Cielo azul,
raso estremecido.
Penumbra. Canción metido por los codos.
Guitarra hecha de lagos. Quiero cantar
sobre este cuerpo de ropajes.
En mi casa tejida de soles, habitan chilalos,
que se hacen grandes.
Frescos pamperos, hundiéndose en los muslos
de la tierra.
Un pacazo mira eternamente, se silencia, calla.
Quiere gritar, tiene en los pulmones, una bullarada de agentes.
Y como todo animal cubierto de color de la bandera,
de nuestra sangre, se alista a tirar una voz en la hendidura
de cada tuyo.
Así es, porque los pacazos te vetean con sus colas.
Te miran a los ojos, te escarban la historia. Se pierden en el horizonte.
Dejan hondas huellas en el alma.
En cada ciudad, avanzan lentamente con sus manchas.
Nadie quiere detenerse. Allí están acurrucados,
prestos a saltar. Los acompañan sus mástiles amigos.
Los pacazos avanzan, en los espacios siderales.
Nosotros haciendo un coro de voces, les decimos: Tráenos
LIBERTAD.
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