EXPLICACIÓN INICIAL

 

 

En diciembre de 1927 presenté a la Facultad de Letras para el grado de doctor una tesis titulada "Contribución al estudio de la revolución social y política del Perú durante la República" que era resultado de investigaciones hechas desde 1921 aunque con planes diversos e intermitentes; de esa discontinuidad como de todo lo que hizo mi adolescencia no me arrepiento aunque ahora tenga distinta manera de pensar.

El presente libro es un resultado de la tesis y de las lecciones dictadas en el curso de Historia del Perú (monográfico) del que fui nombrado profesor interino en abril de 1928 y, por el Consejo de Enseñanza Universitaria, titular en mayo del mismo año.(*) Inmediatamente, después de iniciar dicho curso noté que la generalidad de los alumnos no tenía conocimientos detallados de la parte narrativa. Ello era explicable, no habiendo obras de síntesis sobre la República ya que la de Markham y el meritísimo texto de mi maestro el Dr. Wiesse tienen que ser someros por su índole; y siendo excesiva la extensión del curso universitario general de Historia del Perú. En cambio, mi tesis y la orientación dentro de la cual debía enmarcarse el curso monográfico suponían el previo conocimiento efectivo de dicha parte. Y por eso en la clase como en este libro, sin salir del primitivo plan de estudiar tendencias y características generales, he agregado un esquema narrativo donde ha sido necesaria para la mejor comprensión de ellas.

El plan seguido no es un plan meramente cronológico. Si bien éste tiene la ventaja de la visión de conjunto permite, en cambio, que se esfume, se rompa o se parcele el concepto de las tendencias. He buscado, pues, un método que me atrevería a llamar cíclico a base de un conjunto

de monografías separadas que ocultamente se hallan unidas. La lectura de la obra en su totalidad puede dar la visión de conjunto y, al mismo tiempo, la lectura de cada sección, llamada "libro", o de cada capítulo puede marcar la trayectoria de una clase social, de una tendencia doctrinaria o de una individualidad descollante.

Contribuir al estudio de la evolución de la topografía social del Perú en los primeros años de la República, es decir, de las clases sociales, de las tendencias doctrinarias y de los fenómenos políticos propiamente dichos hasta 1872, tal es el objeto concreto de esta obra. El año de 1872 es el hito final, por ahora, porque marca la iniciación de un periodo distinto en la evolución republicana y porque desde entonces ocurren hechos que no tienen contenido netamente histórico, pues conservan aún su beligerancia política.

Un pequeño mapa de la travesía que con estas líneas se inicia puede ser útil.

El libro primero está dedicado a la nobleza colonial. Su inicial intervención política no fue primordial y su tendencia doctrinaria más o menos incipiente puede estudiarse en las frustradas tentativas monarquistas. El hecho de que la nobleza no presidiera la Emancipación, así como el colapso de la ilusión monarquista comprueban que la nobleza no tuvo el poder político en la Emancipación y, por consiguiente, tampoco en los primeros años de la República (Capítulo primero). Pero el estatismo en las costumbres y aun en las instituciones sociales, indica que la nobleza mantuvo su predominio social y económico en esos primeros años hasta el año 53, más o menos, en que con la Consolidación emerge otra evolución (Capítulo segundo). La influencia del guano y la "europeización" paulatina del país producen esa evolución cuya madurez está señalada por los grandes empréstitos de Balta y, luego, por el predominio del civilismo. Proceso en que el mayor valor de las fortunas privadas tiene no tanto un origen territorial, como anteriormente, sino un origen bursátil y fiscal. Pero antes de que se consumara esta evolución, estudiada con detenimiento más adelante, ocurrió otro hecho histórico fundamental al que, por eso, está dedicado el libro segundo: el predominio del militarismo.

La Independencia dejó un ejército excesivo que predomina durante cincuenta años. Es conveniente, antes de reseñar los fenómenos particulares que son consecuencia de este predominio, hacer una breve exposición de cómo estaba constituida y de cuáles eran las características de la clase militar (Capítulo primero del libro segundo). El predominio del militarismo produce el caudillaje que es un fenómeno continental: su estudio debe hacerse en relación con sus interpretaciones a través de la incipiente sociología americana y con las reflexiones que sugiere el Perú (Capítulo segundo del libro segundo).

Pero para estudiar cómo fueron los caudillos militares peruanos es necesario ir al recuento biográfico de los principales de ellos clasificándolos por grupos para estudiar así también la evolución del caudillaje militar en el Perú: Gamarra, Salaverry y Santa Cruz, Vivanco y Castilla, y los caudillos de la última etapa del predominio militarista. Desgraciadamente una razón de fuerza mayor obliga a concluir aquí el presente tomo de la obra, en medio de la referencia biográfica de Gamarra y Santa Cruz, en el momento en que éste establece la Confederación Perú-Boliviana. El grosor desmesurado que tendría cada ejemplar, las posibilidades económicas, la necesidad de no recargar el precio de la edición hace inevitable este cercenamiento.

El esquema de la vida de los caudillos es breve, procurando acudir a las fuentes primordiales, ordenar, sintetizar y clasificar los hechos. Algunas páginas reseñan hechos sobrado conocidos, pero que es indispensable recoger en esta obra de síntesis. Y más que una posición de hipérbole o de rebajamiento búscase aquí ubicar, precisar.

