DERRUMBAMIENTO DEL PODER DE GAMARRA

 

 

14. Consecuencias inmediatas del 28 de enero

La Convención, después de una sesión preparatoria el 3, volvió a reunirse el 6 de febrero en el Callao. Orbegoso leyó un extenso mensaje recapi-tulando los sucesos pasados. Luna Pizarro, como presidente, contestó afirmando que la Convención iba a considerar un proyecto de ley de olvido general de los delitos políticos y preparaba en el proyecto de la nueva Constitución “una silla de honor y de no poca influencia para el que acababa de terminar su mando”. Pero, “el que pudo paliar sus excesos para apoderarse de la silla presidencial, descendiendo del puesto con honor, ya que había tenido la fortuna, para él inmerecida, de concluir su periodo legal, prefiere a esta dicha inapreciable, la infamia de encender en la República la tea de la discordia”. Concluyó expresando su confianza en que la justicia de la causa, la decisión de los pueblos y, sobre todo, la protección de la divina providencia hicieran en el año 34 triunfar la libertad como triunfó en el 24.215

En esa sesión y en las siguientes fueron presentados numerosos proyectos alusivos al momento: concediendo el título de “fiel y generosa” y de “asilo de las leyes y de la libertad” a la ciudad del Callao (17 de marzo); para que se hiciera una manifestación solemne de gratitud a los extranjeros por su actuación; concediendo pensión vitalicia a las viudas, descendientes o ascendientes más inmediatos de los paisanos muertos en las jornadas del 3 al 28 de enero (6 de marzo); disponiendo el traslado de las cenizas del Mariscal La Mar (20 de febrero), y el empleo de Gran Mariscal al general Orbegoso. Este ascenso fue limitado al de General de división, con el título de “benemérito de la Patria en grado heroico y eminente para Orbegoso, sus ministros y altos funcionarios por su conducta el 3 de Enero” (11 de abril). También fueron ascendidos casi todos los jefes que habían sido leales a Orbegoso; algunos no aceptaron este ascenso.216

Con fecha 15 de febrero, por 46 votos contra 19, aprobó una ley que textualmente decía en su primer artículo: “El Poder Ejecutivo queda extraordinariamente autorizado para tomar las medidas que exija la seguridad pública mientras se restablece el orden; dando a la Representación Nacional razón motivada de las que se tomare”. La razón fundamental para el otorgamiento de estas facultades era el peligro que aún ofrecían Gamarra y Bermúdez.217

Orbegoso tenía ante sí el problema de la falencia del erario por lo cual decretó una rebaja de 25% en favor de los que verificasen al contado y en dinero efectivo los derechos de aduanas. Esto trajo la reunión de algún dinero. Realizó, enseguida, un empréstito voluntario de las personas capaces de proporcionar algunas cantidades, reconociéndoles el interés mensual del 2%. Este empréstito se convirtió en forzoso bajo el mismo interés; las necesidades de la guerra abierta sin los más preciosos elementos fueron invocadas para ello. Una junta de ciudadanos fue nombrada para el reparto proporcional de estas cargas. Como los gastos eran urgentes, no era posible la demora: vinieron medidas coactivas. Igual empréstito fue impuesto a Ica por 25.000 pesos, a la Libertad por 60.000 y a Jauja más tarde, en menor escala. Los generales orbegosistas Miller y Nieto exigieron también subsidios para atender a los gastos de sus respectivas comisiones. Las necesidades más imperiosas pudieron ser así atendidas. Para proporcionar al ejército una caja militar vino, enseguida, la venta de algunas fincas nacionales; pero esto no obtuvo mucho éxito por el temor que había de un triunfo de Bermúdez y Gamarra y por la pobreza general. Los productos de las casas de martillo, que entonces fueron permitidas, sirvieron también de algún alivio.

También decretó Orbegoso un reclutamiento general en los pueblos fieles a él; y llamó a jefes separados por licencias, reformas o retiros, aceptándolos indistintamente. Para la obtención de caballos y mulas, se recurrió también a la fuerza reconociendo su valor como una deuda pagadera cuando fuese posible; exigiéndose, en la misma forma, raciones de campaña, bagajes, pastos, etc.218

Gamarra, Bermúdez y sus principales jefes entre los que estaban Frías, Eléspuru, San Román, Bujanda, Vargas y otros fueron dados de baja.

Más tarde Gamarra, Bermúdez, San Román y Escudero fueron condenados a expatriación perpetua debiendo ser muertos apenas pisaran territorio nacional.

Después de dejar el poder a Salazar y Baquíjano con el nombre de Supremo Delegado, Orbegoso marchó a la sierra. En su comitiva figuraban el general La Fuente, el Mariscal Riva-Agüero, los generales Cerdeña, Necochea, Otero y otros. Miller había salido en persecución de Gamarra; en Yauli se le unió Salaverry.

15. Pedido de auxilio a Bolivia por la Convención Nacional


En sesión de 15 de abril fue presentado a la Convención Nacional por el diputado Ortiz un proyecto solicitando la cooperación de Bolivia para la extirpación de la anarquía. Después de aprobar el dictamen de Vigil, Mejía y Távara para que Salazar y Baquíjano, encargado del Poder Ejecutivo informase sobre si se había dado algún paso al respecto, en sesión del 18 de abril fue aprobada una ley que aduciendo la falta de facultades del delegado para solicitar la cooperación de otra República y la necesidad de no perder el tiempo y de que el gobierno tuviera los medios que aceleraran el término de la guerra civil, decretaba: “Se autoriza al Supremo Delegado para que solicite, si lo creyera necesario, la cooperación del Gobierno de Bolivia, con el único y exclusivo objeto de terminar la guerra civil”.219

Távara ha publicado el texto del dictamen que sirvió de base a esta ley y que tiene idéntica redacción; fue firmado por Mejía, gamarrista, Vigil que tan frío se había mostrado en la reunión que provocó Luna Pizarro para exponer su plan de salvación del Perú, y él, que era enemigo de Santa Cruz.

El abrazo de Maquinhuayo impidió, pues, que la intervención boliviana se realizara en 1834.

16. Campaña contra Gamarra y Bermúdez. El frente sur. Miraflores y Cangallo


Poco después de llegar a Arequipa la noticia de la proclamación de Orbegoso había dejado la prefectura el general Juan José Salas por enfermedad, encargando de la Comandancia General al general Nieto, íntimamente vinculado con los liberales cuyo leader en Arequipa era don Juan Gualberto Valdivia, sacerdote como Luna Pizarro y Vigil.

