aumentado el Perú sus fuerzas antes de que se reconociera el
rechazo del convenio de la Talbot y la autorización de guerra hecha por el
Congreso chileno. Como condición sine qua non pedía que se le diera una seguridad
positiva, franca y terminante de que la escuadra chilena se había retirado de buena
fe y no con el objeto de hostilizar en manera alguna a los buques de guerra y mercantes
peruanos y de impedir que se reúnan los primeros y se pongan en estado de defensa
(9 de noviembre).
El 11 contestó Egaña que no estaba en su mano dar esa seguridad; y que se retiraba
anunciando que podía darse ya como declarada la guerra entre Chile y el gobierno de
los Estados Nor y Sur Peruanos83
Momentos después se dio a la vela del Callao en la Coco-colo llegando a
Valparaíso el 7 de diciembre. Tristán repuso que su gobierno se resistía a creer en la
posibilidad de la guerra cuya declaratoria es inherente a la autoridad soberana aunque de
hecho la guerra ya existía por parte de Chile.
Los buques chilenos restantes encerraron en la rada de Guayaquil a los barcos peruanos,
hicieron un desembarco en Tumbes el 26 de noviembre cometiendo tropelías condenables; y
el Aquiles, almirante, y la Valparaíso establecieron el bloqueo
del Callao; aunque Blanco y Herrera celebraron un convenio (22 de diciembre) por el que se
comprometía el primero a dar ciertas facilidades a los buques mercantes por 15 días.84
Una escuadrilla chilena compuesta de los bergantines Arequipeño,
Orbegoso, la fragata Monteagudo quedó en la Puná asechando a los
barcos peruanos (bergantín Congreso, goleta Flor del Mar y goleta
Limeña); registró los buques que salían y entraban; desembarcó gente en la
isla de Puná cometiendo varias tropelías; y fue burlada por los barcos peruanos que
escaparon de Guayaquil (14 de febrero) merced a una hábil maniobra. La goleta ecuatoriana
Diligencia que salió con el Congreso para que fuera respetada la
neutralidad ecuatoriana no logró imponerse a los chilenos quienes insistieron en que
tenían instrucciones para no separarse del canal sin conseguir su objetivo de apresar a
los buques peruanos y que no respetarían las aguas del Ecuador porque se habían
declarado parcial.85
6. La doblez de Olañeta
VII) Olañeta presentó sus credenciales el día en que Egaña declaró la guerra. El día
en que Egaña dio cuenta de su misión, Olañeta pidió un armisticio para abrir en
Santiago las negociaciones; y 24 horas después volvió a repetir su pedido diciendo que
acerca de las dos quejas que hace el gobierno de Chile contra el Perú, la
expedición del general Freire y la prisión del señor Lavalle, su gobierno le mandaba
asegurar que satisfaría por lo uno y lo otro, de la manera más amplia y completa, si el
gobierno de Chile se hallara dispuesto a lo mismo por el modo como aprehendió los buques
en el Callao. Al mismo tiempo ofrecía firmar una paz sólida, garantida por
todos los medios que el mismo gobierno chileno elija, siempre, que sean conciliables con
los intereses del Perú y no amengüen en manera alguna su honor (8 de diciembre).
Portales repuso brutalmente que la actitud del gobierno del Perú estaba distante de
la paz sobre la que hacía tanta alharaca y que le enviaba los puntos indispensables de
arreglo para que se evitasen estériles contestaciones. 1° Una satisfacción
honrosa por la violencia cometida en la persona del encargado de negocios Lavalle. 2° La
independencia de Bolivia y el Ecuador que Chile mira como absolutamente indispensable para
la seguridad de los demás Estados sudamericanos. 3° El reconocimiento de la suma de
dinero que el Perú debe a Chile tanto en razón del empréstito y de los auxilios en la
guerra de la Independencia como de la indemnización que Chile tiene derecho por los
daños que ha causado al país la expedición de Freire. 4° Limitación de las fuerzas
navales del Perú. 5° Reciprocidad en cuanto a comercio y navegación colocando cada
Estado al otro sobre el pie de la nación más favorecida. 6° Excepción para los
chilenos en el Perú como para los peruanos en Chile, de toda contribución forzosa a
título de empréstito o donación y del servicio compulsivo en el ejército, milicia y
armada.