Completando este esquema, sigue el de las tendencias civiles y doctri-narias, a través de sus momentos polémicos, de sus esfuerzos consti-tucionalistas, de sus hombres representativos. Algunas referencias han sido hechas a estas tendencias en el libro anterior, aunque sólo cuando tenían relación fundamental con la vida de los caudillos. Como en el Perú, por lo demás, caudillaje y doctrinarismo no fueron consubstan-ciales, esta separación, con las excepciones mencionadas, se hace más fácil. El choque o antagonismo de las tendencias o ideologías resalta así más nítidamente. La evolución que siguen los hombres y las ideas queda más concentrada.

En este libro, por tener relación con el debate entre liberales y conservadores, queda comprendida, así mismo, la trayectoria de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, así como la evolución del poder social del clero.

En el momento en que el caudillaje decae, decaen también las tendencias doctrinarias. Se cohesiona, al mismo tiempo, la nueva clase resultante de la fusión de parte de la aristocracia colonial con los enriquecidos. Este proceso ha madurado merced a la evolución que finan-cieramente ha seguido el Perú; de modo que su estudio debe hacerse desde el punto de vista financiero, así como desde el punto de vista social (Libro cuarto).

La fisonomía social de los primeros cincuenta años republicanos no está aún completa. Hay que estudiar a las clases medias y junto con ellas, porque contribuye a su desenvolvimiento, la enseñanza y las profesiones liberales (Libro quinto). Además, el aporte de los extranjeros tanto política como social, económica y financieramente (Libro sexto). Y la condición social y económica del pueblo, su intervención política en las ciudades y en el campo, sus diferentes componentes, marcan otro aspecto capital de la época (Libro séptimo). Así mismo, algunas consideraciones sobre la vida de familia y de la sociedad y sobre la condición de la mujer (Libro octavo). Un esquema sobre las relaciones de la geografía humana y social con la historia peruana en esta época finaliza la obra porque, basándose sobre hechos ya conocidos, puede efectuar más fácilmente sus conclusiones (Libro noveno).

Hay errores y vacíos en esta obra. El título de ella advierte que no pretende ser una Historia definitiva sino una contribución al estudio de la evolución social y política del Perú. Sirva si no para hacer olvidar esos vacíos y esos errores, por lo menos para disminuir la grave culpabilidad que representan, la constancia de que he hecho todo lo posible por reunir los materiales que puede suministrar la Biblioteca Nacional. Algunas relaciones y archivos particulares pueden enmendar en todo o en parte esta obra; pero me lisonjea la esperanza de poderla reeditar en forma más completa. Entre tanto, la escrupulosidad de la espera puede traer la responsabilidad de la inacción, más grave que la del error.

Esta es una obra que no tiene el afán exhaustivo del erudito ni el espíritu apologético del cortesano ni la finalidad forense del abogado ni el dilettantismo del turista. El dato que obsesiona al primero, el gesto que entusiasma al segundo, el alegato que construye el tercero y la anécdota que extasía al último las desea mirar a través de su valor social.

En su admirable libro Teoría e Historia de la Historiografía, Benedetto Croce dice que toda historia verdadera es historia idealmente contemporánea porque sólo un interés de la vida presente puede mover a indagar un hecho pasado; y por eso llama a la historia pasada, crónica, filología. Esta concepción de la palabra "presente" es sicológica; pero si ella se extiende a la realidad misma que se estudia, si en ésta se hallan las bases fundamentales de la realidad social actual, si para el planteamiento de los problemas de hoy es preciso conocer los del ayer por lo menos inmediato resulta más evidente la importancia de la historia que no sólo es contemporánea por su palpitante interés sicológico sino por los hechos mismos que investiga. Contemporaneidad de hechos, claro está, más que de personas, de problemas y no de intereses, de orden general y no de orden menudo.

Son incalculables la riqueza y la importancia de las épocas anteriores de nuestra Historia; pero la republicana tiene también relieve primordial porque en ella están integrados los elementos todos que actúan en la nacionalidad. Al lado de este valor de importancia tiene la Historia republicana un valor de facilidad. Hay épocas donde el funcionamiento y la estructura del espíritu de los hombres se nos escapa. En cambio, estos hombres del siglo pasado están más cerca de nosotros, se parecen más a nosotros, tenemos más documentos para seguir sus huellas, así como los que vendrán reconstruirán fácilmente nuestra vida y nuestro espíritu por los libros, el cinema, los periódicos y tantos otros medios de expresión que abunda en nuestra época. Este Perú al que vamos a entrar no tiene brumas como el Perú prehispánico ni tiene fausto como el Perú colonial; es, casi, nuestro Perú de todos los días.

Hay, sin embargo, una leyenda negra sobre la época republicana, aumentada acaso por la propaganda de González Prada como reacción contra los hombres y contra los métodos que permitieron el Desastre del 79. Según esta leyenda, la República fue una cueva de bandoleros. No sentenciemos tan fácilmente a desórdenes y errores que no dejaron de estar acompañados de esfuerzos meritorios y sinceros. No hagamos a nuestra República el homenaje de mirarla como una reproducción de Liliput mezclada con los vicios de Sodoma. Antes de exaltar o denigrar, preferible es explicar y deducir. No hay que mirar tampoco al pasado como a un tótem. En realidad, los tradicionalistas no aman al pasado por lo mismo que no quieren que sea pasado, sino presente.

Tales, los marcos que han servido para esta obra que, aparte de su finalidad circunscrita, tiene, para alguien al menos, el valor de los pocos rostros, a veces ni perfectos ni egregios y de las pocas ideas, a veces ni inútiles ni definitivas que surgen del trajín cotidiano como única compensación de su mezquindad.

 


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