El 12 llegó un propio trayendo comunicaciones que noticiaban lo ocurrido en Lima el 4. Como Comandante General recibió Nieto algunas de estas comunicaciones y lágrimas bañaron su rostro marcial prorrumpiendo en frases decorativas: “Con mi lanza vengaré este ultraje... Perezcamos antes de ser esclavos...”

Mientras Nieto y Valdivia convocaban a las corporaciones para el día siguiente y aseguraban la fidelidad de los oficiales haciendo algunos cambios en la policía y la gendarmería, pues Gamarra por la actitud liberal de Arequipa en las elecciones había retirado de allí las fuerzas del ejército, llegó la noticia de que Salas trataba de reasumir la prefectura, lo que fue impedido. La reunión de las corporaciones se efectuó; la presidió, una vez que ya se había comenzado a deliberar, el prefecto interino Masías; Nieto volvió a sollozar porque la patria “estaba al borde del precipicio” pero dijo que iría a postrarse a los pies de Bermúdez si Arequipa así lo quería aunque entonces se atravesaría el corazón con un puñal. La decisión, revelada en el clamor de la multitud fue desconocer a Bermúdez, conservar las autoridades existentes y autorizar a Nieto para formar tropas y para tomar las providencias conducentes a la defensa de la Nación.220

Con discursos de Nieto comparando a los arequipeños con los espartanos y los atenienses, con repiques, música, desfiles comenzó la organización bélica de Arequipa. Gamarra tenía en Puno a San Román y en el Cuzco a Bujanda que le eran fieles y estas fuerzas unidas resultaban temibles. Se organizó una maestranza de armeros, herreros, etc.; así como el trabajo de fundición de balas. El nitrato de sosa de Tarapacá sacado de las cenizas de los hornos de las panaderías y de los fogones de las chicherías y casas particulares fue convertido en nitrato de potasa para la pólvora. La población entregó las armas que tenía. Jóvenes distinguidos formaron el batallón “Inmortales” equipándose al principio a su costa.

Nieto, además, se puso en comunicación con el coronel Carrillo que mandaba en Tacna y que se había comprometido a oponerse a un legicidio; Carrillo se pronunció contra Bermúdez. Mandó llamar, así mismo, a Castilla que después de haberse escapado de su prisión y de haber estado en Chile, regresó a Tarapacá a fines de 1833. Pero su medida más grave fue pedir auxilios a Santa Cruz. Ya parece que desde principios de 1834 estaba en contacto con el oficial boliviano Guilarte. Para tomar ahora oficialmente la decisión de llamar a Santa Cruz alegó la enorme superioridad militar de Gamarra. Y alegó también la opinión de Luna Pizarro quien antes de irse a Lima para actuar a la Convención había manifestado su plan de la federación entre el Perú y Bolivia.221

Como contestación al pedido de Nieto pidió Santa Cruz que el mismo Orbegoso o las corporaciones de Arequipa, Tacna, Moquegua y aun si fuera posible Cuzco y Puno lo llamaran.

El ministro peruano en Bolivia, La Torre, que había reprobado públicamente el motín de Bermúdez y Gamarra, se dirigió a Nieto y a San Román procurando evitar el choque inminente. A la vez, pintaba los aprestos militares, los movimientos de tropas, los numerosos reclutamientos, el llamamiento a la guardia nacional que hacía el gobierno boliviano. Se jactaba, así mismo, de haber convencido a Santa Cruz para que aplazara su intervención.222

San Román dio una respuesta evasiva y Nieto dijo que sólo aceptaría la entrevista si tenía por base el reconocimiento de la legitimidad de Orbegoso.

Teniendo en consideración que sus huestes estaban compuestas por paisanos para quienes les sería difícil luchar en la sierra. Nieto resolvió aguardar a San Román y preparó atrincheramientos.

San Román, en efecto, avanzó con un lucido ejército sobre Arequipa, Bujanda quedó de prefecto en el Cuzco. Entre las medidas que Bujanda tomó a raíz del pronunciamiento de Arequipa se encuentra un decreto declarando que el Cuzco pertenece de hecho y de derecho a la República peruana y ordenando que un cordón de tropas impidiese toda comunicación con Arequipa. Así mismo, prohibió toda discusión pública o privada sobre los negocios políticos del día y en especial, sobre la defección de Arequipa así como toda reunión de más de cuatro personas; y ordenó, así mismo, que todo individuo que pasara por las calles de la ciudad después de las 9 de la noche fuera conducido al cuartel y que se procediera a la detención de quien entrara en conversaciones sediciosas.223

El lunes de Pascua, 31 de marzo, llegó a Arequipa el aviso de que las tropas de San Román habían acampado en Cachamarca. La batalla se empeñó el 2 de abril en el llano de Porongoche. Nieto mandó que su caballería cargase a la de San Román, pero los húsares de éste resistieron con firmeza; y los coroneles Castilla y Carrillo repitieron la carga. Hubo, además, un fuego vivísimo de infantería y artillería muriendo de parte de los arequipeños el coronel Montenegro y el teniente Godoy. San Román se retiró a un cerro que había ocupado primero y Nieto, que quedó dueño del campo de batalla, dejó en él una guardia y se retiró con el grueso de sus fuerzas al llano de Miraflores.

Al día siguiente, San Román pidió una capitulación honrosa para ahorrar sangre; e invitó a Nieto a una reunión en la lloclla de Paucarpata que dividía el campo de ambas fuerzas. Nieto asistió con los civiles Iguaín y Ros y San Román emponchado bajó al cauce de la lloclla con un ayudante. La conferencia duró como tres cuartos de hora. San Román aceptó el reconocimiento de Orbegoso y por ello se le permitió retirarse a Cangallo y se le suministraron víveres.

No cumplió, luego, San Román con mandar emisarios para firmar las capitulaciones; los buscaron los de Nieto y como revelaran que la actitud de los vencidos estaba cambiando, fueron retenidos como rehenes. Nieto que contaba con la pronta venida de Orbegoso quien a última hora varió de plan, decidió hacer un amago a San Román pensando quizá que cumpliera así su palabra y avanzó en su busca, empeñándose la batalla llamada de Cangallo. Después de tres horas y media de combatir, el triunfo era para Nieto. Gran parte de la infantería de San Román se desbandó. Pero la caballería de Nieto falló, volvió cargas, envolvió a la reserva de arequipeños y el coronel español Escudero, uno de los jefes del ejército invasor avanzó triunfante sobre Arequipa. Ya San Román había huido hasta Vilque. Nieto sé retiró a Islay y se embarcó luego en la fragata “Libertad” con dirección a Arica.224 Era Escudero un aventurero español, militar y periodista, alegre, elocuente, valeroso.

