La relación de las creencias primitivas con las formas de organización social *  

Bronislaw Malinowski

 

 

LA TEORÍA DEL TOTEMISMO

En la etnología y la sociología de los pueblos primitivos continúan faltando métodos generalmente reconocidos y conceptos básicos establecidos. De ahí que en el emprendimiento de una investigación especial de algún tema definido en el campo de la etnología uno deba tratar de profundizar el método y establecer principios generales. El presente intento de esbozar una nueva teoría del totemismo también pretende cierto adelanto en el método de definir los fenómenos etnológicos, así como en la manera de presentar la génesis de estos fenómenos; también implica verificar ciertos principios generales en el ejemplo concreto del totemismo. El totemismo es un tema muy de moda en la etnología actual. Limitándonos a los trabajos más conocidos y significativos, podemos mencionar el gran tratado de Frazer y los más recientes trabajos de Durkheim y Wundt. 1 El totemismo es también un concepto ampliamente utilizado en ciencias relacionadas con, y auxiliares de, la etnología, tales como la arqueología y la historia antigua. 2 Sin embargo, a pesar del hecho de que se ha escrito mucho acerca de este tema, ni el concepto de totemismo ni los puntos de vista acerca de su origen han sido establecidos definitivamente.

De este modo, se nos plantean dos problemas mayores: definir la esencia del totemismo y dar cuenta de su génesis. El primer problema no es ni superfluo ni de fácil solución, como resulta evidente si se observa que el término "totemismo" designa un conjunto de fenómenos heterogéneos y vagamente conectados. Este concepto encierra creencias acerca de la unión y relación cercana del hombre con un animal, una planta o un objeto inanimado, todos éstos son designados por noso-tros con el nombre de "tótem". Tal tótem es considerado de varias maneras por los pueblos salvajes, y, dependiendo de la tribu, como un símbolo, un guardián, un patrón, un ancestro, un hermano o una divinidad. Un grupo dado de personas toma su nombre de él y lo adora por medio de un culto positivo, o mediante la abstención de destruir, matar, usar o comer su tótem. El arte totémico también forma parte de la composición del totemismo: las danzas y las imágenes plásticas del tótem.

Más allá de esto, el totemismo posee un aspecto social. Un grupo de personas designados bajo el mismo tótem, y que le rinden un culto más o menos distintivo, es una unidad social en extremo importante; en etnología esta unidad usualmente lleva el nombre de clan. El clan es una parte integral de la tribu, la cual podría decirse que aparece entre los pueblos totémicos no como un conjunto de individuos, sino más bien como un conjunto de clanes. El clan está al servicio de un número de funciones sociales, legales, religiosas, familiares, políticas e incluso económicas. Pero encontramos sólo una pequeña porción de estas propiedades en cada caso individual. No conocemos ninguna instancia en la que estas características totémi-cas aparezcan en un conjunto completo. Y aquí surge una pregunta, ¿qué es lo que debe ser considerado como la esencia del totemismo, todo o solamente una parte; y si fuera lo segundo, cuál de ellas?3

Sea como fuere, el totemismo no puede ser considerado como algo siempre formado a partir del mismo molde, una creación de la sociedad y la cultura que puede ser unívocamente definida mediante la referencia a uno o varios fenómenos. Reconocemos su existencia a partir de una multitud de síntomas, pero lo que importa es demostrar que éstos representan alguna realidad inmanente; que más allá de ellos podemos encontrar una entidad orgánica, real y algo uniforme; sólo entonces podríamos estar autorizados a subsumir una formación sociológica real —como ésta— bajo un concepto. La dificultad de un tratamiento tal del totemismo es incrementada por el hecho de que se trata de un fenómeno muy extendido; con la excepción de Europa, no hay ningún continente en el que no esté presente. Lo encontramos en sus formas más distintivas en Australia, Melanesia, América del Norte y África. Menos importante y distintivo es el totemismo de Polinesia, el de los dravidianos del sur de la India, y el de algunas de las tribus autóctonas de Sumatra.

