En la cúspide de la montaña
la aurora ha caído
y la fluidez de mi presagios.
En el florido campo
un aroma reposa de enjundia
y lo acompaño
con alaridos humanos
en las adelfas camposanto.
Fisgar el día
con el sosiego verdoso
incrementa la lumbre
de mis pétalos,
que alumbra verdes esperanzas.
La brisa galana
alienta a la verja del beleño
y el estramonio que sofoca,
al respirar,
duerme en su mal.
Y su brisa enrizada
jaspean insepulto agonizo.
En el verdugal, la alsine
vocifera al arroyo
deseando agua para su raíz,
sin embargo,
en su lento palpitar
perfume el ocaso del campo.
Dalia vocifera la alsine
al divisar mis pétalos deshojarse
y uno se desprende
para enredarse con el aire.
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