De la situación creada en Arequipa en relación con todos estos acontecimientos ha dado Valdivia un relato confuso, con detalles, nimios donde predomina el afán de hacer ver la importancia de su personal previsión militar y política así como la capacidad declamatoria de Nieto. En contraste con su énfasis, Arequipa presentaba un cuadro más animado, por los cupos onerosos impuestos a los propietarios, la sordidez de éstos, las exacciones, los despilfarros y la presunción de Nieto y de Valdivia, su exhibicionismo por las calles montado el uno con brillantes arreos en un hermoso caballo negro y el otro siempre vestido de sacerdote, en un caballo blanco con un séquito de oficiales llenos de penachos y de medallas, las rabonas que acompañaban a ambos ejércitos, la pasión de aquellos militares por el juego, el terror de la población ante las noticias del combate corriendo a refugiarse en los conventos y en las casas de familias acomodadas.225

Los propietarios de Arequipa hicieron a Escudero un préstamo de dinero cuando apenas entró, mas la actitud de la población continuó temerosa. Algunos saqueos y la muerte de algunos paisanos —algunos de ellos mujeres— fueron el precio de la victoria. Escudero se vio obligado a publicar un bando ordenando abrir las puertas de todas las casas amenazando que si no las abrirían los soldados.

Poco después entró San Román.226 Andrés Martínez fue nombrado prefecto y junto con las tropas vencedoras se preparó a contener la inminente invasión de Santa Cruz.

17. Campaña contra Bermúdez y Gamarra. El frente norte


El norte tuvo menor importancia que el sur en éste, como en general, en todos los momentos de nuestras revoluciones militares.

Vidal continuaba, después de haber hecho embarcar a Salaverry para el Ecuador, de prefecto interino de La Libertad cuando recibió comunicaciones de la elección de Orbegoso. Lo reconoció; aunque cuando Orbegoso le pidió que le enviase la tropa no cumplió con hacerlo, por lo cual Orbegoso no tuvo a su lado, en el momento del conflicto de enero de 1834 en Lima, a un cuerpo de ejército adicto. La actitud de Vidal era el acatamiento aparente quizá sincero al principio y la secreta vinculación con Gamarra y Bermúdez cuando fue instruido de lo que estaba pasando; así lo revelan sus cartas al comandante Boterin.

Pero parece que, noticiado de lo ocurrido el 28 de enero, nuevamente reaccionó en Vidal la lealtad a Orbegoso y reunió a las corporaciones para manifestar su decisión de sostenerlo “con la espada y con la sangre” (4 febrero). Y al día siguiente mandó iluminaciones y repique general de campanas por dichos sucesos del 28 de enero. Pero después persiguió a los generales Cerdeña y Plaza y a la esposa de Salaverry haciéndose inminente el golpe a favor de Bermúdez.227

Mientras Vidal aceptaba en forma equívoca a Orbegoso como presidente, desembarcó Salaverry en San José, sin tropa, con la posibilidad inminente de ser fusilado si es que era aprehendido. Ante la noticia de su venida, el batallón Zepita que se hallaba en Trujillo se amotinó a favor suyo y de Orbegoso. Vidal fue apresado pero el teniente González, uno de los jefes del motín, temiendo por su vida, lo dejó escapar. Junto con Vidal sufrió la prisión Torrico que era entonces subordinado suyo y que más tarde sería su contrincante en una guerra civil. Torrico, antes y después del motín, escribió a Orbegoso exhibiéndose como partidario suyo y manifestando que era infundada la desconfianza que existía contra él y contra Vidal.

El general Raygada que trabajó a favor de Bermúdez en La Libertad fue encausado; pero, achacándosele el delito de conspirar en la prisión fue embarcado para Centro América junto con el comandante Torrico que se hallaba en igualdad de circunstancias, poco antes de que Orbegoso marchase a batir a Bermúdez en la sierra. Al salir del Callao intentaron sublevar el buque que los conducía, sin conseguirlo; pero desembarcaron en Santa Elena y se dirigieron a Guayaquil donde publicaron un manifiesto contra la Convención y contra Orbegoso. Fueron por eso borrados de la lista militar.228

18. Campaña contra Bermúdez y Gamarra. El frente centro. Huaylacucho


La campaña del centro consistió, primeramente, en choques parciales entre las fuerzas de Miller y Bermúdez y en la retirada constante de éste. Orbegoso entró en Jauja el 6 de marzo. Gamarra que se había unido a Bermúdez siguió viaje al Cuzco con doña Francisca.

En las filas del ejército de Bermúdez tenía el mando de un batallón el coronel Echenique. Habiendo oído decir que la causa de la revolución era en realidad Subyaga, pues Orbegoso aún desde el Callao había escrito a Gamarra que todo sería terminado si se producía la separación de este jefe, Echenique, deseoso de concluir la guerra civil, escribió a Orbegoso haciéndole presente que quería poner el ejército a sus órdenes; y escribió también al general Miller comunicándole lo mismo y pidiéndole que evitase todo encuentro. Insistió, además, en el sentido de la paz ante Bermúdez y ello dio lugar a una junta de los jefes del ejército. Bermúdez expuso en esta junta que las negociaciones de paz pedidas por uno de ellos no podían iniciarse sin oír primero a los generales Gamarra y Frías y al coronel San Román que se hallaban comprometidos; y que si obtenían una victoria o si San Román tomaba Arequipa, propondría la paz.229 Parece que la deserción estaba ya acordada; pero que contenía a los conjurados el prestigio del general Frías.

El ejército orbegosista mandado por seis generales quedó muy cerca del de Bermúdez, en Huaylacucho, pueblecito cerca de Huancavelica que puede ser dominado desde las alturas. En tanto Bermúdez que acababa de recibir el parte de la toma de Arequipa, logró avanzar y tomar una posición de flanco sobre el ejército de Orbegoso; y hacer sus descargas en forma convergente desde lo alto. Se produjo la derrota del ejército orbegosista que hubo de retirarse al norte (17 de abril). Bermúdez perdió a un jefe valiente, cruel, leal: el general Frías, quien fue asesinado por un soldado que tenía agravios con él, cuando quiso arengar a uno de los regimientos orbegosistas. Tan odioso se había hecho como prefecto que, según cuenta Lavandais, cuando entró este regimiento en Ayacucho, las mujeres buscaban al asesino para besarle las manos.

El ejército de Bermúdez resultó con la ventaja de la victoria reciente; su infantería era superior a la de Orbegoso en número, calidad y armamento; la caballería era inferior en cien hombres, pero tenía mejor disciplina y estaba mejor montada. Aparte de este ejército, más o menos de 2000 hombres, Bermúdez contaba con el de Gamarra y San Román que acababa destriunfar en Arequipa.