El otro problema, la génesis del totemismo, no necesita justificación. Sin embargo, deben aportarse unas palabras explicativas, ya que el concepto de génesis no es usado unívocamente en etnología. En el presente caso, por ejemplo, existen algunas teorías sobre el desarrollo del totemismo a partir de ciertas creencias, otras sobre su origen a partir de la base del error y el equívoco,4 incluso otras deducen el totemismo a partir de ciertas peculiaridades y condiciones de la vida o de la psicolo-gía primitiva, y aun hay otras que consideran el totemismo como un ordenamiento deliberadamente introducido de cosas, etc. Entonces, resulta evidente que cada uno de estos tipos de teorías enumeradas difieren básicamente en su tratamiento metodológico de la génesis del totemismo. Ninguna de las presentes teorías me parecen suficientes. Cada una de ellas pretende explicarlo todo de una pincelada, pero en realidad explica, a lo sumo, algunos aspectos, y descuida la comprensión de la totalidad. Éste es el resultado de que todos los autores, hasta el momento, hayan ignorado el primero de los problemas aquí indicados: el de definir la esencia del totemismo.

El totemismo, el cual tiene muchos aspectos y abarca otros tantos fenómenos, no puede ser deducido uniformemente de una sola fuente. Su origen debe ser bus-cado en los mecanismos de condiciones complejas y variadas.

Primeramente, los fenómenos heterogéneos que integran el totemismo pueden ser aprendidos desde dos puntos de vista básicos: el psicológico y el sociológico; podemos distinguir los aspectos religioso y social del totemismo. La comprensión de la interrelación de estos dos aspectos es una precondición para el entendimiento de la esencia del totemismo y para abordar de forma apropiada el problema de su génesis.

Abordaré ahora el primer problema básico con una definición breve de lo que es el totemismo, con una presentación de sus propiedades psicológicas y so-ciológicas más importantes. A fin de enfatizar las características esenciales y de omitir las características secundarias en esta presentación, he tratado de reunir tantos datos como me ha sido posible y presentarlos numéricamente.

 

I. DEFINICIÓN DE LA ESENCIA DEL TOTEMISMO

A. El aspecto religioso del totemismo

En las creencias totémicas tenemos una reflexión de la relación del hombre con los objetos de su medio ambiente natural. Por lo tanto, podemos hacer la siguiente pregunta: ¿de qué clase son estos objetos y cuál es la sustancia de las creencias to-témicas? Los tótemes son objetos de la naturaleza: principalmente animales, plantas y objetos inanimados. Pero debemos definir con agudeza la relación en la que se encuentran estos objetos. Comparando 62 tribus totémicas entre sí, he obtenido el siguiente resultado: en 59 de ellas el número de animales prevalece sobre el número de plantas, mientras que en 56, el número de tótemes animales es mayor que el número de tótemes de plantas y objetos inanimados combinados. Sumando todos los tótemes contenidos en mi lista, he alcanzado el número de 1645, de los cuales 1166 son tótemes animales, 312 tótemes plantas y 161 otros objetos. En este listado se manifiesta que la preponderancia de los animales sobre los otros tótemes es considerable. Hay cuatro veces más animales que vegetales, y dos veces y media más animales que vegetales y objetos inanimados combinados. Los tótemes plantas, por último, predominan por sobre los tótemes inanimados. Sin embargo, su prepon-derancia no está igualmente distribuida entre todas las tribus; nosotros encontramos esta preponderancia en 22 de ellas (11 de las cuales no tienen tótemes inanimados). En 20 tribus, por otra parte, los objetos inanimados prevalecen sobre los tótemes plantas (en 12 de éstas no hay de estos últimos). En tres tribus las plantas prevalecen sobre los animales y aun sobre la suma de los tótemes restantes.

Penetrando aún más en los detalles de la presentación anterior, en términos generales podemos afirmar que entre los tótemes encontramos más frecuentemente animales comestibles y plantas, luego predadores fuertes y peligrosos, y luego animales que evocan una reacción instintiva de miedo y aborrecimiento tales como víboras, reptiles y anfibios.

De todos modos, no hay duda de que los animales comestibles son los más importantes. Hasta donde nos lo permite juzgar el insuficiente material etnográfico, podemos decir que originalmente todas las especies que eran importantes como comida eran tótemes, y viceversa, que todos los tótemes eran animales comestibles.

La siguiente pregunta básica que surge en referencia a las creencias totémicas es: ¿cuál es la actitud del hombre hacia los tótemes? ¿Cómo determina su relación con ellos y cómo manifiesta su adoración? Sin duda, la característica más importante del totemismo es la prohibición contra el asesinato y consumo del tótem. Casi no hay tribu en la que no encontremos esto. De las cuarenta y siete tribus presentadas en una tabla, sólo tres carecen de este tabú. Debemos también mencionar que no sabemos nada acerca de un tabú totémico entre las tribus de América del Norte. Sin embargo, Frazer supone, con argumentos muy convincentes, que esto no es el resultado de una carencia real, sino solamente de la negligencia por parte de los etnógrafos que las observaron; por lo tanto yo he dejado esas tribus fuera de mi listado. Comparando el tabú totémico con otras características del totemismo, llegamos a la conclusión de que ésta es la característica más consistente. Esto se aplica particularmente a la prohibición de comer el tótem. Las prohibiciones en contra de matarlos son un poco más raras.

