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I
Uno a uno los fueron llevando.
Un largo silencio fue depositado en sus labios.
El polvo enterró la escritura, la noche se cubrió avergonzada.
Palabras discurrieron por entre las piedras,
labrándolas con sus latidos.
La ciudad fue invadida por lenguas de fuego,
campanas agitaron sus rostros.
Del cielo cayeron verbos, sustantivos inundaron las calles.
Pronto emergió el gran lago desbordando signos
- herencia de babel-
En la aldea escarlata moran los escogidos.
(los extirpadores aún acechan)
II
Sobre hipocampos grises llegaron neoflexnerianos,
herraduras de silencio aplastaron los jardines
del consejo mayor.
La noche acusó al pensamiento, fue perseguida la lluvia,
desenterrada la semilla el fuego estremeció sus raíces.
Pupilas trémulas, hálitos gélidos, sardónicos,
recorren las aulas de la vieja universidad.
Aves negras dibujan círculos en la pizarra azul
mientras en algún lugar se repite la oración:
“la letra con sangre entra” Amén.
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