Después de su victoria, Bermúdez, con alguna demora, hizo oficios por medio de Pando al Consejo de Estado proponiéndole negociaciones de paz,230 desconociendo siempre a la Convención y pidiendo la reunión de un Congreso y el aplazamiento de la reforma de la Constitución.

Conductor de esta comunicación fue el mayor Saldías, quien recibió el encargo de Echenique de hablar con Orbegoso si la paz no se negociaba y manifestarle los inconvenientes de no haberse seguido las indicaciones de Echenique para que no se produjera la batalla; al mismo tiempo debía reiterarle el ofrecimiento. También llevó un papel, en análogo sentido, del coronel Sierra, jefe orbegosista que se hallaba prisionero. La muerte de Frías infundió mayores bríos a los conjurados.

En Huancayo, antes de que regresara Saldías insistió Echenique ante Bermúdez que el ejército ya no quería pelear contra sus hermanos y que una guerra cuya naturaleza repugnante era del dominio de todos; debía cesar a toda costa. El coronel Miguel Medina ratificó lo dicho por Echenique. “No soy capaz de entrar en nada; amárrenme ustedes si quieren”, dijo Bermúdez.

Puesto nuevamente en comunicación Echenique con Orbegoso, éste firmó un papel de garantía; “Por ésta y en virtud de las facultades de que me ha investido la Nación, prometo un eterno olvido a los señores jefes y oficiales que engañados se hayan unido a los sediciosos y vuelvan a sus deberes: les prometo restituir sus empleos y concederles además los premios a que se hagan acreedores. Empeño mi palabra y en ella la de la Nación. Restitúyase el Perú a su antiguo régimen; gobiernen las leyes y en medio del horror y de la sangre, abrazémonos [sic] recordando que somos peruanos. Acuérdense los señores jefes y señores oficiales a quienes dirijo ésta que jamás faltó a su palabra L. J. Orbegoso. Cuartel general de Jauja a 23 de Abril de 1834. Aseguro además; que si jefes y oficiales de honor han seguido los estandartes de la rebelión, han estado en comunicación conmigo para servir a su patria. L. J. Orbegoso”.

19. Campaña contra Bermúdez y Gamarra. Maquinguayo. El recurso desesperado de Gamarra: Santa Cruz. Término de la campaña


El 23 en la noche, sin derramamiento de sangre, casi sin ruido, los jefes anunciaron a Bermúdez su propósito de someterse a Orbegoso. Bermúdez, Pando y el periodista Garrido, redactor de La Oliva de Ayacucho quedaron libres para ir a unirse a Gamarra. Una comisión partió para anunciar la noticia a Orbegoso cuyo ejército estaba en inminencia de ser totalmente derrotado. Ambos ejércitos avanzaron a Maquinhuayo; formaron pabellones y corrieron a abrazarse. Se decretó que en ese lugar se levantara una columna con una inscripción: “El amor a la patria unió aquí a los que en el mismo sitio y en la misma hora se iban a batir; y convirtió en campo de amistad el que iba a ser de sangre. Abril de 1834”.

El gesto de Maquinhuayo producido por la infiltración de la opinión pública en el seno mismo de la oligarquía militar creada por Gamarra, fue imitado en Huancavelica, Andahuaylas, Cuzco y otras partes. En el Cuzco, Bujanda decidió hacer igualmente análogo pronunciamiento antes de que el pueblo se alborotase y lo atacara, por lo cual se apresuró a comunicar anticipadamente su resolución a Gamarra. Interceptada esta comunicación, fue dado de baja.231

Quedaba Gamarra.

A poco de la batalla de Cangallo y de la entrada de San Román y Escudero en Arequipa llegó Gamarra con doña Francisca a Arequipa y apenas tuvo noticia del triunfo de Bermúdez en Huaylacucho escribió junto con San Román a Nieto para que no se derramase más sangre peruana remitiéndole los documentos originales que había recibido sobre esa batalla. “Cuide mucho de que no se nos disperse su fuerza pues su reincorporación en el ejército aliviará a los pueblos de contingentes de hombres y a nosotros del disgusto que siempre causa perseguirlos para las armas”, le agregaba Gamarra. Nieto contestó con arrogancia, manteniendo su actitud.232

Gamarra que avanzó y ocupó Tacna; mientras Nieto se retiraba a Arica tuvo noticia de lo ocurrido en Maquinguayo y comprendió que su causa estaba perdida. Fue ante su desamparo y ante la fuerza que iba adquiriendo Santa Cruz, con la guerra civil que se había desarrollado en el Perú, que tuvo su primera claudicación respecto de la política peruanista, antisantacrucina, que había seguido desde 1829 hasta aquél mismo año de 1834 puesto que, vencedores en Cangallo, sus secuaces habían esperado enfrentarse luego a la intervención boliviana. Y fue así como el coronel Escudero, enviado como parlamentario, propuso a Nieto una nueva fórmula de conciliación en un escrito que textualmente decía en su parte resolutiva: “Fedérense los departamentos del Sur, Ayacucho, Cuzco, Puno, Arequipa; póngase al frente de ellos el Sr. General D. Domingo Nieto; y en el momento podrá disponer de ambas fuerzas beligerantes, como jefe de ellas, teniéndose entendido que la federación deberá componerse de tres Estados: Bolivia, Centro y Norte; y que el general D. Andrés Santa Cruz los presidía todos y saldrá garante al mismo tiempo, de cuanto se estipule bajo esta base”.233

Los comisionados de Nieto, que eran Ros y Carrillo, expresaron que la esfera de aquél era muy circunscrita para que se pudiera arrogar la responsabilidad de disponer de los destinos y de la forma de gobierno del país; y pidieron el reconocimiento de Orbegoso por el ejército de Gamarra.

Pero la influencia de lo ocurrido en Maquinhuayo se expandía sobre el resto del país con impulso incontrastable. Se retiraban Gamarra y San Román de Tacna a Puno cuando la tropa se revolucionó y dispersó. Moquegua, que había sufrido muchas extorsiones, tuvo ante esta noticia tres días de fiesta con repiques e iluminaciones y San Román fue quemado en estatua y en una horca.234

El 18 de mayo se pronunció también contra Gamarra parte de la guarnición de Arequipa encabezada por el mayor Lobatón. Como salió la tropa a la plaza con la artillería, el pueblo creyó que se trataba de una estratagema para refutarlo e incitado por algunos disparos atacó, muriendo Lobatón, dispersándose parte de la tropa y siendo desarmada la otra. La prefectura y algunas casas como la de Gamio fueron saqueadas.235

Volvió a producirse, pues, el triunfo de los orbegosistas en Arequipa. A poco, entró en esa ciudad de regreso Nieto.