En términos generales existen pocos actos de cultos positivos totémicos. Las mejor conocidas son las ceremonias mágicas intichiuma de los salvajes de Australia Central. Más allá de estos ritos mágicos, estas ceremonias también contienen una especie de banquete ritual, que aquí, como en el caso del tabú, es el tema más importante de los actos religiosos y de las normas del totemismo. En otras ceremonias del culto totémico resulta esencial, sobre todo, la asimilación del hom-bre con su tótem. El gran significado del comer, tanto en el culto positivo como en el negativo, confirma firmemente la afirmación según la cual las especies comestibles en sus orígenes desempeñaron el papel principal en el totemismo. Esta afirmación asume un significado considerablemente más profundo en el contexto de nuestra consideración acerca de la génesis del totemismo.

Si deseamos determinar de modo más general en qué consiste la relación con el tótem, debemos enumerar todos los hechos pertenecientes a esta relación. A ellos pertenecen el nombrar a los clanes de acuerdo con los tótemes, las ceremonias ya mencionadas que identifican a un hombre con su tótem, las ideas acerca de la descendencia del hombre desde su tótem y los motivos del tabú, todo lo cual expresa los sentimientos de una vinculación íntima entre el hombre y su tótem. Estos y otros hechos similares, en suma, indican que los pueblos salvajes imaginan que existe una relación íntima entre un hombre y su tótem. Al mismo tiempo, sin embargo, es claro que esta relación no puede ser expresada en ninguna fórmula breve y concisa. El tótem no es meramente ni el nombre de un grupo, ni de un símbolo, ni de un ancestro ni de un hermano; combina, por el contrario, todas estas cualidades a la vez; cualquier teoría que, ignorando otras peculiaridades, enfatice exclusivamente cualquiera de ellas o la considere primordial, brindará por ende resultados falsos.

Para concluir con estas observaciones sobre el aspecto religioso del totemismo, me gustaría notar que éste difiere básicamente de otras creencias en una característica general. Las creencias totémicas comprenden un número de objetos que son completamente equivalentes e independientes los unos de los otros; los tótemes no están ni ordenados en una clase cualquiera de jerarquía, ni tampoco forman parte de algún tipo de totalidad orgánica en o por sí mismos. A fin de comprender la homogeneidad del sistema totémico, debemos tener en cuenta el aspecto social de este sistema junto con las creencias.

B. El aspecto social del totemismo

1. La morfología del clan. El clan totémico es una unidad que, en términos generales, no posee ninguna estructura interna. Todos los miembros del clan son iguales: no hay autoridad ni organización ni estructura interna en el clan. Sólo en algunos casos existe algo como un jefe o líder del grupo totémico (por ejemplo, en Australia Central, en algunas tribus bantú, y en América del Norte).

El clan es siempre una subdivisión de un grupo más amplio: la tribu. El número de clanes en que la tribu está dividida no es uniforme, y, en términos generales, no es demasiado grande; varía dentro del rango de números de dos dígitos.

Sólo en casos excepcionales este número es mucho mayor, y excede los 100, o mucho menor, y se reduce a 2 entre algunos pueblos de Melanesia.

El clan es algunas veces una unidad territorial. Esto significa que los miembros de un clan habitan un territorio dado en una masa compacta y lo poseen para sí con exclusión de otros. Éste es el caso, por ejemplo, entre las tribus de Australia Central, en Polinesia, en la tribu bekwana y en algunas otras instancias. Pero por lo general el clan no es una unidad local. Los miembros del clan están desperdigados por todo el territorio tribal, y la unidad del clan se manifiesta externamente sólo en un sentido funcional, y no en uno morfológico. En esta forma típica los clanes están unidos a una unidad tribal de un modo fuerte y claro; visiblemente, por así decirlo.