Un diplomático menos aferrado a la paz hubiera rechazado enérgicamente estas
condiciones. Olañeta se limitó a manifestar que había necesitado meditar mucho para
caer en cuenta que Bolivia era nación libre e independiente para haber podido, con
perfecto derecho, celebrar el pacto de Confederación con el Perú; que en cuanto la
independencia del Ecuador no se encontraba autorizado para escuchar la proposición sobre
ese punto; y que en cuanto a las demás condiciones ofrecía escucharlas y satisfacerlas
en su mayor parte.
La respuesta de Portales fue arremeter contra la Confederación, nombre con que se
pretendía encubrir la usurpación del Perú y la independencia de Bolivia y
que envolvía un peligro para los demás Estados. Al mismo tiempo le anunciaba que le
acompañaba sus pasaportes.86
El ministro Olañeta dice Bulnes empleó en defensa de su causa todos
los recursos de su diplomacia literaria y sostuvo con elocuencia y vigor los intereses de
su patria. Pero las oleadas de elocuencia que vertía su pluma iban a chocar con la
precisión fría y calculada de Portales.
Pero en contraste con la elocuencia que desplegaba para defender a la Confederación,
Olañeta en conversaciones privadas manifestaba a Portales que al aceptar la misión que
estaba desempeñando y al oponerse a la guerra entre Chile y la Confederación no tenía
otro deseo que hacer caer cuanto antes a Santa Cruz. Su tesis era que Bolivia y Perú
solos derrocarían al cholo; y que, yendo a la guerra, Chile suscitaría el
amor propio de ambos países, reforzando el régimen protectoral. Portales, sorprendido
por esta actitud, hubo de hacer que un amigo suyo escondido oyese estas y otras
expresiones del fogoso ministro de la Confederación, loador y enemigo de Sucre, loador y
enemigo de Gamarra cuando la invasión peruana a Bolivia en 1827, ministro de Santa Cruz
ante Gamarra en 1832 y acusador entonces al mismo tiempo de Santa Cruz ante Gamarra y de
Gamarra ante Santa Cruz, áulico de Santa Cruz en aquellos años y feroz adversario suyo
más tarde.87 Así, Olañeta gustó siempre de cometer adulterios políticos;
si hubiera sido mujer todas las compasiones habrían sido pocas para su marido pues se
hubiera dedicado furiosamente a la poliandria.
7. La Confederación propone el arbitraje
VIII) Con fecha 20 de diciembre la chancillería de la Confederación propuso todavía, de
acuerdo con las gestiones de mediación ya referidas, un arbitraje de los representantes
de los Estados Unidos, Francia e Inglaterra en el Perú que decidiera todas las cuestiones
pendientes entre el Perú y Chile comprometiéndose el jefe del gobierno protectoral bajo
su palabra de honor a suscribir ciegamente el fallo con tal que el gobierno de Chile, por
su parte, prestara igual garantía. Si Chile quería el arbitraje de una autoridad
superior, estaba aceptado.88 El gobierno de Chile decía el órgano
oficial de la Confederación aclarando el pensamiento de su gobierno se cree con
derecho a pedir explicaciones al del Perú sobre la expedición de Freire y éste se halla
dispuesto a darlas no menos que a pedirlas a su vez sobre el atentado inaudito de aleve
apresamiento de sus buques en el Callao. Justo es que las satisfacciones sigan el origen
de las ofensas presuntas y de las verdaderas. Pero si entre los dos no pudieran acordarse
sobre el hecho primero; si los dos están realmente poseídos de sentimientos pacíficos;
si el uno afirma sin presentar argumentos o pruebas incontestables lo que el otro niega,
parece que la razón y la prudencia aconsejan que se remita a un juez árbitro, la
resolución sobre el hecho que se cuestiona. El gobierno del Perú está dispuesto a ello;
está pronto a someterse a la decisión de una potencia extraña... y tan satisfecho se
halla de la justicia de su causa, que no estaría distante de consentir que el árbitro
fuese solamente designado por el gobierno de Chile.89
El gobierno chileno repuso que debía evitarse todo paso que pudiera dar motivo a la
intervención de un influjo extraño en las querellas de familia y que los ministros
extranjeros mirarían las cosas desde el punto de vista de sus intereses comerciales (24
de febrero de 1837).