Durante el tiempo que Gamarra había estado en Arequipa, se había hecho visible la simpatía que le dispensaba el obispo Goyeneche. Cuando Nieto regresó le pidió un préstamo de cien mil pesos para atender a las necesidades de la administración. Se negó y entonces hubo de ser intimado: o entregaba la contribución o salía del lugar. El obispo recibió noticias de Lima en el sentido de que ya habían cesado las facultades extraordinarias. Las comunidades lo rodearon, se agolpó el pueblo, clérigos alborotados peroraron que la religión se acababa (25 de junio).

El prefecto mandó levantar un sumario para esclarecer si el Obispo había incurrido en delito de traición.

En Lima la noticia de la semiprisión del Obispo de Arequipa tuvo singular resonancia. En la Convención hubo interpelaciones al gobierno. Los periódicos de oposición tuvieron un tema para ocupar muchas páginas. Los periódicos partidarios del gobierno se escudaron en el parentesco del Obispo con el Conde de Guaqui, el famoso general español que tanto daño hizo a la causa de la Independencia, así como en su sordidez y en su devoción a la ilegítima causa de Bermúdez. Francisco Javier Mariátegui, vigía desde entonces de los derechos del Estado frente a la intromisión religiosa, intervino también en la Convención.236

Con una persistencia que no tienen las conmociones sísmicas, el pueblo de Arequipa tuvo todavía otro trastorno el 3 de octubre de 1834 ante el anuncio de una conspiración gamarrista. Hubo clamores en las calles contra Andrés Martínez, que acababa de ser prefecto bermudista y contra el Obispo. Martínez fue enviado a Lima donde continuó en prisión por algún tiempo.237

20. Consecuencias de la derrota de Gamarra y Bermúdez. La Mariscala doña Francisca Zubiaga de Gamarra

El cambiamiento producido en Arequipa el 18 de mayo señala el ocaso de la vida política de doña Francisca Gamarra. Se dijo que para librarse de la persecución popular tuvo que escaparse vestida de clérigo. Quiso dirigirse a Bolivia, pero Santa Cruz le negó permiso. Logró embarcarse en Islay en el bergantín inglés “Guillermo Rowston” junto con el coronel Escudero tomando pasaje para Cobija y Valparaíso. Se ha dicho que en Arequipa habían reñido ya definitivamente ambos esposos; pero Gamarra en su manifiesto de 1835 afirmó que se dirigía a Oruro para reunirse con doña Francisca cuando fue apresado por orden de Santa Cruz.

El “Guillermo Rowston” quedó incomunicado en el Callao a donde llegó el 18; pero luego se suspendió esta incomunicación. Los periódicos de Lima recibieron la venida de doña Francisca con aleves insultos. Llegaba ella con la conciencia de su derrota, ofendida, ultrajada. Sin embargo, tuvo entereza para escribir a todas las personas que podían serle útiles incluso el entonces coronel Salaverry, que hubiera sido el esposo más digno de su carácter, incitándolo a conspirar, a ser el sucesor de Gamarra. Recibió a las pocas personas que la fueron a visitar —su familia y una extranjera acuciosa— con un vestido lujoso, en gros de la India color ave del paraíso y bordado en seda blanca, con un chal de crepé de China; pero aún sentía nostalgia del pantalón de gruesa tela, de la pesada capa y de las botas con espuelas de oro con que había recorrido el Perú.238

Trasladada al “Jeune Henriette”, Doña Francisca se dirigió a Valparaíso donde murió el 5 de mayo de 1835. A su lado veló, leal e infatigable, Escudero que por seguirla había desdeñado propuestas de Nieto y Santa Cruz. En su testamento dispuso que su corazón fuese extraído y enviado donde su esposo si aún vivía y si no al Cuzco donde su tío don Pedro Bernales deán de la Catedral.239 Aislada por la sociedad chilena y por la colonia peruana, murió en el olvido, helado infierno para los que aman la gloria.

América ha albergado muchas mujeres representativas. Manuelita Rosas poniendo la dulzura de su presencia al lado de los excesos de la Tiranía, fue la bondad. Elisa Lynch, amante de Francisco Solano López que tanto influyó con su fascinación exótica para llevarlo a la guerra con la Argentina, el Brasil y el Uruguay, instándolo inclusive a que se coronara rey del Paraguay, fue la voluptuosidad. Flora Tristán, ave de paso, ave sin morada, fue la aventura. Policarpa Salavarrieta fue el heroísmo. Y doña Francisca Zubiaga de Gamarra fue la ambición.

Fue doña Francisca hija legítima de este continente de revoluciones, de politiquería. Sólo un ambiente donde un primitivismo bárbaro se juntaba con cierta decadencia bizantina, sólo tiempos de gesta pudieron amasar esta personalidad.

Otros nombres de mujeres semejan un arpa o una guitarra o un laúd; alguna apenas si semeja un perfume. El nombre de doña Francisca tiene un redoblar de tambor y aún suena convocando a los azares de la emoción. Otras mujeres fueron joyas, ánforas, o vasos; ella fue esbelta, tersa, vibrante, agresiva como una espada. Aun en el amor, en medio de los desfallecimientos de la voluptuosidad, debió inspirar el marcial denuedo con que el soldado iluso sigue a su capitán. En la Conquista, doña Francisca se llamó la Monja Alférez. En tiempos más envueltos en las brumas de la leyenda, la hubieran creído descendiente de las Amazonas. Más que la Perricholi vivirá seguramente en la profana liturgia del arte porque la Perricholi es símbolo de la imitación de Europa: imitación su leyenda versallesca, imitación su éxito decretado por el interés de Merimee, de Basilio Hall y de Radiguet.

Si otras mujeres tuvieron en la política peruana, con su actuación intermitente, un rol de “tapadas” por actuar en la capital, por alcanzar importancia máxima en los conciliábulos, en doña Francisca Gamarra, mujer consagrada a la acción y a la lucha, culmina el tipo de la rabona. Fue ella la venganza de las rabonas frente a las orgullosas tapadas limeñas en los cuatro años que imperó en la capital con sus arrebatos y su poder; y porque les disputa ahora la sugestión y el atractivo.

21. Consecuencias de la derrota de Gamarra y Bermúdez. Pando a España


Hubo también otro personaje que concluyó entonces su actuación en el Perú: don José María de Pando. Desde que Bolívar lo llamara a su lado haciéndolo primero plenipotenciario en Panamá y luego ministro de Estado, su nombre habíase repetido mucho en la política del Perú. Actores de la Independencia habían mirado con disgusto que este hombre, que tan sólo por su caída política a causa de la implantación del absolutismo había venido de España donde fue diplomático y ministro de Estado, ocupara posiciones prominentes también en el republicano Perú. Pando, periodista eminente de La Crónica Política y Literaria, Mercurio Peruano, La Verdad, El Conciliador, político, canciller y diputado debe ser estudiado no al lado de las biografías de los caudillos sino, con detenimiento, en la revisión de los grupos y tendencias civiles y doctrinarias.