 

2. Las funciones del clan. La integración estrecha de los clanes en una unidad tribal tiene una base más profunda en las funciones del clan. Como ya es manifiesto a partir de lo que hemos dicho más arriba acerca de la estructura del clan y de su relación con la tribu, las funciones políticas del clan son completamente insigni-ficantes. El clan es una parte de la tribu, y no una unidad independiente. Por otra parte, sus funciones legales son importantes. De éstas, debería mencionarse la vendetta, la obligación del clan de tomar revancha y la responsabilidad mutua hacia cada uno de sus miembros. El clan es la unidad familiar y sus miembros imaginan que ellos descienden juntamente de un ancestro, con frecuencia su tótem, y se consideran a sí mismos como emparentados. De las funciones familiares, la más importante es la exogamia, la obligación de los miembros del clan a buscar relacio-nes sexuales fuera del clan de pertenencia. De las funciones religiosas, las más importantes son las ceremonias mágicas intichiuma de los nativos de Australia Central, ejecutadas por los miembros del clan a fin de propagar su tótem, así como ceremonias similares en las islas del Estrecho de Torres, entre la tribu baganda, y unas cuantas otras. Por lo tanto, el objeto de estas ceremonias es el bienestar material de la tribu entera. Desde este punto de vista, ellas pueden también ser consideradas como funciones económicas del clan. El tabú también posee un carácter económico, como un tipo de división del consumo.

Todas estas funciones tienen una característica común: cumplen el papel de integrar y unir a los clanes en una totalidad tribal. En rigor, todas ellas son funciones externas que regulan las relaciones de los clanes unos con otros y la relación del clan con la tribu, más que regular las relaciones al interior del clan. Y de este modo ellas congregan a los clanes en una unidad tribal.

Reuniendo conjuntamente todas estas consideraciones acerca de la natura-leza social del clan, podemos decir que, desde un punto de vista sociológico, el carácter general del totemismo consiste en el hecho de que éste es un sistema de creencias e ideas que diferencian la tribu en un número de grupos menores y, al mismo tiempo, integra a estos grupos en una entidad.

 

II. LA GÉNESIS DEL TOTEMISMO

Las creencias totémicas expresan la actitud definida del hombre hacia su medio ambiente. Esta actitud no es el resultado del totemismo, ya que, como es fácilmente demostrable, ésta se halla comprendida en un rango de hechos mucho más extendido que el del totemismo. Esta actitud es un hecho básico, un resultado directo de la naturaleza psicológica del hombre y de la acción de condiciones externas; de ahí que deba ser explicada sobre la base de estos elementos.

Las creencias totémicas pertenecen a la historia de las ideas mágicas o religiosas. Por lo tanto, uno debiera considerar brevemente la esencia de estas ideas. Podría decirse que los actos de un culto religioso, las prácticas mágicas, los prejuicios y las supersticiones —en rigor, todo aquello que esté conectado con el tratamiento místico o religioso de la realidad— se reúnen en torno a los temas más vitales para el hombre, donde sus condiciones de existencia más elementales y sus objetivos y aspiraciones más importantes se ponen en juego. Dentro del rango de estos temas, puesto que la subyugación de los fundamentos de la vida escapan al hombre, y puesto que él siente que el curso de las cosas excede los límites de su propia fuerza —que no puede lograr el control teórico y práctico de la realidad por sí mismo—, recurre a poderes más altos. Desde el punto de vista psicológico, esto puede ser formulado diciendo que las ideas religiosas surgen en todas partes en las que el hombre actúa y piensa bajo la influencia de poderosos factores emocionales.

Por lo tanto, pertenecen a los temas religiosos de las religiones primitivas, por un lado, las crisis vitales, tales como la de alcanzar la madurez sexual, el matrimonio, el nacimiento y la muerte, y por el otro, las funciones normales básicas de la vida: el acto sexual y los procesos de alimentación. Otra fuente muy impor-tante de los temas religiosos son las actividades que resultan del instinto de autopreservación, la defensa contra los peligros, reales o imaginados, por los cuales los salvajes están siempre amenazados.

El hombre primitivo vive bajo condiciones fundamentalmente diferentes de aquellas bajo las que nosotros nos hallamos. La lucha por la existencia en su forma más simple —adquirir comida directamente de la naturaleza, y protegerse a sí mismo de los peligros que también surgen directamente de ella— es la que absorbe su atención y su energía, y la que determina su relación con el medio ambiente.

