Padre!
Tus clavos ya no sienten esta carne,
tu llanto ya no llueve mi alcancía
ahora que ya no estás,
la casa desnuda
se viste de falsos vagidos maternos.
Reías padre!
Reías como una ballena ciega,
y otra vez te recuerdo jugando al hermano,
conversando horas de horas
con tus labios,
con mi sangre,
con mi alma esculpida en un temporal recuerdo.
Padre!
La casa es una perfecta arcada
la casa y sus tapires
y esa piara de Abraham
que acechan desde
los estériles huertos.
La casa
mi casa
no tu casa, padre
ahora es sólo un ángulo en Magritte
una vieja canción de Monk
un ejército sin vallejos
una ceguera amarilla
como la de Borges
como tus corbatas
como mis poemas
como tus tiernos besos de Nerón.
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