Pero ello no ha de impedir anotar que la formidable convulsión popular de 1834 acabó de desengañarlo del Perú. En las correrías que tuvo que hacer al lado de Bermúdez en la sierra hasta antes de Maquinhuayo, estuvo enfermo. Cuando fue apresado y conducido a Lima, se vio rodeado de odio. La caída de Gamarra parecía definitiva; si su resurrección era operada algún otro espasmo político, la lucha iba a ser más agobiante, más ruda. La pequeñez aldeana de Lima ahogaba a este hombre que a pesar de todas sus faltas, avezado a los usos diplomáticos, llevó a la cancillería un caudal de experiencia de que nuestra diplomacia incipiente carecía y que, por su cultura, contribuyó a la superación de nuestro ambiente cultural y de nuestro periodismo.

Pando emprendió viaje a España después de vivir durante algún tiempo en las fortalezas del Callao. Hombre orgulloso, inescrupuloso y amargado, solicitó una pensión del gobierno de España y cuando ella le fue negada por el ministro Calatrava, por haber admitido empleos de los insurgentes del Perú, tuvo frases apóstatas. Atribuyó a la omnipotente y temible voluntad de Bolívar sus servicios a los insurgentes; “pero abandonar a mi nación a quién debo educación, carrera, honores y estimación... por una miserable agregación de hombres de todas castas, viciados, desenfrenados, divididos en bandos feroces, envueltos en perpetua anarquía... Y abandonarla ¿con qué aliciente?”...

Pando fue un caso de político profesional, de hombre que por su idiosincrasia y por su vocación necesita del poder y lo prefiere al foro, al comercio, al aislado devaneo intelectual.

Y su tragedia fue como la de Monteagudo: la tragedia del hombre que choca con el ambiente por sus ideas que son las que están en reflujo, en ricorsi respecto de su época, al menos en ese ambiente. Y fue también la tragedia de ser extranjero; extranjero por carecer de contactos previos y extranjero por pertenecer a un plano intelectual superior a la gran masa de quienes lo rodearon. Se ha dicho que si en países donde la cultura es un patrimonio común a veces suele existir la soledad y el distanciamiento del intelectual, ese fenómeno se acentúa en nuestros países y se acentuaba, sobre todo, en aquella época; y para un hombre que había viajado por Europa y ejercido allá cargos de rango, el contacto con las turbulencias, con la insipiencia, con la pobreza, con la ignorancia criollas tenía que hacer de su patria no un hogar sino una cárcel. Por eso su actitud ante el ministro Calatrava, por eso el desdén que dedica a América en su libro Pensamientos sobre moral y política publicado en Cádiz en 1837.

Pando murió en Madrid en 1848.

22. Iniciación de la segunda etapa del gobierno de Orbegoso


Gamarra con su ejército cuyo número llegó a ser calculado en 7000 hombres estaba, pues, vencido. Una campaña en el centro y otra en el sur, dos batallas campales, el sitio del Callao, muchos encuentros parciales, muchos muertos y el sufrimiento de los pueblos con el reclutaje, con las exacciones, con la requisa de víveres y medios de transporte había costado este triunfo de la opinión que arrojó a Gamarra a Bolivia, Bermúdez a Centro América, Pando a España. Aún más, don Felipe Pardo y don Antolín Rodulfo fueron exilados de Lima por algún tiempo porque, según dijo Orbegoso en su Razón motivada, “su intimidad con don José María Pando fue un delito a los ojos del pueblo”. También sufrió persecuciones el vocal de la Corte Maruri de la Cuba, acusado de haber sido instigador del golpe de Gamarra en 1829; así como algunos extranjeros.

En tanto que se producía el colapso de Gamarra y de sus secuaces, Orbegoso paladeaba por segunda vez las voluptuosidades del triunfo sin haber combatido. Su entrada a Lima el 3 de mayo, de regreso de la campaña del centro, fue apoteósica. Había ocultado su marcha para entrar ignorado al anochecer; pero ello no impidió que un inmenso gentío fuera a encontrarlo más de una legua, con aclamaciones resonantes. Obligado a entrar en el carruaje en que había salido el Supremo Delegado y los ministros a recibirlo demoró mucho la llegada a Palacio a causa del pueblo agolpado en las calles. Allí fue sacado y conducido en brazos hasta los salones interiores. Continuaba aún la supervivencia de aquella “muchedumbre de amor” que antes, el 28 de enero, había sido “muchedumbre de odio”, según la terminología de Tarde.

Ahora Orbegoso comenzó un segundo periodo en su breve administración: el periodo del gobierno efectivo, sin el contrapeso de una ingerencia extraña en el ejército y en los altos puestos políticos y sin las angustias de la guerra civil. Pero la ausencia de una personalidad centrípeta como la de Gamarra produce, a la larga, la anarquía. Ausente del poder Gamarra en 1835 vienen las guerras civiles que dan lugar a la intervención boliviana, como más tarde, ausente del poder Castilla, después de su primer periodo, se producen los peculados de la Consolidación y ausente del poder el mismo después de su segundo periodo se produce la malhadada cuestión española.

El triunfo de Orbegoso sobre Gamarra no señala, pues, la pacificación efectiva del país. El año de 1834 es un año de transición entre la situación atormentada pero firme creada por el primer gobierno de Gamarra y la nueva organización que pretende darse al país al calor de tendencias unitivas y federalistas creadas desde los días de Bolívar, mantenidas por la ambición de Santa Cruz e incrementadas a raíz de los trastornos que este año engendra. La intervención popular en enero de 1834 no fue tampoco el advenimiento de la opinión como factor permanente y decisivo en la evolución política del país sino un caso singular y epiléptico.

 

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215 El Genio del Rímac, N.º 52 de 12 de febrero de 1834. Documentos del Gran Mariscal D. L. J. de Orbegoso, documentos N.º 188 y N.º 189.

216 En Dancuart, Crónica Parlamentaria, tomo ii, pp. 131-133 están las leyes y resoluciones legislativas citadas.

217 Dancuart, ob. cit. El Genio del Rímac, N.º 57 de 18 de febrero de 1835, N.º 235 en los Documentos del Gran Mariscal Orbegoso.

218 Todo esto en Razón motivada que el Presidente Provisorio de la República da a la Convención Nacional sobre el uso que ha hecho de las facultades extraordinarias que se le confirieron en 17 de Febrero y devolvió en 11 de Junio. Lima, 1834. Imp. del Constitucional por Lucas de la Lama.