Existe un número de ideas mágico-religiosas, rituales, prácticas, costumbres y normas con una sanción sobrenatural, centradas en el acto del comer. Este acto es considerado peligroso por varios pueblos, una actividad en la cual el hombre es amenazado por varios peligros sobrenaturales. Los restos de comida desempeñan un papel muy importante en las prácticas de magia negra. Los objetos comestibles están cubiertos por innumerables reglas que designan lo que está prescripto y lo que está prohibido para una persona de acuerdo a su sexo, edad, condiciones psicológicas, estado de salud, pertenencia a un grupo social. Tales prohibiciones, como el tabú alimentario, son uno de los elementos más importantes tanto del culto religioso como de las bases religiosas de la diferenciación social. La comida también desempeña un papel importante en la religión en tanto banquete sagrado, el ritual básico en muchas religiones, y como un sacrificio, una forma universal de los cultos religiosos cercanamente vinculada al banquete sagrado. Entre las supersticiones pertenecientes a la comida, podemos incluso mencionar la creencia en la fertiliza-ción a través de la comida y la creencia en la transferencia directa de las cualidades del objeto comido hacia quien lo consume. Todos estos hechos demuestran que el comer es considerado, por los pueblos salvajes y bárbaros, como un acto mágico y sagrado con propiedades sobrenaturales. Esta característica del comer también es transferida a sus objetos; varias clases de comidas poseen sus características peculiares y sus propiedades mágicas y religiosas. En casi la totalidad de los hechos enumerados, se define estrictamente la especie de animal o planta que es objeto del sacrificio, del banquete sagrado, del rito mágico, del tabú, de la superstición sobre la fertilización o de la transferencia de propiedades. Las ideas religiosas pertenecen no sólo a la comida preparada sino también a la especie que ha de comerse, y siempre crean una relación especial entre el hombre y una determinada especie.

Los animales y las plantas desempeñan un papel más o menos equivalente al de los objetos comestibles. Ambas clases de objetos, como resultado de las actividades económicas dirigidas a obtenerlos, también adquieren un significado religioso. Estas actividades económicas, que ocupan un lugar extremadamente importante en la vida emocional del hombre, y que ocupan un primer lugar entre sus intereses, también se convierten en objetos de numerosos rituales e ideas religiosas. Es suficiente mencionar al respecto los rituales de pueblos cazadores que son celebrados antes de la caza, los ritos agrarios de los agricultores primitivos y los cultos religiosos asociados con el pastoreo y la agricultura cotidiana.

Los animales se convierten en el tema de experiencias emocionales intensas y, como consecuencia de ello en tema de ideas religiosas: la fuente de innumerables peligros, como objeto de una lucha entre la vida y la muerte, y, finalmente, como esa parte de la naturaleza con la cual el hombre primitivo se halla en contacto directo en su lucha por la existencia. Examinando las ideas religiosas y las supersticiones de los pueblos primitivos, puede ser afirmado con facilidad que todos los animales fuertes, predadores, veloces y furtivos devienen focos cristalizadores precisamente de estas ideas. La separación de los animales de su medio ambiente natural es intensificada de manera considerable por el hecho de que ellos son básicamente similares al hombre. Se mueven, miran y piensan; son aquella parte de la naturaleza que resulta más adecuada para la antropomorfización y la personi-ficación.

En la totalidad de estos casos, las ideas religiosas no corresponden a los animales en general ni a algunos animales individuales designados, sino a la especie animal. Y esto es fácil de comprender: tanto en el consumo por parte del hombre, como en el contacto directo con el animal, o en sus actividades económicas o en la lucha con éste, son las peculiaridades de la especie las que son definitorias para el hombre. Tanto desde el punto de vista práctico como emocional, el león es algo fundamentalmente diferente de la hiena o la oveja —debido a ello es que otras ideas y otras formas de ritos se refieren a la especie. Pero dentro de la especie no existen diferencias fundamentales. Y ésta es también la razón a partir de la cual la especie es considerada como algo homogéneo y tratada como una entidad.

Esta relación general del hombre con su medio ambiente natural puede entonces ser definida, principalmente, por el hecho de que los animales y las plantas aparecen en primer plano, y por esa razón puede ser definida como zoolatría. Los objetos inanimados, al estar menos conectados con las necesidades vitales y elementales del hombre, no son tan significativos en muchas religiones bajas. Como ya hemos visto, una de las fuentes más importantes de la zoolatría es la relación del hombre con animales y plantas en tanto objetos comestibles. De ahí que las regulaciones acerca del comer desempeñen un papel principal en estas formas de religión, y que entre ellas las prohibiciones en contra de comer y matar determinadas especies aparezcan en primer plano. Si quisiéramos definir la relación del hombre con los animales y las plantas, sólo podríamos decir de modo preciso y en términos generales que es muy cercana. Esta relación no puede ser definida de modo más particular, pero podemos más bien afirmar que ella oscila sobre un amplio espectro, desde la concepción de determinada especie como un dios, hasta el tratamiento de la especie como un pariente de sangre del hombre.