8. La gestión de Mora ante Blanco Encalada
IX) Cuando el almirante Blanco se hallaba al ancla en San Lorenzo de regreso de su
excursión a Guayaquil, su viejo amigo el literato español José Joaquín de Mora,
secretario de Santa Cruz, le escribió cariñosamente y le anunció una visita que Blanco
aceptó y tuvo lugar el 9 de enero de 1837, a bordo de la Blonde, buque de
guerra francés. En esta entrevista amistosa había un paso político por parte de Santa
Cruz. Orbegoso y Morán he aquí los culpables que se me presentan [dice
Blanco a don Andrés Bello dando cuenta de lo que conversó con Mora]. La inocencia,
ignorancia de Santa Cruz en semejante infamia se me protesta. La indignación que produjo
en su alma la primera noticia de la expedición Freire dada en presencia de muchos que se
me nombran, por el mismo imbécil, asqueroso criminal. La resolución repentina de
retroceder al Cuzco temiendo con justicia los compromisos que debía traerle con Chile, de
quien se temió y miró como necesaria consecuencia la guerra. De todo cuanto conduce a
manifestar los sentimientos pacíficos del Protector y de su benévola disposición hacia
Chile se trató de presentar pruebas. El deseo de evitar la guerra es vehementísimo y si
en mi carta a Portales antes de esta entrevista decía que creía que pasarían por todas
las proposiciones menos el honor [la existencia de la Confederación] ahora repito que
puedo asegurarlo. Vaya una muestra, se me ha dicho. Pasaremos por no tener más que tres
goletas para el contrabando, y si tenemos un buque más, autorizamos a Uds. para quemarlo
donde se encuentre. Se me dijo que un comisionado inglés que debía marchar con 300.000
pesos para una grande fragata que no marcharía... Y estoy cierto que si el gobierno
quiere hacer la paz con sólo mandarme una instrucción y sin ningún carácter
diplomático, puedo mandarle las bases el día que quiera concluirlas en muy corto tiempo
y sin gastar una cuartilla de papel en comunicaciones.90
9. La mediación ecuatoriana
X) Con fecha 15 de febrero de 1837 el encargado de negocios Perú-Boliviano adjuntó a su
gobierno el oficio por el cual el gobierno ecuatoriano, representado por su ministro de
Relaciones Exteriores B. Destre, interponía su mediación en el asunto peruano-chileno.
Si ambos países aceptaban, las negociaciones podían hacerse decía el canciller
ecuatoriano en el lugar que ellos fijasen en su territorio o en Guayaquil, Quito u
otra parte del Ecuador. El gobierno ecuatoriano llegó a nombrar como mediadores al
general Juan José Flores y al Dr. José Joaquín de Olmedo. El gobierno peruano aceptó
esta mediación del modo más franco (12 de mayo de 1837); y nombró como
representante a don Juan García del Río. Ministro de Relaciones del Ecuador fue a poco
José Miguel Gonzales, tan amigo de los emigrados peruanos; pero ni esto influyó para que
la mediación fuera aceptada por Chile, cuya respuesta fue indicar al Ecuador que era
parte en el asunto, pues se trataba del peligro para los Estados americanos y Ecuador
tenía derechos propios que poner a salvo.91
10. La Confederación propone las negociaciones directas
XI) Parecía imposible otra gestión. Pero Santa Cruz vio que el mensaje del Presidente de
Chile a las cámaras decía que para dar una respuesta definitiva a la benévola oferta de
la república ecuatoriana sobre mediación, le había parecido necesario aguardar la
resolución del Presidente de Bolivia acerca de las negociaciones directas a que había
sido invitado. Inmediatamente Olañeta, secretario del general del Protector, ofició a la
cancillería chilena comunicándole que aceptaba las negociaciones directas, la mediación
ecuatoriana y todo medio decoroso de inteligencia. Este oficio no fue
contestado.