219 Actas de la Convención en El Genio del Rímac, N.os 131 y 133 de 21 y 28 de mayo de 1834. Távara, publicación citada. La ley no fue publicada por Orbegoso en 1834 por mantener el secreto y después porque hablaba únicamente de cooperación para acabar la guerra civil. Fue publicada en El Comercio de 18 de enero de 1858.

220 Comunicaciones de Nieto a Orbegoso sobre estos hechos en Documentos del Gran Mariscal D. Luis José de Orbegoso, Lima, Imp. E. Moreno, 1924, editados por Luis Varela y Orbegoso, documentos 154, 156 y 156. Lo mismo en Revolución de Arequipa por Valdivia, p. 11 y siguientes. Clérigo y abogado, maestro y diputado, consejero de caudillos, agitador de cabildos abiertos, orador de asamblea y de plazuela, redactor de proclamas vibrantes y de periódicos virulentos, Valdivia se identificó con la vida política de Arequipa y, a veces, con la vida política del país. Su organismo quizá se endureció en la campaña y en la aventura y así alcanzo al desastre del 79. Viejo ya, escribió Valdivia estas Memorias sobre las revoluciones de Arequipa. La edad senil acaso había embotado sus facultades, lúcidas y penetrantes en El Chili de 1834 y en El Yanacocha de 1836 y Revoluciones de Arequipa que, para muchos ha sido un oráculo, dejan mucho que desear no sólo desde el punto de vista sociológico sino igualmente desde el punto de vista literario y aun en lo que respecta a su exactitud y a su criterio.

Valdivia no vertió en su libro lo que en esa época había de características sociales, de folclore de pasiones populares, de asomos doctrinarios. En forma desgreñada quiso hacer resaltar su actuación histórica así como la de los caudillos que fueron sus amigos. No parece, sin embargo, que hubiera sido un hombre cultivado y eminente; su tono es de cierta rústica sencillez, salvo en los párrafos sobre la Consolidación y la deuda española donde se ve al jurista. Y no aporta, ya lo observaba magistralmente don Germán Leguía y Martínez, una luz que explique el pasado, ni un calor de alma que lo sintetice, ni una intuición que en las entrañas revueltas del desorden, escarbe y desentierre su significado fundamental.

Como fuente histórica, el valor de Revoluciones de Arequipa tiene un inmenso valor pero lateral: como complemento más que como base. Hay que separar, para aceptarlos con beneficio de inventario, su egocentrismo y sus apasionamientos que aun los años no habían aplacado (animadversión a Vivanco, exaltación de Nieto y Castilla, etc.). Brilla, en cambio, en medio de la aridez de su relato deshilvanado a veces el tesoro de algunas anécdotas que pintan tipos sicológicos como en un test, de algunas escenas típicas del ambiente no del palacio ni del hogar sino de la campaña, de la batalla.

Este capítulo sobre las jornadas de Arequipa en 1834 es el más extenso quizá por ser de los primeros porque efectivamente Valdivia desempeñó en ellas un rol primordial.

221 Revoluciones de Arequipa, pp. 30, 31 y siguientes. Nieto dice en su Memoria de los hechos que justifican la conducta pública que como general del ejército peruano ha seguido en la época que comprenden los años del 34 al 39, publicada en Lima. Imp. de El Comercio que Santa Cruz le insinuó que proclamase la Confederación ofreciéndole cien mil pesos, dos mil soldados bolivianos y la jefatura de uno de los nuevos Estados. La versión de Valdivia tan amigo de Nieto, comprueba que Nieto fue quien llamó a Santa Cruz y no alude a este ofrecimiento. Lo mismo sostiene Santa Cruz en su manifiesto de 1840 (p. 67 en la edición de O. de Santa Cruz).

222 Cartas de Pedro A. de La Torre a Bermúdez, Gamarra y Pando. Reimpresas en Arequipa, 1834.

223 Decreto de 21 de enero de 1834 en El Veterano de Lima, N.º 2 de 16 de octubre de 1834.

224 Revoluciones de Arequipa, pp. 11-79. El Genio del Rímac, N.º 110 de 28 de abril de 1834. Parte de Escudero en La Minerva del Cuzco, N.º 33 de 11 de abril de 1834.

225 Este cuadro ha sido trazado animadamente por Flora Tristán que estuvo en el Perú en los primeros meses del año 1834 y publicó su libro Pérégrinations d’une parie en París, en 1838. Los viajeros que han escrito sobre el Perú en la República, se pueden dividir en tres grupos:

a) Viajeros científicos, que vinieron en alguna misión especial y que se interesaron por el ambiente. Tales, Poeppig ya citado en una nota anterior, Tschudi en su Reiseskizzen aus den Jahren 1838-42; Charles Wilkes en su Exploring expedition. Madeira, Brasil, Southern Cruize, Chile, Peru (1838); Ernest Grandidier en su Voyage dans le Amérique du Sud (1858); Alfred Grandidier en su Voyage dans les deux Amériques (1859); Markham en su Travels in Peru and India; Emile Carey en Le Pérou, cuadro descriptivo histórico y analítico sugerido por su exploración al Amazonas y a la Guayana (1852-55?); Thomas Hutchinson en Two years in Peru (1871); Squier en The Land of the Incas (1872); Wiener en Pérou et Bolivie (1875-77).

b) Viajeros residentes, que de regreso a su país escribieron sus recuerdos como Archibald Smith en Peru as it is (1829-39?); Sutcliffe, gobernador de Juan Fernández en Sixteen years in Chile and Peru from 1822 to 1839; los primeros ministros americanos (ver los artículos de Malcolm Chesney Shurtleff en West Coast Leader de 1927); A. de Botmilliau en Lima et la société péruvienne (1850).

c) Viajeros turistas, como A. S. de Lavandais en Voyage dans le Pérou (1833); George W. Peck en Melbourne and the Chincha Islands with sketches of Lima (1853); S. S. Hill en Travels in Peru and Mexico (1858); el vizconde Basterot en De Québec a Lima (1868-59).

Dentro de los viajeros turistas puede clasificarse a Flora Tristán que, sin embargo, tiene un interés especial por el colorido que sabe dar a sus páginas, sólo comparables a otro libro análogo de un viajero turista: Souvenirs de la Amérique Espagnole por Max Radiguet.