Comparando los resultados aquí obtenidos con lo que ha sido dicho antes sobre las características básicas del totemismo, resulta evidente que existe un estricto paralelismo. Hemos definido, como cualidades básicas del totemismo, las siguientes: una preponderancia de animales y plantas sobre los objetos inanimados y de los animales sobre las plantas; el papel predominante del tabú de la comida y de los rituales alimenticios, así como el gran significado de las especies comestibles; en tercer lugar, el amplio espectro en el cual la relación del hombre con su tótem varía, cuyos temas principales son la concepción del tótem como una deidad y como un ser que es un pariente de sangre del hombre. Más aún, el tótem es la especie, y nunca el individuo. Y de este modo se evidencia que existe un estrecho paralelismo entre el totemismo y la zoolatría, que el totemismo es una forma especial de la actitud del hombre hacia su medio ambiente, una actitud que hemos derivado de la psique humana y de las condiciones bajo las cuales vive el hombre primitivo. Y de este modo, al presentar la génesis más general y abarcadora de esta actitud, hemos también brindado una génesis satisfactoria del totemismo.

Pero, hasta ahora, sólo tenemos una explicación genética de aquella actitud general de la cual el totemismo es sólo un caso especial. No hemos considerado todavía cómo ha surgido aquello que constituye lo específico y que lo distingue de la zoolatría en general. Como ya hemos mencionado antes, esta característica básica, que vemos aparecer de modo paralelo tanto en el aspecto religioso como en el aspecto social del totemismo, es la diferenciación de la religión totémica en una cantidad de cultos separados que podríamos llamar religiones fraccionales de los tótemes individuales, fundada cada una de ellas en sus correspondientes clanes. ¿Cómo surgió esta diferenciación paralela? Es imposible brindar una respuesta histórica a esta cuestión. En una palabra: no me parece posible resumir los factores concretos que han causado esta diferenciación y presentar una historia completa de sus funcionamientos. El material etnológico y la especulación general no pueden darnos la respuesta a una pregunta así planteada. Debemos contentarnos con demostrar la conexión entre las formas básicas de las creencias y las formas de organización social sobre las que estas creencias se fundan. Dicho de otra manera, con una cierta forma dada de creencias, impuestas al hombre por las condiciones exteriores, y, por otro lado, encontrando que en la mayoría de los casos estas creencias están conectadas con un tipo definido de estructura social, debemos probar que existe una conexión estrecha entre las creencias y esa estructura.

Se sigue de lo expuesto anteriormente acerca de la zoolatría que los animales y las plantas que desempeña un papel más importante como alimento, ya sea como enemigos naturales del hombre o como sus aliados en su lucha por la existencia, forzosamente tuvieron que convertirse en los temas de sus creencias. Por lo tanto, este sistema de condiciones tuvo que originar una multiplicidad de objetos de culto, restringida por el hecho de que sólo los animales y las plantas lo suficientemente importantes devinieran tales. Pero este sistema de condiciones no tendió hacia la unificación, la reducción de los objetos de culto en una unidad, ni tampoco hacia su arreglo en cierto tipo de jerarquía. Y de este modo tenemos una religión con un número equivalente de objetos de culto. En el curso natural de las cosas, esta religión debió desarrollarse hasta dividirse en un número de cultos. Sin embargo, cada culto requiere una base social. Por otra parte, la forma fundamental del culto totémico es el tabú (por supuesto, la referencia aquí es a una noción expandida de culto, la cual incluiría el "culto negativo"). Más aún, en la forma más simple e importante de actos de culto, las ceremonias de intichiuma, tratamos con un acto ritual de consumo que se corresponde estrictamente con el tabú y depende de éste. El tabú, que perte-nece globalmente a todos los tótemes, no podría haber sido impuesto a la totalidad de la tribu, ya que esto privaría a la gente de la posibilidad de vivir. De aquí resulta evidente que las formas básicas de culto implican su diferenciación en grupos individuales. Es indudable que esta explicación sólo nos ofrece la indicación de que ciertas características de las creencias no pueden ser reconciliadas con una base social diferente de la que uno en realidad encontró en el totemismo. Sin em-bargo, es porque son precisamente estas características de las creencias las que resultan básicas, y, porque de acuerdo a nuestro punto de vista sobre la génesis del totemismo, éstas son necesariamente impuestas por las condiciones de las que surge el mismo, la necesidad de las formas sociales del totemismo está contenida entonces en nuestro resumen de su génesis.