Chile no ha podido hacer más en coincidencia con nuestros sentimientos,
escribía el desterrado Bujanda a su amigo y cofrade Gamarra.92
En resumen, para procurar la paz, Santa Cruz se valió de un tratado en que dejó en
rehenes los buques del Perú, de su amistad personal con el presidente Prieto, de dos
ministros (Méndez y Olañeta) y de la mediación de cuatro países; y pidió al gobierno
chileno que fijara las garantías y seguridades que creyera convenientes, salvo la
modificación de la Confederación Perú-Boliviana. Chile envió una legación con el
propósito de plantear la separación del Perú y Bolivia; y acompañada por una escuadra
destinada a inutilizar los buques peruanos.
11. Después de declarada la guerra, todavía Santa Cruz busca la paz
XII) Cuando en julio de 1837 supo Santa Cruz la noticia de la muerte de Portales, vio
abierto el camino de la paz. Un guerrero ensoberbecido, un enemigo avieso no hubiera
procedido así. ¿Qué habría dicho el káiser Guillermo II, por ejemplo, si en agosto de
1914 antes de que se rompiesen las hostilidades hubiese recibido la noticia de la muerte
de Jorge v o de Nicolás ii? Santa Cruz proclamó a los pueblos confederados:
Cualesquiera que sean las consecuencias que se desarrollen en aquella república
(Chile) puedo anunciaros la proximidad de la paz por cuya conservación hemos hecho tantos
esfuerzos. La Divina Providencia que protege nuestra causa ha deshecho los esfuerzos que
la envidia hacía para continuar una guerra de escándalo.93 Derogó, al
mismo tiempo, la prohibición de comunicación con Chile. Y su secretario general,
Casimiro Olañeta, envió un oficio al ministro de Relaciones Exteriores de Chile
insistiendo en que ofrecía como anteriormente la paz sin nada humillante ni indigno para
la nación chilena; y en que la guerra traía dolorosas convulsiones internas y graves
perjuicios económicos. Si el gobierno de Chile concluía se digna
aceptar las nuevas proposiciones de paz a que tengo la honra de invitarle por orden del
Jefe Supremo de la Confederación Perú-Boliviana, éste enviará un ministro plenamente
autorizado para hacer tratados de paz bajo la garantía de potencias respetables o entre
tanto una convención preliminar que con las mismas seguridades nos conduzcan a una paz
definitiva y sólida. También se halla dispuesto a recibir una Legación Chilena con el
mismo fin.94 Esta gestión no obtuvo resultados.
XIII) Con fecha 22 de julio de 1837, Palmerston, canciller inglés, se dirigió al
Ministro de Relaciones Exteriores de la Confederación, admitiendo en nombre de su
gobierno el rol de mediador en las diferencias con Chile, siempre que este país lo
aceptara; y anunciando que el Cónsul general en Santiago había sido instruido para
proponer una suspensión de hostilidades. Es de esperar que ese gobierno [el de
Chile] esté tan bien dispuesto como el de la Confederación a poner término a una guerra
fatal, decía el agente diplomático británico en el Perú, B.H. Wilson, al
gobierno Norperuano al poner en su conocimiento la actitud del gobierno de
S.M..95
La comunicación del Foreing Office llegó en noviembre de 1837, en vísperas del tratado
de Paucarpata; y quizá por eso el cumplimiento de dicho tratado fue puesto bajo la
garantía de S.M. Británica.
El significado del tratado de Paucarpata y de las otras gestiones pacifistas, inclusive la
proposición del Cónsul de la Confederación en Londres para que el gobierno británico
obligara por la fuerza a Chile a celebrar la paz, cuando ya la primera expedición chilena
había llegado al Perú y había sido vencida, será materia de páginas posteriores en el
presente libro.
____________________________________
71 En todo su estudio
Bulnes procede dando por cierto un hecho falso: la existencia de la Confederación cuando
la expedición Freire se produjo.