Pérégrinations d’une parie es una mezcla de novela de aventuras, de diario íntimo, de panfleto. Quien se interese puede consultar el ensayo que sobre su valor en relación con el Perú publiqué en 1928, en el N.º 3 del Boletín Bibliográfico de la Universidad de Lima [hoy Universidad de San Marcos. N. del E.], dirigido por Pedro S. Zulen. Muchos de los datos que sobre la entrada de Escudero en Arequipa da Flora Tristán están comprobados por las relaciones de cartas publicadas en los periódicos de Lima.

226 Cuenta Flora Tristán que para disculpar su ausencia en el momento de la entrada de las tropas vencedoras en Arequipa, San Román hizo correr la voz de que había sido herido en una pierna. Ella lo fue a visitar y lo encontró recostado. Tomó San Román tanto interés al conocer a la joven y elegante mujer que a la vida conventual de Arequipa llevó unas briznas de la elegancia parisiense, que, olvidándose de su herida, se puso de pie cuando ella se despidió y la acompañó hasta la puerta (Tomo ii, pp. 268-273). Escudero en su parte de la victoria de Cangallo dice que San Román desapareció. (Parte citado en una nota anterior).

227 El Genio del Rímac, N.º 70, 5 de mayo de 1834. Documentos del Gran Mariscal Orbegoso, N.os 181, 182 y 197.224    Revoluciones de Arequipa, pp. 11-79. El Genio del Rímac, N.º 110 de 28 de abril de 1834. Parte de Escudero en La Minerva del Cuzco, N.º 33 de 11 de abril de 1834.

228 Documentos del Gran Mariscal Orbegoso, N.º 199. El Genio del Rímac, N.º 62 de 24 de febrero de 1834. Razón motivada de Orbegoso.

229 Todo esto y lo que sigue en El Coronel de Ejército Ciudadano José Rufino Echenique ante el respetable e imparcial tribunal de la opinión pública. Cuzco, julio 23 de 1894. Imp. Libre. También, documentos N.os 234, 236 y 237 en Documentos del Gran Mariscal Orbegoso. Carta de Bermúdez narrando estos sucesos desde Pampas, el 26 de abril, en El Genio del Rímac, N.º 177 de 23 de julio de 1834.

230 Nota de Bermúdez sobre arreglos, publicada en El Genio del Rímac, N.º 113 de 1° de mayo de 1834.

231 Carta de 17 de mayo. En El Genio del Rímac, N.º 136 de 2 de junio de 1834. Orbegoso alude a esto en su Razón motivada. Los documentos sobre los sucesos de Maquinhuayo en el Boletín del Ejército del Norte, N.º 4 de 26 de abril y N.º 5 de 28 de abril de 1834. El periodista Garrido en su folleto Ensayo sobre la conducta pública del ciudadano Andrés Garrido en los últimos acontecimientos que han afligido a su Patria, Lima, 1835, Imp. de La Gaceta por José Masías, narra sus aventuras después de Maquinhuayo cuando llegó a ser perseguido por las turbas en Ayacucho a raíz de su llegada a esta ciudad como fugitivo. Garrido hace, al mismo tiempo, una elocuente defensa de Frías y de su actuación prefectural en Ayacucho que dio lugar a la instalación de un banco de rescate de piñas, al establecimiento de la gendarmería, a la dedicación de los presos al aseo de la población, al acueducto de aguas, al mejoramiento de los planteles de instrucción, a la construcción de una alameda por las tropas, a las reformas en el hospital y el baratillo.

232 Carta de Gamarra, 27 de abril; y de San Román, 28 de abril. Respuesta de Nieto, Tacna, mayo 2 y 3. En El Genio del Rímac, N.º 126 de 17 de mayo de 1834.

233 Valdivia, p. 85. Confirmado en la Memoria de los hechos que justifican la conducta pública que como general del Ejército del Perú ha tenido Domingo Nieto en la época que comprenden los años del 34 al 39, Lima, Imp. de El Comercio por José Monterola, 1839, pp. 6 y 7.

234 Cartas publicadas en El Genio del Rímac, N.º 146 de 13 de junio de 1834.

235 Cartas publicadas en El Genio del Rímac, N.º 144 de 11 de junio de 1834. Revoluciones de Arequipa, p. 90.

236 Incidente no mencionado por Valdivia. El Genio del Rímac, N.os 164, 179, 183 y 185 de 8 y 26 de julio y 1º y 4 de agosto. La Gaceta Comercial fue el órgano que defendió al obispo.

237 El Misti de Arequipa.

238 Orbegoso dice (manuscritos de Paz Soldán, ob. cit., p. 306) que doña Francisca escribió a todos sus amigos y a Salaverry. Dice Flora Tristán: “Prisionera doña Pancha, era todavía presidenta. Lo espontáneo de su gesto manifestaba la conciencia que tenía de su superioridad. Como la cubierta estuviera llena de gente doña Pancha hizo un ademán, significando que deseaba estar sola y, como por encanto, se quedó desierta la toldilla”... “Ella me examinaba con una gran atención y yo la miraba con no menos interés. Todo en ella anunciaba a una mujer excepcional y tan extraordinaria por el poder de su voluntad cuanto por lo elevado de su inteligencia. Tendría 34 ó 36 años, era de mediana talla y fuertemente constituida, a pesar de haber sido muy delgada; su figura, ante las reglas con las cuales se pretende medir la belleza, no era en verdad bella, pero juzgando por el efecto que producía en todo el mundo, sobrepasaba a la mejor belleza. Como Napoleón, todo el imperio de su belleza estaba en su mirada; cuánta fuerza, cuánto orgullo y penetración; con aquel ascendiente irresistible, ella imponía el respeto, encadenaba las voluntades, cautivaba la admiración. Su voz tenía un sonido sordo, duro, imperativo; hablaba de manera brusca”. Durante la entrevista, doña Pancha sufrió dos ataques de epilepsia; a propósito de la deposición de La Fuente se ha citado anteriormente unas frases de Eléspuru que comprueba la frecuencia con que sufría estos ataques. “¿Me crees exilada para siempre? ¿Perdida? ¿Muerta tal vez?” fue lo último que doña Pancha dijo angustiadamente a Flora, sobreviniéndote enseguida el segundo y más fuerte ataque, (ob. cit. T. ii, pp. 423-448).

239 La Maríscala doña Francisca Zvbiaga y Bernales de Gamarra, cvya vida refiere y comenta Abraham Valdelomar en la civdad de los Reyes del Perv, mcmxiv, imp. Penitenciaría. Esta biografía anecdótica, escrita mucho antes de que estuviera en boga este género que tanto éxito ha tenido con el Disraeli de André Maurois, es un buen aporte; pero adolece de cierto afán hiperbólico y laudatorio y de cierta inseguridad en el criterio para juzgar a los personajes y a los acontecimientos. En numerosos pasajes está bien documentado, teniendo a la vista fuentes de primera mano.

 


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