Desde un punto de vista metodológico, esta interpretación nos indica un tipo de selección natural y el hecho de que un tipo dado de creencia está conectado con la forma más adecuada de organización, en la cual sus variadas cualidades básicas pueden encontrar su expresión más completa. Esta manera de interpretación se encuentra confirmada por ideas muy similares a las totémicas —por ejemplo otras formas de creencias zoolátricas— conectadas con otras formas de organización social. Los "tótemes individuales" se hallan ampliamente extendidos, e incluso sabemos acerca de tótemes "sexuales" y "tribales" (el término "tótem" está, por supuesto, tomado en un sentido amplio). En otras palabras, el culto de animales y plantas propiciatorios puede no estar a veces conectado con el clan, lo que implica que no constituya una de las partes coordinadas de la tribu, o una parte de la tribu misma o de un individuo, un grupo de todos los hombres y todas las mujeres, un grupo de edad determinada, o una sociedad secreta. La totalidad de estas unidades sociales difiere básicamente del clan, tanto morfológicamente como en su carácter general. Ellas no representan una multitud de grupos iguales coordinados en una entidad tribal homogénea. En los casos donde encontramos tótemes conectados con individuos, y en los que encontramos la institución de los espíritus guardianes, el totemismo no puede desarrollarse. Desde el momento en que la religión en general, y especialmente la religión primitiva, es un asunto social, un culto individual sería una completa imposibilidad bajo las condiciones primitivas. Y, del mismo modo, vemos que el vínculo de los tótemes con el sistema de clan no es accidental ni un hecho aislado, sino un eslabón en la cadena de hechos. Explicamos de esta manera la amplitud del totemismo del clan y su importancia como la adaptación natural de las formas sociales más adecuadas a un determinado tipo de creencias.

Nuevamente, resulta evidente que en esta interpretación es necesario enten-der lo que haya de común en un grupo dado de fenómenos, enfatizando los rasgos generales y básicos y no los accidentales y aislados.

Me gustaría enfatizar que en el presente estudio he limitado de modo considerable, consciente y deliberadamente, el problema de la génesis; de esta forma me he abstenido de abordar un número de problemas históricos referentes al origen y al desarrollo concreto del totemismo.

He evitado la pregunta acerca de si es más antigua la zoolatría o la estructura del clan. Tampoco he señalado cuál de ambos factores es el más perdurable y permanece vivo luego de que el otro haya desaparecido. Nuestras investigaciones presentes son considerablemente más generales que las preguntas recién mencio-nadas, y constituyen una introducción necesaria a ellas.

 

III. RESUMEN Y CONCLUSIONES

La definición de totemismo, el concepto de su esencia y el entendimiento acerca de su especificidad son posibles sólo a través de un tratamiento paralelo de sus aspectos religiosos y sociales. Es un rasgo característico de las creencias totémicas el perte-necer a un número equivalente de objetos que no están en ninguna jerarquía ni poseen unidad interna alguna. La unidad del sistema totémico y la coordinación de las creencias separadas en un todo residen únicamente en su aspecto social. Sólo concentrándose en las cualidades sociales del totemismo puede ser entendida su coherencia. Dado que el culto de tótemes particulares está asociado con el clan, y que los clanes están integrados en un todo a través de sus funciones, el totemismo parece ser algo homogéneo, una totalidad orgánica. En esta formulación, es manifiesta la necesidad de una investigación simultánea de las creencias y las diferenciaciones sociales. Como ya hemos demostrado mediante el ejemplo del totemismo, es sólo yuxtaponiendo estos dos aspectos que podremos comprender la esencia de las religiones primitivas. Podríamos definir su esencia examinando ambos aspectos a la vez, y estudiando uno a la luz del otro.

Nuestro método de definición del totemismo elimina aquellas dificultades señaladas al comienzo: es evidente que no puede ser definido ni por el contenido de las creencias, ni mediante la enumeración de sus características particulares y sus funciones sociales. Sólo el carácter general de las funciones que unifican a los clanes individuales en una entidad tribal más alta y el carácter general de las creencias pertenecientes a los objetos de culto de igual rango, tomadas en su conjunto, nos permiten definir el totemismo.