72 Causas de la guerra entre Chile y la
Confederación. Revista Chilena, Tomo iv, p. 406.
73 El Eco del Protectorado, N.º 5, 3 de septiembre de 1836.
74 El Eco del Protectorado, N.º 16, 15 de octubre de
1836.
75 El Eco del Protectorado, N.º 16, 15 de octubre 1836.
Larned se hizo cargo de los intereses chilenos (El E. del P. N.º 22, 2 de noviembre de
1836).
76 El Eco del Protectorado, N.º 17, 15 de octubre de 1836.
77 El Eco del Protectora, N.º 17, 15 de octubre de 1836.
78 El Eco del Protectorado, N.º 50 de 8 de febrero de
1837.
79 Sotomayor Valdés, ob. cit. ii, 216 y siguientes.
80 Instrucciones a Egaña, Sotomayor Valdés, ob. cit. ii,
253 y 254.
81 El Eco del Protectorado, extraordinario, 1° de noviembre
de 1836.
82 El Eco del Protectorado, N.º 22, 2 de noviembre.
83 El Eco del Protectorado, 12 de noviembre de 1836,
N.º extraordinario.
84 El Eco del Protectorado, N.º 37, de 24 de diciembre de
1836.
85 El Eco del Norte, N.º extraordinario de 15 de marzo de
1837.
86 La correspondencia entre Olañeta y Portales en E. del P.
1° de febrero de 1837, N.º 48.
87 La actitud de Olañeta está revelada por Sotomayor
Valdés (ii, p. 270) quien la conoció a través de un amigo de Portales que escuchó una
de sus entrevistas. Cuando más tarde llegó la expedición restauradora al Perú en 1837,
ella fue conocida. En la Carta del Dr. Francisco de Miranda al Dr. Casimiro Olañeta
exministro de la Confederación Perú-Boliviana y adjunto a la administración
restauradora de Bolivia (Quito, Imp. del Gobierno, 1840) dícese: Traicionó Ud.
como ministro a su gobierno en Chile asegurando al ministro Portales al paso que sostenía
por escrito la intervención de Bolivia en el Perú, la causa de la Confederación y la
legalidad del gobierno del Protectorado, que el plan del general Santa Cruz era la
conquista y que Chile debía cortar sus progresos antes de sufrir su estrago y aún se
ofreció Ud. a trabajar por sus miras. El señor Portales, hombre noble y de
ideas exactas en cuanto a la política, lo despreció a Ud. Olañeta negó esta
acusación por cierto aunque dice que escribió a favor de la independencia de Bolivia y
que cuando Portales le pidió que sirviera de medio para enviar una carta a Bolivia se
negó diciéndole que no lo hacía cualquiera que sean mis opiniones (Mi
Defensa, 1839, Paz, Imp. del Colegio de Artes).
88 El Eco del Protectorado, N.º 36 de 21 de diciembre de
1836. El agente norteamericano, en vísperas de hacer viaje, lo aplazó para poder
intervenir. La oferta de buenos oficios del cónsul general inglés B. H. Wilson fue
aprobada por su gobierno (El E. del P. N.º 77, 15 de julio de 1837).
89 El Eco del Protectorado, 12 de octubre.
90 Papeles del general Blanco Encalada. Carta a Bello, 9 de
enero de 1837. Sotomayor Valdés, ob. cit. ii, 371.
91 Todas las notas referentes a esta gestión en El Eco
del Norte, N.º 8 de 22 de marzo de 1837 y en El Eco del Protectorado, N.º 5 de 15 de
mayo de 1837. Mensaje del presidente de Chile el 1° de Junio de 1839.
92 Bujanda a Gamarra, 18 de noviembre de 1836. Archivo
de la BNP.
93 Proclama de Lima, 22 de julio de 1837. El Eco del
Protectorado, N.º 79 de 22 de julio de 1837.
94 Nota de 31 de julio de 1837. En El Eco del Protectorado,
N.º 82 de 2 de agosto de 1837.
95 Notas oficiales publicadas en El Eco del Norte, N.º 42 de
22 de noviembre de 1837.
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