Más allá de esta característica tan general, hemos podido, por medio de una precisa lista comparativa, definir un número de importantes cualidades básicas que caracterizan más estrechamente al totemismo: en primer lugar, la naturaleza de los tótemes y del culto totémico, así como la relación del hombre con su tótem. Ambas características nos han servido como punto de partida para un tratamiento genético del totemismo.

Al establecer la génesis del totemismo, nos fue posible intensificar y agregar una nueva confirmación a nuestro punto de vista sobre su esencia. Al construir su génesis procedimos desde el punto de vista general según el cual las ideas, prácticas y normas religiosas se cristalizan en torno a objetos que poseen un valor vital básico para el hombre y que, por lo tanto, se encuentran en el foco de su vida emocional. En las condiciones primitivas de vida, tales objetos son principalmente animales y plantas en tanto fuentes de alimento, luego animales en tanto objetos de una lucha peligrosa y en tanto meta deseada de los esfuerzos de caza y pesca, así como las plantas respecto de la preocupación y esperanza del agricultor primitivo. El culto, que surgió dentro de este marco, pertenece a un limitado número de objetos. Ya que el culto debe estar basado en una unidad social, y más aún, como hemos visto, puesto que el culto totémico requiere intrínsecamente la participación exclusiva de un determinado grupo —por así decirlo, por medio de una selección natural—, las creencias zoolátricas combinadas con la estructura del clan producen el tipo más perdurable de religión para un medio ambiente viviente: el totemismo.

Esta interpretación trata de seguir leyes sociológicas y psicológicas básicas acerca del origen y desarrollo del totemismo. Sobre todo, la interdependencia de sus aspectos sociales y religiosos. No lo explica todo; no provee una génesis concreta o una historia del totemismo; sólo trata de señalar que, en el surgimiento de una forma de religión como el totemismo, las actividades básicas también deben de haber operado; y busca, por ende, definir esta influencia del modo más general y comprensivo. En esto, mi interpretación difiere de otros intentos osados de inter-pretar el totemismo. Pero el curso de la ciencia parece indicar que será necesario renunciar a estas teorías esperanzadoras en favor de emprendimientos científicos que asuman la tarea de alcanzar un máximo de resultados con un mínimo de esfuerzo y riesgo. El pasaje de la etnología a una fase en que la especulación deba sustentarse cada vez más en el laborioso trabajo de recolección y comparación de los hechos, así como contentarse con resultados seguros aunque parciales y modestos, parece ser un resultado necesario del desarrollo de esta ciencia.

_______________________________________________
* Original en polaco: "Stosunek wierzen pierwotnych do form organizacji spolecznej. Teorya totemizmu", en Sprawozdania z Czynnosi i Posiedzen Akademii Umiejetnosci w Krakowie, 18, 8, 1913, pp. 9-18. Publicado en R. J. Thornton y P. Skalník (eds.) The early writings of Bronislaw Malinowski, Cambridge, Cambridge University Press, 1993, pp. 229-242. [N. del T.]

1 J.G. Frazer: Totemism and Exogamy: A Treatise on Certain Early Forms of Superstition and Society, 4 vols. (Londres, Macmillan and Company, 1910). Durkheim: Les formes élémentaires de la vie religieuse, le système totémique en Australie (París, F. Alcan, 1912); en ambos trabajos el totemismo es el tema principal de investigación. Finalmente, Wundt: Elemente der Volkerpsychologie (Leipzig, 1912). Wundt divide la evolución del hombre en cuatro épocas, a la segunda de estas cuatro la llama "das totemistische Zeitalter".

2 Es suficiente mencionar los siguientes casos: Salomon Reinach, quien se sirve del totemismo como una panacea arqueológica; Amélineau, quien usa el totemismo para explicar los fenómenos religiosos egipcios; Sir Laurence Gomme, quien lee los vestigios del totemismo incluso en la cultura céltica. Para una crítica bibliográfica detallada de estas perspectivas véase Revue de l´Histoire des Religions, vol. LVII, pp. 333 y ss. (el artículo de J. Toutain), y vol. LVIII, pp. 34 y ss. (el artículo de A. von Gennep).

3 De hecho, las opiniones de los sabios se hallan divididas; algunos incluso consideran el totemismo como creación de la imaginación del etnólogo, quien confiere unidad a un número de características que nada tienen en común. Por ejemplo, Goldenweiser: Totemism, an analytical study (Nueva York, 1910). Suplemento del Journal of American Folklore Society (1910).

4 Ésta es la teoría de Spencer y Lubbock, la cual deduce el totemismo de la falsa interpretación de los apodos.

 

 

Regresar